sábado, 16 de septiembre de 2017

Jorge Ilegal: «En las más oscuras profundidades del yo están las canciones más crudas y bellas»

Jorge Ilegal: «En las más oscuras profundidades del yo están las canciones más crudas y bellas»

El afilado rockero concede una larga entrevista a ABC por el estreno de «Mi vida entre las hormigas», un documental sobre su espigada figura tras 35 años de canciones descarnadas

Se le nota enflaquecido, con la calavera más demacrada que jamás le hayamos visto, y, sin embargo, conserva una robustez y un verdor envidiable a sus 62 años. Jorge Ilegal sigue en sus trece, sigue «espiando los juegos de los niños» desde la atalaya del vivir a su manera. Aunque en el recreo también ocurran pesadillas, por descontado. Pero como posee genética guerrera, no piensa dejarse doblegar ni por el mismo tiempo... Y, ni mucho menos, por la lluvia que ha provocado la suspensión de su concierto en una olvidada tarde de julio en Getafe.
Tras 35 años cantando canciones descarnadas, el líder de Ilegales acaba de ser objeto de un documental sobre su espigada figura, «Mi vida entre las hormigas». Bajo la lupa de los directores, Chema Veiga y Juan Moya, Jorge Martínez no aparece como el insecto aterrador que fantasea con aparentar sino como un tipo lúcido, de proverbial verbo punzante y que en el casino de la vida ha apostado todo por el negro del rock & roll (con el abultado macuto que conlleva).

ABC ha charlado con el músico sobre varios de los temas tratados en la película: desde su participación en los noventa en la tertulia gritona de «Moros y cristianos» hasta la visión miope del mapa musical durante la Movida madrileña. O de su fascinación por las resacas, su supuesta inadaptación social, el Nobel a Dylan... y también sobre cuál será su legado. Por supuestísimo, ha caído pregunta sobre el trap.

- Le llaman vampiro porque se niega a envejecer.
- Últimamente he estado chungo, tengo la cara que parece una máscara de miles de años. Pero sí, hasta hace poco no envejecía. Soy un tipo fuerte, incluso en una edad avanzada. Mi padre murió con 99 años y a los 94 era un hombre fuerte y totalmente independiente. Hay que negarse a envejecer. A ver, envejecer probablemente no sea del todo malo, lo digo en el sentido de perder facultades. Hay que resistirse a la pérdida de facultades. La manera es usar todo constantemente, que no se oxide nada. Lo uso todo.

- Ahora prefiere componer sobrio, ergo ¿antes prefería hacerlo ebrio?
- A temporadas. Hay momentos en los que un punto de alcoholemia te abre las puertas a otras realidades, te sirve de llave. O cualquier droga. Aunque le he perdido el gusto a las drogas, no me gustan. Supongo que ese es un síntoma de vejez. Las resacas, por ejemplo, son muy valiosas, hay que saber explotarlas porque es el momento para hacer autocrítica. Es muy interesante la resaca.
- ¿Ha notado merma en su discurrir mental por los excesos?

 No. Desgraciadamente este puede ser un mal consejo. Ahora se ha descubierto que el cerebro se va ampliando, y que se siguen reproduciendo las neuronas. Creo que puedo hacer cosas que antes no podía hacer. Y con la guitarra también. Probablemente tengan que ver con una actividad cerebral antes que con una actividad mecánica, porque mecánicamente debería estar perdiendo facultades. Sin embargo, puedo hacer cosas ahora que antes me resultaban imposibles. De hecho, «Mi vida entre las hormigas» (la última que ha escrito) es probablemente mi canción más literaria de todas. Aquí sí influye el hecho cultural. Esto me pasa por haber leído a todos los autores satíricos romanos, vaya majaras, y a Whitman, a Nietzsche, a Schopenhauer, pero, sobre todo, se nota que todo está erosionado por la lectura atenta de «Las mil y una noches» y otras lecturas orientales. Ahí sí que se nota que la cultura se transpira con facilidad.

- ¿Cómo es un día rutinario en su vida?
- No tengo días rutinarios. La repetición es nefasta para que la vida sea digna de ser vivida. Me levanto depende de qué día a una hora. Depende del plan, si es que hay plan, y voy mirando. A veces puede haber varios planes alternativos. Hay que hacer cosas, dejar la vida pasar es un crimen. Y lo que tengas ganas de hacer es lo que mejor vas a hacer. Es mucho mejor hacer lo que te dé la gana porque lo vas a hacer de puta madre.
- ¿Qué entiende por envejecer mal en el rock?
- Eso le pasa a los artistas de moda. El problema es alcanzar un grado de popularidad muy alto porque se te contrasta con otra época. Y mucha gente pierde facultades. Pero el rock no debería envejecer en absoluto, porque es muy totalitario, sobre todo el punk rock, que está conectado con cosas primitivas como la actitud que tenían la gente que hacía sátira en la antigua Grecia o Roma. Marcial, Juvenal, etc. Ellos no han envejecido en absoluto. Es que ves las sátiras de Juvenal ahora, o a Virgilio o a Catulo, que tienen miles de años, y suenan actuales. Incluso muy duras. Virgilio es lo más punk. Le expulsaron de Roma. Le advirtieron varias veces y le acabaron desterrando por tocahuevos, por pervertidor de la moral. Todos, queramos o no, hemos bebido de Juvenal o Marcial, que te lo vas a encontrar en Quevedo, por ejemplo. Te los vas encontrando constantemente. Es lo que decía de las canciones, las que no son perecederas son las que están profundamente arraigadas en la naturaleza humana.
- Hablando de Dylan... ¿Para cuándo un Cervantes a Jorge Martínez?
- Esta gente es mucho más retrógrada que los del Nobel, que mira que están anticuados. A mí no me gusta nada como escribe Dylan. Cambió muchas cosas, como ese hecho de que proyectase los derechos civiles sobre la canción popular. Porque lo que decían los Beatles eran, francamente, gilipolleces. Un día tuve que cantar una canción de los Beatles y, al traducirles, me dije: «Yo no canto esta mierda. Es horrible». En cambio, las canciones de Dylan las puedes traducir y muchas pueden sonrojarte, pero no todas. Creo que eran mejores Jerry Leiber y Mike Stoner. Y muchos bluesmen eran también mejores letristas que Dylan. Dylan recogió un poco toda esa historia de Jimmie Rodgers y Woody Guthrie, pero no le daría el Premio Nobel.
- ¿Le pareció mal incluso?
- No, me pareció que se le ha dado a toda una generación que luchó por unos derechos civiles. La medalla no era solo para Dylan, así que no se tenía que haber hecho tanto la estrecha para recogerlo. Pero ya sabemos de qué va este, desde el accidente quedó gilipollas.
- En cualquier caso, ¿en España se podría conceder un premio así?
- No sé... Los Panero sí son gente que lo podría recibir. A mí me interesan. Pero tendría que pensármelo más.
- ¿Se ha levantado en medio de la noche a apuntar algo para una canción?
- Hay que levantarse a cualquier hora, hay que ser diligente. Me he ido de en medio de fiestas, con un planazo tremendo, y me han llamado gilipollas y de todo. Una vez en una tienda tenían todas las Fender Jaguar y todas las Fender Jazzmaster con los colores de los años sesenta recién reeditadas. Entré en la tienda y dije: «Ponme esta. Y ponme esa otra». Salí de allí con una en cada mano. Y yéndome volví a la tienda y dije: «Las quiero todas». «¿Cómo que todas, estás seguro?». «Sí, con la tarjeta». «Bueno, ¿te llevo a casa?», me dijo. Y yendo... «Para, que tengo una canción». «¿Que te vas a parar aquí?». «Sí, me voy a parar aquí a hacer una canción». El tío pensó que estaba grillado. Pero si no paras, no tienes la canción.
- ¿Cree que la policía de internet admitiría algunas de sus letras si se publicaran ahora? ¿Hay exceso de indignación?
- La principal culpa la tenemos los artistas con ese afán de ser políticamente correctos. Se intenta caer bien a todo el mundo no diciendo nada ofensivo y las fronteras de la libertad cada día son más pequeñas. Se constriñen, se van cerrando. Lo que tenemos que hacer es transgredir, incluso transgredir con gilipolleces, para que cada vez se hagan más amplias esas fronteras de libertad. Fíjate la tontería que era el destape en su momento, pero ensanchó la libertad. Cuando empezó aquello ya estábamos hartos de montar orgías y de ver culos, tetas y de todo, pero para generaciones anteriores o para personas que vivían en lugares más restringidos o con menos aire, o aire enrarecido, eso fue liberador.
- ¿Qué consejo, solo uno, le daría a alguien que acaba de formar un grupo o a componer?
- Le aconsejaría ir a la fuente más peligrosa. Lo que habla la canción de «Soy un macarra». Eso de mirarse en el espejo, ese ejercicio tan peligroso. Le aconsejaría ir a las más oscuras profundidades del yo, que es un sitio realmente peligroso, pero en el que están las canciones más crudas y más bellas. Y más valiosas. Ese es el sitio donde están las mejores. Ahora... hay que atreverse porque no está exento de peligros.
De Alaska a Yung Beef
- Se dice que los 80 no solo eran los colorines de La Movida. Igor Paskual os define como «carpe diem desesperado». ¿Esa desesperación es lo que os diferencia de La Movida?
- La Movida es el fruto de una visión miope. La gente que estaba en Madrid, los críticos, solo se fijan en lo que estaba pasando en Madrid porque carecían de la capacidad de moverse. Probablemente porque estaban adscritos a la tierra, como los ciervos, y no podían ver lo que pasaba más allá. Mi profesión era diferente: yo soy músico. Y mi profesión era itinerante. Sabía lo que pasaba en el País Vasco, que se estaba gestando el Rock Radikal Vasco. Sabía que en Galicia estaban haciendo un rock de broma, con esa socarronería muy gallega. Sabía que en Cataluña el Rock Layetano estaba ahogando a todos los grupos mods y rockers, aunque había cosas. Sabía que en Levante había música para maricones de fin de semana. Conocía que la independencia había empezado en León, con Los Cardiacos, un grupo nuevaolero y con unas pintas... el aspecto físico era muy epatante. La zona centro estaba exhausta. Andalucía estaba exhausta completamente. ¿Por qué razón? Porque habían contribuido muy fuerte al rock andaluz, con Triana, Alameda, incluso los Medina Azahara estos... Esa era la realidad, una realidad amplia. Pero se veía de una forma miope, solo desde Madrid. Nosotros no éramos Movida, estábamos conectados. Pero luego, al ver que lo de La Movida se agotaba tan rápido, que no tenía carne, que no tenía nada, empezaron a absorber todo lo de la periferia. Empezaron a fagocitarlo todo con una voracidad tremenda. Nosotros estábamos al margen de todo el mundo, vivíamos de otra manera. Era verdad lo que hacíamos, reflejaba la forma de vida que teníamos. Veníamos de un medio muy violento. Yo venía de la facultad de Derecho, que era más violenta que el barrio de yonkis más violento. Allí sí había armas de fuego a diario, en la facultad de Derecho de Oviedo. A mí me apuntaron una vez con un arma. Como era un descerebrado en ese momento... Venía del ejercito y estaba desesperado en aquel momento, no tenía nada que perder. E hice frente a la situación con gran solvencia. Tenías que hacerlo si querías salir adelante. Todo eso se juntó con lo que llamaron reconversión, que simplemente es un eufemismo, antiguo pero eufemismo, que significa destrozar todo el tejido industrial, arrasar. Todo en la zona norte, una zona conflictiva tanto para las izquierdas como para las derechas. Porque fue el PSOE el que acabó con los astilleros, por el método de meter en la cárcel a todos los dirigentes. Le ponían una querella y conseguían meterlo, y luego otra al que cogiera la antorcha. Y luego otra... Hasta que consiguieron ahogar todos los movimientos obreros. Ese era nuestro medio, donde había reyertas en la calle a diario. Yo vivía en el centro, pero la gente que conocíamos se había metido en la heroína. Y la heroína es una droga muy destructiva que hizo estragos en toda una generación, la devoró. Era un caldo de cultivo violento. No era fácil vivir allí.

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- No tiene pinta. ¿Qué grupos españoles destacaría de entonces? Haciendo un repaso de la época con el Zurdo nos dijo que lo más parecido a un genio en esa época era usted.
- El Zurdo es lo más parecido a un genio, era el tipo brillante de la época. De la Movida era él. Yo quiero conocer a ese tío. Cuando escuché el «Para ti», que la música se parece a... Es clavada a un disco que tengo de los sesenta, ahora no me sale el nombre. Y la letra me parece muy bien, flipé con esa historia. Nacha Pop era interesante. Tanto Antonio como Nacho. Lo que les pasó fue muy injusto porque les tildaron de babosos. Y no eran babosos, no tenían nada que ver con otros grupos de la época que sí lo eran. Aunque algunos se redimieran como Los Secretos, que empezaron a hacer otras cosas, probablemente, cuando descubrieron la vida. Un día descubrieron que los Reyes Magos no eran los padres y empezaron a hacer otro tipo de música que estaba bien. Me gustaban Los Cardiacos estos de León. Me he reído con Siniestro Total. Lo que pasa es que era una broma. Un tío que cuenta unos cuantos chistes bien se agradece. Ahora, el chistoso constante, por mucho cariño que le tengas, acaba hartándote. Yo veía muy fuertes a Los Rebeldes al principio. Carlos tenía una garra que fue perdiendo. Los grupos vascos eran un poco como el catecismo comunista, me parecían muy ingenuos. Aunque me divertían las cosas de Evaristo y algunas cosas de Kortatu. Evaristo es un tío inteligente.
- ¿Qué le pareció el indie de los noventa?
Mira, empezaron todos a cantar en inglés. Nosotros habíamos estado de gira en Ecuador, y allí querían prohibir el rock en español, por las cosas que se decían que si eran palabras malsonantes y tal. Querían solo inglés. Había unos intereses claros ahí, probablemente recelaban del rock como elemento liberador y que no convenía a las clases. Porque es un lugar muy divido sin clase media, con un bache intersocial muy elevado, y no solo eran las palabras porque también se transmitía información liberadora. Y vengo a España y me encuentro el rollo indie. «Es que nosotros cantamos en inglés». Pero bueno, ¿quién os ha subvencionado, pagan mucho? «No, nos pagan nada. Lo hacemos porque nos expresamos...». Lo que sois, sois gilipollas. Simplemente, no hay más cojones. Sois gilipollas. Porque muchas discográficas os pagarían una pasta porque nos estamos comiendo una cuarta parte de la tarta. Desde México hacia abajo, y, además, el español está penetrando en Estados Unidos. No entiendo el fenómeno indie. Cantaban en inglés pero luego tocaban en España y no salen. Y cuando salen fuera van a garitos de mierda. Van a tocar a a un garito que es como un váter de grande. ¿Y para eso cantas en inglés? Y luego en un inglés muy muy deficiente... Es muy tonto.
- Pero no eran todos los grupos.
Eran casi todos... Muchos son amigos míos pero lo siento: sois unos gilipollas. Ya os lo dije en su momento.
- ¿Ha escuchado trap?
Sí. Buah, es tremendo. Me parece un fenómeno muy a tener en cuenta. Estoy al tanto de todas estas cosas, estudiarlo es muy interesante. Detesto el trap, no me gusta nada. Ni los vídeos, las chicas que salen en los vídeos me parecen sexualmente impracticables... Pero bueno, ¿quién sabe? Quizá alguno de estos llegue a hacer algo interesante a partir de ahí. Muchas cosas han traspasado la pared de mierda y se han convertido en algo realmente bueno. Nunca se sabe. Hay setas cojonudas que nacen en las cagadas de caballo y te aseguro que te ponen que no veas.
Martínez el coach: «Levántante y lucha»
- Los Ilegales tienen canciones lúgubres y sórdidas, pero las hay también vitalistas («He decidido comportarme», «Tiempos nuevos, tiempos salvajes» o «Mi vida entre las hormigas») que promueven el ser tú mismo y luchar por salirte con la tuya. En esta última canta: «Abatido pero erguido, no me dejo derrotar». ¿Qué representaría para usted una derrota?
- La lucha por mantener el yo vivo es una constante pugna. Es una pugna entre ser asumido por el grupo, o por todas las agresiones que trae consigo la propia vida, y mantener ese yo vivo. Al final, la vida acaba mal. Acaba con la muerte, no hay más remedio. Lo guapo es mantenerse en pie. Es como en el rodeo o en los toros mecánicos, cuanto más tiempo estés arriba mejor. Eso es tener éxito en la vida, por eso no tienes que dejarte derrotar. Yo no dejo que me derroten, cuido mucho de mantenerme erguido.
- Hace apología del vivir la vida fuera de convencionalismos castradores.
Antes morir que perder la vida. Para que la vida sea digna de ser vivida no hay más remedio que arriesgarla. Hay momentos que no queda otra que jugárselo todo. Y creo también que vale la pena. Una vida bien enfocada y bien vivida... Mira, tengo ahora 62 años y le he sacado un partido... Me lo pintaban muy negro trabajando en la oficina. Creo que por eso se provoca esa especie de depresión juvenil, al pensar en un futuro llevando la vida que llevan tus padres. Una vida plena solo se consigue siendo valiente.
- ¿Cuál fue su coste?
- Mi coste fue saltar sin red casi siempre. Se pierden amistades, se pierden parejas, se pierden muchas cosas. Pero vale la pena. La verdad es que, a veces, pierdo las amistades y las parejas con un placer... Es una liberación. Eso de vivir sin novia ni reloj, de «La vida es fuego», es una realidad. Es una canción un poco tonta, pero es algo que todo el mundo debería permitirse. Hasta nunca, hasta nunca... Qué pena, dices a veces. Y otras: levito de gozo de perderte de vista. ¿Cuántas posibilidades se me abren ahora? Ese libro que me voy a leer, esa borrachera que me voy a coger... O no, porque las rupturas no es el momento para beber. Unos días más allá, cuando dices qué bien va, sí es el momento.
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- En la película varias personas cercanas especulan sobre su personalidad. Le denominan incluso inadaptado social, y se dice que el coste de su actitud ante la vida es la soledad. ¿Qué opina?
- Son opiniones que confluyen y, a veces, se contradicen entre sí. Creo que sí que vale la pena afrontar cualquier cosa, la soledad o lo que sea. Pero, de todas maneras, no estoy solo en absoluto. La soledad es un bien muy preciado, y para estar acompañado y para sentir la compañía, es necesaria la distancia. Igual que cuando ves un cuadro en un museo, sobre todo los impresionistas. O el mismo Velázquez. Si no lo ves a una cierta distancia no aprecias la obra en su conjunto, no entiendes las cosas. Las parejas y las amistades estallan en pedazos por exceso de proximidad. Con un poco más de distancia, con un distanciarse, tendrían muchas más posibilidades de éxito. Estoy convencido. Y luego hay que ser valiente y sincero con uno mismo. Cuando lo eres, y es lo más difícil ser sincero con uno mismo, lo eres con los demás con mucha facilidad. Y puedes decir cosas frontalmente que, a veces, son hirientes. Pero la verdad a la larga tiene menos peligros que la mentira, y es mejor, es menos dañina. Incluso a veces peco de bocazas, porque digo cosas sin que nadie me pregunte. Cosas molestas e inconvenientes, que no me convendría a mí mismo mencionar ni de pasada.
- ¿Por qué se recluye tanto en la casa de Bolgues? (Es una enorme residencia familiar bastante destartalada en ese pueblo).
Voy mucho allí, pero también me pierdo solo por el monte. Necesito el contacto con el medio natural, hace que toda neurosis que te pueda rondar sea inocua. Es realmente bueno. Voy a bucear al Cantábrico, que no son unas aguas amables precisamente, y es una limpieza total, es purificador. A ver, no soy un inadaptado. Conozco el juego perfectamente. Como con cuchillo y tenedor, incluso una naranja. Y no hay nada más estúpido... Consigo incluso cortarla sin que salpique nada. Sé hacerlo, joder. Solo que no vale la pena comer una naranja con cuchillo y tenedor, es una gilipollez. Con el marisco hago una disección perfecta, pero lo hago si me apetece. O, si no, me tiro unos días en el monte y como lo que sea. ¿Sabes qué pasa? Que te llaman raro por cómo puedas administrar a tu cuerpo, tu mente. Es como las posturas, que como tengas más que las que tiene la media ya tienes un problema. No tengo un problema, ustedes tienen un problema. De falta de flexibilidad. Las personas que solo están de pie, sentados o tumbados, tienen un problema de falta de flexibilidad. Yo puedo agacharme y hacer la de dios. Puedo acechar durante horas a un bicho con un arma en la mano sin cansarme. O puedo lograr posiciones realmente raras. Parece que se intenta escayolar a la gente, limitarla, lisiarla de alguna manera.
- ¿Perjudicó su faceta de tertuliano televisivo a su carrera musical, como sostiene Diego Alfredo Manrique?
- Puede ser, pero me divertía. Tiene razón. Él dice que la gente se distrae con las cosas menos interesantes pero que son muy llamativas. No es que no estén en la misma persona. El tener sentido del humor. Toda la gente medianamente inteligente, e incluso los muy muy inteligentes, tienen sentido del humor. Y dice que por ello no se me toma tan en serio como a otros que son más grandilocuentes. Y menciona a Serrat y Sabina, a los que la gente toma por poetas. Tócate los cojones. Sabina sé que no se toma por poeta, Serrat no lo sé.
- ¿Por qué no siguió?
- Me daban una pasta pero me cansé. Un día me sentí muy triste, estaba en Canal Sur y estaba Paquita Rico y Lauren Postigo. Y podía decirles cosas que se merecen que se las pongan en la cara, realmente hirientes. Pero, de repente, sentí como una compasión repulsiva y dije no vuelvo más a estas mierdas.
- ¿Le han confundido alguna vez con un Matamoros?
- No, no... Aunque ahora se lleva mucho este peinado. Cuando empecé lo llevábamos poca gente.
- Quizá lo puso de moda.
- Qué va. Lo empezaron a poner de moda los gays, que siempre andan probando cositas... Fueron los primeros en llevar el pelo al cero.
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- ¿Qué le hubiera gustado ser de no haber sido rockero?
- Tengo muchísimos intereses. El rock es lo que más me gusta, pero estuve a punto de ser abogado. Sería un juez que representaría un peligro para los corruptos. Ya en el colegio, por todos los que fui pasando que fueron muchos, siempre protegía a los más débiles. De hecho, había niños que solo jugaban cuando yo jugaba. Era acojonante. «Tíos, quitaos de aquí al lado, nenazas. Id más para allá, que no os va a pasar nada...». Me hubiera metido a caballero andante.
- Esa faceta protectora se comenta en el documental, pero también su «individualidad exacerbada», lo que contradice lo anterior.
- La especie necesita que los individuos se cuiden unos entre otros. Y lo tienen también muchos animales, no solo los simios estos que nos creemos la hostia en el planeta. Sí cuido al grupo y a su seguridad, pero no tengo ese instinto gregario tan marcado. Soy muy individualista, me muevo solo. No me gusta volar en bandada, ¿sabes? Y no tengo paciencia para esperar. Cuando la gente se mueve de bar en bar, con las esperas de que va a venir tal y cual, es un puto coñazo. Generalmente, me despido a la francesa. Y con esa chica que has ligado en el momento y que tienes que esperar para seguirle el rollo pues no tengo paciencia. Me largo. «Pero espera, no...» (con voz de mujer). «Ya no te espero, joder».
- ¿Cuál cree que será su legado?
Hay algunas frases que probablemente sean repetición de autores anteriores. Es una cosa que ocurre mucho, que, aunque no hayas leído al autor, le robas la frase porque parece ser que los pensamientos están en el aire. Pero también va a haber un montón de frases totalmente originales. Y la manera en la que están colocadas también es muy original. Y creo que son efectivas. Es lo valioso que voy a dejar. De todas maneras, si no os gustan, lo tiráis y punto. No me voy a enfadar. Además, del más allá nadie viene para vengarse.
- ¿Cómo acabará Jorge Martínez?

Mal. Esto es un acto de generosidad total. Creo absolutamente en lo que hago. Y me arriesgo. He arriesgado muchas veces capitales enormes para poder hacer lo que hago. Y dejar las canciones que están ahí. Tener para vivir de puta madre y ponerlo todo en riesgo. Y no dar el brazo a torcer pudiendo hacer otras cosas. Al correo, que tuve hasta muy tarde en casa de mis padres, llegaron unas ofertas de trabajo tremendas, para dirigir cosas. Y no acepté ninguna. ¿Cómo puede ser? Creo que es mi obligación. Si tienes un don, o crees que puedes ofertar algo valioso... Hay una cosa animal que te dice no, haz esto. ¿Que voy a acabar mal? Claro. Estoy asumiendo unos riesgos tremendos. Solo me estoy ocupando de conseguir la obra. Y me gasto en herramientas lo que haga falta. Si necesito una guitarra de 40.000 euros, no me lo pienso. Los riesgos son de todo tipo. Económicos, de quedar en la indigencia y de todo. He arriesgado cantidades enormes. Y lo voy a hacer. Tengo que hacerlo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El momento del artículo 155 - Fernando Ónega

El momento del artículo 155 - Fernando Ónega

Cada vez que un político con alguna responsabilidad se pone a tiro de periodista se le hace una pregunta inevitable: ¿se debe aplicar a Cataluña el artículo 155 de la Constitución? Las respuestas oscilan entre el sí convencido y la recomendación de que no se haga, pasando por la galaica cautela del depende. Me apresuro a reiterar que, contra una creencia muy extendida, ese artículo no prevé ni la suspensión de la autonomía ni la disolución de instituciones regionales, como las constituciones de Italia, Austria o Argentina. Solo está pensado para casos de incumplimiento de obligaciones legales o actuaciones que atenten gravemente al interés general de España. Y solo contempla «la adopción de las medidas necesarias para obligar a la comunidad al cumplimiento forzoso de sus obligaciones o para la protección del mencionado interés general».
¿Se dan esas circunstancias de incumplimiento de obligaciones legales o atentado al interés general en Cataluña? Evidentemente sí. Por eso tantas voces, algunas muy ilustres, de este diario se pronuncian a favor o creen que el invocado artículo debiera haberse aplicado ya. Yo no estoy tan seguro. El 155 no es un resorte mágico que termine con un problema tan complejo como el catalán. Es el último recurso y un último recurso debe aplicarse con prudencia, cálculo de los tiempos y previsión de efectos en el conflicto planteado. A eso se refiere Rajoy cuando promete la máxima firmeza, «sin renunciar a nada», pero también la máxima proporcionalidad y cautela. La desobediencia de la Generalitat, la llamada a la desobediencia de los alcaldes, las leyes aprobadas en el Parlamento catalán, la preparación clandestina de urnas, censo y papeletas son hechos inquietantes y subversivos. Pero no son todavía lo peor que puede suceder. Puede ocurrir que el presidente se tenga que tragar sus palabras y el día 1 haya votaciones. Puede ocurrir que ese día y siguientes haya serias alteraciones del orden, porque el independentismo está llamando a la movilización popular, que ya sabemos lo que es. Puede ocurrir que los Mossos, aun siendo policía judicial, no sigan los mandatos de los jueces o del Constitucional. Y puede ocurrir, yo qué sé, que comience el mambo, como dice la CUP, y en un rapto de excitación decidan solemne y formalmente romper con España y abrir el proceso constituyente de la república de Puigdemont. Para esa gran verbena está reservada la gran cohetería del 155.

Don Mariano Rajoy no necesita que nadie le aconseje prudencia, porque es su inventor. Tampoco hay cristiano que sepa más de administración de tiempos. Por eso me limito a glosar sus palabras, a adivinar sus intenciones y, sin que sirva de precedente, a darle la razón.

jueves, 13 de julio de 2017

21 veces al mes - Ánxel Vence

21 veces al mes - Ánxel Vence

Los americanos, que siempre están inventando cosas, han descubierto una eficacísima técnica para la prevención de los tumores de próstata. Consiste en que los varones eyaculen un mínimo de 21 veces al mes, solos o con la ayuda de alguna/algún cómplice. Con terapias como esta da gusto atender a los consejos de los facultativos.
Quienes nos incitan a ejercer el amor propio (y ajeno) por el bien de la próstata son los científicos de la Escuela de Salud de la Universidad de Boston. Después de seguir durante 18 años a 32.000 caballeros que hicieron de conejillos de Indias, los investigadores han llegado a un par de jubilosas conclusiones.
La primera consiste en que los hombres habituados a alcanzar el antes citado mínimo de 21 efusiones al mes corren menor riesgo de que se les averíe la próstata. La segunda, igualmente consoladora, es que incluso aquellos que no lleguen a esa cifra mágica estarán más protegidos frente a la enfermedad. El ejercicio de la castidad ha dejado de ser una virtud para convertirse en un factor de riesgo, si hemos de creer a los autores de este dilatado estudio.
Esto ya lo intuía el letrista de Siniestro Total cuando popularizó su famosa -y saludable- canción: "Al que eyacula, Dios le ayuda". Treinta años después, la ciencia ha venido a convalidar esa teoría que creíamos meramente humorística.
Los eruditos de Boston han devuelto también el crédito al Gobierno gallego que hace una década difundió una guía de consejos sexuales en la que recomendaba la masturbación como fuente de salud. Dado que la Xunta estaba formada entonces por socialistas y nacionalistas, muchos pensaron que tales ideas eran cosa de rojos; pero qué va.
Injustamente criticados en su momento, los autores de aquel manual sobre las artes de manos hacían notar las muchas ventajas del antiguamente llamado vicio solitario. No solo mejora la circulación de la sangre y renueva la de otros fluidos que no será preciso citar, sino que, a mayores, constituye una variante de relación sexual sin riesgo alguno de contagio de enfermedades más o menos secretas.
Nada que no hubiera descubierto ya, muchos siglos antes, el mismísimo Galeno de Pérgamo, médico de gran influencia histórica al que se atribuye el latinajo: "Semen retentum, venenum est". O lo que es más o menos lo mismo: el semen no eyaculado nos envenena.
Lo que los investigadores de la Universidad de Boston acaban de confirmar tras casi veinte años de estudios es precisamente la veracidad de ese aserto. Quedan por fin desmentidas así las tenebrosas advertencias de algunos clérigos que atribuían a la masturbación el reblandecimiento de la médula espinal e incluso la ceguera.
Los expertos bostonianos han perfeccionado, además, las teorías de Galeno y de la Xunta, al constatar que no solo la práctica onanista sino también la del coito ejercen un efecto igualmente salutífero sobre los varones que incurren en una y otra. El apunte es de mucho interés. A fin de cuentas, la masturbación puede ser todo lo buena que se quiera; pero no es menos verdad que fornicando se consiguen los mismos beneficios y, además, conoce uno gente y amplía su círculo social.

Intriga un poco, si acaso, la razón por la que los científicos han cifrado exactamente en 21 -y no en 20 o 19- al mes el número de eyaculaciones oportunas para la salud. Tampoco es cosa de entrar en los arcanos de la ciencia.

martes, 20 de junio de 2017

Rogelio Martín, enfermo de ELA: «Es malo buscar todo el día a la muerte»

Rogelio Martín, enfermo de ELA: «Es malo buscar todo el día a la muerte»

Nadie mejor para conocer la esclerosis lateral amiotrófica que un afectado, cuyas ganas de vivir son un ejemplo para los demás
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa en la que las neuronas que controlan los músculos del movimiento voluntario mueren. La consecuencia es una debilidad progresiva que avanza hasta la parálisis total del enfermo, incluida la capacidad de comer, hablar o respirar. En la actualidad no tiene causa ni cura conocida.
Este miércoles se conmemora el Día Mundial del ELA y nadie mejor para conocer de cerca la enfermedad como un afectado. En la residencia de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Salamanca (Asdem) vive Rogelio Martín, enfermo de ELA desde octubre de 2012. Tiene dificultades para hablar y es uno de sus cuidadores, Alex, quien ayuda a traducir sus palabras. Pero no resulta complicado entenderle. A veces se complica la comprensión pero es por las veces que se echa a reír. «Es una persona muy alegre», apuntan sus cuidadores, a los que les llama la atención su vitalidad. De hecho, muestra orgullo los pequeños huertos que tiene en el exterior de la residencia. En concreto, uno de hierbas aromáticas y otro con una gran variedad de verduras: tomates, pimientos, cebollino o guisantes, entre otras plantas.
«La risa es una terapia que cura», destaca este afectado de esclerosis lateral amiotrófica
Rogelio se desplaza en silla de ruedas por sus problemas de movilidad, debidos al ELA y a la artrosis que padece desde hace años. Él se encarga del cuidado, y cuenta con una almohada vieja para apoyarse en el suelo cuando tiene que tratar la tierra. «Utilizo posos del café», reconoce con orgullo. Este huerto simboliza sus ganas de vivir y de hacer cosas. «Se pasa aquí gran parte del día», comentan sus cuidadores. De hecho, muestra con entusiasmo los frutos que ya dan algunas plantas, como los pimientos de padrón. Y a la hora de hablar de su enfermedad lo tiene claro:«Es malo buscar todo el día la muerte», sentencia. De hecho, para Rogelio, la risa es una terapia «que cura», por ese motivo nunca la pierde, y no deja de bromear con su cuidador.
Este enfermo de ELA reconoce que no le gusta quedarse quieto y que hagan las cosas por él. De hecho, en la residencia de Asdem intenta ser lo más independiente que su enfermedad le deja, como por ejemplo a la hora de vestirse o asearse. Rogelio Martín tiene 68 años y fue en octubre de 2012 cuando recibió el diagnóstico de la esclerosis lateral amiotrófica. Fue al médico porque empezó a tener dificultades para hablar. Los primeros años siguió viviendo solo en su localidad natal, el Barco de Ávila, pero llego un momento en que la enfermedad le impedía cocinar y llevar una vida normal en solitario. A esta residencia llegó el 23 de diciembre de 2015, como él mismo recuerda. Su rutina diaria comienza a las siete de la mañana y es el más madrugador de los residentes.«Me voy a dormir a la una de la madrugada, después de la partida de dominó», relata. Además del huerto, Rogelio tiene otra afición: la escritura. De hecho, en su mochila de la silla de ruedas, lleva varias.
En su testamento vital pide que no se le reanime en caso de empeorar y necesitarlo
Otro de los síntomas del ELA son los problemas de deglución, de hecho, hace seis meses, los médicos recomendaron a Rogelio que se colocase una gastrostomía percutánea (PEG) para facilitar su alimentación, pero se negó. Para él, comer es un placer, y mientras pueda, seguirá haciéndolo de la misma forma que siempre. Le gusta comer ensaladas, donde incluye los productos de su huerto. En la residencia le han dado recomendaciones para no tener problemas a la hora de comer, como hacerlo con la cabeza más baja y dedicándolo el tiempo que requiera. Rogelio ha escrito ya su testamento vital, porque su deseo es que si su situación empeora no sea reanimado ni reciba tratamientos paliativos. En la actualidad, espera que le receten ‘Sativex’, un medicamento basado en el cannabis, en formato de spray, y que en alguna ocasión ya ha probado sus efectos.

Él quiere lleva una vida lo más normalizada posible, y donde viven se han adaptado a ello. «Todo lo que puede lo hace y sino también», subrayan desde Asdem.

lunes, 29 de mayo de 2017

El ciego que me enseñó a ver - José Iribas

El ciego que me enseñó a ver  - José Iribas

Hoy vuelve a visitar Dame tres minutos Jesús Portilla, que en su día publicó aquí el post ¡Papá, cuánto duele crecer!“.
Jesús nos habla hoy de un ciego que enseña a ver.
Me ha traído a la memoria a Xabier, ese joven invidente del que te hablé en esta entrada del blog. También me he acordado de otros posts como Lo que nos une o ¡Reconcíliate! Te lo mereces“, donde se menciona aquello de que solo se ve bien con el corazón…
Agradezco a Jesús su generosa aportación y os dejo con él.
Tuya es la palabra, amigo.
El ciego que me enseñó a ver
Podría ser un cuento o una historieta de esas que te cuentan, pero no, esta es una vivencia personal en un viaje reciente que he disfrutado con mi mujer y unos amigos.
La verdad es que me sorprendió ver que, entre el grupo que íbamos a recorrer diferentes ciudades que prometían una belleza singular, se encontrara una persona ciega. El pensamiento que enseguida vino a mi mente fue: ¿cómo va a disfrutar este hombre de tanta belleza?
Pero por su semblante, por su sonrisa y por su alegría, estaba claro que había venido por su propia voluntad sin que nadie le hubiera forzado, ni amigos, ni su propia mujer, que le acompañaba.
Todos sabemos, hemos oído o nos han contado, que cuando se pierde uno de los sentidos, los demás se agudizan, pero aún así, llama la atención —o por lo menos a mí me la llamaba—, que determinadas bellezas que están ahí para verse, sean visitadas por alguien que no puede ver.
La verdad, es que me parece fantástico, digno de admiración y un gran ejemplo, comprobar que las maravillas que nos proporciona este mundo y sus diferentes lugares, están ahí para que las disfrutemos todos y que nada ni nadie ponga impedimento alguno para recrearse, para admirar y para ver, aún sin poder ver.
Y es cierto, para mí —y seguro que para todos—, fue una gran lección comprobar día tras día que quien más veía más era el ciego, ciudad tras ciudad, pueblo tras pueblo, iglesia tras iglesia, paraje tras paraje y rincón tras rincón.
No había momento y lugar, en que la expresión de su cara no me transmitiera la belleza que sentía en su interior a través de sus sentidos totalmente expectantes.
La brisa del mar, el frescor sobre la piel, el calor del sol, las fragancias de los jardines, el aroma de bollos recién hechos, el trinar de los pájaros, el deambular de la gente, el silencio de una iglesia, el replicar de las campanas, las observaciones y comentarios de la gente…
Y seguro que él percibía muchos más sonidos, muchas más experiencias y muchas más sensaciones, que quedaban reflejadas en su cara y en sus gestos, expresándonos con ellos que él estaba allí con nosotros, gozando de las mismas maravillas pero percibidas de otra manera que provocaban en él un deleite especial.
En ‘El podio de los triunfadores’, intento con cada artículo haceros sentir dónde se encuentra el verdadero triunfo. Este es un ejemplo más que tal vez alguno no termine de entender, sin darse cuenta de que todo lo que hace crecer, te lleva a triunfar.
Pasamos por la vida sin ver, sin oír, sin sentir y tenemos que cruzarnos con una persona con dificultades de movilidad para que nos enseñe a movernos, con un sordo para que nos enseñe a escuchar o con un ciego para que nos enseñe a ver.
¿Cuántas veces —como decía en un anterior artículo—, oigo pero no escucho, busco pero no encuentro, formo imágenes que después no son, construyo pensamientos que se deshacen mirando pero no viendo, y poniendo delante de mí árboles que no me dejan ver todo lo maravilloso que esconde el bosque?

Solo cerrando los ojos e intentando poner a funcionar todos mis otros sentidos, fui capaz de comprender que este ciego estaba viendo mucho más que yo. Porque no solamente brilla lo que la luz alumbra, sino también lo que la oscuridad esconde. Muchas gracias Enrique..

viernes, 26 de mayo de 2017

Lo que quiero ahora - Ångeles Caso

 Lo que quiero ahora - Ångeles Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

viernes, 19 de mayo de 2017

Fran Rivera, postorero y mártir - David Torres

Fran Rivera, postorero y mártir - David Torres

Fran Rivera, que este año se corta la coleta en Ronda, se está despidiendo de los toros por la puerta grande. Concretamente, la de la pantalla de 50 pulgadas donde cada semana sale a hombros de una multitud, igual que la efigie de aquella Virgen que contaba Buñuel, que la sacaban en procesión para que terminara con la sequía y, como seguía sin llover ni gota, la tiraron al lecho seco del río y la hicieron mierda. Cuando se está acostumbrado al sonido de la gloria, el caso es que lo silben a uno. A Rivera, misacantano en los ruedos televisivos, de momento le caen broncas y pitos pero, si sigue por ese camino, no tardará mucho el día en que le corten las dos orejas. Las suyas.
Tampoco es el primer torero que canjea la sangre y la arena por un oficio menos épico y menos folklórico. Joaquín Miranda, que de joven fue banderillero en la cuadrilla de Juan Belmonte, tiró por los riscos de la política y llegó a ocupar el cargo de gobernador civil de Huelva después de la guerra. Tiempo después, Belmonte asistía a un festival benéfico que presidía Miranda cuando un amigo suyo señaló hacia arriba y le preguntó si era verdad que ese señor había sido banderillero suyo.
-Sí, señor- dijo Belmonte.
-¿Y cómo se puede llegar de banderillero a gobernador?
-Ya ve usted. Degenerando.
En efecto, a fuerza de caer pendiente arriba, Fran Rivera ha terminado por demostrar que Paquirrín es, contra todo pronóstico, el intelectual de la familia. Ya sabemos que el toro no sufre, pero para demostrarnos que el torero tampoco, Fran Rivera se arriesga en cada tertulia a que lo empitonen vivo. Hace apenas un mes, en uno de esos programas con los que Antena 3 patrocina la lobotomía (y que lleva el vejatorio título de Espejo público, para que no le quepa duda a quien lo vea), el diestro formuló en tono retórico la paradójica cuestión de si para ser antitaurino hay que dejar de ducharse. Diversos especialistas concluyeron que no tiene mucho que ver una cosa con la otra. El propio Rivera va siempre niquelado y peinado, como si se hubiera caído en la marmita del champú cuando era pequeño, y aun así, cada vez que habla, hay tormenta de caspa.
Esta semana vislumbramos nuevamente el peligro de ducharse siete veces al día, cuando Rivera, obnubilado por sus excesos higiénicos, dijo que le encantaría que volviera la mili, que es una lección de vida y un orgullo eso de ir de español por el mundo. En lo de la lección de vida lleva más razón que un santo, que en la mili yo aprendí a no dar ni palo al agua, sin contar barrigazos, novatadas y borracheras. Eso sí, ducharnos nos duchábamos un montón. Pero los teóricos neoliberales que abogan por el despido libre nunca le agradecerán bastante a Rivera que vuelva a proponer la esclavitud obligatoria y patriótica. De hecho, ya están preparando la opción de trabajar un año gratis, como los becarios de Jordi Cruz, cuando no la de trabajar gratis toda la vida. En el programa político que presentó el martes Susana Díaz -y que redactó el lunes por la tarde, entre tapa y tapa-, la Lorzana Andaluza ofrece una propuesta cultural basada principalmente en el chiringuito. No debiera descartar la posibilidad de proponer a Rivera para la cartera de Cultura, Morcilla, Toreo y Postoreo.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Sí, yo soy ciclista… ¡No me mates, por favor! - Federico Quevedo

Sí, yo soy ciclista… ¡No me mates, por favor! - Federico Quevedo

Lo que espero de ti es que me respetes, que nos respetes. Que tengas paciencia, porque lo que estamos haciendo nos supone un esfuerzo, un sacrificio muchas veces

No me gusta salir solo con la bici, le tengo mucho respeto a la carretera y siempre pienso que yendo en grupo a los ciclistas se nos ve más y disminuimos el riesgo de accidente, además de que en caso de que este ocurra nos ayudamos unos a otros. Pero hace un par de fines de semana tenía que hacer un entrenamiento muy concreto de cara al Campeonato de España de Triatlón de Media Distancia que se celebró este pasado fin de semana en Pamplona —el Half Triathlon Pamplona-Iruña—, y como el compañero que iba a venir conmigo se indispuso esa noche, el domingo por la mañana agarré mi bici a las 9:30 y me lancé a la carretera.
Todo iba muy bien, mi intención era hacer un recorrido de unos 75 kilómetros dirección Navalcarnero y vuelta por Villaviciosa, pero me equivoqué de camino. No había hecho nunca esa parte de la ruta, creyendo que había carretera entre Navalcarnero y Villaviciosa seguí adelante y acabé en el arcén de la A-5. Menos mal que era bastante ancho y, consciente de mi error y de que aquello me podía costar un disgusto, me lancé a por la primera salida que encontré, cuando a los pocos metros un coche de la Guardia Civil de Tráfico se situó delante de mí y encendió primero los intermitentes y después las luces amarillas del techo señalizando a los coches que se situaran a la izquierda.

Pensé que, con toda la razón del mundo, me iban a parar y a multarme, pero lejos de ser así me fueron escoltando unos 50 metros por delante hasta que señalicé mi desvío a la derecha para tomar la carretera hacia Villaviciosa, y entonces simplemente dijeron adiós y siguieron su camino. No lo comprendí hasta que llegué a casa y leí la noticia que ya me habían enviado a mi WhatsApp: una conductora ebria había matado a dos ciclistas —el tercero moriría días después— y herido a otros en Oliva. No ha sido el único atropello en estos dos fines de semana: el sábado, seis ciclistas fueron arrasados en Tarragona y el domingo, cuando volvía de Pamplona a Madrid, en Navarra caían otros dos bajo las ruedas de otro vehículo conducido por una conductora borracha.

Este fin de semana fue un nuevo periodo negro para el ciclismo con el atropello de un grupo que dejó dos muertos y tres heridos graves. La autora conducía borracha. No me sorprende

El sábado, a la orilla del Pantano de Alloz, donde íbamos a comenzar el Half Triathlon de Iruña, más de 1.000 triatletas guardamos un minuto de silencio por nuestros compañeros de Oliva y solo unos pocos minutos después cogeríamos nuestra bicis para lanzarnos a tumba abierta camino de Pamplona por una ruta de 85 kilómetros con tráfico. Poco, es verdad, y en una ruta muy vigilada, pero ¿quién vigila al que de manera descontrolada y bajo los efectos del alcohol o las drogas, o ambas cosas a la vez, pone sus manos en un volante?
Yo salgo con mi bici casi todos los domingos, con mi grupeta o solo algunas veces, me puedes encontrar por la sierra, haciendo puertos, o por cualquier carretera cerca de Madrid. Llevo un casco amarillo unas veces, negro otras, y ahora ya sé que lo próximo que tengo que hacer es poner una luz roja en la tija de mi bici para que cuando tú, conductor, vengas por detrás, me veas. Lo que espero de ti es que me respetes, que nos respetes. Que tengas paciencia porque lo que estamos haciendo nos supone un esfuerzo, un sacrificio muchas veces, que lo hacemos porque queremos, faltaría más, pero la inmensa mayoría de nosotros no vivimos de la bici, aunque muchos vivimos gracias a la bici.

Estos últimos días la carretera se ha teñido de negro para la bicicleta con la muerte en Valencia de dos ciclistas, la de Scarponi o el accidente de este martes de Chris Froome

Por eso te digo, te decimos todos: no nos mates. Aprende a convivir con nosotros, y nosotros te lo pondremos fácil. Te ayudaremos a adelantarnos cuando veamos que tienes espacio para hacerlo, incluso aunque haya línea continua porque, ¿sabes?, puedes hacerlo, puedes rebasarla dejando un metro y medio —y si dejas dos, te lo agradeceremos aún mas— entre el coche y nosotros y nadie te va a multar por ello, pero sí te pueden multar si no lo haces, te pones nervioso y empiezas a tocar la bocina —está prohibido, otra cosa que los conductores no saben— y a gritarnos.
Aprende a convivir con nosotros, y nosotros te lo pondremos fácil. Te ayudaremos a adelantarnos cuando veamos que tienes espacio para hacerlo
Somos vulnerables… Tú llevas entre las manos una máquina de matar, y nosotros vamos sobre una máquina en la que podemos morir. Y la mayoría de nosotros tenemos familias, mujeres, novias, hijos, madres que rezan por que volvamos cada vez que salimos por la puerta con los bolsillos del maillot cargados de geles y barritas y la bici a cuestas. No debería ser así, nadie reza para que vuelva un 'runner' que sale a correr el domingo por la Casa de Campo, que también se está volviendo imposible para todos los fines de semana a la vista de lo peligrosas que se han vuelto las carreteras.

Los heridos en las vías interurbanas españolas aumentan en el 70% de las provincias. El número de fallecidos, en cambio, está en su mínimo histórico


Diecinueve ciclistas muertos en lo que va de año es mucho, cuatro más que en todo el año 2016. Un número suficientemente alto como para que tú, conductor, te lo tomes en serio y lo tengas presente cada vez que nos veas en tu camino… Cuánto vas a perder por ponerte un rato detrás de nosotros, ¿uno, dos… tres minutos quizá? Nosotros podemos perder la vida. Y lo suficientemente alto, también, como para que las autoridades competentes, el Gobierno, empiecen a tomar medidas que pasan por invertir para ampliar los arcenes de muchas carreteras y endurecer las penas para casos como los de estos últimos fines de semana. Ni un ciclista más muerto en las carreteras, ni uno más… Y nos uniremos si hace falta cuantas veces sea necesario para reclamarlo.

lunes, 8 de mayo de 2017

El premio José Luis Alvite - Ceferino de Blas

El premio José Luis Alvite - Ceferino de Blas

El premio periodístico que lleva el nombre de José Luis Alvite es el más auténtico de cuantos se dedican a la profesión. La mayoría de los que se convocan reúnen otras connotaciones, como puede ser el Miguel Delibes, que está mixtificado por ser el titular más novelista que periodista, o el Julio Camba, por razones análogas. Otros del tipo del José Couso a la libertad de prensa, hacen hincapié en motivaciones como la trágica muerte del fotógrafo gallego más que en la dimensión profesional. 

Es evidente que son premios justificados, por estar dedicados a unos personajes que se han ganado el ser recordados por la creación de estos galardones con su nombre, que prestigian con sus trayectorias profesionales. 

Pero el José Luis Alvite añade a los argumentos aportados que se premie al periodismo puro en la persona de un profesional de los pies a la cabeza, que en su vida no ha hecho otra cosa que buen periodismo, desde el difícil cometido del columnismo. Y que sus exitosos libros sean la recopilación de los artículos, sin que le haya dado por la incursión a otros géneros literarios. 

En su vida en las redacciones, Alvite abarcó todos los géneros, desde los sucesos a la información local, pero lo que le valió la admiración de los lectores, el aprecio de los críticos y el respeto de los compañeros, es haber creado un mundo diferente, en el Savoy. Una metáfora a la que tuvo la inteligencia de arrastrar a sus seguidores, de forma que se sintiesen inmersos en ese espacio onírico, y gozasen de la suerte de sentirse en otra atmósfera, como si estuvieran contemplando una película de época. Y al acabar la lectura experimentasen la sensación de haberse sumergido en un mar de nubes, a veces oscuras como las que preludia una tormenta, pero casi siempre bellas como las que colorea una puesta de sol sobre las Cíes. 

Un acierto de la Asociación de Periodistas de Galicia, el grupo que Arturo Maneiro creó hace veintitrés años como nexo de unión entre las viejas Asociaciones de la Prensa y el nuevo Colegio Oficial de Periodistas, cuando la carrera de periodismo dejó de estudiarse en las antiguas escuelas y pasó a las facultades universitarias. 

La microhistoria gallega de la profesión recuerda que aquella bienintencionada pretensión de convertir la Asociación en Colegio, como ocurría con otras profesiones -abogados, físicos, médicos... -, no fue posible porque, según cuentan, en el Colegio se empezó a abrir la puerta a no licenciados universitarios, cuando uno de los menesteres de los Colegios es la tutela de la profesión e impedir el intrusismo. 

Así nació la Asociación de Periodistas de Galicia, que convoca los premios Diego Bernal, otro periodista, periodista, que formó parte del grupo de fundadores de este colectivo profesional, que ya va por su XXII edición, y el José Luis Alvite. Dos nombres de comunicadores santiagueses que prestigian la profesión. 

Otro argumento de por qué es el más periodístico de los premios conecta con la herencia familiar. Hubo Alvites periodistas desde principios del siglo pasado, y el apellido siempre estuvo ligado al FARO, del que fueron corresponsales en Compostela. Un Alvite llegó a rizar el rizo, y fue corresponsal a la vez del FARO y "La Voz de Galicia". 

Era una personalidad muy activa y el más dinámico de los promotores de erigir una estatua a Rosalía de Castro en Compostela, por lo que vino a Vigo a lograr la participación de la ciudad en la empresa. Por falta de dinero el monumento a la poetisa tardó en terminarse y no se inauguró hasta 1917. 

Otro Alvite escribió, en 1921, las crónicas de la tragedia del "Santa Isabel", frente a la isla de Sálvora, por las que los lectores de este periódico se enteraron del mayor naufragio ocurrido en las costas españoles. 


Por estas y más razones que pueden aportarse, es de justicia reseñar el acierto de la Asociación de Periodistas de Galicia de haber creado el premio Alvite. En la primera edición se lo concedió al columnista y politólogo, José Luis Barreiro, y en la segunda, la pasada semana, a Ánxel Vence Lois, maestro de periodistas y el mejor articulista que luce en esta ahora de buenos columnistas en Galicia. Enhorabuena Ánxel, y que tu ingenio no deje de deleitarnos.