martes, 14 de noviembre de 2017

Gobiernos que invitan a fornicar - Ánxel Vence

Gobiernos que invitan a fornicar -  Ánxel Vence

Una campaña del Gobierno polaco invita a sus ciudadanos a imitar las costumbres amatorias de los conejos para ver si así le levantan al país su baja tasa de natalidad. Que esto ocurra en la catolicísima Polonia del llorado Juan Pablo II podría parecer un contradiós -es decir: una acción absurda y vituperable-; pero quizá las apariencias engañen en este caso. 
No es que el partido gobernante Ley y Justicia (PyS, en sus siglas autóctonas) haya decidido poner a la población local a fornicar con el ímpetu propio de los conejos, naturalmente. El partido, que goza justa fama de ultraconservador, es un declarado enemigo del derecho al aborto, del matrimonio homosexual y de cualquiera de las pérfidas modernidades que en materia de costumbres son ya usuales en la Unión Europea. Cuesta creer que esté a favor de la lujuria improductiva. 
Lo que en realidad pretenden los gobernantes de Varsovia es aumentar el censo de población, que está declinando a causa del escaso empeño que los polacos ponen en reproducirse. Su índice de fecundidad es de apenas 1,32 críos por señora en edad de procrear, cifra que pone en peligro el buen orden demográfico del país. 
Aun así, la campaña del Gobierno de Andrzej Duda fomenta involuntariamente la fornicación sin barreras (de látex) siempre que se haga a caño libre y con la clara intención de desembocar en el mayor número posible de embarazos. 
El ejemplo de los conejos que ilustra el video gubernamental de promoción del sexo ha sorprendido lógicamente al mundo por su carácter perturbador. 
El conejo es, después de todo, un animalito de eyaculación rápida y hasta urgente que apenas invierte quince segundos en ejecutar el coito antes de caer desmayado por su hazaña. Desde un punto de vista moral, podría entenderse que su pecado de lujuria es menor en la medida que dura menos tiempo, cuestión que sin duda habrá tenido en cuenta el Ejecutivo polaco. 
Otra cosa es que se invite al pueblo a tomar esos quince segundos de cópula conejil como una referencia del tiempo aconsejable para la práctica de la unión carnal entre las parejas humanas. Incluso en la católica Polonia -o en la Irlanda que tanto se le parece- eso sería un exceso de celo o más bien de falta de celo, por mucha fama de beatos que tengan los naturales del país. 
Curiosamente, la analogía de los conejos es de más ajustada aplicación a España, país cuya denominación procedería, según algunos etimólogos, del fenicio I-Span-ia, que viene a querer decir "tierra abundante en conejos". No hará falta subrayar, desde luego, el doble y a menudo equívoco significado de la palabra "conejo" en el español actual. Hasta el punto de que comerse un conejo es expresión que tanto puede resultar de orden gastronómico como lascivo. 
Tampoco es menos verdad que España padece una caída de la natalidad del todo comparable a la que ha llevado a las autoridades polacas a emitir ese vídeo poblado de conejos que tanto cachondeo está suscitando en las redes sociales y en los WhatsApps. 
No parece previsible, sin embargo, que el Gobierno de Rajoy -conservador, si bien menos que el polaco- vaya a acometer una campaña semejante en España, tierra famosa por sus conejos. Con una población de media tan añosa como la de aquí, no es cosa de andar incitando a la fornicación general. Bastante fornican ya los gobiernos a la ciudadanía. 

Señor Puigdemont, el ‘choricillo’ que me peló va a irse a vivir a Cataluña, si quiere les pongo en contacto para que le arregle el flequillo - Emilio Calatayud

Señor Puigdemont, el ‘choricillo’ que me peló va a irse a vivir a Cataluña, si quiere les pongo en contacto para que le arregle el flequillo - Emilio Calatayud


Buenas, soy Emilio Calatayud. Lo dije el otro día en una conferencia y lo repito aquí ahora. Señor Puigdemont, el ‘choricillo’ al que condené a pelarme tiene previsto irse a vivir a Cataluña. Si usted estuviese interesado en arreglarse el flequillo, que lo tiene bastante descuidado, yo no tendría problema en ponerle en contacto con él. Se lo digo porque a mí me dejó muy bien. Dicho sea todo esto simbólicamente y siempre que usted regrese a España, claro.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Chiquito, pero grande, descansa en paz - Emilio Calatayud

Chiquito, pero grande, descansa en paz - Emilio Calatayud

Buenas, soy Emilio Calatayud. En este tiempo de desacuerdos y tensiones, todo el mundo se ha puesto de acuerdo para expresar su pena por la muerte del gran Chiquito de la Calzada, porque, a pesar de su estatura, mira que era grande. Nuestro pésame para sus familiares y gracias por hacernos reír, que es algo esencial en la vida.

Y un mensaje para los jóvenes, el que la sigue la consigue: Chiquito de la Calzada logró el éxito con 63 años y tras toda una vida de trabajo. ¡Te das cuén!

lunes, 6 de noviembre de 2017

Retroroce soberanista - Raúl del Pozo

Retroroce soberanista - Raúl del Pozo

La política no sólo es el destino, sino la culpable de muchas catástrofes. El desastre que estamos viviendo en Cataluña viene de lejos, pero ha rebrotado con los disparates del bloque independentista. Han pisoteado las leyes, han enterrado su país con sus propias manos y culpan de ello al bloque constitucionalista. La asonada supremacista tiene en la Corte un caballo mediático que pide diálogo como en los días en los que otros separatistas daban tiros en la nuca. En las tertulias se quedan solos los que defienden la Constitución o el espíritu de las leyes y no exigen la liberación de los "presos políticos". Podría ocurrir que los delirios fanáticos de los independentistas triunfaran. Por ahora están siendo apoyados por la multitud: las patrañas se están transformando en verdades.
El espíritu de análisis es la doctrina oficial de la democracia; pero los independentistas han utilizado fabulaciones, lepra retórica y maniqueísmo infantil para enloquecer a la gente. Se ha apoderado de las calles un surrealismo catalán lacrimógeno, una rauxa sectaria de tapa de galletas. Digo lo de tapa de galletas recordando el diseño del museo Trías de las Galletas de Santa Coloma de Farners (Gerona) en que en las cajas dibujan el mapa del pancatalanismo, donde se incluyen Navarra, Murcia, Aragón, Albania, el reino de Nápoles, el reino de Sicilia y Atenas. Es como si Castilla quisiera imaginar anexionar a Filipinas. La rebelión ha sido urdida por los partidos independentistas con un presupuesto secreto. Preparaban la internacionalización del conflicto con sus embajadas y mordidas. Su programa de agitación permanente se ha acrecentado en estas horas preelectorales; denuncian "tratos vejatorios a los políticos catalanes como si fueran traficantes de droga", hablan no de su golpe de Estado, sino el que supuestamente ha dado el Gobierno de Madrid. Comparan a la Audiencia Nacional con el TOP.
Mientras presumían de ser seguidores de Gandhi y de su resistencia pacífica, se rebelaron contra la mediación del lehendakari con los abades de Montserrat, Poblet y el Arzobispado de Barcelona para evitar el 155. Ya en el prólogo de las elecciones organizan boicots como el de Sant Andreu de Llavaneres contra un mitin de Albert Rivera e Inés Arrimadas.

Ahora presenciaremos el apetito de poder de los políticos y cómo se tragan unos a otros en las elecciones autonómicas-plebiscitarias. Algunas encuestas detectan un apoyo decreciente de los independentistas aunque los encarcelamientos -posiblemente aminorados antes del 21-D- y su utilización propagandística de mentiras y mártires puedan trastocar los sondeos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Catalanes por el mundo: hoy, Bruselas - David Torres

Catalanes por el mundo: hoy, Bruselas - David Torres

Aunque Andy Warhol decía que en un futuro no muy lejano todo el mundo tendría derecho a quince minutos de fama, hay que reconocer que a Puigdemont se le está yendo un poco la mano. La atención del mundo entero -la cual no ha cejado de orbitar alrededor de su flequillo desde hace más de un mes- se concentró ayer en Bruselas, donde ofreció un concierto en el Club de Prensa a falta de una sede oficial. Viajó acompañado de un séquito de cinco músicos de su ejecutiva, pero en el último momento el cantante se decantó por una velada acústica y políglota donde desgranó algunos de los grandes éxitos de su breve carrera. Unos cuantos fans despistados lo recibieron en la puerta con gritos de “¡Viva España!” mientras un crítico especializado titulaba su reseña con este alarmante titular: “Más dura será la caída”. Ahora se advierte claramente el peligro de concederle el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan.
Las tentativas de Puigdemont para que lo tomen en serio chocan frontalmente con las iniciativas de Puigdemont para que se lo tomen a broma. Ambas conviven en su interior como la máscara llorosa de la tragedia y la careta sonriente de la comedia, como si cada vez que se coloca ante un micrófono su mano izquierda y su mano derecha empezaran a pelearse al estilo de los nudillos tatuados de Robert Mitchum en La noche del cazador. Una mano le susurraba que declarara la independencia y la otra mano le aconsejaba que la suspendiera. Una mano le sugería que convocara elecciones y otra mano le asesoraba que mejor no, mejor dejarlo para otro día. Con tanta prestidigitación y tanto cambio de cubilete, por último Puigdemont ha decidido hacer caso a sus extremidades inferiores: pies para qué os quiero.
Es posible que hubiera una estrategia oculta en este juego de marear la perdiz, pero, sinceramente, si había alguna estrategia se nos escapa. La alta política a menudo se parece a la gastronomía casera: se hace con los ingredientes que hay en casa y mucha imaginación. Así, con las sobras de una comida del día anterior se inventaron las croquetas y con pan duro las torrijas. Puigdemont no tenía mucho más con lo que cocinar una república y se ha ido a Bélgica a buscar el secreto de Cataluña, lo mismo que Joan Puig se iba a Nueva York a buscar un restaurante donde supieran acertar con la receta de la escalivada. Mientras el president a la fuga ha aceptado los comicios convocados desde Madrid, la CUP ha convocado una “paella masiva insumisa” para hundir la fiesta electoral, aunque en seguida han tenido que retractarse de la españolada y proponer una alternativa con butifarra y fuet, lo cual ha molestado sobremanera a los veganos. Sobre la incipiente república catalana planea la sombra de aquella frase probablemente apócrifa de Churchill, cuando le dijo a un representante del gobierno irlandés: “Nuestra situación es desesperada, pero no es seria. En cambio, la suya no es seria, pero es desesperada”.

Ante tamaño esperpento, cabe formularse la pregunta clásica: Cui bono. ¿A quién beneficia este ridículo internacional, esta charlotada que echa por tierra, quizá durante decenios, las genuinas ansias de independencia de millones de catalanes? La respuesta no está en el viento, como cantaba Bob Dylan, sino en la barba irredenta de Mariano que, gracias a este triste espectáculo, amenaza con seguir plantada en La Moncloa muchos años. Sin duda hay muchas cosas que los independentistas catalanes de corazón no le perdonarán jamás a Puigdemont; personalmente, yo nunca podré olvidar que consiguiera que Mariano parezca un estadista.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Condenado por irrumpir en un club de alterne armado y gritando 'esta noche manda mi polla'

Condenado por irrumpir en un club de alterne armado y gritando 'esta noche manda mi polla'

Actualizado miércoles 06/08/2008 17:54 (CET)
ELMUNDO.ES
GRANADA.- Irrumpió en el club de alterne pistola en mano. Ordenó que cerraran el local con las empleadas y los clientes presentes en ese momento en el interior y exigió a la camarera que empezara a ponerle copas a todo el mundo. "Soy el jefe y esta noche manda mi polla", gritó mientras colocaba en la barra la pistola que esgrimía.
El hombre logró bloquear el cerrojo de la puerta de entrada y, por espacio de dos horas, nadie pudo entrar ni salir del local. Acto seguido, destrozó la caja registradora y se apoderó de unos 100 euros. Su 'aventura' concluyó cuando una de las víctimas pudo avisar desde dentro a la Guardia Civil, que acudió al rescate.
Ahora, el detenido, un chatarrero vecino de Benalúa de Guadix, ha sido condenado por la Audiencia provincial de Granada a cuatro años de cárcel por la comisión de un delito de detención ilegal y otro de robo con intimidación. Además, deberá pagar una multa por un tercer delito de daños, según la sentencia de la que informaba este martes el diario Ideal.
El suceso se produjo en un local ubicado en la A-92 a su paso por Granada. Además del chatarrero, dos compañeros de correrías también han sido condenados a abonar sendas multas por daños.

Los acusados se conformaron con la petición fiscal sin necesidad de que se celebrarse la vista oral del juicio.

Con 60 años, tengo que ser la madre de mi nieto porque mi hijo quiere vivir la vida” - Emilio Calatayud

“Con 60 años, tengo que ser la madre de mi nieto porque mi hijo quiere vivir la vida” - Emilio Calatayud

Buenas, soy Emilio Calatayud. Varias abuelas y abuelos nos comentan que se están viendo obligados a convertirse de nuevo en padres por la vía de los hechos consumados: “Con 60 años, tengo que ser la madre de mi nieto porque mi hijo quiere vivir la vida”. En fin. Bastante bien salen algunos niños con los papás y las mamás que tienen. Ser ‘ni-ni’ y padre genera estas cosas. ¿Qué se puede hacer? Veamos:
1 Tragar quina y cuidar de los nietos hasta que el hijo pase la adolescencia, si es que la supera alguna vez, y se haga cargo de sus hijos.
2 Denunciar que los nietos están en situación de desamparo para que se haga cargo de ellos el Estado, es decir, todos nosotros. Y, después, si hay fuerza y ganas, los abuelos pueden pedir la custodia de los chavales para que no se críen en un centro.
3 Entregarlos al cónyuge que tenga dos dedos de frente.



4 Y en cualquier caso, echar de casa la ‘vivalavirgen’, que denuncie si quiere y ya decidirá la justicia.

lunes, 9 de octubre de 2017

Los gritos del silencio - Luis Herrero

Los gritos del silencio - Luis Herrero

Las imágenes quedarán guardadas para siempre en el almanaque de la historia inédita de España, como testimonio fiel de la resistencia ciudadana
Las cifras no son ahora lo que más importa. Da risa que los independentistas hablen de 66.000 manifestantes. El idiota que los contó no vive en la misma luna que el amigo de Borrell, sino en esa galaxia, repleta de iluminados y tramposos, de la realidades inventadas. También sabemos que la guardia urbana hubiera superado con creces el cálculo de 350.000 si los convocantes hubieran sido amigos de Colau. Lo de menos es que hayan llegado al millón o se hayan quedado más o menos cerca. Lo que importa es que nunca antes se había visto nada comparable en Barcelona. Las imágenes quedarán guardadas para siempre en el almanaque de la historia inédita de España, como testimonio fiel de la resistencia ciudadana a correr la suerte dictada por los políticos incapaces que dirigen el rumbo de la nación.
Una de las ideas que ayer más se jalearon es que las voces que se dejaron oír salían del armario silencioso donde ha vivido hasta ahora la mayoría social durante este tiempo de exaltación independentista. No creo que sea verdad. Lo de ayer no fueron los gritos del silencio. Las voces de ayer no fueron una enmienda a la pasividad de la sociedad amilanada, sino a la inacción -ominosa, calculadora, trémula y liberticida- de la clase política. Ha sido la sensación de desamparo, de abandono y de orfandad de los españoles del común, en Cataluña y en el resto de España, la que ha promovido la ocupación de la calle. Y lo peor que puede pasar es que haya sido una reacción tan emocionante como tardía. Esa es a estas horas, me parece a mí, la pregunta clave: ¿llega a tiempo de cambiar el curso de la batalla?
Rajoy cree que sí. Él aún mantiene la esperanza de doblarle el brazo a Puigdemont. El jueves salió a la palestra, después de tres días largos dentro de la madriguera, para recordarle a su partido, más inquieto que nunca, que ya había demostrado en otras ocasiones su maestría en el manejo de los tiempos y que debían confiar en su prudencia acreditada. Aznar acababa de poner en duda su fortaleza anímica para coger el toro por los cuernos, en una nota que hubieran suscrito de buena gana casi todos los militantes del partido. Dos días antes, el rey también le había conminado a restablecer la legalidad constitucional en Cataluña. Su inacción, después de eso, retumbaba en el país entero como un grito silencioso. Pero él seguía confiando en su propio juicio.
El martes se habían retirado 270 millones de euros de fondos de inversión de La Caixa. La decisión de trasladar la sede social del banco era inminente e irremediable. Detrás vendrían el Sabadell, Gas Natural, Freixenet, Codorniú, Criteria, Agbar, Abertis... El efecto dominó de la estampida iba a colocar al Govern contra las cuerdas. Los últimos impulsos de sensatez en el seno del PdeCat, el partido de los botiguers y la clase media, trataban de izar la bandera blanca. La respuesta cívica de los contrarios a la independencia iba cada vez a más. Ya había duelo de caceroladas. El griterío dejaba de ser monopolio de las CUP. El presidente del Gobierno tenía fundados motivos para estar contento. La sola idea de que su plan de aguantar el tirón sin perder la calma pudiera ser suficiente para sofocar la insurrección le reafirmaba en su estólida apuesta por el tancredismo.
Poco después, las tres locomotoras del procés se encargaron de ir apagando los incendios. La ANC distribuyó el viernes por la mañana un chat entre sus afiliados que les instaba a seguir en la brecha: "Nos quieren desanimados. No lo podemos permitir. Ni se lo merecen ni nos lo merecemos. Es muy importante que estos días nos apoyemos los unos a los otros. Descansad. Comed bien. Tomad el aire. Divertíos. Hemos de recuperar fuerzas porque vienen días muy importantes. La cabeza bien alta. La moral bien alta. Que nos vean sonreír".
Minutos más tarde, la CUP daba a conocer que ya estaba negociando con Junts Pel Sí el texto de la declaración de independencia. "Nadie ha puesto sobre la mesa ningún escenario de dilación -dijo el diputado Carles Riera-, no trabajamos sobre ese escenario". A media tarde, Junqueras le enviaba a Forcadell los resultados oficiales del referéndum: 2.280.000 votantes. El 43% del censo. Más de dos millones de síes. Desde ese momento comenzaba la cuenta atrás del plazo de 48 horas que los ingenieros de la desconexión habían fijado para proclamar la República catalana. Si el cómputo se establece sobre días laborables finaliza el próximo martes, justo a la misma hora en que Puigdemont ha solicitado comparecer ante el pleno. Verde y con asas. El plan se mantiene intacto.
El sábado, el propio Puigdemont se lo dijo al director del Círculo de Economía, el foro económico más heterogéneo de la burguesía catalana en el que están poderosamente representadas las empresas industriales de capital familiar catalán con mayor musculatura:
Sí, la fuga de las grandes empresas de Cataluña es una noticia de extrema gravedad, pero la vía de la DUI sigue siendo la opción elegida.
Después de eso, si Rajoy albergaba la esperanza de poder ganar la partida aguardando a que los sediciosos se cocieran en su propia salsa, debió perderla para siempre. Y, sin embargo, siguió en sus trece.

A Rivera le dijo el viernes que no veía motivación jurídica suficiente para aplicar el artículo 155 de la Constitución y a los españoles nos dijo ayer en la entrevista de El País que solo actuaría para dejar sin efectos la declaración de independencia porque el mero hecho de anunciarla no tenía trascendencia. Bien mirado, ese razonamiento nos da una pista para saber por dónde van sus intenciones. Si de lo que se trata es de buscar una motivación que tenga trascendencia jurídica suficiente, ninguna como la que aflorará después de que Puigdemont lea el martes en el Parlament el papel que ya tiene redactado. Si a partir se ese día Rajoy no utiliza todos los mecanismos legales a su alcance para desposeer al Govern de sus competencias, se convertirá en cómplice del golpe de Estado y caerá sobre él no solo la indignidad política sino el peso de la ley. Seguro que entonces se le acaban los remilgos.

jueves, 5 de octubre de 2017

Diario de una jefa

Diario de una jefa

Viernes 17: Hoy he despedido a mi becario.
Era mi 52 cumpleaños, mi humor no estaba muy bien que digamos.
Esta mañana, al despertarme me dirigí a la cocina para tomar una taza de café a la espera de que mi marido me felicitase, pero él no me dijo ni buenos días.
Y me dije a mí misma: ¿Ese es el hombre que yo me merezco?
Bueno, los niños seguro que se acordarán... Pero cuando llegaron para desayunar no dijeron ni una palabra.
Así, salí de casa bastante desanimada, pero me sentí un poco mejor cuando entre en mi oficina y el becario universitario me dijo:
Buenos días Jefa, Feliz cumpleaños!
Finalmente alguien se había acordado....
Trabajamos hasta el medio día, cuando el becario entró de nuevo en mi despacho, diciendo:
'Sabe Jefa.......hace un hermoso día y ya que es el día de su cumpleaños, podíamos almorzar juntos, solos usted y yo'.
Acepte, y fuimos a un lugar bastante reservado, nos divertimos mucho, y en el camino de vuelta, él propuso:
'Con este día tan bonito, creo que no deberíamos volver a la oficina. Vayamos a mi apartamento, y allí podemos tomar una copa'.
Fuimos entonces para su apartamento, y mientras yo saboreaba un Martíni, el dijo:
-'Si no le importa voy un momento hasta mi cuarto a ponerme una ropa un poco más cómoda'. 
'Está bien, como quieras', -respondí.
Pasados cinco minutos, más o menos, él salió del cuarto con un enorme Pastel con 52 velitas, seguido por mi marido, mis hijas, mis amigos y todo el personal de la oficina. Y todos cantando:
Cumpleaños Feliz!Cumpleaños Feliz!...
Y allí estaba yo, desnuda, sin sostén, sin bragas, echada en el sofá del salón... esperándo al cabrón de mi becario!!!!!!!!!


POR ESO LE DESPEDÍ... ESAS COSAS NO SE HACEN, COÑO!!!!!

Chiste

El chiste mejor no puede ser:

Esto son un Sevillano un Negro y un Catalán en la sala de paritorios y sale el médico y les dice a los 3: 
- Ha habido una complicación y se han mezclado los niños, así que tendréis que entrar y reconocer cada uno al suyo.
Allá va el Sevillano y se mete, y al rato sale con el niño negro. Los demás extrañados al verlo, le preguntan, y éste contesta:

- Yo no me arriesgo a llevarme al Catalán!!!!!

jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Adónde van los que se van? - Ánxel Vence

¿Adónde van los que se van? - Ánxel Vence

Hay un chiste poco conocido y quizá no muy gracioso sobre los últimos días de Franco. Agonizaba el dictador en su cama del hospital cuando a la puerta se concentraron cientos de devotos para corearle cánticos de "Adiós Franco, adiós".
Intrigado por las voces, el General Generalísimo preguntó a uno de sus ayudantes por el quilombo de lamentos que se estaba montando fuera. "Son jóvenes que vienen a despedirse de Su Excelencia", le informó el asistente. "¿A despedirse? ¿Y adónde se van esos chicos?", retrucó Franco, tal vez convencido de su inmortalidad.
Los nacionalistas más exaltados que estos días corean en Cataluña el "Adéu, Espanya" lo hacen también en tono de alegre velatorio. Como el que asiste tocando las maracas al próximo entierro de un Estado que en sus días de gloria fue imperio y luego decayó, igual que todos los demás. Aunque España disfrute hoy de un sistema garantista que lo sitúa en el puesto 17º de la clasificación de democracias del mundo, justo debajo de Gran Bretaña y varios lugares por encima de Estados Unidos, Italia y Francia.
Mariano Rajoy, el actual encargado de la tienda, se pregunta con lógica de registrador de la propiedad lo mismo que el sorprendido Caudillo. Que adónde van los que se despiden de España.
No está claro. José Saramago, portugués e iberista, imaginaba a la Península como una balsa de piedra que se desgajaba del continente europeo para vagar a la deriva por esos mares de Neptuno. Cuesta imaginar a Cataluña separándose geográficamente del resto del territorio peninsular, aunque la idea quizá les alegre las campanillas a los aragoneses, que por fin tendrían costa y playas sin necesidad de coger el coche.
Naturalmente, los países con apetencias de separación no van a cambiar de sitio en el mapa, como sí lo hacía la fabulosa balsa ibérica imaginada por Saramago.
Tampoco parece creíble que los dos millones de independentistas que se calculan en Cataluña vayan a marcharse a Francia o hayan decidido emprender cualquier otro éxodo. Eso de partir en masa hacia el otro lado del Atlántico es más bien una tradición de los gallegos, que son gente amante de las grandes navegaciones, como sus vecinos portugueses.
Lo que los nacionalistas de la rama más extremada quieren es, en realidad, una simple separación política y por tanto económica, bajo el comprensible deseo de disfrutar en exclusiva de sus caudales sin compartirlos con los demás. Puede parecer una posición egoísta; pero en modo alguno irrazonable.
Otra cosa es que tal deseo no sea fácil ni aun hacedero en un planeta sin fronteras donde las empresas trasladan sus fábricas a los países pobres por aquello de ahorrar. La soberanía es una mera ilusión, particularmente en el caso de Europa, donde el ochenta por ciento de las decisiones de cualquier nación no las toma ya su Consejo de Ministros, sino un organismo con sede en Bruselas y mando a distancia en Berlín.
Con las fronteras abolidas, la moneda administrada por un banco que tiene su sede en Fráncfort y los ejércitos bajo dependencia de la OTAN -es decir: Estados Unidos-, la condición de Estado soberano ya no es lo que era. A lo sumo queda reducida a la exhibición de la bandera en edificios públicos; pero eso, en realidad ya puede hacerse sin necesidad de asumir la pesada tarea de organización de un nuevo Estado.

Todo ello hace difícil discernir adónde se van los que dicen que se van. Excluida por fantástica la hipótesis de Saramago, solo quedan los caminos a ninguna parte.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Jorge Ilegal: «En las más oscuras profundidades del yo están las canciones más crudas y bellas»

Jorge Ilegal: «En las más oscuras profundidades del yo están las canciones más crudas y bellas»

El afilado rockero concede una larga entrevista a ABC por el estreno de «Mi vida entre las hormigas», un documental sobre su espigada figura tras 35 años de canciones descarnadas

Se le nota enflaquecido, con la calavera más demacrada que jamás le hayamos visto, y, sin embargo, conserva una robustez y un verdor envidiable a sus 62 años. Jorge Ilegal sigue en sus trece, sigue «espiando los juegos de los niños» desde la atalaya del vivir a su manera. Aunque en el recreo también ocurran pesadillas, por descontado. Pero como posee genética guerrera, no piensa dejarse doblegar ni por el mismo tiempo... Y, ni mucho menos, por la lluvia que ha provocado la suspensión de su concierto en una olvidada tarde de julio en Getafe.
Tras 35 años cantando canciones descarnadas, el líder de Ilegales acaba de ser objeto de un documental sobre su espigada figura, «Mi vida entre las hormigas». Bajo la lupa de los directores, Chema Veiga y Juan Moya, Jorge Martínez no aparece como el insecto aterrador que fantasea con aparentar sino como un tipo lúcido, de proverbial verbo punzante y que en el casino de la vida ha apostado todo por el negro del rock & roll (con el abultado macuto que conlleva).

ABC ha charlado con el músico sobre varios de los temas tratados en la película: desde su participación en los noventa en la tertulia gritona de «Moros y cristianos» hasta la visión miope del mapa musical durante la Movida madrileña. O de su fascinación por las resacas, su supuesta inadaptación social, el Nobel a Dylan... y también sobre cuál será su legado. Por supuestísimo, ha caído pregunta sobre el trap.

- Le llaman vampiro porque se niega a envejecer.
- Últimamente he estado chungo, tengo la cara que parece una máscara de miles de años. Pero sí, hasta hace poco no envejecía. Soy un tipo fuerte, incluso en una edad avanzada. Mi padre murió con 99 años y a los 94 era un hombre fuerte y totalmente independiente. Hay que negarse a envejecer. A ver, envejecer probablemente no sea del todo malo, lo digo en el sentido de perder facultades. Hay que resistirse a la pérdida de facultades. La manera es usar todo constantemente, que no se oxide nada. Lo uso todo.

- Ahora prefiere componer sobrio, ergo ¿antes prefería hacerlo ebrio?
- A temporadas. Hay momentos en los que un punto de alcoholemia te abre las puertas a otras realidades, te sirve de llave. O cualquier droga. Aunque le he perdido el gusto a las drogas, no me gustan. Supongo que ese es un síntoma de vejez. Las resacas, por ejemplo, son muy valiosas, hay que saber explotarlas porque es el momento para hacer autocrítica. Es muy interesante la resaca.
- ¿Ha notado merma en su discurrir mental por los excesos?

 No. Desgraciadamente este puede ser un mal consejo. Ahora se ha descubierto que el cerebro se va ampliando, y que se siguen reproduciendo las neuronas. Creo que puedo hacer cosas que antes no podía hacer. Y con la guitarra también. Probablemente tengan que ver con una actividad cerebral antes que con una actividad mecánica, porque mecánicamente debería estar perdiendo facultades. Sin embargo, puedo hacer cosas ahora que antes me resultaban imposibles. De hecho, «Mi vida entre las hormigas» (la última que ha escrito) es probablemente mi canción más literaria de todas. Aquí sí influye el hecho cultural. Esto me pasa por haber leído a todos los autores satíricos romanos, vaya majaras, y a Whitman, a Nietzsche, a Schopenhauer, pero, sobre todo, se nota que todo está erosionado por la lectura atenta de «Las mil y una noches» y otras lecturas orientales. Ahí sí que se nota que la cultura se transpira con facilidad.

- ¿Cómo es un día rutinario en su vida?
- No tengo días rutinarios. La repetición es nefasta para que la vida sea digna de ser vivida. Me levanto depende de qué día a una hora. Depende del plan, si es que hay plan, y voy mirando. A veces puede haber varios planes alternativos. Hay que hacer cosas, dejar la vida pasar es un crimen. Y lo que tengas ganas de hacer es lo que mejor vas a hacer. Es mucho mejor hacer lo que te dé la gana porque lo vas a hacer de puta madre.
- ¿Qué entiende por envejecer mal en el rock?
- Eso le pasa a los artistas de moda. El problema es alcanzar un grado de popularidad muy alto porque se te contrasta con otra época. Y mucha gente pierde facultades. Pero el rock no debería envejecer en absoluto, porque es muy totalitario, sobre todo el punk rock, que está conectado con cosas primitivas como la actitud que tenían la gente que hacía sátira en la antigua Grecia o Roma. Marcial, Juvenal, etc. Ellos no han envejecido en absoluto. Es que ves las sátiras de Juvenal ahora, o a Virgilio o a Catulo, que tienen miles de años, y suenan actuales. Incluso muy duras. Virgilio es lo más punk. Le expulsaron de Roma. Le advirtieron varias veces y le acabaron desterrando por tocahuevos, por pervertidor de la moral. Todos, queramos o no, hemos bebido de Juvenal o Marcial, que te lo vas a encontrar en Quevedo, por ejemplo. Te los vas encontrando constantemente. Es lo que decía de las canciones, las que no son perecederas son las que están profundamente arraigadas en la naturaleza humana.
- Hablando de Dylan... ¿Para cuándo un Cervantes a Jorge Martínez?
- Esta gente es mucho más retrógrada que los del Nobel, que mira que están anticuados. A mí no me gusta nada como escribe Dylan. Cambió muchas cosas, como ese hecho de que proyectase los derechos civiles sobre la canción popular. Porque lo que decían los Beatles eran, francamente, gilipolleces. Un día tuve que cantar una canción de los Beatles y, al traducirles, me dije: «Yo no canto esta mierda. Es horrible». En cambio, las canciones de Dylan las puedes traducir y muchas pueden sonrojarte, pero no todas. Creo que eran mejores Jerry Leiber y Mike Stoner. Y muchos bluesmen eran también mejores letristas que Dylan. Dylan recogió un poco toda esa historia de Jimmie Rodgers y Woody Guthrie, pero no le daría el Premio Nobel.
- ¿Le pareció mal incluso?
- No, me pareció que se le ha dado a toda una generación que luchó por unos derechos civiles. La medalla no era solo para Dylan, así que no se tenía que haber hecho tanto la estrecha para recogerlo. Pero ya sabemos de qué va este, desde el accidente quedó gilipollas.
- En cualquier caso, ¿en España se podría conceder un premio así?
- No sé... Los Panero sí son gente que lo podría recibir. A mí me interesan. Pero tendría que pensármelo más.
- ¿Se ha levantado en medio de la noche a apuntar algo para una canción?
- Hay que levantarse a cualquier hora, hay que ser diligente. Me he ido de en medio de fiestas, con un planazo tremendo, y me han llamado gilipollas y de todo. Una vez en una tienda tenían todas las Fender Jaguar y todas las Fender Jazzmaster con los colores de los años sesenta recién reeditadas. Entré en la tienda y dije: «Ponme esta. Y ponme esa otra». Salí de allí con una en cada mano. Y yéndome volví a la tienda y dije: «Las quiero todas». «¿Cómo que todas, estás seguro?». «Sí, con la tarjeta». «Bueno, ¿te llevo a casa?», me dijo. Y yendo... «Para, que tengo una canción». «¿Que te vas a parar aquí?». «Sí, me voy a parar aquí a hacer una canción». El tío pensó que estaba grillado. Pero si no paras, no tienes la canción.
- ¿Cree que la policía de internet admitiría algunas de sus letras si se publicaran ahora? ¿Hay exceso de indignación?
- La principal culpa la tenemos los artistas con ese afán de ser políticamente correctos. Se intenta caer bien a todo el mundo no diciendo nada ofensivo y las fronteras de la libertad cada día son más pequeñas. Se constriñen, se van cerrando. Lo que tenemos que hacer es transgredir, incluso transgredir con gilipolleces, para que cada vez se hagan más amplias esas fronteras de libertad. Fíjate la tontería que era el destape en su momento, pero ensanchó la libertad. Cuando empezó aquello ya estábamos hartos de montar orgías y de ver culos, tetas y de todo, pero para generaciones anteriores o para personas que vivían en lugares más restringidos o con menos aire, o aire enrarecido, eso fue liberador.
- ¿Qué consejo, solo uno, le daría a alguien que acaba de formar un grupo o a componer?
- Le aconsejaría ir a la fuente más peligrosa. Lo que habla la canción de «Soy un macarra». Eso de mirarse en el espejo, ese ejercicio tan peligroso. Le aconsejaría ir a las más oscuras profundidades del yo, que es un sitio realmente peligroso, pero en el que están las canciones más crudas y más bellas. Y más valiosas. Ese es el sitio donde están las mejores. Ahora... hay que atreverse porque no está exento de peligros.
De Alaska a Yung Beef
- Se dice que los 80 no solo eran los colorines de La Movida. Igor Paskual os define como «carpe diem desesperado». ¿Esa desesperación es lo que os diferencia de La Movida?
- La Movida es el fruto de una visión miope. La gente que estaba en Madrid, los críticos, solo se fijan en lo que estaba pasando en Madrid porque carecían de la capacidad de moverse. Probablemente porque estaban adscritos a la tierra, como los ciervos, y no podían ver lo que pasaba más allá. Mi profesión era diferente: yo soy músico. Y mi profesión era itinerante. Sabía lo que pasaba en el País Vasco, que se estaba gestando el Rock Radikal Vasco. Sabía que en Galicia estaban haciendo un rock de broma, con esa socarronería muy gallega. Sabía que en Cataluña el Rock Layetano estaba ahogando a todos los grupos mods y rockers, aunque había cosas. Sabía que en Levante había música para maricones de fin de semana. Conocía que la independencia había empezado en León, con Los Cardiacos, un grupo nuevaolero y con unas pintas... el aspecto físico era muy epatante. La zona centro estaba exhausta. Andalucía estaba exhausta completamente. ¿Por qué razón? Porque habían contribuido muy fuerte al rock andaluz, con Triana, Alameda, incluso los Medina Azahara estos... Esa era la realidad, una realidad amplia. Pero se veía de una forma miope, solo desde Madrid. Nosotros no éramos Movida, estábamos conectados. Pero luego, al ver que lo de La Movida se agotaba tan rápido, que no tenía carne, que no tenía nada, empezaron a absorber todo lo de la periferia. Empezaron a fagocitarlo todo con una voracidad tremenda. Nosotros estábamos al margen de todo el mundo, vivíamos de otra manera. Era verdad lo que hacíamos, reflejaba la forma de vida que teníamos. Veníamos de un medio muy violento. Yo venía de la facultad de Derecho, que era más violenta que el barrio de yonkis más violento. Allí sí había armas de fuego a diario, en la facultad de Derecho de Oviedo. A mí me apuntaron una vez con un arma. Como era un descerebrado en ese momento... Venía del ejercito y estaba desesperado en aquel momento, no tenía nada que perder. E hice frente a la situación con gran solvencia. Tenías que hacerlo si querías salir adelante. Todo eso se juntó con lo que llamaron reconversión, que simplemente es un eufemismo, antiguo pero eufemismo, que significa destrozar todo el tejido industrial, arrasar. Todo en la zona norte, una zona conflictiva tanto para las izquierdas como para las derechas. Porque fue el PSOE el que acabó con los astilleros, por el método de meter en la cárcel a todos los dirigentes. Le ponían una querella y conseguían meterlo, y luego otra al que cogiera la antorcha. Y luego otra... Hasta que consiguieron ahogar todos los movimientos obreros. Ese era nuestro medio, donde había reyertas en la calle a diario. Yo vivía en el centro, pero la gente que conocíamos se había metido en la heroína. Y la heroína es una droga muy destructiva que hizo estragos en toda una generación, la devoró. Era un caldo de cultivo violento. No era fácil vivir allí.

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- No tiene pinta. ¿Qué grupos españoles destacaría de entonces? Haciendo un repaso de la época con el Zurdo nos dijo que lo más parecido a un genio en esa época era usted.
- El Zurdo es lo más parecido a un genio, era el tipo brillante de la época. De la Movida era él. Yo quiero conocer a ese tío. Cuando escuché el «Para ti», que la música se parece a... Es clavada a un disco que tengo de los sesenta, ahora no me sale el nombre. Y la letra me parece muy bien, flipé con esa historia. Nacha Pop era interesante. Tanto Antonio como Nacho. Lo que les pasó fue muy injusto porque les tildaron de babosos. Y no eran babosos, no tenían nada que ver con otros grupos de la época que sí lo eran. Aunque algunos se redimieran como Los Secretos, que empezaron a hacer otras cosas, probablemente, cuando descubrieron la vida. Un día descubrieron que los Reyes Magos no eran los padres y empezaron a hacer otro tipo de música que estaba bien. Me gustaban Los Cardiacos estos de León. Me he reído con Siniestro Total. Lo que pasa es que era una broma. Un tío que cuenta unos cuantos chistes bien se agradece. Ahora, el chistoso constante, por mucho cariño que le tengas, acaba hartándote. Yo veía muy fuertes a Los Rebeldes al principio. Carlos tenía una garra que fue perdiendo. Los grupos vascos eran un poco como el catecismo comunista, me parecían muy ingenuos. Aunque me divertían las cosas de Evaristo y algunas cosas de Kortatu. Evaristo es un tío inteligente.
- ¿Qué le pareció el indie de los noventa?
Mira, empezaron todos a cantar en inglés. Nosotros habíamos estado de gira en Ecuador, y allí querían prohibir el rock en español, por las cosas que se decían que si eran palabras malsonantes y tal. Querían solo inglés. Había unos intereses claros ahí, probablemente recelaban del rock como elemento liberador y que no convenía a las clases. Porque es un lugar muy divido sin clase media, con un bache intersocial muy elevado, y no solo eran las palabras porque también se transmitía información liberadora. Y vengo a España y me encuentro el rollo indie. «Es que nosotros cantamos en inglés». Pero bueno, ¿quién os ha subvencionado, pagan mucho? «No, nos pagan nada. Lo hacemos porque nos expresamos...». Lo que sois, sois gilipollas. Simplemente, no hay más cojones. Sois gilipollas. Porque muchas discográficas os pagarían una pasta porque nos estamos comiendo una cuarta parte de la tarta. Desde México hacia abajo, y, además, el español está penetrando en Estados Unidos. No entiendo el fenómeno indie. Cantaban en inglés pero luego tocaban en España y no salen. Y cuando salen fuera van a garitos de mierda. Van a tocar a a un garito que es como un váter de grande. ¿Y para eso cantas en inglés? Y luego en un inglés muy muy deficiente... Es muy tonto.
- Pero no eran todos los grupos.
Eran casi todos... Muchos son amigos míos pero lo siento: sois unos gilipollas. Ya os lo dije en su momento.
- ¿Ha escuchado trap?
Sí. Buah, es tremendo. Me parece un fenómeno muy a tener en cuenta. Estoy al tanto de todas estas cosas, estudiarlo es muy interesante. Detesto el trap, no me gusta nada. Ni los vídeos, las chicas que salen en los vídeos me parecen sexualmente impracticables... Pero bueno, ¿quién sabe? Quizá alguno de estos llegue a hacer algo interesante a partir de ahí. Muchas cosas han traspasado la pared de mierda y se han convertido en algo realmente bueno. Nunca se sabe. Hay setas cojonudas que nacen en las cagadas de caballo y te aseguro que te ponen que no veas.
Martínez el coach: «Levántante y lucha»
- Los Ilegales tienen canciones lúgubres y sórdidas, pero las hay también vitalistas («He decidido comportarme», «Tiempos nuevos, tiempos salvajes» o «Mi vida entre las hormigas») que promueven el ser tú mismo y luchar por salirte con la tuya. En esta última canta: «Abatido pero erguido, no me dejo derrotar». ¿Qué representaría para usted una derrota?
- La lucha por mantener el yo vivo es una constante pugna. Es una pugna entre ser asumido por el grupo, o por todas las agresiones que trae consigo la propia vida, y mantener ese yo vivo. Al final, la vida acaba mal. Acaba con la muerte, no hay más remedio. Lo guapo es mantenerse en pie. Es como en el rodeo o en los toros mecánicos, cuanto más tiempo estés arriba mejor. Eso es tener éxito en la vida, por eso no tienes que dejarte derrotar. Yo no dejo que me derroten, cuido mucho de mantenerme erguido.
- Hace apología del vivir la vida fuera de convencionalismos castradores.
Antes morir que perder la vida. Para que la vida sea digna de ser vivida no hay más remedio que arriesgarla. Hay momentos que no queda otra que jugárselo todo. Y creo también que vale la pena. Una vida bien enfocada y bien vivida... Mira, tengo ahora 62 años y le he sacado un partido... Me lo pintaban muy negro trabajando en la oficina. Creo que por eso se provoca esa especie de depresión juvenil, al pensar en un futuro llevando la vida que llevan tus padres. Una vida plena solo se consigue siendo valiente.
- ¿Cuál fue su coste?
- Mi coste fue saltar sin red casi siempre. Se pierden amistades, se pierden parejas, se pierden muchas cosas. Pero vale la pena. La verdad es que, a veces, pierdo las amistades y las parejas con un placer... Es una liberación. Eso de vivir sin novia ni reloj, de «La vida es fuego», es una realidad. Es una canción un poco tonta, pero es algo que todo el mundo debería permitirse. Hasta nunca, hasta nunca... Qué pena, dices a veces. Y otras: levito de gozo de perderte de vista. ¿Cuántas posibilidades se me abren ahora? Ese libro que me voy a leer, esa borrachera que me voy a coger... O no, porque las rupturas no es el momento para beber. Unos días más allá, cuando dices qué bien va, sí es el momento.
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- En la película varias personas cercanas especulan sobre su personalidad. Le denominan incluso inadaptado social, y se dice que el coste de su actitud ante la vida es la soledad. ¿Qué opina?
- Son opiniones que confluyen y, a veces, se contradicen entre sí. Creo que sí que vale la pena afrontar cualquier cosa, la soledad o lo que sea. Pero, de todas maneras, no estoy solo en absoluto. La soledad es un bien muy preciado, y para estar acompañado y para sentir la compañía, es necesaria la distancia. Igual que cuando ves un cuadro en un museo, sobre todo los impresionistas. O el mismo Velázquez. Si no lo ves a una cierta distancia no aprecias la obra en su conjunto, no entiendes las cosas. Las parejas y las amistades estallan en pedazos por exceso de proximidad. Con un poco más de distancia, con un distanciarse, tendrían muchas más posibilidades de éxito. Estoy convencido. Y luego hay que ser valiente y sincero con uno mismo. Cuando lo eres, y es lo más difícil ser sincero con uno mismo, lo eres con los demás con mucha facilidad. Y puedes decir cosas frontalmente que, a veces, son hirientes. Pero la verdad a la larga tiene menos peligros que la mentira, y es mejor, es menos dañina. Incluso a veces peco de bocazas, porque digo cosas sin que nadie me pregunte. Cosas molestas e inconvenientes, que no me convendría a mí mismo mencionar ni de pasada.
- ¿Por qué se recluye tanto en la casa de Bolgues? (Es una enorme residencia familiar bastante destartalada en ese pueblo).
Voy mucho allí, pero también me pierdo solo por el monte. Necesito el contacto con el medio natural, hace que toda neurosis que te pueda rondar sea inocua. Es realmente bueno. Voy a bucear al Cantábrico, que no son unas aguas amables precisamente, y es una limpieza total, es purificador. A ver, no soy un inadaptado. Conozco el juego perfectamente. Como con cuchillo y tenedor, incluso una naranja. Y no hay nada más estúpido... Consigo incluso cortarla sin que salpique nada. Sé hacerlo, joder. Solo que no vale la pena comer una naranja con cuchillo y tenedor, es una gilipollez. Con el marisco hago una disección perfecta, pero lo hago si me apetece. O, si no, me tiro unos días en el monte y como lo que sea. ¿Sabes qué pasa? Que te llaman raro por cómo puedas administrar a tu cuerpo, tu mente. Es como las posturas, que como tengas más que las que tiene la media ya tienes un problema. No tengo un problema, ustedes tienen un problema. De falta de flexibilidad. Las personas que solo están de pie, sentados o tumbados, tienen un problema de falta de flexibilidad. Yo puedo agacharme y hacer la de dios. Puedo acechar durante horas a un bicho con un arma en la mano sin cansarme. O puedo lograr posiciones realmente raras. Parece que se intenta escayolar a la gente, limitarla, lisiarla de alguna manera.
- ¿Perjudicó su faceta de tertuliano televisivo a su carrera musical, como sostiene Diego Alfredo Manrique?
- Puede ser, pero me divertía. Tiene razón. Él dice que la gente se distrae con las cosas menos interesantes pero que son muy llamativas. No es que no estén en la misma persona. El tener sentido del humor. Toda la gente medianamente inteligente, e incluso los muy muy inteligentes, tienen sentido del humor. Y dice que por ello no se me toma tan en serio como a otros que son más grandilocuentes. Y menciona a Serrat y Sabina, a los que la gente toma por poetas. Tócate los cojones. Sabina sé que no se toma por poeta, Serrat no lo sé.
- ¿Por qué no siguió?
- Me daban una pasta pero me cansé. Un día me sentí muy triste, estaba en Canal Sur y estaba Paquita Rico y Lauren Postigo. Y podía decirles cosas que se merecen que se las pongan en la cara, realmente hirientes. Pero, de repente, sentí como una compasión repulsiva y dije no vuelvo más a estas mierdas.
- ¿Le han confundido alguna vez con un Matamoros?
- No, no... Aunque ahora se lleva mucho este peinado. Cuando empecé lo llevábamos poca gente.
- Quizá lo puso de moda.
- Qué va. Lo empezaron a poner de moda los gays, que siempre andan probando cositas... Fueron los primeros en llevar el pelo al cero.
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- ¿Qué le hubiera gustado ser de no haber sido rockero?
- Tengo muchísimos intereses. El rock es lo que más me gusta, pero estuve a punto de ser abogado. Sería un juez que representaría un peligro para los corruptos. Ya en el colegio, por todos los que fui pasando que fueron muchos, siempre protegía a los más débiles. De hecho, había niños que solo jugaban cuando yo jugaba. Era acojonante. «Tíos, quitaos de aquí al lado, nenazas. Id más para allá, que no os va a pasar nada...». Me hubiera metido a caballero andante.
- Esa faceta protectora se comenta en el documental, pero también su «individualidad exacerbada», lo que contradice lo anterior.
- La especie necesita que los individuos se cuiden unos entre otros. Y lo tienen también muchos animales, no solo los simios estos que nos creemos la hostia en el planeta. Sí cuido al grupo y a su seguridad, pero no tengo ese instinto gregario tan marcado. Soy muy individualista, me muevo solo. No me gusta volar en bandada, ¿sabes? Y no tengo paciencia para esperar. Cuando la gente se mueve de bar en bar, con las esperas de que va a venir tal y cual, es un puto coñazo. Generalmente, me despido a la francesa. Y con esa chica que has ligado en el momento y que tienes que esperar para seguirle el rollo pues no tengo paciencia. Me largo. «Pero espera, no...» (con voz de mujer). «Ya no te espero, joder».
- ¿Cuál cree que será su legado?
Hay algunas frases que probablemente sean repetición de autores anteriores. Es una cosa que ocurre mucho, que, aunque no hayas leído al autor, le robas la frase porque parece ser que los pensamientos están en el aire. Pero también va a haber un montón de frases totalmente originales. Y la manera en la que están colocadas también es muy original. Y creo que son efectivas. Es lo valioso que voy a dejar. De todas maneras, si no os gustan, lo tiráis y punto. No me voy a enfadar. Además, del más allá nadie viene para vengarse.
- ¿Cómo acabará Jorge Martínez?

Mal. Esto es un acto de generosidad total. Creo absolutamente en lo que hago. Y me arriesgo. He arriesgado muchas veces capitales enormes para poder hacer lo que hago. Y dejar las canciones que están ahí. Tener para vivir de puta madre y ponerlo todo en riesgo. Y no dar el brazo a torcer pudiendo hacer otras cosas. Al correo, que tuve hasta muy tarde en casa de mis padres, llegaron unas ofertas de trabajo tremendas, para dirigir cosas. Y no acepté ninguna. ¿Cómo puede ser? Creo que es mi obligación. Si tienes un don, o crees que puedes ofertar algo valioso... Hay una cosa animal que te dice no, haz esto. ¿Que voy a acabar mal? Claro. Estoy asumiendo unos riesgos tremendos. Solo me estoy ocupando de conseguir la obra. Y me gasto en herramientas lo que haga falta. Si necesito una guitarra de 40.000 euros, no me lo pienso. Los riesgos son de todo tipo. Económicos, de quedar en la indigencia y de todo. He arriesgado cantidades enormes. Y lo voy a hacer. Tengo que hacerlo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El momento del artículo 155 - Fernando Ónega

El momento del artículo 155 - Fernando Ónega

Cada vez que un político con alguna responsabilidad se pone a tiro de periodista se le hace una pregunta inevitable: ¿se debe aplicar a Cataluña el artículo 155 de la Constitución? Las respuestas oscilan entre el sí convencido y la recomendación de que no se haga, pasando por la galaica cautela del depende. Me apresuro a reiterar que, contra una creencia muy extendida, ese artículo no prevé ni la suspensión de la autonomía ni la disolución de instituciones regionales, como las constituciones de Italia, Austria o Argentina. Solo está pensado para casos de incumplimiento de obligaciones legales o actuaciones que atenten gravemente al interés general de España. Y solo contempla «la adopción de las medidas necesarias para obligar a la comunidad al cumplimiento forzoso de sus obligaciones o para la protección del mencionado interés general».
¿Se dan esas circunstancias de incumplimiento de obligaciones legales o atentado al interés general en Cataluña? Evidentemente sí. Por eso tantas voces, algunas muy ilustres, de este diario se pronuncian a favor o creen que el invocado artículo debiera haberse aplicado ya. Yo no estoy tan seguro. El 155 no es un resorte mágico que termine con un problema tan complejo como el catalán. Es el último recurso y un último recurso debe aplicarse con prudencia, cálculo de los tiempos y previsión de efectos en el conflicto planteado. A eso se refiere Rajoy cuando promete la máxima firmeza, «sin renunciar a nada», pero también la máxima proporcionalidad y cautela. La desobediencia de la Generalitat, la llamada a la desobediencia de los alcaldes, las leyes aprobadas en el Parlamento catalán, la preparación clandestina de urnas, censo y papeletas son hechos inquietantes y subversivos. Pero no son todavía lo peor que puede suceder. Puede ocurrir que el presidente se tenga que tragar sus palabras y el día 1 haya votaciones. Puede ocurrir que ese día y siguientes haya serias alteraciones del orden, porque el independentismo está llamando a la movilización popular, que ya sabemos lo que es. Puede ocurrir que los Mossos, aun siendo policía judicial, no sigan los mandatos de los jueces o del Constitucional. Y puede ocurrir, yo qué sé, que comience el mambo, como dice la CUP, y en un rapto de excitación decidan solemne y formalmente romper con España y abrir el proceso constituyente de la república de Puigdemont. Para esa gran verbena está reservada la gran cohetería del 155.

Don Mariano Rajoy no necesita que nadie le aconseje prudencia, porque es su inventor. Tampoco hay cristiano que sepa más de administración de tiempos. Por eso me limito a glosar sus palabras, a adivinar sus intenciones y, sin que sirva de precedente, a darle la razón.

jueves, 13 de julio de 2017

21 veces al mes - Ánxel Vence

21 veces al mes - Ánxel Vence

Los americanos, que siempre están inventando cosas, han descubierto una eficacísima técnica para la prevención de los tumores de próstata. Consiste en que los varones eyaculen un mínimo de 21 veces al mes, solos o con la ayuda de alguna/algún cómplice. Con terapias como esta da gusto atender a los consejos de los facultativos.
Quienes nos incitan a ejercer el amor propio (y ajeno) por el bien de la próstata son los científicos de la Escuela de Salud de la Universidad de Boston. Después de seguir durante 18 años a 32.000 caballeros que hicieron de conejillos de Indias, los investigadores han llegado a un par de jubilosas conclusiones.
La primera consiste en que los hombres habituados a alcanzar el antes citado mínimo de 21 efusiones al mes corren menor riesgo de que se les averíe la próstata. La segunda, igualmente consoladora, es que incluso aquellos que no lleguen a esa cifra mágica estarán más protegidos frente a la enfermedad. El ejercicio de la castidad ha dejado de ser una virtud para convertirse en un factor de riesgo, si hemos de creer a los autores de este dilatado estudio.
Esto ya lo intuía el letrista de Siniestro Total cuando popularizó su famosa -y saludable- canción: "Al que eyacula, Dios le ayuda". Treinta años después, la ciencia ha venido a convalidar esa teoría que creíamos meramente humorística.
Los eruditos de Boston han devuelto también el crédito al Gobierno gallego que hace una década difundió una guía de consejos sexuales en la que recomendaba la masturbación como fuente de salud. Dado que la Xunta estaba formada entonces por socialistas y nacionalistas, muchos pensaron que tales ideas eran cosa de rojos; pero qué va.
Injustamente criticados en su momento, los autores de aquel manual sobre las artes de manos hacían notar las muchas ventajas del antiguamente llamado vicio solitario. No solo mejora la circulación de la sangre y renueva la de otros fluidos que no será preciso citar, sino que, a mayores, constituye una variante de relación sexual sin riesgo alguno de contagio de enfermedades más o menos secretas.
Nada que no hubiera descubierto ya, muchos siglos antes, el mismísimo Galeno de Pérgamo, médico de gran influencia histórica al que se atribuye el latinajo: "Semen retentum, venenum est". O lo que es más o menos lo mismo: el semen no eyaculado nos envenena.
Lo que los investigadores de la Universidad de Boston acaban de confirmar tras casi veinte años de estudios es precisamente la veracidad de ese aserto. Quedan por fin desmentidas así las tenebrosas advertencias de algunos clérigos que atribuían a la masturbación el reblandecimiento de la médula espinal e incluso la ceguera.
Los expertos bostonianos han perfeccionado, además, las teorías de Galeno y de la Xunta, al constatar que no solo la práctica onanista sino también la del coito ejercen un efecto igualmente salutífero sobre los varones que incurren en una y otra. El apunte es de mucho interés. A fin de cuentas, la masturbación puede ser todo lo buena que se quiera; pero no es menos verdad que fornicando se consiguen los mismos beneficios y, además, conoce uno gente y amplía su círculo social.

Intriga un poco, si acaso, la razón por la que los científicos han cifrado exactamente en 21 -y no en 20 o 19- al mes el número de eyaculaciones oportunas para la salud. Tampoco es cosa de entrar en los arcanos de la ciencia.