jueves, 18 de diciembre de 2014

Pensamientos, sólo pensamientos - José Luis Alvite

Pensamientos, sólo pensamientos - José Luis Alvite

-Hay mujeres que denuncian por dignidad lo que antes se callaban por dinero. 

-Si algo bueno tiene la pobreza es que raras veces te va al bolsillo. 

-Cuando se ponen morales, los norteamericanos prohíben fumar en la cámara de gas. 

-¿Por qué de una novela mal escrita se suele decir que es compleja? 

-Las parejas que se llevan a matar, sería normal que se separasen de común desacuerdo. 

-Un disparo en la cabeza tendría que ser inolvidable. 

-Los pobres van al cielo; a los ricos, los llevan. 

-Cualquier mujer se conformaría con que hicieses en la cama la mitad de las cosas que piensas contar. 

-A veces el siquiatra sólo sirve para sustituir un problema emocional por un problema económico. 

-Un sueño secreto de algunas mujeres es que les hiciesen los pies a mano. 

-El alcohol es una cosa que te ayuda mucho a olvidar que bebes. 

-La sinceridad consiste en mentir de buena fe. 

-La Justicia mejora mucho cuando es el Estado el que soborna a los jueces. 

-Todos saldríamos ganando si los políticos aprovechasen el Poder para ejercer la oposición. 

-Lo malo es de la experiencia es que se adquiere cuando ya no se necesita. 

-La pasión es lo que se recuerde del sexo antes de que con el paso de los años sólo se recuerde el precio. 

-Un fugitivo sabe que tiene que huir de quien le persigue con cuidado de no alcanzar a quien la espera. 

-Por desgracia, los tipos sin suerte cuentan por fracasos todos sus éxitos. 

-Muchos conferenciantes tendrían que aplaudirle al público. 

-Dicen que el 70% de las mujeres reconocen haberse casado enamoradas; el resto, prefieren mentir en otras cosas. 

-A los humoristas se les ríen las gracias; a los ricos, se les ríe el dinero. 

-El caballete del pintor es la ropa que mejor le sienta a una mujer hermosa. 

-Un periódico que sólo publicase buenas noticias, estaría abocado a despedirse con la mala noticia de su cierre. 

-La única ventaja razonable de luchar en primera fila es que tienes más fácil pasarte al enemigo. 

-De haberte liado con una mala mujer siempre se repondrá antes tu corazón que tu bolsillo. 

-Acostarse por dinero es la forma que algunas mujeres tienen de levantarse. 

-El matrimonio es la única posibilidad que tienen algunos hombres de acostarse con una mujer casada. 

-El orgasmo es esa sensación que les sobreviene a las algunas mujeres sólo cuando lo cuentan los hombres. 

-Todos nos hemos acostado con muchas mujeres pero no lo contamos por miedo a que se enteren ellas. 

-El urbanismo salvaje que padecemos está a punto de conseguir que el mar sea lo único que no esté en primera línea de playa. 

-Las vicios que de joven no te podáis permitir por falta de dinero, de mayor no te los puedes permitir por falta de salud. 

-Contra las tentaciones sólo vale la pena luchar después de haber caído en ellas. 

-Cuando una mujer te confía un secreto, es porque sabe que sólo se lo contarás a gente tan discreta como tú. 

-Por desgracia, a muchas personas las cartas de amor sólo le sirven para estropear la letra. 

-Si dejases preñada a tu ex mujer, ¿tendrías un ex hijo? 

-De una mujer no podrás decir que te abrió su corazón si antes no te abrió su bolso. 

-Como se han puesto las cosas, incluso a la paloma de la paz le va a costar encontrar piloto. 

-No hay como llevarse bien para romper de mutuo acuerdo. 

-A pesar de la mala calidad de los muebles, lo cierto es que hay pocos matrimonios que duren más que su cama. 

-La guerra es prácticamente el único sitio en el que no se necesita ser arquitecto para estropear las ciudades. 

-Lo bueno de la muerte, amigo mío, es que no te deja secuelas. 

-Para los forenses verdaderamente enamorados de su profesión, la autopsia es un juego de mesa. 

-Por desgracia, no es cierto que uno pueda mantener el peso comiendo cosas delgadas. 

-De joven se tienen corazonadas; a partir de cierta edad, se tienen infartos. 

-Hasta cierto punto es natural que las mujeres consideren interesante a un hombre cuyo sueldo se parezca a su número de teléfono. 

-Si una mujer te sube de madrugada a su casa lo hace con la sospecha de que eres un caballero y con la esperanza de estar equivocada. 

-La fama es una cosa que cuando se mezcla con el dinero suele perjudicar la reputación. 

-Ese tipo de equívoca sonrisa que en La Gioconda se considera un interesante y artístico misterio, en las mujeres de mi familia suele ser lombrices. 

-Siempre fui propenso a enamorarme de mujeres propensas a no quererme. 

-Digo yo que los ciegos tendrían que esquivar con más facilidad los muebles negros. 

-Los soñadores nos llevaríamos menos chascos si durmiésemos más. 

-Lo que el común de los mortales llamamos matrimonio, los físicos suelen llamarlo masa crítica. 

-A los espías sordomudos cuando los torturan tendrían que írsele de la lengua las manos. 

-Las mujeres corrientes, envejecen; las hermosas, pasan de moda. 

-Cuando una chica corriente cobra a cambio de sexo, es una puta; si es una actriz de renombre, la misma cosa es un éxito de taquilla. 

-Las chicas del arroyo, como los jinetes, suelen sentarse sobre las herramientas. 

-Tipos como Al Capone demostraron lo alto que puede caer un hombre. 

-Algunos personajes serían más respetables si sus vidas hubiesen estado a la altura de sus biografías. 

-Supongo que los franceses desistieron de la guillotina porque les daba quebraderos de cabeza. 

-La muerte es una enfermedad en mal estado. 

-Sería lógico que detuviésemos el envejecimiento de la cara si la lavásemos con agua estancada. 

-El bajo vientre es algo que los hombres solemos llevar con frecuencia en la cabeza. 

-La pobreza tendría más adeptos si estuviese bien pagada. 

-En los accidentes del coche fúnebre el muerto es el que tiene más probabilidades de resultar ileso. 

-Cuando un pufante tiene auténtica clase, deja a deber las copas y la propina. 

-Me pregunto por qué diablos no flota el agua del fondo del mar. 

-A las mujeres perversas los pensamientos se les convierten en ropa interior. 

-Las cartas de amor son más eficaces escritas en el reverso de un cheque. 

-La única enfermedad de transmisión sexual que se tolera en un escritor son los derechos de autor. 

-Para la gente verdaderamente desgraciada, la muerte puede ser su mejor racha. 

-A las mujeres fatales del cine la herida más grave que les causa el desamor es una carrera en las medias. 

-Por lo general, la luz de un disparo a oscuras sirve para no fallar el siguiente disparo. 

-El traje típico de los Kennedy es un féretro. 

-Si algún avance hice en mi vida, fue porque no conocía otra manera de retroceder. 

-Algunos jueces serían más justos si no fuesen tan legales. 

- El paso del tiempo convierte la expectación en angustia, como se ve en el hecho de que cuando eres joven, haces planes mirando el almanaque, y cuando eres mayor, los haces mirando el reloj. 

-Cuando un hombre es guapo y tiene éxito con las mujeres, incluso cabe pensar que las violaciones las cometa en defensa propia. 

-En alguna parte leí que el 15 por ciento de las mujeres son lesbianas y el 10 por ciento, bisexuales. El resto se supone que son mujeres heterosexuales, excepto las mayores de cincuenta años, que suelen ser hombres de sesenta. 

-Una manera agradable de ser vegetariano es comer únicamente animales herbívoros. 

-Hay escritores cuyas novelas demuestran lo mucho que esos tipos odian la literatura. 

-Hay gente extraordinariamente corriente a la que sólo podrías recordar de no haberla visto en ninguna parte. 

-Para los que detestamos las ciencias exactas, los números romanos tienen la ventaja de que se estudiaban por Letras. 

-Que El Quijote es una obra crucial lo demuestra el hecho de que sea el libro que más veces no hemos leído los españoles. 

-Hay pobres muy tacaños que se privan de comer lentejas pero les gustaría ser ricos para privarse de comer arroz con bogavante. 

-Lo malo de los buenos médicos es que su mérito consiste en acertar en las cosas malas. 

-En la biografía de los grandes hombres suelen entrar unas pocas mujeres; el resto, sencillamente, sólo consiguen entrar en sus camas. 

-De todas las mujeres con las que me acosté, la mayoría se llevarían un disgusto si lo supieran. 

-En las películas españolas ocurre el extrañísimo fenómeno de que salen del cine más personas de la que entraron. 

-Eso de la igualdad de oportunidades es falso. Los niños de papá casi siempre empiezan a correr en la meta. 

-Una obra literaria tiene talento cundo no se necesita talento para leerla. 

-Hay escritores que tardan tres años en escribir una novela, ¡con el poco tiempo que necesitarían para haberlo evitado! 

-Cada vez que veo en televisión a Sara Montiel, comprendo que a veces incluso la elegancia es de mal gusto. 

-Así como los científicos clonan la vida, los terroristas clonan la muerte. 

-Nunca entenderé que se exija tener documentos para ser apátrida. 

-Cuando un tartamudo es discreto, prende al callar. 

-La mayor parte de los sondeos están pensados para provocar en la gente la opinión que dicen reflejar. 

-Cuando eres joven, dices tu edad. Cuando eres mayor, la confiesas. 

-Cincuenta años es la edad que tienen las mujeres que a los cuarenta y cinco aseguran tener cuarenta. 

-No tienen suerte las actrices de cuarenta. Los papeles de su edad se los quitan las chicas de treinta y los papeles de cincuenta se los quitan los hombres de sesenta. Pilar Bardem, por ejemplo, tiene la suerte de interpretar los papeles que, si viviese, le habría arrebatado Paco Rabal. 

-Siempre me gustaron las mujeres que hablan, pero sobre todo, me gustan las que dan que hablar. 

-Apartarse de las mujeres malas sólo tiene sentido si lo haces para ponerte al lado de las peores. 

-La gente de mala reputación, cuando se junta, crea la Mafia; la gente buena, como es más aburrida, al juntarse no puede evitar formar Los Sabandeños. 

-La memoria histórica consiste en pedirle explicaciones a los muertos. 

-Si no fuese por el paisaje, los aviones se caerían siempre encima de la ciudades. 

-Arthur Miller podía presumir de haber vivido en la misma habitación que Marilyn Monroe. Los demás, ¡que remedio!, nos conformamos con haber vivido en el mismo siglo. 

-La imaginación consiste en que te sucedan las cosas que sin ella jamás te ocurrirían. 

-Hay ocasiones en las que tu chica te acepta un segundo beso aunque solo sea para borrar la decepción del primero. 

-Cuando la pobre chica del arroyo prospera y se vuelve fina, el precio se le convierte en caché. 

-La bofetada de una idiota te marca la cara; la bofetada de una mujer interesante puede marcarte la vida. 

-Todos corremos el peligro de quedarnos ciegos en un abrir y cerrar de ojos. 

-Las chicas limpias son comunicativas; las fulanas sucias, son contagiosas. 

-A cierta edad aspiras a conservarte joven. Cuando eres muy mayor y vislumbras la muerte, darías lo que fuese por conservarte viejo. 

-En África la gente muere tan delgada, que incluso la muerte corre el riesgo de morirse de hambre. 

- Para un hombre escéptico y desencantado, la madrugada es lo único interesante que puede ocurrirte entre la cena y la muerte. 

-Si citas a un trasnochador para las seis de la tarde, le partes la mañana. 

-La nostalgia es el presentimiento de la gente sin esperanza. 

-Lo mejor que puede ocurrirte durante una pesadilla es que te quedes dormido. 

-Los aventureros descubrieron el paisaje ignorantes de que la civilización lo ocultaría con el mapa. 

-Aunque cueste creerlo, a veces la belleza es una malformación de la fealdad. 

-Todos sabemos de algún idiota que utiliza su inteligencia para disimularla. 

-En la nueva cocina lo único que no te tiene que explicar el cocinero es el precio. 

-Los coches viejos pierden calor si le suprimes la multa del parabrisas. 

-A pesar de lo poco que se mueva en cama, es obvio que la muerte da muy mal dormir. 

-Por muy avanzados que nos consideremos respecto de los cerdos, lo cierto es que nosotros convertimos el jamón en mierda, mientras que los cerdos convierten la mierda en jamón. 

-No deja de ser sorprendente la gran cantidad de personas que se acuerdan de tomar las pastillas para la memoria. 

-Santa Claus le pide sus regalos por carta a los Reyes Magos. 

-Los sospechosos tendrían que probarse los trajes con los brazos en alto. 

-Muchos de nosotros, por desgracia, solo somos la pesadilla de la mujer con la que soñamos. 

-Las chicas de moda salen en el Hola; las mujeres importantes, salen en los sellos; el resto lo normal es que solo salgan en las esquelas. 

-A mí Sofía Loren me gustaría más si las tetas no le tapasen el pecho. 

-Que un matrimonio dure diez años puede ser amor; que dure más, podría considerarse ensañamiento. 

-Los ejércitos pacifistas tendrían que atacar al enemigo bombardeándolo con la ayuda humanitaria. 

-Si no te atreves a decirle algo subido de tono a una mujer, jamás sabrás por qué te dio aquella bofetada. 

-Si tu mujer te engaña con otro hombre, consuélate pensando que también a él lo engaña contigo. 

-A la mirada de una mujer fatal el cirujano plástico puede suprimirle las ojeras pero sería incapaz de quitarle los remordimientos. 

-Como se han puesto las cosas del ecologismo, ahora mismo la Crucifixión de Cristo se consideraría impacto ambiental. 

-Cuando la oratoria se mezcla con el sexo, se suele denominar felación. 

-De niño, quería ser mayor a toda costa; ahora, sencillamente, no puedo evitarlo. 

-Por mucha experiencia que acumules en tu vida, no te librarás de la jodida novatada de la muerte. 


-El beso de una mujer hermosa es el sitio más pequeño en el que a un hombre no le importaría perderse para siempre. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Sabina se hizo canción - Manuel Jabois

Sabina se hizo canción - Manuel Jabois

CONOCIDA la faena de Madrid en la que naufragó emocionalmente, paralizado como un conejo en la carretera, pudo existir la tentación de escribir aquella frase de Joaquín Vidal en 2001 constatando un fracaso, «el mayor de su vida», de José Tomás en Las Ventas: «La tarde estaba desmitificadora a tope». Ese año pasaron más cosas, entre ellas el ictus que casi se lleva por delante a Joaquín Sabina. «Si estoy escribiendo una canción se me olvida que está muriendo alguien querido», había dicho con más razón de la que creía, pues estaba olvidando que se moría él.
19 días y 500 noches, el aniversario que celebra este año, le exigió el último tour de force de noches sin dormir buscando un verso, incapaz de cerrar una canción si no la concebía perfecta, en esa pausa hostil de hombre en vigilia que adoptó García Márquez cuando tardó meses en entregar El coronel no tiene quien le escriba porque no encontraba la última palabra, que era «mierda». Era mierda lo que iban a comer él y su esposa, y así lo dijo el coronel: comerían mierda. En el primer disco, primera canción, Sabina canta: «La mierda que arrastramos sin remedio/ todo lo que nos dieron y quitaron/ los años transcurridos tan deprisa/ el pan que compartimos, las caricias/ el peso que llevamos en las manos».
Hace unos meses Alejo Stivel recordaba sus últimos conciertos de los Stones. Le gustó Madrid porque Jagger se olvidó de que estaba trabajando, al contrario de lo que le había ocurrido en Londres, pendiente de hacer a la perfección el trabajo más exclusivo del mundo: ser un rolling stone. Se pierde parte del conjuro del artista, que es no saber lo que está haciendo, sólo sentir. «Ni como escritor ni como cantante, mi mayor talento es que he tenido el instinto de propagar lo que soy», dijo Jim Morrison, que llegó a un punto en el que sentía tanto que ni siquiera se molestaba en coger el micrófono, porque no lo veía.
Buena parte del último Madrid es obra de Joaquín Sabina, que ayudó a levantar una ciudad mítica poniéndola a levitar como a Castroforte de Baralla, sostenida por el universo propio de sus letras. «Esta es una historia de amor y de odio a una ciudad invivible pero insustituible», dijo en el concierto de La Mandrágora sobre Pongamos que hablo de Madrid, donde decretó lo que se venía sospechando: que las niñas ya no quieren ser princesas. Y las mandó, años después, a buscarse un perro que les ladrase.
Desde esa perspectiva se entiende que estos días en la ciudad hayan sido vísperas de un festivo, la noche de ayer, en la que habrá tenido la puerta grande que merece su genio. El sábado, exhausto, con el pecho hundido, Sabina dobló la rodilla y pidió perdón. Sintió (rompió a llorar tres veces) y se acercó tanto a su gente que debió de verse por fuera, desde el otro lado del escenario, y tuvo que comprender entonces que aquel hombre repentinamente viejo y frágil, a mitad de camino entre el infierno y el cielo, ya no era Sabina sino una de sus canciones. Se había convertido por fin en lo que escribió, Tirso de Molina-Sol-Gran Vía-Tribunal, y le asaltó el miedo cerval a daños imaginarios, como si un verso se hubiese salido de sitio. No estaba pendiente del trabajo, como Jagger en Londres, sino de olvidarlo, como Jagger en Madrid, y se vació tan rápido que pasó a ser público y canción, todo al mismo tiempo, pero no cantante. Se le cayeron las piernas al suelo, y cuando se retiró pudo haber dicho, a la pregunta de qué iban a cenar hoy, «mierda».

sábado, 13 de diciembre de 2014

Las cafeterías de Rajoy y las nuestras - Lucía Méndez

Las cafeterías de Rajoy y las nuestras - Lucía Méndez

MARIANO Rajoy dice que el fin de la crisis se ve en «las barras de las cafeterías, en las mesas de los restaurantes, en las nóminas de muchos españoles y en el interior de los hogares». Es obvio que Rajoy no frecuenta las cafeterías y restaurantes de mi barrio. En la barra donde yo desayuno me encontré esta semana con una amiga que hace unos años tenía una vida muy confortable y ahora busca un trabajo donde sea y como sea para sobrevivir. En la mesa del restaurante -menú a 10 euros- escuché a los de al lado contar que la chica -30 años, tres carreras y varios másters- tiene una beca de 600 euros y hace el trabajo de jefes que cobran 10.000 al mes. Y dando gracias a Dios. El camarero contó que su primo con un sueldo mísero no enciende la calefacción de casa porque el gas es muy caro. Las «nóminas» no dan para caldear «el interior de los hogares». Son muchas las cafeterías y restaurantes en los que la crisis no es cosa del pasado, sino del presente más presente. El de todos los días.
Mi cafetería es parecida a la que puede ir en San Sebastián esa señora de 82 años que llamó a EL MUNDO ofreciéndose a pagar los 1.300 euros de alquiler social que adeudaba Ainhoa -madre de dos niñas de 9 y 3 años- para evitar el desahucio. Ella ha dicho lo que se escucha en las cafeterías donde no va Rajoy. «No puede ser. Esto no se puede consentir». El presidente del Gobierno lo es de todos los bares, restaurantes y hogares de España. Puede presumir de las barras donde se acodan los que se están recuperando, pero no puede olvidarse de los mostradores donde se sirve café con calamidades, estrecheces, miedos y pobreza. Yde ésos nunca habla.

El economista Raj Patel, en su libro Cuando nada vale nada sostiene que la ceguera de Anton -el enfermo se queda ciego y sin embargo cree fervientemente que puede ver- puede ser un mal que afecte no sólo a los individuos, sino también a las sociedades y a los gobiernos. La gente que padece esta ceguera presenta moratones y heridas a causa de su falta de visión. Pero se inventan historias increíbles para justificar los accidentes sin reconocer la enfermedad. Rajoy cree que ve perfectamente la realidad social. Quiere recuperar a sus votantes sólo entrando en algunos bares. Pero corre el riesgo cierto de pegarse un trompazo por no querer ver las otras cafeterías.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Lage Carreira, Vanessa - Manuel Jabois

Lage Carreira, Vanessa - Manuel Jabois

LOS AMIGOS del colegio son los únicos con los que puedes contar la misma historia mil veces seguidas, una detrás de otra, y quedarte con ganas de la última. Hace poco comí con uno de ellos y regresaron todos los hits de Campolongo, como el de nuestra profesora llamando a la profesora de la clase vecina, muy serena, porque no tenía claro que un número multiplicado por cero fuese cero.
Normalmente estas charlas se van salpicando con cromos de época, nombres populares que habíamos olvidado y que de pronto, al recordarlos, hacen dar un respingo, como Stefan Dörflinger y Golobart, por citar mis últimas adquisiciones. Esta labor arqueológica tiene grados de importancia, y los tesoros más valiosos somos nosotros mismos: compañeros cuya pista perdimos nada más acabar la EGB y de los que recordamos los nombres y los apellidos de memoria, como si fuesen el conjuro de la queimada. Este fin de semana un amigo me envió foto con uno de ellos, al que teníamos desubicado, y empecé a recitar: «Fernández Pernas, Inés; Fernández Touza, Juan Manuel; Fernández Viñas, Blas».
Del colegio hay una especie de valor incalculable que sólo los más románticos recuerdan: los compañeros que se fueron en sexto de EGB, al acabar el segundo ciclo. Y finalmente, casi como gamusinos, esos animales imaginarios que sólo se pueden cazar de noche, están los que se marcharon tras el primer ciclo, en tercero.
Cuando éramos jóvenes, en la época de Facebook, tres amigos creamos una especie de comando dedicado a buscar niños que no habíamos vuelto a ver desde entonces, como si nos hubiese separado la dictadura argentina. Recuerdo la excitación cada vez que dábamos con uno, y ese anuncio a los demás que tenía algo de pasear su cabellera por la tribu.
Un día, por casualidad, en medio de una selva de comentarios de amigos comunes en un muro de Facebook a dos kilómetros del mío, mientras paseaba de madrugada sin nada que hacer, me pareció ver a un gamusino. El chico tenía un nombre tan común que dediqué horas a estudiar su morfología confrontándola con el recuerdo vaguísimo que guardaba, y cuando anuncié a mis amigos que tenía en mi poder a Javier González González, que se había ido de Campolongo en segundo de EGB, salimos directamente a emborracharnos.
La tarea, en tanto que absurda, la fuimos dejando a los pocos meses; parecíamos un grupito de huérfanos. Escandalizado, un fin de año borré mi cuenta.
Hace unos días recibí el mensaje de un amigo para preguntarme si recordaba a dos mellizos, Vanessa y Álvaro, que se cambiaron de colegio de un año para otro. Eran dos hermanos que no podían parecerse menos: Álvaro era alto y de ojos claros (le cantábamos Álvaro Pino / compró una vespino de Os Resentidos); Vanessa era muy chica, morena, y con los ojos achinados, tímidos y oscuros. Era tan pequeña que parecía una mosquita muerta, una de esas niñas que en clase llegan a echarse el pelo sobre la cara para no ruborizarse.

El viernes 28 de noviembre, Lage Carreira, Vanessa, convertida en policía nacional, plantó cara a un atracador en Vigo, le pidió tranquilidad mientras él la apuntaba y terminó enzarzándose en un tiroteo a cara descubierta, sin chaleco. Murió de un balazo.

Moncloa: gata del Vaticano - Raúl del Pozo

Moncloa: gata del Vaticano - Raúl del Pozo

Un amigo que se parece a los que pintó El Greco abandonó nuestra profesión -la más bella del mundo- y, degenerando, llegó al complejo de La Moncloa. Le pregunto si es verdad que el pequeño Nicolás estuvo 60 veces en este palacio, como filtran enredadores de Génova. Contesta que no es cierto y que se puede ver en el registro de entradas y salidas. Le insinúo que quizá visitaba la cafetería de Arturo Fernández y él me desilusiona: la cafetería ya no es de Arturo, que eso fue en los tiempo de Zapatero.
Me interesa saber si en esa ascensión a los palacios del último gran pícaro hubo móviles sexuales. Contesta a bocajarro: «En Moncloa, no; aquí se folla poco». Es decir, se folla menos que la gata del Vaticano. En una divertidísima conversación, el señor de Orgaz me cuenta que no se arrepiente de haber cambiado de oficio, aunque reconoce que hay políticos que tienen tentaciones de dejar de serlo. Pone el ejemplo de una mujer, a la que se le supone mucho futuro político, que tiene un niño de dos años con mucho arte. Esa mujer suele decir: «Yo lo que quiero es ir el día de mañana como madre del artista».
Ese no es el caso de Mariano Rajoy: a pesar de su ínfima valoración en las encuestas, confía en darles la vuelta. En La Moncloa piensan que España no es la M-30, que hay un gran país lejos de esta burbuja de maledicencia y de deslealtad. Mi amigo tira con bala al decir que el PP es más que Nacho, Floriano, Aznar o Esperanza. Le pregunto por qué, si Mariano hace bien las cosas, no lo traga la mayoría silenciosa, cada vez más ruidosa, del PP. Responde diciendo que eso era antes; ahora, la gente en la calle empieza a decir: «Aguantad». En toda España, los dirigentes clave del PP están al lado de Rajoy a muerte.
Le digo que el año que viene será electoral y que los augures de lo fatídico no sólo pronostican la caída del Gobierno, sino del bipartidismo y del sistema. Según mi interlocutor, la calle está tranquila, nada indica que se acerque un periodo prerrevolucionario, nadie habla de república, el partido más radical finge ser socialdemócrata.
Le insisto en que la idea que ronda es la del abatimiento de lo que llaman Segunda Restauración. La primera duró hasta Primo de Rivera, ésta aguanta incluso con una abdicación borbónica. Pero aquella corrupción era naíf si se la compara con la actual: consistía en guardar votos en los pucheros. Ahora, el turnismo se está agotando porque no hay dos partidos de gobierno, sino tres. Los dos partidos de aquella Restauración desaparecieron con sus siglas; los de ahora han perdido la mitad de su electorado. El PP se ha quedado en el chasis.

Si, como declara Rajoy, la economía puede llegar a crecer al 2%, la intención de voto a su partido decrece a más velocidad. Según mi amigo, confían en que el voto oculto sea mayor que el que indican las encuestas. A la ahora de la verdad, saldrán a votar al PP para evitar que el país caiga en manos de una izquierda heterodoxa. El miedo al caos es lo que les va a salvar.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Un cazatalentos y un belén con portera - José Luis Alvite

Un cazatalentos y un belén con portera - José Luis Alvite

Para triunfar en la vida puedes probar suerte con una buena formación académica o cultural, arrimarte a una señora con fincas, hacer un butrón enla sucursal de Banesto o vendiéndole a la televisión por entregas el linchamiento de tus hijos haciéndoles comer con la tabla de multiplicar todos los deberes del colegio. Hay tipos que para asegurarse el futuro,coquetean en oncología con la señora en cuya escuálida geometría puso descaradamente sus ojos la muerte, como hay mujeres que a los hombres lo que les ríen no son sus ocurrencias, sino sus propiedades. Puede ocurrir que la vida se ponga de tu parte sin haber hecho el menor esfuerzo. A mi amiga P. no le iban bien las cosas. Su padre había fallecido, su madre estaba encamada por una enfermedad de la que sólo podría salir embalsamada y la juventud se le escapaba irremediablemente a razón de dos años por cada mes vivido. Probó sin suerte en algunas oposiciones, resistió estoicamente el descarte en dos docenas de trabajos, los que la encontraron demasiado mayor para ser tan vieja y en su mejor racha buscando empleo, rechazó uno en el que pedían "hombre maduro, con coche propio y notable capacidad de liderazgo y sufrimiento", justo la plaza que habría ganado Capone con los ojos cerrados. Entonces pensó qué rumbo darle a su vida. Estaba desesperada. La edad se le echaba encima y a la tercera semana sin depilarse, su rostro era un chucho. La salvación empezó una mañana con tiempo para leer de prestado la prensa en un café. El anuncio, a la medida de una mujer en sus circunstancias: "Se necesitan señoritas de compañía para trabajo confidencial. No necesario inglés, sólo francés y, esporádicamente, griego. Interesadas presentarse al casting con látigo y oraldine". Naturalmente, no se trataba de una oferta para trabajar de animadora cultural en la boite del Vaticano pero como estaban las cosas, valía la pena arriesgar. Mi amiga P. se enfrascó en su nuevo trabajo. A su madre le dijo que le había salido un empleo como degustadora, "pasándole la lengua a los productos de una franquicia del sector de alimentación". En semana y media, mi amiga se había bebido cinco litros de desinfectante para aclarar la voz y evitar perforaciones. Con una cantidad parecida, mi amigo C. acostumbraba a baldear su taller de escayolista. El caso es que P. se levantó inesperadamente en plena caída hacia el abismo, cuando estaba a punto de mear yeso. Me dijo: "Hice bien mi trabajo, eso es todo. A Troy Donahue un director de cine le descubrió el rostro tomando el sol en Malibú. Lo mío ocurrió más cerca. Una noche de jarana, un cazatalentos se fijo en mi pubis. Desde entonces, cielo, mi útero es un belén con portera".

sábado, 6 de diciembre de 2014

Papeles de Salamanca y traiciones del PP - Guillermo Dupuy

Papeles de Salamanca y traiciones del PP - Guillermo Dupuy

Parece ser que el último y casi nocturno traslado de documentos del Archivo de Salamanca con destino a Cataluña no cumple ni siquiera los requisitos de la infausta Ley 21/2005 aprobada en tiempos de Zapatero. Así, al menos, lo considera el investigador Policarpo Sánchez, quien ha denunciado numerosos incumplimientos de dicha ley, tanto en la selección de documentos como en las condiciones de traslado que obligaban a dejar copia de todos y cada uno de los papeles.
Sin embargo, la auténtica traición del Gobierno de Rajoy a su electorado en este asunto no radica tanto en que lleve a cabo el traslado "con falta de transparencia, a escondidas, todo igual que el PSOE", tal y como se queja Policarpo Sánchez. La más grave felonía radica en no haber derogado, nada más llegar al poder con mayoría absoluta, la Ley 21/2005, que obligaba a entregar a la Generalidad de Cataluña los documentos incautados con motivo de la Guerra Civil custodiados en el Archivo General salmantino. Que el Gobierno del PP haya consumado la dispersión documental de un archivo histórico, y que lo haya hecho, además, en beneficio de una Administración regional inmersa en un ilegal proceso secesionista es lo que nos muestra la auténtica catadura del desastre que nos gobierna.
No faltarán quienes excusen al Ejecutivo de Rajoy alegando que, después de que el Tribunal Constitucional avalara en enero de 2013 la Ley 21/2005, poca cosa se podía hacer. Lo cierto, sin embargo, es que nada en esa sentencia –emitida más de un año después de llegar al PP al Gobierno– fuerza el traslado de documentos a la Generalidad. Lo que dice esa sentencia es que el traslado de documentos no vulnera la Constitución, como tampoco la vulneraría mantenerlos reunidos en Salamanca. Como dice textualmente la propia sentencia, "entrar en un enjuiciamiento de cuál sería la medida justa supone discutir una opción tomada por el legislador que, aun cuando pueda ser discutible, no es inconstitucional".
Es innegable, por tanto, que el Gobierno de Rajoy, al no derogar y mantener la Ley 21/2005, contra la que votó el PP cuando estaba en la oposición, no responde a ningún imperativo constitucional, sino, más bien, a los mismos requerimientos nacionalistas que llevaron a Zapatero a promulgarla. De hecho, consumar la entrega de los papeles de Salamanca a la Generalidad era una de las 23 exigencias –concretamente la nº 20– que Artur Mas se permitía plantear en julio a Rajoy, ni siquiera como contrapartida, sino completamente al margen de su determinación de celebrar la consulta secesionista del 9-N.

Comprendo la indignación que sienten los votantes del PP, especialmente los de Castilla y León, y la de los expertos que sienten vergüenza al ver "cómo los que nos sacaron a la calle son los mismos que perpetran el último expolio". Dicen que Roma no pagaba traidores. El traidor de Rajoy apalea a los leales.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Los bebés de la crisis - Ánxel Vence

Los bebés de la crisis - Ánxel Vence

Crece en España e incluso en la moribunda Galicia el número de nacimientos por primera vez en muchos años, según las cuentas que acaba de echar el Instituto Nacional de Estadística sobre el semestre inaugural de 2014. La mejora en la facturación de críos supone apenas un 0,5 por ciento, pero aun así el dato resulta feliz e inquietante a la vez.
No puede sino sorprender, desde luego, el hecho de que la gente se anime a procrear ahora que las dificultades de la crisis invitan más bien a no hacerlo. Vista desde el lado bueno, la tendencia podría sugerir que estamos saliendo por fin de la recesión y, lo que es mejor, la gente se lo ha creído. Si, en cambio, vemos la botella medio vacía, bien podría ocurrir que el pueblo haya caído en la lujuria bajo el lema "Fornicad, fornicad, que el mundo se acaba", tan típico del final de los tiempos. Y de ahí ese sorprendente, si bien minúsculo, aumento en el número de partos registrados en España.
Algo así sugieren las conclusiones de la Cumbre del Clima que estos días se celebra en Perú. Constata, en efecto, la Organización Meteorológica Mundial, que el año 2014 lleva camino de convertirse en el más caluroso de los que se tiene noticia desde que se le empezó a tomar oficialmente la temperatura al planeta, allá por el año 1880. Y no solo eso. De continuar al alza los termómetros, la Península sufrirá noches de hasta cuarenta grados en el año 2050, con las excepciones -por otra parte, lógicas- de A Coruña y Pontevedra, provincias donde las temperaturas nocturnas no pasarán de los 30 grados.
Cae de cajón que con semejante calor no va a haber quién duerma: y a ese bochorno de orden climático conviene agregar aún los agobios de la crisis, la falta de empleo que sofoca a los jóvenes y la posibilidad -cada día más evidente- de que los próximos jubilados no tengan de dónde cobrar pensión.
Sumados todos estos ahogos meteorológicos y financieros, más de uno y de dos deducirán que tal vez estemos en vísperas del fin del mundo. Es en circunstancias apocalípticas como estas cuando la gente opta por apresurarse a disfrutar de los placeres que aún puedan quedarle: y quién sabe si eso explicará -o no- el inesperado aumento en la producción de bebés.
La ciencia no deja de avalar esta hipótesis. Los estudiosos del comportamiento humano sugieren, en efecto, que las parejas tienden a encamarse con mayor frecuencia en situaciones de peligro extremo, según documentan las experiencias de la población sometida a bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Cuantas más bombas caían, mayor era el número de coitos, si hemos de creer a los investigadores que se ocupan de contabilizar -quién sabe cómo- esos encuentros íntimos bajo el cañoneo.
Si tal ocurría con las modestas incursiones aéreas de entonces, nada cuesta suponer que el actual bombardeo de penurias y espantosos augurios climáticos a los que está sometida la población invite a los ciudadanos a buscar refugio en las diversiones de toda la vida. Agobiada por las angustias de un futuro cada vez más sombrío y más próximo, se diría que la gente ha encontrado en la fornicación -un entretenimiento barato y saludable- el recurso idóneo para aliviar sus penas.

Falta por saber si es ese el origen del inesperado repunte en la natalidad de España, pero tampoco están para eso los contables del Instituto de Estadística.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hombres, pavos y viceversa - Carmen Rigalt

Hombres, pavos y viceversa - Carmen Rigalt

HUBO un tiempo en que de cada tres artículos que escribía, por lo menos uno iba sobre tíos. O sea, sobre hombres en general, pues no hay nada más universal que un hombre en particular. Uno recién salido de la ducha y secándose los huevos con el secador de pelo de su chica.
Hablo de antes. Ahora ni se me ocurre escribir sobre hombres. No es que hayan dejado de gustarme, no es eso. Pero también me gustan las lagartijas y los níscalos y sin embargo no les dedico artículos. Los tiempos han cambiado. Perdón: la que ha cambiado soy yo, que acumulo lustros sobre la chepa. La pereza domina ahora esa higiénica excitación que antes me movía a escribir. Los hombres como objeto de observación siguen interesándome, aunque las conclusiones ya las conozco de antemano. Los comportamientos típicamente masculinos han perdido visibilidad, de lo cual me alegro mucho. En cambio, la vanidad permanece inalterable. El machito que entraba en un bar haciendo ruiditos con las llaves del coche que lanzaba luego sobre la barra, es un elemento residual. Una reliquia del pasado. Donde antes había chulos ahora solo quedan vanidosos. La vanidad no es patrimonio de ninguna generación. También alcanza a los jóvenes. Lo curioso es que la vanidad no está dirigida a impresionar a ninguna mujer. Ellos se juntan entre sí para ahuecar las alas y darse pisto. Mis amigas saben que, cuando estoy con un grupo de hombres que dan en pavonearse porque se consideran finos escritores o grandes músicos, yo suelo entonar por lo bajo voces de gallinácea (cuoc, cuoc, cuoc) mientras me sacudo las plumas. Ellos no se dan cuenta de la vergüenza que producen. Ni siquiera son ejercicios de competitividad sino exhibición pura y dura.
El caso de las mujeres es bien diferente. No me atrevo a decir mucho de las mujeres porque desde dentro se pierde la perspectiva, pero juraría que somos más pudorosas y resistentes al empaque. Una mujer puede pecar de exceso de coquetería y acabar pareciendo tonta, pero la vanidad profunda es cosa de hombres. A ellos se les va la fuerza por la boca. Les da resultado mientras no coincidan con otros hombres que dicen saber tanto. En ese caso ambos se apoderan del discurso (chiste va, cita cultural viene) y ya no hay quien meta baza.

Nosotras somos más desconfiadas con las mujeres que no conocemos y apenas nos prestamos a esos juegos. Preferimos mantener el perfil bajo con temas de tanteo para dejarles a ellos el concierto del pavo.

Adiós al bolígrafo - Ánxel Vence

Adiós al bolígrafo - Ánxel Vence

Allá por Finlandia, avanzadilla mundial de la educación, el Gobierno ha decidido tirar cuadernos y bolígrafos por la ventana en el convencimiento de que la escritura a mano es un anacronismo. Dentro de un par de años, los chavales dejarán de aprender la rancia caligrafía para ser instruidos a cambio en el manejo de las teclas del ordenador, las de las pizarrillas electrónicas y -sobre todo- las del teléfono móvil.
Parece una medida revolucionaria, pero en realidad los finlandeses no hacen otra cosa que adaptarse a lo que está sucediendo en la práctica. Ya nadie -o casi nadie- escribe a pulso y pluma. Ni siquiera lo hacen los médicos, tiempo atrás famosos por su indescifrable caligrafía, que ahora ha convertido en innecesaria la moderna receta electrónica.
La decisión tomada con carácter pionero por las autoridades de Finlandia planteará, si acaso, algún problema con los maestros y profesores en general. No todos ellos han de ser expertos -ni aun principiantes- en el oficio de la mecanografía y menos aún en el manejo de los ordenadores. Quizá los finlandeses, que encabezan todas las clasificaciones educativas de PISA, sean una excepción al respecto; pero igual no ocurre lo mismo en otros países más rezagados en esa materia, tales que, un suponer, España. Nada de particular si se tiene en cuenta que todos los avances llegan aquí con años y hasta décadas de retraso.
Cuestiones de intendencia al margen, la desaparición de la escritura manual que acaban de establecer por decreto en Finlandia va a tener consecuencias para algunas profesiones. La extinción de los textos manuscritos hará que pierda su significado, por ejemplo, el trabajo de los peritos en grafología, a los que ni siquiera queda el recurso a autentificar las firmas, sustituidas por la huella digital. De los calígrafos que habían convertido en arte su labor ya ni hablamos, claro está.
El de la escritura a bolígrafo o lápiz no es, en todo caso, el único hábito que va a quedar sepultado por la irrupción de las nuevas tecnologías. La revolución en marcha es de tal calibre que ni siquiera el dinero al que Quevedo dedicó una sentida oda va a mantener por mucho tiempo su usual presentación en forma de billetes y monedas.
Más pronto que tarde, las aplicaciones de los telefonillos móviles permitirán el abono de cualquier compra sin más que darle a la tecla. El precio será exacto y no habrá vueltas para el comprador, lo que acaso se lleve también por delante las propinas: otra institución llamada a perecer junto al viejo sistema analógico al que estábamos acostumbrados.
Quedará a lo sumo el sexo practicado a mano como último bastión de resistencia frente a la invasión de los nuevos modos digitales; pero ni siquiera esto es seguro. De hecho, ya hay apps dedicadas a contar las calorías que se gastan durante el ejercicio físico: bien sea a la carrera, mediante el coito o por el último y más barato recurso a la masturbación. Una máquina productora de orgasmos como la que ideó Wilhelm Reich y llevó a la pantalla Woody Allen en "El dormilón" es solo cuestión de tiempo.
A mano, lo que se dice a mano, ya van quedando muy pocas cosas que hacer. Las fábricas de bolígrafos van camino de la quiebra tras la decisión adoptada por las autoridades de Finlandia: y pronto ocurrirá lo mismo con el pago de mercancías en efectivo. Solo es de esperar que las máquinas no acaben pensando por nosotros.



lunes, 1 de diciembre de 2014

Tocar de oídas - Juan Tallón

Tocar de oídas - Juan Tallón

Nunca le hago ascos a una historia de curas. La incredulidad que te produce te dejan al final de la boca el regusto amargo y sucio de la verdad. Incluso cuando no son ciertas, resultan verídicas. Bien lo decía John Ford al señalar que en sus películas «todo es ficción, pero todo es verdad». Mis relatos preferidos sobre el sacerdocio remiten al sexo, habitualmente. Tal vez porque estudié en un colegio de frailes. Nunca me metieron mano -salvo dos o tres hostias que me dio el director, merecidísimas-, pero mantengo congelado el recuerdo de las primeras pajas en forma de los días azules de la infancia de Machado. Cuando el padre Camilo apagaba las luces del dormitorio, y cerraba la puerta, los internos aclarábamos las voces, por así decir, y en silencio y lentamente arrancaba la sinfonía. Se tocaba de oídas, aunque sonaba a Berlioz. Era como una misa de gestos, molestada apenas por el silbido de los muelles y las manos tejiendo igual que violines.

Fuera de esta anécdota de corazones solitarios, me persigue desde hace años un sobrecogedor relato oral de Celso Sanmartín. Yo uso «sobrecogedor» para todo, en especial si no es sobrecogedor. Me gusta exagerar. En según qué casos, es el único modo de aproximarse a la verdad con algo de rigor. En todo caso, la historia de Sanmartín es sobrecogedora. Arranca en una aldea de Lugo. Su sacerdote pasaba de los 50 años. Pongamos que además era un hombre simpático, bien gordo, de ojos grandes, levemente calvo. Esto no recuerdo habérselo oído a Sanmartín; quizá no quiso entrar en detalles para no aburrir. Un mañana empezó a encontrarse mal. Al principio lo atribuyó a una indigestión. En Galicia, sobre la salud rige el derecho a la presunción de inocencia, de manera que cualquier malestar tiene su origen, de entrada, en una comida opípara.

El sacerdote buscó la salvación definitiva en el bicarbonato de frutas, que de tantos desastres lo había salvado in extremis. Inexplicablemente, esta vez no hubo milagro. A la desesperada, trató todavía de rezar. Pero eso tampoco surtió efecto. Ya lo había advertido Francis Galton, antropólogo, geógrafo, explorador, inventor, primo segundo de Charles Darwin y devoto de las estadísticas. Lo cuantificaba todo. Incluso llegó a trabajar en un índice del aburrimiento aplicado a los actos públicos y basado en los movimientos de impaciencia. Pero su estudio más célebre fue una investigación estadística sobre la eficacia de la oración. Para ello calculó la esperanza de vida de las personas distribuidas entre profesiones y así medir la eficacia de las plegarias. Mientras los médicos vivían un promedio de edad de 67,04 años, los abogados lo tenían de 66,1, y los clérigos de 66,42. Conclusión: sus plegarias era inútiles.

Si al menos, en lugar de indigestión, hubiese sido una vulgar resaca, habría habido esperanza. Existen fórmulas infalibles para sortearla. Esto no lo desgranó Celso Sanmartín, que después de todo hay unas pocas cosas que ignora. Pero lo detalla Kingsley Amis, quien en virtud de sus conocimientos prácticos sobre el alcohol y las borracheras, atesoraba también secretos valiosísimos sobre la resaca. En ‘Sobrebeber’ explica que «hay dos soluciones que no fallan: media hora a bordo de una avioneta abierta y bajar a la mina de carbón con el primer turno». Si no puedes permitirte ni un lujo ni el otro, te recomienda que «si tu esposa o compañera ocasional está a tu lado cuando te despiertas, y se muestra complaciente, ejecuta el acto sexual con todo el vigor del que seas capaz. El ejercicio te sentará bien».

A la tarde, el dolor del sacerdote lo acorraló en la cama, donde insistió en rezar, obcecadamente. Cuando el sufrimiento se volvió inhumano, al fin consintió que lo condujeran a Lugo, donde ingresó casi inconsciente en el hospital. Le salvaron la vida en el último segundo, poco menos. La mañana, sin embargo, iba a deparar una gélida sorpresa, además del hecho imprevisto de continuar con vida. Cuando recuperó el sentido y abrió los ojos, vio a un recién nacido a su lado. La madre había fallecido en el parto, y las monjas lo dejaron junto al sacerdote. Tal vez a causa de la medicación, este creyó que durante su inconsciencia había dado a luz, y aceptó criar al niño, que en el futuro disfrutó de buena salud y nunca tuvo que escuchar palabrotas en la casa. Y un día, llegó la hora de revelarle la verdad. Al calor de la chimenea de la rectoral, el cura le dijo que deseaba explicarle algo sobre su origen. El chaval, que no era tonto, exhibió esa sapiencia infinita que atesoras cuando eres un pequeño adolescente, y replicó: «Boh, ya sé que no eres mi padre». El cura asintió en silencio. «Es cierto -añadió-. En realidad yo soy tu madre. Tu padre es el obispo de Mondoñedo».

El sacerdote buscó la salvación definitiva en el bicarbonato de frutas.

Ubi patria? - Fernando Sánchez Dragó

Ubi patria? - Fernando Sánchez Dragó

VIAJO MUCHO. Me avergüenza hacerlo con pasaporte español. ¿Por qué me lo imponen? ¿Por qué el despotismo de los políticos me impide renunciar a la nacionalidad del país en el que vine al mundo? ¿Por qué mi madre, que era hija de un francés, no me inscribió en el consulado de sus mayores por vía paterna? Era factible. ¿Cabe la posibilidad de que yo, setenta y ocho años después, lo intente ahora? Tengo una hija medio francesa, otra medio italiana, un hijo cuya madre -española de origen- se convirtió en sueca, otro hijo medio japonés y japonesa es mi esposa. ¿Podría esgrimir esos antecedentes para darme de baja en el Registro Civil de Caconia? ¿Por qué es prácticamente imposible acceder a la condición de apátrida? En 1982 envié un telegrama al Ministerio de Justicia reclamando ese status. Me dieron la callada por respuesta. Sirva esta columna para solicitarlo otra vez. «Nuestra ciudadanía no está condicionada por el lugar donde hemos nacido o en el que vivimos», maullaban los cuatro gatos que la víspera del 9-N refunfuñaron en Madrid y en el resto de Expaña contra la secesión de Cataluña. Estoy de acuerdo con ese eslogan, aunque yo diría identidad en vez de ciudadanía. No es agradable atravesar fronteras o inscribirse en la recepción de hoteles extranjeros tan a menudo como yo lo hago y tener la impresión -acaso paranoica y alentada por un sentimiento de culpa absurdo, pues yo no decidí nacer donde lo hice- de que se dan con el codo y esbozan una sonrisilla de conmiseración. Si no me siento español, ¿a santo de qué me constriñen a serlo? ¿No es eso un atropello? Ubi bene, ibi patria, decían en Roma. Yo soy mi patria. Los míos y lo mío son mi patria. Mi patria está en mis zapatos, está en los libros que he escrito y he leído, está en mis ojos, en mis oídos, en los países que he visitado, en las mujeres que amo, está -como creían los egipcios- en mis testículos... Sí. Mi patria son mis cojones, con perdón (o sin él), y pido a las autoridades del ramo -Justicia, Interior, qué sé yo- que no me los toquen más, que me reconozcan el derecho a ser quien soy y no quienes ellos dicen, que me devuelvan la plena posesión de mi identidad sin etiqueta alguna, que me permitan abjurar para siempre de este intratable pueblo de cabreros (Gil de Biedma), de esta España de charanga y pandereta (Machado), de esta pobre, sucia, triste, desdichada patria (Espriu), que desde hace mucho ya no siento como mía.