sábado, 22 de marzo de 2014

El cigarrillo electrónico acabará con el tabaco - Manuel Llamas

El cigarrillo electrónico acabará con el tabaco - Manuel Llamas
El tabaquismo está condenado a desaparecer a largo plazo, o, cuando menos, sus nocivos efectos sobre la salud se verán reducidos de forma drástica en las próximas décadas, lo cual, sin duda, supondrá una auténtica revolución en materia sanitaria, pero también a nivel industrial y de consumo. No es ciencia ficción. Ya está pasando, y la tendencia es imparable.
Este sueño, impensable hace apenas unos años, no se debe al agresivo intervencionismo estatal ni al abyecto prohibicionismo que propugnan los hipócritas moralistas de medio pelo que engrosan las filas del socialismo imperante. No. Si el impacto negativo del tabaco baja en los próximos años no será en ningún caso gracias al Estado y sus perversos aduladores, sino, muy al contrario, gracias al mercado y sus beneficiosos mecanismos de interacción libre y voluntaria.
La revolución en cuestión se llama cigarrillo electrónico (e-cig), un invento empresarial que, pese a su reciente creación -nació hace apenas una década-, se está extendiendo rápidamente entre los fumadores, cosechando unos resultados espectaculares. La clave de su éxito es simple: ofrece lo mejor del tabaco -hábito, sensación de calada y el chute de la nicotina-, pero desechando la larga lista de ingredientes peligrosos que contiene el cigarrillo convencional.
No todo el mundo desea dejar de fumar, por mucho les duela a los ingenieros sociales que tanto gustan de imponer su voluntad a los demás; pero, puesto que enfermar no es plato de buen gusto para nadie, muchos ven el e-cig como una alternativa ideal para mantener su hábito sin que ello les cueste a la larga la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hay más de 1.000 millones de fumadores en el mundo, y que el tabaco causa 5 millones de muertes cada año. Esta última cifra es cuestionable, dada la escasa credibilidad de dicha entidad, pero existe un amplio acuerdo acerca de los perjuicios que genera el tabaquismo a largo plazo.
Sea como fuere, lo indiscutible es que, hoy por hoy, no hay ni un sólo fallecimiento atribuido al consumo de e-cig. Y ello pese a que se calcula que ya existen unos 500 millones de vapeadores en el mundo -unos 800.000 en España-. Muchos dirán que es pronto para sacar conclusiones, dada su reciente implantación, pero lo cierto es que no hay estudios que demuestren lo contrario.
Hace escasos días saltó a los medios el primer caso de neumonía diagnosticado en España por consumo de e-cig -el segundo en todo el mundo-. Muy pocos repararon en el detalle de que se trataba de un "fumador importante", que estaba ingresado en el hospital por motivos distintos y que durante su estancia llegó a consumir "hasta cinco cargas diarias" de este producto, lo cual es una barbaridad. Pero es que, además, según los médicos que le atendieron, la causa de su neumonía lipoidea era la glicerina vegetal que contiene el cigarrillo electrónico.
La cuestión es que otros profesionales, como el doctor Konstantinos E. Farsalinos, investigador jefe del Centro de Cirugía Cardíaca Onassis, desmintieron categóricamente esta posibilidad. "El glicerol es un elemento de la familia de los alcoholes, no un lípido, y, por tanto, es imposible que sea el responsable de la patología, incluso aunque se hubiera aspirado en forma líquida. Eso sería violar las leyes de la química". Es decir, hay otras probables causas.
No es el único. El prestigioso médico Michael Siegel, profesor en el Departamento de Ciencias de la Salud en la Universidad de Boston y con una larga experiencia en la lucha contra el tabaco, desmiente, punto por punto, el único informe que relaciona el consumo de glicerol con la neumonía lipoidea, elaborado por el German Cancer Research Center. De hecho, curiosamente, el primer caso de neumonía que se atribuyó al e-cig fue desmentido poco después, tras descubrirse que la enfermedad fue provocada por el uso de un inhalador de albuterol (Ventolín).
Uno de los contadísimos estudios científicos al que, hoy por hoy, se pueden agarrar los enemigos del e-cig -aunque nunca lo citan- fue publicado en 2012 por la Universidad de Atenas, y lo único que se demuestra es que el uso de un cigarrillo electrónico durante 10 minutos aumenta la resistencia de las vías respiratorias, sin que ello suponga ningún tipo de daño pulmonar. De hecho, respirar aire húmedo tiene el mismo efecto, y no por ello las autoridades gubernamentales y sanitarias se plantean restringir el número de habitantes en Galicia, donde la humedad es norma.
El profesor Siegel, por el contrario, demuestra en otro informe que vapear "no produce cantidades detectables de sustancias tóxicas y cancerígenas en el aire de un espacio cerrado", concluyendo incluso que "podría ser más insano respirar aire en las grandes ciudades en comparación con permanecer en la misma habitación con alguien que está vapeando". Recuerden que este experto no es, precisamente, un amante del tabaco y las tabaqueras.
Por si fuera poco, ninguno de los escasos estudios que ponen en duda el e-cig afirman que su consumo pueda tener efectos potencialmente adversos a largo plazo. Los informes acerca de la inocuidad de vapear, sin embargo, son numerosos. Y aunque se demostrara que no es saludable, hasta los científicos más descreídos se ven obligados a reconocer que vapear es mucho más sano y seguro que fumar.
Así pues, el alarmismo que se ha creado acerca de este producto es puro humo -del malo-, una vil argucia orquestada por aprendices de dictador para lograr su perverso objetivo, que no es otro que equiparar el e-cig al tabaco para, de este modo, poder restringir su consumo en lugares públicos y, sobre todo, gravar con onerosos impuestos su venta.
En el fondo, lo que hay detrás de esta campaña difamatoria no es otra cosa que la defensa de los grandes intereses creados en torno al sector del tabaco: tabaqueras y estanqueros quieren regular el e-cig porque bien saben que es competencia directa y, de seguir así, acabará con su negocio; las farmacéuticas, por su parte, han invertido mucho dinero en productos para dejar el tabaco frente a la alternativa fácil y eficaz del vapeo; reguladores y asociaciones de todo tipo no quieren perder sus suculentas y generosas subvenciones para combatir el tabaquismo; y el Estado, cómo no, también muestra reparos, dado que, al fin y al cabo, el hábito que dice rechazar le reporta más de 10.000 millones de euros al año en recaudación de impuestos.
No se equivoquen. Las suspicacias y falsedades que se vierten y seguirán vertiendo sobre el cigarrillo electrónico no buscan en ningún caso el bienestar de la población. La salud es la manida excusa que emplean los intervencionistas de todo pelaje y condición para sacar tajada del mal ajeno. La guerra contras las drogas y el tabaco son un claro ejemplo de ello. El Estado ha fracaso estrepitosamente en ambos ámbitos, causando, además, un elevado número de muertes y daños colaterales, cuyo volumen exacto es difícil determinar.
En España, por ejemplo, pese a contar con una de las leyes más prohibicionistas del mundo y una fiscalidad que ronda el 85% del precio final de cada cajetilla, el 30% de la población adulta y casi el 25% de los jóvenes sigue enganchada al tabaco, superando la media de la UE. España es el cuarto país europeo donde más se fuma, la Ley Antitabaco no ha logrado reducir este hábito y la masiva subida de impuestos que ha sufrido el tabaco tan sólo se ha traducido en un aumento exponencial del contrabando.
El e-cig, por el contrario, está destinado a convertirse en una alternativa mucho más saludable y barata que el tabaco, de ahí su crecimiento. Algunas estimaciones ya apuntan a que el número de vapeadores acabará superando al de fumadores en el plazo de una década, al menos en la mayoría de países desarrollados, salvando con ello millones de vidas, tal y como afirma Robert West, director de estudios del tabaco de la Universidad College de Londres.
Las limitaciones que pretenden imponer los colectivistas tan sólo lograrán frenar este beneficioso efecto, ya que buscan encarecer fuertemente este producto (impuestos) y restringir su uso, dificultando con ello el surgimiento de nuevas y eficaces mejoras en el mismo. Y ello bajo la absurda excusa de que la nicotina es adictiva, como tantos otros productos (naturales y farmcéuticos), si bien olvidan señalar que no es cancerígena.

Tal y como denuncia la plataforma Iniciativa Europea por el Vapeo Libre, creada para recabar firmas en toda la UE, la batalla acaba de comenzar. "Los vapers hicieron una adulta, responsable y privada decisión cuando eligieron esta joven, pero efectiva, alternativa que les permitió dejar o reducir un mortal hábito que se cobra cientos de miles de vidas cada año […] Cualquier intento de regulación de los cigarrillos electrónicos ha de interpretarse como una seria amenaza contra los derechos individuales y la esfera privada". Amén.

El plateresco de su saliva - José Luis Alvite (Diario 16)

El plateresco de su saliva - José Luis Alvite (Diario 16)

Los tipos como yo no alentamos las ilusiones de nadie. A una muchacha con la que intime' brevemente en " Stardust " le dije de madrugada : "No te hagas demasiadas preguntas sobre mí. Todo es en realidad muy sencillo. Sólo soy tu último error, nena ".Y ella preguntó : " ¿Y qué esperas de alguien como yo ? ".Y fui tan sincero como siempre.Y tan demoledor :"Sólo te considero alguien a quien estoy empezando a recordar , una hermosa mujer que tiene su destino dos paradas más allá de mi sombrero ". Aquella chica y yo bailamos media hora y nos besamos mientras la música pasaba a limpio el borrador de nuestras pisadas. Ella se acurruco' entre mis brazos y noté que le hacía sitio a su rostro y enterraba un beso en mi pecho callado como un sepulcro .Le dije : " ¿Sabes muchacha ?" : Otras mujeres se instalaron ahí mismo y las cosas no fueron bien .No pierdas el tiempo.Sufririas nena.Por mi pecho no se llega a ninguna parte .Mi corazón no da a ningún hogar .Mi alma, amiga mía , sólo es un portal".No quiero que cometas un error del que salgas dañada .Mi mejor mueble es la rueda de recambio de mi coche. Pero no te apees del baile en marcha .Cuando pasemos cerca del tocador aprovecha una postura suave en el momento más calmoso de esta melodía y ausentate a los lavabos con ese maldito toque tan femenino que permite a las mujeres darle a la silueta del fracaso la delicada apariencia de un pasajero problema con la cambrera de un zapato .Sabre'salir airoso del abandono .Estoy acostumbrado y no lloraré en mis solapas .Tampoco yo me hago ilusiones. Tan pronto te vi supe que eras parte de mi pasado" . Ella intentó cambiar las cosas introduciendo vacilaciones , incertidumbre , oscuridad : "Te diré algo , nunca supe que rumbo darle a mi vida .Me asusta imaginar mi futuro a la vuelta de la esquina y siempre tuve problemas para elegir esta o aquella dirección. Me asusta elegir un camino porque temo que siempre me encontraré los mismos obstáculos".Me sentí comprometido pero tenía que reaccionar. Era hermosa , olía bien y mis labios empezaban a saberse de memoria los suyos. Le advertí:"Tenemos que dejarlo aquí , ahora que tienes la playa a dos metros y te quedan fuerzas para nadar .No entiendo la vida al lado de nadie que no sea culpable de ello.La vez que viví más tiempo en el mismo sitio fueron los nueve meses en el vientre de mi madre. Soy un tipo campo a través , nena , y sólo conseguirías encontrarte sola en mitad de un descampado sin luz .¿Tu rumbo?¿Tu camino ? ¿Obstáculos en el porvenir? No te hagas mala sangre , nena , si lo miras sin implicarte mucho en ello, te darás cuenta de que en el fondo lo nuestro sólo son unos cuantos problemas de tráfico". ¿Que recuerdo de todas aquellas mujeres que se subieron a mí en marcha? No mucho.No he olvidado como olían , ni el diferente sabor de sus lágrimas , tampoco su rostro enterrando algunas lágrimas en el sarcófago de mi ropa.En realidad en cada mujer que pasó por mis brazos bailando sobre el vacío, eché de menos a la anterior. Y estuvo bien así. Nunca llegamos a nada más serio que unas cuantas lágrimas y un poco de yeso en la cama. No podría soportar un ropero en mi corazón. Soy un tipo de paso, un lugar por el que muchas mujeres atajaron entre un hombre y otro hombre, entre dos tallas , entre la juventud y la muerte, una manera de hacer transbordo aprovechando la eternidad de una buena canción y ese instante tardío , excitante y amargo en el que no te cabe duda de que lo bueno del fracaso con una mujer adorable es que en tu decadencia la recordarás como si hubieses encontrado en tu saliva el plateresco de la ropa interior de la suya.

jueves, 20 de marzo de 2014

La niña de Treviño - Fernando Ónega

La niña de Treviño - Fernando Ónega
La historia es tristemente conocida, porque es de las que hacen fijarse en el televisor: una niña de tres años de Puebla de Arganzón, en el Condado de Treviño, falleció después de una penosa peripecia muy publicada y muy discutida en los medios informativos. Como hay una investigación abierta, es prudente no establecer conclusiones definitivas que puedan atribuir el fallecimiento a la falta de cooperación entre Administraciones distintas. Pero sí se pueden establecer conclusiones provisionales. La fundamental dice que, si el Condado de Treviño no fuese una isla castellana en medio del territorio vasco de Álava, habrían enviado la ambulancia a recogerla y no habrían dicho a su madre que llamase a Miranda de Ebro. La investigación aportará matices y una mejor reconstrucción de los hechos, pero esa es la primera evidencia.
El suceso, en todo caso, pone una vez más de manifiesto, y de manifiesto escandaloso, las barreras que ha levantado el sistema autonómico. Algunas comunidades no funcionan con el sentido de pertenecer al mismo Estado, sino como naciones independientes y, encima, insolidarias. Lo saben muchos enfermos crónicos, que tropiezan con infinitas dificultades para continuar sus tratamientos en sus lugares de vacaciones. Ahora, los recortes presupuestarios han agravado el problema: como hay que ahorrar de donde sea, se limitan las prestaciones y parece una herejía prestar un servicio fuera de los límites de la región. Una vida importa poco ante la obsesión económica que domina los servicios públicos básicos. Un par de casos más como este, y el sistema autonómico empezará a ser repudiado.
Pero hay algo todavía peor: la reacción de algunos políticos del PNV, que impúdicamente aprovecharon la desgracia para recordar su reivindicación sobre el Condado de Treviño. «No tiene sentido que este enclave siga perteneciendo a Burgos», dijo el portavoz parlamentario Aitor Esteban. Y algo parecido en boca del diputado Emilio Olabarría: «Si Treviño estuviese integrado en Álava, no estaríamos hablando de esta desgracia». He aquí un aprovechamiento innoble de una tragedia. He aquí el máximo ejemplo de oportunismo político. He aquí la máxima muestra de cómo se anteponen las aspiraciones de partido o de expansión territorial a los derechos de la persona, empezando por el derecho más elemental, que es el de la vida. Y he aquí la vergonzosa traducción de la frialdad de algunos políticos que, puestos a perder, han perdido hasta la humanidad.

A esa tropa hay que decirle con toda vehemencia: no se trata de un territorio, coño; se trata de una niña que ha fallecido; se trata de saber por qué; se trata de que no vuelva a ocurrir; quítense las anteojeras de una puñetera vez.

La invasión inmigrante - Javier Carballo

La invasión inmigrante - Javier Carballo
“Otra noche cualquiera. Circulo por mi zona asignada con la única compañía de la radio pensando que no pase nada; simplemente, que pasen las horas”. Es el relato de uno de los agentes de la Guardia Civil que patrulla en la valla de Melilla. La normalidad se rompe cuando la emisora de radio alerta de un grupo de ochocientos inmigrantes, detectado por las cámaras de seguridad, que se acerca corriendo hacia la valla. Están a un kilómetro. “Joder, noche de rock and roll”, dice el guardia civil. Sin decir nada más, se dirigen a la zona concreta de la valla por la que se acerca la avalancha de inmigrantes. Cuando llegan al lugar, ya se han encendido las sirenas y un helicóptero comienza a sobrevolar la zona.
Van llegando los guardias civiles mientras la emisora detalla, con la angustia de una cuenta atrás, el avance del grupo de inmigrantes con “El grupo, a 500 metros, a 300 metros, a 200 metros de la valla”. “Nos bajamos de los vehículos, nos preparamos, cascos, guantes, defensas, esas son nuestras armas frente a palos, piedras, botellas y lo peor, desesperación, hambre, necesidad... Una valla y nosotros les separamos de sus sueños. Estoy sudando y hace frío, el olor a hoguera es lo primero que nos llega, sientes que el suelo tiembla”. Luego, se produce lo que han vivido tantas veces, los inmigrantes van sorteando las vallas, algunos caen al suelo mutilados por los cortes, pero siguen adelante, hasta alcanzar la última alambrada. Detrás, ya sólo los separa un cordón de guardias civiles. “Tengo uno enfrente. Me mira, sus ojos son rojos, llenos de desesperación. Me amenaza con una piedra; yo, con la defensa. Chilla, chillo”.
Esa tensión, cuerpo a cuerpo, mirada a mirada, se repite a lo largo de toda la valla. La tensión se rompe con una pedrada, actúan los guardias civiles con las defensas, caen los inmigrantes al suelo.
Nos bajamos de los vehículos, nos preparamos, cascos, guantes, defensas, esas son nuestras armas frente a palos, piedras, botellas y lo peor, desesperación, hambre, necesidad...
“Todo acaba. Hay heridos, tumbados por el cansancio, pero felices, lo han conseguido. De 800 han pasado un centenar. La mayoría corren buscando el CETI, el centro de internamiento, nos quedamos con los heridos. Me quito el casco, suelto la defensa y voy a mi mochila. Saco la botella de agua y la poca comida que me queda para pasar la noche. Me dirijo al que fue mi ‘enemigo’, le doy agua y algo de comer. Me mira agradecido”. 
El infinito, que es la impotencia, se condensa en la angustia de un solo agente de la guardia civil, una noche cualquiera, ante la valla de Melilla. Lo imposible, lo inabarcable, lo inexplicable, lo inevitable está ahí. Ninguna imagen como esta, ningún testimonio como el de este guardia civil, representa mejor el desconcierto de un país entero, España, de un continente entero, Europa, para contener el fenómeno creciente de la inmigración ilegal del África subsahariana. En la simple secuencia de la marcha atrás, cuando los inmigrantes se acercan corriendo hacia la valla, se contiene el carácter irreversible, incontenible, de la presión demográfica de un continente enorme y desolado, África, hacia un mundo mejor.
Tan desproporcionado e imprevisible es el fenómeno de la inmigración al que estamos asistiendo en esta era de la globalización que ya no se encuentran ni palabras para definirlo. Y sin palabras, sin entender el concepto, son imposibles las soluciones. Si es que existen. Acaso algunos principios básicos para evitar que esta impotencia degenere en racismo, para impedir que todo se pervierta con la insoportable frivolidad de los intereses políticos y electorales. Lo elemental para afrontar sin desvaríos lo que está ocurriendo.
Primero: las medidas de seguridad en la frontera son necesarias, obligadas, pero ni el incremento de las vallas ni los agentes de seguridad van a frenar ni a contener la inmigración. Segundo: es necesario un pacto político en España para sacar la inmigración de la trifulca, pero tampoco con ese acuerdo se solucionará el problema. Es necesario, desde España, ir más allá en la política europea; concitar una cumbre de los países que padecen más directamente la inmigración para buscar decididamente una mayor implicación de Europa.
Todo acaba. Hay heridos, tumbados por el cansancio, pero felices, lo han conseguido. De 800 han pasado un centenar. La mayoría corren buscando el CETI, nos quedamos con los heridos. Me dirijo al que fue mi ‘enemigo’, le doy agua y algo de comer. Me mira agradecido
Tercero: la inmigración existirá mientras exista la necesidad de emigrar, de buscar, no ya una vida mejor, sino al menos una vida. La única salida posible, aunque suene a utopía gastada, es fomentar el desarrollo en África. ¿Imposible? Con toda probabilidad, pero es la única salida. Mientras exista necesidad de emigrar, habrá inmigrantes. Y cuarto: son seres humanos. Sólo eso. Se trata sólo de recordarlo cada vez que hablemos de la inmigración.
El diccionario define ‘invasión’ como la acción de “irrumpir, entrar por la fuerza”, y si nos atenemos a esa literalidad nadie podrá negar que el fenómeno que se repite en las vallas de Ceuta y Melilla se ajusta a esa palabra. Pero en la misma definición académica, en la última acepción, se añade el concepto médico y biológico, “dicho de los agentes patógenos: penetrar y multiplicarse en un órgano u organismo”. Hasta en las palabras traen el doble lenguaje, el virus del fanatismo, el odio. Hasta en las palabras estamos presos de una doble realidad, moneda de dos caras. Su mundo y nuestro mundo.

Con los inmigrantes en el centro de internamiento, el agente de la Guardia Civil vuelve a su casa, con la madrugada avanzada. “Llego a casa. Me meto en el baño. El uniforme manchado de sangre ajena, me ducho. Me dirijo al cuarto de los enanos, duermen como angelitos, los beso. Me meto en mi cama, mi mujer se vuelve...  “¿Cómo ha ido la noche? Bien, como siempre...”. Quedaba esa estampa final. Quizá el guardia civil pensó esa noche en la brutalidad de ese contraste, niños en patera ateridos de frío, niños en sus camas bien arropados. Y se repite la pregunta de su mujer una vez más: “¿Cómo ha ido la noche? Bien, como siempre…” Su mundo, nuestro mundo. Y un solo deseo: vivir.

Hay que cerrar el Senado - Ignacio de la Torre

Hay que cerrar el Senado - Ignacio de la Torre
En una cena hace unos años, Miquel Roca comentó que había recibido una llamada muy molesta del entonces presidente del Senado, quien le recriminó que hubiera afirmado en un medio que “el Senado no valía para nada”. En la llamada, el presidente convino en que, efectivamente, el Senado no servía para nada, pero le dijo que era mejor no decirlo públicamente.
Hace dos semanas, ya en España, tras descubrirse una cuenta suya en Suiza, Francisco Granados dimitió de su cargo de senador, cargo que compatibilizaba con el también retribuido de legislador autonómico en la Asamblea madrileña, afirmando que “llevo dos años apretando un botón según los dedos que me indican”, haciendo referencia a nuestro particular parlamentarismo, en el que el senador o diputado vota no en conciencia con lo mejor para sus electores o por el país, sino lo que le ordena mediante un gesto manipular el líder parlamentario, cuestionando la utilidad del gasto en legisladores. 
En un contexto en el que nuestra nación ha hecho enormes sacrificios para adecuarnos a la triste herencia recibida por el patético modelo de milagro económico español desarrollado por PP y por PSOE desde los años 90, y luego imitado por los chinos con parecido éxito, cabe preguntarse por el esfuerzo realizado por la clase política para dar ejemplo a los gobernados. El Senado, con un presupuesto de unos 51 millones de euros, no representa un gran porcentaje del déficit, pero es un símbolo clarísimo de la ineficiencia e inoperancia de la clase política a la hora de aplicarse reformas que pregonan para los demás. 
El Senado, con un presupuesto de unos 51 millones de euros, no representa un gran porcentaje del déficit, pero es un símbolo clarísimo de la ineficiencia e inoperancia de la clase política a la hora de aplicarse reformas que pregonan para los demás
La Constitución deja claro que la cámara legislativa preponderante es el Congreso de los Diputados, que tiene siempre la última palabra en la legislación, limitándose el Senado a actuar como cámara para arreglar parches, proceso que dilata aún más las reformas legislativas. Desde hace ya muchos años, el mundo académico y el político se preguntan por la validez del Senado y se realizan ejercicios sobre su reforma. Hasta ahora, nada se ha avanzado. 
El Senado se ha convertido desde hace mucho en un cementerio de elefantes (se acumulan ya siete expresidentes autonómicos), donde los partidos apoltronan a políticos que ven completar sus sueldos (de expresidentes, de alcaldes, de diputados autonómicos…) con una retribución adicional como senadores por un trabajo cuestionable, sin dedicación exclusiva y “apretando botones según los dedos levantados” por el gerifalte del partido en cuestión.
Ejemplos como el de Luis Bárcenas, que percibía una retribución como tesorero de su partido de 200.000 euros anuales (a pesar de que el partido se financia en más de un 90% con fondos públicos, imaginen a una ONG financiada por dinero público que hiciera lo propio) fue también nombrado senador por Cantabria (?), lo que le permitía acumular otros 60.000 euros anuales. Similares ejemplos se han vivido con Leire Pajín, que proviene del mundo de la ONG solidaria y que pudo llegar con 32 años a acumular tres sueldos (exsecretaria de Estado, secretaria de organización del PSOE y senadora) por un total de 291.000 euros, lo que provocó una oleada mediática que acabó con la renuncia de emolumentos.
El colmo de la hipocresía reside en que la supuesta elección de los senadores no se designa por las comunidades autónomas; se realiza mediante un sistema de listas abiertas donde los electores pueden tachar libremente los nombres de los políticos elegidos, en un proceso tan bochornoso como el del referéndum de Crimea o los congresos regionales de los partidos, espejos históricos de los congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética. También sorprende que la meritocracia, institución básica para nuestro éxito como sociedad, en esta Cámara como en otras, sorprenda por sus ironías.  Que responsables directos de la práctica situación de insolvencia de Cataluña, Castilla-La Mancha, o Andalucía (tres comunidades rescatadas por el Fondo de Liquidez Autonómica –FLA–, o sea, deuda para nuestros descendientes), José Montilla, José María Barreda o Manuel Chaves, sean mantenidos con fondos públicos en una cámara inútil es una insultante paradoja del destino. Es como si Mario Conde continuara cobrando de Banesto como consultor.
El Senado se ha convertido desde hace mucho en un cementerio de elefantes donde los partidos apoltronan a políticos que ven completar sus sueldos con una retribución adicional como senadores por un trabajo cuestionable, sin dedicación exclusiva y 'apretando botones según los dedos levantados' por el gerifalte del partido en cuestión.
La pasada semana, el nuevo primer ministro italiano propuso un plan de reformas que incluía el cierre del Senado italiano tal y como está estructurado hoy. A futuro, este pasará a ser una cámara de representación territorial de coste cero, ya que sus nuevos miembros, representantes de regiones y alcaldes, no devengarán un sueldo adicional al que ya perciben por su cargo. La reforma cuenta con el apoyo del espectro político, aunque la duda es si el actual Senado primará el interés nacional sobre el particular y ratificará dicha reforma. A modo de curiosidad, un legislador italiano cobra más que un representante de los Estados Unidos, a pesar de tener un ratio de legisladores sobre legislados diez veces superior.
En un escenario de tragedia nacional, con el desempleo al 26%, con el paro juvenil en más de un 50%, una reducción fortísima de salarios privados, de reducción del gasto social en educación y en sanidad, de una deuda pública de casi un billón de euros que pagaremos nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, la clase política ha de dar un ejemplo. 
Hay que cerrar el Senado.  

Para ello se requiere honestidad intelectual. La pregunta es si los decisores tienen un mínimo de ambas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Patriótica paella - David Torres

Patriótica paella - David Torres
Al final el ministerio del Interior ha decidido destituir al hijo de Tejero aunque todavía se ignora si lo ha hecho porque celebraron en un cuartel el aniversario del 23F, porque se les pasó el arroz, porque pusieron pocas gambas o porque no los invitaron a ellos. En definitiva, que no se sabe si denigraron el uniforme o denigraron la paella. Teniendo en cuenta que el 23-F fue un fiasco donde la Guardia Civil quedó a la altura del Torete, tampoco nadie tiene muy claro qué estaba celebrando allí toda esa gente, a lo mejor un concurso de bigotes.
Desde entonces ha transcurrido casi un mes y lo extraño no es la lentitud ni la parquedad con que ha reaccionado el ministro (quien, por otra parte, está muy ocupado rezándole a la Virgen), sino el hecho de que Antonio Tejero no hubiese montado ya un evento y un grupo de seguidores en Facebook. Casi un mes para encontrar que el delito se cometió en uno de sus propios cuarteles: como para encargarles que busquen a una niña perdida o unos huesos enterrados en una cuneta.
Para su charlotada, el hijo de Tejero ha plagiado el modelo de Master Chef con el mismo impudor con que Jordi Évole les copió a Fernando Marías y Juan Bas aquella fórmula del falso documental que TVE emitió allá por los noventa con el título de Páginas ocultas de la historia. Entre otras maravillas de cartón-piedra, allí salía Rudolf Hess en trance de hipnosis recordando sus vidas pasadas y García Lorca desmemoriado y comiendo sopas en un convento de monjas. El programa lo presentaba con su cachondeo habitual Felipe Mellizo, un locutor de los que ya no quedan, de los que en mitad de un telediario miraba a la cámara muy miope, muy pelirrojo y muy serio y decía: “Tras el atentado, el Papa mejora. Ya toma alimentos semisólidos. O semilíquidos, según se mire”.

Según se mire, a la familia Tejero se les fastidió el Master Chef porque nadie esperaba que el ministro Fernández Díaz fuese a aparecerse como la Virgen de Fátima pero en plan Chicote: “Mal, muy mal. El conejo crudo, el arroz pasado y los camareros llevan los tricornios como majorettes”. Ha pasado tanto tiempo del intento de golpe militar que hasta los golpistas se descojonan a costa del 23F, se reúnen, cuentan chistes, cambian cromos y se miden el bigote. Pero la paella, amigo mío, es otra cosa: la esencia misma de la patria, un anagrama culinario de la bandera hecho a base de azafrán y pimientos. Lo que no tiene perdón fue que le cedieran el lugar de honor al conejo en vez de al pollo: el pollo inmortal de la España franquista. Con la paella, coñas las justas. Entre quince inmigrantes ahogados a pelotazos y una paella defectuosa, los amigos que tengo en la Guardia Civil están pensando muy prudentemente en retirarse del Cuerpo y formar una escuadra alternativa de chirigotas en Cádiz. Eso sí, sin el uniforme, para que los tomen en serio.

martes, 18 de marzo de 2014

Aborto: no es cuestión de mapas - Juan A. Herrero Brasas

Aborto: no es cuestión de mapas - Juan A. Herrero Brasas

El autor sostiene que en España es imposible plantear un debate serio sobre el aborto por culpa de la política 
Dice que desde posiciones progresistas puede defenderse la reforma de la legislación que abandera el Gobierno 

A VECES da la sensación de que la batalla en torno al aborto se libra en el campo de los meros posicionamientos políticos, como si la cuestión de fondo no admitiera ya argumentación ni debate. Y eso no es así, ni mucho menos. Conviene, por tanto, dar un breve repaso a los argumentos básicos que se esgrimen en el medio académico en torno a este controvertido asunto.
A favor de la liberalización del aborto, el argumento más claro y contundente lo encontramos en un famoso artículo de Mary Ann Warren, de 1973, titulado Sobre el estatus moral y legal del aborto. Ese artículo fue seguido de otros igualmente contundentes, entre los que cabe destacar Diferencia entre aborto e infanticidio (2000). Dichos artículos contienen los argumentos clásicos en que se fundamenta la posición a favor de la liberalización del aborto.
Warren hace la distinción entre ser humano y persona. No cuestiona el hecho de que el feto, también en su fase embrionaria, es un ser humano, pues posee un código genético completo propio, claramente diferenciado del de la madre. Pero niega, eso sí, que el feto sea una persona. Para ser considerado persona, no es suficiente -afirma Warren- tener rasgos faciales humanos, tener actividad cerebral detectable, o ni siquiera capacidad para sobrevivir fuera del útero.
Para Warren, la definición de persona incluye una serie de capacidades racionales y comunicativas que el feto no posee. Se trata de capacidades que tampoco posee un bebé de días o semanas, por lo que concluye que, estrictamente hablando, un bebé tampoco es una persona. Sin embargo, considera que no está justificado matar a un bebé, siempre que haya alguien que esté dispuesto a cuidarlo y proporcionarle una vida razonablemente buena. Ése no es el caso del feto, señala dicha autora, pues nadie puede ocuparse de él, excepto la madre, y es precisamente la madre quien no lo quiere. En cualquier caso, esta intelectual feminista deja claro que, estrictamente hablando, un ser humano que no es persona (y en esta categoría incluye también, entre otros, a quienes están en estado de coma.) no tiene derecho a la vida. Su derecho es, si acaso, indirecto, pues se basa sólo en la posibilidad de que su muerte produzca sufrimiento a otras personas.
Una variante del argumento que desarrolla Warren es que incluso si, por tratarse de un ser humano, el feto tuviera derecho a vivir, aun así el aborto estaría justificado porque la mujer tiene derecho a controlar su propio cuerpo. Este argumento generalmente va acompañado de la analogía de una persona a quien forzaran a prestar su cuerpo para diálisis con objeto de permitir la supervivencia de otro. La validez de tal analogía es, no obstante, dudosa. En el caso del embarazo, el paciente (el feto) no tiene culpa ni responsabilidad alguna por encontrarse en esa situación, y no ha hecho nada para forzar a la mujer a ser su apoyo vital. Simplemente la situación le ha venido dada por la conducta de otros.
En cuanto al hecho de que el feto será indudablemente una persona si no se le destruye, Warren alega que efectivamente ese es un argumento de peso para no destruirlo, y afirma que si existiera la posibilidad de abortar sin matar al feto la mujer que quisiera abortar debería hacerlo de esa manera. Pero concluye que al no ser posible hacerlo así, el derecho de una persona actual a gestionar su cuerpo tiene prioridad sobre el derecho de una persona potencial a vivir.
Un argumento muy común a nivel popular es el de la seguridad de la mujer que aborta. Muchas mujeres, según tal argumento, abortarían de todos modos, sea legal o no. Si lo hacen en condiciones de ilegalidad pueden estar arriesgando sus vidas. Puesto que dichos abortos van a ocurrir de cualquier manera, es mejor que tengan lugar en condiciones de salubridad y seguridad.
Dicho planeamiento, a mi modo de ver, no es aceptable. Si llegáramos a la conclusión de que el aborto es un crimen moral, el mencionado argumento equivaldría a decir que debemos legalizar cualquier crimen para que el criminal no corra riesgos en el momento de cometerlo. Lo que hay que dilucidar, por tanto, es si el aborto provocado es un crimen moral o no.
La famosa sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos conocida como Roe versus Wade, que liberalizó el aborto en aquel país en 1973, tomaba como criterio base el derecho a la intimidad, y fundamentalmente seguía la misma línea de razonamiento que encontramos en el primero de los mencionados artículos de Warren (que precisamente apareció publicado ese mismo año). La litigante en aquel proceso usaba el pseudónimo Jane Roe. Su auténtico nombre era Norma McCorvey, una mujer lesbiana que vivía con su pareja en Texas y que decía haber sido violada, y pedía que se le reconociera su derecho a abortar. La tardanza de la sentencia hizo que McCorvey diera a luz a una niña, tras lo cual continuó con su activismo a favor de la liberalización del aborto y trabajó en clínicas abortistas.
A MEDIADOS de los años 80, en su libro autobiográfico I Am Roe, McCorvey hizo pública su identidad y algunos detalles de su vida personal. Curiosamente, tiempo después, la activista que había conseguido la legalización del aborto cambió radicalmente de opinión. En su libro Won by Love (1998), cuenta como un día, en una clínica abortista en la que trabajaba, se quedó mirando una fotografía que mostraba el desarrollo de un feto de 10 semanas: «Me quedé sin aliento, con la vista puesta en ese feto.... son niños que están siendo matados en el vientre de su madre... Nada de primer trimestre, segundo trimestre, tercer trimestre. El aborto en cualquier momento es inmoral. Ahora lo veía claro, tan dolorosamente claro». En 2005, un nuevo litigio iniciado por McCorvey llegaba otra vez al Tribunal Supremo de Estados Unidos. Ahora McCorvey solicitaba del Alto Tribunal que anulara Roe versus Wade, la sentencia que ella misma había ganado 33 años antes.
Tales cambios de perspectiva, fruto de un proceso de reflexión, en España son difíciles de entender. Aquí priman los posicionamientos políticos y el recurso al ostracismo y la estigmatización. En estos momentos, la estrategia por parte de los sectores contrarios a la reforma de la ley del aborto consiste en presentar a quienes discrepan de ellos como extremistas de derechas o miembros de sectores clericales. Se nos intenta hacer ver que la reputación de España como país progresista está en juego, y que toda persona sensata y poco menos que en su sano juicio se opone a la Ley Gallardón. Estamos ante el argumento clásico del pensamiento único. Curiosamente, hasta la ultraderechista Marine Le Pen se ha unido a las filas de quienes se oponen a la reforma Gallardón. Y también se han posicionado así la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales e incluso la rama española de Amnistía Internacional.
Nada de eso me impresiona. Los argumentos de corrección política y mapas comparativos no me valen. Me precio de ser políticamente incorrecto, pero intelectualmente honrado. A la vista están mis publicaciones a favor de la igualdad de derechos de lesbianas y gays, a favor de los inmigrantes, en contra de la violencia machista, contra las corridas de toros y la crueldad para con los animales, y en general mi continua implicación en causas radicales a favor de la igualdad y contra la marginación y el sufrimiento de los seres humanos. Nadie me puede acusar de ser un extremista de derechas ni de representar los intereses del clero. Quede eso claro, porque mi sentido de la honradez moral e intelectual me exigen en este momento posicionarme claramente a favor de la reforma Gallardón. Si callara ahora, mi silencio estaría salpicado con la sangre de seres inocentes.

Juan A. Herrero Brasas es profesor de Ética y Política Pública en la Universidad de California.

lunes, 17 de marzo de 2014

Falleras lesbianas - Raúl del Pozo

Falleras lesbianas - Raúl del Pozo
Se espera un millón de visitantes a la apoteosis de la pólvora, pero en Valencia, donde enseguida tuvo éxito 'El Quijote', no han querido quemar a don Miguel de Cervantes. Se salvará de la Cremà como 'ninot indultat'. Las Fallas -petardos, ostentosidad kitsch, ritual de arroz, caracoles y garrofón- se celebran en honor de san José, patrón de los ebanistas. Ausiàs March, nacido en Gandía en 1400, escribió: "La carn vol carn, no s'i pot contradir". La carne quiere carne, su apetito domina sobre el hombre.
Este año, la mascletà de la lujuria, la traca, estaba envuelta en el traje regional. La foto de dos lesbianas falleras, María Jesús Ramírez (transportista en paro) y Amparo Albiach, pareja en la vida real, besándose, publicada en la portada de la revista EGF, ha provocado más morbo que si las chicas hubieran posado desnudas. Nada de porno lésbico: tradición, liturgia folclórica y delicadeza es lo que ha tenido impacto.
Lo descubrió Ruano en estas mismas costas un verano: después de ver tantas mujeres desnudas, lo que le excitaba era verlas vestidas.
El beso de dos valencianas de muchos moños, manteletas, delantal y peinetas tiene una explicación, según la revista: "Valencia es la ciudad de la fiesta y siempre ha sido una ciudad bastante, bastante gay". Hay muchas guías gay, hoteles, saunas y sitios de encuentro, como The Kôde o Som com Som, pero estos chicos que presumen de modernos han descubierto el Mediterráneo.
La homosexualidad estuvo sacralizada en las orillas de este mar 600 años antes de Jesucristo. Lesbos, la décima musa, pequeña y oscura como un ruiseñor, fue adorada como diosa.
Esteban González Pons, el hombre a la espera, el brillante político aún virgen de cartera, ha vuelto a la ciudad prohibida y está muy contento porque ha visto salir el sol en el mar. No quiere decirme si prefiere ir en la lista de las europeas o ser ministro de Agricultura, así que le pido opinión sobre las lesbianas. Le parece bien. "O las fiestas son una válvula de escape o son un rito de adulación a las autoridades".
Me recuerda que el acto central de las Fallas es la ofrenda a la Mare de Déu dels Desemparats, como desagravio a las ofensas de la Guerra Civil. "La ceremonia fue impuesta por un arzobispo. Creo que hay que despojar la fiesta de caspa y de servidumbres institucionales".

Una vez quemaron un ninot con el rostro de Jean Fuster y ahora, tantos años después, Valencia nos trae a la memoria 'Las flores del mal': "Lesbos, donde los besos, lánguidos o incendiados / cálidos como soles, frescos como sandías".

sábado, 15 de marzo de 2014

Cuando el talento lo pone el espectador - José Luis Alvite

Cuando el talento lo pone el espectador - José Luis Alvite

Del mismo modo que no existe la muerte sin cadáver, tampoco existe el arte sin el espectador. La mujer mas hermosa queda reducida a un simple puñado de bultos si se pasea en un auditorio de invidentes. Prueba a cerrar los ojos mientras teclean en el televisor los pies de Fred Astaire y tendrás la sensación de que hay alguien crucificando a un ciempiés en una plancha de nácar. El chispazo surge cuando te ocurre como a Letizia Ortiz, que no fue consciente de su papel histórico hasta que se encontró una corona entre la loza del desayuno. El arte, como la radio, siempre necesita un receptor. Otra cosa es que la artística no consiga conectar con su potencial espectador, en cuyo caso lo que se produce es la frustración, la soledad y el desarraigo, que era lo que angustiaba a Van Gogh, un tipo cuyos espectadores todavía no habían nacido cuando se disparó de muerte en el pecho. Muchos artistas de ahora acomodaron su labor creadora a la eficacia del marketing, con lo cual se limitan a satisfacer la demanda de los espectadores en lugar de tentar su hallazgo o su heroica captura. Eso explica que muchos escultores hayan renunciado al azar en beneficio de la eficacia y se limiten a diseñar sillas y vajillas para las listas de bodas. Aumenta día a día la nómina de pintores que trabajan sobre los planos de las inmobiliarias para que sus cuadros maten el espacio muerto entre el fregadero y la nevera. Hay marquesas que le ofrecen sus favores al pintor de cámara a cambio de que en el retrato les suprima el bocio y esas manchitas en la piel por cuya cartografía se cierne el redoble acolchado de los corceles tirando con calmosa tenacidad de la carroza fúnebre. Puede ocurrir que el artista fracase históricamente porque no encontró quien reconociese su portentoso talento desplegado fuera de época o en circunstancias adversas. Pero puede ocurrir también que el artista triunfe gracias al talento del espectador para sobrevalorar su obra, que es lo que ocurre con muchos de esos pintores cuyos cuadros sin duda mejoran con el embalaje. Hace años que rehuyo los fastos de las galerías de arte, pero sé de artistas que ganarían mucho si inaugurasen sus exposiciones coincidiendo con su clausura. Pero ocurre también con muchos poetas, que una vez concebida su obra mediocre, todavía la empobrecen al recitarla con ese pretenciosa mezcla de asfixia y declamación que no sabes si se merece un aplauso o un balón de oxígeno. Corren tiempos muy generosos para calificar el talento. Pero algún día nos daremos cuenta de que nos tomaron el pelo. Y de que en algunas galerías de arte el único aliciente es la chavala de la limpieza. Y comprenderemos que en muchos incendios sólo vale la pena salvar las llamas.

El humo del Savoy - José Luis Alvite

El humo del Savoy - José Luis Alvite

Según el jefe a una corista el humo es la prenda que mejor le sienta. Dice Ernie que el Savoy nunca será un sitio sin humo. Anoche mismo me dijo: «Muchacho, suprimirle el humo al Savoy sería como limpiarle la sangre a Cristo y convertirlo en un surfista hawaiano». Estoy con Ernie, me inquieta la obsesión por la salud, incluso pierdo la tentación de matar de buena fe. La gente fina de Boston le pasa la aspiradora a la playa, aumenta el pánico a la vejez y a las arrugas. Hace cuatro meses el jefe despidió a un cocinero francés porque le sorprendió planchando el repollo. Al otro lado de la calle acaba de cerrar un club nocturno en el que se prohibió fumar, fue una aventura sin futuro. Estuvimos allí días antes del cierre, el tipo más duro del local se tomaba la chuleta de ternera por la pajita del vermú. Fue allí donde conocimos al senador Ballantine. Cenamos juntos y aquel idiota nos contó sus planes un poco por el aire, dijo que estaba en contra del tabaco. Se hacía tarde, a las dos de la madrugada era el décimo cigarrillo que Ernie y yo no nos habíamos fumado. Entonces aquel idiota redondeó su obsesión por la salud, el muy imbécil dijo que si llegase a presidente ordenaría quen a los condenados los ejecutasen en una silla eléctrica baja en calorías, añadió que la madrugada perjudicaba su garganta y recuerdo que pidió que le sirviesen cualquier cosa con hielo del tiempo. Al jefe le gustan los tipos duros que no aliñan la ensalada con morfina. Se refiere a los tipos como Charlie Mcay, el bueno de Charlie, fue en el 74, aquella noche cenó tres platos con cuatro balas en el estómago, a las cinco de la madrugada se levantó y nos pidió disculpas. Dijo que se iba para estar en casa a tiempo de abrirles la puerta a los muchachos de la funeraria.


Días de calor y literatura deshuesada - José Luis Alvite

Días de calor y literatura deshuesada - José Luis Alvite

En los mejores momentos de su indecisa facilidad para conquistar mujeres, un amigo mío le dijo a su chica de ocasión: "Me tomaré una copa para atreverme contigo, nena, con el convencimiento de que las dos siguientes las necesitaré para olvidarte". Era verano, como lo es ahora, y aquel tipo entendía que el calor banaliza las cosas, incluso las sagradas cosas del amor. Estaba convencido que del mismo modo que hay canciones para el verano y ropa para sobrellevar el calor, habría que aceptar la existencia de mujeres estacionales con quienes el alcohol del daiquiri suele ser más eficaz que los aforismos y que los versos. No comparto la actitud de mi viejo amigo pero tiene algo de razón. No hace mucho estuve a firmar libros en unos grandes almacenes. Hacía buen tiempo y los ciudadanos se habían ido a la playa o a las terrazas de los cafés, así que no le oculté al jefe de relaciones públicas de los grandes almacenes mi convencimiento de que habría sido más interesante firmar toallas de baño. En verano muchos lectores consideran denso cualquier texto que no quepa en el fuelle de un abanico. A Proust lo leerían únicamente en el supuesto de que sus obras las comercializasen en filetes. En verano lo que se vende es esa prosa como de Porcel, esa literatura balear con coches encarnados y las carreteras bajando hasta el mar como rizos de brea, pobladas por cuatro personajes en los que lo más profundo sea la piel, banal literatura de azaleas y terracitas, encuadernada en algo resistente al helado de vainilla y al espermicida. Hay tipos a quienes no parece improbable que el sudor les borre la frente. "¿Cómo puede pretender usted que lea algo de Faulkner con una sardina asada en una mano y el libro en la otra mano? Estamos en verano, cielo, y en verano incluso a las lápidas con las cagadas de las palomas se les borran los epitafios". Mi amiga T. nunca fue una gran lectora pero en verano extrema su aversión a los textos. Dice que en realidad los libros sólo sirven para tener localizado el polvo del salón. No me faltan razones para creer que a Umberto Ecco sólo lo leería si sus novelas se las deshuesasen en la jamonería. De "El crepúsculo de los dioses", a mi pobre amiga sólo le resultó interesante la imagen de William Holden tendido boca abajo en el agua de la piscina. Leo cada verano "La muerte en Venecia" y siempre me sobrecoge esa mezcla de lirismo y malaria, el niño polaco en cuya sonrisa azulea la víspera de la muerte, y la desidia terminal del hombre maduro en cuya lascivia es como si le regurgitase en las ingles el sudor de un conejo engordado con el mercurio de un termómetro. Es como si Thomas Mann lo hubiesen escrito con el lápiz de ojos de una mujer con presbicia.

Diagnóstico - José Luis Alvite

Diagnóstico - José Luis Alvite 

Una madrugada en el Savoy me dijo Lorraine Webster: «Raras veces me verás sin un cigarillo entre los dedos. Supongo que ésa es la razón por la que me hago la manicura en el estanco». Con el humeante ademán de su mano derecha, la equívoca diosa del Savoy parecía una mujer recién disparada. Tenía en su porte el escabroso aliciente de alguien que se aliviase el sofocante calor abanicándose con una compresa usada. La primera vez que nos citamos en el callejón a espaldas del club había una niebla tan densa que el humo de su cigarrillo era un autógrafo en un charco de tinta. La conocí por la cadencia de sus pasos, aquel soniquete inconfundible de Lorraine, la clase de mujer al cabo de cuyos pasos entre el humo te preguntabas dónde diablos habrían ido a parar los casquillos. Nos besamos allí mismo. No dije nada, pero me sentí como si aquella mujer fuese a contagiarme un pecado, una extorsión o las señas del perista. Entonces ella me dijo: «Apestamos a tabaco, cielo. Pero a los tipos como nosotros el tiempo nos enseña que lo que verdaderamente dura de un beso no es el dentífrico sino el mal sabor de boca. Saber estas cosas nos ahorrará desengaños». Y tenía razón. Ambos sabíamos que lo sólido de muchas frases no es su sintaxis, ni su ocurrencia, sino su halitosis. En las postrimerías de su voz, Lorraine cantaba como si la hubiesen amordazado con un sonajero. Hizo un intento de ponerle remedio en el hospital. Desistió. El otorrino le dijo que en una voz tan estropeada, gastarse un dólar era como guardar el dinero en una hoguera. De regreso en el Savoy aquella madrugada, me dijo Lorraine: «Renuncio a la claridad de mi voz. A fin de cuentas, lo mío es cantar, no leer noticias». Y el público siguió aplaudiendo a rabiar la malversada voz de aquella mujer en cuya garganta había espacios sin sonido. Por sobrecogedor que parezca, Lorraine le debe al tabaco haber alcanzado el sincero refinamiento de una voz que lo que se merece no es una crítica sino un diagnóstico».



Luz del alma - José Luis Alvite

Luz del alma - José Luis Alvite 

A ciertas horas en el Savoy lo que se percibe es la humedad de los pecados, el placer mojado y redundante como una braga meada... la evocación veneciana de los días tórridos en los que tuviste con alguien un fracaso que no está en las cuentas ni en los libros, sino en los sanatorios. Anoche la luz del Savoy estaba muy castigada. En el saxo de Jeff Scopelli hervía como una hemorroide de saliva la música de Gato Barbieri. Y el jefe se quedó en silencio. Y entonces sonó espesa la batería como si aletease en ella un puñado de palomas volando como un enema de alquitrán en el interior de una vejiga a rebosar de lodo. En las meridionales tardes de los pobres, las banderas eran bragas y en las calles el agua de los fregaderos espesaba la luz del sol hasta que todo aquello fermentaba con los orines de las yeguas. Hay cosas que no conviene limpiar. Si le pasas un paño a «Las Meninas», lo que te queda es «Mujercitas». Grace Kelly deslumbraba en la escalinata de mármol, pero a Rita Hayworth le sentaba mejor la escalera de incendios. Puedes imaginar a Charlie Parker aprovechando en el saxo el gazpacho de una hemotisis, pero no soportarías al bueno de «Bird» Parker tocando el arpa en la canoa de Pocahontas. Hay cosas que no pueden ser, muchacho. No puede ser que le pongas chaqué rosa a los cuervos. Una madrugada en el Savoy me dijo Ernie: «Muchacho, a menudo la oscuridad te ayuda a ver las cosas claras». El Capone de los últimos días me dijo: «Amigo mío, uno no es sólo su ropa, sus matones y su contabilidad; uno es también la poca luz que le rodea, la sombra que te hace indescifrable, esa penumbra que le añade decimales al ala de tu sombrero. A los tipos como yo, el exceso de luz le perjudica suma la reputación». No le faltaba razón. Hay un equilibrio entre la luz real y la luz del alma. Y ese equilibrio es el que te hace soñar que una madrugada diste con aquella mujer en cuyo rostro al prender tu cigarrillo viste juntas las facciones de Grace Kelly y los labios de Louis Armstrong.

Carmina, un cadáver desplegable - José Luis Alvite

Carmina, un cadáver desplegable - José Luis Alvite

Por descontado que la frase no se ajusta literalmente a la muerte de Carmina Ordóñez, pero nada más escuchar la mala noticia, se me vino a la cabeza lo que se me ocurrió espontáneamente hace años mientras dos policías registraban el cadáver de una fulana: "Creo que es la primera vez que no se acuesta por dinero". Naturalmente, la vida de Carmina no es menos respetable que la mía, pero con motivo de su fallecimiento, sinceramente no puedo evitar la reflexión de que si su biografía hubiese sido editada en un libro, sería una de esas cosas que puedes hojear sin gafas en la peluquería. Quiero decir que estamos ante el doloroso cadáver de un ser humano sobrevalorado como alimento informativo en la despreciable dietética del periodismo rosa y que sus restos no engrosarán la Historia, a no ser que en nuestra decadencia estética y cultural caigamos en la tentación de imprimir su cadáver en un desplegable de la Biblia. Que sin duda podría ocurrir en un país en el que muchos periodistas desaprensivos y costillas empiezan a tener problemas para distinguir entre El Prado y el "Hola", entre Tiziano y Coto Matamoros. Ayer los informativos descartaron la muerte del compositor Jerry Goldsmith y eso me hizo pensar que su fallecimiento no hubiese pasado inadvertido en las redacciones de televisión si en vez de dedicarse a la música, Jerry hubiese tenido un lío de faldas con Carmina Ordóñez, alguien cuyo dilema cultural fue elegir entre Sunsilk y L´Oreal. ¿Y qué decir de la muerte de Antonio Gades? ¿Qué pensar de un país en el que dos generaciones enteras sólo saben de él que fue marido de Marujita Díaz porque nunca les contaron que en realidad fue un genio que adelgazó los pies bailando hasta manchar de sangre las suelas de sus zapatos? Las cenizas de Gades se han ido a Cuba y muchos, ¡Dios Santo!, se lo tomarán tan a la ligera como si únicamente se nos hubiese ido de las manos un tarro con café soluble. En alguna parte escuché ayer que comparaban a Carmina con Marilyn Monroe a propósito de la inocente frivolidad de ambas. No hará falta advertir que Marilyn demostró su talento en el cine y podemos evocar su soledad interior en esas escenas de "Vidas rebeldes" en las que a sus ojos acude a vidriarse, como una puesta de sol reflejada en una palangana, la trágica luz del testamento. Lo de Carmina fue sustancialmente distinto, aunque todos los difuntos tengan la misma dimensión forense. Carmina se casó con Ernesto Neyra, un tipo que baila como si pisase cemento fresco. Marilyn cautivó a un inmenso escritor. Y su vida quedaría culturalmente justificada aunque sólo fuese por haber sido capaz de incluir una ducha en la biblioteca de Arthur Miller.

Cómicos - José Luis Alvite

Cómicos - José Luis Alvite

Podría hacerse una novela con muchos de los tipos que conocí en el Savoy. No se trata de soberbias personalidades de la música, del cine o de la literatura; sino de fulanos que ganaban mucho con la muerte. La biografía de muchos de ellos podría escribirse con quitamanchas. De Percy Scalfaro, por ejemplo, no se conocen méritos artísticos relevantes y seguramente su cualidad más notable fuese su proverbial mal aspecto. Hubo en el Savoy pocos Cómicos con peor trayectoria, pero murió con gran éxito de público. Para no reírnos de su cómica fealdad, acordamos velarlo boca abajo. De Jeffrey Klondike es mejor no recordar sus aportaciones como trompetista. Pero en la puerta del retrete de caballeros se conserva una frase suya sobrevenida durante la relativa pasión del estreñimiento: «Me siento tan trascendente como si fuese a expulsar por el esfínter el mármol para mi estatua». Jeff murió en un tiroteo cerca del club porque le confundieron con un tipo cuya reputación era bastante mejor que la suya. Años antes, durante una redada en el Savoy, el bueno de Klondike se repuso frente a un detective con un desplante inolvidable: «¿Mis datos personales? ¿Qué datos personales? Yo no tengo datos personales, sargento; detesto la propiedad privada». Curioso y entrañable fue para todos Charly Jackson, el empalagoso maitre del Savoy cuyos ademanes eran goma arábiga. Durante el velatorio del pobre Scalfaro, el viejo Charly estaba inquito, quería expresar su abatimiento. No encontraba el momento oportuno para deslizar una discreta frasecita llena de constrición y bolero. Lo hizo aprovechando un cese de las risitas. Y para quitarle peso a la abrumadora situación no se le pudo ocurrir nada mejor que preguntarle a la afligida viuda, señalando al difunto: «¿Qué tal pasó la noche?». 

Una madrugada - José Luis Alvite

Una madrugada - José Luis Alvite

Dice un viejo cliente del Savoy que el fracaso es el único sitio en el que puedes sentirte seguro. Nadie intenta quitarte el último puesto. Se llama Randy Stockton y se sentía en el cielo tocando fondo. Una madrugada en el club me dijo: «No es nada nuevo. Conozco a muchos tipos con esta filosofía del fracaso como lugar inexpugnable». A veces la gente tiene miedo a sus propias verdades. Desconfía de que la desgracia pueda ser en sí misma un consuelo y necesita escucharlo de alguien con prestigio. Yo se lo escuché una vez a Sinatra. No le iban bien las cosas y cantó un par de noches en el Savoy. Su último día aquí, nos quedamos a solas con el barman. Entonces Frankie se sinceró con la ayuda de cuatro copas en las que no cabía una sola lagrima. Me miró y me dijo: «Lo sé por experiencia. Pasé malos momentos, temí incluso perder la voz. Me iban las cosas como a un gusano de trapo. No quedaba una sola mujer entre mis brazos. Entonces me miré al espejo de un cabaré y me dije: Frankie, muchacho, aquí abajo ya no arriesgas nada, así que hagas lo que hagas, sólo puedes quedarte quieto o subir». Sinatra había tocado fondo y sentado sobre sus heces en un sitio en el que el infierno quedaba al nivel de la calle, me convenció de que «se puede llegar muy alto cuesta abajo». A Randy le gustan los sitios cerrados, esos lugares en los que has caído tan bajo, muchacho, que sacar la cabeza de entre la mierda para respirar te parecería llegar demasiado alto. Me dijo otra madrugada en el club: «Amigo mío, es cómodo haber caído. Se pierden la dignidad y el vértigo, pero también se pierde el miedo a caer. Te abandonaron los tuyos y te queda en los bolsillos el dinero justo para elegir a cara o cruz la sien para un disparo. Estás jodidamente solo, o. k., muchacho, pero es entonces cuando descubres lo hermoso que es el cielo estrellado si lo miras boca abajo en un charco de sangre». 

Blues de la monja y el ingeniero de caminos - José Luis Alvite


Blues de la monja y el ingeniero de caminos - José Luis Alvite

Incluso en las circunstancias mas adversas, le cabe al ser humano la posibilidad de darle a su vida un giro brillante e inesperado que mejore la apariencia de las cosas. Un tipo me contó de madrugada que su mujer llevaba años engañándole con un amigo común. Al principio trató de remediarlo y se sinceró con ella. Le dio la opción de olvidar el asunto, romper unas cuantas cartas, devolver por correo las llaves de un apartamento y regresar sin represalias al redil. Fue inútil. Ella se mantuvo en sus trece. Entonces el marido optó por darle un giro surrealista a la fatalidad. Una noche se hizo el encontradizo con el amante de su esposa y sin mostrar el más mínimo rencor, le dijo: "¿Sabes que mi mujer te pone los cuernos conmigo?". De lo que se trata es de relativizar los fracasos y de aceptar que las cosas nos ocurren sobrevenidas por el peso muerto de la fatalidad. Nos irá mejor si le aplicamos al análisis de nuestras vidas los criterios aplastantes, mecánicos y racionalistas con los que los matemáticos resuelven en la pizarra, como una pagoda de tiza, sus castillos algebraicos. De niños creíamos que la vocación religiosa era algo que nos inculcaba Dios y que poseídos por el ensalmo de aquella apuesta divina, estábamos llamados al obispado, al cardenalato, y quien sabe si al solio pontificio. Nos dijeron entonces que la santidad era una cosa que te daba de niño, como las paperas, y podía marcarte de por vida. ¡Pamplinas! Al relativizar tu pasado recuerdas el caso de aquellas dos hermanas cuyos caminos se separaron para dar en paraderos tan distintos. En M., que era la fecha de las dos, se fijó Dios y le arrastró a la atmósfera ensimismada del noviciado. En cambio, en su hermana E., que era tan guapa, se fijó un ingeniero de caminos. Me dijo de madrugada mi amigo el ex boxeador: "Muchacho, de niño acaricié el sueño del sacerdocio. Luego eché metro y medio de espaldas y me engordaron tanto las manos que tuve que hacerle bolsillos nuevos a la ropa. Acabé partiéndome la cara encima de un ring. El destino es raras veces correlativo con los sueños. De haberme dejado llevar por mi equivocada vocación sacerdotal, con mi cuerpo sólo podría haberme colocado de capellán en la Mafia siciliana". Eso dijo mi viejo amigo y creo que no le faltaba razón. Su vida fue un derroche de mala suerte. A veces incluso su perro fingía no conocerle. Cayó en bancarrota, y en lo mas bajo de su caída, maldita sea, a mi viejo y querido amigo ya sólo le quedaban de su propiedad las jodidas pupilas azules escondidas bajo las plantas de los pies. Hay tipos que es como si hubiesen nacido con la cara dentro del culo. Pero sobreviven porque saben que en el fondo, a menudo la vida consiste en acertar con los errores...

Vamos al lío - Ernesto Sáenz de Buruaga

Vamos al lío - Ernesto Sáenz de Buruaga
Llovía aquella tarde en Roma. Entre los paraguas no perdía de vista la chimenea vaticana que anunciaría al mundo con su fumata blanca la elección del nuevo Pontífice. Con el primer hilo de humo de paja seca, el griterío de la gente y el bullicio de miles de personas que llegaban a la Plaza de San Pedro para vivir en directo esa página de la Historia y conocer quién era el elegido. Cuando Francisco salió por primera vez al balcón y se mostró al mundo, mi primera impresión la dije en público y a través de la televisión: «Ha nacido una estrella».
«Los cardenales me han ido a buscar casi al fin del mundo. Os pido a todos que recéis por mí». Ayer pedía lo mismo. No desde el balcón abierto al mundo, sino desde su Twitter, como signo de modernidad. Y es que los tiempos han cambiado en la Iglesia al paso que marca este argentino, párroco, pastor y Papa. Un hombre que da naturalidad a lo que no es tan natural, como que una vez elegido se presente en la recepción de la residencia en la que permaneció en Roma, para pagar la factura personalmente. Un Papa que pide a los suyos que no sean príncipes de la Iglesia, sino siervos de Dios, sin oropeles, que tampoco tuvo Cristo. Y por si alguien tenía dudas, les decía poco después de llegar que hay que ir al lío. A la calle, a donde está la gente que necesita la palabra de Dios. Un hombre así daba miedo a los enemigos de la Iglesia. Quisieron difamarle, vincularle a la dictadura argentina, condenarle socialmente, pero la verdad se impone con el estruendo del trueno. Y clamaba contra los mercaderes y los que especulan con el dinero pisando cadáveres como si fueran alfombras para sus cuentas de resultados, ajenos a la misericordia.

Ante la muerte de inmigrantes que sólo buscan una vida mejor, hacía oír su voz indignada y dolida. Abraza a los enfermos y los besa con ternura. Habla con la gente y provoca, no quiere pasar inadvertido. Es tan cercano que rompe las barreras de quienes renegaban de la Iglesia porque le ven diferente, más humano que divino. Y sigan su consejo cada día. Vamos al lío. Al lío de la vida.

viernes, 14 de marzo de 2014

Gin-Fizz

Gin-Fizz

El Gin Fizz es uno de los cócteles más conocidos y apreciados del mundo, y uno de los cócteles más importantes de los elaborados con ginebra. El primer Gin Fizz se inventó en Estados Unidos, y es una variación del cóctel Tom Collins.Se trata de una bebida alcohólica muy refrescante, pero con alto contenido en alcohol, así que disfrútala con moderación.Si quieres aprender cómo preparar un Gin Fizz perfecto y servirlo en su punto, aquí tienes la mejor forma de hacerlo:
Instrucciones
En una coctelera o vaso para mezclar añade la ginebra (por ejemplo, la Tanqueray Rangpur o la Gin Mare), el zumo de limón y el jarabe de goma.
Remueve los ingredientes con una cuchara (si lo haces en un vaso) o agita (en una coctelera).
Llena un vaso largo con hielo picado y sirve la mezcla.
Añade el agua con gas, ¡y listo! Ya puedes disfruta del Gin Fizz.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Perdedores - José Luis Alvite

Perdedores - José Luis Alvite

Está de moda ser perdedor. Hay música de perdedores, literatura de perdedores, cine de perdedores, incluso hay perdedores de éxito. Porque en el fondo la aspiración del perdedor es el éxito, con lo cual lo que alcanzó con el tiempo y el reconocimiento público es el fracaso, que no deja de ser una interesante manera de perder. A John Wayne, aquel facha de «Boinas verdes», el tiempo le lavó la imagen. Ahora se le considera un perdedor. El viejo Duque nunca cambió de forma de pensar, se le echó encima un cáncer de pulmón y siguió haciendo cine y eso es lo que gusta de los perdedores: que sepan salir adelante mascando juntos el tabaco y el cáncer de pulmón. Además, el perdedor genuino es un ser sin aspiraciones políticas, un tipo de paso, un ser transeúnte e introspectivo que se pasa la vida en trenes y autobuses, en bares de carretera, bajo el sol y bajo la lluvia, a la intemperie literal y psicológica, dispuesto únicamente a echar raíces en un resbalón. Almunia no es un perdedor porque el perdedor que se lleva no es el que sale derrotado de las urnas sino el que perdió la familia, el empleo, la salud y la esperanza. En cuanto a Emilio Botín, podía perder una asamblea de accionistas, pero eso no le mete en el «country», como a Waylon Jennings o Johnny Cash, sino en la sala de retratos del banco. No se puede ser perdedor con chófer. Al perdedor se le nota en las canciones, como a Sabina y a Serrano; pero también en las heces, como a Poe, que acabó echando el cerebro por el culo. Sabina y Serrano no son cantautores sociales sino cronistas de la desolación humana, que no es pariente de la soledad política sino de la soledad emocional. Marcelino Camacho fue perdedor ideológico, pero su tabla de salvación era «Mundo Obrero», mientras que la tabla de salvación de Joaquín y de Ismael en el mejor de los casos sería «La Farola». 

Piano de cola - José Luis Alvite

Piano de cola - José Luis Alvite
Cada vez que se incorpora al Savoy una corista nueva, Ernie le ofrece una sencilla recepción, la invita a cenar a su mesa y le hace unas cuantas precisiones. Se trata de puntualizar la filosofía del trabajo. Les dice: «No cometas el error de querer dejar tu huella desde el primer día. A los tipos que vienen por aquí lo que les interesa de tu pie no es la huella, nena, sino el zapato. Y en cuanto a tu aspecto, métete en la cabeza que no estás aquí para vender Biblias sino para impresionar al público. Te quiero decir que conserves tus lunares, si los tienes, y no te obsesiones con el dermatólogo. Pertenecemos a un mundo en el que un lunar todavía no es una patología». A muchos les parecerá un criterio machista pero las cosas hay que verlas en su ambiente natural. Al público del Savoy lo que le interesa de las coristas no es su cociente intelectual sino la carnalidad de su peinado. A veces las coristas tienen un momento de ternura y de ensimismamiento y les da por escribir. La pobre Terry Shelton lo hacía a menudo aprovechando los descansos. Ernie Loquasto se quedaba mirándola y me decía: «En esto precisamente consiste la magia de la carnalidad y del espectáculo». Ernie se refería al instante en el que, en el punto más hondo de su abstracción, la pobre Terry subrayaba su Biblia con el lápiz de labios. Esa mezcla de pensamiento y perfidia surge a menudo en las literarias mujeres de Jardiel, que nos retrata a sus venéreas hembras envueltas en un halo de obstetricia y heliotropo. Y así era también aquella Polina Suslova que arrastró a Dostoievski por los casinos de Europa llenándolo del inefable gozo de la flaqueza. Muchos grandes hombres sucumbieron encantados a esa extraña pócima tan femenina que se fabrica mezclando adecuadamente la poesía y la mercería, la felación y el Ave María. Chopin disfrutó con la misma angustia. Un piano no está completo si en su cola no se pudre el alma de una mujer capciosa, una de esas sofisticadas mujeres a las que el palco de la ópera les sienta como un biombo. 

Chester Newman - José Luis Alvite

Chester Newman - José Luis Alvite

Al piano suele sentarse el entrañable Larry Williams, un tipo que en los ensimismados momentos de nostalgia, toca suave como si interpretase a Gershwin con las manos en los bolsillos. Larry se casó tres veces. De sus ex esposas, lo más íntimo que conserva son números de tres teléfonos cortados. Del bueno de Larry el pianista escribió en una ocasión el reportero Chester Newman: «Este tipo viajó mucho antes de recalar en el club de Ernie Loquasto. Nunca paró mucho en los sitios. Se dice de él que entraba en las ciudades buscando expresamente la salida. En un local nocturno de Baltimore todavía le recuerdan como el pianista que debutó con su última actuación. A sus pies les cuesta seguirle los pasos. Pero Larry tiene una memoria emocionada de las cosas y de los lugares por los que pasó. La noche que le conocí en el Savoy, su partitura en el atril era un mapa de carreteras». ¿Chester Newman!, ¿Dios Santo!, el viejo reportero del Clarion lleva decenios contándoles a sus lectores los crímenes de la ciudad. Dice que un tipo es interesante cuando da que hablar o cuando hace sufrir. En una ocasión acudió al asesinato de un infeliz del que nadie sabía nada. A Chester le costó cubrir un puñado de párrafos con la historia de aquel desdichado. El colofón todavía hoy resulta de una expresividad indiscutible. Escribió Chester en el Clarion: «El caso es que el de ayer fue un crimen sin palabras, una noticia sin texto, algo así como haberle disparado directamente a mi papelera. La víctima fue un hombre irrelevante contra el que ni siquiera había una mala excusa para dejarle vivo. Nada más examinar el cadáver, el detective Fuller dijo que en un tipo así, lo único realmente interesante es el orificio de salida». 

Culto al gin tonic - Pedro G. Cuartango

Culto al gin tonic - Pedro G. Cuartango
A MEDIDA que la religión va perdiendo peso en nuestros comportamientos, surgen nuevos cultos para redimirnos de nuestras angustias y frustraciones. Uno de los más recientes es la devoción por el gin tonic, que se ha convertido en nuestros lares en algo semejante al tradicional arte del té en Oriente.
Las religiones se basan en una creencia interior que se manifiesta en una serie de ritos externos. La fe en el gin tonic comporta un complejo ceremonial que comienza por la elección de los recipientes, que deben ser idealmente copas de boca ancha para aspirar el aroma. Luego viene la busca de los hielos adecuados, ya que los cubitos caseros no valen. Y, una vez conseguidos ambos elementos, hay que tener a mano una buena ginebra inglesa, que se mezcla con una tónica de marca ya que se considera una vulgaridad utilizar la que siempre hemos bebido en este país.
Es muy importante utilizar una varilla metálica en espiral para verter la tónica sin que se pierda el gas. Y luego disponer de un paquete de condimentos, como uno que se vende, con mucho éxito, de cardamomo, enebro, flor de hibisco y pimienta rosa. Pero también se puede recurrir a las frambuesas, la lima o el pepino para dar ese toque de genialidad al gin tonic que nos vamos a beber que, por cierto, debe ser servido en copas previamente enfriadas en el congelador.
Aun siguiendo todos esos pasos, es posible que el proceso falle en algún punto crítico y la calidad del gin tonic no sea la deseada, ya que se requiere un master académico para lograr un buen resultado en este proceso de alquimia.
Ya no rezamos el rosario ni vamos a misa los domingos, pero nos queda el gin tonic como un culto que congrega a la secta de los espíritus selectos, que gratifican su ego en el disfrute de este brebaje digno de los dioses.
Eso es precisamente El Progreso: la sustitución de los viejos ritos religiosos por el culto a nuevos usos que configuran identidades a la carta, ligadas al empleo del ocio. Como diría Nietzsche, hemos remplazado lo apolíneo por lo dionisíaco, las ideas por el goce, pero seguimos vinculados a la religión, aunque sea la del gin tonic.

La gran metáfora de nuestro tiempo no es el iPhone ni ningún otro chisme tecnológico. Es el gin tonic, verdadero rito de pasaje a la nueva fe de la modernidad y signo de exclusividad que nos diferencia a nosotros de ellos. Dios se nos ha aparecido en forma de burbujas.

martes, 11 de marzo de 2014

Cuando caían a domingo los lunes - José Luis Alvite

Cuando caían a domingo los lunes - José Luis Alvite

Seguramente era amor aquella sensación de que tus labios no daban abasto en los suyos y el placer inefable de compartir como un manjar la sangre del cepillo de dientes. Os parecía muy lejos el tiempo de la decepción. Todo aparentaba fresco y la mitad de las cosas buenas estaban aún por venir. Un tipo me dijo que estaba tan enamorado que, para no perder un instante de vista a su chica, aprendió a estornudar con los ojos abiertos. "Cuando eres feliz, muchacho, incluso caen a domingo los lunes", le escuché en una ocasión. Todo era tan agradable entonces, cuando nos amábamos, encanto, que incluso los muertos parecían pensativas criaturas propensas a vivir. El amor era algo inesperado y sorprendente, tranquilizador y misterioso, como encontrar un rastro de rocío cavando el pecho de un cadáver quemado. Estabais lejos de pensar que llegaría el día terrible en el que con el silencio os engordaría la lengua. Os corría prisa la calma del amor, muchacho, y vivíais todo de la manera tan apurada como vivirían dos personas que se hubiesen enamorado entre las llamas en una escalera de incendios. "¿Sabes, nena, que a mi mano con las caricias se le contagió la letra de la tuya?". Un día le juraste llevarla a disfrutar la literaria tristeza de Venecia, "esa ciudad en la que los jardineros podan juntas la bruma y las palomas". Se lo dije de madrugada a Marta en "Corzo": "Me gustan esas baladas que te enfrían los pies al bailar". Ella no dijo nada. Le hizo sitio a su cara en mi mejilla y dejé que se maltease en su melena la trigueña luz de las tulipas. No ocurrió nada que nos levantase los pies del suelo, pero recordé lo que años atrás me había dicho una mujer: "No sabría decirte lo que siento, pero creo que me invade esa extraña sensación de narcótica belleza y de peligro que imaginas que te invadiría si sorbieses por la cuchara del consomé el escabroso vino de los obreros". Fue hace años, ya te digo, una madrugada en "Corzo", olvidando la vida al tacto entre la tullería del baile. No creo que aquello fuese exactamente amor. No lo recuerdo así al menos. Creo que fue algo a la vez feliz y desagradable, como ir de viaje al paraíso a rebufo del coche fúnebre. Ya se sabe cómo son las cosas durante la jodida madrugada. Supones que se trata de amor y en realidad sólo habéis alcanzado ese instante de falsa y lacónica felicidad que sobreviene por regar con ginebra las flores...No sabría decir cual fue la última vez que creí sentir la confusa sensación del amor. A veces bailo una de esas baladas con las que enfriar los pies, pero ya no siento lo que sentía. El caso es que se te va echando la muerte encima y ya casi ni recuerdas los días lejanos, cuando todavía estaban en obras el aire de las palomas y el cuerpo de las niñas... (A Susana Pose).

La encantadora inutilidad de la belleza - José Luis Alvite

La encantadora inutilidad de la belleza - José Luis Alvite

Una corriente de la literatura aboga por la supresión de lo superfluo en beneficio de lo sucinto, de lo preciso, de lo exacto. Quieren reducir la escritura a la dimensión del diseño, aboliendo las ideas en beneficio de las apariencias, o sea, sacrificando la redundante exhuberancia de la belleza en beneficio de la eficacia, algo que ya llevamos años soportando en el tenis y en el boxeo, por no centrarnos sólo en el lenguaje de los políticos, en el que la arquitectura de las ideas ha cedido ante la eficacia inmediata e infantil del eslogam. A ese fenómeno de la reducción se le llama minimalismo para bautizar como una tendencia algo que sólo refleja el dudoso avance del pensamiento y del arte hacia su indigencia. En su vanidad falsamente revolucionaria, los apóstoles del minimalismo darían por bueno suprimirle el forraje a los vuelos del traje de Carmen Amaya y presentarla en el tablao con un traje de neopreno.Hay algo de capciosa obsesión sanitaria en la supresión catequética de lo superfluo. Antes de intentar la reducción del lenguaje adaptándolo a la gramática de la telefonía móvil, los detractores del espectáculo del Arte ensayaron con la supresión del humo, seguramente motivados menos por la preocupación neumológica que por ese terrible entusiasmo que les lleva a amputar el humo como floración del gesto, como redundancia innecesaria y narcótica del ademán, lo que me hace temer que en su siguiente vuelta de manivela, los defensores de la literatura geométrica y objetiva probarán también a suprimirle la rúbrica al vuelo de los pájaros, el encaje a la lencería y el barroco a las catedrales. Y dirán que la literatura no puede suponer una pérdida de tiempo, con lo que se propondrá la guía telefónica como modelo de eficacia a imitar. Y abogarán también por la pureza oftálmica del ojo femenino, con lo que será recomendable suprimir el rímel y la sombra sobre los párpados, a lo que sin duda seguiría la prohibición de la doblez en la mirada, del soslayo y de ese vidriado astigmatismo que alcanzan las mujeres cuando a sus ojos asoman juntos el sueño y la codicia. Y no nos enamoraremos de nuestras parejas por la hondura de sus pensamiento o por la excedente obstetricia de su cuerpo, sino por su grupo sanguíneo y por el contenido en azúcar de su saliva. O por su peso catastastralCon la tala de lo superfluo, el Arte ganará en sencillez, sin duda alguna, pero lo habremos privado de la encantadora inutilidad de la belleza. En las exposiciones de pintura, lo mejor de un cuadro será sin duda su embalaje. Y entonces, maldita sea, echaremos de menos la imaginación como ocio. Y sólo los soñadores y los locos se permitirán imaginar entre sus piernas las manos de la Venus de Milo...

Un gángster con los calzoncillos de un cardenal - José Luis Alvite

Un gángster con los calzoncillos de un cardenal - José Luis Alvite

Todos en el fondo somos sospechosos de un crimen. Unos, porque lo cometieron; el resto, porque estamos a la espera de dar con nuestra víctima. Muchos hombres se libran de ir a la cárcel porque les da pereza pasar por la armería. O porque no concurren en su vida las circunstancias que le cambiarían de camino los pies. Se dice que la educación y la cultura frenan mucho la violencia.Yo creo que en realidad sólo la refinan y que un tipo culto y educado tiene sobre el asesino soez la ventaja de que no le importaría darle las buenas noches a sus cadáveres. Pero sometidos a las mismas circunstancias, todos los hombres seríamos igualmente perversos. Se dan en las alturas financieras horrendos crímenes de una delicada bestialidad. Los ricos urden sus asesinatos en la frialdad del despacho, rodeados de una corte de abogados y en contacto telefónico con el matón de la cloaca, un tipo cuya conciencia funciona a discreción, como un servicio público, como un taxi. El asesino a sueldo no le tiene rencor a su víctima. Simplemente hace su trabajo y procura hacerlo bien, sin dejar huellas y ni un cabo suelto que le una a quien alquiló su pistola. Antiguamente la gente se mataba por algo personal, por una deuda largo tiempo aplazada, por el amor de una mujer sudada o por el desigual reparto de un botín. Mientras los ricos fundaban empresas, los pobres ampliaban los cementerios con los cadáveres de los suyos. A un rico, otro rico no necesitaba asesinarlo. En la alta sociedad bastaba con retirar el saludo o modificar el testamento en el notario. La saña que el marginal ponía en la matanza, el rico la empleaba solo en el papeleo. Todavía se conservan en las páginas de los periódicos rudimentarios crímenes cometidos por el insostenible peso de la pasión, urdidos en el lodo del vicio, causados por una mala tarde al póker o por el estrés de una retención de tráfico. Pero empiezan a ser una anécdota al lado de los nuevos formatos de una delincuencia perfectamente planificada en cuya estructura la improvisación cede ante la jerarquía. El crimen se ha convertido en algo frío, pulcro y ético como una iglesia o como un dispensario. Y todo empezó hace ochenta años, cuando un tal Capone creó aquella implacable maquinaria en cuyo funcionamiento la crueldad se destilaba con sutiles dosis de cortesía, de modo que el crimen organizado se revistió de la sana apariencia de la familia, como una rama noctámbula de los jesuitas. Capone ordenaba sus crímenes con una mezcla de odio y pudor, cuidándose de no ofender al mismo tiempo al Cielo y al FBI, con esa extraña deontología de alguien que se siente a salvo de la ira de Dios por haber ido de putas con los calzoncillos de un cardenal.

Una noche en la cama de Mark Spitz - José Luis Alvite

Una noche en la cama de Mark Spitz - José Luis Alvite

Estábamos algo pasados de copas pero controlábamos el cuerpo y las emociones. Me llevó a su casa. Vivía en un apartamento pequeño en el que había que cerrar el armariopara abrir la nevera. Me ofreció su cama y se ausentó al baño. Durante largos minutos escuché el agua de la ducha. Para hacer tiempo, encendí el televisor. En la primera cadena salían mezcladas "La 2" y la conversación de tres radioaficionados. Conservé puestos la camisa y los calcetines. Y las gafas. Prendí un cigarrillo. Seguía cayendo el agua de la ducha al otro lado del tabique. Pensé que Mark Spitz había arrasado en la piscina de Munich con la mitad del agua. Siempre doy con mujeres que se lavan mucho.Yo creo que no se trata de higiene, sino de mala conciencia. No hace falta leer a Freud para intuir estas cosas. Es una manía de los intelectuales, que tienen que leer las cosas antes de hacerlas. Personalmente detesto que las mujeres se pasen tanto rato en la ducha. La mala conciencia y el olor corporal son cosas que no conviene suprimir. El jabón de tocador elimina las defensas y merma el remordimiento. Además, el exceso de limpieza empobrece la vida sexual. No me tiene aliciente que el pubis femenino resulte tan pulcro como un caniche con ropa. El pubis habría que lavarlo con "avecrén".Pasados diez minutos, cesó la ducha. Se abrió la puerta del dormitorio. Apagué el quinto cigarrillo escupiendo en el cenicero. Apareció ella. Goteaba. Se metió en cama con la prisa de quien se encuentra una "zodiac" durante un naufragio. Se abrazó a mí cuerpo. Le pasé la mano por el pelo. Pesaba como la maroma de la campana del "Titanic". Dudé si realmente me esperaba una loca noche de carne y sudor pero no me cabía duda de que me exponía a un catarro. Con tanta agua, en la cama de aquella mujer no habría desentonado un remo. "Me gusta mucho la higiene, ¿sabes? Todas las noches me enjabono tres veces y me aclaro luego el cuerpo con un interminable chorro de agua". Pensé que con su derroche en el baño, podría no dar con el hombre adecuado, pero en el peor de los casos, se colocaría sin problemas como hipopótamo en cualquier circo. Después me preguntó qué pensaba de ella. Fui inevitablemente sincero: "Con tanta agua encima, nena, creo que eres una mujer incombustible". Luego me pregunté si no sería una perversión tener sexo con una robaliza. No hubo nada. Se mantuvo todo el rato con las piernas cruzadas, aparentando recelo. "No te conozco apenas. No sé que pensarás de mí..." Fue tan excitante como echarle torrijas a los patos del estanque. Mantuve la camisa y los calcetines pero creo que habría sido mas sensato llevarme el coche a la cama.