sábado, 18 de enero de 2014

Dolor con estilo - Jose Luis Alvite

Dolor con estilo - Jose Luis Alvite

En estos últimos años me he preguntado muchas veces si tendría que darme por satisfecho con los resultados obtenidos en el oficio de escribir y la verdad es que a eso sólo puedo contestar que he llegado demasiado lejos teniendo en cuenta lo poco que me he esforzado en conseguirlo y pensando sobre todo en lo bien que se me ha dado siempre la resistencia al éxito. De las muchas cosas que hago mal, la de escribir es sin duda la que mejor me sale y en la que más a gusto me encuentro. No soy hombre de objetivos importantes. Ni de esfuerzos memorables. Tengo días de euforia a los que siguen sin remedio insufribles momentos de angustia, de modo que casi sin solución de continuidad paso del entusiasmo físico a sufrir un cansancio extremo, en el que incluso me pesa horrores el agujero del culo.

Con el paso de los años se me ha acentuado el escepticismo que arrastro casi desde la infancia. He perdido la cuenta de los años que hace que no aplaudo y he ido perdiendo al mismo tiempo la esperanza de que ocurra en mi vida algo que me conmocione el alma tanto como una multa de tráfico en el parabrisas del coche. En eso estoy como cuando hace veinte años me convencí de que la vida consiste en convertir en rutina los remordimientos y en esquivar como se pueda las cagadas de las palomas. No niego que he conocido a unas cuantas personas importantes que me dejaron huella, pero la mayor parte de las veces he dado con hombres y mujeres sin nada que decir, tipos corrientes que en realidad no me sirvieron para otra cosa que para confirmar mi aversión al cemento. Amo la vida y sin embargo me gusta contemplar su destrucción, seguramente porque cuando un incendio arrasa un paisaje desolado sólo vale la pena el esfuerzo de salvar el fuego.

La última vez que me senté en un parque fue hace más de veinte años y recuerdo que le eché grava a los patos para que se les jodiese el pico. A muchas de las personas que me jodieron la vida tendría que haberles hecho lo mismo dándoles de comer migas del nueve largo con una pistola en la boca. Si no lo hice nunca no sería por falta de deseos de hacerlo, sino porque la venganza requiere de un esfuerzo del que nunca me sentí capaz. Gracias a esa falta de fogosidad criminal me he convertido en un tipo en apariencia tranquilo, reservado, incluso mezquino y maquinal, alguien capaz de enfriar las flores para que se mueran luego lentamente. Pero yo no soy así, aunque me haya esforzado poco en desmentirlo y apenas me haya preocupado de disimularlo. Mi sonrisa se parece a menudo el rictus del estreñimiento. Eso no quita que quienes me conocen me consideren un hombre agradable y divertido, aunque he observado que la mayoría de las veces permanecen un poco a la defensiva, como si temiesen que ese instante de distendida felicidad fuese sólo el luminoso y efímero relámpago de un trueno a punto de estallar. Algunos se decepcionan si eso no ocurre porque en el fondo se han creído la idea que circula por ahí de que soy incapaz de vivir en sociedad y de adaptarme sin dificultad a las rutinas de cada día. Nunca entenderé que alguien se decepcione por descubrir que en realidad soy un tipo contenido pero agradable, alguien que si no aprieta mucho al abrazar no es por falta de afecto, sino porque soy uno de esos tipos que tarda en entregarse pero que cuando lo hacen son incapaces de abrazar a alguien sin sentirse en la obligación de pedirle matrimonio. Mis sentimientos los manifiesto mejor cuando escribo. Circulan por ahí centenares de posavasos en los que he ido escribiendo mis pensamientos en los bares. Muchas personas me agradecieron lo que pudo haciéndoles una confesión tal vez sólo fuese un cumplido; algunas mujeres se tragaron su orgullo y guardaron celosamente aquellas notas, no porque pudiesen interpretarlas a su favor, sino porque prefieren creer que lo nuestro no fue exactamente una derrota antes de haber siquiera empezado la lucha, sino una falta de ortografía. Es lo bueno de dedicarse al oficio de escribir: Que en las malas noticias que le envías por el ir y venir del camarero, a ella siempre le quedará la duda de que lo vuestro no fue un fracaso, sino el inevitable resultado de mezclarse entre el humo de los cigarrillos, un exceso de copas y un puñado de mala letra. No digo que los golpes por escrito no hagan daño, que lo hacen, pero si se tratan con cariño, las guateadas bofetadas de la literatura no dejan como secuela el hematoma o la herida, sino el elegante e indoloro recuerdo del guante. Si lo haces con cierto estilo, puede que ella te retire el saludo, pero jamás te devolverá el correo.

Enxiemplos del fornicio francés - Fray Josepho

Enxiemplos del fornicio francés - Fray Josepho
Esta semana nuestros dos poetas adoptan las formas medievales del Mester de Clerecía para tratar de ciertos asuntos exteriores (aunque, bien mirado -¡o mal mirado!-, tal vez sean interiores): las escabrosas aventuras del presidente francés. Mientras Monsieur de Sans-Foy se muestra circunspecto y hasta comprensivo con la conducta de Hollande, Fray Josepho, haciendo gala de su condición clerical, la reprueba rotundamente.
¿Y ustedes qué? ¿Censuran o aplauden?

HOLLANDE Y LA REPÚBLICA DE SU CASA
por Monsieur de Sans-Foy

En París de la Françia se desarrolla el drama.

Si me dan su permiso, les trovaré la trama:

¡cronicón de fornicio, depravaçión e cama,

do le ponen los cuernos a la Primera Dama!

Es la Françia, de antiguo, una tierra amoral,

do retoñan los viçios como flores del mal,

donde pecan los homes... e las fembras, igual;

do se ponen los cuernos como cosa normal.

El Primer Mandatario, que es un home soltero,

es, de cierta señora, oficial compañero,

e la tiene en Palaçio, con mucama e cochero,

e la lleva consigo quando va al extranjero.

¡Insensata, la vida de los homes actuales,

sin recato ninguno nin dilemas morales!

Si les pican las partes, imagínense quales,

non se paran en barras nin tampoco en umbrales.

Alojada en el alma del actual Presidente,

(un señor anodino, un gabacho corriente,

con aspecto de amante muy poquito solvente)

resplandece una brasa todavía caliente:

una brasa encendida, bien supone el lector,

con el último fuego, que es el fuego de amor.

E la brasa ha tomado (la perdone el Señor)

el aspecto de rubia quatro lustros menor.

La verdad, que la moça tiene mucho nivel...

y un pisito a dos calles del Palaçio de él.

Demasiado bonito: se descubre el pastel

e la prensa publica que el Soltero es infiel.

El Soltero es un home con los hábitos fijos:

nin firmar los papeles nin besar crucifijos.

Segolén, vida mía, maridarse es de pijos,

le decía a la tonta que le dio quatro hijos.

Carismático líder de la Francia Inmortal,

va Fransuá por la vida con su carro triumphal:

decorando la puerta, como escudo oficial,

un carallo rampante, con corona mural.

¿Se preguntan vostedes si está mal o está bien,

la postrera aventura del galán parisién?

Denle un vaso de vino. Mi colega, el mosén,

trovará la respuesta, que hoy está de retén:

EXHORTACIÓN CONTRA EL VICIO GABACHO
por Fray Josepho

Commo Mesié Sanfuá les cuenta en el inicio,

en París de la Françia todo es crápula e vicio;

e yo, apretando fuerte mi piadoso cilicio,

fablar he sobre aqueste desenfreno e fornicio.

Fazer he, commo fraire, una crítica acerba,

sin tapuxo nenguno, sin nenguna reserva,

de la torpe conduta, inmoral e proterva,

deste home gabacho, más verde que la hierba.

En el país veçino de creer non s’acaba

cómmo aquel home inane (pues tal aparentaba),

que mui pocas virtudes políticas mostraba,

resulte, de repente, ser todo un pichabrava.

¡Qué bochorno, qué escándalo, qué vergoña más grande!

¡La deshonestidad más fedionda se expande!

¡Ca, por folgar con fembras, como un verraco ande

François, el Presidente, de apellido Follande!...

Ya la mosquita muerta... non es muerta (ni es mosca),

pues, tras la fría traça, grande fuego se embosca,

e un garañón emerxe donde nadie se cosca,

del qual nadie diría que se come una rosca.

A todos los lectores, sin dubdar, aconsexo

que non fagan locuras, commo aqueste tipexo,

que non usen con otras su lasçivo aparexo,

e solo con su santa maniobren el rexo.

Perdonen si mi prédica resulta un tanto brusca

e si mi claridad acasso les ofusca,

mas quien con fuego juega con fuego se chamusca,

e sepan que ennas calles hay mucha pelandusca.

Non fagan lo que fazen las xentes de París;

non fagan tal Follande, que es un chisgarabís;

non jueguen a las damas, e jueguen al parchís,

e usen su instrumento tan solo en fazer pis.


Commo fraire devoto e beato que soy,

respeten la advertençia que en mis versos les doy:

que nunqua -ni mañana, ni pasado, ni hoy-

imiten a Follande... ¡E aprendan de Raxoy!

Enxiemplos del fornicio francés - Fray Josepho

Enxiemplos del fornicio francés - Fray Josepho
Esta semana nuestros dos poetas adoptan las formas medievales del Mester de Clerecía para tratar de ciertos asuntos exteriores (aunque, bien mirado -¡o mal mirado!-, tal vez sean interiores): las escabrosas aventuras del presidente francés. Mientras Monsieur de Sans-Foy se muestra circunspecto y hasta comprensivo con la conducta de Hollande, Fray Josepho, haciendo gala de su condición clerical, la reprueba rotundamente.
¿Y ustedes qué? ¿Censuran o aplauden?

HOLLANDE Y LA REPÚBLICA DE SU CASA
por Monsieur de Sans-Foy

En París de la Françia se desarrolla el drama.

Si me dan su permiso, les trovaré la trama:

¡cronicón de fornicio, depravaçión e cama,
do le ponen los cuernos a la Primera Dama!

Es la Françia, de antiguo, una tierra amoral,

do retoñan los viçios como flores del mal,

donde pecan los homes... e las fembras, igual;
do se ponen los cuernos como cosa normal.

El Primer Mandatario, que es un home soltero,

es, de cierta señora, oficial compañero,

e la tiene en Palaçio, con mucama e cochero,
e la lleva consigo quando va al extranjero.

¡Insensata, la vida de los homes actuales,

sin recato ninguno nin dilemas morales!

Si les pican las partes, imagínense quales,
non se paran en barras nin tampoco en umbrales.

Alojada en el alma del actual Presidente,

(un señor anodino, un gabacho corriente,

con aspecto de amante muy poquito solvente)
resplandece una brasa todavía caliente:

una brasa encendida, bien supone el lector,

con el último fuego, que es el fuego de amor.

E la brasa ha tomado (la perdone el Señor)
el aspecto de rubia quatro lustros menor.

La verdad, que la moça tiene mucho nivel...

y un pisito a dos calles del Palaçio de él.

Demasiado bonito: se descubre el pastel
e la prensa publica que el Soltero es infiel.

El Soltero es un home con los hábitos fijos:

nin firmar los papeles nin besar crucifijos.

Segolén, vida mía, maridarse es de pijos,
le decía a la tonta que le dio quatro hijos.

Carismático líder de la Francia Inmortal,

va Fransuá por la vida con su carro triumphal:

decorando la puerta, como escudo oficial,
un carallo rampante, con corona mural.

¿Se preguntan vostedes si está mal o está bien,

la postrera aventura del galán parisién?

Denle un vaso de vino. Mi colega, el mosén,
trovará la respuesta, que hoy está de retén:

EXHORTACIÓN CONTRA EL VICIO GABACHO
por Fray Josepho

Commo Mesié Sanfuá les cuenta en el inicio,

en París de la Françia todo es crápula e vicio;

e yo, apretando fuerte mi piadoso cilicio,
fablar he sobre aqueste desenfreno e fornicio.

Fazer he, commo fraire, una crítica acerba,

sin tapuxo nenguno, sin nenguna reserva,

de la torpe conduta, inmoral e proterva,
deste home gabacho, más verde que la hierba.

En el país veçino de creer non s’acaba

cómmo aquel home inane (pues tal aparentaba),

que mui pocas virtudes políticas mostraba,
resulte, de repente, ser todo un pichabrava.

¡Qué bochorno, qué escándalo, qué vergoña más grande!

¡La deshonestidad más fedionda se expande!

¡Ca, por folgar con fembras, como un verraco ande
François, el Presidente, de apellido Follande!...

Ya la mosquita muerta... non es muerta (ni es mosca),

pues, tras la fría traça, grande fuego se embosca,

e un garañón emerxe donde nadie se cosca,
del qual nadie diría que se come una rosca.

A todos los lectores, sin dubdar, aconsexo

que non fagan locuras, commo aqueste tipexo,

que non usen con otras su lasçivo aparexo,
e solo con su santa maniobren el rexo.

Perdonen si mi prédica resulta un tanto brusca

e si mi claridad acasso les ofusca,

mas quien con fuego juega con fuego se chamusca,
e sepan que ennas calles hay mucha pelandusca.

Non fagan lo que fazen las xentes de París;

non fagan tal Follande, que es un chisgarabís;

non jueguen a las damas, e jueguen al parchís,
e usen su instrumento tan solo en fazer pis.


Commo fraire devoto e beato que soy,

respeten la advertençia que en mis versos les doy:

que nunqua -ni mañana, ni pasado, ni hoy-
imiten a Follande... ¡E aprendan de Raxoy!

jueves, 16 de enero de 2014

Rostro de caza - José Luis Alvite

Rostro de caza - José Luis Alvite

Paso una mala racha. Me encuentro tan cansado, maldita sea, que creo que tendrían que llevarme a enterrar en una silla de ruedas. Nunca abrigué grandes esperanzas, es cierto, pero a veces me dio por soñar. Aspiraba a dejar huella con mi letra y ahora me encuentro con que mis obras completas las escribió Marcel Proust. Estoy terriblemente extenuado. Duermo poco y no fijo la atención en nada. Cada vez que pienso en una mujer, recuerdo a otra. Cuando descanso mal y sudo en cama, al mirarme por la mañana en el espejo mi pelo parece flora intestinal. Estoy destemplado. Algo se me está rompiendo para siempre. En la ducha lo único que consigo es cambiar de sudor. Mis dientes convierten en lodo el dentífrico. Ahora mismo creo que sólo podría distinguir un mal sabor de boca de otro mal sabor de boca. ¡Dios Santo!,con mis facciones podría confesar la crucifixión de Cristo ¡Joder!, de niño escribí un discurso para recoger el Oscar por 'Matar a un ruiseñor' y ahora resulta que mi lado bueno para las fotos es la nuca. Juraría que en un sitio con poca luz, mis hijos me darían limosna. Había soñado un largo viaje hacia alguna clase de gloria y con el tiempo descubrí que en realidad un día sales del cine por la puerta que da al cementerio. Anoche mismo en el 'Savoy' me dijo Ernie: "La vida pasa factura y tus rasgos se vuelven secuelas. Un día descubres que tu rostro es caza y que sólo se fijaría en ti un perro de perdices. Diste pedales todos estos años, sí, muchacho, diste pedales, maldita sea, y creíste haber dejado atrás el horizonte. Luego te haces mayor y comprendes que por mucho que hayas corrido en tu puta vida, estarás debajo cuando te desplomes". Y añadió: "No sé si conociste a Joe Dangio. Nunca vi una mirada tan hermosa como la suya. Tenía una libélula azul en cada ojo. Pero un día le prendió un glaucoma en la llamarada de sus portentosos ojos azules. ¿Sabes, Al? Joe Dangio murió ladrando como un perro. No quería nada ni a nadie. Sólo deseaba llorar morfina".

miércoles, 15 de enero de 2014

Blusa de luz - José Luis Alvite

Blusa de luz - José Luis Alvite

No era la mejor noche de mi vida. Era uno de esos días en los que sabes que tus dados están en blanco. Tenía aquella noche en la sonrisa el croquis de un ahorcado. Y entonces, muchacho, entonces ocurrió ella. Fue en mi quinta copa. Ella pasó a mi lado cantando 'Don't explain'. Se llamaba Selma Jackson y tenía 35 años y un día, y yo, maldita sea, yo aquella madrugada en el 'Savoy' tenía 45 años bajo cero. Entré en calor al paso de aquella mujer. ¡Dios Santo!, sentí que el sudor borraba mis manos. Su rostro era una blusa de luz abrochada con dos portentosos ojos azules. No me lo vais a creer pero juraría que en la sonrisa de Selma Jackson había carta de Dios. Tenía una de esas hermosas miradas en las que anochece nada más amanecer. Fue hace mucho tiempo, muchacho. Aquella noche bailé con ella. No había conocido nada igual. Selma Jackson era la clase de mujer por la que un hombre se vuelve loco aunque sólo sea para decir que rompió con ella. Recuerdo que al bailar su vestido le novelaba el cuerpo. Pasaron años de aquello, muchacho, pero recuerdo que nos perdimos entre la taiga del baile. Y que al amanecer, de Selma Jackson quedaba el lenocinio de una colilla suya entre las mías. Dijo que se ausentaba al tocador y no volvió a mi lado. Dijeron que la vieron irse calle abajo, inaugurando la niebla, pisando a cántaros, como una baza de nailon. Anoche recordé a Selma en el 'Savoy'. Le dije al barman que me pusiese directamente la quinta copa. Pero no ocurrió nada. Al final me quedé a solas con Larry el pianista. Y Larry me regaló al piano el miriñaque de las notas de 'Don't explain'. Y mientras el barman entornaba las tulipas, Larry echó a andar por el piano la propina de los pasos de Selma Jackson. Tenía 35 años y un día. Y la noche que la conocí en el club, te juro, amigo mío, que fue como si hubiésemos bailado por escrito. Dicen que Selma Jackson dejó en la niebla una mancha de luz. También sé que dejó en mi cuerpo la cicatriz del suyo. Y el caso es que no sé qué fue de ella. Ni de mí.

martes, 14 de enero de 2014

Cipote de Calatrava - Raúl del Pozo

Cipote de Calatrava - Raúl del Pozo
El arquitecto de Osiris, de Camps, de Jaume Matas y Rita Barberá se llama Santiago Calatrava y a estas alturas nadie sabe si es un genio o un fallero.
El artista oficial del despilfarro, la ostentación y el sobreprecio no sólo ha lanzado sus mascletás arquitectónicas en Valencia, sino en las principales ciudades del mundo. Incluso llegó a diseñar un puente en Venecia desde el que lo maldicen todos los días los abuelos que se rompen la crisma.
Tengo claro que Santiago Calatrava es un ingenio de la pirotecnia pompier, un manierista de fortuna o, por lo menos, un cerebro en el arte de esquilmar a los alcaldes. Su pólvora mojada no sólo salió de la caja B del PP, sino de los gobernantes de Nueva York, París o Jerusalén. Hay gilipollas en todos los gobiernos.
Llegó a diseñar rascacielos en Chicago, a construir óperas, puentes, aeropuertos sin váteres y ciudades de las artes sin artistas. Cobró millones por la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, que ahora se llena de topos, e hizo un obelisco cerca de mi casa en la Plaza de Castilla, entre las Torres Kio, junto a los juzgados que no pudieron con los mangantes.
Ahí quería yo llegar. Pericles, para hacer de Atenas la primera ciudad de Grecia, puso al mando de las obras a Fidias, a quien se condenó por la desaparición del oro y del marfil. A Calatrava lo persiguen los fiscales porque su obra se va derrumbando. Fidias esculpió a Zeus en una estatua de oro y marfil de 12 metros de altura y dijeron los atenienses: «Esperemos que no se levante; si no, adiós el techo».
Yo temo que el monolito, espeto o aguja de 93 metros se desmorone, porque lleva en sus entrañas las estafas del material y el sobrecoste. Mis vecinos miran con pavor ese cipote de oro que un día pueden derribar los islamistas o quizás el viento y caer sobre una gasolinera incendiando mi barrio. El regalito lo hizo la Fundación Caja Madrid, madre de los más grandes timos.

Ahí está el obelisco inútil, alelado, mudo e inmóvil, ni siquiera vale para que meen los perros. Las casi 500 láminas de bronce que debían recrear un efecto helicoidal ascendente nunca se cimbrean. El monolito nunca se mueve y queda en la plaza, cuyas torres se rieron de todas las leyes, incluida la de la gravedad, como recuerdo de una época de asalto al dinero público, a la cuota-trinque, cuando la política era -sigue siendo- una fratría donde los partidos se reparten los cipotes, los jueces, las cátedras, los escaños y los obeliscos.

Elogio y misterio de los símbolos - Amando de Miguel

Elogio y misterio de los símbolos - Amando de Miguel
Seguimos dándole vueltas a la comunicación no verbal o, a veces, a palabras o cosas que funcionan como símbolos. Los otros animales podrán comunicarse, pero solo el hombre se vale de símbolos.
Javier Vicuña recuerda su mili y precisa que el saludo militar de llevarse la mano a la sien no se hacía cuando el soldado portaba armas. En ese caso se llevaba la mano derecha al hombro izquierdo. Se agradece la precisión.
El documentado A. Rodríguez detalla una serie de gestos que están castigados con multas cuando se dirigen a un agente de la Policía alemana: 1) Hacer la peineta (= destacar el dedo índice): hasta 3.800€; 2) sacar la lengua: 320€; 3) hacer un círculo con el pulgar y el índice (= ojo del culo): 750€; 4) darse con el índice en la frente (= tener la cabeza hueca): 700€; 4) restregarse circularmente la mano por la cara (= estar atontado): 1.000€. No sé si en Alemania se castiga también el gesto despectivo de hacer un corte mangas, tan mediterráneo.
Ignacio de Despujol y Coloma ilustra la cuestión del lenguaje no verbal con el caso del que fuera famoso alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia. El edil accionaba las manos y los brazos al hablar de forma distinta según hablara en inglés o en italiano.
Lucas Mendoza aclara a José Cuevas que el símbolo del pene con alas que tenía la ciudad de Pompeya no era de carácter pornográfico. Era un símbolo muy común en la antigua Roma como talismán de la buena suerte. Se comprende.
J. R. Iturriagagoitia precisa que no todos los angloparlantes dicen "cheese" (= queso) cuando posan para una foto familiar o amical. Si son abogados dicen "fees" (= honorarios), que cumple la misma función de suscitar la sonrisa.
Platicaba yo con Damián Galmés junto a la chimenea sobre la virtualidad del número mágico de unas 100-150 personas. Suele ser el tamaño ideal de una orquesta, una aldea o una compañía del Ejército. Don Damián me precisa ahora que esa cantidad corresponde al manípulum de las tropas romanas (= dos centurias). Añado que los griegos tenían una unidad militar, la hecatonarquía, equivalente a 128 soldados. Estaba también la hecatombe (= sacrificio de cien bueyes).

Hablando de latinajos. Jesús Laínz ha recogido el último. Es una señora que trataba de decir que una conversación iba a durar mucho. La calificó así: per siculín siculán. Suena bien.

lunes, 13 de enero de 2014

París - José Luis Alvite

París - José Luis Alvite

Recordamos anoche en el 'Savoy' la noche que Larry nos dijo que acababa de dejarle su segunda esposa. Dora Miles se marchó dejando una nota que decía: "Lo siento Larry. Necesito emociones nuevas y tú no eres la persona indicada. Una mujer como yo necesita a su lado un hombre que la lleve a París, a Venecia, a Roma, a sitios, cariño, en los que la gente compra las joyas sin hacer un solo disparo". A Dora Miles le gustaba París. La única noche que alternó con nosotros en el 'Savoy', nos dijo: "Adoro París, sí, es cierto. Me gusta la gente en otro idioma, los niños desarmados, las calles con aceras y la comida que mancha la ropa". Dora no era una mujer cualquiera. Resultaba deslumbrante.Cuando la vi, comprendí que estaba ante una de esas mujeres que al apartar el pelo del rostro es como si les quedase la cara en pelotas. La noche que Larry nos comunicó la ruptura del matrimonio, el veterano pianista me dijo: "Muchacho, esa mujer no me convenía. Demasiado llamativa. Dora es la excitante clase de mujer que para dormir se pone más ropa que para salir de compras. ¡Joder, Al, muchacho! Dora es como salir a pasear de madrugada con uno de esos gigantescos anuncios luminosos de Times Square". Aquella noche bailé con ella en el club de Ernie. Y me dijo Dora: "A mí lo que realmente me gusta es esa interesante gente de París. Ya sabes, encanto, esos hombres refinados que es como si descorchasen los disparos". Y Larry no era uno de esos hombres. El veterano pianista del 'Savoy' intenta ahora olvidarse de Dora Miles y sigue llevando su fría vida de siempre. Alguien me dijo que Ernie y Dora no se entendían porque Dora aspiraba a ser francesa, ya sabes, una de esas mujeres que cocinan con fuego del tiempo. La noche que bailé con ella me dijo: "Un día marcharé a París. Me gusta París, encanto. Me gustan esas ciudades en las que incluso la lluvia tiene chófer. ¿Sabías que en París los peluqueroste retocan el pelo con las tenazas del marisco?" 

sábado, 11 de enero de 2014

Un cazatalentos y un belén con portera - José Luis Alvite

Un cazatalentos y un belén con portera - José Luis Alvite

Para triunfar en la vida puedes probar suerte con una buena formación académica o cultural, arrimarte a una señora con fincas, hacer un butrón enla sucursal de Banesto o vendiéndole a la televisión por entregas el linchamiento de tus hijos haciéndoles comer con la tabla de multiplicar todos los deberes del colegio. Hay tipos que para asegurarse el futuro,coquetean en oncología con la señora en cuya escuálida geometría puso descaradamente sus ojos la muerte, como hay mujeres que a los hombres lo que les ríen no son sus ocurrencias, sino sus propiedades. Puede ocurrir que la vida se ponga de tu parte sin haber hecho el menor esfuerzo. A mi amiga P. no le iban bien las cosas. Su padre había fallecido, su madre estaba encamada por una enfermedad de la que sólo podría salir embalsamada y la juventud se le escapaba irremediablemente a razón de dos años por cada mes vivido. Probó sin suerte en algunas oposiciones, resistió estoicamente el descarte en dos docenas de trabajos, los que la encontraron demasiado mayor para ser tan vieja y en su mejor racha buscando empleo, rechazó uno en el que pedían "hombre maduro, con coche propio y notable capacidad de liderazgo y sufrimiento", justo la plaza que habría ganado Capone con los ojos cerrados. Entonces pensó qué rumbo darle a su vida. Estaba desesperada. La edad se le echaba encima y a la tercera semana sin depilarse, su rostro era un chucho. La salvación empezó una mañana con tiempo para leer de prestado la prensa en un café. El anuncio, a la medida de una mujer en sus circunstancias: "Se necesitan señoritas de compañía para trabajo confidencial. No necesario inglés, sólo francés y, esporádicamente, griego. Interesadas presentarse al casting con látigo y oraldine". Naturalmente, no se trataba de una oferta para trabajar de animadora cultural en la boite del Vaticano pero como estaban las cosas, valía la pena arriesgar. Mi amiga P. se enfrascó en su nuevo trabajo. A su madre le dijo que le había salido un empleo como degustadora, "pasándole la lengua a los productos de una franquicia del sector de alimentación". En semana y media, mi amiga se había bebido cinco litros de desinfectante para aclarar la voz y evitar perforaciones. Con una cantidad parecida, mi amigo C. acostumbraba a baldear su taller de escayolista. El caso es que P. se levantó inesperadamente en plena caída hacia el abismo, cuando estaba a punto de mear yeso. Me dijo: "Hice bien mi trabajo, eso es todo. A Troy Donahue un director de cine le descubrió el rostro tomando el sol en Malibú. Lo mío ocurrió más cerca. Una noche de jarana, un cazatalentos se fijo en mi pubis. Desde entonces, cielo, mi útero es un belén con portera".

viernes, 10 de enero de 2014

Tragicomedia en color - Nacho Mirás Fole

Tragicomedia en color - Nacho Mirás Fole

Mi amigo Juan Capeáns, que es Dios en el arte de titular y resumir para la prensa, definió ayer estas memorias sanitarias como una gran tragicomedia. Y ese es el espíritu con el que nacieron cuando ni siquiera sabía que tenía cáncer: que la cal de la risa neutralizase la arena de esta putada brutal con la que me toca lidiar mientras afuera llueve por aspersión. En eso de descojonarse de la desgracia, aunque sin perderle el respeto, creo que soy digno heredero de mi padre pero, sobre todo, de mi tía Estrella, su hermana, que gracias precisamente a ese don familiar ha conseguido sobrevivir a la muerte de tres de sus seis hijos. Hoy, que tengo el día más de cal que de arena, recupero la narración de esta guerra en la que me han alistado a la fuerza como carne de cañón en vísperas de ingresar perdido, como María Ostiz en un concierto de Barón Rojo, en esos territorios inexplorados que son la radiología y la oncología.
El radiólogo que dirigirá los treinta capítulos de mi guerra de las galaxias tiene más aspecto de técnico de mantenimiento que de autoridad sanitaria. Y os parecerá una tontería, pero a mí siempre me han tranquilizado más los descamisados que los fulanos de cuello duro; me considero un obrero ilustrado y agradezco tratar con otros de mi casta. El caso es que cuando el Radioactive Man que me ha asignado la Seguridad Social me dijo que empezaríamos con algo más de 50 grays, la cabeza se me fue a otro sitio y me imaginé lo de los grays como una escala sexual estupenda diseñada por Erika Leonard James. No tardé en descabalgarme del erotismo literario e instalarme, frente al hombre radiactivo, en la realidad de las cosas, donde un Gray (Gy), con a, es una unidad que mide la dosis absorbida de radiaciones ionizantes por un determinado material. No soy un erudito; lo acabo de leer en la Wikipedia. Yo sigo prefiriendo las sombras sexuales de Anastasia Steele y Christian Grey, con todas sus consecuencias; lástima que no curen los tumores.
El doctor me dijo que me van a radiar tanto el cerebro que salí de su despacho convencido de que las revisiones me las van a tener que pasar en Televés. No queda más remedio. Ya he firmado el consentimiento informado del paciente para el proceso de radioterapia externa mediante acelerador lineal en el servicio de oncología radioterápica. Y asumo los riesgos, que no son pocos -insisten en que son más las ventajas, solo jodería- porque la alternativa es fría, húmeda y estrecha; el traje de madera seguro que me tiraría de la sisa. Y Dios no sabría en qué estantería depositarme. Mientras me queden fuerzas y ganas pienso seguir contando aquí las sensaciones que me aporte semejante procedimiento. ¿Para qué perder el tiempo hurgando en la ficción cuando la vida misma es un semillero inagotable de tramas?
Al que todavía no conozco es al oncólogo, pero pronto romperemos el hielo y bailaremos pegados porque, como decía el filósofo Dalma, “bailar de lejos no es bailar”. A él le toca diseñar la guerra química que completa esta función, un tratamiento complicado y también lleno de inconvenientes. Desde pequeño tengo la costumbre de hacer míos los efectos secundarios de los medicamentos. ¡Hasta de las tiritas! Me pasa estos días con un anticonvulsivo que, en la misma pastilla, me sana y me jode por igual. No convulsiono pero, a cambio, asumo sin remedio la somnolencia, la agitación, la inestabilidad emocional y los cambios de humor, la hostilidad o agresividad, el insomnio, el nerviosismo y hasta los temblores. A la eminencia científica que le toca ahora programar mi quimio solo le pido una cosa: que si además de todo lo anterior me va a quitar las fuerzas -ahora estoy pensando en Grey, no en Gray-, ¡que me quite también las ganas!
De mi reciente entrada en los servicios de oncología y oncología radioterápica del Hospital Clínico de Santiago solo tengo un reproche que hacerle al sistema: que nadie te acompañe en los primeros momentos y que, después de recibido el diagnóstico fatal que te cambia la vida, tengas que vagar solo y confundido por el hospital buscando los diferentes servicios como si para alistarte en la guerra entrases como Paco Martínez Soria en El Corte Inglés. “A veces hay voluntarios de la Asociación Española contra el Cáncer que ayudan”, me comentó una amiga. No me vale. Esto tiene que ser de oficio, señores de cuello duro. Sé de un médico que dice que, en general, la calidad de la medicina y de los tratamientos en España es acojonante, pero que flojeamos en hostelería y humanidad. Por lo demás, me pongo decidido en manos del sistema público de salud y desisto de buscar alternativas en la sanidad privada, aunque respeto profundamente al que lo hace.
No me voy a enrollar mucho más por hoy. Ahora me toca sufrir esta calma chicha que, al menos, me está sirviendo para darme cuenta de la cantidad de personas que se han alistado conmigo sin firmar siquiera el puñetero consentimiento informado. Nunca os estaré lo bastante agradecido. En la inauguración de la muestra de fotoperiodismo Compostela, un ano de Voz, a la que asistí el miércoles en el Colexio de Fonseca -no os la perdáis-, recibí tantos abrazos que tengo cubierta la fisioterapia lumbar para una temporada.

He empezado a redactar una lista de cosas que quiero hacer en cuanto tenga la oportunidad. Conducir solo -o en buena compañía- hasta Dinamarca; tocar la Xota da Guía con Kepa Junkera en la Casa das Crechas; publicar este libro basado en hechos reales… Ya la iré completando según se me vayan ocurriendo objetivos. Solo quiero pedir disculpas a todos aquellos que me sufren más de lo habitual por culpa de la medicación y de una mala hostia rabuda con la que salí tarado de fábrica. Sirva como eximente que la capacidad de querer la mantengo intacta.

jueves, 9 de enero de 2014

Morfina - José Luis Alvite

Morfina - José Luis Alvite

Recuerdo que era tarde. Caía sobre la ciudad la suave lluvia invidente. Apenas se veía al pianista en el plateresco ajuar del humo. En los pies de las parejas atrasaba el cansancio al bailar. Y allí estaba ella, sentada al fondo de la barra, sublime y asqueada, como si fuese a vomitar la vesícula de un joyero. Se escuchaba como una habanera el enfisema del jefe. Ernie y yo miramos a la mujer del fondo de la barra. Sólo una hora antes, aquel hada era diez años más joven. Pero incluso en aquel instante, tan tarde en el 'Savoy', Stella Steiner aparentaba tener una hija nueve años mayor que ella. Apenas nos dijimos cuatro cosas pero sigo fascinado por ella. Era una mujer distinta. No tenía esa belleza genérica que recuerdas haber visto entre la pedrea de la multitud. Su rostro resultaba de una perfección ecuánime y simétrica: Jamás había visto nada igual. Por el rostro de Stella Steiner se derramaba 'ex aequo' la belleza. Y estaba ausente, distraída, como si estuviese a sus espaldas. Entonces Larry soltó sobre el piano, como una paloma herida, la balada de mis mejores tiempos. Y en el rostro de Stella recapacitó la vida. Y me pareció que volvía en sí discretamente, como si acabase de darse alcance.Emociona ver a una mujer como ella. No sabes si aplaudir o llorar. Sabes que está allí, al fondo de la barra, pero resulta inalcanzable. Como un sueño. ¡Dios Santo!, pensé que haber visto a una mujer como ella era tan irreal y tan cierto a la vez, como si la hubieses visto mientras llorabas morfina. No me preguntéis cómo ocurrió. Sólo sé que aquella noche en el 'Savoy' ella era el único árbol que faltaba en la taiga del baile. Y recuerdo que salí con ella a la pista. Y que la tuve entre mis brazos. Era muy tarde, muchacho, y la lluvia ciega de la ciudad masticaba en los ojos de los muertos. No me preguntéis cómo fue aquello. Sólo sé que bailamos. Y que aquella madrugada en el 'Savoy', fue como si mis pies hubiesen firmado un verso en una paloma en vuelo.

miércoles, 8 de enero de 2014

Mujer a deshora - José Luis Alvite

Mujer a deshora - José Luis Alvite

Se cuentan con los dedos de una mano las veces que habré perdido en público la compostura a lo largo de mi vida. Me gustaron siempre la calma, cierta desidia y los gestos inútiles, como cuando compré un sombrero sólo por el placer de saber qué sentiría al descubrirme ante la muchacha que acababa de vendérmelo. También me gusta disculparme con la gente que me ofende y llegar en coche por error a lugares a los que jamás tendría que haber ido. Incluso cuando era adolescente y practicaba mucho deporte, mi vocación era la de convertirme por fin en un hombre estoico y cansado, en alguien convencido de que su meta en la vida sería cualquier sitio al que hubiese ido a parar. Por supuesto, sé que en mi caso sólo es cansancio lo que a otros les parece paciencia y también sé que si muriese en extrañas circunstancias, considerando la abnegación del forense me jodería no poder echar una mano en mi autopsia. Mi proverbial pereza me ha alejado de doctrinas e ideologías, de credos y de instrucciones, de modo que mi vida ha transcurrido con una libertad que no fue nunca en mi caso una conquista de la inteligencia, sino el resultado de la desidia. Me ha ocurrido como al caballo del hipódromo, que si llega pronto a la meta no es por el afán de ganar, sino para sacudirse por fin de encina el peso del jinete. La verdad es que tampoco he tenido nunca entusiasmo de redentor, ni pasta de héroe. Sólo deseo ser el hombre descreído y cansado que a veces alentó el sueño de dar a deshora con una mujer atractiva, interesante y letal a la que poder decirle: «Sé que no soy tu tipo y no me importa. También sé que pierdo el tiempo hablándote y tampoco me importa. En realidad sólo me interesas por si el día de mañana necesito un remate estúpido para mi columna del periódico».

El astronauta - José Luis Alvite

El astronauta - José Luis Alvite

De una carta remitida al 'Savoy' por un viejo amigo del club: "Mi madre era una mujer muy desdichada. No tuvo suerte en la vida. No recuerdo haberla visto sonreír. Su expresión más agradable la conservo en una foto que le hicieron durante una embolia. La pobre sudaba tanto al trabajar que se quedaba sin líquidos en el cuerpo. Una noche tenía la boca tan seca que la vi beber agua para pasarla saliva. Orinaba una mezcla de mica y pan rallado. Mi padre la maltrataba. Y la amenazaba de muerte. Recuerdo sus voces cuando la insultaba. Muchas madrugadas dijo que la mataría. Siempre supe que las amenazas de mi padre iban en serio. Lo supe, muchacho, porque aparte de la cama, los muebles más grandes de la habitación eran un pico y una pala. Casi todas las noches había bronca en casa. A veces mi padre gritaba tanto que el televisor cambiaba de cadena. Hay cosas que incluso a mí me parece que fueron un sueño. Y no lo fueron, os juro que no lo fueron. No fue un sueño que teníamos en casa una perra que metía la cabeza en el suelo cuando había bronca. No fue un sueño, maldita sea, tampoco fue un sueño que la perra quedó preñada comiendo los vómitos de mi padre. Y no fue un sueño, ¡joder!, sé que no fue un sueño lo del 74. Aquella madrugada del 74 mi padre gritó tanto maldita sea, que la perra tuvo gatitos. ¿Sabéis, amigos míos? Mi padre calentaba la cena sentándose en ella. Después, el sórdido patio de luces de su cuerpo tiraba como la chimenea de un crematorio y aquel hijo de perra olía igual por la boca que por el trasero. El caso es que lo matamos en el 74. Sus voces se mezclaron con los ladridos de la perra. Con las cuchilladas que le dimos, mi padre sangró como si pariese cerditos. Enterramos su cadáver en el pozo de la huerta. Estaba tan hinchado que parecía que fuese a salir volando del agua como un astronauta de la Nasa. Seguro que se trata de mi conciencia, pero a veces, maldita sea, tengo la sensación de que en verano la sequía hace ladrar con el agua los gritos de mi padre".

domingo, 5 de enero de 2014

El círculo - José Luis Alvite

El círculo - José Luis Alvite

A veces ocurren cosas que ni siquiera podrías imaginar con cuatro copas y algo de fiebre. Le ocurrió a Tony Cafaro y todavía algunas noches en su cabeza ronda el insomnio por aquello. Fue en el 74. La novia de Tony tenía un hermano que andaba en malas compañías y no hacía otra cosa que acumular deudas. Fue así como el joven Freddie Neviolo se enfrentó con el gángster Bob 'La Rata' Spruance, al que llegó a deberle una suma insalvable para las posibilidades de un muchacho tan joven e inexperto. Thelma Neviolo se lo comentó a su novio. "Si no pagas la próxima semana, el hueso más grande de tu cuerpo será el prendedor de corbata", le había dicho 'La Rata' al joven Freddie. Y ahí empezó a liarse el hilo para el sudario. Tony Cafaro andaba metido hasta el cuello en la mafia de las apuestas, al lado de un tal Ned Albert, y pensó que podría pedirle dinero prestado a su jefe, entregárselo al novio de su hermana y que éste a su vez se lo hiciese llegar a su acreedor. Salvaría la vida del hermano de su novia y a su vez saldaría su deuda poco a poco con algunos trabajos extra. Ned Albert puso condiciones. "Ese dinero que me pides es tuyo, Tony, muchacho, si te deshaces de un tipo que ya ni merece el aire que respira". O. K. Tony aceptóel trato, cobró el dinero y buscó a su víctima para cerrar la operación con el rey de las apuestas. Fue en la puerta del 'Savoy'. Tony tiroteóa aquel fulano apenas distinguió sus facciones en la empanada penumbra del callejón. Fue algo casi inadvertido. El ábaco de sus disparos se confundió discretamente con la rumiante letanía del camión de las basuras moliendo la mierda de la ciudad. Al día siguiente Tony le llevó el dinero de Ned a su novia. Thelma parecía tremendamente abatida y tenía el rostro decolorado por el estío del llanto. "No sabes cuánto te he echado de menos, Tony. Fue terrible. Anoche un desconocido asesinó a mi hermano en la puerta del 'Savoy'". ¡Dios Santo!, Tony apretó el dinero en el bolsillo hasta que con el sudor y la rabia se le destiñó en la mano.

sábado, 4 de enero de 2014

Sollozos - José Luis Alvite

Sollozos - José Luis Alvite

Cuando Lorraine Webster me presentó a su mando, aquel fulano era tan ancho que tuve que darle tres veces la mano. Se llamaba Sweeney Torrance y era como si llevase la espalda a los hombros. En realidad no era la primera vez que veía a aquel tipo. Recordaba su aspecto de haberle visto en las páginas de sucesos del 'Clarion'. No me lo vais a creer, pero era tan ancho que su fotografía pasaba a la página siguiente. Ya sé que estas cosas suelen ser exageraciones, pero una madrugada me dijo Lorraine que al lado de aquel fulano anochecía media hora más temprano. Según Ernie, la primera vez que cenaron a solas en el 'Savoy', reservaron mesa para tres. En la foto de bodas, al lado de aquel tipo hosco y gigantesco, Lorraine parecía la ascensorista de la Estatua de la Libertad.Sweeney fue matón durante más de veinte años. Y era un tipo corpulento. Y es cierto que su penetrante mirada la recuerdo como un apagón azul. Pero en el trabajo era elegante y distinguido. Y en el callejón del 'Savoy' sus disparos eran como si descorchase el revólver. Era contundente pero emotivo. Y sensible. Una madrugada que caminé con él a la salida del 'Savoy', recuerdo que con la lluvia le sollozaban los zapatos. A Sweeney le cayeron treinta años de cárcel en el 74. Pero no se inmutó. Acusó el veredicto como si fuese una beca. Y años más tarde, me escribió al 'Savoy'. Era una carta larga. Sólo os transcribiré un párrafo. Dice así: "Llevo nueve años en esta jaula. No ha pasado el tiempo. Es como si engrasasen los relojes con cemento. Ahora echo de menos las cosas en las que no reparé apenas. Y maldigo la brevedad de mi infancia, cuando me parecía un sitio pequeño el abrazo de mi madre. Anoche un tipo me pidió que le escupiese en los ojos para imaginar que lloraba. Y esta mañana, maldita sea, el cielo estaba tan bajo que las palomas se comieron el veneno de las ratas. Luego rompió a llover. La lluvia en prisión resulta . A media tarde habían descargado sobre el patio de la cárcel 40 litros y un día".

Aborto libre y gratuito, vale. ¿Y después? - S. MacCoy

Aborto libre y gratuito, vale. ¿Y después? - S. MacCoy

Me supera el tema del aborto, de verdad. No sé en qué momento el hombre perdió el Manual de Instrucciones, conjunto de reglas que le configuran como tal y que le diferencian del resto de los seres vivos. Se quedó en el camino de este mal llamado progreso, que no implica avance y mejora, sino cosificación de las personas y las relaciones. Se ha perdido la capacidad de juicio, el ejercicio responsable de la libertad y la conquista de las metas a través de la voluntad. Somos más animales que nunca, instintivos que no racionales, volubles que no consistentes. Nos disfrazamos con ropajes futuristas mientras damos pasos acelerados hacia el pasado. Aferrados a la semántica, hacemos de la forma bandera para evitar entrar en el fondo de las cuestiones. El aborto es un caso paradigmático de esta regresión. Así nos va: el mundo vende felicidad imposible en corazones yermos, en almas vacías. Una sociedad deprimida compuesta de hombres tristes, dice la estadística. Semilla de la propia destrucción.
No estamos ante un debate casuístico ni de plazos, sino ante la constatación de una realidad incuestionable: el nasciturus es un ser vivo, existe físicamente desde su concepción, su corazón se forma a partir de la quinta semana de gestación y es perfectamente audible desde la octava; su proceso de formación física y mental es igual de acelerado dentro del vientre de la madre que fuera de él, más incluso en el seno materno. Un proceso que durará hasta su muerte. El debate jurídico distrae, pero no puede negar esta realidad contrastable. Persona o personalidad, valiente chorrada. Todos sin distinción hemos pasado por esta fase embrionaria para llegar donde estamos, para ser lo que somos. No hay excepción alguna. ¿En qué momento nuestra vida mereció la pena? Sería bueno que intentáramos responder a esta pregunta. ¿En qué momento el bebé es tal y no un mero conjunto de células prescindible?
En un embarazo deseado los padres imaginan desde el primer momento, desde la primera falta, cómo será el niño que está por venir. Para ellos no hay duda alguna de que es su hijo o su hija y le prodigan los mayores cuidados, convirtiéndose en una fuente de alegría y preocupación. Piensan en un nombre, multiplican las caricias, incluso le someten a experiencias sensoriales que le estimulen. Resulta chocante que aquellos que han pasado por esta experiencia sean capaces de defender alegremente que, en función de su conveniencia, el feto es una criatura igual que las nacidas por su voluntad o no. Me desborda. Podemos aferrarnos a las hojas del nabo de los supuestos más extremos, pero no estamos hablando de eso, parte ínfima de las 140.000 operaciones de este tipo que tienen lugar cada año en España, sino de laconsideración de la vida humana como algo arbitrario, sujeta su continuidad a la percepción individual y cuya terminación está protegida por el ordenamiento jurídico. Definitivamente, nos hemos vuelto locos: el mismo derecho positivo que legitimó las peores dictaduras avala ahora esta sinrazón. Aborto libre y gratuito, vale. ¿Y después?
En cualquier caso, nunca me oirán un juicio moral sobre las mujeres que, pese a todo, toman esa decisión. Como creyente que soy, sé que no me corresponde. Pero ojalá que empecemos a distinguir, de una vez por todas, lo esencial frente a lo accidental; a dar primacía a las bondades de la prevención frente a las dramáticas consecuencias de la reparación; a defender la libertad verdadera (del que sabe dónde va y elige el camino correcto) y denostar la impuesta que vincula felicidad con el tener y no con el ser; a equiparar la realidad que se ve (el niño abandonado en el contenedor, que no es persona a efectos civiles) con la que se esconde (el orfelinato de 300 nasciturus que cada día mueren en España); a no utilizar los límites de edad y las responsabilidades asociadas a los mismos de forma torticera, sino coherente. A recuperar, en definitiva, el valor del ser humano desde su concepción hasta su muerte, el inmenso depósito de riqueza que son las relaciones personales y la familia, la luminosa conciencia de que el bienestar social es la suma de la contribución individual de todos y cada uno de nosotros y del modo como contemplamos a los demás en su totalidad. Ojalá sea así.
Feliz día de Reyes, el día de los niños nacidos, a todos.

viernes, 3 de enero de 2014

Para los que también sufren y me sufren - Nacho Mirás Fole

Para los que también sufren y me sufren - Nacho Mirás Fole

Es rarísimo, diría que hasta imposible, que un periódico repita un reportaje. Las teles sí que lo hacen, cada vez más. Los que nos dedicamos a esto sabemos que el producto que elaboramos por escrito es flor de un día y que, si acaso, la relectura es más una elección de lector que se administra como le da la gana y que marca sus propios tiempos que de quien edita, que no hace más que vomitar información a toda pastilla. La ventaja de escribir uno en su propio espacio, como hago yo ahora, es que soy mi editor y puedo repetir, rectificar o programar sin pedirle permiso a nadie. Y eso es lo que voy a hacer hoy, 3 de enero del 2014, simplemente porque me da la gana. Aunque el cáncer que se ha instalado en mi cabeza lo sufro yo, no es menos cierto que los que están alrededor lo sienten como suyo. Y que me sufren además a mí, que si ya no doy buen sano, difícilmente daré buen enfermo. Por todas estas razones, y para los que os acabáis de incorporar a la lectura de estas memorias sanitarias -sabéis que defiendo que, en el fondo, a todos nos interesan mucho las casas, las vidas y las enfermedades de los demás- retomo una historia que escribí el 4 de julio del año pasado, día de mi 42 cumpleaños, y que dediqué a una de esas personas especiales con las que seguramente debería ser más justo: mi padre. Por él y por el resto del equipo, que no es pequeño, reedito El archivo secreto. Feliz fin de semana.

El archivo secreto
Una herida a punto de cicatrizar. Así se titulaba el primer reportaje que publiqué, en julio de 1991, en La Voz de Galicia. Como hoy, cumplía años, aunque veinte y no 42. Aquella crónica pueril sobre la historia terrible de Ramón Leboráns, armada con mucho entusiasmo y sin tablas en las que apoyarme, fue el inicio de todo. Aquel atrevimiento de becario pasó desapercibido para la mayor parte de la humanidad pero, sin embargo, le sirvió a mi padre para empezar una colección de la que jamás se ha dado de baja: la de la vida contada por su hijo.
En el jardín de nuestra casa de Vigo, justo en el sitio donde la madrina Celia tuvo plantado un limonero de cuyo tronco salieron las baquetas de un tambor, mi padre construyó un garaje con cuatro chapas para que el Renault 6 durmiera a cubierto. Pero, como suele ocurrir, el coche acabó en la calle y el garaje derivó en galpón multifunción. En esos doce metros cuadrados escasos se pasó Mirás las horas interminables de parado de larga duración, primero, y el descanso merecido del jubilado, después. El chabolo está rotulado con azulejos portugueses que, a letra por azulejo, componen el título de propiedad del local: “Obradoiro Mirás”· Como en Valença do Minho no vendían letras de cerámica con acentos, el apellido lo tildó en la A con un rotulador permanente y lo repasa de vez en cuando porque, en realidad, la permanencia es un concepto relativo.
Cuando a mi padre le vinieron mal dadas, en los años oscuros,  sufrimos todos, él el primero. Podría haberse dado al alcohol o a las drogas y nadie se lo hubiera reprochado, tal fue la circunstancia vital en la que nos vimos metidos. Pero, no sin ayuda, eligió una vía mucho más productiva que, además, estaba exenta de resaca, que no de efectos secundarios. Cestería, macramé, marquetería, esmalte al fuego, repujado en cuero… El paro de mi padre hizo que mi casa y las casas de mis hermanos se fuesen llenando de obras firmadas de su puño y letra que salían de su factoría del jardín según iba superando cursillos de cualquier cosa que se pudiese hacer con las manos. Llegó un momento en el que la producción fue tan exagerada que comenzamos a esconder el excedente. “O sea que os regalo un perchero construido con unos aislantes de Fenosa ¿y no lo colgáis? ¿Despreciáis una papelera de mimbre hecha a mano? Sois unos desagradecidos”, rosmaba.
Nos costó hacerle entender que lo de no exponer todos sus trabajos  no es tanto una cuestión de gusto como de espacio. La mesa de la tele y dos esculturas son obras suyas y ahí están, a la vista, con orgullo de hijo. Y el servilletero que usamos como panera y el pañalero de mi hija, también eso. Pero cuando digo que la producción era mayúscula no exagero. Creo que aún hoy, con el asunto ya muy hablado, sigue dudando de nuestras excusas sobre el problema de almacenamiento y piensa que, en realidad, somos unos pijos de ciudad que no valoramos un carallo el sabor de lo auténtico.
El caso es que, en medio de esta vorágine bricomaníaca, Mirás fue a parar a un cursillo de encuadernación. Acabó comprándose una guillotina y una prensa y le dedicó muchísimo entusiasmo al cosido de lomos. En su casa podéis encontrar auténticas enciclopedias falsas que, en realidad, son folletos de Lidl y de Alcampo en edición de coleccionista, el producto de su adiestramiento como encuadernador. Superado el preparatorio, se atrevió a meterle mano a los fascículos. Es verdad que la guillotina, a veces, le quitaba o le ponía grados al ángulo recto pero, en general, depuró la técnica.
Lo que no sabíamos es que, en realidad, lo que mi padre estaba haciendo desde su zulo de Mantelas era prepararse a fondo para dar salida a la edición clandestina, y única, de unas memorias profesionales larguísimas escritas durante más de 8.000 días con millones de caracteres: las mías.
El titular del reportaje con el que empezaba este texto, Una herida a punto de cicatrizar, es el primer capítulo de esa hemeroteca propia que me ha pagado las facturas todo este tiempo. Durante 22 años, mi padre ha ido guardando y clasificando cuidadosamente todo lo que he publicado en La Voz de Galicia. Es cierto que la sección de Santiago le ha quedado bastante mermada -más que nada porque está suscrito a la edición de Vigo y mis contribuciones a la prensa local apenas le llegan-, pero el resto de lo firmado está todo, absolutamente todo. No conozco otro caso igual. Y tampoco conozco a nadie que tenga las estanterías de su casa todas las colecciones que ha entregado La Voz a lo largo de su historia. ¿Alguien duda de la fidelidad familiar? Sobrecoge, eso sí, pensar que todo ese esfuerzo cabe en un miserable pendrive.
Hace unos días, en ausencia de su dueño, allané el Obradoiro Mirás, abrí un armario y me encontré los 22 años de profesión allí depositados. Fue emocionante volver al periodismo pretecnológico. Me sentí Indiana Jones explorando los recovecos impresos de mi propio cerebro. Hay una sección que mi padre ha encuadernado en tapa dura, diferente del resto: La cara B, cuatro volúmenes con más de quinientas entrevistas que son el producto de ocho años de conversaciones; la serie de entrevistas más larga jamás publicada en los 131 años de historia del periódico. Muchos de los que salen han muerto. Otros no debieron salir nunca… Allí dentro hay días buenos, días malos… horas y horas de diálogos que me han hecho madurar en la profesión y en la vida. Repasando cada cara B viajé a una época, a una novia, a una alegría o a un dolor. Incluso está encuadernada la declaración amorosa que redacté un 14 de febrero, un documento que tiene un valor especial para mis hijos por cuanto en ese pequeño textito de nada, ordenado por mi amigo José Manuel Rubín, está nada menos que su origen, el borrador de sus genes.
Con los dedos negros de pasar páginas, volví a colocar todo en su sitio, cerré el armario y me sentí como un Snowden cualquiera que acabara de violar los archivos marcianos del Área 51.

Dentro de muchos años, las memorias periodísticas que se conservan en el garaje familiar serán un tesoro para mis hijos por lo que representan, por el fondo que le puso su padre y por  la forma que le dio su abuelo. Pero ese material será también, y más pronto que tarde, arqueología de un tiempo en el que el periodismo se imprimía siempre después de haber hecho la digestión; la sobreinformación vomitada a borbotones en la que nos hemos instalado no hay Dios que la encuaderne, ni falta que hace. Gracias, papá.

jueves, 2 de enero de 2014

Paloma en vuelo - José Luis Alvite

Paloma en vuelo - José Luis Alvite

Me dijo de madrugada un tipo en el 'Savoy': "¡Qué extraña cosa es el éxito! Me iban bien el cuerpo y los asuntos. Todo ocurrió muy rápido. Triunfas y te envaneces. Así son las cosas, amigo un día levanté los pies del suelo para volar alto. ¡Joder, Al, muchacho!, cuando quise volver y apoyarme, ya no estaba el suelo. Creía haber sido feliz. Fue un error. De regreso a la nada, descubres que la vida sólo es el tiempo que tardas en morir". Se llamaba Winnie Loman y al final de sus días, una mano en cada bolsillo era todo el efectivo que llevaba encima. ¡Pobre Winnie! Le costó aceptar la nueva y terrible realidad. Vivía en los alrededores de las afueras de la ciudad y cuando le falló definitivamente la salud mental, el psiquíatra le recomendó un sastre en Queens que cosía las americanas con los bolsillos en la espalda. La última noche que le vimos por el 'Savoy', le dijo al jefe: "¿Sabes, Ernie, muchacho?, nada, nisiquiera la eternidad, dura eternamente. En los mejores momentos de mi vida me sentía tan fuerte, tan eterno, que llegué a creer que alguien como yo sólo podría morir de un subidón de salud. Eso crees, amigo, pero estás equivocado. Tarde o temprano descubres que estás tan débil que te costaría sostener una paloma en vuelo. Hace días me reencontré con un amigo de la infancia, de cuando en Brooklyn las esquinas estaban sin doblar. También estaba de regreso del éxito y nada más tocar las estribaciones del puto suelo, se le descubrió un cáncer. Esa mañana que me crucé con él, me dijo que le quedaban dos docenas de pasos en cada pie. En su rostro se demacraba la trágica albañilería de la posteridad ¿sabes?, y mi viejo amigo de cuando en Brooklyn aún nadie había doblado las esquinas, me juró que estaba tan débil que se cortaba el pelo para tenerse en pie". Lo último que supe de Winnie Loman fue que falleció en el 74. Un amigo común que se había cruzado con él días antes de morir, me dijo de madrugada en el 'Savoy' que al pobre Winnie le quedaba en los pulmones el aire justo para expirar.