lunes, 14 de abril de 2014

La receta ‘mágica’ de la sanidad pública - Domingo Soriano

La receta ‘mágica’ de la sanidad pública - Domingo Soriano
La siguiente es la historia real de una familia española: "Todo comenzó el pasado mes de septiembre. Esta familia tiene tres miembros: padre, madre y un hijo de un año y medio. Todos ellos tienen contratado un seguro médico privado. Al poco de cumplir un año, los padres detectaron que el niño dormía peor, tenía diarreas y ciertos problemas para hacer la digestión. No parecía nada grave, pero acudieron a su médico de cabecera. Les pidió unos análisis y los resultados apuntaron a una posible alergia/intolerancia al huevo y la leche.
Al parecer, su caso no era preocupante, les dijeron que lo normal es que poco a poco el cuerpo del niño fuera tolerando mejor estos alimentos. Mientras tanto, les recetaron una leche especial, pero bastante cara: según sus cuentas, les saldría a unos 100-150 euros al mes, incluso aunque el niño ya comía sólido y sólo tomaba uno o dos biberones al día. Eso sí, la sanidad pública cubre este tipo de alimentos hasta los dos años, con lo que teóricamente podrían ahorrarse esa cantidad.
Hasta ese momento, habían realizado a través de su seguro médico todo el proceso, que duró en total unas dos semanas. Entonces, pidieron cita con el pediatra de la sanidad pública. Su intención inicial era, simplemente, que les recetasen la famosa leche. Ya sabían que el niño era alérgico. Tenían el diagnóstico. Y conocían la solución. De hecho, en su primera visita, el pediatra de la sanidad pública confirmó todas estas circunstancias. Miró los análisis, comprobó los valores y certificó que, efectivamente, el niño tenía un problema con estos alimentos. Pero había un inconveniente: "La receta la tiene que sellar el inspector. Y para que os la selle, las pruebas se las tiene que hacer en la Seguridad Social". El padre se sorprendió: "¿Es que no es fiable el laboratorio que utiliza mi seguro médico?". "No, en absoluto, seguro que los datos están bien", le respondió la pediatra (por cierto, extraordinariamente amable y profesional), pero es que el procedimiento "es así".
• En esta tesitura, pidieron hora con el especialista-alergólogo de la pública. Se la dieron… para dos meses después. Mientras tanto, la leche se la pagarían ellos.
• La cita no era para hacer las pruebas. Simplemente serviría para que el especialista dictaminara qué análisis había que hacer. Y el alergólogo pidió los mismos análisis que ya había hecho el seguro meses antes.
• Por lo tanto, había que pedir cita para estas pruebas. En su hospital de cabecera no había sitio hasta varios meses más tarde. Así que siguieron buscando hasta que encontraron un hueco en otro centro para sólo unas semanas más tarde.
• Así, más de tres meses después de saber que su hijo era alérgico, estos padres se pasaron una mañana en un hospital para que le hicieran unas pruebas cuyos resultados ya conocían. Les dieron los nuevos datos. No hubo sorpresas. La sanidad pública certificó que el niño no toleraba bien la leche y el huevo.
• Pidieron cita de nuevo con la pediatra, que les recetó la misma leche que llevaba tomando desde casi cuatro meses antes. Unos días después, el inspector selló el volante y, por fin, pudieron acudir a la farmacia con su receta".
Hasta aquí los hechos. Habrá quien diga que tampoco es tan grave. Hablamos de tres-cuatro meses de espera y para una dolencia menor. Además, estos padres pudieron hacer frente a los 100-150 euros mensuales de la leche sin demasiados problemas. Cada día vemos en los periódicos historias mucho más terribles, sobre personas con dolencias que les impiden hacer una vida normal y a las que les han dado cita para dentro de 15 ó 16 meses o ciudadanos que han desarrollado una enfermedad grave por un diagnóstico tardío. Lo relevante de la peripecia de esta familia es que es un ejemplo muy bueno de muchos de los males que aquejan a nuestro sistema público.
- Quizás sea lógico que la sanidad pública quiera realizar una comprobación de unas pruebas que no ha hecho pero, ¿de verdad hacen falta todos estos procesos para certificarlo? ¿durante casi cuatro meses? ¿cuánto le costó al sistema público repetir las pruebas? ¿cómo influye esta burocracia en las listas de espera?
- Por otro lado, este matrimonio tenía recursos y un seguro privado. Ahora, imaginemos a una familia con un poder adquisitivo más limitado. Ellos no saben que su hijo es alérgico, porque no tienen una sociedad privada que le haya hecho las pruebas. Sólo ven que el niño tiene pequeños problemas estomacales (hay que recordar que los síntomas eran leves). Irán al pediatra, que con suerte les mandará al alergólogo, que pedirá las pruebas, para volver con ellas al pediatra y que le receten la leche. Este proceso, que debería hacerse en unos días, se demorará ¡cuatro meses! Y eso si se preocupan de buscar un hueco, porque en su hospital de cabecera el tiempo de espera era mayor. Durante ese tiempo, le habrán estado dando a su hijo un alimento que es malo para su salud. Y hablamos de una cuestión menor. Pero, ¿qué pasa con los pacientes con enfermedades graves (quizás no diagnosticadas) encerrados en este laberinto burocrático?
- Habrá quien piense que quizás el problema fue de la pediatra, el inspector o el alergólogo. Nada más lejos de la realidad. Todos aquellos con los que esta familia se cruzó en su periplo por la sanidad pública les trataron con una enorme profesionalidad. Algunos, como la pediatra, fueron además muy amables y cariñosos. Pero ninguno podía hacer otra cosa. El procedimiento es el que es.
- Quizás alguien crea que el paso a eliminar es el del inspector. ¿Por qué esa exigencia burocrática? El caso es que también en los seguros privados hay numerosas pruebas que necesitan de una autorización. Además, parece lógico, en un momento de costes crecientes e ingresos menguantes, que la sanidad pública controle sus gastos.
Hay una pregunta clave que todos nos deberíamos hacer: por qué tantos españoles tienen un seguro médico privado, si en teoría podrían disfrutar de los mismos servicios gratis. La respuesta reside en los incentivos de todos los que participan en el proceso.
En un hospital privado, los incentivos son claros: ofrecer el mejor servicio posible (para que el cliente siga asegurado) al menor coste (para obtener beneficios). Todos, desde el médico de medicina general, al inspector, a cada uno de los especialistas, están alineados dentro de este sistema. Claro, habrá fallos, como en cualquier organización humana, pero los incentivos los empujan en la buena dirección. Esta familia nos cuenta cómo las confirmaciones a las pruebas se dan por teléfono o internet y apenas unos minutos después de solicitarlas. Las citas se distribuyen para que sean más cómodas para el cliente y eficientes para el hospital: por ejemplo, si tienen unas pruebas y es posible, les citan a las 10.00 para hacérselas, a las 10.30 para darles los resultados y a las 11.00 para que vean al doctor que les dará la receta. El paciente está satisfecho (pierde una mañana, no tres) y la aseguradora, encantada (es mucho más barato hacerlo así).
Mientras, el sistema público es presa de sí mismo. El pediatra, el alergólogo, el inspector… Todos los protagonistas de esta historia hicieron lo que debían, seguir el procedimiento. Y éste está diseñado para controlarles. El objetivo no es tener contento al paciente (aunque la mayoría de los profesionales se esfuerzan porque así sea), sino cumplir con un modelo diseñado desde arriba. Nadie tiene tampoco ningún incentivo en cambiar un proceso que se demuestre ineficiente, ¿qué gana un médico enfrentándose a su superior por una receta? ¿Qué le importa a un gerente de un centro de salud si un usuario está descontento? La sensación es que las personas son buenas en su trabajo; el sistema, nefasto.
Y no es sólo cuestión de hospitales o médicos. Pensemos en los pacientes y en sus propios incentivos. Esta familia tiene ciertos copagos en su seguro para servicios especiales. Plantear esto en la sanidad pública sería motivo de excomunión para cualquier político español.
Por otro lado, ¿tiene sentido que a este matrimonio (que afortunadamente tiene recursos económicos) le salga totalmente gratis esta leche especial? ¿Por qué todos los jubilados, ya sean millonarios o cobren la pensión mínima, tienen el mismo descuento en los medicamentos? ¿Podemos mantener este sistema?
La sostenibilidad financiera de la sanidad pública es uno de los grandes retos que tenemos por delante como sociedad. Los costes serán crecientes por el envejecimiento de la población: los estudios apuntan a que en el año 2025, tratar a un paciente de menos de 65 años costará unos 2.200 euros (a precios constantes de 2010). Para los que tengan entre 65 y 79, esta cantidad se multiplica por cuatro, hasta los 8.570 euros. Para los que tengan entre 80 y 94 años, el coste será de 15.000 euros (siete veces más que al paciente convencional). Y para los mayores de 95 el coste será de 28.500 euros (catorce veces más).

No existe una solución fácil. Pero sí hay muchas opciones para que los incentivos de los involucrados en el sistema público estén mejor alineados: permitir a los pacientes escoger doctor y retribuir a estos en función de la valoración de aquellos; dar libertad a hospitales y centros de salud públicos para organizarse y controlar sus procesos, y premiarles según sus resultados sanitarios y económicos; mejorar la colaboración con las aseguradoras privadas, para beneficiarse de los recursos que éstas emplean (creerse sus pruebas, por ejemplo); incentivar al usuario a que no malgaste los recursos,… Eso sí, hay que dejarle claro al ciudadano que no hay una receta mágica. De hecho, sería un milagro que la consiguiésemos en menos de los cuatro meses que tardó esta familia en tener la suya.

sábado, 12 de abril de 2014

Cómo dejar de fumar - Tino Pertierra

Cómo dejar de fumar - Tino Pertierra
Sofía: "Mis grandes decisiones siempre han nacido de pequeños gestos. De momentos sin importancia en los que una certeza se abre paso sin previo aviso y cierra la puerta a algo que creía inamovible. De fogonazos de lucidez que apagan fuegos fatuos. Por poner un ejemplo de algo que sólo me ha traído ventajas: dejé de fumar de un segundo para otro. A que suena admirable. Mis amigas, que fuman como si les fuera la vida en ello, sin darse cuenta de que es tristemente así, me envidian.
Me quité de encima ese absurdo vicio sin beneficio gracias a un espejo. Nada de parches ni hipnosis ni pastillas ni chicles. Un espejo. Ocurrió como quien no quiere la cosa, aunque la desease en el fondo de su ser con todas sus fuerzas: un día estaba esperando a mi desesperante exmarido en una cafetería del centro fumando el décimo cigarrillo del día (aún estaba permitido hacerlo) cuando levanté la vista de la última página del periódico y me vi reflejada en el cristal. No me vi más interesante ni más glamurosa por tener aquel pitillo entre los dedos, no me sentí más tranquila ni más segura de mí misma. Me vi... ridícula. Sí, ridícula con ese trozo de papel y tabaco en una mano y echando humo por mi boca. Y, como ocurría con el noventa por ciento de los pitillos que quemaba diariamente, ni siquiera era consciente de lo que estaba respirando. No había placer en ello. Ninguno. Era sólo un gesto mecánico, inconsciente, una esclavitud camuflada de goce, una libertad encadenada a un hábito que no me había planteado colgar nunca. Y dejé de fumar ese mismo día sin más remedio que aquella poderosa y avasalladora sensación de ridículo.
De aquella no existían los cigarrillos electrónicos pero tampoco los hubiera necesitado porque la sensación habría sido la misma: una mujer de mediana edad echando vapor por la boca con algo de mentira entre los dedos mientras imagina que es de verdad. Anda, como mi ex".

viernes, 11 de abril de 2014

Mis cinco trucos para la felicidad en el matrimonio - S. McCoy

Mis cinco trucos para la felicidad en el matrimonio - S. McCoy
En 2010 asumí un compromiso anual con todos ustedes que procedo a cumplir. Sepan que les voy a hablar de temas personales que poco tienen que ver con el contenido habitual de Valor Añadido. De ahí que, quien continúe leyendo a partir de este punto, lo hace a su riesgo y ventura. Quedan avisados: para pasar de este primer párrafo hay que quitarse el gorro económico y renunciar expresamente al derecho al pataleo. Luego, no se me quejen.
Se trata de un post de carácter excepcional cuya recurrencia está exclusivamente justificada por la cantidad de veces que me habla de él, a lo largo del año, gente que lo ha leído. Y sólo para bien, gracias a Dios. Nació como fruto de un encuentro con un ex-CEO del Ibex, ahora amigo (les recomiendo la lectura del tercer y cuarto párrafos de esa primera edición), y se consolidó al calor de una experiencia personal que me dejó pasmado y me reveló el potencial valor humano de esta columna, el único que a un servidor realmente le importa (aquí la del 2010). Sic transit gloria mundi.
Estoy hablando de mis Cinco Trucos para la Felicidad en el Matrimonio. En esta ocasión se los presento a las puertas de la Semana Santa, momento vacacional para muchos y oportunidad para redescubrir tantas y tantas cosas en la pareja que han quedado en el recuerdo con el paso del tiempo, enterradas por el agobio del trabajo, la rutina del amor y el cansancio de los hijos. La estadística se empeña en demostrar que es época de conflictos. Pienso más bien lo contrario: que, si se quiere, es tiempo de concierto, de reencuentros, de renovada ilusión.
Aunque sea un servidor el que pone la firma, Sonia y yo somos coautores del texto. Ella, que fue mi mejor amiga primero, mi pareja luego, mi esposa después y mi compañera ahora. Madre de mis cinco hijos. Lo es todo para McCoy: la dueña de sus secretos, el sueño de su descanso, un oasis en su desierto; fortaleza, pilar, roca. Nunca un hombre aspiró a más ni una mujer a menos. Vivimos siempre juntos y moriremos juntos y allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos, ¿verdad, peque? Si con la pieza de hoy podemos ayudar a que la vida en común de alguien sea mejor, bienvenido sea el oprobio, el rechazo o la crítica de los de siempre.
No me enrollo más. Les dejo (casi) con el mismo contenido de cada año, adornado con la letra de la canción de Nacho Cano "Vivimos siempre juntos" que, para nosotros, es más que simple música y texto. Felices vacaciones a todos. Yo me despido de ustedes hasta el lunes 21, si Dios quiere.
1. Mi mujer sigue siendo mi mejor amiga; lo era antes de casarme con ella y lo sigue siendo casi quince años después. Es un sentimiento recíproco. Nunca he tenido la necesidad de contarle algo a otra persona antes que a ella. Es verdad que el amor conyugal va más allá de la mera amistad, pero gran parte de los matrimonios se hunden por la falta de comunicación, incluido el aspecto sexual. No hay que olvidar que la confesión, hablar, es previa a la comunión, actuar. Es el primer test que hay que realizar. Las cosas se complican si el afecto se limita a los momentos de pasión.
2. Siempre hemos pensado que el secreto del amor perdurable radica en ensalzar lo bueno de la pareja y aceptar lo malo. Exactamente lo contrario a lo que ocurre en muchos matrimonios, especialmente conforme va pasando el tiempo. No está mal pararse a reflexionar sobre las virtudes y defectos del cónyuge, una vez transcurrido el periodo de EMT, enajenación mental transitoria. Sabiendo el terreno que se pisa, es más difícil caer en una zanja. Y, de partida, el hombre y la mujer, caso que nos ocupa, son esencialmente distintos en sus motivaciones, afectivas unas y racionales otros, y en las formas en las que se manifiestan. Cosas de la naturaleza. Llenamos el caldero de risas y salero, con trajes de caricias rellenamos el ropero.
3. Una de las máximas que nos impusimos desde prácticamente el inicio de la relación es no irnos a la cama disgustados el uno con el otro. Se trata de un campo de batalla demasiado pequeño como para salir bien parado: la victoria es ínfima y, sin embargo, la derrota demasiado dolorosa. Saber pedir perdón con independencia de que la razón esté o no de tu parte es clave. El amor se sublima en la donación, pero se alimenta con la renuncia. Y el perdón es una puerta de entrada inmensa a la reconciliación. Lo contrario termina conduciendo a la falta de respeto, algo que hay que cortar de raíz ya que sólo va a más y nunca a menos, resultado muchas veces de una frustración no comentada a tiempo. Subimos la montaña de riñas y batallas, vencimos al orgullo sopesando las palabras. Pasamos por los puentes de celos y de historias, prohibimos a la mente confundirse con memorias.
4. Las grandes cimas se conquistan paso a paso. Lo mismo ocurre con el amor matrimonial. Es un jardín que hay que regar todos los días si no queremos que se seque. Los atracones son pan para hoy y hambre para mañana. Se trata de cuidar los pequeños detalles que no han de derivar en mercantilizar la relación. Cuidado con esto. No son muchas veces cosas las que hacen falta, sino gestos, caricias, abrazos, compañía; sensación de sentirse querido, de ser la prioridad. Que en el trade off familia-trabajo la primera tenga la sensación de que vence, aunque sea por la mínima, por poner un ejemplo de aplicación colectiva que servidor también ha de poner en práctica más a menudo, abducido, como está, por esta columna diaria. Nadamos por las olas de la inercia y la rutina con ayuda del amor. 
5. Por encima del afecto a nuestros hijos (hicimos el aliño de sueños y de niños, pintamos en el cielo la bandera del cariño), en nuestro matrimonio prima el amor que sentimos recíprocamente como pareja. Al final los hijos han llegado para irse de nuestro lado, antes o después. Es ley de vida. Les dedicamos nuestros mejores años para que ellos a su vez, llegado el momento, dediquen lo mejor de su vida a sus propios chicos. Nuestros cinco vástagos –Nacho 13, Javier 12, Borja 10, María 7 y Pablo 5– son siempre lo segundo en nuestro árbol de decisión, a mucha distancia de lo que conviene a la estabilidad de nuestra unión. Esa vorágine en la que ha entrado el mundo moderno, en el que no hay espacio para los cónyuges por la plétora de actividades de la progenie es absurda. Hay que tener presente que todo lo que no se cuida, se pierde, salvo los propios hijos que, aun llenos de atenciones, terminarán por partir en busca de su propio destino. Nos hemos casado con nuestro marido/mujer, no con los frutos de ese matrimonio que no pueden convertirse en refugio de la propia infelicidad. 
No te sueltes la mano, que el viaje es infinito y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo. Y llegará el momento en que las almas se confundan en un mismo corazón. Ojalá.

Cómo estirar la batería del iPhone: mitos y verdades - José Mendiola

Cómo estirar la batería del iPhone: mitos y verdades - José Mendiola
Se han escrito infinidad de artículos sobre la duración de la batería del iPhone, y es que en ocasiones, este elemento tan vital para un móvil se convierte en un misterio insondable en el que no hay un acuerdo general: ¿por qué un día me aguanta sin problemas y al siguiente muere a media mañana? ¿Es verdad que tengo que desconectar el Bluetooth? ¿Y el WiFi? ¿Hay que cerrar las aplicaciones cada vez que se deja de utilizar una?
Hay mucho de mito y mucho de verdad en lo referente a la batería del iPhone, y un exempleado de Apple que ha trabajado a pie de calle durante dos años, ha redactado una guía sin tapujos basada en la experiencia que otorga atender a clientes a diario por este asunto, y en la que acusa a ciertas aplicaciones y servicios de ser las culpables del agotamiento de las baterías.
Esta semana, un exempleado de Apple, Scotty Loveless, ha plasmado negro sobre blanco la realidad de la batería del iPhone y cómo sacar chispas de la misma
Hasta ahora, las guías que aconsejan sobre cómo optimizar la vida de la batería eran muy generalistas, algunas incluso con recomendaciones erróneas o basadas en falsos mitos, mientras que otras se cuidaban de ser políticamente correctas y evitar apuntar con el dedo acusador a ciertos productos o servicios. Pero todo esto ha cambiado esta semana cuando un exempleado de Apple, Scotty Loveless, ha plasmado negro sobre blanco la realidad de la batería del iPhone y cómo sacar chispas de la misma. Su testimonio no es baladí: el avalan dos años como empleado Genius (aquellos con camiseta azul que se encuentran en las tiendas oficiales de la casa) y como él mismo reconoce, su "espíritu nerd".
Lo bueno del artículo de Loveless es que ya no trabaja para Apple ni se debe a nadie, con lo que su testimonio no está de ninguna manera condicionado y se basa en su experiencia. Pero antes de proceder con los consejos y derribar los mitos, hemos contactado con Apple que ha remitido a Teknautas los consejos sobre optimización de la batería del iPhone y no sólo coinciden en muchos puntos con los de Loveless, sino que además ofrecen algún dato adicional que hay que tener en cuenta. ¿Cuáles son los mitos y cuáles los consejos realmente efectivos para incrementar la duración de la batería?
Mitos
- Desactivar el WiFi aumenta la duración de la batería: es falso, y curiosamente sucede justo al contrario. iOS está muy optimizado y el WiFi permanece desactivado en todo momento de forma automática salvo que hagamos uso del móvil. De hecho, es el primer consejo que da el propio fabricante para optimizar la batería del móvil, ya que como apuntan, "de esta manera las tareas que necesitan acceder a datos consumirán menos batería".
El fabricante de Cupertino nunca ha dado importancia a las aplicaciones que quedan abiertas en segundo plano y por un motivo: el sistema operativo gestiona los recursos de forma automática, de forma que éstas permanecen en modo latente pero sin consumir recursos
- Cerrar las aplicaciones que no utilizamos: el fabricante de Cupertino nunca ha dado importancia a las aplicaciones que quedan abiertas en segundo plano y por un motivo: el sistema operativo gestiona los recursos de forma automática, de forma que éstas permanecen en modo latente pero sin consumir recursos. Salvo algunas excepciones que veremos más adelante. Este extremo lo destaca Loveless y va aún más lejos: cerrar y abrir aplicaciones consume de hecho más recursos. El exempleado recalca que iOS se encarga de cerrar de forma automática determinadas aplicaciones si se queda sin memoria, con lo que no tiene sentido cerrarlas a mano.
- ¿Desactivar el Bluetooth? Un fabricante conoce mejor que nadie qué elementos afectan el consumo de la batería de sus equipos, y curiosamente, Apple no menciona en ningún momento en su detallada guía otra de las bestias negras en la mayoría de las guías: el Bluetooth, con lo que deducimos que su impacto en el consumo de la batería es mínimo y no merece la pena desactivarlo si hacemos un uso frecuente del mismo.

Medidas que realmente funcionan
Loveless va directo al grano y por descontado, también lo hace Apple, detallando qué medidas puede adoptar el usuario para conseguir una duración óptima de la batería. Son las siguientes:
- Actualizar el sistema operativo del equipo a la última versión: parece de perogrullo, pero siempre hay usuarios remolones que esperan varios meses a actualizar, o también los que desconfían de las nuevas versiones y prefieren la prudencia antes de dar el salto. Hay que tener en cuenta que en las nuevas versiones ha trabajado un equipo de expertos corrigiendo errores, solucionando problemas de seguridad y por descontado, optimizando el rendimiento. Lo destacamos porque Apple lo sugiere como primera medida para alargar la duración de la batería.
El exempleado de Apple utilizó un software que monitorizaba la actividad del móvil en segundo plano y descubrió que Facebook protagonizaba el grueso de la actividad pese a no estar siendo utilizado
- Facebook: habíamos adelantado que Loveless no se cortaba y ha puesto nombre y apellidos a algunos de los causantes de la corta duración de la batería y la red social de Zuckerberg protagoniza en lugar preeminente, la lista. Hay que destacar que no se trata de su uso en el móvil, sino de las actualizaciones en segundo plano.
El exempleado de Apple utilizó un software que monitorizaba la actividad del móvil en segundo plano y descubrió que Facebook protagonizaba el grueso de la actividad pese a no estar siendo utilizado. Desactivó su uso en segundo plano y los efectos fueron inmediatos: "nunca había visto esto en un iPhone antes", escribió. Para desactivarlo tenemos que hacer dos cosas: ajustes/privacidad/localización y desactivar Facebook, y también en ajustes/general/actualización en segundo plano, recordando hacer lo propio con Facebook Messenger, y ya de paso el exempleado recomienda desactivar todos aquellos servicios que no utilicemos.
- Ajustar convenientemente el brillo de la pantalla: es una solución que propone tanto Apple como el autor de la guía, y ambos coinciden que lo mejor es dejar que el sistema determine el brillo óptimo dependiendo de la iluminación ambiental. El iPhone ajustará de forma eficiente la iluminación de la pantalla con la información proporcionada por el sensor que equipa.
Desactivar las notificaciones de las apps que no se usen: si tiene hijos es fácil que hayan usado su iPhone y hayan instalado multitud de juegos de forma que puede saltarnos un aviso de Candy Crush o similar en plena reunión
- Desactivar las notificaciones de las 'apps' que no se usen: si tiene hijos es fácil que hayan usado su iPhone y hayan instalado multitud de juegos de forma que puede saltarnos un aviso de Candy Crush o similar en plena reunión. Esto, además de ser un incordio, consume recursos, y por ello Loveless recomienda ir a ajustes/notificaciones y especificar de qué aplicaciones queremos recibir los avisos y desactivar el resto.
- ¿Poca cobertura? Activar el modo avión: cuando estamos en una zona con poca cobertura, el móvil intenta compensar la misma manteniéndose conectado a la escasa señal y esto obliga a consumir más batería. Si estamos en una zona en la que no podamos contestar llamadas dada la escasa señal, conviene activar el modo avión y evitar esta pérdida innecesaria de batería.

- Calibración de la batería: el sistema operativo debe conocer en todo momento cuál es el máximo y mínimo de batería existente, pero con el uso estos límites son más difusos y comprobamos cómo la batería nos dura súbitamente menos. Antes de determinar que la batería está en sus últimos estertores basta con hacer una calibración de la misma: algo tan sencillo como dejar que se agote por completo, para luego hacer una carga de varias horas (toda una noche, por ejemplo) y lo más probable es que veamos solucionado este problema.
Loveless defiende su guía como 'definitiva' y echa por tierra muchos de los trucos que circulan por la red consistentes en desactivar prácticamente todo y quedarse con lo mínimo para estirar la vida de la batería del iPhone
Loveless defiende su guía como "definitiva" y echa por tierra muchos de los trucos que circulan por la red consistentes en desactivar prácticamente todo y quedarse con lo mínimo para estirar la vida de la batería del iPhone. Esto parece un sinsentido para un móvil de este precio y sería equivalente a comprarnos un Porsche para luego evitar los peajes en aras del ahorro.

Por último, el locuaz exempleado da un último consejo a los usuarios, y a buen seguro que harto de verles pasar por la tienda durante años: "desactivar el indicador de porcentaje de batería restante", en clara alusión a la obsesión compulsiva. Y lo sentencia con una frase: "deja de flipar y disfruta de la vida".

jueves, 10 de abril de 2014

Yo pecador me confieso (con intención de reincidir) - Nacho Mirás Fole

Yo pecador me confieso (con intención de reincidir) - Nacho Mirás Fole

Si me abandonaran las fuerzas como lo hace la meteorología, a estas alturas del cáncer sería uno de los cadáveres más calvos del cementerio. Es curioso: en este intermedio de la guerra todavía sigo sin saber si el ánimo es lo que tira del tratamiento o si, al dar resultado la física y la química, la moral te sube como efecto secundario. Nadie sabe darme razón colegiada, pero lo cierto es que el ánimo pinta mucho en este documental en el que no hay día que no me sienta como Bear Grylls comiendo churrasco de culebra en otro episodio de El último superviviente. Un día tras otro, aquí, en el Discovery Max de la oncología médica.

En estas tinieblas perpetuas en las que vivimos instalados en la capital de Galicia, y que han contribuido -no hablo por hablar- a que se vengan abajo más compañeros de lucha de lo que sería normal, ayer Santa Clara nos dio una tregua que nos está cobrando el día después en litros por metro cuadrado. ¡Rencorosa, carallo!

Voy a ser sincero: nunca me ha caído bien una santa que solo te fabrica un anticiclón si le pagas en huevos un impuesto revolucionario. ¿Me quiere decir que la máquina de quitar nublados funciona con tortilla? ¿Y si se pasa al gas natural, señora? ¿No ve que el combustible gallináceo no tiene octanaje? ¡Piense en el colesterol de sus monjas! Entre su racaneo de rayos ultravioleta y su jefe sulfatando enfermedades a gente que no las merece, se están coronando allá arriba. Voy a consultar con Buda, no vaya a ser que tenga mejores precios. El día 15 vuelvo al oncólogo y en nada ya le estoy dando de lo lindo al Temodal, ese citotóxico que envenena las células por aspersión y que me desgasta los linfocitos. Una cosa le digo, Santa Clara: pare ya de tocar los huevos con los huevos, hágame el favor.

El de ayer fue un día enorme no solo porque brilló Lorenzo. Compartí un paseo largo con una de esas personas talismán que me voy encontrando de repente en este vídeo juego basado en hechos reales. Me parece como si detrás de toda esta película de la que soy protagonista a la fuerza un programador inestable hubiera ido colocando, escondidas en algunas pantallas, vidas extras que me ayudan a continuar. No son muchas, pero son fundamentales para que siga la partida. Gracias, madre de familia numerosa. El Game Over no es una opción.

Voy a confesar algo, neurocirujanos implicados que sé que me leen: ya les he dicho que llevo un ruido entre las piernas desde la adolescencia. Y no son gases. Ayer ya no pude más, me fui al garaje, arranqué de una patada mi Vespa 150 Sprint de 1966, me cubrí la cicatriz y las placas de titanio que me cierran la cabeza con el casco, metí primera y salí al espacio exterior disfrazado de Calimero. Cuando quise darme cuenta estaba en Recesende, en los dominios de mi amigo Martiño Noriega, alcalde de Teo. A marce ingranate dalla prima alla quarta. Hicieron mal en no extirparme con el tumor el ruido. No se hacen una idea, doctores, de lo que siente uno de 42 montado sobre una de 48 por la carretera de Cacheiras, libre, sano, como cuando el único cáncer de mi currículo era el 4 de julio.

En la moto del tiempo llegué a casa de uno de los amigos que merecen podio: Xoán A. Soler, francotirador del fotoperiodismo y uno de los tipos que más ha sabido estar a la altura de mis circunstancias. Y de allí nos marchamos a visitar a Zapatones, el popular peregrino del Obradoiro, el tipo más retratado de Galicia. A Zapa lo atropellaron hace unos meses en Melide, cuando salía de una pulpería. Le rompieron las dos piernas y todos los dientes. Cuando lo vi en Urgencias, vendado hasta las orejas, Juan Carlos Lema Balsa, que así se llama, era la viva imagen de Tutmosis II a punto de ser depositado en el Valle de los Reyes.

¡Vaya cambio! Ayer tenía mejor aspecto que mucha gente sana. Es otra persona, por dentro y por fuera. Y confío en que pronto vuelva a su sala de estar del Obradoiro para dejarse querer por los peregrinos japoneses y por los políticos gallegos. La transformación de la momia de Zapatones en Juan Carlos es producto del cariño de quienes lo cuidan en su cuartel general de Teo. He vuelto maravillado de un lugar en el que no me importaría retirarme yo mismo dentro de cuarenta años, a la sombra del olmo gigante. Sé muchas cosas de la vida de Zapatones y de sus circunstancias. En otra entrega os dibujo un perfil. Me tomo muy en serio que me considere amigo de verdad: “Te tengo presente -me dijo- cada vez que me pongo la bata de casa que me regalaste”. Me gustó ver en su armario, colgado y planchado, el hábito marrón que transforma al ciudadano Juan Carlos en el súper héroe Zapatones.

Por hoy paro, que me van a acabar cobrándome desgaste de silla en el Tosta e Tostiña. Dentro vídeo, con cariño, como un árbol carnal, generoso y cautivo, para mis neurocirujanos: LùnaPop, Vespa Special.

La ratonera - Raúl del Pozo

La ratonera - Raúl del Pozo
Los antisistema de Ginsberg fueron devorados por la verga y la trementina. «Se arrastraban por las calles de los negros en busca de un pinchazo, follaban en la hierba de los parques públicos o en los cementerios, cruzaban las noches hambrientos en busca de sexo o drogas».
Ahora, los del rock duro, los del folk rock, los de la canción protesta se han duchado y se hacen millonarios con la denuncia y el sadismo. Insultan con música en voz muy alta, como los que ignoran la duda para conectar con la ira de la calle. Sólo insultan sin cobrar los oblicuos lobos de la Red, y no todos.
«No sé cómo duermes por la noches, estúpido farsante, si mientes más que hablas», le dice Amaral a los políticos en su nuevo tema, titulado Ratonera. No han reflexionado en que en un escenario sin políticos el plató sería ocupado por abogados del Estado, tecnócratas de negro, banqueros desalmados o quizás marcianos. Dar caña, ser docto en pullas, usar pluma de buitre es muy rentable y, normalmente, útil.
De la execración no se salva nadie y menos que nadie los periodistas, como declara Sergio Martín, nueva estrella de televisión, director de 24 horas.
Amaral, en el nuevo vídeo-panfleto, saca a Rubalcaba descalabrado. Ya le dieron un corte al dirigente del PSOE cuando éste los citó en un mitin diciendo aquello de «sin ti no soy nada». Le contestaron: «No me toques los huevos». Ahora lo sacan en la careta del disco con un ojo morado.
En las viñetas de Alberto González, aparecen magullados y descangayados Rajoy, ZP, Gallardón, Bono , Rosa Díez y otros. Yodo con gasas en la cara, como víctimas de la violencia machista. Artur Mas sale como un sin techo; Aznar, como un sin papeles; Felipe González, como una acordeonista clochard. El insulto es la síntesis del pensamiento español. Dicen que no hay lisonja sin puñalada, pero en el otro extremo hay pocos insultos apoyados en pruebas y los políticos que son víctimas incitan a comer infamias.
Francesc Homs ha declarado que Rajoy se comportó en el debate como si los catalanes fueran el servicio y el presidente, el señorito. A este paso, necesitarán escamots y nosotros, antidisturbios. Homs, hombre inteligente, ha recaído en el tópico del señorito centralista, de cortijo o de casino. Resumió la tarde como una bofetada a Cataluña. Sólo le faltó decir que Rajoy toma el arroz del señorito, sin huesos y sin espinas, que no inventó un gallego ni un madrileño, sino el barcelonés Parellada.

Los jefes de la insurrección se han quedado en Prat de la Riba y yo espero que un día llegaremos a una sociedad avanzada, donde la demagogia sea delito.

miércoles, 9 de abril de 2014

Parir por whatsapp - Carmen Rigalt

Parir por whatsapp  - Carmen Rigalt

ALGUNAS noches salto de la cama y me dirijo a la cocina. No soy yo la que se despierta, pues mi cabeza sigue dormida, pero actúo como si obedeciera órdenes dictadas por control remoto. Cuando me despierto ya estoy en la cocina, he conectado la máquina del café y deslizo la mirada hacia el reloj del microondas. El otro día marcaba las 5.39 de la mañana. Saqué el móvil (lo había silenciado) y ví que se acumulaban los mensajes de WhatsApp. Lo primero que me salió al encuentro fue un vídeo. Era mi nuera, que me ofrecía su barriga monitorizada y anunciaba el inminente parto.
Nunca me había encontrado con un parto en el que la propia parturienta diera paso a video. Reaccioné en segundos, el tiempo necesario para que las primeras bocanadas de oxígeno orearan mi cabeza. Si mi nuera había grabado el vídeo la noche anterior, lo más probable es que el parto ya se hubiera producido, pensé mientras los pulsos se me aceleraban como en la copla.
Mi nuera tiene gran capacidad para sorprender. Solo a ella se le podía ocurrir crear un grupo de WhatsApp para tenernos cerca en el momento de trascenderse. Yo, que a punto estuve de escapar de mis propios partos (tenía entonces 20 años y la información justita), me veía de pronto sumergida en una atmósfera dulce para suavizarles el trance a la madre y al que había de nacer. En el chat encontré a otros familiares, todos excitados y dispuestos a vivir el nacimiento como si fuera una aventura. Eran las seis de la mañana en España cuando Martín inauguraba el mediodía en Bangkok, a 10.000 kilómetros de distancia. Fue un parto coral, con los hermanos y los padres empujando desde Madrid, Valencia y México DF, y el padre (o sea, mi hijo, al que nunca imaginé de enviado especial a un paritorio) ejerciendo de maestro de ceremonias para servirnos las imágenes y los detalles del parto. Cuando Martín salió del claustro materno, el chat se convirtió en un jolgorio y hasta la madre nos ofreció unas risas por escrito para agradecer nuestra colaboración.
Parir con ayuda de las nuevas tecnologías es una pasada, sobre todo por el carácter ubicuo del acontecimiento, pero no reduce nada el dolor. De tanto empujar, yo estuve todo el día hecha un guiñapo. Ahora, el niño duerme plácidamente. Ya le he dado la teta.

Siro a José Luis Alvite


Saludo al amigo y compañero.

Querido Alvite, acabo de enterarme de que estás mal de salud y quiero decirte que lo siento mucho , muchísimo; porque te tengo gran aprecio y guardo el más grato recuerdo de nuestros trabajos a dúo. Aquellas colaboraciónes en Diario 16 son de las más queridas de cuantas hice en el periodismo. Siempre hablo de que tuve la fortuna de ser coautor de dos secciones con dos escritores amigos , a los que admiro : La titulada " Con esta lupa " en el periódico La Región ,en los años 72 y 73 , con Carlos Casares ; y la de las "Almas del nueve largo " contigo , en Diario 16. Los dos enriqueceis mi currículum .Voy a recordarla con alguna de las ilustraciones que hice para ti, y voy a contar algo que sólo tú y yo sabemos , para que los lectores de esta página puedan conocer más y mejor tu extraordinario talento de escritor.
Yo te llamaba por teléfono todos los días , a las cinco de la tarde , hora taurina , para ponernos a la faena .Tú eras el matador y yo el subalterno , por eso te preguntaba :" Maestro ,¿De qué va hoy? .Y tú , un día y otro , me respondias : - " Y yo que sé. .." Y después de unos minutos de conversación , acordabamos un tema , que yo ilustraba imaginando lo que dirías. Hasta que un día me dijiste :-"Es mejor que dibujes tú lo que quieras y yo escribo sobre lo que me inspires ".Y lo hicimos así , durante los últimos meses de nuestra colaboración. Jamás recibí mayor honra.
En muchas de las ilustraciones tú aparecías con un ojo en blanco. Nunca me preguntaste porqué , pero te lo digo ahora: Porque para quien ve tanto como tú , con un ojo le sobra .
Mira la enfermedad con esos ojos enormes que tienes , y verás como recula .Se que volverás a la radio con Carlos Herrera y que llegaremos a hacer aquella carpeta titulada "Burdel " , de la que tengo los dibujos y sólo faltan tus textos.
Abrazos.

martes, 8 de abril de 2014

Mi amigo José Luís Alvite - Siro López

Mi amigo José Luís Alvite - Siro López

Si alguien no conoce los artículos periodísticos de José Luis Alvite, está perdiendo la oportunidad de leer a uno de los escritores más dotados para el texto breve. Alvite es como uno de los bailarines de claqué, que él conoció en ese antro llamado “Savoy”, del que lleva años hablando, y que nunca existió. Un bailarín que nos sorprende en cada actuación con las piruetas más originales e inesperadas, sin salir nunca del espacio que ocuparía una baldosa. Nadie puede crear tantas y tan espléndidas metáforas como Alvite, porque él no tieen que buscarlas. A Alvite las metáforas más ingeniosas le nacen en una mina que lleva dentro, e le van saliendo en la pantalla del ordenador en cuanto posa los dedos en el teclado. Nadie creó en el periodismo un mundo tan original, ni un idioma tan rico, sin un humor tan sublime. Nadie, porque José Luis Alvite sólo hay uno.

Alvite colabora con Carlos Herrera en Onda Cero, y publica sus artículos en La Razón. Antes escribió en otros periódicos gallegos y en Diario 16, cuando perteneció a La Voz de Galicia. Para Diario 16 hicimos él y yo, diariamente, durante dos años –del 1997 al 1999-, la última página. Después, del 2000 al 2002, colaboró en el “Xatentendo.com”, suplemento de humor de La Voz de Galicia, que yo dirigí.

Ahora Alvite está enfermo y, al hacérselo saber a Carlos Herrera, vuelve a admirarnos con su humor, que es, probablemete, la forma máis difícil, pero también la más intelixente de enfrentarse a la adversidad.

He ahí la carta que envió a Carlos Herrera y que reprodujo La Razón:

“Querido Carlos Herrera. Por primera vez no puedo culpar de mi ausencia a la desidia, ni alegar que una monada ciega de Denver me salió al paso y sin motivo alguno se encaprichó conmigo. Tampoco me servirá de excusa la vieja historia de cuando era un niño muy delgado y el viento al azotar me levantaba del suelo y me cambiaba de acera, de raza y de familia. Esta vez es el cáncer, amigo Herrera, esa cosa que yo pensaba que en mi caso solo podría ser una mancha que, puesto en lo peor, haría una metástasis como de tebeo en la tapicería del coche. Cáncer de colon y cáncer de pulmón. Dos golpes en un solo mazazo. Fue algo desproporcionado, como encontrar un centollo en el interior de una almeja, pero, ¡qué demonios!, tantos años entre el humo del Savoy me enseñaron que la penumbra te salva del disgusto de que con la luz descubras que en la cola del piano no estaba sentada la mujer con la que contabas, sino el tipo impasible que viene a precintar las manos del pianista. Es una de esas veces en mi vida que la peor noticia no me la da Hacienda. ¡Que quieres que te diga!, el caso es que lo he encajado sin pestañear, no porque sea un valiente, sino, sencillamente, porque siempre supe que el mío en la vida sería un viaje en el que  inesperadamente al tren se le acabarían por detrás el humo, y por delante, las vías. No sé, Carlos, amigo mío,…estas cosas ocurren y seguro que tienen algún sentido. Dice mi oncólogo que “la situación es muy comprometida” y eso significa que mi buena suerte puede haber cambiado a peor y que la vida ya no me dará la siguiente patada en el culo apócrifo de otro hombre. No importa. Ojalá pueda volver a tu lado. Y si no vuelvo, piensa que fue solo porque me empeñé en el estúpido sueño de llegar por ferrocarril a una ciudad sin tren.

***

Saúdo ao amigo e compañeiro

Querido Alvite, acabo de enterarme de que andas mal de saúde e quero dicirche que o sinto moito, moitísimo; porque che teño gran aprezo e gardo o máis grato recordo dos nosos traballos a dúo. Aquelas colaboracións no Diario 16 son das máis queridas de cantas fixen no xornalismo. Sempre falo de que tiven a fortuna de ser coautor de dúas seccións con dous escritores amigos, aos que admiro: a titulada “Con esta Lupa” no xornal La Región, nos anos 72 e 73, con Carlos Casares; e a das “Almas del nueve largo” contigo, no Diario 16. Os dous arrequecedes o meu currículum. Vouna recordar con algunhas das ilustracións que fixen para ti, e vou contar algo que só ti e eu sabemos, para que os lectores desta páxina poidan coñecer aínda máis e mellor o teu extraordinario talento de escritor.

Eu chamábate por teléfono todos os días, ás cinco da tarde, hora taurina, para poñérmonos á faena. Ti eras o matador e eu o subalterno, por eso che preguntaba: -“Maestro, ¿de que vai hoxe?”. E ti, un día e outro, respondíasme: -“E eu que sei…”. E despois duns minutos de conversa, acordabamos un tema, que eu ilustraba imaxinado o que dirías. Ata que un día me dixeches: -“É mellor que debuxes ti o que queiras e eu escribo sobre o que me inspires”. E fixémolo así, e durante os últimos meses da nosa colaboración. Xamais recibín honra maior.

En moitas das ilustracións aparecías ti cun ollo en branco. Nunca me preguntaches por que, pero dígocho agora: porque para quen ve tanto coma ti, cun ollo lle abonda.

Olla a enfermidades con eses ollos enormes que tes, e verás como recúa. Sei que volverás á radio con Carlos Herrera e que chegaremos a facer aquela carpeta titulada “Burdel”, da que xa teño os debuxos e só faltan os teus textos.

Apertas.

Juego de enanos - David Torres

Juego de enanos - David Torres
La muerte de Mickey Rooney (157 cm.) ha coincidido en el tiempo con el auge de Tyrion Lannister (134 cm.), el enano de Juego de Tronos. Lo primero que pensé al enterarme de tan tardía defunción es cuántas veces se había muerto antes Mickey Rooney. Teniendo en cuenta que se había casado nueve o diez, una de ellas con Ava Gardner (166 cm.), le correspondía morirse por lo menos dos. La de Ava fue una boda tempestuosa y desigual, en edad y en estatura: él ya era una estrella en alza, sin necesidad de tacones, y ella acababa de comenzar su carrera en el cine, enguantada en aquel vestido negro de The Killers que cortaba la respiración. Ava nunca juzgaba a un hombre por su altura, más bien lo hacía en tres dimensiones. Durante el rodaje de Mogambo, John Ford (183 cm.) se burló de ella por liarse con Frank Sinatra (172 cm.); según Ford, Frank era un italiano esmirriado que sólo pesaba 53 kilos. Ava lo dejó bizco del parche al replicar: “Sí, pero son 3 kilos de Frank y 50 kilos de polla”.
En sus memorias, que llevan el irónico título de Life is too short, Rooney se proclama poco menos que descubridor de la sexualidad de aquella apabullante beldad pueblerina que en poco tiempo Hollywood acabaría patrocinando como “el animal más bello del mundo”. Más que un matrimonio, lo suyo fue una atracción de feria llena de altibajos (lo sé, lo sé) que no podía durar mucho y no duró. Ava se dedicó a los músicos y Rooney a lo que le echaran por delante, angustiado porque aquella pinta de chico revoltoso en que había basado su éxito se iba marchitando a medida que soplaba velas de cumpleaños. Al final le acabaron ofreciendo papeles de japonés. Truman Capote (160 cm.), que tampoco jugaba al baloncesto, se cabreaba mucho cuando recordaba todos los fallos monumentales de casting en Desayuno en Tiffany’s. No le gustaba Audrey Hepburn (170 cm.) para el papel de Holly, menos aun le gustaba George Peppard (183 cm.) y Rooney no le gustó ni un pelo: “Había un fotógrafo japonés en la novela pero, desde luego, no era Mickey Rooney”.
Los bajitos tienen una tendencia natural a mirar el mundo de abajo arriba antes de proponerse escalarlo. Es mejor que se dediquen a conquistar mujeres que a conquistar países. Mientras Napoleón (168 cm.) triunfaba en ambos frentes, Stalin (163 cm.) y Franco (163 cm.) compensaron sus respectivos desniveles con una alarmante propensión a cortar cabezas. Fernando Marías (185 cm.), que me saca casi un palmo, me explicó esta verdad elemental después de narrarme sus desventuras con un editor corto de miras: “David, los enanos nos odian”. También me contó el encuentro casi sobrenatural que experimentaron Juan Bas (que también gasta una envergadura considerable, 182 cm.) y él, al tropezar hace ya muchos años en un ascensor de Prado del Rey con Torrebruno (150 cm.). Las puertas del ascensor iban a cerrarse cuando Torrebruno hizo un esfuerzo y logró pasar de canto. Subieron dos plantas de ingrato silencio cuando Fernando vio que Juan Bas torcía la boca en una casi imperceptible sonrisa. Torrebruno, intimidado por aquellas dos moles, también debió de notarlo; en el tercer piso las puertas se abrieron y salió después de canturrear una despedida a media voz. “¿Qué estabas pensando, Juan?” preguntó Fernando, que conoce a Juan desde la infancia y sabía que debajo de aquella sonrisa no bullía nada bueno. “Estaba pensando” respondió Juan “en dar al botón de parada y decirle: Tú, tú jodiste mi infancia. Te doy venticuatro horas para abandonar el país”. Al día siguiente Torrebruno se murió.
En la niñez nunca falta un enano con el que medirse. Unos crecieron con Mickey Rooney, otros crecimos con Torrebruno, los chavales de hoy día crecen con Tyrion Lannister. Pero la corpulencia está sobrevalorada y los pequeños se quedan con las chicas más guapas. Crecer no es más que perder la perspectiva, ir puliendo el misterio de las piernas inalcanzables y los escotes inaccesibles. Mickey Rooney, Napoleón, Torrebruno y Tyrion Lannister siempre disfrutaron del sexo como una montaña rusa y un perpetuo can-can. De ellos será el reino de los cielos.

domingo, 6 de abril de 2014

A Maribel Garcíagil - José Luis Alvite

A Maribel Garcíagil - José Luis Alvite
Circula por ahí la idea de que soy un tipo huraño, evasivo, difíicil de tratar, alguien que raras veces se compromete si no es con la intención de ganar tiempo antes de salir huyendo. Me casé dos veces y hubo momentos de mi vida en los que no estaba seguro de cual sería el buzón de la ciudad en el que menos daño hiciese mi nombre. Me he perdido muchas cosas por el camino hasta llegar aquí y encontrarme con vosotras. Ayer al acabar un cigarrillo le eché un vistazo al video de Maribel y enseguida prendí otro pitillo porque sin el humo en los ojos no sabría a qué diablos echarle la culpa por haber llorado. Pensé entonces que todos los errores de mi vida al final han desembocado en el inesperado encuentro con un gupo de mujeres en cuyos corazones me siento como en casa. Supongo que seguirá circulando por ahi la idea de que solo soy un tipo áspero y desencantado que necesita el remordimeinto y el dolor para escribir. Puede que algo de eso sea cierto, pero, ¡demonios!, después de conoceros a vosotras me va a ser difícil seguir el camino sin detenerme y pensar que un hombre, cualquier hombre, incluso alguien como yo, tiene en su mano la posibilidad de desandar la calle y volver a casa, a vuestro lado, antes de que en la gramola muera la música y en la mesa haya enfriado el café. Gracias a todas vosotras. Sé que no soy el mejor hombre del mundo, pero puedo aseguraros que os devolvería el tacto a las manos con la piel de las mias. Un abrazo de vuestro amigo. José Luis Alvite

sábado, 5 de abril de 2014

El aroma de la colada - José Luis Alvite

El aroma de la colada - José Luis Alvite
Contactar con gente a través de las herramientas que ofrece internet tiene el inconveniente de que no mitiga las distancias físicas y la ventaja de que los más soñadores pueden acudir a una cita sin necesidad de cepillarse los dientes. El ciberespacio es un medio para relacionarte con personas a las que de otro modo jamás tendrías acceso. Es también un buen recurso para quienes tienen por costumbre permanecer mucho tiempo en casa y se aburren de que siempre ocurra lo mismo al otro lado de la ventana. Por otra parte, alternar en internet sentado frente a la pantalla del ordenador sale más barato que hacerlo arrimado a la barra de un bar. Aunque haya anochecido hace rato en la calle en la que vives, siempre será temprano en algún lugar del mundo. Si entras en su mundo, descubrirás que en los «muros» de Facebook hay más vida que en las calles de muchos pueblos, que el relativo anonimato hace la amistad más fácil y que, aun sin cantar, los digitales pájaros de internet vuelan por su atmósfera con sorprendente abundancia y sin la desventaja de exponerte innecesariamente a sus cagadas. Me pregunto si será bueno que la gente cierre sus ventanas persuadido por la idea de que en esa cuarentena se puede ver mejor el mundo. ¿Tan odiosa es nuestra existencia que necesitamos retraernos de ella? ¿De qué huimos exactamente? ¿De la realidad? ¿Acaso de nosotros mismos? Yo no lo sé, pero mientras tecleo por la noche en los «muros» de Facebook me asalta la duda de si la mujer a la que le envío mis mensajes no será por casualidad la chica que huye de sí misma conectada al mundo desde la penumbra casi abacial de una alcoba al otro lado de la calle. Llevo apenas unos días explorando el universo del ciberespacio e ignoro lo que esto pueda dar de sí, pero el placer que me produce encontrar amistades que jamás habría imaginado no excluye cierto remordimiento por la posibilidad de estar renunciando al agrado casi artesanal que supone asomarse a media mañana a la ventana y coincidir un instante con la señora que tiende en silencio la ropa. Me pondré en contacto con mi querida Ana Serrano en su «muro». Y le preguntaré si también ella cree que la suerte de que internet nos libere de nuestra cobardía no compensa la desgracia de renunciar a la vieja simpleza de asomarse a la ventana del patio, cerrar los ojos y aspirar juntos la odiosa peste de la realidad y el redentor aroma de la colada.

viernes, 4 de abril de 2014

El aliento de los peces - José Luis Alvite,

El aliento de los peces - José Luis Alvite, 

No me importa reconocer que he sido siempre un hombre de excesos. He amado con el mismo exceso con el que fui luego capaz de olvidar a la persona amada. Como he sido siempre un tipo muy desordenado, casi nunca fui capaz de organizar bien mis excesos, de modo que por lo general he sacado de ellos menos provecho del que había pensado. Si bien se mira, en realidad un exceso sólo lo es cuando estás fuera de control, puesto que de otro modo en vez de un exceso, sería un alarde.

En mi caso no he cometido un solo exceso en el que fuese capaz de contenerme. He sido tan tenaz para dilapidar las energías en largas noches de vida disoluta como lo fui luego para recluirme en casa y llevar durante semanas la contenida y saludable vida de un monje. A veces un exceso me lleva a sentir la nostalgia del exceso contrario, lo que explica la bipolaridad emocional que lo mismo me arrastra a tres noches seguidas sin dormir, que me recluye en casa hasta larvarme en la indolente soñolencia que me lleva a escribir con nostalgia, casi con desesperada decepción, de la limpia fertilidad de los paisajes de mi niñez.

¿Por qué será que cuando es un exceso la felicidad desemboca tan a menudo en un remordimiento? A veces con la extenuación de cualquier exceso se mezclan en mi mente el excitante instinto de la depravación y la nostalgia de la limpieza, y asoman entonces en mis textos los blandos cachorros de la bajamar morreando la playa, o esa bautismal vagina de mujer en la que creo haber deletreado con mis labios la boca pagana de la yegua que compartía el agua del río con la incandescente desnudez de mi infancia. ¡Bendita lucidez la lucidez de los excesos!

Nunca he sido tan sincero como cuando escribo en las postrimerías del agotador esfuerzo de cualquier exceso, en ese momento en el que mi conciencia tiene las mismas manchas que mis calzoncillos y en mis manos destempladas coinciden las sobras del sexo y la añoranza del pan caliente. Mientras al final de un exceso fermentan el remordimiento, el silencio y los besos, entorno los ojos con el cansancio, asomo los dedos al teclado del ordenador y sé que si no me derrota el sueño, podré recordar que cuando era niño me permitía el inefable exceso de acercarme a las orilla del Sar y me sentaba a mirar como bajaban el río las sombras de las libélulas y el aliento de los peces. (A Pepi Blanes, agradecido por su presencia bajo el compostelano sol del Obradoiro).


La majestuosa mangancia de la Junta - José Luis Roldán

La majestuosa mangancia de la Junta - José Luis Roldán
Dejó escrito Quevedo que los delitos pequeños se castigan y los grandes se coronan… y que sólo es delincuente el que puede ser castigado, y el facineroso que no puede ser castigado es señor. Alguien de la Junta, en tiempos de Chaves, debió de leer a Quevedo y se inspiró. Desde entonces, aquí se roba a lo grande; cifras galácticas que, por lo que se deduce de los sondeos electorales, no provocan en la ciudadanía andaluza ni indignación ni escándalo. La corrupción a escala sideral otorga señorío y garantiza impunidad. Eso -el señorío criminal de la Junta- lo sabe bien el fiscal superior de Andalucía, que, según el testimonio de unos valientes luchadores contra la corrupción, manifestó que en la actividad delictiva de la Junta de Andalucía se daban todas las notas que caracterizan el crimen organizado, excepto el uso de la violencia física, pero que, sin embargo, no podía abrir una causa general contra ella.
No obstante, acaba de ordenar la apertura de diligencias para averiguar cómo en sólo dos años se han evaporado 10.000 millones de pesetas de una de sus fundaciones, la que gestionaba los fondos de la formación profesional, la Faffe, hoy integrada en el Servicio Andaluz de Empleo, y sus miles de enchufados -mayormente del PSOE y la UGT- convertidos por la jeta -y por la impagable, es un decir, colaboración de un fabulador juez digital del Tribunal Supremo, que le debe los ropones al partido socialista- en empleados públicos.
Aunque personalmente nada espero de la Fiscalía en eso de perseguir corruptos, y mucho menos de los jueces, considero, no obstante, un gran avance ese gesto del fiscal superior. Recordemos que la denuncia que abrió la caja de Pandora de los ERE fue guardada por el fiscal de turno en un cajón, y nada se supo de ella hasta que la juez Alaya -singularidad judicial; ¡honra, veneración y larga vida!- se hizo cargo del caso.
Por si fuese poco, mientras Bruselas investiga el destino de otros 35.000 millones de pesetas otorgados a la Junta para políticas de prevención de riesgos laborales, la Cámara de Cuentas ha señalado en el informe de fiscalización del Servicio Andaluz de Empleo correspondiente a los ejercicios 2009 y 2010 que existen nueve supuestos analizados -que suponen otros 10.000 millones- en los que concurre responsabilidad administrativa y contable por parte de esta agencia de la Junta. El consejero del ramo (don Jozé Zánchez, conzejero de innovazión, zienzia y empreza), que, como al Pilatos de La vida de Brian, lo han puesto ahí para que el público se ría, ha soltado una de las suyas: "Ezto ez un problema de gobierno que hay que rezolverlo dentro del Gobierno"; o sea, ¡chitón! Consecuentemente, Susanita y Dieguito, las dos columnas que sostienen el corrupto régimen andaluz, han rechazado -¡en plena campaña propagandística sobre la ley andaluza de transparencia!- que el Parlamento investigue el asunto. Y todavía hay ingenuos que se dejan engañar por esta collera de pájaros implumes.

No ha pasado un año desde su designación, y el manto de pureza con el que la Hermosa de San Telmo pretendía enmascarar su falta de sustancia se ha derretido como la nieve en primavera, dejando al descubierto que este oscuro régimen podrido tiene por cabeza a una gallina clueca, tan vanidosa como estéril. No esperen, pues, de ella otra cosa distinta a la de sus predecesores, esto es, corrupción y propaganda. Por cierto, ¿qué apuestan a que su próximo posado tendrá de fondo la Tour Eiffel; y que la alcaldesa de París será, sin duda, la futura hija predilecta de Andalucía?

Buganvilla en la oscuridad - José Luis Alvite

Buganvilla en la oscuridad - José Luis Alvite
Como en cualquier lugar que fuese real, también en el territorio Facebook puede uno vagar sin rumbo mientras mira las lucecitas verdes del chat, como si fuesen el resplandor de las ventanas urbanas en las que al avanzar la madrugada va amainando la luz hasta que sólo quedan prendidas las lámparas de alguien que está enfermo y vela su fiebre, la tulipa del tipo solitario que rastrea una posible e improbable amistad verdadera, o la luz tiffany que alumbra apenas sobre el teclado del ordenador la mano de la mujer que aún confía en la presencia virtual del tipo hosco y transeúnte, pero fiable, que le ayude a cambiar de vida aunque sólo sea para saltarse de vez en cuando a la torera la semanal rutina de las legumbres. Frecuento Facebook por la noche y me he dado cuenta de que proliferan la soledad, el cansancio y la franqueza. A veces elijo a alguien al azar y suelto en el cursor el anzuelo de una pequeña frase para llamar la atención, como quien a merced de las olas lanza el autógrafo fluorescente de una bengala en medio de la noche con la esperanza de que su resplandor les abra al menos los ojos a los peces. A veces la buganvilla de la bengala se malogra en el aire hasta esfumarse en la oscuridad, pero esta noche la luz casi astral de la bengala le ha abierto los ojos a una mujer que escribe en la ventanita del chat sin ocultar ni su escepticismo, ni su cansancio: «¿Es a mí? ¿Y tú quién eres? Es tarde. No creí que hubiese nadie vivo a estas horas. Estoy algo cansada. Si dijese algo, posiblemente sería sincera y te reirías de mí». Dudé unos segundos y afronté la situación: «Pasaba por aquí y he visto luz en tu ventana. ¿Sabes, amiga?, en medio de una noche tan oscura cualquier luz en la ventana es como un ruido amarillo hecho por el polen de la electricidad al gotear del pincel sobre un cuadro de Hopper». Cliqué, ella lo leyó y al rato tuve su respuesta: «No sé muy bien qué me quieres decir pero me gusta. Suena bien. No sé quién eres pero aunque fueses mala gente puedo decirte que al acercarte me has sonado como las pisadas de un santo». Prendí un cigarrillo y traté de explicarme: «Celebro haberte encontrado. Tampoco yo sé quién eres. Es tarde y quedan sólo unas pocas luces encendidas en el chat. He clicado al azar y has salido tú. No pretendo nada. Sólo quería asegurarme de que estabas viva. La muerte no da olor en Facebook». Esperé un par de minutos mientras veía el símbolo de la escritura en el renglón inferior. Por fin saltó la banda azul con el numerito rojo. Allí estaba la respuesta: «Gracias por preocuparte. He mirado en tu perfil y sé quién eres. Celebro que no te hayas suicidado. Si lo pasas mal, dile a tu luz que busque a la mía. También yo soy un ser solitario. Y si estoy aquí es porque en Facebook incluso la muerte necesita bengalas para anunciarse»… (A Isa Cava Macías, porque se lo merece).

jueves, 3 de abril de 2014

Crónica de una venganza social - Fernando Ónega

Crónica de una venganza social - Fernando Ónega
Los informes PISA no sirven para nada, pero entretienen y crean ambiente. Cuando aparece uno, vale para recordar lo mal que se educa en este país, la cantidad de reformas educativas que llevamos, la ausencia de un pacto escolar que nunca hemos visto ni veremos y nos ofrece la oportunidad de desahogarnos contra el sistema, siempre perverso por definición. Es una mortificación colectiva, oscuramente agravada porque a todas las desgracias se añade que casi siempre nos gana Portugal. Y al Gobierno del PP le ofrece una ocasión magnífica para echar la culpa de todos los males a los Gobiernos socialistas. Si se le puede echar directamente a Zapatero, mejor todavía.
El último informe, del que ayer dio cuenta y resumen este diario, es particularmente humillante. Ya no es que nuestros hijos flaqueen en comprensión lectora y matemáticas. Es que no saben desenvolverse con soltura ante problemas de la vida diaria. No saben elegir el camino más corto, son torpes con el aire acondicionado, no se llevan bien con el MP3, se lían al sacar un billete de metro y no sé cuántas carencias más. Un desastre. El mismo desastre que sus padres, que tenemos las mismas torpezas. Si a mí, por ejemplo, me hacen una de esas pruebas, daría un resultado todavía más negativo.
Más allá del aspecto técnico, me fascinó el perfil social. Este último informe PISA es una especie de venganza de clase. Resulta que los chavales más torpes para resolver problemas ordinarios son los hijos de padres con supuesta mejor formación. A la inversa, los que mejor superan el examen son los hijos de inmigrantes. Esto es para hacer un estudio sociológico. ¿Qué puede ocurrir para ese resultado? Algo muy sencillo: que los más pudientes sobreprotegen a sus hijos. Les dan todo hecho, con lo cual el niño no tiene de qué preocuparse. Les ocultan los problemas, porque quieren niños y niñas felices y no toleran que alguien amargue su delicada pubertad. En cambio, los hijos de los inmigrantes se las tienen que apañar, buscar soluciones por su cuenta y salir de las dificultades cada hora de su vida. Por eso las segundas generaciones de los pudientes tienen fama de destrozar el patrimonio heredado y los hijos de los pobres progresan en la escala social aunque no hereden bienes ni vayan a colegios de pago.

Hago este apunte con una intención: decir que no todos los fallos educativos se pueden atribuir al sistema, ni siquiera al de Zapatero, y mucho menos a las escuelas y a los maestros. El mal casi siempre está en casa. Por ejemplo, cuando gastamos fortunas en llevar a los niños a Londres a estudiar inglés y en casa no les enseñamos a poner una bombilla. De pobre y marginado se viaja menos, pero de la vida se sabe mucho más.

El empresario eres tú - Salvador Sostres

El empresario eres tú - Salvador Sostres
A PESAR de que la recuperación económica va haciendo su camino, persiste el grave problema del paro y sólo el 9% de los últimos contratos son fijos. Contratar sigue siendo en España un acto de fe, un salto al vacío. Hasta un matrimonio resulta menos oneroso para el macho que contratar a un obrero para el empresario. No puede ser que cada contrato sea una soga en el cuello del patrón, una amenaza del Estado que a nadie beneficia salvo a la cruel maquinaria.
Tendría que haber sólo dos tipos de contrato: el de prueba, durante un año; y el definitivo, con la única condición de un preaviso de seis meses en caso de despido o el abono de tal cantidad si se quiere proceder inmediatamente. Para que sea fácil contratar, tiene que ser fácil despedir. Tu seguridad laboral no te la puede dar un contrato sino hacer bien tu trabajo. La precariedad laboral es un concepto moral, y no sindical. Nada hay más precario que el dinero de los demás, camarada.
El empresario no es una nebulosa fantasmagórica. Es un hombre como tú, con su angustia y su vértigo, las fuerzas que le quedan y el dinero contado. El empresario eres tú, con tu alma asustada. Y a nadie se le puede pedir que firme su propia sentencia de muerte con contratos imposibles que van a rematarte si las cosas te van mal. Con la misma naturalidad que tendríamos que poder contratar cuando necesitamos a personas que hagan un trabajo, tendríamos que poder despedir cuando este trabajo ya no es necesario. El mercado laboral sería así mucho más competitivo, y por lo tanto más rico y más estable. El intervencionismo atroz que hoy nos atenaza sólo conduce al paro. Ahí están los datos.
El empresario eres tú. Piénsalo la próxima vez que te cruces con un sindicato, la próxima vez que creas que los problemas tienen una solución mágica o que detrás de cada empresa no hay un hombre con tus mismos miedos y esperanzas.

No intentes cargarle lo que tú no podrías soportar porque no va a funcionar. Un año de prueba y seis meses de indemnización. Que sea fácil despedir y que sea fácil contratar. Que sea evidente que sólo la calidad de tu trabajo va a salvarte y que las únicas redes son tus manos. El empresario eres tú. Nota cómo empiezas a temblar.

Una historia sobre "perro de leña" - José Luis Alvite

Una historia sobre "perro de leña" - José Luis Alvite

Jose Luis Rey-alvite 04 de junio de 2010
Querida Ana: Te he dedicado mi columna de mañana en La Razón. Espero que no te moleste Un beso.

Jose Luis Rey-alvite 06 de junio de 2010
Como no me consta que hayas leído el texto dedicado a ti en mi columna de La Razón, me preocupa la posibilidad de que te encuentres indispuesta. Sabes que todo lo que te concierte me interesa, de modo que necesito saber con urgencia algo de ti. Un beso. José Luís Alvite

Ana Serrano 07 de junio de 2010
No, ya no es que me emocione, es que estoy a lágrima viva. Te preocupa que me pase algo. Y, en ese precioso artículo (en el último y lírico párrafo es donde me he puesto a llorar), dices que "Ana Serrano nunca sabrá lo importante que ha sido y sigue siendo para mí." Y que "yo sé que jamás pierde de vista mis huellas y está pendiente de que mis pasos no pierdan el rumbo si por lo que sea les vence de repente el sueño." Jamás las perderé de vista y voy pisando sobre ellas. No quiero que tus pasos pierdan el rumbo por tremendo egoísmo. Hace ocho años que te leo, que un dulce gallego pequeñito, que hacía segundo de periodismo y que entraba en mi foro, colgó un artículo tuyo y me dijo que me fijara porque eras el mejor escritor vivo. Y me fijé y me deslumbré, pero es que, además, desde ese día, el que no sabe lo importante que ha sido para mí eres tú.

Yo me estaba, literalmente, muriendo. Llevaba dos años de terapia que solo sirvió para que no saltara hacia esa acera que, desde un sexto piso, a veces, puede resultar tan atractiva, pero me estaba muriendo y, de pronto, además de la belleza de lo que escribías, de lo que decías y de cómo lo decías (jamás nadie ha dicho nada de modo tan hermoso como dices tú hasta lo cotidiano), sentí esa cosa extraña de que, a seiscientos kilómetros alguien, a quien jamás había visto, una voz que no era mía y que venía de otros sentimientos y desde otro lugar, hablaba dentro de mí y por mí. Y que, desde un intenso dolor, se podía escribir y se podía vivir. No sé quién de los dos tiene esa deuda afectiva que dices, pero seguiré pisando sobre tus huellas porque el camino es mucho más fácil así y cenaremos con velas y con bruma, en tu tierra, que fue mía tres años o en la mía o, como ha escrito tu sobrino en mi foro: "Querida Anacrusa, creo que hoy cenas en el Savoy de la Razón con Alvite...", pues eso, en el Savoy de La Razón.

miércoles, 2 de abril de 2014

Lo más enrevesado que ha parido madre - Fernando Ónega

Lo más enrevesado que ha parido madre - Fernando Ónega
Tiene narices esto de la luz. No quise escribir hasta ahora del nuevo sistema tarifario porque no lo entendía. Mejor dicho: lo entendía, pero me parecía tan absurdo que pensé que no lo entendía. Ahora, confirmado que no soy tan tonto, he llegado a la misma conclusión que usted: esto es lo más complicado que ha parido madre. Para empezar, el nuevo sistema empezó a regir ayer, pero las compañías no están preparadas para aplicarlo y les dan tres meses para acomodarse. Para continuar, hace falta instalar un contador inteligente, pero no lo puedo comprar ni alquilar hasta que la compañía eléctrica quiera y pueden pasar años. Y para poner más madera, aunque llegue a tener el contador, no me servirá de nada mientras no llegue a mi zona la nueva tecnología. Así que ayer entró en vigor un sistema de medición que ni siquiera es virtual: es una coña.
Pero la broma no termina ahí. Según recordó este diario, si de verdad quiero ahorrar algo, tengo que sacar tiempo diario para una nueva ocupación: buscar en la web de Red Eléctrica cuáles serán los momentos en que la luz estará más barata al día siguiente. Después, convocar a la familia y dar instrucciones severas sobre el horario en que pueden poner el horno, planchar, calentar la leche en el microondas y poner a cargar los móviles. Las visitas de mis nietos tendrán que ser a las horas que diga Red Eléctrica, porque las tostadas de la merienda se hacen en un tostador que funciona con electricidad.
Y no puedo descuidarme en ninguna de estas tareas, porque se supone que el precio de la luz cambia de día en día. Si no cambiase, no me dirían que mire la tarde anterior cómo anda la cosa. Como lo más barato se situará a las cuatro de la madrugada, se avecina un terrorífico cambio de costumbres familiares. Nada de planchar y cocinar a mediodía, que es carísimo. Aquí se cocina y se plancha de madrugada y punto. Y al que no siga las instrucciones, se le descuenta de la paga semanal. En cuanto a la factura, ríanse ustedes de la antigua guía telefónica. Como los precios varían cada hora y un mes tiene 720 horas, la factura deberá tener 720 conceptos por cada tramo horario, que el Gobierno ha prometido la máxima transparencia. Total, que entre mirar los precios del día siguiente, adoctrinar a la familia después y analizar la factura, tengo trabajo. Y usted también, querido lector. O lectora.

Moraleja: para esta nueva tarifa, era mejor la vieja. La luz nos arruinaba con mucha más sencillez. ¡Con lo fácil que era aquello de la tarifa nocturna, recordáis! Pero está claro que los Gobiernos lo tienen que complicar todo para dar la impresión de que se preocupan por usted y llegar a las elecciones sacando pecho: ¡les hemos bajado la luz!