domingo, 12 de mayo de 2013

De la vivienda - Alfonso Ussía



De la vivienda - Alfonso Ussía
Me sobrepasan las injusticias. Un magnífico trabajo de María Serrano, publicado en La Razón del sábado, conmueve mi serenidad. Nuestra redactora renuncia a la opinión y ofrece una información tan imparcial como blanca. Pero muchos lectores se han enfadado en demasía con el protagonista de la noticia, que no es otro que Jorge Verstrynge. En su artículo, María Serrano nos dice que el político guerrillero contra los desahucios y acosador consorte es propietario de ocho pisos en el humilde barrio de Salamanca de Madrid. De igual modo, es el dueño de una residencia de estudiantes, llamada «La Luna», en los suburbios de la Fuente del Berro, negocio que vigila muy de cerca por cuanto su residencia se ubica en la acera de enfrente, escrito sea sin ningún tipo de ironía. Y que su esposa, doña Mercedes Revuelta, que es realmente la que va a los acosos –Verstrynge se limita a acompañarla–, es la propietaria de un chalé en Ezcaray, en La Rioja que limita con las Vascongadas. Así que además de los ocho pisos en Madrid y la residencia de estudiantes que consta de tres edificios con todas las comodidades habidas y por haber, está el chalé de Ezcaray y un inmueble sin importancia. Un piso en París en una zona muy atenazada por la angustia económica en la que el metro cuadrado construido establece su valor en 7.000 euros. Pueden ser 7.200 euros por metro cuadrado o 6.800, que tampoco hay que ceñirse en exceso a los vaivenes del mercado inmobiliario.
A pesar de que Verstrynge defiende la abolición del capital y sueña con vivir exclusivamente de su sueldo de profesor universitario, sus ingresos mensuales provenientes del alquiler de sus inmuebles superan con creces los 25.000 euros cada treinta días. Y aquí salgo en su defensa. Si tanto él como su esposa son propietarios de esos bienes, y los pisos, por los motivos que sean, se hallan en barrios de trabajadores que se han puesto de moda, no tienen obligación alguna en renunciar a sus legítimos rendimientos, aunque éstos sean consecuencia del sistema que desean abolir. Si a la renta de los pisos y el sueldo de profesor, sumamos lo que percibe por sus tertulias en las cadenas de televisión, nos encontramos ante una conclusión dolorosísima. Que tanto él como su esposa son millonarios, y de ahí su permanente expresión de tristeza acumulada. No lo quieren ser pero lo son, y están deseando dejar de serlo, pero no se han atrevido todavía por no condenar a un futuro en la calle a sus hijos, aunque las herencias sean también vergonzosas secuelas del sistema capitalista.
Se entiende, se comprende y se justifica su paseada melancolía. No existe mayor castigo para un revolucionario de verdad que tener mucho dinero. Esos ocho pisos en Madrid podrían albergar a sendas familias desahuciadas. Ese chalé en Ezcaray, donde veranean tantos millonarios vascos, riojanos y navarros – también castellanos de la provincia de Burgos–, haría las delicias de los que no pueden tomarse unas vacaciones por el excesivo precio de los alquileres. Y ese piso en París, aunque se ubique en el peor barrio de la Capital de Francia –¿qué significan para París 7.000 euros por metro cuadrado?–, alegraría la vida de sus compañeros acosadores que desean dominar la lengua francesa, que es idioma difícil si no se aprende desde niño. Lo de este hombre es terrible. Ser lo que no se quiere ser. Lucha titánica entre el ideal y la constante vigilancia de las transferencias bancarias, que no siempre los inquilinos cumplen con puntualidad. Lástima de abandono tan abrupto del partido conservador. Hoy estaría en el Poder y sería un formidable ministro de la Vivienda.

Pandilla de lluvia - José Luis Alvite

Pandilla de lluvia - José Luis Alvite

JOSE LUIS ALVITE Miro a mi alrededor por la mañana temprano en el café y hay dos tipos leyendo el periódico arrimados a la barra. En el azúcar cuajado de la bollería vendimian sus patas las moscas. Es temprano. Recorre la calle una pandilla de lluvia. Entumecidas en la parada del autobús, dos de cada tres señoras son hombres de mediana edad. En la pantalla de mi móvil alguien dice que me quiere, pero podría ser un descuido, el cruce de un fallo con un error, como cuando en la tintorería te devuelven la prenda de ropa de alguien más apuesto que tú.
Los tipos que leen la prensa en la barra son asiduos del local y hasta se parecen al dueño del bar. Las personas que se aburren se parece mucho las unas a las otras, igual que en el campo de batalla la muerte emparenta los rostros yertos de los soldados caídos en combate. Yo sorbo mi desayuno en una mesa y pienso que no pasarán muchos años antes de que los diarios de papel desaparezcan y entonces otros dos hombres acodados en el mismo bar necesitarán una excusa nueva para pasar el rato a primera hora mientras en sus ojos fragua como tiza la presbicia, en su sonrisa caduca inclinada la esperanza y en la barra enfría el café. El viejo modelo de periodismo se extingue y yo mismo tengo la sensación de que mi tiempo se esfuma y que incluso son cuesta arriba para mí muchas de las calles que hasta hace poco eran de bajada. Todos los quilos de peso que a cierta edad coge un hombre son los que va a necesitar para sus bocados la jodida y tenaz gula de la muerte. ¡Como se ha ido el tiempo! ¡Cuánto corren los días tan pronto no le ves sentido a la prisa! Una noche empecé a trabajar en La Redacción de "El Correo Gallego" y tenía tanta vida por delante, y tantos planes que cumplir, que ni siquiera me importaba que la emoción del trabajo me retuviese la orina y que el empleo me costase dinero. ¡Que idiota fui!¡Que estúpido soñador! ¿Cómo pude creer que no habría en el futuro un solo tren que no pasase, sin luces y sin frenos, por las rayas de la palma de mi mano, con los vagones aplaudiendo al husmear en las traviesas? Una madrugada salí de la redacción de aquel bendito periódico, crucé la calle y en la acera de enfrente me di cuenta de que era cuarenta años mas tarde. Mantenía ciertas ilusiones y algunas esperanzas, pero el mundo había cambiado y mis ojos malamente eran familia de mi letra. Casi todos mis colegas de entonces yacen enterrados y yo me mantengo porque era más joven que ellos, acaso porque el reloj de la muerte tiene las agujas frías y atrasa más que el mío. Todo es distinto de como era entonces. Los niños cuidan de sus madres, en el aire sucio frena con asco el viento y las gallinas se asustan si ponen huevos. Ya nadie engorda por culpa de haberse sentado de vez en cuando un rato a leer. Cada día es más evidente que ya ni el pan ni las manos están al mismo tiempo calientes y que los placeres conducen sin remedio a las enfermedades, si es que ya no son la misma cosa. Una amiga mía que creyó haber tenido con el guante de cocina el primer orgasmo de su vida, corrió a contárselo al ginecólogo y resultó que lo suyo era cáncer de matriz.
Hay ahora muchas más noticias importantes que cuando yo empecé en este oficio y sin embargo a mí me parece que son mas rutinarios mis colegas, seguramente porque están desbordados de trabajo y se han dado cuenta de que en el mundo enloquecido en el que viven ocurre que las noticias de primera página ya no caben en la portada. Su falta de entusiasmo también sería comprensible si se tiene en cuenta lo mal pagados que están, hasta el punto de que el ejercicio del periodismo se ha convertido en una manera decente de mendigar sin que se note, como les ocurre a las fulanas del burdel cuando al acabar su faena, y para conjurar su mala conciencia, mientras con una mano le suenan los mocos a la vagina, con la otra mano limpian de la boca el anzuelo de un beso y de paso se santiguan.
¿Y que fue de los dos tipos que tomaban café temprano en la barra del bar? Allí quedaban cuando marché, leyendo cada uno un periódico en el que seguramente el día de mañana será portada la noticia de su cierre. 

Portazos de nailon - José Luis Alvite

Portazos de nailon - José Luis Alvite

A veces echo de menos entre los muchachos del Savoy la “razonable violencia desesperada” de la que suele hablarme Kate Sinclair cuando la visito en su residencia en la costa. Estoy acostumbrado a la ira contenida de Fiore y a la agresividad impasible de tipos como Giacomo Fidanza, que reprimía la tentación de la violencia chascando como nueces los huesos de las manos en el interior de los bolsillos, pero creo que encontraría agradable conocer a uno de esos tipos de los que solo tengo noticia por haberlos leído en algunos párrafos de mi querida escritora. Supongo que entendería mejor esa pasión de Kate si pudiese concebir los sentimientos que despiertan en ella los hombres “cuando pierden la calma obcecados por un impulso primitivo, por una pasión ciega, tal vez por el simple motivo de que el sudor les escuece en las ingles, acaso, ¡Oh Dios,!, porque un hombre resulta más espontáneo, más fiable y también más atractivo cuando es evidente que de un momento a otro incluso podría echarte en cara el tedio de su felicidad”. Dudo que Kate pudiese soportar una experiencia semejante al lado de uno de esos tipos imaginarios, pero, como suele exclamar con nostálgico desaliento, “¡Es tan sincera la furia!...¡Resulta tan razonable un hombre cuando busca una excusa para haber perdido la razón!...¡Resulta tan agradable la sola idea de compartir la vida con un hombre en el que resulte temeraria la prudencia!”...Hace muchos años me dijo algo parecido Lorraine Webster a raíz de haber cenado ella y yo en el Savoy con un tipo que masticaba el humo y los dientes al fumar. A mí aquel fulano me había parecido un hombre impulsivo y poco razonable al que cada palabra que pronunciaba le causaba en el rostro una mezcla de dolor y de furia. A Lorraine, por el contrario, le pareció un hombre interesante y aún recuerdo la contrariedad que me causó su opinión cuando aquel fulano se ausentó después de la inquietante sobremesa: “Sé como se sentiría Kate si hubiese cenado esta noche con ese hombre... Esa violencia no es la violencia gratuita del matón, ¿sabes?, sino la agresividad de un hombre cautivo de sus impulsos que entienda la vida como una partida de cartas en la que la suerte de ganar produjese la misma incertidumbre que la desgracia de perder.. A simple vista ese fulano resulta un tipo violento, agresivo, peligroso, pero a su lado he sentido un riesgo lejano, el sereno y sordo rumor de la angustia, cariño, la misma seguridad que sentiría un soldado si durante el bombardeo pudiese permanecer al lado de la artillería”. Según Kate Sinclair, “un hombre pierde mucho cuando sustituye el simple calor de la furia por la calculada fiebre de la codicia”. Dice el detective Fuller que esa visión de mi amiga escritora esconde alguna clase de insatisfacción sexual. Personalmente no sabría que decir, pero recuerdo una frase leída en una de sus novelas: “A veces la impotencia que produce que un hombre se sobrepase contigo solo es comparable a la decepción que te causaría si se disculpase”. ¿Machismo femenino? Puede ser. Según el columnista Chester Newman, “a las mujeres como Kate Sinclair les gustan los hombres que abren las cartas con la llama del mechero”. ¿Un hombre al que la última mirada de la noche le pudra los ojos? Como lo veía Lorraine Webster, “no es fácil olvidar a uno de esos hombres temerarios e impulsivos que eligen el camino en un mapa arrugado y abren las puertas del coche con un elegante portazo de nailon”...

sábado, 11 de mayo de 2013

Hacienda contra la clase media - Federico Quevedo


Hacienda contra la clase media - Federico Quevedo

“Soy autónomo, gano en torno a 100.000 euros al año. Hacienda se lleva el 21% de todas mis facturas en el IRPF, y otro 21% con el IVA, es decir, un 42% de esos ingresos ya se van para las arcas del Estado, y encima tengo que adelantarlo porque en muchos casos pago un IVA que ni siquiera he cobrado. Pero ahora, además, mi declaración de la Renta sale a pagar casi 20.000 euros, es decir, otro 20% más. La cuenta es clara: de cada 100 euros que gano, 60 se los lleva el Estado, ¿realmente crees que me merece la pena? Resulta que acabo trabajando para Hacienda y con lo que me queda tengo que hacer frente a una gasolina cada vez más cara, a los colegios de los niños, a la hipoteca que además hay meses que no pago porque yo tampoco cobro… Ropa, libros, comida… No puedo más, estoy desesperado y que ni se me pase por la cabeza intentar engañar al fisco… Eso podrán hacerlo otros, pero yo no, me tienen cogido por los h… Lo saben todo de mi… Antes de que llegara el PP podía vivir, pero desde hace unos meses esto se está haciendo insufrible y me estoy pensando seriamente mandarlo todo a la m… Hubo un momento en que pensé en ampliar el negocio, contratar a alguien que me echara una mano, y ahora en lo que estoy pensando es en emigrar”.
Esto no es una invención, es la realidad de cientos de miles de pequeños empresarios y autónomos de este país, los que crean empleo y riqueza y que conforman esa amplia clase media contra la que el Gobierno del Partido Popular ha enviado, como si del Séptimo de Caballería se tratara, a los inspectores de Hacienda para exprimirla como a un limón y sacarle hasta las entrañas. No pueden con los ricos porque esos evaden hasta la camisa y no hay quien les pille, y a las clases más bajas hay que ayudarlas por solidaridad…
¿De donde recaudamos? De la clase media, y como el país necesita más ingresos, oiga, para que vamos a plantearnos la opción de reducir el gasto, de adelgazar al máximo posible el Estado, de eliminar subvenciones que no sirven para nada, de hacer una profunda reforma del gasto público y del sistema tributario para que paguen más los que más ganan y se apliquen medidas que fomenten el emprendimiento y la creación de empleo… No. Vamos a por lo fácil, a por lo sencillo, a por lo cómodo: machacar hasta la extenuación a las clases medias de las que, sorprendentemente, se alimenta electoralmente el Partido Popular.
Esto es lo terrible del asunto: el PP está destrozando su propio electorado, esa franja enorme de ciudadanos que se sitúan entre el centro-izquierda y el centro-derecha que es la que le permite ganar las elecciones y gobernar. El viernes, un conocido mío, dentista para más señas, me contaba desesperado como hace unos días aparecieron en su despacho dos inspectores de Hacienda, así, por las buenas, sin avisar, delante de todos los clientes, tratándole como si fuera un delincuente… ¿De verdad cree el Gobierno que ese hombre, votante del PP, volverá a confiar en él? Porque, además, eso tendría su explicación si no hubiera alternativa, pero la hay, aunque el Gobierno se empeñe en no querer verla.
Los casos de profesionales a los que el fisco envía a los hombres de gris se multiplican por doquier. Todo con tal de recaudar, de buscar hasta el último céntimo en los bolsillos de aquellos que poco o nada pueden hacer para escapar de esa presión, y que además no disponen en muchos casos de los recursos suficientes para poder defenderse cuando se trata de casos clamorosos de abuso por parte de la autoridad. Le pregunto a un ministro del Gobierno y contesta resignado: “Es cierto, estamos descargando sobre los hombros de los asalariados el peso del ajuste… En eso, la crítica de Esperanza Aguirre está totalmente fundamentada”.
Si al menos esto le permitiera al Gobierno incrementar su recaudación… Pero lo cierto es que España tiene uno de los niveles recaudatorios más bajos de la UE, no llega ni al 35% del PIB, muy lejos del 41% del año 2007, claro que entonces Hacienda llenaba sus arcas gracias al boom inmobiliario. La recaudación más baja de la UE, y los tipos más altos: el marginal del 52% escala las cumbres fiscales más elevadas de la Unión. Es evidente que España tiene un problema con su fiscalidad y con su déficit pero el Gobierno, en lugar de buscar soluciones estructurales a lo primero y a lo segundo, ha tirado por la calle de en medio acribillando a las clases medias.
Y miren, es bastante probable que los recortes en Sanidad o Educación, por más que le pese a la izquierda, no tumben al Gobierno de Rajoy más que nada porque, aunque no lo parezca, la mayoría de la población ha interiorizado ya que no podemos seguir manteniendo una estructura de Estado de Bienestar en el que todo sea gratis total. Pero lo que si puede llevar al Gobierno a su tumba es esto, porque es en lo único que la inmensa mayoría de votantes del PP estaba totalmente de acuerdo: no quería más impuestos. Tomen nota, señores del Gobierno, porque por este camino si que están consiguiendo el rechazo -silencioso, pero rechazo al fin y al cabo- de su masa de votantes.

El cuento de la Monarquía se acabó - Irene Lozano


El cuento de la Monarquía se acabó - Irene Lozano
Un rey campechano; un príncipe enamorado de una plebeya; una infanta licenciada, la primera de España, y trabajadora, faltaría más, que acudía a fichar a diario, como todos. El retrato resultante reflejaba el triunfo de la humildad, el amor y el trabajo, lo que cualquiera querríamos para nuestra propia familia.
Era una monarquía normal: había sustituido la afectación añeja por un sutil encanto, ni tan cercano como para difuminar ese indispensable halo de glamour ni tan lejano como para parecer de otro mundo. Habían logrado el magnetismo de las estrellas mostrando una naturalidad minuciosamente aprendida y una gran satisfacción en el cumplimiento del deber. Fue un trabajo muy profesional, de enorme pulcritud. Y una vez concluido, sobrados de confianza en sí mismos, enterraron El Príncipe de Maquiavelo: el pueblo los quería y no habría necesidad de hacerse temer en los siglos venideros. Ese pueblo, además, se sentía identificado con ellos, porque la historia había cuajado: aquella monarquía que mostró ser democrática en el 78 y en el 81, era además demócrata. Demócrata de espíritu, demócrata de mezclarse con plebeyos, demócrata de fichar, demócrata de enseñar las bragas como las enseña cualquier mujer un día ventoso y desapacible. En fin, esa cosa culta y europea de la igualdad de derechos; ese "a sus pies" y un "no, por Dios".
Consiguieron la proeza narrativa de darle verosimilitud a esa fabricación, aun con todos los elementos en contra. El más obvio, el conceptual: transmitir que la familia más excepcional del reino es idéntica a las demás requiere violentar mucho la lógica. Pero la eficiencia de los profesionales del departamento comercial de Zarzuela lo logró. Pues sí, pues sí, iban confirmando los grandes propagandistas de la prensa: son como nosotros.
Un buen día, la realidad se puso dura. Y la degradación fue llegando paulatina. Los negocietes del yerno, un socio avispado, unas firmas del secretario, asentimientos implícitos, correos electrónicos... Y el nombre de la infanta, socia también en aguas turbias, involucrado en una meticulosa instrucción judicial, con los consabidos titulares de prensa.
Ese pueblo confiado y por días hasta orgulloso de su monarquía conoció súbitamente la cercanía de la familia a los elefantes de Botsuana y las sedicentes princesas europeas. ¿Y si hubiéramos sido unos lilas? ¿Y si ese cuento de que una monarquía demócrata empieza en una princesa plebeya fuera una inmensa impostura? ¿Y si hubiéramos comprado demasiado cuché y ahora viéramos que una monarquía moderna y demócrata ha de ser transparente y estar limpia de corrupción?
Quedaban un par de oportunidades más para poner a prueba nuestra credulidad: la imputación de la infanta y la ley de transparencia. De la transparencia sabemos que se negocia en secreto: mal augurio. En cuanto al asunto judicial, ya vamos viendo cómo se enfoca cuando la realidad se pone difícil: ese jueguecito de la igualdad de derechos y tal está muy bien, pero la broma ha llegado demasiado lejos. ¡Imputar a una infanta! ¿Qué os habíais creído? Vuelvan las bragas y otras distracciones de alta sociedad. El cuento se acabó.

viernes, 10 de mayo de 2013

Geyperman presidente - David Torres


Geyperman presidente - David Torres
A mí la foto de Mariano trabajando en su despacho me ha enternecido mucho. De inmediato me he acordado de los Geyperman, aquellos muñecos articulados de mi infancia (vagamente parecidos a Hemingway) que venían dispuestos a lidiar en distintos hábitats. Estaban el Geyperman guerrillero, el buzo, el escalador; cada uno armado con sus distintos complementos (la metralleta, la escafranda, el piolet), cada uno acicalado con su barba. Es cierto que el Geyperman nunca tuvo gafas pero, de haber envejecido el muñeco y haber alcanzado la cima del poder por exigencias del guión, no habría salido muy distinto de este Geyperman Mariano que parece haberse pasado por Ikea media hora antes de la foto para preparar a fondo el decorado: sillas sin estrenar, banderas sin estrenar, lapiceros recién afilados, papelera intacta, una jarra de agua bendita y un diario de economía en inglés que, para el caso, como si estuviera escrito en sueco.
A Mariano le preocupa el tema de la imagen hasta el punto de que en su página de facebook, siempre repleta de admiradores, estuvo a punto de colgar una foto de Sean Connery. Al final, como la página es una especie de escupidera para que se desahogue el personal, puso su foto y su firma, que es un estampado en macramé como para que lo estudien los grafólogos de los papeles de Bárcenas o los parapsicólogos de las caras de Bélmez, los que lleguen antes. Es una firma cuadriculada a más no poder, trazada con escuadra y cartabón para que el hombre pueda reconocer su propia letra.
Mariano no se parece a Hemingway ni en la columna vertebral (no digamos a Sean Connery) pero inclina el espinazo sobre los papeles con la misma fruición que si rellenara una quiniela. Si uno mira atentamente la foto, casi se le puede oír murmurar: “Barcelona-Atlético de Madrid, equis”. Desde que llegó a la Moncloa le han llovido un montón de críticas injustas sobre lo poco que curra, como si fuesen poca cosa casi dos millones de parados más, la subida de impuestos, los hospitales desguazados, la educación hecha mierda, varias collejas de Merkel y hasta una merienda relámpago en el Vaticano. Otros líderes mundiales recurren a dobles de acción, pero Mariano prefiere lanzar videos de Mariano en versión original sin subtítulos. Tanta simulación en diferido le trastorna de tal modo que el miércoles hasta se saludó a sí mismo desde la tribuna del Congreso sólo porque pensó que en su asiento se habían dejado encendida la tele.
Ya son ganas de criticar reprocharle que en su mesa de trabajo ni siquiera haya un retrato de su mujer y sus hijos, como si en Ikea vendieran también recuerdos de la familia Rajoy. Como andará la economía que el ejemplar de The Economist, de septiembre de 2012, lo recogieron del trapero. Ni siquiera encontró a tiempo un cuadro del monarca y tuvo que conformarse con colgar a su espalda un mamarracho abstracto que también podría pasar por un poster de Aznar o un desnudo de Merkel. De todos modos, al rey Juan Carlos ya lo ve de sobra en el despacho oficial que comparten ambos en el palco de fútbol. Allí pocas alegrías se llevan pero tampoco se puede ganar siempre.

Un gran suegro - Salvador Sostres



Un gran suegro - Salvador Sostres
CÁSATE con una mujer hermosa y delicada, más inteligente que tú, y a la que no puedas engañar con tus añagazas que enredarían a la mismísima muerte. Cásate con una mujer limpia y sonriente, y que sepa dónde encontrarte cuando te pierdes. Pero cásate sobre todo con un gran suegro. Un suegro culto y convincente, empresario, solvente, que conozca la importancia de los hoteles suizos y de los quesos franceses. Un suegro al que le puedas hablar de hombre a hombre y con el que siempre prevalezca el humor, y su causa, que es la inteligencia.
Cuando conocí a mi suegro comprendí a mi mujer y me enamoré hasta de sus defectos. Es fundamental tener un suegro enérgico y moral, y reconocer su acierto en cada gesto de tu esposa. La jerarquía es fundamental y el vínculo más sagrado es el de un padre con su hija. Si te casas con un gran suegro puedes estar seguro de que tu mujer nunca va a fallarte y sabrá enseñarle a tu niña cómo ser una princesa.
Yo me casé con el mejor suegro del mundo, y no fue suerte. Casarte no es un accidente ni tienes que aceptar lo que venga. Hay que saber qué hacemos. Hay que buscar a la persona adecuada, la que más exactamente nos convenga. Casarse por enamoramiento es poco consistente. No puede haber amor verdadero, ni perdurable, ni fértil si no hay una natural confluencia de intereses. No te cases si no respetas y admiras a tu suegro.
El futuro no es un misterio. La educación y la insistencia son determinantes por encima del azar o la genética. Sé cómo es mi hija porque sé cómo es mi mujer y cómo es mi suegro. También se cómo soy yo, por supuesto.
Mi suegro es minuciosamente consciente de cada criterio con el que educó a sus hijos. Todavía no me ha contado ninguno con el que pueda estar en desacuerdo. A veces cuando veo a mi mujer hablando con la niña, enseñándole a coger los cubiertos, regañándola, o jugando con ella, es como si viera superpuestos en cada uno de sus gestos los gestos de mi suegro.
La vida es bellísima y terrible, apasionante y trágica. Cuesta resistir al chantaje emocional, las dudas afloran, y hay noches en que te sientes pequeño e inseguro, sobrepasado por todo. Cásate con un gran suegro y nunca estarás solo.
«La jerarquía es fundamental y el vínculo más sagrado es el de un padre con su hija»

jueves, 9 de mayo de 2013

Variaciones del idioma - Amando de Miguel



Variaciones del idioma - Amando de Miguel

Las opiniones sobre la lengua suelen ser tajantes. Las he visto originales, pero ninguna tan peregrina como la que me envía Rogelio López Rosales. Dice así:
El idioma español ha sido siempre la manera de perpetuar el statu quo dominador. Por eso a los españoles no se nos ha permitido nunca, ni se nos facilitará jamás, conocer otros idiomas.
Me parece una tesis indemostrable, pero tiene su encanto. Espero algún escolio. No me veo a la Real Academia Española convertida en sumo sanedrín para dominar a la nación. ¿Qué hacemos con los colegios más o menos bilingües? ¿Los cerramos?
Quedamos en que el idioma evoluciona a través de la admisión de neologismos. Ignacio Frías comenta que el político gallego y galleguista Xosé Manuel Beiras tildó al presidente Feijóo de enarca. El término se refiere a los egresados de la Escuela Nacional de Administración (ENA), un centro prestigioso para formar a la elite funcionarial de Francia. El equivalente español sería el conjunto de los TAC (Técnicos de Administración Civil). Aunque Feijóo haya sido funcionario, no creo que pertenezca a los TAC. Así que nos quedamos sin saber por qué el iluminado Beiras calificó de “enarca” al presidente de la Xunta. ¿Era un insulto o un cumplido? ¿No sería que quiso decir jerarca?
Hugo Tordoni se introduce en la divertida consideración de las palabras que se parecen por la misma raíz para dar lugar a pequeños matices, entre ellos el tamaño. Por ejemplo, bolso y bolsa; o casa, caserón y casona. Bueno, tenemos también casita (modesta y pequeña) y casoplón (enorme e impresionante). La casona es grandota y más bien antigua, sobre todo en el norte de España. El caserón es grande y destartalado. La caseta es un edificio provisional y minúsculo. Hay más ejemplos, como la serie carro, carrito, carreta, carretilla, carromato, carroza. El carromato requiere toldo, como los wagons de las películas de vaqueros.
Agustín Fuentes me envía un dibujo satírico con este texto: “Las pensiones ya no se revalorizarán con el IPC (el índice de precios al consumo) sino con el ISC (el índice que nos sale de los cojones)”. Es una forma elegante de anunciar que las pensiones se van a reducir un poquito cada año. Para ese propósito se ha acuñado el neologismo desindexación, que ya es palabro. Quiere decir que las pensiones se van a congelar mientras suben los precios. El otro día hablaba yo aquí del prestigio de los neologismos con los prefijos des-, de- o dis-. Ahí tenemos uno bien lustroso.
Cayetano Morales discrepa de mi opinión por la que calificaba de “democracia” al actual régimen español. Don Cayetano sostiene que no puede haber democracia en España cuando no hubo ruptura con la dictadura anterior y no se ha logrado la división de poderes. Entiendo que la democracia es un término multívoco. Así, se habla de democracia popular, orgánica, bolivariana, entre otras. Mala cosa cuando hay que ponerle un adjetivo. Para mí (y cientos de doctores), la democracia precisa de una sucesión pacífica en el poder mediante elecciones que todos reconocen y la defensa de las libertades básicas. Luego cada uno puede añadir más exigencias, pero si son muchas resultará que no es posible ninguna democracia. No creo que haya que ser tan estrictos.

Un niño en un campo de fútbol - Eduardo Jordá



Un niño en un campo de fútbol - Eduardo Jordá
En un campo de fútbol veo a un niño en una silla de ruedas entre un grupo de futbolistas benjamines (o alevines, no sé muy bien la diferencia). El niño lleva una equipación deportiva igual que la de sus compañeros y se hace una foto con todos los demás. Cuando los demás niños terminan de jugar su partido, un cuidador que lleva el chándal del equipo -una escuela de fútbol base, supongo- empuja la silla de ruedas y se lleva a ese niño hacia los vestuarios. Y justo entonces me doy cuenta de que ese niño no tiene piernas, tan solo pies.
Hace cien años -o incluso menos- ese niño sería un monstruo, o en todo caso un desgraciado sin ninguna esperanza, pero ahora no lo es en absoluto. Forma parte de un equipo de fútbol base, del que debe de ser una especie de mascota, y tiene sus cuidadores y amigos. Y sobre todo tiene a sus padres, que decidieron tenerlo a pesar de todo, porque imagino que vieron las ecografías en su momento y que decidieron enfrentarse a una nueva vida con un niño así. No olvidemos que ese niño nació hace ocho o nueve años, cuando todas las madres recibían la información necesaria sobre el hijo que iban a tener, para que pudieran actuar en consecuencia si ese hijo iba a nacer con problemas. Pero eso es algo que no sabemos si seguirá siendo así, porque el PP está estudiando cambiar la actual legislación del aborto, hasta el punto de que el ministro Ruiz-Gallardón pretende eliminar el riesgo de malformaciones como una de las causas para autorizarlos.
Ya sé que es un tema muy complicado. Cualquiera que haya visto una ecografía sabe que lo que late allí dentro es algo más que un simple pingajo de carne que se puede tirar a la basura. Y quizá eso fue lo que pensaron los padres -o la madre- de ese niño sin piernas que he visto en el campo de fútbol. Pero no todo el mundo es como esos padres -o esa madre- que decidieron tener a un niño así. Hay gente que no tiene la suficiente madurez o la suficiente experiencia de la vida -o ni siquiera las mínimas condiciones económicas- para hacer frente a una vida tan complicada. Supongo que los padres de ese niño se lo pensaron bien cuando supieron lo que iban a tener, y al final decidieron ofrecerle una vida digna a su hijo, aunque sabían que eso significaba renunciar a muchas cosas. Pero imagino que esos padres contaban con medios suficientes para hacer frente a una tarea tan complicada: una casa decente, unos buenos sueldos, una cierta disponibilidad horaria, y quizá abuelos o tíos o familiares cercanos que estaban dispuestos a echar una mano. Y eso no lo tiene todo el mundo.
Lo digo porque quienes promueven la reforma de la ley del aborto son también los que están recortando las ayudas de la Ley de Dependencia, y me pregunto qué pensarán ahora las parejas que decidieron tener hijos con malformaciones -justo como ese niño- cuando ven que las ayudas están en peligro o incluso han sido eliminadas. Ese niño no puede desplazarse por sí mismo, así que necesita una silla de ruedas, además de un cuidador que esté las veinticuatro horas a su lado y una familia dispuesta a realizar un esfuerzo gigantesco que no todo el mundo está en condiciones de realizar. Y si esa familia o esa madre en concreto han sabido salir adelante con ese niño, también hay otras muchas madres que no serían capaces de hacerlo, y esas madres o esas parejas también tienen derecho a decidir sobre cómo quieren que sea su vida, sobre todo si tienen la mala suerte de que les toque concebir un hijo así, ¿o no?
Mientras veía cómo el monitor del equipo se llevaba a aquel niño del campo de fútbol, pensé en los insultos que cada día se lanzan contra nuestra sociedad. Cada día oímos decir que vivimos en una sociedad "criminal", "caníbal", "asesina de pobres" o que "obliga a los desesperados a suicidarse", y es posible que eso sea así en algunos casos, pero también vivimos en una sociedad que ha conseguido el milagro de convertir en un niño normal a ese niño que solo hace sesenta años habría sido un monstruo de "Freaks" o de una película de Buñuel. Y puede que haya muchos motivos para estar enfadados con lo que pasa, pero también hay muchos, muchísimos motivos para estar orgullosos del país en el que vivimos.

Fetos al poder - David Torres



Fetos al poder - David Torres
En el PP están estudiando una propuesta de ley para que los fetos mayores de tres meses tengan derecho al voto. En el seno del partido hay una fuerte oposición a este proyecto, principalmente por parte de un grupo más conservador que pretende ampliar la ley hasta más allá del momento de la concepción, amparando también a óvulos y espermatozoides. “Son millones de futuros españoles los que se desperdician en cada masturbación” dice una diputada del PP que prefiere no desvelar su identidad. “Yo no estoy muy segura de lo que es una masturbación, pero lo único que nos detiene por el momento es el temor de que los espermatozoides y los óvulos se apunten a las listas del paro. No sé yo si iba a hacer oficinas para tanta gente”.
Me he apresurado a dar noticia de esta gilipollez antes de que la realidad se me adelante. Hoy los políticos dicen imbecilidades a tal velocidad que el periodismo está desbordado. Antes había políticos que pensaban antes de hablar, ahora ni siquiera piensan después. El twitter va demasiado rápido como para ponerse a repasar el graduado escolar. Como columnista, muchas veces me siento impotente, me limito a repetir en tono festivo las fúnebres sandeces que improvisan los enterradores a quienes hemos elegido para salvarnos de la catástrofe. Por eso mi trabajo se parece cada vez más al del policía que saca la libreta y levanta el atestado de un accidente.
El accidente esta vez es una diputada por Segovia, Beatriz Escudero, que ha expectorado tres dislates en rápida sucesión. De menor a mayor son: que las mujeres que más abortan son las que menos formación tienen, que abortan más las mujeres asalariadas que las paradas, y que los proabortistas defienden antes los embriones de cefalópodos que los de seres humanos. Y no sólo se queda tan ancha la señora, sino que además se saca una estadística de la manga, al mejor estilo Toni Cantó, y pontifica: “Es un hecho”.
Esta fijación con el drama del aborto es absolutamente inexplicable en medio de un país hundido y medio destruido, con seis millones de parados, con cientos de miles de desesperados, con gente que se arroja por los balcones o que muere por falta de asistencia médica. Hay explicaciones, de acuerdo, pero entran en el terreno de la idiocia, de la psicopatía o de la simple y pura maldad. Podría ser, tal vez, una maniobra de distracción aunque para eso mejor un video erótico. No cabe sino pensar que Beatriz Escudero no hablaba en nombre de los católicos, ni de las mujeres asalariadas, ni siquiera de los cefalópodos, sino más bien en nombre de los fetos. Por lo visto en el PP segoviano no había nada mejor que esta buena mujer. Es muy posible que en las próximas elecciones propongan como candidato a un peñasco del acueducto o a un cochinillo al horno.

Mariano y Esperanza - Raúl del Pozo



Mariano y Esperanza - Raúl del Pozo
Al gallego le ha salido una chulaperas que lleva el título ladeado como la chimenea de un barco, y ya sabemos por Ramón que una pedrada desde la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda España. Así que mientras nadaba en tres platos un rodaballo consulté, como solían hacer los nuncios, a un viejo rockero de la política.
–¿Cómo sale Mariano del examen de primavera?
–Bien. Los medios de comunicación no dicen eso, pero no le preocupan los medios. Fracasada la Triple Alianza de diarios, confirmó su idea de que no hay que ocuparse de los desafíos narcisistas. En RTVE le colaron a un inútil del sindicato de abogados del Estado que pactó 50%-50% con el PSOE. Las otras televisiones no ayudan, dejan largar todo el tiempo a los antisistema. Mariano pasa, en eso de los medios es un autista.
–¿No le va a afectar el caso Bárcenas?
–Había un banquero del Opus que recogía la pasta para todos los partidos y luego pasaba la canastilla a los otros. Fraga se reunía a cenar con los empresarios y a las doce se levantaba como un huracán y les decía: «Ahí les dejo con Álvaro». ¿A qué viene ahora tanta hipocresía? De todas formas, al que se haya pringado, que lo crujan.
–¿Cómo ves a los ministros?
–Algunos socarrados, como Alberto o el patán de Exteriores; a la de Trabajo no la salva ni la Virgen del Rocío. Aún están vivos Arias, Pastor, Soria...
–Soraya aguanta.
–Porque sale sólo los viernes, reparte licencias, echa la bolsa salvavidas al grupo mediático casi ya no reconocible, llamando a Telefónica y a Botín. Pero el viernes negro, cuando miraba el partido de tenis de los malos augurios entre Guindos y Montoro, estuvieron a punto de acabar la legislatura. ¿Dónde está Rajoy? En Alemania, en la prima de riesgo, en la unión bancaria.
–¿Hay una conjura en el Partido Popular?
–No veo conjura. Rajoy es el que manda, los ministros son sus empleados, sólo tienen algo de poder los barones porque hacen listas y ganan elecciones. Intentan dar por el culo, como siempre, los del espectro demócrata-cristiano: Arenas, Mayor, Añejo, Nasarre.
–Esperanza Aguirre da guerra.
–Quema a su delfín, lo va achicando. Esperanza es una gran política y le gusta ser la figura aunque sea en un entierro. Dice que hay que hacer lo contrario de lo que hizo ella: llenar la Puerta del Sol de funcionarios y dar dinero a los sindicatos. Apenas le apoya la vieja guardia de Madrid.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Abortando a ETA - David Torres



Abortando a ETA - David Torres
El ministro del Interior suele tener problemas cuando emerge al exterior. Le plantan un micrófono en la boca y en seguida suelta lo primero que se le ocurre. Relacionó ETA y el aborto porque le preguntaron a traición en esos momentos preliminares de la rueda de prensa, cuando aún barajaba mentalmente la introducción y las meninges no estaban bien engrasadas. Los cables pelados de la psique ministerial hicieron el resto. Fue una auténtica suerte que no le preguntaran por la infanta Cristina, por Mourinho o por el Opus Dei, porque entonces podíamos haber tenido titulares fastuosos: “Mourinho tiene que ver con ETA pero no demasiado”.
Apremiado por el reloj, el ministro no tuvo tiempo para desarrollar su tesis, con lo cual no nos queda más remedio que especular por nuestra cuenta. ¿Qué quiso decir en realidad? ¿Que hay que abortar a ETA? ¿Que los médicos abortistas son todos batasunos? ¿Que un feto muerto de dos meses tiene los mismos derechos que una víctima de ETA? ¿Que los seis detenidos en Francia tendrían que haber sido abortados? ¿Que los abortos son equiparables a las masacres etarras? ¿Que el atentado a Carrero Blanco fue un aborto en diferido? ¿Que ETA nació en una clínica clandestina? ¿Que los escraches son raspados en el útero político?
Hace unos días expulsaron a una concursante de Gran Hermano por hacer un comentario de mal gusto sobre el regreso de ETA. La Milá, sus sesudos tertulianos y todos los responsables de ese teleteatro hecho por y para deficientes mentales se rasgaron las vestiduras ante una broma absurda que, en el peor de los casos, viene a demostrar que el terrorismo etarra ya sólo sirve para hacer chistes malos. Al poco llega el señor ministro del Interior, se sube al estrado, frivoliza otra vez sobre ETA y todos piden su dimisión. Lo lógico, creo yo, sería pedir que lo metan en la casa del Gran Hermano, ese habitat artificial donde un supernumerario del Opus Dei daría mucho juego. Sobre todo en el confesionario.
Jorge Fernández Díaz ha bajado el listón de la política española del suelo a dos metros bajo tierra, más o menos el nivel donde las víctimas del terrorismo se habrán quedado mudas con su ingenio. Pero también ha revelado a luz de los focos la cruda verdad, a saber, que el gobierno de Mariano al completo es otra edición del Gran Hermano, desde un presidente teledirigido hasta un manojo de ministras que parece trasplantado desde la cocina de Guadalix de la Sierra. Gran Hermano sigue esparciendo mierda en la pantalla por la misma razón que el PP hace lo propio en la pantalla y fuera de ella: a la gente le gusta y no hay más que hablar. Esto tiene algo que ver con el aborto pero no demasiado.

La rebusca - Raúl del Pozo



La rebusca - Raúl del Pozo
En La busca, el de la boina y las alpargatas de abrigo relata cómo los traperos husmean en los cubos de basura. Baroja dice que la ley les perseguía porque la ley es como los perros, sólo ladra al que va mal vestido. A lo largo de este año ha vuelto la busca y la rebusca de patatas, racimos o aceitunas que no fueron recolectadas. Vuelve la galipa aunque el Gobierno se viene arriba porque han bajado en abril el paro, los cruceros y las putas; cuando daban la información del paro llegó la noticia de que, en Barcelona, un hombre se ahorcó cuando iban a desahuciarle. En Madrid la emperatriz que se desnuda ante el esclavo, la dama que un día fue chica de Serrano, va a Embassy, pide un pancito de tortilla española, una media luna de cangrejo y se va sin pagar; su marido falta a las monterías porque anda boqueras.
Los niños de 2013 no son los rapados del piojo verde en los años de algarrobas y pan de centeno, aunque me cuentan desde Andalucía que hay menos divorcios, vuelve el ménage à trois a la fuerza porque no hay dinero para separarse. Los parados se arriman a los abuelos para vivir de la vaca de la pensión, como en la utopía de la vaca sueca y rubia ideada por Olof Palme.
Marcos de Quinto, presidente de Coca-Cola España, habla del patriotismo económico, de la necesidad de que las grandes empresas ayuden a salir de la crisis; ha lanzado un mensaje para que los niños vayan al campo porque si no dentro de unos años no habrán visto una vaca. Tiene gracia que Coca-Cola, el duende imperialista, dé lecciones de humanismo a Europa. De Quinto dice que hay que evitar que España sea un país de futbolistas y cocineros. La multinacional colabora con Tomillo y otras oenegés para llevar bolsas de alimentos a los parados. «¿Por qué te extrañas? Toma de la misma botella de Coca-Cola y de la misma calidad un vagabundo que la reina de Inglaterra».
Como en Andalucía comen cardos y caracoles, que reptan como las serpientes y llegan a la sartén en un infierno de pimienta y hierbabuena, consulto a mi kung-fu, shaolin, prochino, y me tranquiliza: «Pequeño saltamontes, el país no se hunde, hay camiones por las carreteras, gente en los restaurantes, colas para ver la exposición de Dalí; éste es el mejor abril para el paro desde 2007».
Pero los de la Juventud sin Futuro (#sin casa#sin curro#sin miedo) gritan: no nos vamos, nos echan. Estos jóvenes no se parecen nada a aquellos maoístas que veían hervir los cuatro mares y danzar las montañas como serpientes de plata. No buscan predicadores melenudos, sino una salida de emergencia.

martes, 7 de mayo de 2013

Otro error de Iñaki - Salvador Sostres


Otro error de Iñaki - Salvador Sostres
Los duques de Palma cometen otro error marchándose a Qatar, un país cuyo Gobierno tiene un modo de operar inquietante e incluso siniestro. La alta sociedad qatarí, muy dada a la fiesta opulenta y al exceso permanente, querrá presumir de Infanta española, y Cristina e Iñaki no podían ofrecer una imagen más frívola e improcedente que la de ir de celebración en celebración teniendo como tienen asuntos pendientes con la Justicia y habiéndose presuntamente aprovechado ilegítimamente de dinero público.
En contra de lo que se ha dicho y publicado, ni el Rey ni su Casa tienen nada que ver con este desafortunado traslado. Ni lo han propiciado ni lo consideran oportuno. Se trata del enésimo desafío de Urdangarin a la Corona, y de la enésima vez que perjudica su imagen con su inconsistencia, temeridad y su alarmante no saber estar a la altura de las circunstancias.
Si bien es cierto que poner distancia podría favorecer a los duques de Palma, en tanto que la opinión pública podría olvidarse un poco de ellos y de lo que se les acusa de haber hecho, el destino que han elegido no podía ser menos apropiado. Si empiezan a llegar imágenes a España de Iñaki y de Cristina participando en grandes galas, fiestas y recepciones, y llevando un tren de vida fastuoso y regalado, el conjunto de los españoles podría verlo como una burla y como un escarnio, sobre todo en estos tiempos tan difíciles.
Resulta además un despropósito de consecuencias diplomáticas impredecibles que un régimen como el qatarí pueda usar la imagen y la residencia de una hija del Rey de España como argumento de homologación ante las otras democracias occidentales pese a sus oscuras prácticas. Iñaki tendría que recordar no sólo quién es, sino también lo que representa, aunque sólo sea por corresponder al amor y a la fidelidad que tan intensa y comprometidamente su esposa le ha demostrado. El eventual traslado de los duques de Palma a Qatar es, por lo tanto, en general, un asunto desgraciado con el que el Rey nada tiene que ver y que nadie duda que ocasionará nuevos y complicados problemas a su Casa.
Episodios como los del elefante y chismorreos como los de Corinna no desgastan a un rey consolidado y querido como Juan Carlos ni ponen en entredicho la vigencia de la Monarquía, ni su utilidad. Los reyes siempre han cazado, y siempre han retozado, y esto el pueblo lo ha visto siempre con mucha más simpatía que enfado.
Otra cosa es el fraude y el engaño, y aprovecharse de la Casa y de la misma figura del Rey para quedarse con dinero público. Iñaki Urdangarin ha traspasado todas las líneas imaginables, ha causado un daño inmenso a la Corona española, y resulta completamente inaudito que en estos días en que el Rey intenta relanzar la imagen y el sentido de la monarquía en España para dar esperanza a su pueblo, y para crear el ámbito de confianza para que ésta florezca, el duque de Palma insista de nuevo en perjudicarle con este viaje que por activa y por pasiva se le ha dicho que está completamente fuera de lugar.
La paciencia y la generosidad que tanto el pueblo español como la Casa Real han mostrado con Iñaki Urdangarin y con sus múltiples y profundas equivocaciones tiene el evidente límite de salvaguardar la credibilidad de un Rey que tanto ha aportado hasta ahora como lo que puede y debe continuar aportando en estos momentos tan delicados.
El tiempo de la condescendencia ha terminado, el Rey ha vuelto a tomar las riendas de un modo personalísimo y decidido, y no dudará en apartar fulminantemente a quien le perjudique en su imprescindible labor de recuperación de España.

lunes, 6 de mayo de 2013

Agua de corcho - José Luis Alvite

Agua de corcho - José Luis Alvite

Hay dos maneras de percibir la desalentadora realidad económica por la que atraviesa el país: escuchar las previsiones optimistas del Gobierno para dentro de seis años o meter las manos en nuestros bolsillos y hacer cuentas. Son maneras bien distintas de evaluar la cruda realidad y creo que los ciudadanos se quedan sin remedio con la segunda, es decir, con la evidencia de que las grandes cifras y los grandes conceptos de la macroeconomía importan poco cuando lo perentorio es disponer del dinero que se necesita para la próxima comida. Lo primero que muchos españoles hacen al enfrentarse cada mañana a la vida no es tomar nota de las previsiones abstractas de los economistas, sino abrir con temor la puerta de la nevera y preguntarse como harán para reponer lo que se ha ido consumiendo. No se trata de leer las alentadoras previsiones para dentro de seis o siete años, como nos proponen los políticos, sino de reunir algo de comida, nada del otro mundo, cualquier cosa que no pudra el agua al hervirla en ella. ¿Cuántos de nuestros gobernantes sufrieron la angustiosa sensación del hambre inminente? ¿Y cuántos de ellos conocen el precio de un huevo, el de un kilo de pollo o hicieron cuentas alguna vez porque ni siquiera podían pagar el autobús en el que subirse para recorrer la ciudad en busca de empleo? ¿Recuerdan haber tomado alguna vez café por la mañana en el mismo bar en el que suelen hacerlo su cocinera o su chofer? Mucho me temo que viven en una realidad distinta de la de los ciudadanos, en un mundo amable, antibiótico y feliz en el que todo está en su sitio, igual que están en su lugar de siempre el profesor de equitación, el fuego de la chimenea y las manchas del dálmata. Después vendrá el verano y se irán a nadar sin riesgos en una piscina con los bordes de cretona y el agua de corcho.

Recortar de cuajo - David Torres



Recortar de cuajo - David Torres
Tenía que llegar el momento en que los recortes sanitarios alcanzaran el hueso y así ha sido: a un chaval le han quitado la prótesis que le acababan de implantar en una rodilla por falta de pago y lo han mandado a casa cojo y con una colleja. Ya es casualidad que esta infamia haya tenido que suceder justamente en Valencia, epicentro de la trama Gürtel, feudo de Camps y de Fabra, la madre de todos los dispendios, una comunidad famosa por sus trajes de regalo, sus aeropuertos posmodernos y sus loterías falsas. Pueden apostar lo que quieran a que no había 152 euros para la prótesis de un enfermo que seguramente, desde que su padre lo inscribió en el libro de familia, había cotizado religiosamente a la Seguridad Social (léase S.S.) un dineral todos los meses, pero sobran millones para otro circuito de carreras, otra mantilla para Rita Barberá y otra visita del Papa.
La estampa valenciana podía ser el epítome perfecto de la España negra si no fuese porque ahí al lado, en Mallorca, acaba de morir precisamente un negro, Alpha Pam, 28 años, senegalés para más señas, a quien le denegaron unas pruebas de diagnóstico en un hospital mallorquín. Alpha llevaba ocho años residiendo en Palma, lo que quiere decir que no acababa de bajarse de una patera, pero como hacerle una radiografía salía demasiado caro, le recetaron ibuprofeno contra la tuberculosis y le mandaron a morir a su puta casa. Están haciendo una colecta para enterrarlo en Senegal porque aquí en España el epitafio lo escribiría Andreita Fabra.
Me está quedando una columna que huele a cementerio, como el país entero, un aroma a carroña que ya no es la podre habitual de los Urdangarines y los Bárcenas, esa peste que ha cruzado el Atlántico y ha llegado hasta la portada del New York Times remando en una patera de mierda marca España. No, esto no es ninguna metáfora, ya lo decíamos al principio: han cogido el serrucho y han empezado a recortar de cuajo, recortar por lo sano, les da lo mismo pies que cabezas, negros que blancos. No los tachemos de racistas, para ellos somos todos igual de insignificantes.
Con los Guindos, los Montoros y los Wert de mayordomos, y un presidente gafado hasta en los campos de fútbol, España ya parece el remate de una funeraria, un camposanto donde a lo lejos danzan los ministros con sus guadañas como en la colina de El séptimo sello. Gracias a los desvelos de una ministra de Sanidad que ya conjuga su apellido en pasado y un alcalde de justicia preocupado sólo por que los nonatos puedan ser bautizados y ganarse el cielo en las listas de espera del paro y de los quirófanos, la gaviota del PP ha devenido en buitre planeando en círculos sobre sus votantes. En el New York Times la próxima noticia sobre la marca España va a salir en la sección de necrológicas.

domingo, 5 de mayo de 2013

Ropa limpia - Cristina L. Schlichting

Ropa limpia - Cristina L. Schlichting

¿Cómo es posible que un vestido cueste cinco euros y una camiseta, dos? Entusiasmados con el textil ultrabarato, apenas recordamos el truco... hasta que se quema una fábrica en Bangladesh. Para que sea posible el milagro del precio, Suma Sarker entra a trabajar a las ocho y sale a las diez de la noche, sin días libres ni contrato y por un sueldo de 32 euros mensuales. Cuando enferma o pare, se queda en casa sin cobrar. El 90% de los obreros textiles del país asiático son mujeres hacinadas en los 4.500 talleres. Muchas compañeras de Suma mueren. Esa preciosa cazadora de piel sintética que ves en el escaparate, lleva dimetilfumarato, que causa eccemas y problemas respiratorios. La substancia se hizo famosa cuando llegó a Europa en zapatos y sofás chinos. La falda multicolor que te hace pensar en la primavera, se tiñe con azocolores, que dan asma y dolencias renales y tiroideas, y provocan malformaciones en los fetos. Es típica también de los tejidos de la India. Los vaqueros que te enloquecen se envejecen con un sistema de inyección de arena que genera silicosis pulmonar, la enfermedad incurable de los mineros. El método fue prohibido en 2009 en Turquía y la mayor parte de los productores se trasladaron a Bangladesh. La culpa la tienen la pobreza, corrupción y falta de legislaciones laborales de los países de origen, pero las multinacionales hacen la vista gorda. El resultado es que, en una prenda de 10 euros, sólo un céntimo se va en salarios. Ni Bangladesh ni los importadores van a hacer nada mientras el consumidor no se queje. ¿Qué podemos hacer? Uno. Rechazar ropa o calzado con fuerte olor químico (atención a las bolsitas blancas antihumedad, pueden contener dimetilfumaratos). Dos. Comprar sólo prendas cuya etiqueta indique el lugar de fabricación. Evitar también las que marcan sólo «diseñado en», es una forma de escamotear el origen real. Tres. Recuerde que los vaqueros gastados de Bangladesh se tratan con arena. Cuatro. Recele especialmente del color negro, incluso en prendas de algodón. A más intensidad, más metales pesados en las tinturas. Y si quiere saber quién fabrica exactamente en qué país: ropalimpia.org. La silenciosa rebelión de los compradores es una herramienta muy poderosa. Ni siquiera se trata de gastar más en ropa (hay marcas caras fabricando en Bangladesh), sino de que el dinero de las indemnizaciones «post mortem» se invierta antes en mejorar las condiciones laborales. En palabras del Papa Francisco: «A esto se le llama trabajo esclavo. Buscar sólo el beneficio es estar en contra de Dios».

sábado, 4 de mayo de 2013

Arte y coraje - Alfonso Ussía


Arte y coraje - Alfonso Ussía
La Parte Vieja de San Sebastián es la síntesis del alma donostiarra. Un alma bicolor. Es blanca y es roja. Blanca de esperanza y roja de sangre derramada. Tascas de pinchos sublimes, hormiguero de naturales y visitantes, espacio de los silencios cautelosos y atemorizados. Allí sólo hablan en voz alta los que amenazan. En la Calle Mayor –antes al menos, se llamaba así–, que nace en la Alameda y muere, en lo alto, en la parroquia de Santa María del Coro, a dos pasos del muelle de los pescadores, se entremezclan los que acuden a Misa y los que saltan de bar en bar a gritos o con prudencias. Muchos establecimientos de «Efectos Navales», y también de recuerdos de San Sebastián, como esas horrorosas piezas artesanales de conchas que compran los turistas. La Calle Mayor huele a mar, a viento, a vino y a pescado. También, los que recuerdan los tiempos peores, a sangre esparcida por el suelo de buenas gentes asesinadas. José Manuel Olarte jugaba a las cartas y le dispararon en la cabeza. En Gaztelupe, la sociedad gastronómica vecina de Gaztelubide, murió como consecuencia de varios disparos el ex jugador de la Real Sociedad y cocinero José Antonio Santamaría. Ninguno de los famosos cocineros vascos lamentó públicamente su muerte, y pocos días más tarde los cursis de la gastronomía madrileña homenajearon en el Ritz a uno de ellos, que les ofreció de plato principal «Pechuga de Ave de Invierno», que no se me ocurre otra que el pingüino. Y en «La Cepa», ante María San Gil, con tranquilidad pasmosa, un terrorista dividió en dos con peculiar pericia la cabeza de Gregorio Ordóñez cuando tomaba el aperitivo. Goyo Ordóñez era concejal del Ayuntamiento de San Sebastián, y el Obispo Setién no se enteró de que habían asesinado a un valiente elegido por los donostiarras en las urnas. Una mañana recibió a María San Gil en su despacho del Obispado. - «Señor Obispo, soy cristiana y católica practicante. Soy donostiarra. Soy del PP y trabajaba con Gregorio Ordóñez. Soy su feligresa. Y no me considero bien tratada por Su Ilustrísima». Setién levantó los ojos y se topó con la mirada húmeda y firme de María. Y con la frialdad que le caracterizaba le preguntó: «¿Dónde está escrito que hay que querer a todos los hijos por igual?». Prohibieron su funeral en el Buen Pastor porque se trataba de un «acto político». Se confundían en la calle, en las barandillas del Paseo de la Concha, en los tamarindos de los jardines, las brisas blancas y las galernas rojas, y siempre vencían las segundas.
El artista granadino Omar Jerez ha querido remover las conciencias anestesiadas de los partidarios del crimen y de los cobardes que lo aceptan siempre que a ellos no les afecten las consecuencias. Maquillado como si acabara de sufrir un atentado y llevando en los brazos un simulado cadáver envuelto en amianto, ha recorrido la Parte Vieja. Con seriedad, con una valentía heroica, con la solemnidad de quien individualmente denuncia a toda una sociedad que ha cerrado los ojos y la boca ante la sangre derramada por el terrorismo. Lo que en verdad ha culminado Omar Jerez ha sido un viacrucis en solitario recorriendo, ante el pasmo de los transeúntes, las estaciones de un calvario olvidado. Pasmo en muchos de los viandantes con los que se cruzaba, y también ojos de odio e insultos matizados. Porque estos cobardes que aplauden a los terroristas, sólo usan de la violencia cuando son más que los pacíficos. Omar Jerez, con orgullo y dignidad, se ha librado de un linchamiento. O no habían bebido todavía lo suficiente los chicos de la «Borroka» y les sorprendió desprevenidos el paso del valiente, o no consideraron que eran suficientes para apalearlo. Los vascos cobardes y violentos –que no son todos, ni mucho menos–, necesitan de una trainera para remar, de un orfeón para cantar y de una muchedumbre para agredir.
Lo contrario que Omar Jerez, paso a paso por la Parte Vieja, por las estaciones del dolor, por los lugares de los disparos a traición, pisando con respeto las baldosas que ya han borrado las huellas de la sangre. El Arte que denuncia y que recuerda a tantos la vileza de sus silencios y complicidades. Un tío.

Humor se escribe con hache - Amando de Miguel


Humor se escribe con hache - Amando de Miguel

Miguel Celdrán Iniesta (Suiza) señala que ahora se mezclan dos significados del verbo chocar. No es lo mismo la colisión o choque entre dos o más objetos o personas que la forma reflexiva por la que, si me choca algo, es porque me llama la atención. Don Miguel observa la confusión en frases como esta: "Los dos patinadores se chocaron entre sí". Tiene razón el hombre: bastaría decir que chocaron. Añado que el verbo latino jocare significa "chocar". Es claramente onomatopéyico, como en inglés shock (= golpe) y joke (= chiste, broma). Ese parentesco explica que las situaciones cómicas provengan muchas veces de una sorpresa, algo que nos resulta chocante. Recuérdese el efecto hilarante de los autos de choque en las ferias. En las películas cómicas se repite mil veces el efecto de risa que producen los golpes, las caídas, los encontronazos.
Ignacio Frías reivindica la figura del político catalán (lerrouxista) Joan Pich i Pon, famoso por sus retruécanos. Por ejemplo, cuando hablaba de "la batalla de Waterpolo" o del "conflicto nipojaponés". Eran tan continuos los retruécanos o calambures del que fuera alcalde de Barcelona que se acuñó el término piquiponada, equivalente al del inglés spoonerism. Advierto que ese término nada tienen que ver con spoon (= cuchara); proviene de una figura equivalente de Pich i Pon, el escritor inglés W.A. Spooner.
Julio Iglesias de Ussel sigue rastreando testimonios de la sabiduría popular a través de dichos, carteles, retruécanos y otras manifestaciones del ingenio anónimo. En este caso se trata de un cartel sumamente ingenioso: "En Cuba manda el hermano de un muerto. En Argentina manda la esposa de un muerto. En Corea del Norte manda el hijo de un muerto. Venezuela es la campeona: allí manda el muerto". La verdad es que el histrionismo del presidente Maduro alcanza niveles hilarantes. Nada menos que se le aparece el fantasma del difunto Chávez bajo la especie de un pajarico que revolotea sobre su cabeza. Parece una escena inventada para que el respetable se divierta.
José Luis García Valdecantos echa su cuarto a espadas en la cuestión de la rareza de la acción de dimitir en España. Es una coplilla que se decía en tiempos del franquismo: "En el camino de El Pardo/ algo antes de la ermita/ hay un letrero que dice:/ ¡Maricón el que dimita!". La verdad es que Franco impuso la costumbre de que ninguno de los nombrados por él se atrevía a dimitir. Hubo algún caso raro, como el de Arrese, pero se trató de una extravagancia. Quizá quede el recuerdo subconsciente de esa norma y ahora, en plena democracia, seguimos con la resistencia a dimitir. 

La chimenea de Treblinka - José Luis Alvite

La chimenea de Treblinka - José Luis Alvite

¿Es moralmente defendible que se aleguen criterios de rentabilidad en la aplicación de la Ley de Dependencia? ¿Cabe estimar en su provisión de fondos los mismos criterios ideológicos con los que se patrocinan otras partidas del gasto público? ¿Será que la derecha política es menos sensible a los inconvenientes de la vejez porque puede atender a sus ancianos y a sus desvalidos sin recurrir al dinero público, igual que cuida sus caballos y sus palos de golf? El envejecimiento es un engorro no sólo para el que lo sufre, sino para quienes comparten su vida. Un anciano es una carga funcional, un lastre económico, una terrible servidumbre. Vivimos en una sociedad que soporta mal el dolor y prefiere delegar en el Estado la incomodidad que supone la vejez. Por otra parte, los políticos recortan gastos sin la menor reflexión sobre la ética del presupuesto, sin que importe que el ahorro resulte no sólo equivocado, sino inmoral, incluso delictivo. Podríamos culparnos los unos a los otros con argumentos y nadie resultaría impune. Entre todos hemos convertido la vejez en un asunto casi agropecuario que se resuelve agrupando a los ancianos en granjas asistenciales que se administran sin la menor emoción, con escrupulosa frialdad, tratando de ahorrar en la medicación, en el abrevadero y en los piensos, utilizando en ello una mecánica en la que para rozar el holocausto sólo falta que al final del tren de lavado alguien se encargue de que funcione con máxima rentabilidad un horno crematorio. A eso hemos llegado en imparable degradación. Hemos convertido la vejez en un subproducto social, y su administración, en una industria de residuos sólidos. Es cuestión de tiempo que la degradación moral de los servicios públicos siga su avance implacable y que sobre los tejados de nuestros asilos y residencias asome la espeluznante chimenea de Treblinka.

Jo, tía - Manuel Jabois


Jo, tía - Manuel Jabois
UNA CONCURSANTE de GranHermano, un programa muerto no a pesar de la audiencia sino gracias a ella, y cuanta más mejor para que su entierro sea más largo, ha dicho que acudió a una manifestación para pedir la vuelta de ETA y acto seguido, naturalmente, aclaró que era una broma. La reacción en la casa fue de risas discretas y algún reproche de «jo, tía». Fuera se pidió su expulsión inmediata del concurso por respeto a las víctimas. Ningún respeto mayor a las víctimas que ETA salga de editoriales sesudos y estudios antropológicos y se meta en Guadalix de la Sierra. Hemos esperado 15 años a que un reality haga justicia a su nombre y cuando por fin lo hace se pide la dimisión de la chica. Urge una reposición de ConfianzaCiega y los tics de Carolina entregada a Francine Gálvez (Francine éramos todos). «¿Quién es esa tía?», gritaba señalando a la loba del programa que merodeaba a su novio. «¿Qué más da, Carolina?», le decía la negra: «Esa loba es tu mejor amiga. La metáfora, más bien». Aquella banda sonora temible era en sí misma una promesa de infidelidad y Caro se iba entre lágrimas («jo, tía») a que le acariciase los pechos un argentino. Pues ahí está ETA: provocando nominaciones. «¿A ti por qué te echaron, porque no lavabas la loza?» «No, yo es que pedí que volviese ETA». A mí me parece el escenario ideal de la paz. Un epílogo estupendo para sepultar tantos años de horror: empezaron con Juaristi y acabaron en la sala de confesiones de GranHermano. La revolución no era el marxismo sino que ganase Dayron. Se contextualizan de esta forma los terroristas, prestigiados antiguamente como si pegar tiros por la espalda necesitase de bagaje intelectual: chonis con pistola legitimados entre risas en un reality cuyas acciones militares se reducen al edredoning. Deberían de entregar las armas llamando al teléfono de aludidos.

jueves, 2 de mayo de 2013

Noches con tren - José Luis Alvite

Noches con tren - José Luis Alvite

En una ocasión me quedé sin trabajo en el periódico y no dije nada en casa. Durante dos años fingí unas ocupaciones que ya no tenía. He tenido siempre cierta facilidad para ser contenido e inexpresivo, de modo que mi rostro podría reflejar con el mismo gesto un premio de la lotería, un gatillazo o un cáncer de colon. He sido siempre tan contrario al elogio, como reacio a la compasión. Nunca entendí muy bien que aquel periódico tomase semejante decisión, ni creo que en realidad me haya importado mucho. A veces al anochecer caminaba sin prisa hasta la estación del ferrocarril y me sentaba en el andén a ver salir los trenes. Aquella penumbra y los gálibos rojos en los topes de los vagones me producían una agradable congoja, una tristeza que me gustaba pensar que sería insuperable, un dolor existencial que yo convertía en frases que anotaba de madrugada en los posavasos de papel de los bares que frecuentaba. Ni estaba orgulloso de mi situación, ni era algo que me desesperase. Dormía poco y estaba rendido. Siempre supe que el cansancio produce una especie de agradable resignación, una derrota placentera, como cuando al final de una pelea descubre uno que hay un momento en el que incluso resulta analgésico el dolor. Un día alguien me ofreció trabajo y acepté casi a regañadientes, temeroso de que la relativa prosperidad acabase con mi independencia y modificase mis vicios. Fue entonces cuando Carlos Herrera se fijó en mí y me llamó a su lado. No le importó que fuese errático e imprevisible, ni que pudiese despertar cualquier día en el cadáver apócrifo de otro hombre. Aunque ahora parezco más cumplidor, en el fondo sigo siendo el de antes, el de siempre, el periodista iconoclasta y descreído que a veces se queda mirando a una mujer porque le parece haber visto el rictus de su ligadura de trompas en la sonrisa pagana de Dios.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La vida - Juan José Millás



La vida - Juan José Millás
El vendedor insistió en que vaciara por completo la batería del iPhone recién adquirido tres o cuatro veces y que volviera a llenarla otras tantas hasta el límite, antes de usarlo de una manera normal. Todo ello para evitar el llamado "efecto memoria". Siguen advirtiéndonos de ello, aunque se supone que todo el mundo lo debería de saber a estas alturas de la tecnología. Daba la impresión de que le iba la vida en ello no tanto al móvil como a él, al dependiente. Me agobió un poco, la verdad, por poco abandono la tienda sin el aparato. Finalmente me lo llevé, apuré sus vatios hasta las heces, como si fuera un alcohólico de electrones, y el teléfono se quedó completamente muerto. Imaginé que el coma sería algo parecido y comprendí la identificación del vendedor con la batería. Ojalá uno pudiera vaciarse por completo, siquiera ocasionalmente, de la ansiedad, del hambre, de la sed, del deseo, de la identidad, de los afectos, de los terrores nocturnos, de las ambiciones diurnas. Vaciarse del todo como se vacían los expertos en meditación trascendental.
¿Y luego qué? Luego, a cargarse de nuevo hasta las cejas para vaciarse a continuación con mayor ímpetu. Y así, durante los tres o cuatro primeros encuentros con la vida. Después nos podríamos vaciar y cargar a medias, en cualquier sitio, como esos ejecutivos que buscan en los bares un enchufe al que enganchar su iPhone durante unos minutos. Mientras ellos toman una cerveza, el aparato picotea unos vatios con los que aguanta en pie dos horas más, hasta que se acaba la jornada. En cierto modo, la realidad se comporta así. Los jóvenes viven de forma tan intensa que cuando no están repletos de energías están vacíos de ellas. 
El término medio se alcanza con la edad. El autobús, a la hora de ir o venir de trabajar, está lleno de gente neutra, gente que no parece ni alegre ni triste, ni cansada ni eufórica. Descabezan un sueño de diez minutos y hacen tres horas extras. La batería del móvil está hecha a imagen y semejanza del alma. El aparato, en cambio, es un fiel reflejo del cuerpo. A veces dura menos el cuerpo que la batería, pero lo normal es que el estado de ánimo acabe con los órganos. Ahí veo un enchufe para tirar hasta la noche.

martes, 30 de abril de 2013

Suiza, el paraíso perdido - Casimiro García Abadillo



Suiza, el paraíso perdido - Casimiro García Abadillo
Suiza ya no es un lugar seguro para los evasores fiscales. Si Luis Bárcenas tuviera ahora que poner a buen recaudo su enorme fortuna, debería buscar refugio en Gibraltar o en Mónaco, aunque en estas plazas financieras, que pujan por quedarse con una parte del pastel del país helvético, sólo podría practicar el esquí acuático.
De forma sorprendente, los bancos suizos se han convertido en aliados de la Hacienda española en la tarea de levantar las alfombras para localizar las grandes bolsas de dinero negro que engordaron durante los años del boom.
Fuentes solventes apuntan que el dinero español (incluyendo cuentas y todo tipo de activos financieros) depositado en entidades de Suiza alcanzó en 2012 los 100.000 millones de euros (el 10% del PIB español). En su mayor parte, ese dinero no habría sido declarado a Hacienda. Aunque una gran parte se ha regularizado, la mayoría de esa suma sigue depositada en bancos suizos «por motivos de seguridad», acentuados tras la crisis de Chipre, señala una fuente.
La regularización extraordinaria o amnistía fiscal llevada a cabo por el Gobierno afloró 40.000 millones de dinero negro.
Sin embargo, esa cifra se elevará sensiblemente ante la enorme cantidad de personas y empresas que están regularizando en las últimas semanas por la vía ordinaria, según fuentes del Ministerio de Hacienda.
¿Por qué tanta gente está optando ahora por ponerse a bien con el Fisco? En primer lugar, porque las multas (ley de lucha contra el fraude del pasado 31 de octubre) se han endurecido, al igual que las penas que contempla el Código Penal para los delincuentes fiscales (de dos a seis años con plazo de prescripción de 10 años en lugar de cinco).
Pero, al mismo tiempo, porque los clientes opacos han sufrido el acoso de las propias entidades, que han puesto en práctica políticas que priorizan el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
En UBS –que junto a Crédit Suisse representa el 50% del sistema financiero suizo– el objetivo es que en enero de 2014 no quede ni una sola cuenta cuyo propietario no haya declarado sus fondos a la hacienda de su país de origen.
Por su parte, Crédit Suisse ha puesto en práctica un código de conducta que prohíbe «desarrollar actividades con clientes cuyo objetivo sea incumplir sus obligaciones fiscales».
Otro importante banco suizo, Julius Baer, no permite abrir cuentas a españoles desde el pasado mes de octubre si el cliente previamente no presenta un documento que acredite que la información ha sido facilitada al Banco de España.
Según afirma un abogado experto en asesoría fiscal, «los propios bancos están remitiendo cartas en castellano a sus clientes para que declaren antes del 30 de abril».
En efecto, el próximo martes vence el plazo para informar a Hacienda sobre las cuentas y bienes en el extranjero de los residentes en España. El modelo 720 de Hacienda (en el que hay que consignar las cuentas por encima de 50.000 euros) está incrementando el número de declaraciones complementarias.
Ese cambio radical en la actitud de la banca suiza tuvo su punto de inflexión el pasado 1 de febrero, cuando el Consejo Federal helvético decidió facilitar datos sobre cuentas bancarias a los países que los soliciten y que hayan firmado el Acuerdo para Evitar la Doble Imposición.
Suiza comenzó a virar sobre todo a partir de un conflicto generado por la petición de información del Gobierno de Estados Unidos precisamente al banco UBS. El Gobierno helvético firmó un acuerdo bilateral con EEUU, pero luego las presiones de Bruselas y de la OCDE llevaron al establecimiento de la nueva legislación, en la que el secreto bancario sólo es sagrado si no se invoca para ocultar delitos.
Una fuente de uno de los mayores bancos suizos apunta: «El mayor riesgo de la banca ahora es el riesgo reputacional. Los bancos suizos no pueden seguir dando la imagen de que sirven de refugio a dictadores, narcotraficantes y políticos corruptos».
Por otra parte, esa actitud de mayor colaboración de las entidades tiene también su vertiente judicial. Hasta hace poco tiempo, las comisiones rogatorias que se remitían desde España a Suiza sufrían todo tipo de trabas, dado que los jueces helvéticos se niegan a dar información si el motivo de la petición es exclusivamente la investigación de delitos fiscales.
Como reconoce el presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, esa forma de proceder ha cambiado para bien. La actitud del juez, que ha viajado varias veces a Suiza, y el cambio de clima respecto a primar el esclarecimiento de los delitos sobre el secreto bancario, ha propiciado que se haya remitido a España la comisión con los datos de Bárcenas, lo que ha provocado terremoto político en el PP.
De todas formas, aún quedan otras 16 comisiones rogatorias solicitadas a Suiza, la mayoría relacionadas con el sumario de Gürtel.
¿Significa ésto que los delincuentes de cuello blanco tienen cerradas las vías para ocultar sus inconfesables fortunas?
No. Como reconoce el propio presidente de la Audiencia Nacional, además de las comisiones rogatorias remitidas a Suiza, hay otras 18 en marcha reclamando información a paraísos fiscales, como Islas Caimán, Jersey, etcétera. Esos reductos no tienen interés en colaborar con la Justicia. Su reputación consiste en su capacidad para resistirse a las peticiones de los tribunales que investigan delitos de sus clientes.
Según fuentes financieras, tras la regularización extraordinaria, y después de la avalancha de declaraciones complementarias que se está produciendo estos días, aún quedarán unos 30.000 millones de euros por aflorar que han huido en busca de escondites más seguros.
La lucha contra el fraude debe ser una de las prioridades del Gobierno. Cuando el país acumula más de seis millones de parados y la recuperación económica se aleja hasta 2016, no se puede consentir que un puñado de evasores siga burlándose de los que, pese a todo, cumplen con sus obligaciones.
En 2012 había en Suiza 100.000 millones de españoles, la mayoría sin declarar a Hacienda
Gran parte de ese dinero español permanece en Suiza por seguridad, por miedo al «corralito»

Estuario con chiquillos - José Luis Alvite

Estuario con chiquillos - José Luis Alvite

Fue un atardecer, en las postrimerías del verano, regresando a casa en taxi con tía Pepita, después de acompañarla a un parto. Ella ganchillaba ensimismada sus hilos portugueses y yo miraba el paisaje con el aliento estampado en el cristal. A la salida del puente en la desembocadura del Umia, tía Pepita detuvo las manecillas de la suave hilatura: «Arrime el coche a la orilla, Benito, por favor; el niño quiere aplaudirle al paisaje». Y así ocurrió una tarde de verano, en aquel estuario de Mar de Frades al que acudían arremangados los muchachos de los Maristas y se metían enhebrados en la bajamar y enfriaban su piel y sus tentaciones con aquel agua herbácea y anfibia en la que trotaba la espuma como una yeguada de escrotos, robalizas y oblea, muy cerca de la playa O Borrón, adonde acudían mis vecinitas de la calle Infantas para ver pasar a lo lejos, como siglas de luz sobre el agua, la silueta del apuesto Albino deslizándose impulsado por el suave molinillo de las lentas brazadas con las que teñía de rosa el agua y grapaba el mar. Fue un instante breve y sacramental, un párrafo de gaviotas en vilo sobre el agua y un extenuado jadeo de los marineros bogando en gris a contraluz, como pestañas a las que fuese a vencer el sueño abatidas en los bancales de una trainera de rímel. «Siga la marcha, Benito, por favor». El taxi se ceñía a la carretera y en el ganchillo de tía Pepita medraba otra vez la lenta buganvilla de algo fosco que nunca supe muy bien de qué prenda se trataba. Quedaban atrás el estuario del Umia y los muchachos de los Maristas con los pantalones abrazados por el agua a sus piernas, la felicidad difuminada en la marimba de su risa y el sexo lacio como una robaliza empalada en un taco de membrillo. Por alguna razón supuse siempre que Dios era una imitación de todo aquello...

lunes, 29 de abril de 2013

Aquellos días afrutados - José Luis Alvite

Aquellos días afrutados - José Luis Alvite

Al final, la vida de un hombre se reduce a amontonar los recuerdos y tener a mano el teléfono de las ambulancias. El resto son ilusiones pasajeras, planes que no cuajaron y la suerte inmensa de hacer tres comidas al día. Uno se hace mayor y comprende que cada mañana al despertar le espera otro esfuerzo fuera de su alcance, un café que destruye la leche y ese periódico local en el que en cualquier momento será noticia su propio cierre. Hay que rendirse a la evidencia y seguir adelante como se pueda, conscientes de que las posibilidades de que surja una buena noticia no son en absoluto mayores que las de encontrar sangre en las heces. En la vida de un hombre llega un momento en el que se da cuenta de que aquellas cosas que aún le tolera la conciencia ya no se las permite el cuerpo y que hasta podría ocurrir que –por extenuación, por rutina o por desidia– le sobrevenga un bostezo en la mitad de un beso, como recuerdo que le ocurrió a una amiga mía que cumplidos los cincuenta años descubrió que en su declive emocional se daban juntos la resignación y la esperanza, la ganas de leer y la presbicia, y que en el momento de mayor placer sexual se le mezclaban el orgasmo y la llorera. Una madrugada de copas le dije: «No hagas planes y vive cada instante. Los días del ansia de comer dejarán paso a los días en los que habremos de conformarnos con la suerte de no vomitar. No hay otra manera de entender la vida, amiga. Nos quedará el recuerdo de cuando en Navidad nos sentábamos lejos de la cabecera de la mesa, de aquellos días dominicales y afrutados en los que había playas a las que ni siquiera había llegado aún la geografía, aquel tiempo indulgente y bautismal en el que incluso la muerte se perdía camino del cementerio». (Al admirable Andrés Aberasturi)