sábado, 16 de abril de 2022

Viernes Santo, sin curas ni trenes - César Lumbreras

+Viernes Santo, sin curas ni trenes - César Lumbreras


Mi primera intención era abordar hoy de lo Renfe, sus trenes y el maltrato a Salamanca. Sin embargo, lo he descartado por dos razones principales. La primera, que estoy escribiendo en la tarde del Jueves Santo, jornada en la que la Iglesia Católica celebra el día del Amor Fraterno, y el artículo iba a tener de todo, menos “amor” y “fraterno”; así que no procedía. El segundo de los motivos que me han llevado a desistir de mi intención inicial es que hay muchos viernes al año para realizar la crítica correspondiente por la actitud de la citada empresa y del Ministerio de Transportes, mientras que Viernes Santo solo hay uno. Así que no viene mal realizar un sacrificio en esta jornada, lo mismo que las cofradías que hacen sus estaciones de penitencia, casi, casi, a la misma velocidad que los trenes lentos que unen, es un decir, Salamanca con Madrid por Ávila. Toca hoy un poco de contención y un mucho de ayuno y abstinencia en la crítica, que un día al año no hace daño, y sumirse en los recuerdos de los Viernes Santos de otros tiempos.

He sido, y sigo siéndolo, un amante fiel de todos los productos del marrano “colorao”, desde el chorizo, al salchichón, pasando por el jamón. Pues bien, el Viernes Santo me entraban unas ganas enormes de tomar unos huevos fritos con algún embutido o chacina y, claro, simplemente mencionar ese deseo ya era motivo de escándalo familiar, con respuestas del tipo: “sinvergüenza, hoy, Viernes Santo, ayunan hasta los judíos”. Yo solía responder que eso era lo normal, porque habían matado a Jesucristo, lo que generalmente empeoraba las cosas. El asunto tenía su miga y cierta justificación, porque esto solía suceder a eso de las diez de la mañana, tres horas largas después de que los monaguillos nos hubiésemos levantado para participar en el primer acto religioso del día: el viacrucis. Se realizaba por las calles del pueblo y también casi a la misma velocidad que el ya citado “tren lento”; previamente, habíamos hecho el mismo recorrido a una marcha más rápida, eso sí, convocando a los fieles mediante el sonido de las carracas, ya que no se podían utilizar las campanas. Claro, después del madrugón, de la doble caminata por las calles con sus correspondientes paradas, del frio correspondiente y del sermón con el que finalizaba el Viacrucis, lo que pedía el cuerpo era un buen almuerzo a base de huevos fritos y embutidos, pero no podía ser, porque tocaba ayuno y abstinencia. Hoy son pocos los viacrucis que se ofician a primera hora de la mañana, entre otras razones porque no hay curas suficientes en la mayor parte de los pueblos y, los que todavía resisten, no pueden multiplicarse. Lo de los trenes quizás tenga solución y depende de que haya voluntad política. Lo de los curas y los viacrucis, me temo que no.

P.D: Dedicado al amigo Manolo Muiños, que resiste.

martes, 5 de abril de 2022

Soy Yolanda - Rosa Belmonte

 Soy Yolanda - Rosa Belmonte


Lo de la vicepresidenta Díaz con el Papa es como lo de Georgina con sus amigos en el ‘reality’

Tamara Falcó también ha ido a ver al Papa. Su segunda vez por el doculoquesea de Netflix (el otro fue una mata que no ‘echó’). Llevó al Papa una Virgen de la Alegría, que está de moda entre la gente bien. Tamara vestía una camisa con lazo, como Yolanda Díaz, la ministra del extraño prestigio. Esta, cuando fue a ver al Papa, iba como mal disfrazada de Marguerite Yourcenar al ingresar en L’Academie Française.

 ya sabe que nunca más va a estar solo. Las veces que he coincidido con Pablo Iglesias en la radio, y todavía no estaba en el Gobierno, llevaba un séquito que ni el rey de Siam. El de Yolanda Díaz, del que ayer informaba Javier Chicote en ABC, es de chiste, de ‘sketch’, si no fuera por la falta de transparencia y el dinero público que no es de nadie. Bueno, de los que se lo gastan en ir al Vaticano en Falcon. Yolanda me ha recordado a Georgina, la novia de Cristiano, con sus amigos en ‘Soy Georgina’. Me ha recordado más a la parodia de Victoria Martín en su Instagram: «Me encanta estar con mis amigos. Nos llamamos ‘Las queridas’. Me gusta mucho que estén conmigo para no olvidarme de dónde vengo. Es verdad que antes de quedar, antes de que entren en mi casa, les pego siempre unos manguerazos porque, si no, Cris no me deja que se sienten en el sofá. Lo que más me gusta de estar con ellos es… ver sus caras de envidia cada vez que hago cosas y tengo cosas que ellos no tienen. Mi amiga Mamen, por ejemplo, que el otro día me la llevé en el ‘jet’. Ella iba con su vestido del Bershka. Esto me hace muchísima gracia. Porque ella me dice ‘Te quiero’, pero sus ojos dicen ‘Puta, puta, puta’».

Mi favorito del séquito ‘yolandal’ es Carlos Corrochano, «politólogo asesor de la vicepresidencia». ¿Qué necesitas para ir a ver al Papa? Un politólogo. Se apellida Corrochano, como el gran crítico taurino de ABC, autor de ‘La edad de plata del toreo’. Menuda edad nos está tocando en la política. Corrochano, que sucedió a Dulzuras, empezó a hacer críticas de conjunto, no toro a toro. Como decía Cossío, sabía «ver el suceso, a veces el detalle o matiz característico que ha de servirle de tema de su crónica».

Hay otra cosa de Victoria haciendo de Georgina que también me recuerda a la ministra del extraño prestigio. Son esos detalles o matices. «Me encantan mis fans, el apoyo de ellos es lo que me hace seguir adelante en mis objetivos de no hacer absolutamente nada». Anda, una actualización de Pla: «Era un gandul profundísimo, insondable, que había llegado a encontrar la manera de aparentar que estaba siempre atareado». Pero, tirando de otra Yolanda, Ramos, como Noemí Argüelles en ‘Paquita Salas’, cuidado con las palabras que decimos a la balalá, que esta señora se levanta a las cinco.

lunes, 4 de abril de 2022

Descansa en paz, amigo - Isabel Bernardo Fernández

Descansa en paz, amigo - Isabel Bernardo Fernández


A Alberto Estella. In memoriam

Estaba a punto de cumplir tres cuartos de siglo cuando Alberto Estella se decidió a trepar por su árbol genealógico y desempolvar notas y carpetas, para dejar testimonio escrito de sus Raíces en una publicación no venal, y regalársela a aquella “Estellada” de hermanos, sobrinos y familia que había convocado en la finca “Esteban Isidro”, a mediados de septiembre de 2015.

Todo por eso de eludir a los que, según Sancho, “roen los huesos y deslindan los linajes”. Todo por eso de que los más jóvenes de la familia y sus descendientes supieran por su propia boca quiénes eran, antes de que ladraran los fariseos y detectives de ese poema de León Felipe al que Estella cita, por haber corrido de niño, como él, las calles de Sequeros.

Porque si algo ha quedado en la memoria de los que conocieron a don Alberto como columnista GACETA, ha sido ese carácter agreste de su provenir batueco, con el que ha sabido defender su apellido y pensamiento ante propios y extraños, con una pluma certera, brillantísima y envidiable.

Duelo en “la calle del desengaño”. Oscuridad en “el farol”. Don Alberto Estella, ha partido hacia las verdes praderas de los salmos y no nos pide lágrimas, sino amistad y oración por su eterno descanso. Allá arriba ya solo el padre orgulloso, el abuelo tierno, el hombre sensible, el amigo cercano; el cristiano del nazareno de San Julián y del Cristo de Cabrera, dos de sus mejores y más asiduos confidentes. Allá arriba el vuelo, siempre el vuelo, para que los que seguimos abajo podamos seguir soñándolo.

“Te hemos echado de menos, Alberto”, le escribí hace pocas semanas, al no haber podido asistir a una comida en Vegallana a la que le habíamos invitado. “Me estoy acostumbrando a no estar, para cuando deje de estar”, tecleó ipso facto. ¡Ah, querido Alberto, larga e inmensa es la sombra que has dejado en nuestra casa, por siempre la tuya! Ya te iremos contando cómo va la primavera y, en tus oídos de niebla, yo te pondré un poema y Toto los zumbos más galantes de las vacas. Al fin y al cabo, es lo que tú viniste a pedir a los tuyos al concluir tus Raíces con una cita de Marcel Proust: “La mejor parte de nuestra memoria está fuera de nosotros, en un soplo de lluvia, en el olor a cerrado de una habitación...”. Así te recordaremos, Alberto, en lo mejor de la memoria. Aunque ahora estemos confundidos y no sepamos aún por dónde empezar. Son muchos los momentos y los espacios que has dejado abiertos de par en par, y, quizás, tengamos mucho miedo a no encontrarte. Con admiración, con amistad, con respeto, descansa en paz, amigo.

Don Estella - Manuel Muiños

Don Estella - Manuel Muiños


Permítanme, pues no puedo por menos, dedicar esta columna al que tantos años hizo maravillas entre los columnistas de este periódico, don Alberto Estella. Nadie podrá negar la pluma grácil, culta y hábil, irónica, sarcástica y, a veces, cáustica que atrapaba a quienes caíamos en la tentación de iniciar la lectura de sus crónicas. Una pluma a veces clara, concreta y concisa, de tiralíneas, y otras cortante y tajante, cual hábil bisturí. Sin duda alguna su presencia no pasaba desapercibida, sus comentarios, pensamientos y planteamientos tampoco. No dejaba indiferente y su capacidad para provocar y generar sentimientos era más que evidente. Descanse en paz Alberto Estella Goitre y viva para siempre en el corazón y en el recuerdo de quienes pudimos conocerlo y sentirlo de cerca. Esa fue precisamente una de sus últimas peticiones poco antes de entrar en el dulce sueño que le llevaría a la vida eterna en la que creía: “Me voy tranquilo, recuérdame siempre amigo Manolo y mucho ánimo en tu labor, no olvides que la Iglesia necesita...” (la censura me impide continuar con sus palabras para no herir sensibilidades, no tengo la valentía de don Alberto). Dicho esto, amigo Alberto, los que aquí quedamos haremos lo que podamos, intentaremos mantener el listón sabiendo que no alcanzaremos tu nivel. A buen seguro echaremos de menos tus columnas, más en estos tiempos convulsos en los que con la política y la guerra tendrías temática para opinar de forma clara, elocuente, conmovedora y contundente. Porque no me negarás Alberto, que la cosa está de “echa pan y moja”. Algunos eléctricos con los combustibles y otros quemados con las eléctricas, mientras todos temblando con unos y otros, atentos a la jugada y temerosos con la incertidumbre de la que se nos puede venir encima. No está el horno para más bollos, tenemos de sobra, pero ya verás como viene algún listo y lo mejora. En fin, que entre pitos y flautas, la guerra y las otras guerras continúan y curiosamente hoy más que nunca se hace realidad, incluso yo diría que viral, aquel dicho de todos conocido: “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Sí Alberto sí, como te lo cuento, la pobreza genera riqueza para muchos desalmados, delincuentes de guante blanco. Trileros de la solidaridad que por arte de magia o de “bóbilis, bóbilis” le dan la vuelta a la tortilla y hacen negocio con el dolor y el sufrimiento humano. Bueno, que no queda otra que poner sobre el papel, en la medida de lo posible, el día a día de la vida tratando de ponernos colorados para recapacitar y recolocar lo que se pueda entre todos. No te digo más, si puedes dales un toque ahí arriba, a ver si entre todos hacemos algo. Por cierto, para mi gusto tu despedida un tanto inmerecida, me pareció poco el incienso, aunque tú no lo necesitaras. Hasta siempre.

La Historia pasa a la historia - Pablo Montes

 La Historia pasa a la historia - Pablo Montes


Caminando por las cumbres de la salmantina Sierra de las Quilamas resuenan los ecos de las apasionantes leyendas que surgieron fruto de la sabiduría e imaginación popular. Cuentan que en la Cueva de la Mora se esconde parte del tesoro de Alarico, ocultado allí por el último rey godo, don Rodrigo. Se dice también que, en el pico del Castillo, las piedras que permanecen formando una especie de muralla, son los restos de la fortaleza en la que se ocultó este monarca, el que puso fin al reino visigodo de Toledo y dio paso, con su derrota en la batalla de Guadalete, a la dominación musulmana. Una invasión que, según reza la fábula, tuvo su mecha en las vejaciones de Rodrigo a Florinda, la hija del conde ceutí don Julián. Éste, furioso por semejante afrenta, permitió el paso de los hombres de Táriq ibn Ziyad a la península a través del estrecho de Gibraltar.

A partir de ahora será mucho más complicado que un alumno de la ESO sepa quién fue don Rodrigo. Ni tan siquiera se tratará (ahora se toca de puntillas) lo que significó el paso de los godos por la península. Porque por mucho que nos cuenten milongas y películas, no fueron los Reyes Católicos los que acuñaron el concepto de una España unida. Ese honor hay que apuntárselo al rey godo Leovigildo, capaz conseguir la unidad política de Hispania. En cualquier país decente con una historia tan apasionante como la que tiene el nuestro, ese episodio jamás se podría pasar por alto en un centro escolar. Sin embargo, en España se oculta completamente. Imposible de entender lo que viene después. Imposible comprender cómo se desmorona el Imperio Romano y cómo, tras los godos, llegan los musulmanes. Imposible interpretar cómo se gesta la Reconquista. Y, por supuesto, imposible suponer que Isabel y Fernando toman su concepto de patria del que ya existía durante el reino visigodo.

La ministra de Educación, Pilar Alegría, conocida popularmente como ‘Pili Juergas’, ha asestado una puñalada trapera a la memoria de España. Porque esa sí que es la auténtica memoria histórica. La que todos y cada uno de los alumnos de Secundaria deberían saber y comprender. Y no hablo de retener sin más la lista de los reyes godos como hicieron nuestros padres. Me refiero a entender que ese periodo de la historia es vital para comprender lo que viene después. Sin embargo, lejos de recuperar esos conceptos básicos, el proyecto de real decreto de la ESO que el Consejo de Ministros aprobó la pasada semana da un preocupante y casi delictivo paso atrás. La Historia deja de explicarse de manera cronológica, para pasar a impartirse por bloques temáticos. El objetivo es hacer un cóctel amargo para volver locos a los estudiantes y que se planten en el Bachillerato sin tener ni pajolera idea de dónde venimos. Absolutamente demencial.

LA GACETA se hacía eco hace unos días de la indignación de los docentes por este insulto a la inteligencia. Soledad Tena, coordinadora del grado en Historia de la Universidad de Salamanca y profesora del área de Historia Medieval, lo dejaba claro con una frase lapidaria: “No tiene sentido mezclar los esclavos de Egipto con los obreros de las fábricas de la revolución industrial”. Esa es la tragedia a la que nos vamos a enfrentar. Y eso sin mencionar la desaparición de la Filosofía, una asignatura clave si se imparte de una forma didáctica, amena y divulgativa.

Una sociedad que no conoce su propia historia está condenada al fracaso a todos los niveles. Si nuestros antepasados convirtieron la Sierra de las Quilamas en un lugar de leyendas vinculadas a don Rodrigo es porque tenían muy claro quién era este monarca. Y los que vinieron después, consiguieron interesarse por ese periodo tirando del hilo del mito. Pero para eso hace falta que en los colegios e institutos se ponga una semilla que la ‘banda de Sánchez’ se quiere cargar a base de mucho estiércol y poca simiente.

Mi amigo de Salamanca -: Juan Manuel de Prada

 Mi amigo de Salamanca -: Juan Manuel de Prada


De mis Tenía una cultura oceánica y una curiosidad de niño zangolotino estudiantiles en Salamanca guardo dos recuerdos imborrables: la luz rubia de la primavera, en idilio con la piedra de Villamayor, y la estampa altiricona y señorial de mi amigo Alberto Estella paseando por sus calles.

 coñón, con esa forma privilegiada de humor que, a la vez que se burla, se compadece de las miserias ajenas y, sobre todo, de las propias. Siempre andaba haciendo mofa de sí mismo, de sus manías, de sus achaques, de sus logros y de sus fracasos. Tenía una cultura oceánica y una curiosidad de niño zangolotino, siempre dispuesta a bautizar el mundo. Y, aunque era requerido en todo patronato o consejo que se preciase, siempre le quedaba tiempopara el alborozo de los libros y de la amistad.

Desde los años noventa, nunca dejó de bendecirme con su amistad. Saludaba la aparición de mis libros desde su tribuna en ‘La Gaceta de Salamanca’, donde escribía unos artículos sabrosos de prosa, anécdotas y evocaciones; y en más de una ocasión me invitó a presentarlos en el Casino de Salamanca, donde ejercía como presidente mercedario y ecuménico, para después invitarme a cenar (no he conocido a nadie con mejor gusto gastronómico que el suyo). En estos últimos años, después de fumarse millones de cigarrillos, se había pillado un «guapo enfisema» (así se refería, burlón, a su enfermedad) y me contaba con gracia incomparable que le tocaba acometer las calles que antes creía llanas como si fuesen el ascenso al Tourmalet, echando los bofes y con ‘paradiñas de recuperación’, disimulando por coquetería ante los escaparates. Y llevaba consigo una bombonita de oxígeno, a la que llamaba Greta y presentaba como «su novia más fiel», porque le había prometido acompañarlo «hasta que la muerte nos separe».

Hablé con Alberto Estella por última vez cuando me llamó para comunicarme pesaroso la muerte de Amelia Castresana, mi profesora de Derecho Romano y amor platónico de los dieciocho años. Algo magullado por la muerte de la amiga, Alberto Estella me confió entonces que a él también le había llegado ‘la hoja roja’, en alusión al libro de Delibes (y al librillo de papel de fumar, que así avisa de que se acaba). Yo le dije entonces que no dijera tonterías, que aún tenía que invitarme a muchas cenas suculentas; y él, siempre rápido en la réplica cálida e irónica, me preguntó: «¿Cuenta como invitación el banquete celestial?». Ya estará disfrutando de él a carrillos llenos, mientras hace reír a los ángeles. Descansa en paz, amado e inolvidable amigo.

Más daño al Bachillerato - Editorial ABC

 Más daño al Bachillerato - Editorial ABC


A través del programa ideológico del Gobierno, las aulas se convertirán en ‘iglesias laicas’ para usar las asignaturas como instrumentos para moldear la conducta del alumno de que ABC avanzase días atrás las imposiciones del Gobierno en el nuevo currículo de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), con toda su dosis de sectarismo y adoctrinamiento, conforme a la nueva ‘religión’ de la izquierda, ahora es el turno del Bachillerato, donde no solo no se corrige esta tendencia, sino que se aumenta. ABC desgrana hoy en exclusiva las partes esenciales del nuevo Bachillerato, que demuestran que lo que menos importa al Gobierno es la educación de los jóvenes en libertad de criterio, competitividad en las aulas, o en mérito y capacidad. Solo se busca una uniformidad del alumnado sin asomo de exigencia, y una suerte de lobotomización intelectual masiva en la que lo único útil es el ensalzamiento de la izquierda como única ideología aceptable.

Apenas queda nada del aprendizaje real de contenidos, la memorización o la preparación objetiva de los jóvenes en virtud de la capacidad de cada cual. El Bachillerato, el más flojo y menos exigente de nuestra historia, queda así subsumido en una nebulosa de conceptos cuyo currículo huye de lo estrictamente académico para confluir en un modelo surrealista de enseñanza ajeno a la realidad.

El Gobierno da vía libre a realizar el Bachillerato en tres años por primera vez desde que se instauró, y además se permite aprobar esta decisiva fase educativa con suspensos, lo cual es inédito. Se borra de los libros la historia de España anterior a 1812, pero a cambio se introduce el estudio de los llamados ‘Objetivos de Desarrollo Sostenible’. Todo, en el más puro lenguaje del sanchismo. La ecología y el feminismo se insertan en Historia de la Filosofía, y la nadería del ‘lenguaje inclusivo’ fomentado por Irene Montero desde Igualdad se estudiará en Lengua. Como vienen denunciando diversos colectivos del ámbito educativo, las aulas se convertirán en ‘iglesias laicas’ para usar las asignaturas como instrumentos para moldear la conducta del alumno. La educación se configura como una ingeniería social en la que solo una tendencia ideológica, una visión monocolor de la vida, se convierte en referencia de la bondad social mientras se criminaliza la contraria.

Los títulos se expedirán así a mansalva, haya aprendido el alumno o no. Cuando apruebe, habrá sido gracias a esta especie de catecismo curricular que permite una promoción generalizada. Todos los contenidos están trufados de la misma idea con que el Gobierno aprobó la asignatura Valores Cívicos y Éticos en la ESO. El espíritu consiste en impregnar todo de orientaciones ‘éticas’ sobre un objetivo superior, que es la protección del ‘bien común’. Eso sí, no define qué es ese bien común. Solo que se alcanza si el alumno sigue a rajatabla el guion que impone el progresismo, porque lo conservador es regresivo. Está claro que no quieren alumnos, sino un ejército de autómatas felices sin estudiar y sometidos a toda esa impronta retórica del consumo responsable, la sostenibilidad, la alimentación saludable, las identidades colectivas, la ecología social, el ecofeminismo solidario... Palabrería hueca y contaminante para que el alumno vincule inconscientemente la alimentación saludable con la izquierda, como si la derecha promoviese solo comida dañina. Todo se basa en una cierta visión redentora, buenista y artificial de la realidad frente a la dureza que caracteriza al estudio, o frente al concepto de autoridad del profesor, que queda arrumbado en beneficio de una cosmovisión sanchista de la realidad. Nunca como ahora se hizo tanto daño a la educación.

domingo, 3 de abril de 2022

La música suena bien - Julián Ballestero

 

La música suena bien - Julián Ballestero 


ESCRIBO estas líneas todavía consternado por la muerte de nuestro colaborador Alberto Estella, un hombre íntegro, con una pluma excelsa, un modelo para todos los que nos dedicamos a comentar la actualidad. Pero la actualidad manda y en España hemos vivido este fin de semana un acontecimiento que puede marcar la historia de nuestro país en los próximos años. El congreso del PP que ha elegido a Alberto Núñez Feijóo como presidente debería significar el principio del fin de ese sanchismo que como una losa ha sepultado nuestras esperanzas en los tres últimos años.

La música interpretada por el gallego en el momento de su entronización suena bien. Suena a la recuperación de las esencias de una derecha moderada, centrada, constitucional, europea y alejada del histrionismo y los continuos bandazos a los que Pablo Casado la sometió durante su nefasta presidencia. Si algo cabe reprocharle a Feijóo en su estreno al frente del PP es que haya concedido protagonismo y benevolencia a partes iguales a quienes no se merecían sino el olvido, y no tanto por sus errores, sino por el empeño cainita en destruir a los compañeros de partido. Quienes han sido víctimas de la inquina de Casado y García Egea, comenzando por Isabel Díaz Ayuso y siguiendo por Alfonso Fernández Mañueco, hubieran merecido un gesto de mínima censura a quienes han estado a punto de hundir la nave de la formación. A Mañueco ni siquiera le ha tenido en cuenta a la hora de conformar su equipo cuando ha colocado a Antonio Silván y Pilar del Olmo en su Ejecutiva, dos representantes del viejo herrerismo, sobre todo el primero.

Lo cierto es que el ex presidente de la Xunta gallega aterriza en el PP con una clara voluntad de concordia y eso, al parecer, vale también para los enemigos internos. Feijóo se declara contrario a la polarización de la política y a la agresión verbal y el insulto. Su estrategia sería perfectamente válida si enfrente no tuviera a un Pedro Sánchez que solo negocia y dialoga con sus amigos comunistas, golpistas y proetarras. Con un presidente del Gobierno empeñado en funcionar a golpe de decreto, que ha demostrado no tener el mínimo interés en pactar ninguna de las medidas aplicadas en los tiempos críticos que vivimos y cuyas únicas divisas son las mentiras y la propaganda, no solo no se puede pactar, sino que es imperiosamente necesario marcar distancias y ofrecer una alternativa sólida y creíble ante tanto despropósito.

El nuevo líder del PP tendrá que resistir la presión para someterse a pactos ‘de Estado’ a la que será sometido en los próximos meses por parte de Sánchez y su coro mediático. Cometería un error incomprensible si se deja engañar por los cantos de sirena del pasajero del Falcon. Para poder pactar con el inquilino de La Moncloa tendría que sufrir una conversión radical, al estilo de Pablo cuando cayó del caballo. Se podría negociar y llegar a acuerdos con otro presidente que tuviera un mínimo de decencia y sentido de Estado. Pero ya no sería Sánchez.

Dejando a un lado esas tentaciones, el proyecto de Feijóo llega con buena música, como un líder maduro, con un rumbo claro, alejado de los experimentos preadolescentes de su antecesor. El gallego ha demostrado nada más llegar a la presidencia del PP que no hace falta vituperar al contrario para marcar diferencias con Vox. Con tan solo demostrar su apoyo a una España autonomista, en la que se respeta la diversidad lingüística y la igualdad entre hombres y mujeres, ya dejó clara la distancia con los postulados de Abascal. Si fuera inteligente, y al gallego la inteligencia como el valor se le supone, no rompería los puentes con Vox. Para desalojar a Sánchez de La Moncloa y reconducir a España a la senda de la cordura, el PP tendrá que pactar con los verdes, porque, salvo revolución imprevisible, las mayorías absolutas han pasado a la historia. La música suena bien. Ahora a ver cómo baila.

Como si lo estuviese viendo - Santiago Juanes

 Como si lo estuviese viendo - Santiago Juanes


PUEDO imaginarme a Quevedo (nadie mejor que él) en las puertas de la Gloria recibiendo a Alberto Estella. ¿Viene para quedarse o como las otras veces? Pues pase, pase, que le estábamos esperando y además hay gente aquí que tiene muchas ganas de conocerle, desde Cervantes o Unamuno, a Julio Camba, Juan Barco o Wenceslao Fernández Flórez, articulistas famosos, pero sobre todo hay alguien que ha preguntado por usted varias veces, ya lo sabrá, Adolfo Suárez, creo que allí está, con Jesús Esperabé de Arteaga.

Supongo que a estas alturas su tocayo, Alberto de Churriguera, le habrá dado un achuchón y las gracias por aquella cita con el 250º aniversario de su Plaza Mayor, y habrán corrido a saludarle algunos del medallero placero, tan leídos por Alberto, quien se habrá llevado una sorpresa al ver en la Gloria a más de uno que esperaba en otro lugar bien distinto. La Gloria debe ser un lugar lleno de sorpresas. Cuando me aseguraron que Alberto Estella había fallecido solo pude contestar que eso era una exageración, que no puede morir alguien con su biografía, memoria, pluma y una huella imborrable en espacios salmantinos como los juzgados en los que tantas horas echó; la Plaza Mayor, con aquella fiesta de su 250º aniversario, o el Casino de Salamanca, que volvió a establecer en la vida social y cultural salmantina, pero también en el campo charro, del que tanto escribió en estas páginas y habló en todos los foros, y donde tanta paz e inspiración encontró. Huella imborrable en la Cultura de esta provincia, de la que ya forman parte sus artículos en estas páginas o su labor en el Centro de Estudios Salmantinos, del que fue secretario. Ya digo, una exageración. Tengo para mí que en cualquier momento me cruzaré con él y pegaremos la hebra un rato de las cosas de Salamanca. Su Salamanca. Nuestra Salamanca. También puedo imaginarme la cara de sorpresa de Alberto cuando se haya encontrado con Celia Sánchez. Tú, qué haces aquí. Tampoco me creo lo de Celia. Otra exageración. No digo que sea mentira, simplemente una exageración. Seguro que también me la encuentro por el barrio, en la farmacia o la cafetería de Pedro, en alguna obra de teatro o cubriendo una noticia con esa boina que era un homenaje a Carmen Martín Gaite, como su sonrisa.

Ha sido una semana extraña, en la que la proximidad de la Semana Santa se ha dejado sentir de forma cada vez más intensa con sus pregones, conciertos, preparativos y presentaciones de revistas. Ángel Ferreira leyó el pregón del Cincuenta Aniversario de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, recordando los malos años de la Semana Santa de Salamanca, con un presente incierto y un futuro negro, a diferencia de la actual, aunque ya veremos las cicatrices que ha dejado la pandemia. Fue un pregón emocionante con pocas fechas y muchos nombres propios, el llamado factor humano citado el otro día en la presentación de la revista Cristhus. Esta tarde llega el “Poeta (Ramiro Merino) ante la Cruz”, que quizá responda a la pregunta de Antonio Praena, otro poeta, de si se puede o no ser poeta ante la cruz. Y pasado mañana el Pregón, con mayúscula, que este año imparte Francisco Gómez, periodista, narrador de nuestras procesiones desde la tele. Da vértigo su reto porque ¿qué se puede decir de la Semana Santa, de la Pasión, cuando tanto se ha dicho? Dentro de una semana estaremos metidos en harina, entre ramos, con la sensación de que alguien nos ha robado el mes de abril, y no solo por la inesperada ola de frío.

Estella, que escribía como los ángeles, aunque fuese el mismo demonio según los destinatarios de su ironía, tendrá día en el periódico de la Gloria, defenderá en sus tribunales causas imposibles y montará tertulia o casino, ya veremos. Es como si lo estuviese viendo.

jueves, 31 de marzo de 2022

326 euros - David Alandete

 326 euros - David Alandete


Hace un Nadie puede vivir con la cosecha de un año, un mes después de que falleciera mi padre, nos llegó por correo el pago de su última cosecha anual en vida. Por 2.952 kilos de naranjas navel recogidas en enero de 2021, la cooperativa agrícola de Algemesí, en Valencia, le pagaba exactamente 326 euros. Fue una despedida amarga para una vida de 83 años dedicada al campo. Ni siquiera cuando el alzhéimer le vaciaba la memoria, y le hacía perderse en las calles del pueblo, olvidaba mi padre cómo cuidar sus ocho hanegadas, en las que pasaba largas horas, a veces hasta el punto de que mi

 hermano tenía que ir a buscarlo perdido entre naranjos ya muy entrada la noche.

Sé muy bien lo que mi padre pensaría de ese último recibo. Me diría al verlo que cada vez es más duro seguir adelante, que los «gastos generales», como los llamaba él -la contribución, la gasolina del coche y el tractor, el guano- son más altos que ese mísero pago, pero que él ese campo no lo trabajaba por dinero. Es verdad, están peor, mucho peor, los que tienen que subsistir, si pueden, con lo que les da el campo, sin nada más.

Mi padre no era de ir a manifestaciones, ni de grandes pronunciamientos políticos, pero estoy seguro de que compartiría la indignación que el sector siente hoy, que ha llevado a los agricultores a manifestarse y pedir a este triunfal Gobierno del progreso y contra la casta que haga algo para apoyarle, lo que sea, en lugar de este altivo mutismo que refleja una desconexión de la realidad española realmente alarmante.

Nos quieren convencer, el Gobierno de coalición y sus palangristas, de que las protestas del campo, como las de los transportistas, están hinchadas, que son un reducto de extremistas, un instrumento de los poderes fácticos contra el progreso. ‘Paros patronales’, los llamaba un afecto al poder. Ya va siendo hora de que un Gobierno que ha sido capaz de hallar 20.319 millones para avanzar políticas de género encuentre el tiempo y el modo de escuchar a los agricultores y ayudarles en sus demandas concretas. Aunque sea solo una vez debe salir de su trinchera ideológica para dar la mano a los que nos alimentan, y reconocer su dolor, y su dignidad.

domingo, 20 de marzo de 2022

No te quejes, so facha! - Alberto García Reyes

 ¡No te quejes, so facha! - Alberto García Reyes


Ha dicho la Cambiar sin aviso el criterio de España en el Sáhara es progre y protestar por el precio de los carburantes es fascistaministra Montero de Triana, esa Minerva de la sabiduría cuya retórica tabernaria demuele cualquier intento digno de celebración del V Centenario de su paisano Elio Antonio de Nebrija, que la huelga del transporte está siendo impulsada «por la ultraderecha» para «hacerle el juego al tirano». El otro día su jefe, un demócrata que de la noche a la mañana ha cambiado el criterio de España en el Sáhara desde el flexo noctívago de La Moncloa sin pasar por Parlamento alguno, acusó de la subida del precio de las energías exclusivamente a Putin, por lo que ella ha

 elevado la puja junto con un grupo surtido de trompeteros del régimen y le ha colocado el marrón también a Vox. Total, ya puestos. Porque hoy España es un ente unipersonal, incluso unigénito, acosado por un ubicuo y asfixiante fascismo. La izquierda ha ido encanijando su retórica desde Zapatero hasta reducirla a un famélico argumentario de supervivencia y las telarañas del pasado llenan el vacío moral que tanto eco les hace en la cabeza. Podría pensarse que el razonamiento de Montero es perverso porque trata de atribuir al adversario los comportamientos violentos de los piquetes que su partido despenalizó por afinidad. Pero no la veo tan capacitada. Hace muy poco tiempo, los mismos camioneros a los que ahora criminaliza eran los valientes salvadores que nos abastecían durante el confinamiento. Ahora son títeres de la ultraderecha y tienen la culpa de la escasez de papel higiénico, que por cierto es lo primero que se agota en nuestros supermercados porque los españoles tenemos un constante pellizco en la barriga con este Gobierno. Resulta que cambiar sin aviso casi medio siglo de política internacional es progre y protestar por los precios de la gasolina es ultra.

A lo mejor Montero no recuerda el palo que un sindicalista le partió en la cabeza a un transportista durante las manifestaciones de los trabajadores del metal en Cádiz, cuando el sin par Kichi, camarada del neosocialismo, dijo aquella frase tan coqueta para un alcalde de la cuna de la libertad: «Hemos tenido que meterle fuego para que en Madrid se fijen en nosotros». ¿A quién le importan los piquetes amigos habiendo tantos nazis por ahí? Mientras llos países serios toman medidas para bajar los precios, Pedro Sánchez se sigue haciendo el longui porque necesita recaudar. Y su cohorte de pelotas, con Montero dándole coba a ritmo de maracas, no se atreve a susurrarle que sin rebaja va a consumir Rita la Cantaora. Con los actuales precios, el incremento anual del gasto de una familia para las necesidades básicas supera los tres mil euros. Así que el arreón de Montero contra Putin, la ultraderecha y la madre que parió a Panete se llama desparpajo, aunque los currantes que vivimos a dos velas no tenemos muchas ganas de discutir y estamos dispuestos a aceptar esa oratoria de plazoleta -¡no te quejes de los palos que te doy, so facha!- si la ministra de Hacienda, ¡que ella es la ministra de los impuestos!, nos baja el puyazo y podemos dejar de freír los huevos con saliva.

martes, 8 de marzo de 2022

Tania Fernández

 Tania Fernández


De taquillera a gerente tras estudiar cuatro

carreras

Tania Fernández empezó a estudiar la carrera de Físicas pero no le “terminaba de llenar”. Con 19 años dejó los estudios para probar un año trabajando. Comenzó como taquillera, vendiendo billetes de autobús en una empresa de transporte de viajeros salmantina. Ahora, 22 años después, se ha convertido por méritos propios en la gerente de esa empresa y en tiempos complicados por la pandemia y la crisis económica.

Tania fue taquillera, se sacó el carné para conducir autobuses y pasó al departamento de administración donde trabajó 13 años. En ese tiempo decidió aumentar su formación y concluyó cuatro carreras: Empresariales, Administración y Dirección de Empresas, Economía y Turismo. “Siempre fui muy inquieta y tenía claro que me quería quedar aquí. Defiendo que hay que formarse para seguir avanzando”, subraya.

Fue hace año y medio cuando se jubiló el gerente de la empresa y se publicitó el puesto con un proceso de selección. “Tenía claro que me quería presentar y me daba vértigo, pero no lo dudé. Me había estado preparando toda la vida para esto. No sé si me arrepentiré en un futuro, pero de lo que sí me arrepentiré es de no hacerlo”, explica. Nadie superó el currículum de Tania, que acumulaba además experiencia en el sector del transporte y lealtad a la empresa. Fue la seleccionada y desde entonces, esta mujer de 42 años ejerce de gerente, un puesto donde no ha dejado de aprender, confiesa.

“No he sufrido discriminación por ser mujer. Defiendo que hay que luchar, formarte y trabajar y, con eso y con todo, no lo tienes todo asegurado. Lo que sí le choca a la gente es la edad, porque tengo 42 años y estoy en un puesto de responsabilidad”, explica Tania, que trabaja de lunes a domingo, sorteando la crisis actual. “Estoy trabajando más que antes y más duro para que el negocio salga adelante”, reconoce esta mujer, que admite que su situación familiar, sin hijos, le facilita esa mayor dedicación a la empresa.

lunes, 7 de marzo de 2022

La impiedad del monstruo. - Isabel Bernardo Fernández

 La impiedad del monstruo. - Isabel Bernardo Fernández


Escribo recién comenzada la Cuaresma. A pocos días de que la ceniza nos haya recordado que del polvo venimos y en polvo nos convertiremos. Pero hasta que la vida nos mantenga los ojos abiertos y mientras llega el momento, nuestra voz habrá de hacerse oír para hablar, no solo de lo más hermoso de las flores, sino también de la brutalidad de los monstruos que amenazan la Tierra. Putin es esa bestia sin alma del siglo XXI cuyo solo nombre se hace una sacudida de dolor y miedo, inenarrables. ¡Qué difícil se hace sostener sin llanto las imágenes o las noticias de esta guerra! Los corredores humanitarios se han hecho un tristísimo éxodo de hombres, mujeres y niños que huyen de la impiedad del monstruo, hacia una libertad, fuera de su casa y de su tierra. Sí, sé que hablamos de desesperación desde el bienestar de la distancia. Pero sé también que la situación de Ucrania nos ha roto por dentro. Aunque nosotros no tengamos que meter aprisa un poco de nuestra vida en una mochila, y salir huyendo.

Llovía en Salamanca el pasado jueves por la tarde, cuando pedí un taxi. Ya dentro, la radio aventaba el horror y el sonido de las sirenas que alertan de los bombardeos en las ciudades ucranianas. El jovencísimo conductor me miró desde el espejo retrovisor, sin poder decir nada, porque solo quiso que sus lágrimas hablaran. No nos atrevimos a comentar siquiera la bendición tan necesaria de la lluvia. Ni siquiera que la ciudad estaba algo más animada. Cuando el chico se decidió a romper su silencio, me describió al monstruo. Fue algo muy breve, pero hay semblanzas que no necesitan grandes palabras. Putin queda fuera de todo discurso o lógica de humanidad, y duele ver llorar a una juventud que debería estar soñando solo futuros felices y amores ardientes. Aún así el taxista se despidió cordialmente de mí y me deseó una buena tarde. Sus sinceras reflexiones y su dolor no se me van de la cabeza.

Pienso en ello junto a un Cristo manco que desde hace años ocupa mi mesa. Una pequeña talla en cruz sobre un Gólgota, donde hay una calavera y dos fémures descarnados. «Tú que callas, ¡oh, Cristo!, para oírnos, oye de nuestros pechos los sollozos», le digo, repitiendo los versos de aquel diálogo entre Unamuno y su Cristo de Velázquez. La oración no está en el recitar mecánico de las plegarias, sino en la pujanza del pensamiento y de las preguntas. Aunque la esperanza se nos revele desde misterios difíciles de comprender, la cosa es no quedarse solo ante la impiedad del monstruo. No nos equivoquemos. Aquí y allá, al comunismo solo le interesan los hombres y los pensamientos que callan.

domingo, 6 de marzo de 2022

Ucrania ha ganado ya la guerra - Julián Ballestero

 Ucrania ha ganado ya la guerra - Julián Ballestero


LOS ucranianos están siendo masacrados por querer ser europeos, por intentar huir de la dictadura de Putin, por querer ingresar en el club de los privilegiados que disfrutamos de la democracia. Su amor por la Unión Europea nos interroga a todos los que en algunos momentos hemos dudado de los valores y de la formidable protección que supone formar parte de la lista de los veintisiete. Ellos están dando sus vidas por la misma UE a la que se critica con ferocidad. ¡Y todavía hay partidos en España capaces de incluir en su ideario el rechazo a Europa!

Los ucranianos luchan por su libertad contra un salvaje tirano que ha decidido destruir su país y someterlos bajo su yugo sin más razón que su conveniencia, su estrategia de recuperar las fronteras de la antigua URSS, sus ansias de poder, su loco matonismo de taberna. Los ucranianos luchan por nosotros, por nuestra libertad y nuestra seguridad, para que no seamos los siguientes.

Los ucranianos están siendo despreciados por la extrema izquierda procomunista que en España manda, y mucho. Para los chavistas de Podemos, igual que para los bildutarras y para los marxistas de Izquierda Unida, los ucranianos deberían inclinar la cerviz ante su querido Putin. Quienes se declaran pacifistas y están en contra de enviar armas a los invadidos son corresponsables de los crímenes del sátrapa ruso. Quienes afirman que ayudar a Ucrania en su heroica lucha contra el criminal del Kremlin es fomentar la guerra son merecedores de ser deportados a Siberia, un lugar marcado por la paz de los muertos donde son recluidos los opositores al régimen putiniano. Y quien desde el Gobierno mantiene el sueldo y la cartera ministerial de esta gentuza, les concede el tercer grado o los acercamientos de asesinos presos y negocia con ellos la partición de España, demuestra una ruindad propia de quien está dispuesto a vender a su madre con tal de seguir en el poder. Cada día que pasa con los ministros de Podemos en el Gobierno de España es un auténtico insulto a la democracia.

Los ucranianos luchan contra el enemigo a las puertas de sus casas. Nosotros, los españoles, tenemos los enemigos dentro, pero no solo no los combatimos, al contrario, los colmamos de regalos y parabienes. A quienes intentan destruir España, a quienes propugnan acabar con la convivencia pacífica entre españoles para encerrarnos en un infierno colectivista al estilo de Cuba o Venezuela, los tenemos empotrados en el Gobierno socialcomunista. Ellos odian a España, odian esta tierra y quieren acabar con nuestro sistema democrático, pero ni siquiera los vemos venir. Los ucranianos aman a su país, aman su tierra y su libertad hasta el extremo, hasta arriesgar sus vidas, sus familias y todo lo que poseen y prefieren morir antes que ceder al chantaje brutal del tirano. En ese terreno, los ucranianos me dan envidia. En el resto, siento por ellos una mezcla de compasión, admiración y respeto. Nosotros pagaremos un precio, pero ¿se puede comparar el precio del gas, de la gasolina o del cereal con el valor de la propia vida?

Los ucranianos ya han ganado esta guerra. Perderán las batallas frente a la infernal maquinaria de guerra rusa, pero ellos han vencido desde el momento en que eligieron morir de pie a vivir de rodillas. Su valentía nos ha hecho despertar del sueño buenista y nos ha obligado a tomar conciencia de que la democracia es un bien frágil que necesita ser defendido frente a la tiranía. Nos han echo ver que el fantasma de los totalitarismos, el fascismo y el comunismo, no ha desaparecido por mucho que estemos en el siglo XXI y hayamos pensado que los horrores de las dos guerras mundiales del siglo XX serían irrepetibles. Las atrocidades, el espanto y la brutalidad siguen teniendo adeptos. Quienes defienden a los dictadores siguen conspirando en la oscuridad.

sábado, 12 de febrero de 2022

En defensa propia - Alberto Estella

 En defensa propia - Alberto Estella


PERTENEZCO a una institución que tiene dos mil años de existencia, la única en la historia de tan larga duración. Naturalmente adolece de defectos y soporta graves problemas, porque la integran personas de carne y hueso, y por tanto místicos y pecadores, santos y misioneros ejemplares, pero también curas pederastas. Es mi Iglesia, con toda la grandeza de su misión espiritual y algunas bajezas terrenales. Es mi credo, “la fe de mis mayores”, mis padres, mis abuelos... esa suerte de creencias, símbolos y costumbres en torno a nuestro Dios. Nunca he sido un meapilas, incluso algunos pudieran acusarme de ser como el don Guido de Machado, de mozo muy jaranero y de viejo gran rezador. Pero ¿cómo no salir en defensa de mi Iglesia? Acaso no tenga otra oportunidad. Y quienes pudieran hacerlo con más solvencia, carecen de este privilegiado púlpito.

He tenido dos maestros en mi vida, nuestro Padre y mi padre, que atesoraba una fe inquebrantable (tanta que, en su última enfermedad, devolvió la fe a un sacerdote – así lo reconoció -, que la estaba perdiendo). Una vez más, me he acordado de él. Hoy creo que apela a mi responsabilidad como cristiano, cuya fe ha flaqueado en algunas ocasiones. Me lo dice con el “Acuérdate de mí”, de Gabriel y Galán: “Si vacila tu fe, Dios no lo quiera, / y vacila por débil o por poca, / pídele a Dios que te la dé de roca, / ¡y acuérdate de mí! ;/ que yo soy pecador porque soy débil, / pero hizo Dios tan grande la fe mía, / que, si a ti te faltara, yo podría/ ¡darte mucha fe a ti!”.

Desde el más exquisito respeto a otras actitudes, y a la ética civil -que me ha dado más de una lección-, reivindico la magnitud espiritual de la Iglesia católica, y los valores de su gigantesca obra. ¿A qué se debe esto?, se preguntarán. Obedece a los ataques que está recibiendo desde muchos frentes, con motivo de las denuncias por abusos sexuales de algunos de sus ministros, indignos de vestir la sotana. Conviene precisar dos aspectos: algunas críticas cometen la vileza de identificar el todo con la parte, la Iglesia con sus más miserables miembros; y recordar que los abusos cometidos en el seno de la Iglesia constituyen ¡nada menos! (pero nada más) que el 0,2% del total.

La izquierda radical, amparada hoy por el gobierno y el ateísmo militante, sigue creyendo con Marx que la religión es el opio del pueblo; llama a los socialistas católicos comehostias; y aprovecha cualquier motivo para denigrarla. La viñeta de más éxito del diario español de mayor difusión, era ayer un cardenal de cuya mitra sale un bebé (¡). Otro ejemplo cercano, lo que vomitó en nuestro último Pleno Municipal la concejal de IU: “Tenemos una Iglesia violando niños”. La Iglesia se dedica desde Simón Pedro a consolar, educar, dar de comer al hambriento, de beber al sediento, evangelizar, llevar su mensaje de paz y solidaridad a todos los confines. ¿Qué hubiera sido de la humanidad sin la Iglesia católica? En el Estado español, aconfesional, ¿qué institución civil desempeñaría, y con que eficacia, la labor impagable, colosal, de Cáritas? ¿Qué fe ha creado más belleza? Sin la religión católica Mozart no habría compuesto su Requiem, ni Doyagüe su Miserere; Velázquez no hubiera pintado su Cristo, que llevó a Unamuno a escribir su más extenso poema; Bernini no hubiera tallado el éxtasis de Santa Teresa; ni podríamos asombrarnos ante una modesta ermita románica, la moderna catedral de Los Ángeles, de Rafael Moneo, o nuestra “abuela”.

Se ha propuesto una Comisión parlamentaria de investigación. No me gustan esas Comisiones (presidí antaño la de RTVE y acabé dimitiendo). Esta será de persecución de los delincuentes, pero se convertirá en un acoso injusto a la Iglesia católica. Al tiempo.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Desahucio digital - Ignacio Camacho

 Desahucio digital - Ignacio Camacho


 No son sólo los bancos. La atención al público se está deshumanizando incluso en servicios básicos como el sanitario bancario gracias a las firmas recogidas por un médico valenciano pero el problema va mucho más allá y afecta al trato que los colectivos vulnerables reciben en una sociedad desentendida de los obstáculos que para ellos supone una transición digital ejecutada a ritmo demasiado rápido.

Era obvio que las fusiones financieras y la concentración provocada por la crisis de 2008 iban a provocar una transformación del modelo de negocio. La bajada de tipos fuerza márgenes cada vez más cortos y empuja a las entidades a diversificar sus productos hacia los fondos y otras fórmulas de inversión muy complejas para personas acostumbradas a una gestión rutinaria de sus pequeños ahorros. Se han cerrado multitud de sucursales y las que permanecen abiertas son en la práctica meros puntos de venta donde estorban esos pensionistas que acuden sólo a actualizar sus libretas o a efectuar exiguos reintegros de las cuentas. La política de reducción de personal obliga a restringir los horarios de caja y alejar de las oficinas el mayor número posible de operaciones cotidianas. Y en ese esfuerzo lógico de competitividad, que exige fuertes desembolsos en tecnología aplicada, las personas de más edad se sienten preteridas, desahuciadas, inservibles como trastos arrumbados en el desván de una casa. Incluso socialmente acomplejadas por su escasa habilidad para pagar un recibo en una máquina, hablar con una voz artificial o entendérselas con una pantalla.

No es una cuestión de alfabetización digital, sino de sensibilidad, de inclusividad y de empatía, por decirlo con palabras de moda. De humanismo en la acepción más solidaria y generosa. De evitar la sensación de aislamiento de una generación que ya está bastante sola y que además lleva dos años esquivando la amenaza de una muerte próxima. Como dice el promotor de la campaña, ser viejo no es ser torpe ni inútil ni idiota; significa haber sobrevivido a muchas circunstancias penosas que ni imaginamos los que hemos crecido en la modernidad indolora. Merecen que se les mire y se les trate de otra forma. Al menos, que solucionar un trámite de poca monta no se les vuelva una aventura incómoda.

Abusos - Salvador Sostres

Abusos - Salvador Sostres

La causa general contra la Iglesia atenta contra la credibilidad de los que de verdad sufrieron, y constituye un doble abuso hacia ellos.


Los supuestos abusos sexuales de la Iglesia se usan como propaganda y hurgan en ellos los que se quedaron sin rumbo y sin idea, sin otro propósito que el de intentar aún ganarle la guerra a Franco; y aburridos ya de desenterrarlo y de organizarle mudanzas, se ponen insultar a la Iglesia para dar curso a otro de sus grandes resentimientos. Pero nadie puede contra lo inmutable: Franco ganó la Guerra y se les murió en la cama. Y con la Cruz, como todos, lo único que pueden hacer es cargarla.

 misma rabia contenida en quien las escribe, denotan poca compasión y mucha ansia por sacar tajada política, y no parecen en absoluto interesadas en arropar a las víctimas, a las que no dudan en utilizar, exprimir y manosear como si sus sentimientos fueran pura mercancía.

Además, cuesta creer en la espontaneidad de la publicación de esta cascada de dramas de hace 20 o 30 años. Me tiende a desconcertar la tragedia en diferido. Es verdad que cada cual tiene sus circunstancias, y que no todas son tan favorables como pueden ser las mías y las de mi familia, pero si algo tan grave me hubiera sucedido, no habría dudado en denunciarlo al instante. La mayoría de las presuntas víctimas lo fueron en una España democrática y en la que este tipo de delitos se reconocían y se perseguían. La causa general contra la Iglesia que en el fondo de todo este asunto subyace atenta contra la credibilidad de los que de verdad sufrieron, y constituye un doble abuso hacia ellos, al que la izquierda se abona con su habitual falta de escrúpulos.

La Historia es vieja y se repite. El tic de socialistas y comunistas cuando colapsan, por falta de argumento, de generosidad o de talento, es siempre quemar iglesias y con nosotros dentro. A mí muchos amigos me han ayudado y nunca ha sido desnudándome en público, ni exponiendo mi dolor, ni mucho menos usándome como artillería. Las dificultades que está teniendo Pedro Sánchez para encontrar un relato que no sea el de su hampona supervivencia, y la impotencia de Joseph Oughourlian por no poder hacer de Prisa algo que merezca la pena, tienen que ver con este afán por reducir a la Iglesia a sus errores y a sus delitos, inevitables como en cualquier familia tan extensa, y a descontextualizarlos del inmenso bien que produce. Comisiones de investigación, dicen que independientes, se han puesto en marcha para resarcir a los afectados y me parece imprescindible, porque estos crímenes no sólo merecen el oprobio sino un tribunal que los condene. Pero estaría bien, también, que una de estas comisiones se ocupara de saber qué ha hecho alguna vez la izquierda que no haya sido sembrar miseria y muerte allí donde la Iglesia se ha arrodillado, se ha abierto en canal, y ha hecho brotar la difícil, casi imposible esperanza.

lunes, 7 de febrero de 2022

Con dos botones - Manuel Muiños

 Con dos botones - Manuel Muiños


Tal vez eran tres: si, no y abstención, en fin, dos o tres da igual, eran muchos y muy fácil equivocarse, además le puede pasar a cualquiera, incluido un diputado. Sin duda, la tensión era mucha y había mucho en juego, pero lo que nos ha dejado claro este buen hombre es que para piloto de aviación no vale cualquiera. Esperemos que al gobernante de turno en Rusia, China o Estados Unidos les aclaren bien los números o los colores, solo faltaba que alguno fuera daltónico y le diera por apretar el botón.

Ironías aparte, quizá esta supuesta o real equivocación podría ayudarnos a pensar un poco más en qué tipo de mundo y de sociedad estamos generando. Está en juego la ley de la reforma laboral, casi nada, nos la jugamos por un voto. Está en juego el presente y el futuro de millones de seres humanos, su situación laboral y de rebote la familiar y social. No es una bobada. Tampoco es una bobada la situación a la que se está abocando a nuestros mayores, situándolos en un estado de exclusión social, de arrinconamiento total, mostrando por ellos una indiferencia que no es ni medio normal. Hay todo tipo de leyes para proteger a todo bicho viviente, pero nuestros mayores parece que no llegan, para muchos, ni a esa categoría. Son parte de los descartados que dice el papa Francisco, y yo diría descatalogados de la sociedad. Ya están pasados de fecha, caducados y por lo tanto estorban. Quizá quienes hoy ignoran a nuestros mayores no son conscientes de que cada vez se aproximan más y van sumando años para seguir sus pasos. Está bien denunciar el trato que pueden recibir, y muchas veces reciben, en algunas oficinas bancarias dependiendo de la humanidad de quién les atienda. Pero no es sólo eso, hay muchos momentos, y desde la pandemia más, en los que nuestros mayores se encuentran con situaciones vitales realmente duras y angustiosas. Basta pensar en la soledad de su casa y no digamos en la soledad del hospital. Da igual en la ciudad que en el mundo rural, la sensación de abandono está pasando a ser en muchos casos situación de abandono. Las redes sociales y el mundo telemático los están condenando al aislamiento, a la distancia social. Ver la imagen de sus seres queridos a través de una pantalla no creo que sea suficiente para llenar sus vacíos y sus ansias y deseos de compartir sus recuerdos, ilusiones, esperanzas y, sobre todo, sus sentimientos. ¿Es así como se construye la civilización del amor? ¿el estado de bienestar? ¿es así como generamos el espacio de confort para nuestros mayores? No estaría de más pensar que gracias a ellos disfrutamos de mucho de lo que somos y tenemos. Se nos olvida con facilidad quién estaba a nuestro lado cuando los que necesitábamos ayuda y compañía, protección y cuidados éramos nosotros. Cuidado, que a lo peor estamos apretando el botón equivocado.

martes, 1 de febrero de 2022

La muerte de un paseante - Pedro García Cuartango


La pandemia ha agudizado una cultura onanista en la que cada individuo vive aislado en su reducto interior

Tal vez con el foco puesto en la polémica sobre el festival que se ha celebrado en Benidorm para elegir representante en Eurovisión, nos ha pasado un tanto desapercibida la muerte del fotógrafo René Robert, de 84 años. Salió a pasear por el centro de París y cayó desvanecido sobre una acera. Allí permaneció nueve horas sin que nadie mostrara el menor interés por él. Falleció no por la gravedad del golpe sino a causa de una hipotermia. Si alguno de los cientos de viandantes que pasaban le hubiera ayudado a tiempo, habría salvado la vida. Pero no lo hicieron, tal vez porque creían que era un ‘clochard’ o un borracho.

 muertes de un día cualquiera en París, en Francia o en el mundo, una gota de agua en un océano de sufrimiento. Pero nos pone delante de la gran contradicción de una sociedad en la que la tecnología ha abolido todas las fronteras para comunicar a las personas mientras que, a la vez, la gente es incapaz de mostrar empatía por un anciano caído en una calle. Observamos cómo muchos se indignan en las redes sociales por un perro maltratado o por alguien que no utiliza la mascarilla en un espacio público, pero no he visto apenas comentarios sobre este caso que revela la despersonalización de las grandes ciudades y la soledad de los ancianos que sobreviven en ellas a la espera del final.

Hay ahora en nuestro país un interesante y necesario debate sobre la España vacía, pero se hurta, yo diría que se esconde, la situación de cientos de miles de ancianos dependientes, abandonados a su suerte y ni siquiera con recursos económicos para paliar su pobreza material. No figuran como prioridad en este Gobierno que se preocupa de otros colectivos cuya protección parece más rentable políticamente.

No es sólo que los ancianos ya no pueden ir a un banco para ser atendidos o hacer una gestión por los sádicos e intrincados procedimientos digitales administrativos, sino que además no figuran en la agenda de nadie. Y no hay que echar sólo la culpa a los gobiernos, porque, si existe alguna responsabilidad, recae en todos nosotros.

La pandemia ha agudizado una cultura onanista en la que cada individuo vive aislado en su reducto interior, en muchos casos, relacionándose con su entorno a través de un avatar. Lo digital ha suplantado a lo real, el espectáculo al contacto personal. Hasta el punto de que el drama de los ancianos nos parece una ficción. O mejor, una evidencia que es preferible ignorar.

Decía Sartre que el infierno es el otro. Y lo es porque parece que la pobreza, la soledad, la marginación son enfermedades contagiosas. Tal vez por eso nadie quiso tocar a René Robert, cuyo caso no hubiéramos conocido de no ser un fotógrafo famoso. Ese es el drama: el anonimato de los viejos en una sociedad donde son un estorbo.

lunes, 31 de enero de 2022

Bancos inhumanos - Pablo Montes

Bancos inhumanos - Pablo Montes

Carlos San Juan es un médico valenciano jubilado de 78 años que ha puesto en marcha una campaña que ya tiene el respaldo de más de 500.000 firmas. Bajo el lema “Soy mayor, no idiota”, quiere alzar la voz contra el trato inhumano de las sucursales bancarias. Denuncia que casi todas las gestiones son telemáticas y eso aparta a los mayores de un servicio básico. “No paran de cerrar oficinas, algunos cajeros son complicados de usar, otros se averían, nadie resuelve tus dudas y hay gestiones que solo se pueden hacer online”, lamenta Carlos. Su reivindicación ha puesto de manifiesto una lacra que se ha acentuado con la excusa de la pandemia. Algo tan sencillo como poner al día la libreta de ahorro, obtener dinero en efectivo o solicitar información sobre la domiciliación de un recibo se ha convertido en una misión imposible, especialmente en el medio rural. Este abandono cruel y despiadado que los bancos están perpetrando con la connivencia de las instituciones y basado en el criterio de rentabilidad, es una puñalada más a nuestros pueblos. Me repatea que los gobernantes dediquen grandilocuentes discursos a la lucha contra la despoblación cuando la receta es muy sencilla: servicios, servicios y más servicios. Me importa un carajo que sean deficitarios. También lo son algunos inútiles que pululan por muchas administraciones, que difícilmente saben leer y escribir y en cuyos vocabularios no están expresiones como “gracias” y “buenos días”.

El jubilado valenciano solo pide una cosa a los bancos: humanidad. No es demasiado, teniendo en cuenta que muchos de ellos se beneficiaron de un rescate con fondos públicos, otros nos engañaron con el fraude de las preferentes y las cláusulas abusivas de las hipotecas y la mayoría nos fuerza a depender de ellos porque las instituciones, las aseguradoras y las compañías eléctricas penalizan a aquellos que no tienen domiciliados sus recibos. Puesto que estamos sometidos a su ‘dictadura’, no es mucho pedir que el trato hacia sus parroquianos sea digno.

Tengo el orgullo de ser hijo de un empleado de banca de los de antes. De aquellos que conocían el nombre y apellidos de todos sus clientes. Que sabía quiénes eran sus hijos, cuál era su dirección completa y la gestión que iban a hacer sin tener que preguntarles. Mi padre fue director de la modesta oficina de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca en La Vellés. Cuando finalizaba su jornada laboral, comía deprisa y corriendo para coger el coche y recorrer todos y cada uno de los pueblos de La Armuña. Muchos días no llegaba a casa hasta medianoche. No le importaba tener que ir a hacer la declaración de la Renta a un vecino de Arcediano, llevar dinero en efectivo a otro de Tardáguila o acercar el papeleo del seguro agrario a un labrador de Palencia de Negrilla. Es la humanidad de la banca elevada a la enésima potencia. Algo que, por supuesto, va en la honradez y la profesionalidad de una persona, pero también en una filosofía que imprimía en aquel momento un hombre como Sebastián Battaner.

Obviamente los tiempos han cambiado. Muchas entidades han mandado a casa a cientos de empleados y las condiciones laborales han mermado. Pero, sobre todo, ha irrumpido una tecnología que ha traído unas ventajas innegables, pero al mismo tiempo ha dejado fuera de juego a una parte importante de la población. Si queremos ventanillas telemáticas, deberemos apostar por una alfabetización digital de nuestros mayores como ha hecho de manera ejemplar Estonia. Mientras tanto, no podemos exigirles que se adapten a los cambios si no les damos las herramientas para hacerlo. Desde formación hasta una buena conexión a internet.

Una sociedad que aparta a los que sobrepasan una determinada edad es una sociedad enferma y, por desgracia, en muchos bancos, ya ha calado ese virus.

domingo, 30 de enero de 2022

El show de Revilla - Alberto García Reyes

 El show de Revilla - Alberto García Reyes


¿Merecemos la matraca del presidente de Cantabria opinando de todo en la tele? en los eriales del analfabetismo, de manera que el presidente de Cantabria arenga a la gente desde la atalaya del tuerto en el país de los ciegos. Es decir, nos toma por tontos. Sin embargo, por alguna causa misteriosa que tal vez merecería un programa especial de Íker Jiménez, las televisiones le conceden un espacio incomprensible salvo que los datos de audiencia confirmen que, efectivamente, somos tontos. Yo me siento invadido, incluso ultrajado, cada vez que me topo con sus sermones pasiegos en alguna de las muchas cadenas que le dan cuartelillo. No entro en la decisión de los cántabros, que lo han elegido como presidente. El que la lleva la entiende. Y estoy seguro de que los montañeses están bien autorretratados por su paisano Gerardo Diego: «Todo lo que llevo dentro está ahí fuera». Los habitantes del paraíso se equivocan menos que los del infierno. Pero desde la lejanía enamorada me cuesta asimilar la omnipresencia de este opinador tan primario y siempre que su matraca oratoria se cuela en mi salón me hago la misma pregunta: ¿nos merecemos este castigo?

El locuaz Revilla sabe de todo. Es el comodín de los platós. Lo requieren desde las televisiones como reputado analista de la pandemia, de las erupciones volcánicas, del conflicto de Ucrania, de las elecciones en Castilla, de la economía mundial, de la estrategia de Biden y de lo que te rondaré, morena. Y todas sus reflexiones se cocinan a la sal gruesa. Pero ahí está el tío con su pinganillo siempre de guardia dispuesto a comentar lo que se le pregunte a cualquier hora. Sin miedo a desangrarse por la boca. El otro día se sacó de la manga en una de sus intervenciones de plasma una teoría sobre el Covid propia de un santero. Primero se preguntó «por qué carga más el virus en la zona que procede del viento nordeste». Y luego se respondió a sí mismo con inapelable autoridad: «Es el viento quien trae el virus y como el nordeste viene de Europa, que es una zona más poblada que los vientos que vienen del Atlántico, que tienen que pasar por el mar, por eso a lo mejor carga más en las zonas cuyo viento viene de zonas muy pobladas». Estas declaraciones, anacolutos aparte, han contribuido a convencerme de que ‘Sálvame’ es un programa cultural si se compara con el show de Revilla. Con lo que me pirran la anchoas y los sobaos, estoy a punto de cogerles tirria por culpa de la incontinencia verbal de este juglar ubicuo que me arrastra a una insistente cavilación: poco nos pasa.

El último pícaro (de momento) - José María Carrascal

 El último pícaro (de momento)  - José María Carrascal


¡Menudo negocio hemos hecho los españoles con este sujeto! Claro que nunca hemos tenido buen ojo para elegir a nuestros dirigentescuando el mayor caso de corrupción en la España democrática fue protagonizado por su partido, que se pulió más de 700 millones de euros en algo tan patriótico como llevarse a casa dinero «bastante para asar una vaca», según la madre de uno de ellos, drogas de todo tipo y juergas en puticlubes. Dinero europeo para aliviar a aquellos parados como el que ahora recibe de Bruselas. Y encima se escandaliza porque el PP advierte que no ocurra lo mismo con los fondos que está recibiendo. Todo ello con un solo objetivo: que le permitan seguir gobernando. ¡Menudo negocio hemos hecho los españoles con este sujeto! Claro que nunca hemos tenido buen ojo para elegir a nuestros dirigentes, tal vez por pensar más en qué puede favorecernos que en el bien del país. Pero ésa es otra historia.

No hace falta que nombre al protagonista de ella, pues está en la memoria de todos por sus apariciones en televisión y no acertar nunca ni disculparse por ello. Pero que los retrata.

Personajes como él abundan en todas las capas de nuestra sociedad y literatura, hasta al punto de haber creado un género: la novela picaresca. Todos hemos conocido a alguno e incluso puede que hayamos sido víctimas de sus falacias y encantos, pues suelen ser individuos simpáticos, atractivos, capaces de hacer pequeños favores siempre que estés dispuesto a hacerle a él uno grande. El primero que conocí fue un tipo de buena planta que poniendo la mano sobre la cabeza de uno de los niños que había por allí decía muy serio mirando a los ojos del portero del campo de fútbol local: «Viene conmigo», y pasábamos los dos como si fuera el gobernador civil. Es lo que Pedro Sánchez debe decir a sus ministros y ministras cuando les encomienda una misión kamikace. Una de las cosas que lamento de morirme antes que él, al ser bastante mayor, es no poder leer sus memorias. Aunque estos individuos no suelen tener memoria. Pero alguno o alguna se las escribirá. Como todo.

sábado, 29 de enero de 2022

Repoblaciones - Alberto Estella

 Repoblaciones - Alberto Estella


NO pienso leerlos, pero estoy seguro que todos los programas electorales prometen repoblar Castilla y León. Con lo que les costó a los Reyes cristianos durante la Reconquista, o tras echar al moro, otorgar repartimientos, donadíos, cartas pueblas...fomentando la ocupación de territorios despoblados, las tierras yermas. Entonces no daban cheque-bebé, pero podían caerte mil hectáreas de recompensa. Era un tema que le fascinaba a nuestro catedrático de Historia del Derecho, Ignacio de la Concha. A nosotros nos apasionaban más las películas de los repobladores del lejano Oeste americano, con sus indios y vaqueros.

Leyendo la historia de muchos de nuestros pueblos, constatamos su origen medieval y asistimos a su progresivo abandono. Peñaranda nació en lo que se llamaba “tierra de nadie”, repoblada en los siglos X y siguientes por los Reyes leoneses. Es de las poquísimas poblaciones que ha logrado mantenerse, incluso crecer, a pesar de la explosión del polvorín, y de que ya no fabrica zapatillas. Pero los pueblos limítrofes han perdido casi la mitad de sus vecinos. Mientras una familia carezca de escuela, médico, internet, coche de línea, y cajero, ¿qué le estimula para seguir allí? Vende lo que tiene y se va donde encuentre tan elementales servicios. ¿Les van a salvar ahora los políticos de todo eso? El socialista Tudanca dice que él lo conseguirá - ¡sietemachos! -, y además en un verbo. Tururú.

El primer Repoblador (Dios), aseguran que hizo a Eva de una costilla de Adán, sin permiso de Irene Montero. Le dijo a Noé y sus hijos que fueran fecundos y se multiplicaran, que llenaran la tierra. Nos acercamos a los siete mil millones. Sucede que hay cosas que impiden la procreación, como es un pene, ay, torcido o en gancho. Nos lo recordó trasantier en estas páginas, la doctora María Fernanda Lorenzo. La cifra de los varones que sufren disfunción eréctil, “un impacto salvaje” es ¡el 19%! Es decir, una quinta parte de los machos tienen dificultades para empotrar o embuchar (menuda diferencia). Uno es de la época que eso se intentaba arreglar con un implante de costilla, aunque el hombre es el único ser que nunca tuvo hueso ahí. Un salmantino notable en trance de boda, ya maduro, acudió para disponer de herramienta adecuada a una clínica americana. Le sucedió lo que a la princesa Mafalda de nuestra Catedral, que “finó por casar”, o sea, palmó. Afortunadamente se ha ido de la costilla a la esponjilla, y las prótesis peneanas actuales son más sofisticadas y funcionan. Hay que pulsar un botón en el escroto, como si fuera un ascensor, que lo es, y el ciruelo cavernoso se infla y se pone al punto. Se practican con éxito en Salamanca gracias al Servicio de Urología – mi aplauso -, incluso con televisión en directo para el alumnado. Los operados ya pueden repoblar sin dolores ni intentar números circenses.

Uno ha conocido la repoblación forestal (el innombrable plantó pinos a millones); la de alevines de tencas en las charcas; y la cerebral. Si, porque un profesor de Psiquiatría que anduvo antaño por Salamanca, el doctor Llavero (que, como ya es habitual, no he encontrado en mi biblioteca) escribió un libro titulado “La repoblación cerebral en España”. Hoy se trasplantan corazones de cerdo – y pedacitos, como el mío -, pero es imposible un trasplante de cerebro. Sin embargo, un italiano, Sergio Canavero (se non e vero, e ben trovato) estudia ¡el trasplante de cabeza completa! Presume de haber tenido éxito con monos. Todavía no está en la cárcel.

Al columnista le bastaría con que a los castellano-leoneses, a los españoles todos, nos repoblaran de sentido común. Que su siembra comenzara en la escuela y en el entorno familiar, y colonizara las testas de los que nos gobiernen. ¡Fuera descerebrados! Que de cada diez cabezas (siempre Machado), dejen tranquila la única que piensa, y colonicen las nueve que embisten. Porfa.

miércoles, 26 de enero de 2022

Mayores, no idiotas. Incluso listos - Alberto Estella

Mayores, no idiotas. Incluso listos - Alberto Estella


Desayunaba temprano en el restaurante del Hotel de Huelva, cuando entró el rector de la Universidad de verano de La Rábida – donde asistí a alguna conferencia -, Juan Velarde. Su currículo es el de una figura de las Ciencias Económicas, y actualmente preside la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Aquel sabio se acercó con sus gruesas lentes a la máquina del café, intentando servirse. Observé cómo se agachaba sin pulsar botón alguno. Miraba por todos lados, incapaz de descifrar los letreritos y dibujillos de instrucciones, para conseguir su ansiado primer café. A falta de camareros, acudí en su socorro y me lo agradeció con sus exquisitos modales. Aquel día de los setenta, no pensé que, pasado el tiempo, yo mismo sería víctima de los que Umbral llamaba chismes, de la incapacidad para manejar los aparatos que nos cercan, y de usar los servicios que se nos ofrecen.

El urólogo y cirujano Carlos San Juan, valenciano de casi 80 años, lo ha sufrido en su relación con los bancos. Dice, con razón, que se han olvidado de los mayores, que no somos diestros en internet. Estábamos acostumbrados a tratar tú a tú con seres de carne y hueso, usualmente amables, que han desaparecido de las entidades financieras. Él ha montado una plataforma precisamente digital, para que tengan piedad de nosotros y en un solo mes ha conseguido 350.000 firmas.

Aunque CSJ delata a los bancos, su plataforma puede ampliarse a toda clase de empresas de bienes y servicios, entre cuyos potenciales clientes un tercio sabe leer y escribir - incluso han sido y son figuras en su profesión -, pero son incapaces de averiguar las minúsculas palabras del folleto de instrucciones, y con lupa, ni entienden los dibujos, ni aciertan a descifrar los pasos a seguir, ni comprenden la pésima traducción, ni poseen la elemental herramienta. Los mismos mandos de los televisores, todos diferentes, con pequeños pulsadores de colorines y abreviaturas, situados en lugar distinto del anterior modelo, para jorobar al mayorcito de turno, que acaso fue científico excelente, y a falta de un hijo o un nieto que le ilustre, se convierte en consumidor estupidizado. ¡Ah, los tiempos del dependiente comprensivo, de la cajera encantadora, del teléfono al que respondía siempre una voz humana, no grabada! De pura desesperación, he visto arrojar teléfonos, tras intentar hablar con entidades cuyos “operadores están todos ocupados”; otros que te rebotan a su página web; y te mandan de la Ceca a la Meca, cuando no cuelgan. Las modalidades de la desatención son innumerables y los mayores – que no somos idiotas - incluso hemos sobresalido en alguna compleja tarea -, soportamos esa desolación. Hoy, aprendes a escanear un código QR, o estás jodido.