miércoles, 28 de julio de 2021

La derecha provinciana - Salvador Sostres

 La derecha provinciana - Salvador Sostres


El poder es la ciudad. Político es lo que ocurre en la polis

Votar a Vox es provinciano. Analizar mucho a Vox es provinciano. Es perder el tiempo enredarse en disputas estériles con un partido marginal en lo político y minoritario en lo electoral. Hay una afectación provinciana en la prensa de derechas tal como la hay en el Partido Popular. No se trata de Vox, no se trata de Abascal ni de sus cargos, ni mucho menos de sus panfletos sobre los grandes asuntos como la inmigración. Se trata del poder. Se trata de mandar. Es lo que Pedro Sánchez entiende hoy mejor que cualquier otro político español, hasta que su vergonzosa frivolidad le lleve a cometer un error del que jamás pueda recuperarse.

 que negociar con Abascal. Tiene que someterlo, exprimirlo, aprovecharlo como mejor le convenga, saquearle el mayor número posible de votantes y ponerlo entre la espada y la pared si tras las próximas elecciones hay una mayoría alternativa a la que hoy sustenta al Gobierno. Todo lo demás es retórico, innecesario, acomplejado, cantonal.

El mayor drama de España es que la derecha es provinciana. Una derecha casposa, redicha, insegura, que escribe cursi porque piensa mal. Hay que ser valiente para vivir en la gran ciudad. El pueblo es una renuncia. El poder sólo existe en la ciudad, la sangre, las ganas de vivir, la sed de matar. Vox es la tertulia de un casino de pueblo, como el independentismo, como Podemos, como Rosa Díez. Folclóricas que cuando apuran la copa estiran el dedo meñique. Carraca aldeana, gente a la que nunca le ha pasado nada importante.

En la ciudad acostumbrada a ver arder las vanidades, todos los populismos se licuan por el mismo desagüe y el poder ni lo llegan a rozar. La derecha solía ser este poder: Felipe, Aznar y Rajoy lo fueron; Felipe tal vez el que más, porque él ha sido el presidente más de derechas que hemos tenido desde la recuperación de la democracia. Cuando Aznar unió a los grupúsculos en el PP no lo hizo pidiendo permiso, ni escenificando, ni tirándose del moño con nadie. Mandó. Fue duro. Fue durísimo. Y Paco Álvarez-Cascos remató a los que intentaron dar guerra. Por no hablar de Felipe en Suresnes. Hay momentos en que no se trata de convencer, sino de ganar. Y cuando ganamos, gustamos.

El poder es la ciudad. Político es lo que ocurre en la polis. España es la tensión entre Madrid y Barcelona, a pesar de que en los últimos años Barcelona está dejando mucho que desear. Exactamente lo mismo que el independentismo, Vox no se entendería sin la profunda ruralidad. Pablo Casado tiene que endurecer el gesto, alargar la sonrisa, agudizar la mala leche, aprender a tomar niños en brazos sin que se le note que está tenso por si se le mean encima, y tener a asesinos a sueldo que le hagan el trabajo sucio en silencio y sin dejar rastro. Y tampoco pido que sean genios, pero estaría bien que los que escriban sean tipos que cuando salen de casa y miran antes de cruzar, sea por si pasa un coche y no una vaca.

lunes, 26 de julio de 2021

Hacerse mayor - Manuel Muiños

 Hacerse mayor - Manuel Muiños


Hoy no puedo por menos de hacer alusión a quienes año tras año van sumando experiencia de vida. Aquellos que han sido capaces de hacer realidad aquello que dice Ricardo Arjona en su canción: “Señora no le quite años a su vida, póngale vida a los años, que es mejor”.

El Papa Francisco, que tanta controversia genera en las conciencias de muchos, también ha dedicado el día de ayer a la primera Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores. Lo hace en la víspera de los Santos Joaquín y Ana a quienes hoy celebramos. Aunque a muchos les parezca postureo creo que es muy acertada esa llamada de atención. Nuestra mirada está puesta en muchos sitios, la lucha por los derechos y la dignidad está al orden del día pero los mayores están pasando a segundo plano. Parece que sus derechos se han perdido en la noche de los tiempos. Muchos han quedado “aparcados” a la orilla del camino de la vida, parece que porque arrastren los pies están condenados a arrastrar el corazón y el alma. Nada más lejos de la realidad. Nos importa cada vez menos vaciar la habitación de los abuelos para llenarla de juguetes o nos resulta cada vez más fácil sacar a pasear al perro que acompañar a nuestros mayores. Ya sé que hay realidades y situaciones que hacen imposible asumir en primera persona la respuesta de atención a nuestros mayores, ante eso no queda otra y a buen seguro, tanto a ellos como a sus seres queridos, se les parte el alma al cruzar el umbral de la puerta de la residencia más cercana. Ahora bien ¿cuántas veces nos puede lo más cómodo? ¿cuántas veces pensamos más en nosotros que en ellos? El Papa Francisco, en su homilía de la Eucaristía celebrada ayer en la Basílica de San Pedro decía entre otras cosas: “¿Qué mirada tenemos hacia los abuelos y los mayores?... Tengo miedo de una sociedad en la que todos somos una multitud anónima e incapaces de levantar la mirada y reconocernos”. Nos recuerda la necesidad de compartir jóvenes y ancianos lo que somos y lo que tenemos, al mismo tiempo con claridad y contundencia, que los abuelos y los mayores “no son sobras de la vida, desechos que se deben tirar”.

Sin duda alguna es hora de reivindicar y hacer visible para nuestros mayores aquella mítica frase de mi paisano y diseñador gallego Adolfo Domínguez “la arruga es bella”. En el caso de nuestros mayores, sin duda alguna. Es cuestión de escudriñar en lo más profundo de esas arrugas y descubrir todo el esfuerzo, la lucha y la superación, el cariño y la entrega que hicieron posible que en gran parte hoy seamos lo que somos. Es cuestión de sentir la aspereza de la piel curtida por el tiempo, para descubrir la ternura y la dulzura de su corazón, muchas veces castigado por los sinsabores y contratiempos de la vida. Hacerse mayor no es una desgracia si no una bendición. Hagamos memoria histórica, no memoria histérica. Nuestros mayores lo merecen.

domingo, 25 de julio de 2021

La enseñanza - Román Álvarez

 La enseñanza - Román Álvarez


Lo que pronto se aprende, tarde se olvida, sostenían nuestros maestros en aquellos tiempos en los que se valoraba la enseñanza y el esfuerzo. Ahora, diríamos que lo que se aprende deprisa se olvida más deprisa aún. Son tiempos de apremios y celeridades, de prestezas y vértigos en las aulas, de muchos apuntes y pocas lecturas. Antes se decía: habla como un libro. Ahora se podría decir: habla como los apuntes del Rincón del Vago. Vivimos en la época de la información y no del conocimiento. La formación profesional y los perfiles técnicos en general contribuyen a mejorar la economía, a buscar nuevos senderos en un mundo cada vez más competitivo. Bien está que se fomente este tipo de saberes de los que tan necesitados estamos en España, porque forman a nuestros jóvenes y garantizan empleos y progreso en plena era de la información y del conocimiento digital.

Los diseñadores de las leyes educativas deberían tener claro que las Humanidades y las Ciencias no son antagónicas, sino complementarias. La universidad de Salamanca ha combinado recientemente ambas vertientes en los últimos nombramientos de doctores Honoris Causa. David Konstan y Ana Blandiana nos remiten a la cultura clásica y al valor de la poesía. Por su parte, Avelino Corma y Miguel Delibes buscan con sus investigaciones en el campo de la Química y la Biología dar respuestas a algunos de los grandes problemas de la humanidad.

Las lenguas y culturas clásicas iniciaron hace ya tiempo un declive imparable. Cada responsable ministerial ha llegado con su ley bajo el brazo y el hacha lista para cercenar las cada vez más reducidas parcelas del Latín y el Griego. Ya decía T.S. Eliot a mediados del XX que los clásicos grecolatinos habían ido perdiendo desde finales del XIX su lugar como pilares del sistema político y social. La verdadera patria de los clásicos es su lengua y su cultura y, como recordaba Rodríguez Adrados, “la enseñanza sufre la competencia de mil tentaciones de la vida moderna, ladronas del tiempo y del espacio mental”.

Ante tan triste tesitura en un campo tan sensible como el de la educación, no es de extrañar que surjan géneros gramaticales novedosos. Hace unas semanas se recibió con burlas la palabra “matria” en boca de la ministra de Trabajo. Ignoro si el vocablo se lo sopló alguno de sus asesores o si la propia ministra leyó La tía Tula de Unamuno (o el Prólogo, que es donde don Miguel alude a los conceptos de “matria” y “sororidad”).

En fin, volver a los clásicos mejoraría la retórica parlamentaria, porque, al paso que vamos, con tal cúmulo de lerdos, lerdas y lerdes en las altas esferas de la política, alguno de ellos, ellas y elles va a acabar expresándose oralmente mediante simples rugidos guturales. Lo malo es que se les entenderá igual. Total, para lo que tienen que decir...

martes, 20 de julio de 2021

Algo falla - Miguel Ángel García-Mochales

 Algo falla - Miguel Ángel García-Mochales


Andaba leyendo a primera hora la mañana el periódico 

-una sana costumbre que les animo a mantener- y me encontré con dos informaciones que reflejan a la perfección el país que estamos permitiendo construir. Y, la verdad, no sé a ustedes, pero a mí no me gusta ni un pelo.

La primera de ellas tenía entidad suficiente como para abrir la primera plana. Contaba que los hosteleros salmantinos se las ven y se las desean para encontrar un camarero o un cocinero este verano, cuando en el Servicio Público de Empleo de Castilla y León (Ecyl) hay inscritos en nuestra provincia 1.589 desempleados con experiencia en el arte de mover la bandeja, 318 que saben lo que son los fogones de un restaurante y otros 1.260 que ya habían trabajado de pinches. No me lo podía creer. El presidente de la asociación que aglutina a los bares, casas de comidas y alojamientos varios se quejaba amargamente de que se trata de una situación endémica en el sector y aseguraba que mantenía conversaciones con el Ecyl para atajar el problema. Iluso de mí, no entendía la necesidad de tanta palabrería. Existe un compromiso de actividad que todo parado debería cumplir, de tal forma que si rechaza tres posibles ofertas de trabajo puede perder su prestación por desempleo. Por lo que se ve, hay mucho especialista en letra pequeña -aunque no venga en su currículum-, que sabe desenvolverse como pez en el agua en seguir cobrando del erario público mientras se pone de perfil y silba cuando aparece un empleo.

A tenor de lo que decía el reportaje, no es el único sector en el que ocurre tal disparate. En la construcción la economía sumergida campa a sus anchas. Los representantes del ladrillo claman a la Inspección de Trabajo para que destape a quienes están cobrando prestaciones mientras completan sus ingresos con “chapuzas”. Y en la agricultura sucede otro tanto de lo mismo.

La segunda tenía un tinte humano más dramático. Narraba las desventuras de un grupo de vecinos de un edificio de la urbanización ‘La Reguera’ situda en Nuevo Naharros, que han vivido un auténtico calvario durante los últimos cuatro años. Compraron sus pisos, con toda la ilusión del mundo, en un complejo con amplias zonas verdes comunes y piscina. Un sueño. Poco podían sospechar que a finales de 2015 iban a sufrir la visita de los ‘okupas’. Hubo un momento en el que más de la mitad de las personas que vivían en la urbanización eran familias que, entre sus aficiones, destacaba el destrozo sistemático de zonas comunes, el enganche ilegal de la luz, el agua y el gas, e incluso el robo. Hasta 43 denuncias llegaron a poner los pobres vecinos ante la Guardia Civil. De pagar 30 euros al mes de Comunidad pasaron a abonar casi 200 porque hizo falta hasta contratar seguridad privada. Por fortuna, la historia tiene un final feliz y, después de cuatro largos años, han podido resolver la situación.

Ambos ejemplos constituyen una prueba evidente del funcionamiento de nuestra Administración. ¿Cómo se come que en un país con una tasa de paro de casi el 16 por ciento no se encuentre en las oficinas de empleo a determinados trabajadores? ¿En qué cabeza cabe que se proteja más al delincuente que al ciudadano de a pie cumplidor?

Solo encuentro una explicación posible. Que nuestras autoridades, esas que acceden a un empleo temporal al servicio del ciudadano, que muchas convierten en permanente al servicio propio, tienen otras preocupaciones. Prefieren enzarzarse en cuestiones de gran calado, que cambiarán sin duda el rumbo de la Humanidad. Temas tan interesantes como debatir si debemos emplear la palabra patria o matria -ya la usó Unamuno, por cierto-, o si el régimen tiránico cubano es una dictadura -parece evidente- o no. Todo con tal de no trabajar en los problemas reales que tiene la gente. Y así nos luce el pelo.

viernes, 16 de julio de 2021

El Verano que merecemos - Javier Hernández

El verano que merecemos - Javier Hernández


El verano no está siendo tal y como lo esperábamos.

Nos imaginábamos conviviendo despreocupados y rememorando anécdotas de mascarillas como algo del pasado. Los hay que sí, que viven en ese mundo feliz, pero son los que llevan haciéndolo desde 2020. El resto seguimos con el bozal puesto con 35ºC a la sombra y a pesar de que el Gobierno ya no nos obliga a hacerlo.

El caso es que hay algo que no cuadra. Lo que imaginábamos no coincide con lo que vivimos. Se suponía que todo el que pasa la enfermedad y todo el que recibe la vacuna ya puede regresar a sus preocupaciones prepandémicas, pero resulta que no: que los contagiados se reinfectan y los vacunados se pueden poner enfermos también.

Los últimos datos de incidencia y hospitalización suponen un bajón para nuestra moral. En el Hospital de Salamanca, por ejemplo, más del 75% de los ingresados en planta ya habían recibido una o las dos dosis de la vacuna. Lo mismo sucede con el único paciente en la UCI: hombre de sesenta años, pauta completa... y en cuidados intensivos.

El de Salamanca no es un caso aislado. Las cifras de Israel apuntan a que casi la mitad de los contagios que se está produciendo ahora son personas que estaban vacunadas.

¿Qué está pasando aquí? ¿Significa que vamos a volver a empezar de cero?

A priori no, pero también depende mucho de nosotros. Cuanto más se propague un virus, más probabilidades hay que de surja una mutación. Algunas de estas variantes son débiles y no se imponen, pero otras, en cambio, presentan una características que las hacen más contagiosas y terminan haciéndose dominantes... hasta que otro ‘matón’ más grande las jubila.

El gran temor de los virólogos -y el nuestro- es que aparezca esa variante que sí sea capaz de escapar de las vacunas, pero ni aún así estaríamos de nuevo en la casilla de salida.

Lo que se está comprobando con las personas vacunadas que se contagian es que la enfermedad es muchísimo más leve. La última vez que se registró una muerte en Salamanca fue el 11 de junio. Hace más de un mes, y desde entonces se han contagiado más de 2.300 personas. Es evidente que la población está mucho más protegida que antes.

Lo que podemos hacer para no contribuir a que surja esa nueva variante que nos ponga contra las cuerdas es no desplegar alfombras rojas ante el virus: seguir utilizando la mascarilla en todos los espacios interiores y tampoco confiarse en exteriores. Diga lo que diga el Gobierno.

La Administración también puede hacer más para evitar los contagios. Qué lejos parecen aquellos tiempos en los que Castilla y León presumía de ser la comunidad que más pruebas diagnosticas realizaba por habitante. “¡El triple que Madrid!”, se destacaba entonces.

Ahora, sorprendentemente, la Consejería de Sanidad reconoce abiertamente que no va a apostar de forma decidida por los cribados masivos. Dicen que suponen mucho esfuerzo de personal y pueden servir para que los jóvenes “vuelvan por la tarde al botellón”, pero con más tranquilidad.

Meter un palito por la nariz no cura el egoísmo ni la estupidez. En eso estamos de acuerdo, pero si corta 200 o 300 cadenas de contagio, bienvenidos sean.

Lo que debemos tener claro es que el final no está cerca ni tampoco va a ser repentino. El verano soñado, si acaso, será el de 2022.

España podrá tener vacunada al 70% de su población en agosto o en septiembre, como muy tarde, pero ni aún así se podrá hablar de inmunidad de grupo, porque el famoso rebaño no es un país, sino un planeta.

La evidencia científica apunta a que las mutaciones no surgen por culpa de las vacunas, sino al revés: entre las personas no vacunadas y hay cientos de millones en esa situación, pero no todo es pesimismo. Existe otro dato, en este caso para el optimismo, que no se está teniendo en cuenta y es que hasta ahora solo han entrado en juego cuatro vacunas, pero hay muchas más -alguna española- que llevan tiempo en preparación y se lo están tomando con calma, precisamente, para ser la vacuna definitiva.

lunes, 12 de julio de 2021

Premio a Fernanda

 La jefa de Urología de Salamanca recibe el primer premio de la Asociación Europea de Urología


Primera vez que un urólogo español alcanza esta distinción | Ha sido reconocida por su estudio de vacunas contra la infección de orina

R.D.L /

La uróloga María Fernanda Lorenzo Gómez se ha alzado con el primer premio de la Asociación Europea de Urología, la máxima distinción a la que se puede aspirar en este campo de la medicina.

El reconocimiento que ha conseguido la jefa del Servicio de Urología del Hospital de Salamanca es todo un logro, ya que hasta ahora ningún especialista de España había sido distinguido con este galardón. Así lo destaca emocionada la especialista y subraya el trabajo llevado a cabo por todo el equipo de Urología, además de la importante colaboración prestada por los médicos de Atención Primaria y la necesaria cooperación del Hospital, la Universidad y el IBSAL.

María Fernanda Lorenzo Gómez se ha impuesto a 2.000 candidatos procedentes de toda Europa con un estudio en el que se constata que la vacuna contra la infección de orina investigada en España, con Salamanca como líder, tiene muchos menos efectos secundarios que la autovacuna que se utiliza en la actualidad.

“La Asociación Europea de Urología ha premiado el estudio porque supone un gran avance mundial”, comenta la galardonada y explica: “El premio es fruto de un trabajo que he liderado en España e Inglaterra con la participación de 200 mujeres en España y 40 en Inglaterra.

Se trata de un ensayo muy laborioso que empezó en 2015 y acabó en 2019 y que se realizó con el primer nivel de investigación fundamental, que es lo que se llama el ‘doble ciego’, es decir, que ha habido mujeres que han participado en el estudio sabiendo que lo que a lo mejor les tocaba era agua. El resultado ha sido un estudio que saca adelante una vacuna mundial contra las infecciones urinarias de repetición, un grave problema porque deteriora mucho la calidad de vida de las personas”.

En este sentido, Fernanda Lorenzo subraya la apuesta por la ciencia y la investigación de las mujeres de Salamanca que han participado en el ensayo clínico que, según sus palabras, “va a ser un faro de conocimiento en España y en el mundo”.

El objetivo ahora es que se pueda generalizar esa vacuna cuya fórmula fue elaborada por la uróloga del Hospital de Salamanca tras investigar el mecanismo que producía ese defecto de inmunidad, aunque la expansión de dicha vacuna ya no depende de la especialista, sino que está en manos del laboratorio que la produce y las autoridades sanitarias.

Hay que recordar que la Asociación Europea de Urología está integrada por 30.000 especialistas de toda Europa, una elevada cifra que pone de manifiesto la relevancia del premio que ha conseguido la uróloga de Salamanca y que se suma a otros anteriores como los obtenidos en el Congreso Nacional y el Congreso Iberoamericano de Urología, ambos celebrados en el año 2019.

jueves, 8 de julio de 2021

Los jóvenes reporteros nunca mueren - Arturo Pérez Reverte

 Los jóvenes reporteros nunca mueren - Arturo Pérez Reverte


Hace unos días volví a ver la película que rodó Gerardo Herrero sobre Territorio comanche; que más que novela era un trozo de memoria personal con la ficción justa para aliñar la cosa. Rodada en escenarios tan naturales como la guerra misma, la película resiste el paso del tiempo; con la particularidad de que, al mostrar un Sarajevo agitado por los últimos coletazos del asedio serbio, contiene un valor documental extraordinario. Por mucho dinero que se metiese en la producción, sería imposible reconstruir hoy el sombrío decorado de esa ciudad destruida y peligrosa. El caso es que he visto de nuevo la película, como digo, refrescando el recuerdo que de ella conservaba: cierta cómica incomodidad cuando Imanol Arias, que en la peli hace de mí, o casi, se muestra demasiado nervioso bajo el fuego -un reportero veterano, le decíamos sin éxito, siente la guerra con los ojos, no con los oídos-, y una sonrisa cómplice ante el modo con que Carmelo Gómez interpreta el papel del cámara de televisión José Luis Márquez; que a mi juicio, y también al del propio Márquez, es una de las mejores interpretaciones de su espléndida carrera de actor.

Estos días también he visto un magnífico documental de Roberto Lozano –Los ojos de la guerra, se titula- sobre los actuales reporteros. Aparte de removerme algunas nostalgias, el documental plantea una pregunta que me hacen con frecuencia: si echo de menos mis tiempos de reportero dicharachero de Barrio Sésamo, y si el periodismo bélico que se hace ahora tiene algo que ver con el de mi generación, la tribu de enviados especiales que, criados al socaire de viejos maestros como Vicente Talón, Manu Leguineche, Enrique Meneses, Tomás Alcoverro o Miguel de la Cuadra, cubrimos conflictos durante el último tercio del siglo pasado. Y mis respuestas a esas preguntas siempre se resumen en una: no lo añoro porque ya no existe, y el periodismo de guerra actual poco tiene que ver con el de ayer. Entonces te perdías dos meses en África y al regreso tu reportaje iba en primera página; mientras que ahora, si tardas minuto y medio en dar una información, ésta se queda vieja porque ya la conoce todo el mundo. El teléfono móvil, la conexión en directo y el ordenador portátil acabaron con los viejos reporteros. Los enviados especiales de la televisión son ahora bustos parlantes de terraza o ventana de hotel, aunque no sea culpa suya: es imposible salir a la calle a buscar información cuando debes entrar veinte veces al día en directo, y a tus jefes interesa más decir «tenemos a alguien allí, o cerca» que lo que ese alguien cuente; pues la misma información ya circula por la Red desde hace rato, gracias a anónimos reporteros ocasionales que cuentan lo que ellos mismos viven. Además, una guerra bien cubierta resulta muy cara de cubrir, y no están los tiempos para alegrías, ni siquiera en los medios públicos. Más, cuando entre una matanza en Damasco y una final del Barça, la peña -que ésa es otra- prefiere ver el fútbol.

Sin embargo, viendo el documental de Roberto Lozano, y gracias a las incursiones que a veces hago en blogs de reporteros independientes que andan por esos mundos buscándose la vida a su aire, compruebo con admiración que el periodismo de guerra no ha desaparecido. Se vuelve más individual, tal vez. Más humilde, peligroso y vocacional. Pero allí donde no llegan los grandes medios informativos, siguen llegando algunos hombres y mujeres, jóvenes por lo general, a quienes el ansia de aventura, la vocación, el cara o cruz de palmar o hacerte una reputación si sobrevives, empuja a coger una mochila y jugársela. Prefiero no estar en la piel de sus padres o de quienes los aman. Su vida es difícil; y sus ganancias, escasas. Ninguna aseguradora se hará responsable de su salud o su vida. Y aunque así fuera, pocos podrían permitírsela. Pero ahí van y ahí siguen, los que aguantan la prueba. El mundo es aún más peligroso que antes, la televisión e Internet volvieron peor y más resabiada a la gente que sufre y muere en lugares extremos; y moverse por donde crujen las costuras del mundo es una osadía suicida. Por eso el auténtico periodismo de guerra lo hacen hoy esos chicos y chicas solitarios y valientes, con sus blogs, sus tuiteos, sus mensajes sobre lo que ven y fotografían en lugares hostiles y remotos. Los últimos grandes reporteros siguen sin ser los últimos: tomaron su relevo estos parias del periodismo que con su tesón y coraje, afrontando la falta de medios, la vida incierta, la desgracia y la muerte propias del oficio -tales son las reglas y el precio de la aventura-, desmienten el viejo dicho de que, en toda guerra, la primera que muere es la Verdad.

Profesionalidad - Óscar Sánchez Alonso

 Profesionalidad - Óscar Sánchez Alonso


Hay una diferencia entre “el gran campeón” y el “fuera de serie”. El primero tiene talento, por supuesto. Pero el segundo “es el que pone su talento al servicio de los otros”. Ese importante matiz lo explicó Carlo Ancelotti, entrevistado por Enric González para Jot Down. Considero que esa distinción no se limita únicamente al plano deportivo. Sin ir más lejos, dos recientes casos, ligados a Salamanca, podrían ilustrar todo esto. Aludo a María Hernández y a Roberto Fraile, cuya vocación también quisieron brindársela a los demás.

María fue asesinada hace un par de semanas en Etiopía. Cooperante de Médicos Sin Fronteras, era natural de la localidad salmantina de Sanchotello, y llevaba muchos años comprometida en labores humanitarias. En la región etíope de Tigray buscaba salvar la vida de otras personas, y encontró, a los 35 años, su propia muerte. Otros dos trabajadores de la ONG, forjados de esa misma pasta que implica la generosidad, conocieron igual destino.

Roberto, recordarán, también fue asesinado a finales de abril. Este periodista nació en Baracaldo, pero fue en Salamanca donde ejerció durante tiempo su profesión, y donde había formado su familia. Contaba con larga experiencia como reportero en distintos conflictos armados. Y si logró salir vivo de Alepo (Siria), tras resultar herido en una explosión, esta vez, a los 47 años, no pudo sobrevivir a Burkina Faso. Allí, junto a David Beriain, trabajaba en un documental sobre la caza furtiva. Y puesto que los asesinos pisotean cualquier veda, y jamás han considerado que el ser humano sea una especie protegida, mataron a ambos.

Siempre me gustó un fragmento de Soldados de Salamina en el que se repara sobre la naturaleza del héroe. La novela de Javier Cercas lo contempla, y en la película del mismo título, que dirigió David Trueba, se presenta del siguiente modo: “¿Qué es para vosotros un héroe?”, pregunta el personaje de Ariadna Gil. “¿Alguien que no se equivoca nunca o alguien que tiene el coraje y el instinto de la virtud? A lo mejor alguien que no se equivoca justo en el único momento en que uno no puede equivocarse”. Y de la mano de Le Carré, añade que quizá haya que tener “temple de héroe” para ser, sin más, “una persona decente”.

En definitiva. Existen ciertas conexiones entre los fuera de serie y los héroes. Y cabría añadir: hay gente cuya heroicidad no requiere de efectos especiales. No llevan capa ni antifaz, pero llevan toga; o visten hábito; o portan EPIs; o cuentan incómodos hechos que es necesario conocer; o impulsan proyectos capaces de incentivar sensatas expectativas; o aciertan a despertar, delante de una pizarra, la curiosidad de su alumnado; o regalan, a su alrededor, cariño, amparo y esperanza. Gente cuyos superpoderes se llaman profesionalidad.

jueves, 3 de junio de 2021

Nos suben la luz entre concordia y valentía - María Jesús Pérez

 Nos suben la luz entre concordia y valentía - María Jesús Pérez


Todo muy sostenible y nada ‘heteropatriarcal’. Una política de otro planeta a la altura de Pedro Sánchez y su NASA a la española

Desgobierno de España. Suma y sigue. Esta vez a cuenta de la subida de los precios de la electricidad, camuflada de idioteces para variar. Y en estas que la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, se pone pico y pala a desviar la atención con su trampa feminista del mes. «El temazo no es a qué hora se pone la plancha, sino quién la pone», aduce. Pues vice, querida, el temazo no es el machismo, no, es que suben ustedes la luz y punto. De lo otro si eso hablamos otro día, no juntemos churras con merinas.

 porque con valentía se puede lograr la concordia en el recibo de la luz: se levanta uno (o una, no empecemos) a las dos de la madrugada y mientras termina la lavadora va pasando la aspiradora. Luego, al filo de las tres se prepara el cocido y los macarrones de los niños. A eso de las cinco ya es sólo cuestión de hacer la plancha y sentar a la familia a la mesa con el bonito amanecer. Todo muy sostenible y nada ‘heteropatriarcal’. Una política de otro planeta a la altura de Pedro Sánchez y su NASA a la española. Mejor que busquen vida inteligente en otra galaxia porque lo que es aquí no cabe un bobo más -con perdón- por centímetro cuadrado.

El resumen de todo lo que rodea al «temazo» de la semana es que el Gobierno nos sube la luz un 44% por el alza del precio de CO2 -lo que le genera al Estado 2.000 millones de euros de ingresos en 2021-, mantiene el IVA al 21% y el impuesto a potencia y consumo al 5%, y lo presenta como una solución, hundiendo a las empresas para ‘bajar’ la tarifa menos de un 5%. ¿Entonces? Pues eso, que tenemos la electricidad un 44% más cara que hace un año -y no olviden por favor que el propio Sánchez en la oposición, en agosto de 2014, llegó a clamar que el subidón de la luz «en un 8% prueba el fracaso de la reforma eléctrica de Rajoy, y alerta del riesgo de más gente sufriendo pobreza energética»- y aún así en España tenemos el mismo IVA en la electricidad que la suma de Grecia (6%), Italia (10%) y el Reino Unido (5%) juntas. ¡No es que no dejen a nadie atrás, es que a oscuras va a ser difícil ver quién falta!

Pero como los despropósitos de todo lo que lanza este Gobierno no vienen solos, como quieren incentivar el teletrabajo y la jornada laboral de cuatro días, pues ponen el precio de la luz más caro de la historia a la hora del trabajo -entre las 10 y las 14 horas- y consiguen el efecto contrario: que la gente no teletrabaje desde casa y trabaje en la oficina de nuevo. Nos desgobiernan los mismísimos ‘Hombres de Paco’.

Pues ¡ojo!, que en junio se espera otra subida de hasta el 26%... ¡Sigamos votándoles si eso, y ya lo de sacarles lo dejamos para otra vida!

martes, 11 de mayo de 2021

Y nos echamos a la calle... - Marta Robles

 Y nos echamos a la calle... - Marta Robles

Era lo esperado y sucedió. Cual si se tratara de leones, salimos todos a la calle, tras meses enjaulados, a pasear con libertad y devorar la noche. Solo que los leones no se empapan en alcohol cuando andan sueltos y los humanos, sí. Y más allá de los temores de coronavirus, las advertencias de una nueva ola que desbarate el espejismo o el miedo terrible a que las UCIS se colapsen de nuevo, los muertos se multipliquen y la pesadilla vuelva a comenzar, los humanos decidimos que nos merecíamos celebrar que estábamos juntos, tras tanto aislamiento obligatorio. Una estupidez, sí. Pero comprensible. En los tiempos anteriores a la pandemia, los botellones eran consustanciales a las noches de los sábados en toda la geografía española. Y no solo los de los más jóvenes. En un rango de edad bastante amplio, salir a divertirse significa en el mundo entero salir a emborracharse. Cosa que no había sucedido o al menos no en ese escaparate que es la multitud, desde hacía meses, que nos parecían años. Lo que ocurrió, poco tiene que ver con Madrid, Barcelona o Tombuctú. Tampoco con la libertad pregonada por Ayuso a la que algunos políticos de la izquierda quieren aferrarse como si fuera su tabla de salvación y dejara el pecado en la Puerta del Sol. No. Todo está relacionado con la irresponsabilidad política que nos ha traído hasta aquí, como siempre priorizando los intereses de los que ostentan el poder en vez sobre el bienestar aquellos sobre los que lo ejercen.

El Gobierno central levanta el estado de alarma de un día para otro, sin un plan, sin consensuar la medida con los autonómicos, dejando al país, como siempre, en un estado de confusión, tras tanto tiempo de encierro y de pánico. “Pues si el Gobierno lo hace —piensa el pueblo— será que el riesgo ahora es menor, así que celebrémoslo, bebiendo y emborrachándonos”.

El alcohol es la anécdota, aunque haya llenado los hospitales de ebriedad, cuando aún no se han liberado del coronavirus. Lo más grave es que la actuación de los políticos ha confundido tanto a la sociedad como para llevarla a pensar que se encuentra a salvo. O, al menos, medianamente a salvo. Lo suficiente como para recuperar nuestras vidas al sonar la campana del recreo.

Si esta medida o mejor dicho esta falta de medida tiene consecuencias irreversibles y volvemos a los tiempos más oscuros, los políticos se echarán las culpas unos a otros, pero acabarán rodando las cabezas más altas, porque, al final, el pueblo es capaz de permanecer sobrio cuando toca, para llegar a las urnas y decidir. ¿Que la culpa de lo que pase será de los que nos echamos a la calle? Somos los mismos que hemos permanecido cumpliendo las normas y las reglas desde que comenzó la pandemia. ¿Acaso las impusieron sin que hiciera falta? ¿Acaso ahora nos las han quitado por puro juego político y poniendo nuestra salud en juego?

El botellón es la religión del pueblo - David Torres

 El botellón es la religión del pueblo - David Torres


A Karl Marx le hemos citado mal tantas veces que al final hemos acabado por ficharlo como el suplente de los hermanos Marx, lo cual no está nada mal para los hermanos Marx, no digamos para Karl Marx. Por ejemplo, la frase célebre que abre el Manifiesto Comunista, la del fantasma que recorre Europa, venía a pelo para el coronavirus, pero después de una pandemia mundial, de los aplausos en los balcones, de las manifestaciones negacionistas y de las entrevistas a Miguel Bosé, es muy posible que el fantasma haya cambiado de bando. A la pandemia había que combatirla mediante el confinamiento, la mascarilla y la distancia social, pero después de un año todas esas estrategias han quedado obsoletas y hemos decidido cambiarlas por la aglomeración, la francachela, el abrazo de borracho y el beber a morro. Es el mismo principio médico según el cual lo mejor para combatir el resfriado es un buen lingotazo de whisky. Antes salíamos a la calle como tragedia y ahora salimos como farsa.

El fantasma de Marx y Engels también ha sufrido estas inquietantes metamorfosis: primero vino vestido de sindicalista, después de cayetano y por último de borracho. Resulta un tanto extraño contemplar estas multitudes de jóvenes desafiando a la autoridad, saltándose las normas básicas sanitarias, uniéndose en una muchedumbre alcohólica que clama libertad y que esa libertad sea exclusivamente la de ponerse ciego a copas. Uno hubiera esperado que, además de la libertad, la juventud tomara las calles en nombre de la igualdad y la fraternidad, de las reivindicaciones sociales, de un trabajo y una vivienda dignas, no sólo por el derecho a una cogorza al aire libre. Sin embargo, con unas cifras de paro juvenil espeluznantes y unas perspectivas de futuro terroríficas, tal vez emborracharse sea la única opción sensata. Y con una libertad limitada a beber, a cantar y a hacer el tonto en la vía pública, también es lógico que Ayuso haya barrido en las elecciones.

Lo más extraño de todo es que estas multitudes de beodos no la hayan nombrado santa en vida, la hayan montado bajo palio y hayan desfilado con ella en procesión por toda España. Entre los diluvios torrenciales, las canículas mesetarias y las señoras que hacen milagros al frente del gobierno de la Comunidad, Madrid siempre está muy cerca de ambientar una novela de García Márquez o una película de Berlanga. Un poco más allá se encuentra Cuenca, donde el Jueves Santo tiene lugar la llamada Procesión de los Borrachos, uno de esos cruces folklóricos donde se vislumbra que la devoción está a un paso del alcoholismo y a dos del delirium tremens.

En cuanto veo juntas Madrid, la devoción, las muchedumbres y el alcoholismo, me acuerdo de inmediato de Mongo, un mítico personaje de La Elipa que se pasaba las tardes en el bar de los salesianos entre cerveza y cerveza. Mongo nos contaba que en su pueblo había una ermita a la que unos penitentes llegaban arrastrándose, con las rodillas sangrando, mientras otros llegaban haciendo eses, borrachos perdidos. "Ponerse pedo es la devoción más bonita que hay" decía Mongo. Ya Marx había avisado que la religión es el opio del pueblo, aunque hoy a lo mejor podríamos darle la vuelta a la frase y decir que la verdadera religión del pueblo es el opio, o sea, el botellón. Con tanto botellón y tanta libertad, con esos borrachuzos que cantan en plan orfeón donostiarra que el resultado les da igual y que la calle es toda suya, a ver si lo que va ser suya al final es la UCI. Gilipollas del mundo, desuníos y que corra el aire. No vayamos a rizarle el rizo de la barba a Marx y la farsa de ahora se repita mañana como tragedia.

viernes, 30 de abril de 2021

Roberto Fraile, aguerrido reportero de guerra que captó el horror de Siria - Roberto Zamarbide

Roberto Fraile, aguerrido reportero de guerra que captó el horror de Siria  - Roberto Zamarbide


El cámara salmantino fallecido en Burkina Faso había resultado herido en Alepo en 2012 por la metralla de una granada

L.G. /

Roberto Fraile, el cámara salmantino de 47 años asesinado este martes en Burkina Faso, tenía en su historial periodístico los principales conflictos armados que se han vivido en el planeta en los últimos años. Padre de dos hijos, nacido en Baracaldo aunque afincado desde años en Salamanca, Fraile resultó herido en 2012 en la localidad siria de Alepo debido al estallido de una granada cuya metralla le alcanzó la pelvis. Fue operado de urgencia en un hospital de la misma localidad y posteriormente evacuado a Turquía.

En una entrevista concedida al suplemento ‘Muy Salmantino’ de LA GACETA, Roberto Fraile contaba cómo se produjo el ataque: “Alguien encendió una granada y se olvidó de tirarla. Yo estaba muy cerca y me pilló. Un francotirador había causado varias bajas en la mañana y un grupo de rebeldes estaba intentando tomar su posición para volarlo por los aires a base de granadas de mano”, aseguraba Fraile.

“La única forma en el barrio viejo de acercarse era entrando en las casas haciendo agujeros en las paredes para pasar de una a otra. Cuando estábamos al lado de donde se supone estaba el francotirador fue cuando pasó la explosión”. El salmantino relataba la dureza de los siguientes momentos al estallido. “Era una granada de mano que iba a lanzar gente del grupo rebelde con el que estábamos nosotros y se la olvidaron. Fue una explosión muy fuerte, no te enteras. Me levanté, vi que tenía restos encima del chico que intentaba lanzar la granada que desapareció. Me vieron los compañeros, Antonio y López y me sacaron por un agujero cuanto antes, yo podía ir andando, salimos de las casas y llegamos a una calle muy estrecha”.

Pero Roberto no pudo soportar la situación y se desmayó, pero pudo ser evacuado y llevado a un hospital de Alepo donde fue operado. “Después me evacuaron a Turquía en una furgoneta con una niña que estaba muy mala. Éste ha sido calificado por el salmantino como “el peor momento con diferencia”.

La ofensiva tuvo lugar el 6 de febrero de 2012 en un barrio con unos 15.000 civiles que ayudaban a los rebeldes. “Entramos por el alcantarillado de unos 3 kilómetros hasta llegar al lugar del ataque. En una hora se dispararon entre 500 y 600 morteros, que no son selectivos y que mataron a mucha gente que estaba en el salón de sus casas. El Hospital estaba lleno de muertos y heridos. Yo he visto morir a mucha gente”.

Tras este trance, Roberto Fraile firmó junto a David Beriáin, también fallecido en el ataque en Burkina Fraso, la serie de documentales “Clandestino”, de Discovery Max. Sobre esta experiencia, el cámara contaba para LA GACETA uno de los momentos más tensos que vivió durante la grabación: “En México me entrevisté con un chico de unos veinte años que estaba hasta arriba de coca. Le sentó mal una de las preguntas que le hicimos, entendió que nos estábamos riendo de él, se puso muy nervioso, sacó el arma y quiso disparar a las cámaras, menos mal que le calmaron algunos de los suyos”.

Donde las papas queman - Ignacio Camacho

 Donde las papas queman - Ignacio Camacho


Está de moda denostar el periodismo. Pero aún hay gente que se juega la vida, y la pierde,por este oficio público tiende a minusvalorar lo gratuito. La otra gran equivocación corporativa ha consistido en aceptar un juego de doble filo: la frecuente conversión del género de opinión -ay, las tertulias- en un espectáculo de debate político que se desliza demasiadas veces hacia un correlato casi lineal de la dialéctica de partidos. Ciertos líderes ebrios de sectarismo pretenden pescar en ese río, donde se bañaron ellos mismos, situando a presentadores y comentaristas en su línea de tiro.

En general esos denuestos y amenazas rebotan sobre la piel chapada de un oficio al que no se viene a hacer amigos. Los dirigentes propenden a olvidar que ellos pasan, caen en desgracia, pierden elecciones, y nosotros seguimos. El peligro real está en otro sitio y lo corren tipos realmente duros que no firman columnas ni aparecen en los platós televisivos. Se llaman reporteros y a menudo se juegan el pellejo en lugares donde el ser humano o la naturaleza enseñan su lado más siniestro y donde se percibe el verdadero alcance de la palabra miedo. Catástrofes, migraciones, revoluciones, guerras; esa clase de dramas que nos hemos acostumbrado a contemplar con indiferencia en los informativos de sobremesa. Escenarios y circunstancias donde la vida no vale nada y donde el carné de prensa hace mucho que dejó de proteger de las balas.

Si a los demás no nos quieren tener respeto, podemos sobrellevarlo. Pero esa gente sí se lo ha ganado aunque sus nombres no brillen bajo los focos del estrellato. Son la estirpe de Capa, de Kapuscinsky, de Fallaci, de Meneses, de Quadra Salcedo, de Leguineche. La piel del tambor, que diría Reverte, cuyo redoble recuerda a nuestra confortable conciencia burguesa la existencia de un mundo zarandeado por la tragedia. La voz y la mirada que cuentan el relato del dolor, la desgracia o el conflicto a una sociedad ensimismada en sus problemas frívolos. David Beriain y Roberto Fraile, asesinados en Burkina Faso -búsquenlo en el mapa-, eran parte de ese spengleriano pelotón de voluntarios que defiende la civilización cámara en mano donde las papas queman: en la última frontera de los bárbaros. Y aún dicen que el pescado es caro.

jueves, 29 de abril de 2021

Los ‘ex’ de Ayuso - Ángel Antonio Herrera

 Los ‘ex’ de Ayuso - Ángel Antonio Herrera

Madrid nos gusta, porque tiene la culpa de todo. Eso escribió un día un poeta, y eso lo dice ahora Ayuso de otra manera, porque incluso para poeta ella cita fija, como buena ideóloga de ilustración ciudadana, escorada de simpatías hacia Vallecas. Nos vamos enterando de todo lo que concierne al político, incluidas amenazas, y no tanto de lo que afecta al ciudadano, que quisiera saber algo más allá de cuándo le toca la cola para el chute de AstraZeneca. Menos mal que en medio de este frenesí del tedio, o el hartazgo, ha salido Díaz Ayuso para regalarnos alguna alegría inesperada. Ha dicho, donde Alsina, que Madrid, tan densa en población, ofrece la libertad de cambiar de pareja y no volver a encontrártela nunca más. Esto no entraba en su programa electoral, pero ahora ya sí. Me gusta casi tanto como la promesa de dejar los impuestos quietos. Como ya ha ganado Ayuso las elecciones, viene celebrando la doble condición de musa y poeta de la ciudad, una ciudad donde hay mucha terraza, pero nunca un ‘ex’, o una ‘ex’. Madrid nos gusta, porque tiene la culpa de todo. Eso escribió un día un poeta, y eso lo dice ahora Ayuso de otra manera, porque incluso para poeta ella. Ayuso está inventando muchas cosas que Madrid ya tenía, y hace bien. Los atascos, la libertad, la terraza. Y ahora el ‘ex’, o la ‘ex’, que ya nunca más veremos. Memorable campaña ésta, sí. Donde participan los tronados de epístola, las gogós de ‘primetime’, y los divorciados felices de no volver a ver a quien fue el amor de su vida.

Héroes marchitos - Gabriel Albiac

 Héroes marchitos -  Gabriel Albiac

No habían entendido nada. Y estaban tan contentos de ignorarlo todo. Decididamente, no es posible trocar en docto un bobo

Era primavera. Hacia 2011, creo. Y yo me jubilaba de mi cátedra de Filosofía en la Complutense. Tuve mi homenaje. El mejor de todos: pocos han tenido uno así. Al llegar al edificio de la vieja Facultad de Letras, que fue mi madriguera de medio siglo, pasé sobre una pintada que no estaba allí dos días antes. Llenaba todo el paso de peatones que lleva a la puerta principal: «Albiac de siiempre fascista». Ignoro si la reduplicación de la ‘i’ era un tropiezo debido a las prisas del autor o un hallazgo enfático. Me pareció encantador como despedida.

 antes; reviví las carreras y el miedo de entonces, también la exaltación que sigue a las grandes descargas de adrenalina cuando uno es muy joven. Sonreí: supe que era un alivio que la edad nos libere de esas sobreabundancias hormonales. Busqué a un amigo que me hiciera una foto posando ante aquella declaración de amor. Es, desde entonces, la pantalla inicial de mi ordenador. Ni en mis más vanidosas fantasías hubiera podido imaginar un homenaje tan desmesurado.

Sabía que era obra de la mano de jóvenes artistas: alumnos de los que fueron mis alumnos cuando los jóvenes eran ellos, ahora trocados en sólo aburridos profesores. Hijos que arengan a nietos para que linchen, en su nombre, al padre del padre: la metáfora freudiana, aun en su exceso, no podía dejar de divertirme. Pensé que los aún no tan viejos profesores titulares que maquinaron la obra plástica habían asistido durante años, con tozuda regularidad, a mis seminarios sobre el ‘Capital’ de Marx y sobre el ‘Más allá del principio de placer’ de Freud. Y me sentí en paz conmigo mismo. No habían entendido nada. Y estaban tan contentos de ignorarlo todo. Decididamente, no es posible trocar en docto un bobo.

A algunos de aquellos mentores pictóricos los he ido viendo luego pasar, como hojarasca de otoño, en los cíclicos vendavales madrileños de la autodestrucción bolivariana: Podemos contra Anticapis, Masmadrides contra moños. Se expulsaban alegremente unos a otros: lo de siempre. Se lanzaban a la cabeza chalés majestuosos o sórdidos arrumacos con los herederos del González sobre cuyo escaño ejerciera el jefe Iglesias su ‘performance’ de la cal viva.

Otros dimos la batalla judicial contra esa cal viva. No fue fácil en los noventa: por aquel entonces, todavía no salía todo gratis. Pero esos ‘aquéllos’ éramos los ‘de siiempre fascistas’ del alucinado presente populista. Los vi mutuamente expulsarse: tratarse unos a otros como no tratarían a una cucaracha. Me apenó. Pero, en fin, lo siento chicos, tenéis ya edad más que de sobra para cargar con vuestros pequeños dramas y vuestras grandes ridiculeces. Como cualquier adulto. Lloriquear por insultos y amenazas no os queda nada bien.

miércoles, 28 de abril de 2021

Resiliente - Manuel Marín

Resiliente - Manuel Marín


La psiquiatría lingüística de Sánchez deja de colar

A ver. Se puede ser resiliente una vez y prolongar ese estado de catalepsia durante un tiempo. Pero serlo 191 veces, que son tantas como Pedro Sánchez repite el ‘palabro’ en su plan de reconstrucción de la república democrática de España, y además pretender que ese reclamo convenza a la concurrencia, no es una feliz reincidencia semántica para maquillar el drama con una pizca de humor político. Sánchez debe de creerse la sandez, y nos ahoga en resiliencia con la agotadora repetición bovina de una propaganda cuya chistera ya no escupe conejos blancos, sino engendros de sofisticada psiquiatría lingüística. Mansos los quiere Dios. Y Sánchez.

 aplicación del móvil (eso es el poder para Sánchez), el truco falla. Repetir una y otra vez al ciudadano que está condenado a ser resiliente para ganar galones de progresista modélico, incluso aunque ya no aplauda desde su balcón ni hornee magdalenas, resulta tan enternecedor como inútil. Nadie en su sano juicio plagiaría una tesis doctoral 191 veces salvo que una interpretación delirante de la resiliencia lo aconseje. Alguno sería capaz. Pero el neomodernismo lingüístico recreado en la mente de los gurús de la prestidigitación para motivarnos ha empezado a generar rechazo, por si en Moncloa no lo habían notado. Ya, ya sé que el CIS aún no lo ha percibido. No se impacienten. Denle tiempo. Pero en la cola virtual del paro, en tele-ERTE ‘on line’, la sororidad impacta tanto como las ‘políticas palancas’ y la ‘economía de los cuidados’. O sea, nada. Sin dinero en mano, sin expectativas, la dichosa palanca empoderada es tan inútil como una rueda de prensa de María Jesús Montero.

El proceso de idiotización del resiliente causa estragos. Sánchez aún no ha averiguado que nadie come pistachos con cáscara. Que la mortadela no es jamón. Su efecto, incluso como opositor de Gabilondo, se diluye. En uno de esos ratos de ocio que la resiliencia nos concede, abra el plan de reconstrucción y donde lea resiliente, ponga zombi. Resilientes de verdad son las residencias, los jueces, la alerta antifascista, el cuñadismo, el seat-toledo y Odriozola, el del Madrid. Poco más. Resilienta, resiliento, resiliente… para un desperdicio que sí le cuadraría a la otra Montero, no lo usa. Lo abusa Sánchez.

martes, 27 de abril de 2021

El puñal ensangrentado - Marta Robles

El puñal ensangrentado - Marta Robles


Tras toda la polémica del fin de semana sobre las balas del Cetme, las amenazas de muerte y la salida de Pablo Iglesias del estudio de La Ser, tras la afrenta de Rocío Monasterio, no de no condenarlas -que lo hizo- sino de ponerlas en duda, la estrategia de la izquierda en Madrid dio un giro inesperado acuñado en un eslogan: “fascismo o democracia”, frente al “comunismo o libertad” de Ayuso. Me pregunto ¿acaso la izquierda considera fascista a todos los que no les votan? ¿Y acaso Ayuso considera que en tanto en cuanto los comunistas formen parte de cualquier Gobierno no habrá libertad? Tanto una premisa como la otra son, sin duda, tan terribles como para poner en guardia a la ciudadanía y para procurar eso que parecen querer nuestro políticos: “o estás conmigo o contra mí”, que no lleva más que enfrentar y dividir España. No se puede hablar ni de democracia ni de libertad sin entender la libertad del otro por tener otro pensamiento y sin respetarlo aunque sea diferente, siempre y cuando respete lo establecido en nuestra Constitución. En este contexto de cosas, resulta que las balas del Cetme parecen, desgraciadamente, darle un aire a la izquierda. No le vienen bien a la derecha. De ningún modo. No van a amedrentar a los candidatos y solo van a conducir a una consideración de que todos los de derechas son agresivísimos y capaces de amenazar a sus adversarios.

¿De verdad alguien se cree que esto es cierto? ¿Qué en la derecha solo hay fascismo y en la izquierda solo comunismo? ¿Que los buenos están en un lado y los malos en otro? Caramba, no sé si es ingenuidad o maldad manifiesta. Pero, claro, en el amor y en la guerra todo vale y en campaña se aprovechan hasta las conversaciones de las máquinas del café. Las balas del cetme le van a costar su puesto a un pobre trabajador de correos (no al amigo de Sánchez que puso al frente de la institución con sueldo millonario) y una revisión de todo el sistema. Y tendrá que ser una revisión exhaustiva, porque, por lo que parece, la ministra de Industria, Reyes Maroto, ha recibido un sobre nuevo con una navaja tintada en rojo (“ensangrentada”) en la hoja... ¿Amenazas fascistas? ¿O tal vez un boicot a la derecha al servicio de la estrategia de Pablo Iglesias? No dudo de la amenaza y menos aún dejo de condenarla. Se ha producido, sin ninguna duda pero, ¿a quién beneficia que se repita? ¿Quién está moviendo los hilos? Las fuerzas vivas del PSOE y de Podemos salen a gritar “no se puede dejar pasar al fascismo” ¿De verdad creen que toda la derecha de España (millones de personas que no les votan) es fascista e incluso capaz de mandar balas de cetme o puñales ensangrentados a modo de amenaza? La pantomima está servida. Así que condenemos toda la violencia (esta, la de los escraches, la de la calle, la machista, la de ETA...), pero sepamos que en España no hay tantos violentos, ni tantos asesinos, ni tantos fascistas. No nos dejemos engañar.

Iglesias víctima tampoco cuela - Isabel San Sebastián

Iglesias víctima tampoco cuela - Isabel San Sebastián


Si alguien carece de autoridad moral para denunciar amenazas es quien expresa su admiración a ETA y justifica las pedradas

Pablo Iglesias, el ‘querido’ a quien apela Gabilondo en un desesperado intento de evitar el batacazo que le auguran todas las encuestas, dejó de dar el pego como representante de los desheredados en el mismo momento en que abandonó su piso y su barrio de siempre para trasladarse a un chalé con piscina y jardín individuales en un pueblo de la sierra noroeste donde, según él mismo decía antes de auparse al poder, residían los ‘pijos’ que no pisan la calle. El autoproclamado azote de la casta se hizo con una Vicepresidencia y colocó a su señora en un ministerio creado ‘ad hoc’ para ella, de modo que entre los dos juntaban sendos coches oficiales con sus correspondientes conductores, una

 niñera a cargo del Estado, escoltas fijos en su domicilio así como en sus desplazamientos y unos quince mil euros limpios a fin de mes, tirando por lo bajo, suficientes para acumular en algo más de dos años un patrimonio que sobrepasa el millón de euros y triplica el del propio Sánchez. ¿Qué trabajador de verdad va a comprar su discurso hueco de ‘haz lo que yo digo, no lo que yo hago’? ¿Cuántos españoles formados y con experiencia pueden aspirar a semejante ascensión meteórica fuera de los pesebres que pagamos con nuestros impuestos? Iglesias vendió su alma populista al diablo del lujo que condenaba en cuanto estuvo en posición de hacerlo. Y como ahora ya nadie cree en su palabrería falsaria, como pierde votos a espuertas en los distritos obreros que creyeron ingenuamente en sus promesas de regeneración, ha cambiado de papel para interpretar el de víctima, lloriqueando por los platós ante las amenazas sufridas.

Vaya por delante mi condena sin paliativos a cualquier forma de violencia, incluida la intimidación. Viví once años con la espada de Damocles etarra pendiendo sobre mi cabeza, luego sé bien de lo que hablo. Pero si alguien carece de autoridad moral para hacer tantos aspavientos por un sobre con cuatro balas, es el líder de Podemos. Un Pablo Iglesias que jamás ha expresado su solidaridad con quienes durante cuatro décadas recibieron balas similares no en el buzón, sino en la nuca. Un Pablo Iglesias que expresó públicamente su rendida admiración a la organización terrorista ETA por haber sido «la primera en darse cuenta de que la Transición y la Constitución no eran, en realidad, sino una continuación del franquismo» (‘sic’). Un Pablo Iglesias emocionado al ver a una turba de manifestantes apalear a un policía caído y presto a justificar las piedras lanzadas contra sus adversarios culpando a los apedreados de haber ido a provocar. Un Pablo Iglesias que señala a periodistas con nombre y apellido y que denominaba al acoso ‘jarabe democrático’ hasta que empezó a padecerlo él. Ahora pretende encarnar la democracia amenazada a ver si rasca algún voto, aunque tengo para mí que Iglesias víctima tampoco cuela.

domingo, 25 de abril de 2021

Debate mortuorio - Joaquín Leguina

Debate mortuorio - Joaquín Leguina


Es una pena que en la contienda política madrileña se estén utilizando como arma arrojadiza los muertos a causa del virus chino. Y lo peor no es eso, sino que se usen indicadores brutos, que, para un estadístico como quien esto escribe, son un engaño. No hay una sola media aritmética ni una sola tasa bruta que explique absolutamente nada y eso se sabe desde los romanos, que ya recomendaban la comparaciones ceteris paribus, es decir, con todas las demás cosas iguales.

Y en este caso de la mortalidad por causa del virus hay que tener en cuenta, entre otras variables, la concentración de la población, no la densidad. Alemania tiene una densidad de población de 224 habitantes por kilómetro cuadrado, Gran Bretaña tiene 262 hab/km2, Francia tiene 114, Italia tiene 197 hab/km2, y España con 46.791.000 habitantes, sólo 93 por kilómetro cuadrado. Polonia, el último gran país en extensión, tiene una densidad de 123 hab/km2 con una población de 38.447.000 habitantes. Pero esos países (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia, Portugal o Polonia) tanto en superficie como en población agrupan a sus habitantes en una franja comprendida entre el 45 y el 60% de la superficie. Sólo algunos países se salen de esos límites: son los del Benelux, que han urbanizado hasta el 80% de su territorio, pero sobre todo España, que tiene a sus habitantes hacinados en el 12,5% del país.

Hace un par de años, Alisdair Rae, de la Universidad de Sheffield, utilizó datos de Eurostat para hacer un descubrimiento demoledor. Cuando se disminuyó el área analizada utilizando una cuadrícula de un kilómetro cuadrado, se topó con el dato de una densidad de 53.119 habitantes en el kilómetro más poblado de Europa, que resulta estar en Hospitalet de Llobregat. El siguiente punto más habitado se encuentra en París, en sus barrios más populares, donde se agrupan 52.218 personas. Y entre los lugares más concentrados de Europa está la villa de Madrid y sus alrededores.

Por otro lado, el 65 % de los españoles vive en pisos, mientras que sólo es el caso de poco más del 50 % de los italianos, del 30 % de los franceses o el 14,4 % de los ingleses. Los españoles vivimos apilados y así, no es de extrañar que encabecemos también la estadística mundial de ascensores por habitante. Todo ello no es sino el resultado de un desarrollo urbano insensato.

También escribí sobre ello en estas páginas el 13 de diciembre de 2020 y lo repito ahora en contra de los falsos argumentos que se siguen exhibiendo contra Isabel Díaz Ayuso.

domingo, 18 de abril de 2021

Un lío incomprensible - Joaquín Leguina

 Un lío incomprensible - Joaquín Leguina


Deberíamos llevar a los altares a los científicos que se han dejado la piel para crear unas vacunas en un tiempo récord, pero la administración que las instituciones políticas de todo el mundo han hecho respecto a la vacunación ha sido un desastre.

El miedo que ha producido tanta confusión sería el mismo que si uno leyera los prospectos de gran parte de los medicamentos que se consumen normalmente y los tomara al pie de la letra. Un ejemplo: “reacciones alérgicas que pueden ser graves y, en ocasiones, producir la muerte. Diversas erupciones y otras reacciones cutáneas graves. Efectos adversos graves en el hígado. Inflamación del intestino grueso” son algunos de los posibles efectos secundarios de la amoxicilina, que es uno de los antibióticos más extendidos. Se consideran muy raros porque solo afectan a una de cada 10.000 personas que la toman. En cuanto al medicamento más popular del mundo, la aspirina, el prospecto oficial indica que entre una y 10 de cada 100 personas “pueden sufrir trastornos gastrointestinales (úlceras, sangrados), respiratorios (asma, espasmo bronquial), urticaria, angioedema y alteraciones de la coagulación”.

Las primeras reticencias surgieron con la vacuna AstraZeneca. Tras la administración de millones de inyecciones de esa vacuna se han documentado rarísimos casos de trombos con fallecimientos, a razón de un caso por cada millón de personas que la recibieron. Cualquier anticonceptivo oral presenta ratios mucho más elevadas de trombosis potencialmente mortales. Mientras que por cada millón de vacunados con AstraZeneca se evitan 120.000 contagios, 4.100 ingresos hospitalarios y 800 muertes.

Así las cosas, ¿cómo es posible que tanto la de AstraZeneca como más tarde la de Janssen se hayan puesto en tela de juicio? Una tesis nada despreciable es que se ha abierto la lucha entre las farmacéuticas. La clave estaría en el precio de las vacunas: cada dosis de la vacuna de Moderna cuesta alrededor de 50 euros; la de Pfizer, en torno a 35 euros, y la de AstraZeneca, 6 euros. Una diferencia tal que incita a someter a AstraZeneca a un acoso brutal para sembrar el temor y la desconfianza hacia ella.

AstraZeneca no fue capaz de desplegar una buena estrategia de comunicación, ni siquiera para defenderse de los ataques. Y eso ha sido un desastre pues, hoy, la sombra de una duda publicada en cualquier periódico y ampliado su eco por las redes sociales (con unos cuantos mensajes bien programados) vale para fabricar una noticia que dé la vuelta al mundo.

sábado, 17 de abril de 2021

En caso de duda consulte a su médico o farmacéutico - Javier Gallego

 En caso de duda consulte a su médico o farmacéutico - Javier Gallego


La frase la hemos escuchado una y mil veces. El latiguillo cierra cualquier anuncio de un medicamento en la radio o la televisión. Ese último aserto, al final de la venta de un paracetamol o de un antigripal, a parte de un consejo obvio supone el reconocimiento de que no hay remedio sin efectos adversos.

En la medicina, como casi todo en la vida, no existe el riesgo cero. Seguramente usted mismo haya firmado, espero que no muchas veces, ese folio que nos dan en cualquier centro médico antes de la anestesia o de una prueba radiológica. Con él consentimos la exposición a un peligro inevitable si queremos curarnos o saber qué tenemos. El beneficio es mayor que el remoto perjuicio y la mayoría, ni siquiera, nos paramos a leer detenidamente esa retahíla de contratiempos, porque pensamos en el objetivo último que es superar la enfermedad.

Por eso me extraña que esta pandemia haya acabado también con esa regla universal, hasta hoy aceptada sin debate por la mayoría de los mortales. Los contados episodios de trombos, que siguen en estudio, asociados a dos vacunas han puesto el foco en sus efectos adversos en lugar de en sus millones de beneficios. La balanza se ha decantado por el lado de las sospechas, sin tener en cuenta los millones de vidas que esas mismas vacunas ya han salvado.

Si usted ha tenido la tentación de ser uno de los que estos días ha pensado en rechazar la inyección le recomiendo dos lecturas. La primera es la del prospecto de la aspirina y la segunda la del Ibuprofeno. Si después de hacerlo se deja dominar por la hipocondría, acabará condenado al dolor eterno por no tomar medicamentos o al insomnio perpetuo por haberlo hecho. Así que no se sienta un kamikaze por querer, como yo, que le pongan cualquier vacuna y a ser posible a la mayor brevedad de tiempo. Y si conoce a alguien que duda, que está en su derecho, dígale que para ser justo renuncie también a subirse a un coche, a entrar de pie en la bañera, a comer alimentos fuera de casa en verano y por supuesto a fumar. Porque con cualquiera de estas actividades tiene muchas más probabilidades de dañar su salud con una dosis de las vacunas.

Es mucho más sencillo echar otra cuenta. En nuestro país ya han muerto más de 80.000 personas, más de 300.000 han ingresado en un hospital y más de 30.000 han acabado en una UCI, por el maldito virus. Es infinitamente más probable que le alcance la enfermedad o alguno de sus múltiples daños económicos. Esa es la verdadera amenaza y las vacunas son la única solución y no parte del problema. Y si aún así, sigue vacilando con la inmunización, solo le pido un favor: en caso de duda consulte a su médico o farmacéutico. Eso es lo que se ha hecho toda la vida.

Lascivia municipal - Juan Carlos Girauta

Lascivia municipal - Juan Carlos Girauta


«La alcaldesa de Getafe ha trascendido la cosa pública y está ya en la gestión de la cosa púbica. De la cosita, porque el Ayuntamiento de Getafe (¿qué hago yo hablando del Ayuntamiento de Getafe?) se dirige a las niñas con este lema memorable en una de sus guías: “Apaga la tele, enciende tu clítoris”. Vayamos por partes» lema memorable en una de sus guías: «Apaga la tele, enciende tu clítoris». Vayamos por partes.

Con el primer mandato imperativo no puedo estar más de acuerdo. Es decir, si los entes locales tuvieran algún modo de influir en los índices de consumo televisivo, acomodaría mi natural liberal para hacerle un hueco a este intervencionismo benéfico. A fin de cuentas, las preocupaciones últimas de Karl Popper atañeron a la televisión, abriendo la puerta a la censura. Pocas cosas peores para la receptora del mensaje de la alcaldesa Sara que ese veneno que están sirviendo al pueblo a costa de la hija de una folclórica. Sucede que no hay pruebas de la eficacia de campañas tan ambiciosas, y no me refiero a la invitación a encenderse los bajos, sino a la de apagar la tele. Pasa como con la publicidad que invita a la lectura en general. Que no. Que nadie lee porque lo diga una valla publicitaria.

Ahora bien, yendo a la segunda parte del lema de Getafe, y suponiendo que las niñas apaguen alguna vez la tele o el móvil, lo que Sara quiere es que enciendan su clítoris. Todo esto puede resultar obsceno, soy consciente, pero es Sara quien nos ha traído aquí. Es Sara con su nuevo concepto de la socialdemocracia y de las administraciones locales quien nos obliga a entrar en este lugar oscuro del sexo infantil. Y para que no quede ninguna duda, conste aquí lo que Sara respondió a un concejal que le afeó la campaña (disculpen la falta de sindéresis y de sintaxis de Sara, su intolerable abuso de los adverbios de modo): «Es gesto [sic] claro de este equipo de Gobierno el que todos los niños y niñas de Getafe, todos los adolescentes, todos los jóvenes y las jóvenes de nuestro municipio tengan relaciones sexuales evidentemente y claramente satisfactorias y evidentemente y claramente igualitarias». Una vez desbrozado su descuidado jardín mental, la conclusión es inevitable: Sara quiere que los niños de Getafe tengan relaciones sexuales.

Bueno, Sara, te voy a dar un disgusto, pero encenderse el clítoris no es tener una relación sexual. De todos modos, atendiendo al principio general del Derecho que reza «quien puede lo más puede lo menos», no negaré que el masturbarse de la niña de Getafe es menos polémico que el mantener relaciones sexuales de esa misma niña. Ha llegado el momento, Sara, mujer, de preguntarle muy seriamente: ¿quién se ha creído usted que es? Oh, veo otro de los lemas a cuya concepción y difusión dedica usted el dinero de los contribuyentes: «Un poquito de autocoñocimiento, por favor». Ay, fíjate qué graciosa, ‘autocoñocimiento’, qué humor tiene Sara, si es que es única. Espera, Sara, que acabo de reírme y te lo vuelvo a preguntar, pero más en tu línea: ¿quién coño te has creído que eres?

Porque hay algo insultante en Sara que debe examinarse una vez analizadas las dos partes de su mensaje antitelevisivo y promasturbatorio. Algo inadmisible: el tuteo. Imaginen el mismo mensaje con un poquito de respeto: «Apague la tele, encienda su clítoris». Pues oye, Sara, no queda tan mal. Por un lado, respetarías por primera vez a tus administrados. Por otro, no sería tan evidente que pretendes interferir en las actividades sexuales de los niños, justificando los crecientes recelos de un gran segmento social que tiene la mosca detrás de la oreja por culpa de guías como la tuya. En tu seno interno, Sara, maja, sabrías que tu público es el que es.

Cuando yo iba al cole, a mediados del siglo pasado, nos llamaban de usted. Llego a los siete años a los jesuitas y me llaman señor Girauta los curas, los profesores, las camareras que nos servían un poquito de vino con la comida. Imagínate, imagínese. No, a ti no puedo sino tutearte. No veas en esto una contradicción, te tuteo porque eres tú, alcaldesa, porque te lo has ganado. Todos deberían tutearte. Es más, todos deberían tratarte con la misma confianza y desparpajo con que se habla a un amigo de infancia, pues tú te has metido en su intimidad. Es una cosa bastante repulsiva, si lo piensas: la alcaldesa de Getafe se ha metido en la intimidad de todos los menores de su municipio para animarles a la realización de prácticas sexuales.

Pero, ¿qué te importará a ti lo que hagan, Sara? Pues de algún modo te importa. Mi problema es opuesto al tuyo: no quiero meterme en lo que libremente se practica en dormitorios y baños. Y ni siquiera me permito pensar en ello cuando se trata de niños. Porque eso tiene un nombre, Sara. Y yo no te lo voy a colgar porque, como te decía, mi problema es el contrario del que tienes tú: una contención infinita cuando se habla de lo sagrado, como el sexo y como la infancia. Pero una cosa me reconocerás, Sara, tía: si uno trata de imaginar qué tipo de contraestímulos son capaces de apagar el deseo sexual, de desmotivar ‘ipso facto’ al excitado, de cortar la libido por lo sano, es difícil dar con algo más eficaz que un mensaje del Ayuntamiento de Getafe diciéndote que te pongas cachondo.

sábado, 3 de abril de 2021

Ayuso madrileñea - David Torres

 Ayuso madrileñea - David Torres


A Ayuso se la veía encantada el otro día con su muñeco Funko Pop, una versión de sí misma que seguramente va a echarle una mano en estos días tan ajetreados. Últimamente, entre unas cosas y otras, Ayuso no para de trabajar y alguien pensó que necesita un doble de acción a la hora de inventar nuevos lemas de campaña y repescar fichajes de Ciudadanos. La presidenta de la Comunidad de Madrid lleva una carrera meteórica, sobre todo teniendo en cuenta que empezó en esto de la política poniendo la voz a un perro. Tal y como van las cosas, no sería raro que terminara dentro de un muñeco, como Chucky o como esas películas de terror en las que el muñeco maneja al ventrílocuo. De hecho, es posible que el Funko Pop de Ayuso sea uno de los pocos muñecos que tiene más funciones que el original.

A los politólogos lo del muñeco les parece un mensaje subliminal, ya que algunos de ellos sostienen la tesis de que Ayuso no es más que una marioneta de Miguel Angel Rodríguez, el titiritero del PP madrileño, el gurú de la comunicación que disfrazó de Cid Campeador a Aznar y de nazi al doctor Montes. Sólo a un tipo capaz de jugar a los coches de choque cuadruplicando la tasa permitida de alcohol se le ocurriría la brillante idea de llevar adelante la campaña de Ayuso mediante una proclama como "comunismo o libertad", entendiendo por comunismo la perversa alianza entre la corbata de Sánchez y la coleta de Iglesias, y por libertad la de pedir una caña y una plaza en el tanatorio. ¿Habrá mayor expresión de libertad que morirse a pleno sol, en una terraza de la capital, saboreando una cerveza y una tapa de calamares? Parafraseando a Ambrose Bierce, eso es eutanasia y no lo del doctor Montes.

Por eso, estos días en que disfrutamos de una Semana Santa a medio gas y calentamos motores para un San Isidro calentito, han cambiado la libertad por "madrileñear", que para ellos viene a ser lo mismo. Es decir, transformar la capital en una terraza gigantesca donde los madrileños puedan volver a celebrar el 2 de mayo, los franceses el 3 de mayo y el coronavirus la barra libre. La oferta cultural madrileña es tan apabullante que a Macron no le ha quedado más remedio que confinar Francia de arriba abajo durante un mes para evitar quedarse sin franceses. Es cierto que en el tema de las vacunas andamos muy retrasados, con un porcentaje inmenso de población virgen de pinchazos y montones de ancianos octogenarios que todavía siguen esperando a Godot al teléfono, pero como el retraso es general y además viene con una tapa de calamares, sea bienvenido. O bien bebido, como dice mi amigo, el cocinero Abraham García.

Ayuso prometió en su día que en Madrid se iba a vacunar día y noche, 365 días al año, pero no especificó si iba ser con Pfizer, con AstraZeneca o con San Miguel, (con Sputnik no, eso seguro). En cualquier momento, en otro alarde libertario, se extiende el permiso de implantación masiva de terrazas a los ambulatorios, para que los camareros hagan un cursillo rápido de enfermería y ayuden también con las inyecciones. Ante el mosqueo generalizado por la historia de los trombos, la farmacéutica británico-sueca ha decidido cambiar el nombre de AstraZeneca por el de Vaxzevria, un nombre casi igual difícil de pronunciar y una solución de mierda, pero en fin, no iban a llamarla Cruzcampo. A la marcha que vamos, cualquier día la propia Ayuso se pone a vacunar. Ella o el muñeco.