miércoles, 17 de julio de 2019

La alimentación es vida - Teresa Pérez Novo

La alimentación es vida - Teresa Pérez Novo

El crecimiento y desarrollo de los seres humanos, y también de los animales, e incluso de las plantas, depende, fundamentalmente, de la alimentación de los principios inmediatos: minerales, proteínas, grasas e hidratos de carbono. Los hidratos y las grasas, son nuestra fuente de energía, nuestra gasolina. Los primeros funcionan como reserva, pudiendo usarse de manera inmediata, porque las despensas energéticas tienen la capacidad de movilizarse rápidamente para producir glucosa, en caso de que sea necesario. Las grasas, aportan energía y ácidos grasos esenciales, para tener una piel saludable e importantes sustancias parecidas a las hormonas. También ayudan al cuerpo a absorber las vitaminas A, D, E y K, solubles en grasa. Las proteínas participan en la organización y reparación del cuerpo humano. Permiten a las células mantener su integridad, defenderse de agentes externos, reparar daños y controlar y regular funciones. Los minerales, por otra parte, son parte de estructuras del organismo: esqueleto, uñas, pelo... Son elementos reguladores: contracción muscular, coagulación de la sangre... y participan en la formación de potenciales eléctricos en las células, en procesos osmóticos y en la prevención de caries...
Lo cierto es que nacemos con una estructura programada genéticamente y su desarrollo se puede modular, estimular, y desarrollar, gracias a la alimentación. Por eso, se debe comer para vivir, aunque algunas personas parece que viven solamente para comer, y, otras tantas son sedentarias. Sin embargo, todas las funciones que realizamos, las que nos permiten seguir viviendo y desarrollarnos de una forma armónica son, precisamente, la respiración, el ejercicio físico, el sueño y una correcta alimentación.

Cuando no hay un adecuado equilibrio de los alimentos que ingerimos, se pueden presentar trastornos biológicos, psicológicos y varias enfermedades; así tenemos las patologías metabólicas, la obesidad con todas sus nefastas consecuencias y, algo que se viene oyendo mucho desde hace bastantes años, porque realmente van en un considerable aumento, como son la anorexia y bulimia. Por eso, si queremos disfrutar de un cierto bienestar, tenemos que evitar el sedentarismo, practicando ejercicio físico acorde a la edad, ejercitar el aparato respiratorio, llevar a cabo una buena higiene del sueño y cuidar la alimentación, aprendiendo a comer para no acumular grasas, para trabajar en buenas condiciones físicas y mentales, y para que la química de nuestro organismo funcione perfectamente. Qué duda cabe que la Medicina es capaz de prolongar nuestra vida, pero, sin olvidar que la dietética puede alargar nuestra salud.

lunes, 24 de junio de 2019

Los peligros de la obesidad - Teresa Pérez Novo

Los peligros de la obesidad - Teresa Pérez Novo

Tras siglos de considerarse un signo de bienestar material y, en cierta manera, asociarse a los cánones de belleza, la obesidad ha llegado a constituir un problema médico de primer orden. Se es gordo, en líneas generales, porque se ingieren más calorías de las que se gastan. Así de fácil, señoras y señores. Por eso, la obesidad se puede prevenir. Si un niño en la primera infancia no es obeso, es más difícil que lo sea de mayor, y en tal caso bajará los kilos con más facilidad. Todos nacemos con un determinado número de células grasas, pero en la infancia se puede multiplicar, algo imposible en la vida adulta. Un niño cebado desde su nacimiento multiplica sus células, y cuando llega a la pubertad, si tendría que tener un millón, puede llegar a tener hasta tres millones. El día que engorde, engordarán cada una de ellas.
Por eso, debemos tener presente que la obesidad es la causante de multitud de enfermedades, acorta la esperanza de vida y, por si fuera poco, está de moda ser delgado. En la actualidad, eso de "la gordura es hermosura" y "no hay mejor aderezo que la carne sobre el hueso", afortunadamente, ha pasado totalmente de moda. Sin embargo, parece que, para algunas personas, la tentación de comer hasta la saciedad, cuando se tienen al alcance de la mano apetitosos manjares, es difícil de reprimir. Y, normalmente, se justifican con frases tales como "apenas como y engordo, me ha debido cambiar el metabolismo, debe ser algo genético". Es cierto que puede existir cierta predisposición genética, pero si la persona no ingiere más de lo que quema, no llegará a la obesidad; en cuanto a lo del metabolismo, no tiene ninguna base científica.


De ahí que sea importante que esas personas adultas encuentren los motivos que les lleven a comer más de lo que necesitan y que, en líneas generales, se deben a ansiedad, depresión, frustraciones, aburrimiento, muy mala educación alimentaria desde la infancia, etc. Y, una vez conocida la causa, tienen que aprender a comer, para no acumular grasas, para trabajar en buenas condiciones físicas y mentales, para que la química de su organismo funcione bien, en definitiva, para vivir con un cierto bienestar general. En cuanto a los pequeños, a los padres corresponde tener en cuenta que la obesidad, a esas edades, es un campo abonado a enfermedades graves en la edad adulta.

martes, 18 de junio de 2019

Once mil vergas y una braga - Olga Seco

Once mil vergas y una braga - Olga Seco

Hoy he recordado a un maestro, ya no anda por aquí con el cuerpo, en la imaginación lo veo con las zapatillas de andar por el cielo. Algunas veces, hablando de cosas sin importancia, nos acercábamos a la naturaleza de lo vulgar y en una de esas ocasiones impregnamos la conversación en orín. A Alvite le gustaba hablar de micciones, un día hicimos un inventario de retretes, vaya cosas... Según Alvite, en los baños públicos, se puede percibir el concepto de braga meada y calzoncillo aturdido... He recordado al maestro al entrar en un baño, la impresión era de luz apagada, pero desde un punto de vista literario, es mejor decir que el baño era un suburbio con cadena y tuberías, pues justo ahí en ese lugar, me encontré en el suelo unas bragas. No eran una maravilla de la lencería, eran ajenas a toda finalidad erótica, pero por un momento sentí la nefasta influencia del olor... No acerté a definirlo, me empecé a acongojar, estaba pensando en unas bragas, quería negarme a contemplarlas, pero no era posible. Me quemaba el deseo en la mano, pensaba si estarían impregnadas de buenos sentimientos o de orines -¿Quieres explicarme razón el ansía de cogerlas?-. Me decidí y las puse en el horizonte de la imaginación, olían a cuarto de hora, a segundo envejecido por el sopor de la lasciva. Solté las bragas de la imaginación y salí del cuarto de baño, por llamarlo de alguna manera, me senté en la barra, le pedí al camarero una copa de agua, en botella tiene menos misterio... Me puse a escuchar el interior, mis palabras... Bragas, sois rico manjar de trasnochados y diurnos, por vosotras en cada esquina, aparece Don Juan, por vosotras el sexo duerme en la cama del amor y el estremecimiento es tan veterano que está jubilado... Estáis en muchas ocasiones al borde de sentir cariño, pero os deslizáis por la ladera de la nalga y la pantorrilla.
Querido Alvite: el no-ser es mejor que el ser. Festejo nuestras conversaciones cada día, tu funesta muerte no me impide hablarte...
Esforzarse hasta la fatiga, hasta el agotamiento mental, en entender algunas cosas... La vida, en ocasiones, es una contertulia difícil y triste. Sentirse sólo, a pesar de estar rodeado de presencias, causa daño. Podemos participar de conversaciones ruidosas, ser activos oralmente o por escrito, pero el sentimiento de soledad no colma de buenos sentimientos al espíritu. Muchos escritores se quitaron la vida... Las personas sensibles se despeñan por la montaña de la existencia. Es difícil comprender las exigencias de la vida, es difícil tener un riguroso dominio sobre uno mismo, es difícil desfallecer y tener que aparentar felicidad... Afirmo, convencida de ello, que detrás de muchas grandes sonrisas se esconden austeras tristezas.
Pues sí, pasaré los próximos días con once mil vergas. No puedo evitar hacerlo, desde ayer siento unas ganas enormes de encontrarme con ellas. Siempre he sentido debilidad por el ingenio, creo que los ingeniosos disfrutan la vida de otra forma. La elocuencia no es sinónimo de sabiduría, lo dijo Cicerón; hay palabras muy bien dichas, pero no emocionan y hay palabras muy bien dibujadas pero llenas de verbosidades.
Las once mil vergas es un libro de Guillaume Apollinaire, el mejor amigo de Picasso. Es una novela atrevida, pone a prueba la psique del lector, está llena de humor y es altamente divertida. Es preferible leerla en francés, es más pródigo que el español en términos humorísticos y obscenos.
Picasso dijo: "Once mil vergas es el mejor libro que leí en mi vida".
Escribir es conocer la intención y esconderla entre la palabra. Es orientar la voluntad y darle nuevas traducciones. Es usar el tiempo y la circunstancia a tu antojo. Es marchar del mundo y crear otros mundos...
Escribir es ofrecer la obra completa del alma y el pensamiento al renglón.

Va por usted, maestro: Don José Luis Alvite.

jueves, 13 de junio de 2019

El Regimiento de Ingenieros - Alberto Estella

El Regimiento de Ingenieros - Alberto Estella

No todas las ciudades españolas albergan desde hace más de medio siglo un regimiento fundado hace 175 años. El de Especialidades de Ingenieros número 11 tiene en Salamanca su cuartel, pero sin duda muchos ignoran que sus mujeres y hombres han actuado en cuatro de los cinco continentes, con las misiones más nobles que pueden realizar las naciones, sus Ejércitos: el mantenimiento de la paz (concordia) y la ayuda humanitaria (misericordia). Donde otros huyen, ellos acuden. Y desde su “bautismo de fuego” en Bosnia Herzegovina, hasta lugares tan distintos y distantes como Afganistán o la Antártida.
El REI 11 ha querido compartir con la sociedad salmantina una parte de la formidable labor de su Unidad de Operaciones Internacionales, e inauguró ayer una muestra en el Palacio de Figueroa (el Casino) llena de imágenes elocuentes, conmovedoras, especialmente cuando preguntas quién es la soldado que tiene un niño de sabe Dios qué rincón del mundo en brazos, y resulta que está detrás, sonriente, en la propia Sala de Exposiciones, con veinte años más; cuando señalas una trinchera de sacos terreros y el Coronel te aclara que allí durmió él, en el duro suelo, durante seis meses... Catástrofes, guerras, tsunamis, han sido escenarios del despliegue humanitario y pacificador de “nuestro” Regimiento.
La muestra se titula “El Regimiento de Especialidades de Ingenieros número 11 en Operaciones”, y estará abierta hasta el día 17. Con imágenes de su presencia pacificadora y solidaria, bajo la enseña patria, en Kurdistán, Albania, Perú, Kosovo, Letonia, Pakistán, Indonesia, Mauritania, Senegal, El Congo, Cabo Verde, Irak... Treinta años participando en todas las operaciones en el extranjero en que han actuado nuestras Fuerzas Armadas. Y eso exige una instrucción y adiestramiento preparatorios de las durísimas condiciones que enfrentan usualmente en el exterior —en que a veces falta hasta el agua—, y que solo un soldado soporta. Añadiría que solo un soldado español, cuyo valor y sacrificio es reconocido desde hace muchos siglos por las más ilustres espadas que lucharon frente o junto a ellos.

¿Cómo nuestro Ejército no va a estar, junto a quien ostenta su mando supremo —el Rey, artº 62.h de la Constitución—, y a las Fuerzas de Seguridad, entre las tres instituciones mas valoradas por los españoles? Está.

lunes, 10 de junio de 2019

Dos no pactan si uno no quiere - Julián Ballestero

Dos no pactan si uno no quiere - Julián Ballestero

Dicen que dos no se pelean si uno no quiere, pero a veces la riña resulta inevitable si una de las partes se comporta como un auténtico camorrista y el único pacto que entiende es la sumisión a sus postulados. En Donald Trump tenemos un ejemplo en todos los frentes en los que negocia. En cambio, la máxima que sí se cumple a rajatabla en todos los casos es otra: dos no llegan a un acuerdo si uno no quiere. Cuando una de las partes está empeñada en romper las conversaciones, el pacto resulta imposible.
Tenemos aquí cerca una confirmación evidente de esa segunda norma en la actitud de Francisco Igea en la negociación con Alfonso Fernández Mañueco. El líder de Ciudadanos no tiene ninguna intención de llegar a una alianza para gobernar Castilla y León con el candidato del PP, y no lo hará a no ser que le obliguen desde la dirección nacional del partido.
Tras las buenas sensaciones del encuentro entre populares y naranjas del pasado martes, en el que Igea compareció tutelado por José María Espejo, el enviado de Albert Rivera, han llegado los signos evidentes de que el candidato de Ciudadanos está dispuesto a dinamitar las negociaciones sin esperar ni siquiera a detectar la mínima discrepancia.
Para romper cuanto antes el diálogo, el líder de Ciudadanos planteó el miércoles el veto a los alcaldes y presidentes de diputación del PP que lleven ocho años o más en el cargo. Y por si acaso a Mañueco se le ocurría aceptar ese trágala, en principio inaceptable porque supondría manipular el sentido del voto de los castellanos y leoneses, acaba de añadir la prohibición de repetir en el puesto a todos los altos cargos de la Junta, desde director general a consejero y presidente. Una demanda que la formación de Rivera no ha planteado en ninguna otra comunidad autónoma ni ayuntamiento. En Andalucía, donde pactó con Susana Díaz en 2015, pidió que se firmase un vago compromiso de limitar los mandatos de los presidentes de la Comunidad (punto 13 del apartado de regeneración democrática entre las 70 medidas firmadas en junio de ese año).
Pero las intenciones de Igea quedaron todavía más claras ayer, cuando, sin esperar respuesta del PP a sus postulados, anunció que iniciará de inmediato los contactos con el socialista Luis Tudanca, su verdadero ‘compadre’ en Castilla y León, que ‘casualmente’ le había mandado unas horas antes una misiva pidiéndole una reunión urgente.
Eso sí, pedirá antes permiso a Rivera, y ahí puede que encalle este primer intento de romper la baraja, porque en Madrid saben de las querencias de Igea y necesitarán pruebas de que no es posible avanzar en el pacto con los populares antes de romper.
Mientras tanto, en el PP regional mantienen una calma tensa y las únicas reacciones oficiales a los requerimientos han ido desde la valoración positiva del ambiente de colaboración entre ambos partidos (Carlos Carriedo) a la invitación de dejar cuestiones personales y centrarse en el programa (fuentes de Génova).
Ha sido más duro con Igea el alcalde socialista de Soria, Carlos Martínez, que se vería afectado por ese posible veto de los ocho años si hay acuerdo PSOE-Cs y que el viernes echaba en cara al candidato naranja que se centrara tanto en limitar mandatos a los que ganan elecciones y no a los que las pierden, y le sugería que le aplicase la norma a su líder nacional, Albert Rivera, que ya lleva unas cuantas derrotas electorales.
En cualquier caso, sería muy injusto que Cs obligase a echarse a un lado a Carlos Martínez, un alcalde querido por los sorianos y que ha revalidado su mayoría absoluta.

Pero dudo que Igea le plantee a Tudanca las mismas exigencias que a Mañueco, pese a las profundas discrepancias ideológicas y de programa que separan a los naranjas de los socialistas. Por ejemplo: en su respuesta a la ‘amable invitación’ del candidato socialista, se le ha olvidado recordarle que debe renunciar al sanchismo y apoyar el artículo 155. Un despiste, oiga.

lunes, 3 de junio de 2019

La frase de las bragas del bazar chino - Olga Seco

La frase de las bragas del bazar chino - Olga Seco

La sexualidad es la estancia por la que penetra nuestra educación. Junto a la pasión está el estremecimiento, pero también, el temblor que se agita con el instinto no pulido por la sensibilidad. Creo que vivimos una forzada comedia para eludir hablar claro; la modernidad y pamplinas nos sitúan ante rígidos vocablos que en definitiva son el consuelo de la negación de la evidencia.
Creo que acostarse con un gañán es igual que dejarse aplastar por un sepulturero. A veces, la razón se nos desancla, y acabamos flotando junto al dique de la ignorancia y sus derivadas. Las personas que son borrachera de conocimiento, saben, que junto a la sexualidad se ven las tonalidades de todos nuestros sentidos. Cuando se trata de escoger amantes, mejor recurrir al psicoanálisis (sonrío). Según está la vida y la tecnología cualquier viejo vínculo puede ser promesa de daño. Hay rencores que son secuencia de ignorancia y no contemplan el respeto. Sí, junto al odio nacen las perversiones enumeradas, ¿lo dudan? Las personas que se relacionan con inteligencia no andan a tientas entre las sábanas, saben que pase lo que pase, la intimidad es una íntima sala de lectura que no se comparte con nadie. Nuestros vínculos son la sintaxis de nuestro pensamiento. Por lo tanto, en determinadas ocasiones, es mejor ser arrogante que ignorante.

Hace pocos días acudí a un bazar chino a comprar arena para mis gatos; con la parsimonia del curioso me di un garbeo por el local, al final de uno de los pasillos me encontré con la sección de bragas y tangas, hasta ahí más o menos todo normal, ¿pero a qué no saben lo que vi? Un montón de bragas con una frase en la parte delantera... Intenté no reírme, pero no pude, solté una soberana carcajada que me fue imposible dosificar. La frase es "mi tesorito" y las bragas las tienen en todos los colores. Al llegar a casa, el pensamiento se puso envalentonado, con gesto resuelto alargó la nariz a la vagina y se pusieron a hablar. La vagina le aseguró al pensamiento que no era "ningún tesorito". Le recordó que otras épocas fue desgracia de virginidad y desventura de señora solitaria entregada a un solo hombre. Y entre tantas cosas que se dijeron, pensamiento y vagina, me quedo con una... Renunciar sin remordimientos a todo aquello que me recuerde la frase de las bragas del bazar chino.

viernes, 31 de mayo de 2019

Invisibles - Anita Batwin

Invisibles - Anita  Batwin


Hoy es el día mundial de la Esclerosis Múltiple. Imposible no hablar de ello, como una de las 55.000 personas afectadas por la enfermedad en nuestro país. Dos de cada tres somos mujeres. El diagnóstico suele darse entre los 20 y los 40 años.
Este año se ha dedicado a visibilizar la enfermedad y sus síntomas. ¿Cómo medir el dolor?, ¿cómo poder tan siquiera explicarlo?, y es que los espasmos musculares, la rigidez, el dolor neuropático y otros síntomas pueden hacer el día a día muy complicado e indescriptible.
Es muy complejo hacer visible y tangible algo que no lo es. Si ves a alguien que lleva una escayola, sabes que seguramente se ha roto un hueso y que le duela. Probablemente porque has sentido algo parecido o conoces a alguien que le haya pasado. Eres capaz de empatizar con ese dolor y hacerlo visible en tu imaginario. Pero una enfermedad como esta, son tantos síntomas diversos y muchas formas de encararla también, es aún una asignatura pendiente.
Muchas veces he sentido que se me juzgaba y se ponía en entredicho mi dolor o mi sufrimiento: “si parece que estás muy bien”, oía. O “eres una quejica y una exagerada”, “tienes que ser más positiva”, “con una mejor actitud estarás mejor”. No dudo que haya algo constructivo y de aprendizaje en todo ello. Por supuesto, no dudo de la importancia de tener una mente positiva y optimista. Pero es que a veces duele demasiado y es agotador. Lo más agotador de todo es la incomprensión que muchos de nosotros sentimos, porque a veces es complicado también para quienes nos rodean poder entender lo que sentimos.
Ninguna esclerosis es igual a la otra, por algo se la llama “la enfermedad de las mil caras”. Comparar o compararnos no nos hace avanzar, porque cada una tiene su propia realidad. No nos hace inferiores el hecho de no poder escalar el Everest o hacer marcas deportivas, pero bien por quienes sí pueden hacerlo. En cualquier caso, no caigamos en banalizar lo que supone una enfermedad grave y apostemos por contar o mostrar la importancia de sus síntomas, en muchos casos incapacitantes. No nos sintamos forzados en mostrar nuestra mejor cara; mostrar nuestras vulnerabilidades puede ser también un acto político.
Presentar únicamente la cara positiva de esta enfermedad, es absurdo. No existe nada positivo de tener esta enfermedad, ni esta ni ninguna. No existe nada positivo en vivir cronificada con muchos medicamentos para seguir adelante y, en el mejor de los casos, parar la progresión.
Por supuesto mi recuerdo en un día como hoy para los y las profesionales que nos dedican su tiempo y sus cuidados. También a todos nuestros familiares y amigos que cuidan de nosotros y son comprensivos o lo intentan. Reitero además la importancia de pagar impuestos para que podamos seguir recibiendo nuestros tratamientos. Necesitamos una sanidad pública de calidad, que resista ante los ataques de liberalización. Necesitamos que se investigue mucho más, que se destinen partidas a ello; necesitamos también que en todas las Comunidades Autónomas existan las mismas oportunidades y una mayor equidad en el acceso a las prestaciones sanitarias públicas. Es importante hacer entender al Estado, al Gobierno, que la inversión no es un gasto superfluo, sino una apuesta por la amortización de lo público. Salimos mucho más caros al sistema estando enfermos que con una cura.
También es importante el reconocimiento del 33 por ciento del grado de discapacidad con el diagnóstico, algo que yo tuve que pelear duramente ante un tribunal de valoración. Ese reconocimiento no es más que un mínimo apoyo que podemos recibir para incorporarnos al mercado laboral con una pequeña protección, ni más ni menos. No es ningún regalo porque la enfermedad no lo es. De hecho, y en este sentido, el año pasado se consiguieron 180.000 firmas de apoyo a través de la plataforma Change.org.
No hablaré en otros casos que no es el mío, pero sí me atreveré a decir que la fatiga es algo que nos afecta a muchos de nosotros. Yo siempre explico que es algo así como la batería de los móviles cuando se acaba; llega un momento en el que tengo que pararme a descansar, porque me pesa el cuerpo como una losa, me duele de agotamiento y me cuesta pensar con claridad. Me he cortocircuitado, me digo. Y toca descansar, y toca cargar la batería del cuerpo, para volver a empezar.
Para finalizar estas líneas, tan sólo un deseo, que no es pedir poco.
Investiguen, investiguen e investiguen… el tiempo juega en nuestra contra.
Te necesitamos para seguir apostando por las voces críticas.

Larga vidorra al rey (y a los pobres - David Torres

Larga vidorra al rey (y a los pobres - David Torres

Tras una gira de despedida de cinco años que ha abarcado partidos de fútbol, cenas onomatopéyicas, inauguraciones varias, hoteles de lujo y corridas de toros y de las otras, el rey emérito ha decidido tirar la toalla y pedir la jubilación definitiva. Creíamos que ya había abdicado, pero esto de las abdicaciones borbónicas es un protocolo muy ceremonioso y complejo, más aun en el caso del rey emérito, que ya había abdicado de cazar elefantes, de una cadera, de la otra cadera, de la reina Sofía y de Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Lo mismo les pasa a los reyes del rock, llámense Elvis Presley o los Rolling Stones, que anuncian una última gira y se pasan media década despidiéndose, como los borrachos en los bares cuando juran que una copa más y se vuelven a casa. De hecho, algunos fans aseguran que Elvis todavía sigue apareciéndose en una gasolinera de Memphis y que los Rolling Stones siguen tocando después de 
Es difícil elucidar a qué va dedicarse el emérito ahora que ha decidido quitarse de los toros, el fútbol y los viajes gastronómicos. Las malas lenguas dicen que el monarca funciona al revés que los ginecólogos, que trabajan donde los demás nos divertimos, mientras que él se divierte a tope en los sitios que la agenda de La Zarzuela considera trabajo. Es muy posible que las malas lenguas se equivoquen y que donde los súbditos díscolos sólo ven cachondeo, diversión, limusinas kilométricas y habitaciones de tres mil euros la noche, en realidad sólo haya desgana, hastío y sudor, el destilado sudor áureo de los borbones.
A mí me lo dijo un amigo senador, hijo de una de las mayores familias del régimen: la suerte que había tenido de nacer en una familia pobre, criarme en un barrio obrero e ir a un instituto de barrio. No como él, que tuvo que estudiar en el Colegio Alemán de Madrid y tuvo la desgracia de que se lo dieran todo hecho. Nadie, excepto un millonario o un borbón de pura cepa, sabe el esfuerzo que hay que hacer para saludar a tanta gente en las reuniones y el aburrimiento de pasarlo siempre divinamente. De otro modo, no se entiende que el artista anteriormente conocido como Juan Carlos I abdique al cuadrado.

El Banco de España, en cambio, ha visto esta paradoja perfectamente y ha advertido a los pobres que dejen de darse la vida padre y hagan como el rey, que a partir de ahora va a dedicarse a la meditación trascendental, al ayuno intermitente y a ahorrar la paga. Lo ha hecho además prácticamente al unísono del anuncio del fin de la gira de despedida real, como si hubiera un cable subterráneo oculto que uniera la Zarzuela y la Fuente de Cibeles. Quién iba a suponerlo. La recomendación financiera ha sonado casi igual que aquel gracioso consejo de la reina María Antonieta, cuando le dijeron que el pueblo no tenía pan que llevarse a la boca y respondió que comiera pasteles. Poco después, gracias a chistes monárquicos de este estilo, su cabeza rodó muy graciosamente por el suelo, pero de momento no hay peligro de que en España inventemos ni la guillotina ni la pólvora. Vivan las cadenas.

sábado, 25 de mayo de 2019

Nihilismo en el Everest - Juan Manuel de Prada

Nihilismo en el Everest - Juan Manuel de Prada

El bobo moderno es un pobre débil mental que cree que lo sabe todo
Esas imágenes de turistas en reata, haciendo cola por alcanzar la cima nevada del Everest, me ha parecido la metáfora más cuajada del nihilismo contemporáneo. Apostaría el cuello a que todos esos majaderos jamás han subido al teso desde el que se otea su pueblo; en cambio, tienen todos una necesidad existencial irreprimible de hollar las nieves del Himalaya (que, por lo que se aprecia en la foto, están más holladas que el coño de Mesalina). Chesterton se burlaba del hombre moderno que reniega del tren, por parecerle que estimula el gregarismo, y adquiere un automóvil, pensando que así podrá dar rienda suelta a sus ansias infinitas de libertad… para terminar atrapado en un atasco. Pues, a la postre, todos estos bobos modernos que huyen del gregarismo terminan acudiendo gregariamente a los mismos sitios. Y es natural que así ocurra, pues el bobo moderno, aunque empachado de consignas individualistas y ensoñaciones de independencia (que no son sino implantes emocionales que la propaganda ha insertado en su cerebrín de jilguero), es la expresión más patética y terminal del hombre-masa.
El bobo moderno es un pobre débil mental que cree que lo sabe todo y que ya no disfruta con nada, porque tiene la sensibilidad estragada; y que, para no sucumbir al tedio y la abulia, necesita estar sometido a un constante bombardeo de estímulos, necesita convertir el mundo entero en el parque temático de sus caprichos mentecatos, necesita «consumir» bulímicamente experiencias «límite». Santiago Alba Rico gusta de hacer una distinción entre «cosas de comer» (que garantizan nuestra supervivencia biológica más elemental), «cosas de usar» (que incorporamos a nuestra vida, como apéndices de nuestro propio cuerpo) y «cosas de mirar», que nos sobrecogen y maravillan con su grandeza y nos sirven, desde su lejanía inalcanzable, para medir nuestra pequeñez. Todas las formas de civilización que han existido han sabido respetar esta distinción; pero nuestra época ha convertido en mercancías de consumo todas las cosas, incluidas las «cosas de mirar», hasta transformar el mundo entero en un incesante aquelarre turístico, en una orgía inacabable del gregarismo. «A esta locura -escribe Alba Rico- la llamamos “consumo” como característica paradójica de una civilización que se juzga a sí misma en la cima del progreso: comerse una mesa, comerse una casa, comerse una estatua, comerse un paisaje. Pero una sociedad que no distingue entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar, porque se las come todas por igual, es una sociedad primitiva, la más primitiva que jamás haya existido».

Y la más nihilista también. Pues el bobo moderno es un nuevo catoblepas que, después de consumir «experiencias» de forma bulímica y sin sentido alguno de la responsabilidad, termina en la autofagia; o, como señala Alba Rico, en una «hiperinflación de egos estereotipados, cerrados e idénticos como mónadas e incapaces por eso mismo de constituir una comunidad». Porque, a la postre, todos esos cosmopaletos en reata que hacen cola para alcanzar la cima del Everest, sólo quieren entronizar su insulsez, haciéndose un selfi; lo mismo que la petarda que se pone relleno en las tetas y cuelga orgullosísima en Instagram la foto con el desaguisado, lo mismo que el yihadista que posa orgulloso ante las cámaras, rodeado por las cabezas cortadas de sus víctimas, que sopesa como si fuesen melones en sazón. El bobo moderno busca afirmarse en medio de la nada que él mismo ha generado, en medio del mundo reducido a páramo que su bulimia ha esquilmado, el mundo hecho añicos donde piruetea su narcisismo inane, carne de cañón para la neurosis y la pulsión suicida.

domingo, 19 de mayo de 2019

A precios de Turquía - Antonio Burgos

A precios de Turquía - Antonio Burgos 

Está de moda que todo el mundo se vaya a Turquía para que le hagan un injerto capilar
Sin tantas tonterías de ahora del marketing y de los nichos de mercado, que suena a cementerio... Cuando escucho a alguien decir que se va a hacer rico con un nicho de mercado que ha descubierto, no sé si felicitarlo o mandarle una corona mortuoria para que la coloque en dicho nicho. Sin tantas tonterías, decía, de técnicas de ventas, hasta con el buen paño que en el arca se vende se ha utilizado siempre el precio bajo como gancho para atraer compradores. Cuando ponían por el verano puestos callejeros de melones bajo un cobertizo de lona, melones que eran todos de Villaconejos por la misma razón que hace de Aguinaga a todas las angulas, de Sanlúcar a todos los langostinos y de Arcade a todas las ostras, el tío que estaba al frente de la mercadotecnia melonar pregonaba:
-¡Más barato que en el mato!
Cuando Tánger era ciudad internacional, trasunto del ambiente de la película «Casablanca» y se encontraban baratísimos los tesoros de la época, que eran los relojes y las plumas estilográficas, un comerciante de Sevilla que vendía estos artículos, hasta por la radio se anunciaba con su lema, parecido al de los melones:
-Relojes y estilográficas más barato que en Tánger.
Yo creía que con las ventas por internet y la globalización de los mercados ya había pasado esto de encontrar tesoros de baratura de determinados artículos en ciertas ciudades. Que ya ningún melón era más barato que en el mato o un reloj que en Tánger. Hasta que leyendo periódicos por internet me salió casi a pantalla completa el anuncio de una clínica de algo que me imagino que será la próxima moda de saturación de mercado en la sanidad privada, tras la inflación de los gabinetes odontológicos donde parece que algunos hasta regalan los implantes y que a empastes de caries convida la casa. En el anuncio que digo, salía un señor con una bata blanca anunciando una clínica de pueblo, donde al parecer son una maravilla en la moda de los implantes capilares para los calvos o los que tienen más entradas que la Monumental de México. Vamos, como lo que anunciaba en tiempos Bertín Osborne, pero con bata blanca. Y al modo de los melones o los relojes, anunciaba el señor de la bata blanca desde su pueblerina clínica de injertos capilares: «A precios de Turquía». Óle. Está de moda que todo el mundo se vaya a Turquía para que le hagan un injerto capilar masivo y baratísimo y lo dejen con más pelo que Los Beatles cuando empezaban. Lo que me hace recordar una vieja sevillana humorística rociera: «Este año al Rocío/van tós los calvos/a pedirle a la Virgen/los pelos largos». Bueno, pues ya no se va al Rocío: ahora se va a Turquía. No sé si a usted le ha pasado como a mí, que se haya encontrado a beneficiarios de las clínicas capilares de Turquía, que defienden con ardor de conversos:
-Pues tú deberías ir a Turquía a ponerte el pelo que te falta en las entradas. Te quitarías un montón de años de encima.

Y a continuación te dan los detalles de la capilar pasión turca, que si el hotel y el viaje van incluidos en el precio, que si te recogen en el aeropuerto y no tienes que ocuparte de nada. Cuentan los que han estado últimamente que el aeropuerto de Estambul está lleno de señores con la cabeza llena como de vendas o tiritas, muchísimos de ellos españoles. Son los que han ido a Turquía a ponerse el pelo como a la Virgen del Rocío iban todos los calvos. Ahora quieren importar la moda y vencer al turco como en Lepanto, y poner aquí los implantes capilares más baratos. Mientras «a precios de Turquía» sean estas cosas del pelo, no hay que alarmarse. Lo malo es que Sánchez está poniendo las libertades y la economía «a precios de Venezuela».

martes, 7 de mayo de 2019

Patas arriba - Juan José Millás

Patas arriba - Juan José Millás

Estar colocado, en la antigüedad, significaba tener trabajo. Una colocación era un empleo, preferentemente un empleo fijo. El significado fue luego desplazándose por debajo del significante hasta el punto de que "colocarse", hoy, significa alcanzar estados alterados de conciencia a base de la ingestión de psicotrópicos. No sabemos cuánta gente "colocada" hay en el mundo. Resulta muy difícil distinguir en el metro o en el autobús a los "colocados" de los "descolocados", siendo estos últimos, paradójicamente, los representantes de la normalidad. Lo cierto es que un porcentaje muy alto de conductores a los que se les hace el control antidrogas da positivo. Y que muchísimos billetes de 20 o 50 euros tienen restos de cocaína.
Ahora nos acabamos de enterar de que las anguilas del Támesis están hiperactivas debido al consumo de alcaloides provenientes de la orina de los habitantes de Londres. Hacen falta muchos litros de pis contaminado para provocar ese efecto, sobre todo si pensamos que ha pasado previamente por el filtro de los riñones. Todo esto era para decir que lo raro, casi, es tropezar con gente "descolocada". El que no se "coloca" con sustancias ilegales, se "coloca" con fármacos. O con alcohol. Vivimos en sociedades con tasas altísimas de desempleo en las que todo el mundo sin embargo está colocado. Quizá la gente se "coloca" porque no encuentra colocación.
Cada vez, en fin, que un londinense tira de la cadena, llegan al Támesis unos cuantos miligramos de cocaína, de alcohol o de benzodiazepinas diluidas en la evacuación. La batalla entre los estimulantes y los ansiolíticos, a juzgar por el estado de las anguilas, la están ganando los estimulantes. De ahí que nuestras ciudades resulten tan eléctricas. Su compañero de usted en la oficina acaba de levantarse de la mesa para ir al lavabo, no sabemos si al objeto de meterse una raya por las narices con un billete de 20 euros o para metérsela a una anguila con una descarga de la vejiga. A su compañero le han ascendido porque se "coloca" y hace él solo el trabajo de cuatro. Usted está a punto de perder la colocación por permanecer sobrio.

Todo está patas arriba.

El trabajo libera, sí, a los negreros - David Torres

El trabajo libera, sí, a los negreros - David Torres

Es difícil elucidar en qué momento exacto el trabajo pasó de ser un derecho básico a un privilegio, pero sospecho que la metamorfosis se aceleró tras la caída del bloque soviético. Junto a mi hermano y a un amigo que también ha acabado en un periódico, trabajé un verano en un vivero cerca de Barajas donde en seguida comprendí que esos eslóganes idiotas sobre el curro (“el trabajo es salud”, “el trabajo dignifica”) los debía de haber inventado algún mamarracho que no había pegado palo al agua ni un día de su vida.
Había que levantarse a las seis y pico de la mañana, empalmar dos autobuses, llegar a las naves a las ocho y ponerse a plantar tronquitos del Brasil ocho horas seguidas, con una breve pausa para almorzar, en medio de una humedad de manglar y de un calor de invernadero. Llegaba un momento en que las manos empezaban a marchar por sí solas, como Chaplin apretando tuercas en Tiempos modernos, y que los sueños iban poblándose de tierra y macetas. Si tienen un tronquito del Brasil en casa, adquirido a finales de los ochenta, de ésos que van creciendo como si pretendiera colonizar el pasillo, luego el salón y después del planeta, a lo mejor está regado con mi sudor, el de mi hermano o el de mi amigo.
A pesar del calor, de la humedad y del tedio infinito de plantar troncos, se trataba de un trabajo a jornada completa que hoy, en lugar de jóvenes estudiantes, realizarían inmigrantes, cuarentones desesperados o chavales hambrientos por la mitad del salario. Tuve la suerte de ir empalmando diversos oficios uno tras otro (cobrador de recibos a domicilio, profesor, dependiente en unos grandes almacenes, librero) esquivando siempre, de pura chiripa, al paro, el gran monstruo que diezmó mi generación y arrasó con las siguientes. He acabado por recalar en la prensa, un apartado en crisis permanente donde abundan los recortes, los despidos, los becarios e incluso los esclavos agradecidos, como lo demuestran plataformas de negreros al estilo de The Huffington Post en las que el trabajo de escribir es, en efecto, un privilegio que se paga con la publicación y una palmadita en la espalda.
A buena parte de la prensa -cuya labor debiera ser denunciar estos abusos, pisoteos e incumplimientos de los derechos laborales básicos- le ha tocado además la tarea de maquillarlos mediante vistosos eufemismos. A la media jornada ahora se le llama “job sharing“, un invento que consiste en compartir el trabajo y, por supuesto, el sueldo. Al hecho de no poder salir de casa porque el dinero no alcanza ni para pipas lo llaman “nesting“, una estrategia hogareña que rebaja la ansiedad y tranquiliza la mente. A la imposibilidad de poder alquilar un piso propio y tener que compartirlo con varios colegas lo han bautizado con el nombre de “coliving“, un novedoso concepto inmobiliario en el que la juventud se prolonga hasta la jubilación, si es que llega algún día. A la triste necesidad de recoger comida de la basura, como los mendigos, se le denomina “friganismo”, una dieta posmoderna que aligera mucho los bolsillos. Falta únicamente que pongan de moda el suicidio para ahorrar costes a la Seguridad Social, pero tampoco quiero dar ideas.

La historia es antigua, proviene de los siervos de la gleba, de la genial táctica capitalista de abolir la esclavitud para que los antiguos siervos tuvieran que pagarse ellos el alojamiento y la comida. Gracias a sus fabulosos mecanismos de control, el capital ha despejado la clásica ecuación romana del panem et circenses quitando el pan y dejando sólo el circo de las redes sociales, internet y los videojuegos. Por eso el neoliberalismo ha llegado al extremo de bañar la explotación laboral absoluta con tintes de color rosa: sin ir más lejos, la UEFA anunciaba esta semana la búsqueda de “bailarines voluntarios” para la ceremonia inaugural de la Champions League, a pesar de contar con un presupuesto de miles de millones de euros. La pregunta es cuándo se les ocurrirá a los amos del cotarro pasar del trabajo entendido como privilegio al trabajo realizado como lujo y empezar a cobrar a los tontos que quieran escribir, bailar, conducir un taxi o transportar paquetes. “El trabajo libera” rezaba en las puertas de los campos de concentración. Están en ello.

miércoles, 10 de abril de 2019

El mundo de los niños - Luis Ventoso

El mundo de los niños - Luis Ventoso

El programa de Podemos podría firmarlo Hans Christian Andersen
Aunque al principio el reto se me hacía cuesta arriba, me he leído el flamante programa electoral que han escrito Pablo e Irene allá en la dacha serrana de Galapagar. Al fin y al cabo, si se cumplen los pronósticos de los augures demoscópicos -que humildemente me inclino a poner en cuarentena-, Sánchez nos gobernará en coalición con Podemos, por lo que conviene saber qué proponen para nuestras vidas los líderes del atribulado comunismo malva. A pesar de mis prevenciones iniciales he disfrutado con el programa, ya que su candidez infantil y juvenil lo torna entrañable. Se intuyen las dulzuras de la nueva vida de juegos y sonrisas con los gemelos, pues el plan bien podría haber llevado la rúbrica de Hans Christian Andersen.
La jornada laboral será de 34 horas a la semana, siete de lunes a jueves y seis el viernes, porque ya se sabe que cuanto menos curren sus ciudadanos más prosperarán los países. Si esas condiciones te parecen todavía chungas, «no pasa na»: Pablo e Irene te regalarán un sueldo Nescafé de 600 euros al mes aunque te quedes apalancado en la hamaca con una birra (y llegará a 1.200 si tienes hijos). Montero e Iglesias estiman que puede haber diez millones de españoles que aspiren a cobrar por no hacer nada (yo creo que apuntan bajo, deben andar por treinta o cuarenta millones). De cómo se paga, nada, por supuesto. En Podemos somos gente seria y no estamos para chorradillas burguesas como hacer cuentas. Las matrículas universitarias serán gratis. El permiso de paternidad durará 16 semanas (a Pablo Manuel debe haberle gustado la experiencia). El sueldo mínimo se subirá a 1.200 euros. Las pensiones se revalorizarán con el IPC y subirán las mínimas.
Para estimular la economía el programa presenta una serie de medidas que convertirán a España en la meca del capital global, habrá sopapos para invertir aquí: doble impuesto a la banca, el IRPF de los que ganen más de 100.000 euros será del 47% (ojo Pablo que igual te pilla), impuesto a las grandes fortunas, impuesto a las tecnológicas... Muy imaginativo. Por supuesto no falta el capítulo antiliberal de tocarle la zanfoña al respetable con sus cosas privadas: intervención del mercado del alquiler, pues sabido es que quien ha logrado ahorrar para comprarse un piso y luego lo alquila es un peligroso delincuente que debe ser acogotado; no más pisos turísticos; caña a la educación concertada y hasta una ley para acabar con la comida basura (he echado en falta la propuesta de un ministerio del ramo).
No pueden faltar, por supuesto, los grandes clásicos: collejas al Rey y a la Iglesia católica y un poco de revanchismo guerracivilista. Pero el punto en el que hemos volado más alto es el 108, cuando Pablo, el último defensor de la satrapía que ha sumido en la miseria a Venezuela y que recibe estipendios televisivo de Irán, anuncia que convertirá a España en «impulsora de la democracia internacional».

Juegos florales de niños. Pero la galopante infantilización de nuestra política puede sentarlos en el Gobierno si no hay un reagrupamiento táctico de los votantes conservadores.

lunes, 8 de abril de 2019

No yo - Juan José Millás

No yo - Juan José Millás

Érase un artefacto llamado "máquina de escribir", hoy desaparecido. Cuando yo era pequeño creía que bastaba ponerse a ella para fabricar cuentos o poemas. En el despacho de mi padre había una Remington que tecleaba a lo loco con la fantasía de que la máquina se encargara de añadir la cordura. De ahí que me decepcionara tanto cuando sacaba la cuartilla y veía aquel conjunto disparatado de vocales y consonantes que no iban a ningún sitio. ¿Por qué llamábamos máquina de escribir a un aparato que no sabía hacerlo? Más tarde me sorprendió que en el dichoso artefacto se pudiera confeccionar una factura o una novela, indistintamente. Deberían estar especializadas en esto o en lo otro, pensaba. No tuve, en fin, muy buena relación con estos semovientes que eran pura mecánica, sin alma alguna. Escribía mis novelas a mano y luego se las entregaba a un vecino que era mecanógrafo. Desde la perspectiva actual resulta increíble que hubiera mecanógrafos y mecanógrafas, profesión también extinguida. Lo único que le pedía al mecanógrafo era que me la transcribiera con una Remington como la de mi padre que yo mismo alquilaba para tal menester. Soy un romántico.
Significa que pasé del bolígrafo al ordenador en una especie salto mortal que aún me sorprende. Como el que llega a la heterodoxia sin haber pasado por la ortodoxia. Del ordenador me gustaba la posibilidad de que ordenara: otra fantasía semejante a la que mantuve con la máquina de escribir. Pero el ordenador no conocía la sintaxis. Como ya era un adulto, acepté esta limitación y me aficioné enseguida a los portátiles. El portátil es uno de los grandes inventos de la historia porque tiene tapadera. Todas las cosas importantes de la vida tienen tapadera. Ahí están la olla exprés y el ataúd, por no hablar de los negocios tapadera. En mi barrio había una tienda de telas que no vendía nada. Mi padre decía que era una tapadera. El problema es que lo decía con cierta admiración. ¡Qué infancia, Dios!

Todo esto era para decir que ayer encontré en una tienda de antigüedades una Remington que compré de inmediato y con la que he comenzado a escribir un cuento muy ruidoso. Por primera vez, mágicamente, lo escribe la máquina, no yo.

domingo, 7 de abril de 2019

Confusión - Juan José Millás

Confusión - Juan José Millás

Me preguntan si el Juan José Millás que sale en mi último libro soy yo. Les pregunto si el Velázquez que aparece en Las Meninas es Velázquez. Me responden que sí y yo les digo que no, que se trata de una representación de Velázquez. Todavía no nos hemos puesto de acuerdo acerca de las diferencias existentes entre el territorio y el mapa. El mapa no es el territorio, sino su representación del mismo modo que el menú del restaurante no es la comida. De ser así, nos comeríamos el menú y nos quedaríamos saciados. La geometría de las diferentes líneas del plano del metro de Madrid no tiene nada que ver con la disposición real de estas. Sin embargo, se trata de uno de los mejores mapas de subterráneo alguno. Con él en la mano resulta imposible perderse en los innumerables túneles.
Recordemos una vez más el cuadro de Magritte en el que aparece una pipa de fumar debajo de la cual escribió: "Esto no es una pipa". A primera vista desconcierta porque el texto niega la experiencia del espectador. Pero Magritte llevaba razón: no es una pipa, sino su representación. Resultaría imposible llenarla de tabaco y echar unas caladas. Recordemos una vez más esos grandes planos situados en las zonas céntricas de algunas ciudades, en los que aparece señalado un punto donde dice: "Usted está aquí". Evidentemente usted no está ahí, porque usted se encuentra fuera del mapa. Quien está "ahí" es una representación de usted. Y no es lo mismo, no es lo mismo ser que estar, no es lo mismo estar que quedarse, ¡qué va! (cortesía de Alejandro Sanz).
Ahí vamos, pues, intentando establecer la distancia entre la persona y el personaje. El personaje de mi libro se llama Juan José Millás, pero no soy yo, sino mi representación. Mi mapa, podríamos decir, mi mapa físico y mental y conceptual y psíquico y patológico. Me preguntan si tomo tantas medicinas como digo y respondo que el ibuprofeno de mi novela no es un ibuprofeno real del mismo modo que la pipa de Magritte no era una pipa de verdad. Tampoco el gin tonic del libro es un gin tonic.
Todo esto confunde un poco al personal porque previamente me ha confundido a mí. Solo se puede escribir desde la confusión. Escribimos porque estamos confusos. Y leemos también por eso mismo.

lunes, 25 de marzo de 2019

Doblar cucharas, parar el brexit - David Torres

Doblar cucharas, parar el brexit - David Torres

En El himno nacional, el primer episodio y quizá el mejor de la teleserie Black Mirror, un terrorista secuestra a una princesa de la familia real inglesa y amenaza con matarla a menos que el primer ministro se folle a un cerdo en vivo y en directo, ante las cámaras de televisión y en horario de máxima audiencia. Al final, como suele suceder, nada es lo que parece: el terrorista se destapa como un artista conceptual y el acto zoofílico no resulta tan divertido como los espectadores se creían. Muchos apartan la mirada, avergonzados o asqueados, de las pantallas donde el cerdo y el líder británico mantienen relaciones íntimas.
Toby Haynes, uno de los directores de Black Mirror, ha sido el encargado de llevar a la pantalla Brexit: The Uncivil War, un telefilm de hora y media que indaga en las vísceras del referéndum donde el Reino Unido votó por separarse de la Unión Europea. La cinta ha recibido críticas entusiastas y varapalos tremendos, pero de entrada puede decirse que quizá el realismo no sea la mejor perspectiva para enfrentarse a un proceso tan complejo y estrafalario como el brexit. Charlie Brooker, guionista de Black Mirror, ya había vaticinado algunos de sus aspectos esenciales, aunque ni siquiera alguien tan imaginativo como él pudo imaginar que era el cerdo el que se iba a follar al primer ministro.
En efecto, el brexit viene a demostrar una vez más, como si hiciera falta, que la realidad siempre es más extraña que la ficción y además va mucho más lejos. Más de dos años y medio después de la votación, la política inglesa sigue paralizada por esa especie de harakiri democrático en que ni las tripas acaban de salir ni la sangre llega aún al Támesis. Desde aquel aciago 23 de junio de 2016 da la impresión de que buena parte del electorado británico votó a ciegas o borracho perdido o en plan de coña, a ver qué pasaba, igual que esos hooligans de vacaciones en Ibiza que se arrojan de un balcón a una piscina a ver si aciertan. Un dato revelador es que, horas después de la victoria del brexit, las dos frases más buscadas en Google en el Reino Unido eran “¿Qué significa salir de la UE?” y “¿Qué es la UE?”
Muy probablemente la solución, si es que hay alguna, pase por hacer otro referéndum, como reclamaban ayer cientos de miles de manifestantes en Londres. Lo cual vendría a corroborar no sólo que el primero fue de fogueo sino que la democracia tendría que ejercerse con preservativo antes de mirar si en las urnas ha salido niño o niña. Llegados a este punto, no es extraño que Uri Geller haya hecho su aparición para pedir a los británicos que lo ayuden a parar el brexit mediante telepatía, igual que en aquel espectáculo televisivo en que invitaba a la audiencia a reparar relojes o doblar cucharas usando sólo el poder de la mente.

Geller dice que fue él quien profetizó la victoria de May tres años antes de que sucediera, al pedirle que tocara una cuchara que había pertenecido a Winston Churchill. Cuando salió en el programa de José María Iñigo, allá por 1975, muchos españoles juraron que habían conseguido doblar la cuchara en casa, aunque no fueron tantos los que dijeron que habían logrado que un reloj parado echase a andar otra vez. De momento, deshacer el brexit no está resultando tan sencillo como doblar una cuchara, probablemente por la misma razón que romper un reloj siempre es más fácil que arreglarlo. Especialmente cuando lo has roto a martillazos.

sábado, 23 de marzo de 2019

No me digas que no - Juan José Millás

No me digas que no - Juan José Millás

Los productos congelados también tienen fecha de caducidad, sobre todo si llevan bechamel. En la pechuga de pollo villaroy, por ejemplo, se pudre antes el envoltorio que la carne. La homeostasis, según la Wikipedia, es el "conjunto de fenómenos de autorregulación conducentes al mantenimiento de una constancia en la composición y las propiedades del medio interno de un organismo". Pero la homeostasis no es eterna. De ahí la muerte. Morir es perder la homeostasis, que queda mejor que perder las llaves de casa.
-He perdido la homeostasis.
-Intenta recordar cuándo es la última vez que la has usado. Y dónde.
Todo esto era para decir que unos científicos de la universidad de Sídney han inseminado a 34 ovejas con un semen congelado de 1968 y han salido corderos jóvenes. Deben de usar congeladores extraordinarios porque el semen, como la bechamel es muy inestable. Si esos espermatozoides se hubieran utilizado en su día, los corderos resultantes tendrían ahora 51 años. Un poco añejos para la cazuela. Llevarían varios años muertos, pobres. Significa que han nacido con efectos retroactivos.
Supongamos que usted va a un restaurante y le ponen un lechazo que acaba de nacer, pero cuyo semen llevaba almacenado medio siglo. Si no le dicen nada, igual se lo come sin rechistar, aunque le note un no sé qué. Pero si está al tanto de la situación, si conoce el origen de esa pierna de cordero al horno con patatas, ¿cómo evitar la sensación de estar tragándose una especie de brazo incorrupto, una reliquia? Por mucho que los congeladores australianos sean capaces de mantener la homeostasis indefinidamente, un semen de medio siglo es un semen de cinco décadas, no me digas que no.
Se pregunta uno si la revuelta de los "chalecos amarillos" en Francia no tendrá que ver con la congelación de Mayo del 68. Las cosas que cuajan se descuajan. Aquí, cuando murió Franco, congelamos la Ruptura en favor de la Reforma, y la semilla de Franco se acaba de manifestar en VOX.
¿Una homeostasis invers?

martes, 19 de marzo de 2019

El negro que blanquea (a Vox) - David Torres

El negro que blanquea (a Vox) - David Torres

Al nutrido ecosistema de la fauna hispánica (donde abundan los obreros de derechas, las mujeres machistas, los socialistas monárquicos y los neoliberales en paro) se ha sumado ahora un nuevo ejemplar, el negro de Vox, una rareza política que cuenta al menos con dos individuos, ya que hay uno, Ignacio Garriga, de origen guineano, candidato por Barcelona, y otro, Bertrand Ndongo, un inmigrante camerunés que de momento va por libre. Ambos han venido para intentar distraer con su presencia esos incómodos principios del programa de Vox que abogan por la anulación de la sanidad gratuita para inmigrantes ilegales, el copago para residentes legales que no cuenten con al menos diez años de residencia y la deportación inmediata de los díscolos, vagos y maleantes. Eso por no hablar de “los españoles primero”, de la fobia a los extranjeros y de toda la carga de odio xenófobo que supura cualquier partidario de Vox apenas abre la boca.
El propio Abascal dijo hace más o menos un año: “No es lo mismo un inmigrante procedente de un país hermano hispanoamericano, con una misma cultura, una misma lengua, una misma cosmovisión del mundo, que la inmigración procedente de los países islámicos”. Quién iba a decir que Abascal habla desde la perspectiva de un camerunés. Sin embargo, después de Auschwitz y de la metamorfosis del estado de Israel en una nueva versión del apartheid, a la ultraderecha española no le quedó más remedio que renunciar hace tiempo a la gilipollez franquista de la “conspiración judeomasónica internacional”, reemplazando a los judíos por musulmanes y a los masones por comunistas. En esto, como en tantas otras cosas, la saga de Torrente, el brazo tonto de la ley, ha sido la inspiración ideológica de Abascal, especialmente esa escena de no sé cuál de ellas en la que Torrente ve cómo un terrorista islámico intenta secuestrar el avión donde viaja y se levanta a buscar la pistola mientras murmura entre dientes: “Moros, moros”.
Por supuesto, Abascal, igual que Torrente, puede hacerse amigo de un musulmán siempre que traiga dinero negro en las alforjas, aunque sean billetes iraníes de un grupo de resistencia marxista-islámico, lo cual es algo así como un ateo recalcitrante rezándole a la Santísima Trinidad esculpida en lingotes de oro. A esta misma especie de pilates mental donde las mujeres aceptan servilmente su inferioridad secular y los pobres la bota del señorito pertenece también la proclama ultraderechista de Bertrand Ndongo, un filósofo de Camerún que advierte del peligro del efecto llamada y que durante todos estos años en España dice haber sufrido racismo únicamente por parte de una latinoamericana.
No es nada raro encontrar a un Tío Tom integrado perfectamente en la maquinaria propagandística diseñada por Steve Bannon, arquitecto de la campaña electoral de Donald Trump, más aun cuando el voto latino fue una de las grandes sorpresas de su victoria. El razonamiento de Ndongo, como el de los mexicanos que votaron por Trump, es el mismo de los capataces judíos que ayudaban a los nazis en los campos de concentración: una vez me haya colocado yo en la pole position, se cierra el chiringuito y el que venga detrás que arree.

Un discurso bastante distinto al de Serigne Mamamdou, un inmigrante africano afincado en Sevilla que le explica a Abascal que mucho hablar de españoles primero, pero que es él quien se levanta a las seis de la mañana para ir a trabajar. A trabajar en el campo, con un frío que pela, no a limpiarle el culo a Franco en el programa de Susana Griso. Ndongo lo ha blanqueado tanto y tan bien que hasta se ha mimetizado con el paisaje: asegura que aquí lo defienden los españoles y lo atacan los negros, igual que en aquel chiste en que un negro se sometía a un experimento para volverse blanco, le daba una pastilla a su mujer, se volvía blanca también, pero el hijo de ambos se negaba en redondo y el padre al final saltaba: “Mira, llevo media hora de blanco y ya tengo problemas con el negro de mierda este”.

sábado, 16 de marzo de 2019

La obra cumbre de Sánchez – Fernando Ónega

La obra cumbre de Sánchez – Fernando Ónega

No fue un viernes de decreto-ley, pero el Consejo de Ministros tenía preparado algo muchísimo mejor y con parecidos efectos electorales: hurgar en el calendario, encontrar una fecha aceptable y marcarla con un rotulador, naturalmente rojo. La fecha elegida fue el 10 de junio, lunes, y sobre ese día se escribió: salida de Franco del Valle de los Caídos. Lugar de destino, Mingorrubio, que es una colonia situada detrás del palacio de El Pardo, y donde Patrimonio Nacional tiene un pequeño mausoleo donde ya descansa la viuda del general, doña Carmen Polo. Franco volverá a su barrio. Los demás tardaremos mucho tiempo en olvidar el nombre de Mingorrubio. Frente al cementerio hay un restaurante al que probablemente le ha tocado la lotería de tantos fieles que acudirán al nuevo sancta sanctorum del franquismo.
Veremos si se puede cumplir el anuncio, porque habrá recursos de la familia, que no quieren al abuelo en tanto descampado, sino en un lugar de honor como la cripta de La Almudena. Veremos también si los jueces dan alguna sorpresa, cosa que no sería extraña después de todos los retrasos producidos. Pero el gabinete de diseños estratégicos y propagandísticos de la Moncloa lo hizo razonablemente bien. Es decir, de forma aceptablemente cínica: la ministra para Asuntos del Dictador, doña Carmen Calvo, justificó la fecha del 10 de junio en su buenísima intención de «no interferir en las elecciones», pero ella sabe mejor que nadie que su anuncio es una grandiosa oportunidad de interferir en las elecciones: lo importante es la decisión de echar a Franco del Valle; eso es lo que valoran los votantes de la izquierda, que son los que hay que movilizar si se quiere ganar el 28 de abril. Y Sánchez trata de acumular méritos aceleradamente ante ese electorado para que no le pase lo de Andalucía.
Estamos, pues, ante la obra cumbre de los nueve meses de gestión del Gabinete socialista de los 84 diputados. Lo anunciado ayer es como el testamento político del presidente: «Ahí os lo dejo; lo que depende de mí, lo cumplo; lo que nadie consiguió hacer durante 40 años, yo lo hago con arrojo y como lección para las nuevas generaciones y toda la Humanidad; en la España de Pedro Sánchez no cabe la honra a un dictador». ¿Y si la estrategia no funciona, si después de abril hay un cambio de gobierno y el nuevo equipo quiere a Franco donde estuvo estas cuatro décadas? ¡Oh, no hagáis esa pregunta! Cuando se plantean esas dudas, la respuesta oficial está escrita en los libros de estilo de los políticos: «Eso no se contempla». Carmen Calvo repetirá: «Estamos en un Estado de Derecho». Y de lo que se trata es de otra cosa: de sacarle a Franco el último tributo en forma de victoria electoral.

viernes, 15 de marzo de 2019

Que conste - Juan José Millás

Que conste - Juan José Millás

La mujer no era consciente de mi escucha porque en un vagón de metro cada uno va a lo suyo, a su móvil, a sus apuntes, a su conversación, a sus preocupaciones
La mujer telefoneó al instituto de su hijo y pidió hablar con su tutor. Todos, en el vagón de metro, iban a lo suyo, menos yo, que iba a lo de la mujer. “Soy la madre de Samuel”, dijo, “necesito saber cómo va porque según él saca de notables para arriba, pero no me lo creo”. La mujer calló y escuchó, y mientras callaba y escuchaba lanzaba suspiros de desesperación que rompían el alma. Miré en derredor y todo el mundo seguía en lo suyo. Solo yo continuaba en lo de la mujer, pobre, que se tapaba la cara con la mano izquierda mientras sostenía el móvil con la derecha. Gemía de impotencia al escuchar lo que el tutor de Samuel le decía y que yo podía imaginar perfectamente: que el chico faltaba a clase, que cuando iba no prestaba atención, que lo había suspendido todo…

Tras colgar se encogió en el asiento a punto de romper a llorar, de romper a llorar tan cerca de un desconocido como yo. No era consciente de mi escucha porque en un vagón de metro cada uno va a lo suyo, a su móvil, a sus apuntes, a su conversación, a sus preocupaciones. Pasado lo peor de la crisis, telefoneó a Samuel. Le dijo en voz baja, aunque en un tono de enorme violencia, que se cagaba en la madre que lo había parido y que lo sabía todo porque acababa de hablar con su tutor del instituto. Y que cuando ella llegara a casa ajustarían cuentas. “No digas nada”, cortó tajantemente las excusas, supuse, de Samuel, “no digas nada que estoy que me subo por las paredes, embustero, me vas a matar si no te mato yo antes”. La mujer colgó y ocultó con desaliento el rostro entre las manos. Este triste suceso ocurrió entre las estaciones de Ciudad Lineal y Alonso Martínez de la línea 5 del metro de Madrid un jueves de febrero del año en curso. Para que conste.