jueves, 20 de agosto de 2015

El gorrón de wifi - Antonio Burgos

El gorrón de wifi - Antonio Burgos

Piden un café...y se bajan 150 megas por la cara
Junto a palabras extrañísimas que no conoce nadie, como eso de "amigovio", o al lado de otras en un Modo Colegas On tan descarado que hacen que sospechemos una bajada de pantalones de frac, la Real Academia Española ha admitido en su Diccionario la voz "wifi", así escrita, cuando en mis cortas luces (LED) me parece que debería ponerse "güifi", en transcripción fonética, del mismo modo que en el mentado DRAE si miras "whisky" te manda a "güisqui"... por no mandarte a tomar por saco por escribir en inglés.
La Academia ha admitido Wifi y tenía ya incorporado algo tan español como Gorrón: "(de "gorra") 1. adj. Que tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena. U. t. c. S.". Uno ambas voces, wifi y gorrón, y verán ustedes el pedazo de re-cuadro de costumbres que me va a salir, si me conceden la merced de seguir leyéndome.
El gorrón, como la materia, no se crea ni destruye, sino se transforma. Sobrevive y muta conforma va haciendo falta pegar el mangazo. Hay quienes sostienen que el gorrón adopta a veces aspectos muy refinadas, cual el Jeta de Tarjeta, "black" naturalmente. Son jetas, evidentemente, estos señores que saben un Rato de quedarse con el manso por la cara, pero el impulso inicial que les lleva al trinque corporativo y al mangazo organizado y opaco es su primigenia condición de gorrones de mucho cuidado. Hay gorrones de consejo de administración, y ellos lo son. Como hay gorrones de médico. El que en el bar le pregunta al médico amigo si tiene que echarle cuenta a ese dolorcito que tiene aquí en el costado, y se ahorra un dinero: ora el importe de la consulta, ora el tarjetazo de Sanitas. Como existe el gorrón de abogado, que en la barra del chiringuito de la playa saca por la cara al abogado amiguete un dictamen gratis total sobre la Ley de Arrendamientos Urbanos.
La materia gorronística se ha transformado ahora en gorrón de wifi. El gorrón de wifi es la versión actual del que entraba en un bar y decía: "¿Me deja usted llamar por teléfono?". Y llamaba por teléfono por la cara... a su primo de Oviedo. Han desaparecido los teléfonos públicos de los bares como ya no se ven cabinas por las calles. Me han dicho que ni las coloradas que todos hemos retratado en Londres alguna vez. A cambio, tenemos el wifi gratis total. Los bares ponen ahora letreros diciendo que tienen wifi como antes sacaban pizarras para anunciar con tiza sus calamares a la riojana. Hay establecimientos tan famosos por su wifi como por sus productos, cual los cafés de Starbucks. Antes te recomendaban los amigos:
-- Ve a merendar a la Cafetería Manila. Ponen unas tortitas con nata maravillosas.
Ahora te dicen:-
-- Ve a merendar al Starbucks. Los cruasanes están un poquito duros, pero el wifi es velocísimo, da gusto bajarte las canciones...
Van los jóvenes gorrones de wifi saltando de bar en bar. Pidiendo la contraseña. Que es otro mundo. En un bar de Cádiz me han dicho que tienen una contraseña facilísima y con arte: "cazonenadobo". Otras son de un evidente que tira de espaldas. El 92% de los 325.657 bares y restaurantes que en España se llaman Casa Paco, ¿a que no saben ustedes qué contraseña de wifi tienen? ¡Pues "casapaco"! Los hoteles, los restaurantes, los bares, no son nada sin un buen wifi para gozo de gorrones. A los que fastidian las contraseñas espantosas que traen de origen los rúteres, por ejemplo: "c7bvMXWa85j". Son contraseñas espantagorrones. Para que igual que antes pedían un café y se llevaban los gorrones de velador la tarde entera sentados sin hacer más gasto, los camareros no tengan ahora que quejarse:

-- Cuidado ese tío, que me ha pedido nada más que un café hace dos horas y ya se lleva bajados el muy gorrón quinientos cincuenta megas...

Viagra para señoras - Ánxel Vence

Viagra para señoras - Ánxel Vence

Los americanos, que lo inventan casi todo para que luego lo fabriquen los chinos, han dado en ingeniar ahora una viagra para mujeres. Tras mucho pensarlo, el Gobierno USA acaba de autorizar la venta de unas pastillas -de color rosa, naturalmente- que pondrán a las señoras como motos, si el prospecto no miente. Aunque un poco tarde, esto pone fin a la discriminación que incluso en materia de sexo existía hasta ahora entre varones y féminas.
La necesidad de simplificar que es propia del periodismo ha hecho que se bautice informalmente el producto como "viagra femenina", aunque no se trate de lo mismo. Como se sabe o se intuye, la viagra propiamente dicha no aumenta la excitación del hombre ni mejora el ánimo reproductivo del que, en general, ya van sobrados sus usuarios. Lo que hace es provocar un efecto mecánico de elevación en cierta parte de la anatomía que, de no ser por las pastillitas azules, estaría condenada a no poder ejercer sus altas funciones.
El caso de las damas es diferente. El fármaco que un laboratorio americano presenta ahora bajo el nombre de Addyi no les levantará nada a las señoras, como parece lógico. Su acción terapéutica, por así decirlo, consiste en aumentar el deseo erótico de las mujeres atacadas de desgana que, muy a su pesar, recurren al dolor de cabeza y otras excusas improbables cuando el pariente que tienen en casa se pone pesado.
También el método de aplicación es diferente y algo más engorroso en el caso de las mujeres, que hasta en cuestión de inventos se llevan la peor parte.
A diferencia de la viagra masculina, que es de una sola toma y de efecto más o menos inmediato, la nueva Addyi deberá ser ingerida durante un cierto tiempo de días o semanas antes de que empiece a surtir sus prometedores efectos. Más que un remedio expeditivo para el aquí te pillo, aquí te mato, la pastilla femenina es una especie de tratamiento que exigirá, como cualquier otro, constancia y paciencia en la administración de la pócima.
Nada de eso favorece el romanticismo, desde luego; aunque tampoco es menos verdad que ya no vivimos en los tiempos de Corín Tellado. El best-seller de moda entre el público femenino es en realidad una trilogía que bajo el título "50 sombras de Grey" describe las prácticas de sumisión que un guapo y acaudalado amo concierta con su sumisa esclava. Con tan escaso si bien rompedor argumento, la autora Erika Leonard logró vender treinta millones de ejemplares a la vez que creaba el novedoso género literario del mommy porn (o porno para mamás).
El éxito de Leonard derribó, en cierto modo, el mito de que la pornografía era un género de consumo exclusivamente masculino; pero no solo eso. También puso en cuestión la creencia generalizada de que las mujeres no experimentan los mismos o parecidos deseos que los libidinosos varones.

No es esa la opinión del laboratorio de Estados Unidos que va a poner a la venta -de momento, en América; y pronto aquí- una variante femenina de la viagra destinada a paliar la supuesta tendencia a la frigidez de las señoras. Según vayan las ventas, se sabrá por fin si eran ciertos o una mera excusa los dolores de cabeza nocturnos que tan sospechosamente aquejan a las damas. Estos americanos son el mismísimo demonio.

lunes, 17 de agosto de 2015

El Gorrón de Abogado - Antonio Burgos

El Gorrón de Abogado - Antonio Burgos

CONTINUAMOS, queridos alumnos, nuestro curso de Zoología Sevillana del Mangazo, al que tanto provecho estáis sacando. Según contenidos curriculares para la obtención de créditos de libre configuración, hoy corresponde la lección del Gorrón de Abogado, también dicho Gorrón de Bufete, Este individuo, abundantísimo en Sevilla, no tiene nada que ver con los especímenes explicados en lecciones anteriores. No se trata de pegar el mangazo de copas y medias raciones de jamón, como en el caso del Gorrón de Feria; o de habitaciones en el Alfonso XIII y entradas para los toros, como el Gorrón de Ave; o de una estancia por la cara en una casa de la calle Águila Real, como el Gorrón de Rocío. El Gorrón de Abogado, cuyo nombre científico es Gorronis Jurídicae Consultae Mangantis, se caracteriza porque no obtiene beneficios en especie de copas, tapas, fiestecita flamenca o foto en la página de Pepa Juste, sino bienes inmateriales relacionados con la Ciencia Jurídica.
Para saber el número exacto de Gorrones de Abogados que hay en Sevilla debe determinarse antes el número de letrados, tanto de secano como de regadío, dados de alta en su Ilustre Colegio, y los amigos y conocidos que tienen, según su popularidad, prestigio y fama. Los especialistas en esta modalidad de Gorrón suelen establecer que por cada letrado de este Ilustre Colegio suele haber, por día y como mínimo, un par de Gorrones de Abogado, ora en la modalidad de amigos, ora en la de conocidos, ora en la de señores que les acaban de presentar. El Abogado, por la propia naturaleza de su oficio, hace que cualquier ser de otra especie, apremiado por los problemas jurídicos de la vida cotidiana, se convierta inmediatamente en Gorrón a su cargo. El Abogado, pues, produce «per se» el parasitismo de su correspondiente Gorrón, como el buey, con perdón, suele llevar encalomado en su lomo al espurgabuey. Y pondré un ejemplo práctico, queridos alumnos. En un cóctel de los descritos en clase, a un señor alquilado que tiene un problema con su casero le presentan a un ingeniero aeronáutico. Y no rompe inmediatamente en preguntarle, por la cara y del tirón:
—¿Crees que está bien calculado para los despegues el ángulo de resistencia del alerón del Airbus, o es un Airbus moña que arrastra el alerón?
O le presentan a un biólogo. Y no le dispara a bocajarro:
—¿Tú crees que la biomasa del ribonucleico de la manteca colorá reactiva la fotosíntesis, o la deja más bien fláccida y pendulona?
Por el contrario, ese mismo Gorrón, en cuanto le presentan a un abogado, le suelta:
—¡Hombre, a ti quería yo verte, porque me han dicho que sabes mucho de arrendamientos urbanos! Mira: yo vivo alquilado, se ha roto la máquina del aire acondicionado centralizado del piso y el mamón del casero dice que yo tengo que mandarlo arreglar y que pagarlo. ¿A que no?
Y sin que el letrado recién presentado tenga salida posible, allá que el Gorrón de Abogado le pega el atraco de consulta gratis total sobre el dichoso airecito roto. A un abogado medio conocido, al cabo del día, los siete mil Gorrones que se le acercan le pueden preguntar cómo recurrir una multa de la zona azul, cómo cobrar una factura a uno que no paga ni quemado, cómo protestar por el ruido que arman los del bar de abajo o qué hacer si tu mujer te pone las maletas en la puerta. Hay letrados que, al cabo de la jornada, sacan el lápiz, echan las cuentas y comprueban que los Gorrones de Abogado, con sus consultas por la cara, le han mangado en minutas de veinte mil duros para arriba. Pues tan sufridor es el gremio de Abogados, que ésta es la hora en que ninguno le ha parado los pies a su osado Gorrón y le ha dicho:
—Mira, ésta es mi tarjeta. Llamas a mi secretaria, le pides hora, y con mucho gusto te recibo y me preguntas en el despacho lo que sea, que te responderé con sumo gusto y te presentaré después la minuta, tal como este amigo común acaba de presentarnos, so Gorrón...

Y ni te cuento si el letrado al que se encuentra el Gorrón de Abogado se llama Joaquín Moeckel. Igual que el Papa le ha concedido la Cruz Pro Ecclesia et Pontífice a Moeckel, el Consejo General de la Abogacía Española le dará pronto el Ay Qué Cruz de Gran Sufridor de Gorrones de Abogado. Gorrones entre los que este catedrático, naturalmente, se incluye. Y a mucha honra.

domingo, 9 de agosto de 2015

La radial - Juan José Millás

La radial - Juan José Millás

Un hombre entra en una ferretería y espera su turno. En las ferreterías y en las farmacias siempre hay que esperar, está en el orden de las cosas. Pero mientras aguardas vas de acá para allá, descubriendo herramientas perfiladas como un dibujo a tinta china, examinando objetos de acero tan pulidos como una obsesión, sometiendo al juicio del tacto la funcionalidad del mango de una desbrozadora. La espera, en la ferretería, resulta sufrible, tanto que a veces lamentas que te llegue la vez. Pero llega, como todo en la vida, y entonces has de tomar la decisión. No sé, quiero unos alicates de punta redonda. Lo que sea, da igual. El caso es que al abandonar el establecimiento te detienes aún unos segundos frente a su escaparate, fascinado por esos objetos que tienen algo de prótesis en la medida en la que casi todos, si no todos, están destinados a convertirse en una extensión del cuerpo. La caja de herramientas doméstica no contiene otra cosa que una colección de gadgets que nos quitamos o nos ponemos en función de la tarea a realizar. Quizá también por eso, los escaparates de las ferreterías remiten a un extraño orden moral.

Hace poco, un hombre entró en una ferretería y adquirió una sierra radial. Las sierras radiales las venden con la misma naturalidad que los destornilladores, aunque no debería ser así. No es, moralmente hablando, lo mismo. Las radiales son agresivas incluso cuando están paradas. Yo las he visto en algunas exposiciones, he acercado temeroso mis dedos a sus dientes y se me han puesto los pelos de punta. Llevarse uno de esos trastos a casa es como llevarse un monstruo. Aunque la guardes en el rincón más inaccesible del sótano, es muy probable que por las noches, cuando estés a punto de dormirte, la radial te llame. Qué no darías por sostenerla, encendida, durante unos segundos. Mírala ahí, en el extremo de tu brazo, como una mano de acero capaz de cortar la respiración.

El hombre se llevó la radial a casa, la puso en marcha y cortó con ella los cuellos de sus dos hijas. Ahora anda de cárcel en cárcel, de juzgado en juzgado, protegido por la policía de la ira de la gente. Pero no le han dejado llevarse la radial. Quizá por eso se muestra tan tranquilo.

lunes, 3 de agosto de 2015

Tontos de verano - Antinio Burgos

Tontos de verano - Antinio Burgos

Como los tintos de verano, bebida espumosita y valdepeñística con nombre de chirigota gaditana, los tontos de verano. Son legión. Como las citadísimas bicicletas, los tontos son para el verano. Un tonto, en verano, se ve venir desde más larga distancia que en invierno. El tonto de verano salta más a la vista que el tonto de entretiempo. Si para el invierno consagré la clasificación entomológica de Tonto con Balcones a la Calle, el de verano es un tonto con los balcones abiertos, para que le entre el fresquito. Sin agotar la nómina, he aquí una primera aproximación al Catálogo de Tontos de Verano, que prometo ampliar en próximas entregas con la colaboración siempre impagable de mis lectores:
El tonto de la botella.- Suele ir en pantalones cortos y chancletas, pero se le reconoce por la botella de agua mineral que siempre lleva en la mano. El tonto de la botella ha oído en los consejos médicos para el verano que hay que hidratarse y lo sigue al pie de la letra. Porque el tonto de la botella no bebe: se hidrata. Existe una versión femenina del tonto de la botella, resultado de la obligatoria paridad: la tonta del botellín. En vez de la botella en la mano lleva el botellín de agua mineral dentro del bolso.
El tonto del bronceador.- Este se ha aprendido perfectamente lo del melanoma y menudo coñazo te pega con el peligro del melanoma cuando te ve extenderte el bronceador normal y corriente que te has comprado. Para el tonto del bronceador, el bronceador de toda la vida no es bronceador: es el protector solar, ¡toma ya! Y la bronca te la pega como uses un protector normalito, de factor 5 o así. Como no sea de factor 30 o factor 50, prepárate para la monserga del melanoma que te va a colocar el tonto del bronceador. Y por el contrario, haz la prueba: dile que usas un Protector Pantalla Total, que seguro que te da un homenaje y hasta te canta «El Veranito», la canción en plan León y Quiroga con música de Georgie Dann y letra del Cortinglés.
El tonto de la hoja de reclamaciones.- El tonto de la hoja de reclamaciones se lo pasa mucho mejor en verano que en invierno. En invierno protesta menos. Pero en el verano está en todo lo suyo. Te lo encuentras en el chiringuito, en la agencia de viajes, en la recepción del hotel, en la oficina de alquiler de coches, siempre dando por saco, formando cola de los otros clientes que esperan, hasta que el tío sale con cara de satisfacción tras exigir sus derechos en la hoja de reclamaciones que ha presentado, y que suele ser de un papel con el mismo uso que el Renova o el Scott.
El tonto del refrescante.- Es un tonto exclusivo que tienen para el verano las agencias de publicidad. Derrochan tanta imaginación (¡por aquí, mira cómo se me ha quedado el dedo!) que todo te lo venden como refrescante: la película más refrescante, el programa de televisión más refrescante, la bebida más refrescante, el viaje más refrescante... La que tenéis que refrescar es vuestra imaginación, so tontos.
El tonto con niños en Inglaterra.- He comprobado para qué mandan los niños a Inglaterra estos tontos. No para que estudien inglés, sino para que el tonto con niños en Inglaterra pueda presumir diciéndote que los ha mandado. La antitítesis del tonto con niños en Inglaterra era mi recordado amigo Eduardo Osborne, que decía: «No, yo no mando a los niños a Inglaterra para que aprendan inglés; los mando para que por lo menos aprendan a hablar bajito como los ingleses...»
Tontos de verano, tontos con suplemento de vista al mar. Y eso que no he hablado del que ayer tuvo su día de gloria: el tonto forofo de José Tomás, al que los toros le suelen importar un ca...tálogo de tontos de verano.

Tontos de verano (II) - Antonio Burgos

COMO la cocina de mercado, son tontos de estación. Tan diversos y abundantes, que el otro día se me quedaron tontos en el tintero, más otros que me catalogan los lectores: El tonto de las sardinas.-Presume de que sólo él conoce dónde ponen las mejores sardinas asadas. Se les ve venir, porque nada más que te ven, te espetan (y nunca mejor dicho lo de espetar, por los espetos): «¿A ti te gustan las sardinas?» Y te otorgan el inmenso favor de sus conocimientos: «Pues yo te voy a llevar ahora mismo a un sitio que es donde ponen las mejores sardinas del mundo.»
El tonto que no pisa la playa.— Los tontos que en pleno litoral tienen a gala no pisar la playa son como Carlos Herrera con la Feria de Sevilla, pero de verdad: «Mira, es que como tenemos un apartamento de primera línea tan bueno, me pongo en la terraza con mi butaquita y con mi cervecita y mis tapitas, y como corre esa brisita marinera tan buena, es mucho mejor que bajar a la playa, sin tanta gente, estás allí en la gloria...»
El tonto del crucero.— Lo malo del tonto del crucero es que te lo explica, escala a escala, puerto a puerto. Y lo peor, que te quiere convertir a su fe naval: «Todavía estás a tiempo de hacer un crucero, los están dado baratísimos; a ti te encantaría, y a Carmen tu mujer, ni te cuento, con lo que le gusta a ella un bufé libre...» No te explica en cambio el horror de las manadas de horteras en camiseta sudada que van en esa especie de Benidorm flotante que son los masificados cruceros. (Hay subespecies del tonto del crucero: el tonto del Caribe, el tonto de los fiordos, el tonto de las islas griegas, etc.)
El tonto jacobeo.— Acaba de hacer el Camino de Santiago y, como el del crucero, va y te lo cuenta. Enterito. Día por día. ¡Las ganas que tienes de que el tío llegue a Santiago y le dé por fin el abrazo al Apóstol, con tanta parada y fonda y tanta confraternización con aquellas chicas de Murcia con las que coincidieron y cuya foto te enseña en el móvil, qué tías más feas! Y por supuesto, el proselitismo: «Tenías que hacer el Camino de Santiago, verías cómo venías nuevo...»
El tonto progre del flamenco.— Desde que a Bibiana Aido la enchufaron en la Agencia del Flamenco, el cante ya no es algo reaccionario de los señoritos, sino lo más progre. El tonto progre del flamenco no se pierde un festival, como el otro con Ava Gadner, para contártelo. Con muy mala cara y grandes ojeras, te dice, como perdonándote la vida: «Te perdiste anoche La Cervezá Flamenca de Villavieja. ¡Hasta las 4 de la mañana estuvimos allí escuchando flamenco puro! Mira, hay un chaval nuevo de Jerez que canta por Camarón y que no veas cómo metió el “Gaudeamus Igitur” por fiesta. Y no veas el final, José Mercé cantando con la Banda La Pamplonica el “Riau,riau” por bulerías. Como que donde esté el flamenco de fusión que se quite el flamenco con sifón...»
El tonto del güinsurf.— No sé si son tontos del güinsurf o locos del Levante. En Tarifa son fauna local, están más protegidos que los linces en Doñana y dejan un dinero en el pueblo. El peligro es el tonto del güinsurf en una playa normal, donde no hace viento ni nada, montando en la orilla su tabla como si fuera un sofá de Ikea y dando por saco luego con sus costalazos con la vela, o tratando de salir jalando de la cuerda y molestando a los bañistas. Y cuando salen, como no hay viento, van a la velocidad más ridícula del mundo, vaya mierda de güinsurf. Más que tabla de güinsurf parece que están haciendo tabla de la plancha.

Tontos de verano (III) - Antonio Burgos

El tonto de Sotogrande.- Cualquier español normal veranea en una playa. Y si quieres concertar con él una cita, te dice: "No, que la semana que viene no puedo, estoy en la playa". Bueno, pues el tonto de Sotogrande te suelta: "No, la semana que viene no puedo, estoy en Sotogrande". Los tontos de la Pijolandia de Sotogrande dicen que van a Sotogrande y que están en Sotogrande para que todos sepamos eso, que son tontos de Sotogrande. 
El tonto del diminutivo.- Descubierto por mi leído y admirado Fernando Santiago no en Sotogrande, sino en Cádiz-Cádiz, tras "El Veranito" con música de Georgie Dann y letra de Isidoro Alvarez el del Cortinglés. El tonto del diminutivo no dice playa, cerveza o baño, sino playita, cervecita, bañito, tintito, terracita, tapita, calamarcitos, siestecita...y veranito. Pero no es tontito de veranito: en sencillamente tonto. Sin diminutivo. --
El tonto de la mountanbáik.- La que monta el tonto de la bicicleta de montaña no es bicicleta de montaña, no: es mountanbáik, que mola más. Bicicleta de montaña con la que se dedica a recorrer los tramos de paseo marítimo más planos del muuuuuuuundo. Eso sí, llevando siempre en el cuadro de la máquina un frasco de bebida isotónica, porque no vea usted lo que cansa ir tirando de una absurda y ridícula bicicleta de montaña por el planísimo paseo marítimo. 
El tonto de la manguera.- Echa el verano en bañador y chanclas, manguera en mano, regando la mierda de jardín que tiene en torno al chalé. Es tan tonto (de la manguera) que no piensa en el facturón de agua que le llegará en septiembre. -
El tonto del cortacésped.- Como el de la manguera, pero dale que te pego a la hierba en la birria de parcela que tiene. Nada, una tontería de césped, que el tonto del cortacésped cree que es la hierba del Bernabeu. -
El tonto de la mochila.- Piensa que vacaciones sin mochila son vacaciones perdidas. Va a todas partes con el mochilón a la espalda, como niño de Primaria en primer día de clase. ¿Qué tonterías llevará en la mochila el tonto de la mochila? Que no suele acabar el verano sin comprobar que llevar los objetos de valor a la espalda, en la mochila, es la forma más efectiva para que te los acabe quitando un carterista. 
El tonto catalán.- Es emigrante o descendiente de emigrantes y suele aparecer por su pueblo en agosto, por la feria, no antes, pues en Cataluña son serios, no como aquí. Suele venir con un coche que pasea por todo el pueblo para que veamos lo bien que le va y se sorprenden que tengamos carreteras asfaltadas, además del agravio que supone que las de allí sean de peaje. Al tonto catalán le toca las narices que los parientes que quedaron aquí vivan mejor que él, cuando donde de verdad se trabaja es en Cataluña y no aquí, que no damos ni golpe. Entra en éxtasis cuando nos explica cómo sus hijos hablan catalán perfectamente y van a conseguir puestazos de trabajo en la Yeneralitat gracias a que los catalanes "pata negra" les perdonarán así la vida, aunque sean charnegos. Cuando el tonto catalán te entrega su tarjeta de visita ves que el muy mamón ha puesto: "Josep Antoni Pérez i García". Ah, y a su coche ya le ha colocado el CAT de la matrícula. El CAT de CAT...eto, claro. 

Y les dejo, que me voy... Iba a decir de veraneo, pero no: en realidad me voy a seguir catalogando tontos de verano. ¿No se van otros de safari a África? Pues yo me voy a los baños, de cacería de tontos de verano. Hasta septiembre, pues, un tonto menos: el tonto del Recuadro.

viernes, 31 de julio de 2015

Metamorfosis - Juan Josè Millás

Metamorfosis - Juan Josè Millás

Dice el FMI por la radio que los euros que llevo en el bolsillo son vulnerables. He salido a comprar el periódico, un poco de fruta, pan, leche y unas pastillas para la tensión, además del Orfidal, del que ahorro una pastilla diaria por si decido suicidarme. La cosa es que, cuando reúno la cantidad precisa, o bien no me apetece o bien han caducado las primeras pastillas. Dada la dificultad para conseguir las recetas, el acopio es lento, como ahorrar céntimo a céntimo para un televisor de plasma. Me pregunto si quienes se suicidan con ansiolíticos caducados se mueren con efectos retroactivos. La expresión “efectos retroactivos” viene de mis tiempos de oficinista. Se decía cuando, tras la negociación de un convenio colectivo, se aplicaba la subida desde una época anterior a la firma, lo que implicaba recibir de golpe una cantidad inesperada con la que tapabas agujeros. En fin.

El caso es que voy pagándolo todo moneda a moneda sin que nadie advierta que mi dinero, según el jodido FMI, no vale un duro, el pobre, expuesto como está, por su debilidad, a coger cualquier enfermedad oportunista. En los establecimientos donde pago con billetes, recibo la vuelta con aprensión, como si la calderilla pudiera producirme un eccema. De hecho, me ha empezado a picar la palma de la mano y la yema de los dedos índice y pulgar. De vuelta a casa, me pregunto si lo que el FMI dice del euro se refiere al euro de la clase media, o sirve también para el de las clases altas. Si le hicieran un chequeo, pongamos por caso, a los euros de Lagarde, ¿arrojaría unos resultados clínicos tan preocupantes? Tiene uno la impresión de que los euros de los ricos, cuando están al borde de la asfixia, se metamorfosean en dólares o en lingotes de oro.

miércoles, 29 de julio de 2015

Rodrigo y Mariano, natación sincronizada - David Torres

Rodrigo y Mariano, natación sincronizada - David Torres

Quienes pensaban que iba a hundirse como un chinarro después del batacazo electoral, se sorprendieron al descubrir que el presidente, contra todo pronóstico, flota. Mariano siempre ha puesto en aprietos las leyes de la física, la química, la psicología y la metereología. Parecía que no podría sostenerse solo sin que lo aguantara Angela Merkel desde abajo, igual que lo ha llevado a caballito durante toda la legislatura. Aun así, había varios escoltas en remojo por si le daba por sumergirse y buscar cenotes. No sería la primera vez que un mandamás gallego se pone a bucear en el Umia y emerge luego en Palomares, cuando no en la cubierta del yate de un narco con la espalda untada de crema.
Galicia es tierra mágica, propensa a las meigas, las apariciones y la Santa Compaña. Allí lo mismo te nace una poetisa excelsa que un caudillo genocida, un novelista genial que un lobisome. Es gente acostumbrada al más allá, a las visitas de los muertos a los vivos y viceversa. Muchos gallegos ven The Walking Dead y otras películas de zombis con la misma naturalidad que Los Serrano, Cuéntame o Arriba y abajo, de manera que nadie va a asustarse por tropezar con Mariano retozando en el Umia. Una vez vi un reportaje sobre un chaval -creo que era de un pueblo de Lugo-aficionado a disfrazarse de vampiro y a salir únicamente de noche. Cuando la cosa fue a más, se compró una capa, se limó los colmillos, se peinó estilo Drácula y todas las tardes iba a beber sangre al matadero municipal. Entre sus familiares, amigos y compañeros de colegio, abundaban los encogimientos de hombros, pero su rareza apenas provocaba más que alguna risita o algún murmullo de lástima. Le preguntaron a un encargado del cementerio si le molestaba que aquel chico alto y pálido, vestido de negro de la cabeza a los pies, se pasease entre las tumbas a medianoche. “Pobriño, ¿y por qué me iba a molestar?” replicó el hombre. “Yo soy enterrador, usted periodista, él vampiro. Cada uno es cada uno”.

Y cada dos una piragua. Porque más extraño aun que el presidente flote en un río gallego es que Rodrigo Rato haga equilibrismo naútico en aguas de Mallorca. En la foto que ha dado la vuelta a twitter, se lo ve levitando sobre el mar al estilo de Cristo en el lago Tiberíades. Sólo que Cristo, a pesar de su entrenamiento en teñir vinos, multiplicar peces y reanimar cadáveres, difícilmente hubiera resucitado con tan sólo medio currículum de Rato atado a un tobillo. Se hubiera hundido a plomo entre acciones de Bankia, cuentas falseadas, tarjetas black y demás acusaciones de fraude y alzamiento de bienes. Sin embargo, Rato se limita a patinar sobre las dificultades, como ha hecho siempre. Para colmo, llevaba de remate un bañador amarillo prácticamente translúcido que no sólo le dejaba la popa al descubierto sino que era un guiño al blanqueo de capitales. Cualquier dirigente popular sumergido en un fluido experimenta un empuje electoral hacia arriba directamente proporcional al peso de los sobres desalojados.

jueves, 23 de julio de 2015

Ventajas de la Ley Mordaza - David Torres

Ventajas de la Ley Mordaza - David Torres

Después del sado con pelotas de goma y el fist-fucking con porras de policía, tenía que llegar el bondage de la llamada Ley Mordaza, la escena culmen de ese atropello a la libertad de expresión con el que el PP lleva soñando desde que la gaviota era huevo (el huevo derecho del Caudillo, para ser exactos). Al fin Mariano ha encerrado a la libertad de expresión en una habitación para bailar con ella el último tango en Madrid sin mantequilla. Sin embargo, igual que a Marlon Brando al final le salía el tiro por la culata, la Ley Mordaza podría acabar siendo la mayor contribución del PP a la cultura en cuatro años, si exceptuamos la boda entre Ignacio Wert y su brazo derecho, Montserrat Gomendio, que los apartó a los dos del ministerio.

Las amenazas nunca arruinaron una voz auténtica, si acaso la hicieron entonar mejor y afinar el diccionario. Porque un escritor sabe que el poder, por benévolo que sea, siempre intentará acallarlo, domesticarlo, silenciarlo; por eso, cuanto más pronto se saque la careta, antes empezará la partida. Es mucho mejor la orden directa que la insinuación, el tijeretazo que la colleja. Desde su destierro en la Torre de Juan Abad, Quevedo escribió en su famosa Epístola al Conde Duque de Olivares: “No he de callar por más que con el dedo,/ ya tocando la boca, ya la frente,/ silencio avises o amenaces miedo”. Igual que esos canarios que rompen a cantar cuando el criador les pincha los ojos y los deja ciegos.

En el prólogo a su gran poemario Requiem, Ana Ajmátova cuenta cómo un día de 1935, en la cola de espera frente a la cárcel de Leningrado, se encontró a una mujer que, como tantas otras, llevaba horas soportando el frío para entregar un paquete a los prisioneros. El momento en que llegaban hasta la mesa de los carceleros era terrible: si el paquete no era aceptado, significaba que el destinatario del paquete ya había dejado de existir. La mujer la reconoció y le preguntó en un susurro: “¿Y usted puede escribir sobre esto?” “Sí, puedo” dijo Ajmátova. “Y entonces una sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su rostro”.

Milan Kundera escribió que la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. Es una guerra antigua, que empezó con dibujos en las paredes de las cuevas, siguió con manuscritos y papiros, y continúa ahora por internet en las ramificaciones e hidras de la sátira. Platón ya advirtió sobre los peligros de la poesía y siglos después Fulvia exhibió la cabeza cortada de Cicerón antes de atravesar con sus horquillas de oro aquella lengua sagrada. La mezquina venganza de la aristócrata romana no consiguió otra cosa más que la Historia la recordase como la zorra megalómana que fue. Hoy Fulvia no existe más que en unas líneas despectivas de Plutarco, en un epigrama de Octavio citado por Marcial y en unas cuantas invectivas de las Filípicas ciceronianas. Demasiado tal vez. Unos cuantos chistes, anónimos o no, son probablemente la única inmortalidad que va a conseguir Mariano.

domingo, 28 de junio de 2015

10 amantes ¿es mucho o poco? - Isabel Vicente

10 amantes ¿es mucho o poco? - Isabel Vicente

¿Quién no ha contado alguna vez el número de parejas sexuales que ha tenido a lo largo de su vida? Vale, vale; quienes siguen con la misma pareja desde los 16 años y no han sido infieles lo tienen fácil, pero a tenor de las cifras, son muchos los que cuentan con las dos manos y les faltan dedos.
Los estudios de psicólogos, institutos de sexología y marcas de preservativos consideran, en base a las encuestas, que la media de una mujer europea es de 10 parejas sexuales, aunque no sé si creérmelo porque elevan a 30 esta cifra en el caso de los hombres. Y es que al parecer, las mujeres tendemos a rebajar la realidad y los hombres a aumentarla porque, por mucho que evolucionemos y nos modernicemos, se sigue identificando la promiscuidad como golferío en el caso de la mujer y como hombría en el caso de los varones.
En cualquier caso, a las europeas nos ganan por goleada las asiáticas que, según un estudio de la Sociedad Europea de Ginecología, declaran una media de 14,3 parejas; seguidas por las latinoamericanas, con 12 relaciones; y por las norteamericanas, con 11 parejas de cama a lo largo de su vida, lo que no sé si significa que las europeas somos más contenidas o que tendemos a olvidarnos de algún que otro escarceo de infausto recuerdo.
Según los psicólogos, cuando las mujeres intentamos cuantificar todos nuestros affaires, tendemos a tomarlo con calma recordando nombres y situaciones, mientras que los hombres responden habitualmente a la pregunta de con cuántas mujeres se han acostado dando una cifra aproximada, y no se paran a evocar a aquella chica con la que se liaron un verano en la playa o aquella otra con la que mantuvieron un tórrido encuentro en el asiento trasero del coche e incluso, en muchos casos, no se acuerdan ni del nombre.

A las mujeres esto no nos pasa porque, por lo visto, por muy cutre que sea el encuentro sexual, tendemos como bobas a darle una pátina de romanticismo y, cuando recapitulamos, nos acordamos de Pepito o de Juanito con aquella luna o aquella canción. Eso sí, si nos avergüenza, podemos borrar totalmente de la memoria ese revolcón de diez minutos en el aseo de un bar con aquel impresentable al que ni habríamos mirado de no ser porque Pepito esa noche se lió con otra en nuestras narices. La cuestión es: ¿hay alguna cifra correcta? ¿Tener una única relación para toda la vida es una suerte o te van a tomar por pavisosa? ¿Hay que experimentar antes de hacerse monógamos? ¿Te van a mirar mal si te pasas de la media? Ni idea. Pero, por si las moscas, yo voy a hacer lo mismo que una de mis amigas que siempre responde lo mismo: "Menos que Madonna y más que Santa Teresa".

lunes, 22 de junio de 2015

Pecados de juventud - Isabel Vicente

Pecados de juventud - Isabel Vicente

Uno de mis amigos, de lo más serio, formal y moderado, confesaba el otro día algunas de las burradas que hizo de joven, como la noche en que cinco o seis se pusieron a cantar ante un cuartel de la guardia civil una canción sobre los altos vuelos de Carrero Blanco poco después del atentado. Si entonces alguien hubiera filmado la cancioncita, mi amigo hubiera podido tener problemas por apología del terrorismo o algo así pese a que ni por asomo ha simpatizado jamás con ETA.
Por edad, muchos de mi generación participamos en protestas en la transición y me recuerdo, casi una cría, con unos amigos algo mayores corriendo delante de los "grises", como se llamaba entonces a los antidisturbios. Luego, con veintipocos hice alguna que otra cosilla de la que no me siento orgullosa y ante la que doy gracias por haber disfrutado de mi juventud en una época en la que no había móviles con cámara de fotos y no existían las redes sociales. Como la mayoría de jóvenes, dirán. Claro. ¿Quién no ha cometido algún exceso a esa edad? ¿Quién no se ha llevado sin pagar una pulsera de El Corte Inglés o ha bailado borracho sobre una barra; o ha gritado contra el poder establecido con 18 años sin pararse a pensar si la protesta era legal o ilegal?
Viene este rollo a cuenta de los ataques que está sufriendo el nuevo gobierno de Manuela Carmena en Madrid y concretamente del caso de su portavoz, Rita Maestre, quien en 2011 participó junto a medio centenar de jóvenes, en su mayoría mujeres, en una protesta en la capilla del Campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid, a favor del laicismo y en contra de la Iglesia por la que está imputada por un delito contra los sentimientos religiosos.

Por lo visto, la cosa fue subida de tono, algunas de las protestonas mostraron los pechos y lanzaron consignas de lo más gráficas como "vamos a quemar la Conferencia Episcopal", "el Papa no nos deja comernos las almejas" ; o "contra el Vaticano poder clitoriano". Y ahora es cuando se ha montado el fregado. ¿Debe Rita dimitir o ser destituida por Manuela Carmena? Los contrarios a Podemos creen que sí por estar imputada, y los de Podemos creen que no porque no todas las imputaciones son iguales. Piden ahora la dimisión de la concejala los mismos que justificaban como pecados de juventud que alguno de los suyos apareciera en una vieja foto con el brazo en alto, y la justifican los que, a su vez, exigían la dimisión de los que salen en un vídeo de hace años jaleando a Franco. Ya está bien de hipocresías, más que nada porque a ver quién es el guapo que sale limpio de una exposición pública de todos sus actos de los 17 a los 30.

viernes, 19 de junio de 2015

Neocalorrismo entre rejas - David Torres

Neocalorrismo entre rejas - David Torres

En Uno de los nuestros, una de las grandes películas de Scorsese, los jefes mafiosos se pasaban el día entero en prisión preparando los espagueti de la cena con una atención al detalle que ríete tú de Masterchef. Uno removía durante horas la salsa de tomate, otro iba laminando el ajo con una cuchilla de afeitar, otro iba hirviendo el agua en la olla, y mientras tanto Paul Sorvino le explicaba a Ray Liotta que hacían falta tres clases de carne para amasar las albóndigas. De hecho, la primera vez que iba a la cárcel, antes de cumplir la mayoría de edad, a Ray Liotta los viejos mafiosos le aplaudían y le atizaban pescozones cariñosos, como si fuese a ingresar en la facultad de ciencias aplicadas. O en Tele5.
Entre rejas siempre ha habido clases, porque la justicia podrá ser ciega pero no gilipollas. A finales de los setenta floreció en España el cine calorro, en el que abundaban los elencos con delincuentes auténticos, rateros, ladronzuelos de coches y navajeros de tres al cuarto. En esa cinematografía límite nunca faltaba la escena carcelaria con su escupidera, su bigote lacio, su póster de gasolinera y su calzoncillo con zurraspa. Poco a poco, apenas el país fue despegándose la costra y la losa, empezaron a proliferar los delincuentes de gomina, pedigrí y cuenta corriente, gentuza que tenía el currículum guardado entre los antecedentes penales y, en medio de éstos, un doctorado honoris causa. El calzoncillo aliñado reapareció en un video justo encima del Director General de la Guardia Civil, sentado en un sofá de cuero junto a varias putas, con la nariz a punto de nieve y avisando al cámara que tuviera cuidado, que nunca se sabe dónde acabarán estrenando la película.
En los últimos tiempos el neocalorrismo se ha extendido por la geografía carcelaria hasta el punto de que ningún partido político puede tomarse en serio a no ser que tenga por lo menos dos docenas de imputados, cincuenta sospechosos y al menos un ex ministro alojado entre barrotes. Aunque siempre estuvo muy mal vista, la delincuencia ha acabado por ponerse de moda, lo mismo que el herpes genital o la barriga cervecera. Hoy en día no eres nadie si no conoces a alguien en el trullo y le mandas un mensaje por el móvil para fardar con los amigos.

Como es lógico, las prisiones deben adecuarse al nivel de vida y estar acondicionadas por si un día van a pasar las vacaciones allí gente de alcurnia: un banquero, una tonadillera, un torero, un tesorero o un presidente de la patronal. La Pantoja ha estado un tiempo en Alcalá de Guadaíra , poniendo en cintura a las funcionarias de prisiones hasta el día en que la soltaron y los fans la estaban esperando para sacarla a hombros. Se rumorea que hasta es posible que Ruiz Mateos vaya unos días a Soto del Real, huyendo del calor veraniego. Si el juicio contra Urdangarín sigue adelante, los arquitectos de prisiones van a tener que incluir pistas de balonmano sol y sombra.

martes, 16 de junio de 2015

El regalo de bodas - Juan José Millás

El regalo de bodas - Juan José Millás

Para Cristina de Borbón, la pérdida del ducado (o de un ducado, no sé) debe de ser dolorosa. Cada microcosmos es un mundo. A mí mismo me duelen cosas que nunca creeríais. Pero finalmente se trata de un asunto doméstico que en un país (o un reino) en el que hay tres millones de niños pobres debería tener menos relevancia. Comprendemos no obstante el ruido: para una institución que se manifiesta por sus gestos más que por sus palabras, es un modo de decir: "Mira cómo nos comportamos ante la corrupción". Pues bien, ya lo vemos, muchas gracias, pero despojar a doña Cristina del ducado (o de un ducado) es como si a mí me retiraran el título del bachillerato elemental frente a un pelotón de fusilamiento. Y eso que yo tuve que luchar por él, que entonces incluía un examen de reválida. Para poseer un ducado, en cambio, no tienes que hacer otra cosa que encontrarte en el sitio justo a la hora convenida. La duquesa de Alba, que en paz descanse, disponía de títulos a mansalva sin otro mérito que el de haber nacido. Nacer, en determinados ámbitos, constituye un demérito porque significa una boca más que alimentar. La tómbola de la vida, que decía Marisol.
El ducado de Palma del que disfrutaba (no nos imaginamos cómo) doña Cristina fue un regalo de bodas de su padre. Significa que a la gente común las bodas nos salen por un ojo de la cara, mientras que los reyes no tienen más que abrir el baúl de los títulos y desempolvar uno.
-Te regalo este diploma de duquesa.

¿Eso es regalo? Si me presento yo con un título nobiliario en la boda de una sobrina mía que acaba de casarse, me retira el saludo. Los ricos, como tienen de todo, se regalan y se desregalan cosas simbólicas. Es otro modo de decir que cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas. Lo raro no es eso, lo raro es que a nosotros nos parezca una noticia con la que abrir los periódicos y los telediarios. Se insiste tanto en ello que acaba uno pensando que, en vez de un título nobiliario, le han extirpado el hígado. Y no, el hígado lo tienen todos los miembros de la Casa Real en su sitio y convenientemente forrado. Ahora vendrá el capítulo de los derechos de sucesión.

martes, 9 de junio de 2015

El deporte de ser negro - David Torres

El deporte de ser negro - David Torres

A raíz de que se sentase uno en la Casa Blanca, la policía estadounidense ha detectado que en el país todavía quedan muchísimos negros andando sueltos por las calles. Últimamente se han dedicado a dispararles, golpearlos y acojonarlos con tanta insistencia que da por pensar si no le estarán dedicando cada faena al presidente. Si Obama hubiese sido chino o latino, lo más probable es que el porcentaje de heridos y muertos de esas etnias hubiese batido marcas. No vamos a pensar que el país que vendió una espantosa guerra civil como una cruzada por la abolición de la esclavitud sigue siendo racista hasta los topes. No, es mejor pensar que se trata de un exceso de celo policial, como si tuvieran a Cristina Cifuentes de Delegada del Gobierno en Dallas.
En efecto, cuando Roosevelt, después del ataque a Pearl Harbor, ordenó ingresar a los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos de concentración, lo hizo para protegerles de posibles linchamientos y para que no saliera una filial amarilla del Ku-Klux-Klan. Lo que pasa es que a los funcionarios encargados de su protección se les fue un poco la mano. Detrás de la mano, se les suele ir también la porra, la pistola, la constitución, los derechos civiles, en fin, todo el paquete. Por eso Estados Unidos, el paraíso de las libertades, sigue siendo un país donde ser negro sigue siendo un deporte de riesgo. No te digo nada si eres negro y pobre, entonces pasear por ciertas barriadas blancas es el equivalente a la escalada libre en Yosemite.
La desventaja de los negros respecto a los judíos se ve a simple vista. Cuando Fritz Lang, antes de salir por piernas hacia el exilio, se presentó ante Goebbels, no le cabía la camisa en el cuerpo. Se quedó helado cuando el ministro de Propaganda del Reich le dijo que iba a nombrarle Ario Honorario. Al protestar Lang, avisándole de que era judío, Goebbels replicó: “Yo soy el que decide quién es judío y quién no”. Eso es algo que difícilmente podría decidir con Jesse Owens, con Louis Armstrong o con Marthin Luther King. Por eso, en la amplia historia de Hollywood abundan los productores judíos, los directores católicos y las actrices rubias, pero durante décadas el actor negro más famoso fue un blanco con la cara tiznada y la actriz negra más célebre una esclava gorda que le apretaba el corsé a Vivien Leigh.

También nos habíamos preguntado por qué los negros corren tan bien y nadan tan mal, y este viernes la policía de McKinney, Dallas, nos hizo una demostración práctica. Al parecer había una fiesta de cumpleaños en una piscina y alguien se quejó porque de repente se encontró con demasiados negros que no habían sido invitados. Eric Casebolt, un cabo de la policía, sacó la pistola reglamentaria y los chavales negros salieron corriendo como velocistas natos: ni uno solo se tiró a la piscina. Jack Johnson, el primer campeón negro de los pesos pesados, a quien arrebataron vergonzosamente el título fuera del cuadrilátero por su costumbre de echarse novias blancas y conducir coches caros, resumió bastante bien la situación: “Soy negro, nunca dejasteis que olvidara que soy negro; de acuerdo, soy negro, nunca dejaré que lo olvidéis”.

jueves, 4 de junio de 2015

Felipe VI, rey de Francia - Javier Carballo

Felipe VI, rey de Francia - Javier Carballo

Francia ha recibido a los reyes de España y la visita ha tenido en Francia una notoriedad que en España se ha vuelto silencio y decadencia
Que yo no sé de lo que se trata. Si es frustración, ceguera, impotencia o imbecilidad. Que yo no sé qué pasa, si es el bosque que no vemos de cerca, detenidos ante el tronco de un árbol, o si es la estúpida arrogancia de quien se ha cansado ya de su propia historia, que es como estar saturado de sí mismo. Que yo no sé qué he sentido ayer, pero hablaba la alcaldesa de París, que es una hija de exiliados republicanos, de San Fernando, de Cádiz, y hablaba con un orgullo de España que sólo es posible escucharlo en un discurso en Francia porque aquí ni existe ese sentimiento, ni nadie reivindica ese orgullo de ser, de haber sido, de seguir siendo. Que yo no sé lo que está ocurriendo, pero aquí la noticia es la pitada monumental al Rey, al himno, a España, y hay que cruzar los Pirineos para que sean los franceses, tan suyos, los que se rindan en el homenaje a lo que fuimos, a lo que somos, a lo que podemos ser. España sólo es España cuando se ve desde fuera.  
“Usted es el rostro de esa España joven, reconciliada, que ha pasado la página de sus horas oscuras y que el pueblo de París acoge hoy con los brazos abiertos”, decía la alcaldesa de la capital francesa, Anne Hidalgo, emocionada antes los reyes de España. Y la cuestión es que nadie aquí es capaz ahora de recordar eso mismo, que el rey Felipe VI es la imagen de una España que se ha superado a sí misma, que se ha recompuesto después de una dictadura fascista que duró cuarenta años y que la monarquía que en otros tiempos, durante tantos siglos, supuso tantas cosas, es ahora el símbolo de una sociedad que supo dejar atrás su pasado más sangriento, y más reciente, para poder mirarse a los ojos sin echarse la mano a la cartuchera.
Nadie aquí es capaz de pronunciar ante los Reyes de España un discurso como el de la alcaldesa de París por el miedo a ser tachado como un trasnochado

Qué pena, Anne Hidalgo, alcaldesa de París, porque nadie en España habrá sentido tu emoción, la pasión que le ponías a tus palabras, el peso gordo de quien siente el coraje de alzar la bandera entre los escombros del pasado para seguir adelante, como en esa imagen alegórica de mujer de la república francesa. Hablabas de España y te sentiste en la obligación de matizarte, de contextualizarte, de situarnos a todos. “No sólo lo dice la alcaldesa, sino la republicana educada en el recuerdo de los republicanos; usted, rey Felipe, es, junto a la reina Letizia, el rostro de una España libre y unida, es la razón por la cual vuestra presencia significa tanto para París”. Qué pena, Ana de Cádiz, Anne de París, que nadie en España haya sabido adivinar en el eco de tu voz el lamento de tus abuelos, aquellos republicanos que se fueron humillados, con la única lección aprendida que dan las guerras entre hermanos de sangre. Aquello que dijo Azaña y que nadie aquí recuerda ya: “A otras generaciones, que se acuerden, si alguna vez les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia, con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y escuchen su lección: Paz, Piedad y Perdón”.



Vídeo: Viaje de Estado de los Reyes a Francia

Francia ha recibido a los reyes de España y la visita ha tenido una notoriedad que en España se ha vuelto silencio y decadencia. Los periódicos, todos, que para eso son un termómetro fiel de las miserias de la sociedad, no le han concedido a la visita de los Reyes a Francia, ni a los discursos, más trascendencia que a una visita de los monarcas a un parque público, en fin de semana, para inaugurar unos columpios. La noticia nunca ha tenido trascendencia, porque aquí las portadas sobre España son otras, y siempre hablan de diferencias, de enfrentamientos, de resquemor. Sólo Francia ha entendido que se trataba de otra cosa, que era otra dimensión. Por eso, los reyes de España han sido recibidos en Francia con el protocolo y la pompa que sólo se reserva a los momentos que merecen inscribirse en la historia. La polémica de aquí, la que nos consume el tiempo, pasado y presente, es otra; es la pitada monumental del Nou Camp para abochornar a los Reyes, para escupirle al himno, para avivar el odio, para cimentar con saliva las diferencias.
Francia ha recibido a los reyes de España y la visita ha tenido allí una notoriedad que en España se ha vuelto silencio y decadencia


Que yo no sé de lo que se trata. Si es frustración, ceguera, impotencia o imbecilidad. La cuestión es que en la emoción de española, y republicana, de la alcaldesa de París se ha visto reflejada como nunca la imposibilidad de España para comprenderse a sí misma, para conocerse, aceptarse y avanzar. La cosa es que nadie aquí es capaz de pronunciar ante los Reyes de España un discurso como el de la alcaldesa de la capital francesa, Ana de Cádiz, Anne de París, por el miedo cierto a ser tachado como un peligroso trasnochado. No existe aquí esa “republicana educada en el recuerdo de los republicanos” que habla del pasado sin rencor, con orgullo; que sea capaz de elogiar a España sin complejos; por lo que hemos conseguido, lo que hemos superado. Nadie es capaz de ver en el Rey no una persona, no un heredero, no una circunstancia o un momento, sino un símbolo de nosotros, de aquello que nos une. Mirar más allá, mirar más atrás. Que yo no sé qué he sentido ayer, pero ha tenido que irse Felipe VI a Francia para sentirse Rey de España sin que nadie le silbe. 

martes, 2 de junio de 2015

La feria y la bonita - Rocío González Martínez

La feria y la bonita -,Rccío González Martínez


A estas alturas yo solía estar organizando un viaje a Madrid, eran momentos de presentaciones de libros, de firmas en casetas bajo las inclemencias del tiempo (calor de asfixiarse o lluvias torrenciales) y si no, eran reuniones para nuevos proyectos. Era el momento de gozar de la capital desde las letras y yo disfrutaba como una niña pequeña en la mañana de Reyes.

Lo que yo pude aprender en esos viajes es impagable. Recuerdo conversaciones en las que me dejaban con la boca abierta, sin metáforas, con la literalidad del mentón caído, mientras escuchaba a la vieja guardia del periodismo español. Las comparaciones son odiosas, pero si ahora se venden menos diarios no sólo es por culpa de internet. Las anécdotas de entonces son algo impensable hoy en día

El año pasado, por estas fechas, comenté con una rotundidad incierta: “El año que viene estás firmando “Las Charlas de Nunca”, seguro”, pero no ha podido ser. A las casetas de Madrid les faltan muchos, pero para mí falta alguien, el mejor, el que estará allí arriba sin ningún tipo de prisa, paladeando humo y gin tonics (hasta el cielo tiene un barman rendido a sus pies, seguro), sonriendo de medio lado y con una algarabía femenina alrededor. Lo imagino pensando que eso de morirse no es tan malo si puedes librarte de la promoción del libro.

A mi jefe, Alvite, había un texto que le gustaba especialmente, sé que era su favorito y por eso lo traigo hoy aquí, porque al acordarme de él me ha venido a la memoria Teresa, la bonita.

LA BONITA

Se llamaba Teresa, como su abuela, pero le decían “La Bonita” porque desde que nació lo era, una niña casi perfecta, de ojos grandes y pelo negro que hasta en la pelusa de recién nacida se adivinaba la melena larga, ensortijada y azabache que le flanqueaba hoy la cara. Su madre le dijo siempre que hasta la paraban por la calle para decirle lo guapa que era su niña, y su padre, ay su padre, que tenía el silencio de los hombre de bien siempre tuvo una palabra y una caricia para su Teresa. De eso habían pasado años, ella tenía ahora esa edad indeterminada entre los diecimuchos y treinta y pocos que tienen las mujeres de su raza.

Seguía teniendo unos inmensos ojos que hacían casi inexistente la presencia de la pupila, algo más cansados de mirar y de ver, y siempre subrayados por el negro de su lápiz, compañero de siempre y único atisbo de maquillaje en su rostro. Por las mañanas, agua y jabón, la línea continua de su mirada y el día comenzaba.

“La Bonita” tenía el desparpajo propio de una mujer del sur y una cautivadora palabrería que no sólo conocía de sus mayores, sino que no dudaba en utilizarla. Era desconfiada e inocente a la vez. También era madre de tres niños. Y viuda. Se casó hace muchos años sin más papel que la prueba de un pañuelo ensangrentado y fue feliz hasta el final. Su marido, su gitano, nunca le puso la mano encima, en contra de lo que dicen por ahí, y sólo estuvo en un lugar equivocado a una mala hora y no se pudo hacer más.

Ella sola sacaba ahora a sus niños para adelante, no faltaban a la escuela y nunca hubo nadie que le pusiera la cara colorada porque sus niños fueran sucios, sin las tareas hechas o sin el material. La escasez y las lágrimas sus hijos no la verían, eso sería por encima de su cadáver, me contaba, pero tampoco le daba alas a las locuras que tienen otros chiquillos.

Ella vendía en el puesto de una prima, y algo se llevaba, y el resto era de “arreglitos” que hacía por ahí, no le pregunté y ella se sonrió, “no es de droga, te lo juro, que ví caer a muchos y supe de donde venía lo malo, por bien que se estuviera un tiempo, que no les faltaba de ná, el final era el que era y además -se encogió de hombros- ahora está la cosa mu vigilá”

Yo sabía que su palabra estaba escrita a fuego en un bloque de hielo, porque liarme sabía hacerlo, o lo intentaba, pero la verdad es que pasaba tabaco de contrabando, “destraperlo” y en los tiempo que corren hasta podía entender, justificar y aceptar algo tan inocente como dos cartones de tabaco a la semana.

Se bebió su café, en vaso, negro con mucha azúcar y se puso de pie, “paga tú y otro día te convío yo, voy a hacer unos mandaos y voy a tirar pa la casa, los niños habrán terminado ya los deberes”

La paré sujetándole levemente de la mano, “¿te hace falta algo Bonita?” Suspiró y me dijo, “son tantas cosas las que me hacen falta que si empiezo no termino, pero mientras no me falten dos manos para trabajar y un trabajito que hacer y mis niños tengan salú…gracias morena, yo se que puedo contar contigo y aunque no te lo creas, estos cafelitos me saben a gloria y me dan la vida, así me aireo, no es orgullo, sabes que si le hiciera falta a mis niños pediría hasta en la puerta de la Iglesia, aunque allí no va mucha gente ya…” Sonreía.

Y yo me quedé allí mirando como se iba y como los hombres se volvían a mirarla al verla pasar y ella, entre distraída y coqueta salía canturreando del bar ya lejos de donde estaban sus pies.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El espejo - Antonio Lucas

El espejo - Antonio Lucas

Cuando a un hombre se le rebelan los enanos más por miedo que por autoridad debe pedir los santos óleos porque las traiciones van a hocicarle definitivamente el hígado. El presidente en funciones de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, le ha brindado a Mariano Rajoy un desafío algo macarra y levemente sibilino. Le sugiere al presidente del Gobierno que deje de degradar la pintura negra del PP y que antes de decidir si será candidato a las generales se mire al espejo. El problema es que el de Rajoy es un «espejo atascado», por decirlo a la manera de otro difunto prematuro: José Luis Alvite.
Lo que no ha sabido decir Juan Vicente es que el espejo en el que debe mirarse su partido no es el que da la imagen de su jefe, sino el que ofrece la estampa traficada de un país donde crece el número de familias sin ingresos y donde el porcentaje de menores en situación de pobreza ha aumentado más de tres puntos en un año. Esto es esencialmente mérito suyo y bastaría para que se fuesen todos ustedes a la puta calle, por ejemplo. Para que no vuelvan a hablar del vigor de hacer una España próspera que ya asoma. (Mentira). Para no intentar engañarnos de nuevo con datos tan falsos que al final parecen el garabato de un delirio. En estas elecciones la ciudadanía ha reunido el orgullo necesario para que algo así aún nos importe. Por eso han perdido el 24-M.
La lealtad del espejo tiene mucho de traición, de guillotina puesta en pie, de epitafio vivo y caliente
Todo espejo es un lugar sin garantías. No encierra lo que uno es, sino lo que usted y yo vemos de nosotros mismos en un rato ciego. El espejo que ayer entronizaba al triunfador hoy acusa su cadáver. La lealtad del espejo tiene mucho de traición, de guillotina puesta en pie, de epitafio vivo y caliente. Así que el baranda de Castilla y León le ha enviado a su capitán una navaja barbera de ala dulce y homicida envuelta en un falso oratorio de Braveheart. En todo espejo está la forma de una asusencia, no lo olvides tú tampoco, Juan Vicente.
El PP está en ese proceso terminal en el que un partido convierte en cadáveres sus frecuentes problemas, contaminando el agua que bebe. El cansancio les está enrareciendo las conversaciones y llegará un momento en que los podencos se desangrarán por el mordisco de las liebres. A Rajoy le sucede como a esos hombres a los que el futuro no los contempla entre los suyos e inesperadamente llegan a lo más alto, que siempre quedan en gente de paso.
Desde que el PP se convirtió en el doble de Rajoy el PP se fue hundiendo. Ahora sus propios palmeros apelarán a la necesidad de la patria para sustituirle. Rajoy es un perdedor nato y no está preparado psicológicamente para volver a ganar. Aquellos que le cargaron de razón están ya dando los pasos oportunos para exponer otra nueva verdad por delante, que consiste en contar siempre la misma mentira. La suerte de Rajoy se ha medido por los impulsos autistas de una mayoría absoluta, pero su capacidad de gobernar nunca ha podido explicarse.

El bueno de Juan Vicente, que resulta ser un killer, quiere poner a prueba a Rajoy con el espejo delante sin pararse a pensar que la escena puede dar un resultado catastrófico: el de un hombre con el alma color amianto observando desconcertado su reflejo y advirtiendo al tío que tiene delante de que en España ya no se habla de crisis y que no se admiten preguntas.

martes, 26 de mayo de 2015

Colau: el perroflautismo separatista - Pablo Planas

Colau: el perroflautismo separatista - Pablo Planas

Es de esperar que la señora Colau cumpla todas y cada una de las promesas que le han llevado a convertirse, si no pactan todos contra ella, en alcaldesa de Barcelona. Sigue en pie por el momento el Círculo Ecuestre. Su demolición permitiría ganar un soberbio esquinazo y pedazo de chaflán en la calle Balmes. Eso o que se convierta en la nueva sede de los okupas de Can Vies, cuyo edificio actual está hecho una porquería. Como club canábico tampoco estaría mal, pero seguramente los colegas de la alcaldesa ya lo habrán previsto. Entre tanto, se aprecia tráfico rodado de vehículos de cuatro ruedas en la Diagonal. Se supone que por poco tiempo, ya que la idea es convertir la avenida en un "corredor verde y peatonal".
Todavía hay guiris por las calles, incluso de los que no molestan. No saben que ya no son bienvenidos, que hay instrucciones de cerrar el puerto a los cruceros de lujo y que tendrán que cambiar dólares y euros por la moneda indígena nada más pisar tierra, vengan en barco a vela o en avión a reacción. El plan es acabar con el turismo tradicional en seis meses para adoptar paulatinamente el modelo mochilero, cuyos practicantes acudirán en manadas y masas a la Barcelona prometida, capital de la antiglobalización, papeles para todos y algo de fumar, transporte y alojamiento gratis si llevas rastas y perro pulgoso.
En cuanto a los ejecutivos del congreso de los móviles, las tabletas y los archiperres digitales, que vayan preparando la mudanza y no piensen en Madrid, precisamente. Lo mismo para las grandes superficies comerciales, los hoteles, los bancos y las empresas contaminantes del medio ambiente y la moral revolucionaria.
En la cuestión del orden y la urbanidad también debiera haber grandes cambios y sorprendentes novedades. Para empezar, los guardias urbanos están acojonados por si les obligan a hacer las paces con los okupas y a patrullar a pelo, sin porra pero con gorra. Hay una sección entera, la antidisturbios en concreto, que Colau prometió disolver nada más sentara sus reales posaderas en el trono consistorial. Así que malas noticias, salvo que los agentes sean trasladados al cuerpo de jardineros, menos aventurado sin duda, a cultivar marihuana.
Se podrá pasear en pelotas por la calle, no ceder el paso a las ancianas, salvo a las yayas fumaporros, tocar la flauta a todas horas, impedir el descanso vecinal, orinar en las esquinas y, si se acuerda en asamblea de barrio, quemar las parroquias o el edificio de la Bolsa. Tampoco dista tanto de lo que ya pasa. Por lo demás, se había extendido la creencia de que votar a Colau era votar contra el proceso separatista. Craso error. En realidad, significaba votar en contra de que Mas siga solo o con Junqueras al frente de eso, el procés. Los fans de Colau coreaban "¡Si se puede!", así, en español y como en Madrid, y ella les correspondió con un discurso en catalán sobre el "derecho a decidir".
Aún hoy, oídas las primeras pamplinas de la señora Colau, que ya ha anunciado una reunión con la ANC, se insiste en la carga antiseparatista implícita en el voto al Podemos catalán bajo la teoría de que la alcaldesa no tendrá reparo alguno en pegar fuego a los bancos y regalar los pisos, tal como dice, pero, en cambio, pondrá fin a la tomadura de pelo de Mas, Junqueras y la carajera de la ANC. Pues va a ser que no y que no. Más de uno habrá que la votó por el gusto de contemplar el incendio de Roma mientras los banqueros desfilan hacia el cadalso. Se van a quedar con las ganas. Y si además esos votantes no son nacionalistas, con un palmo de narices y que sigan con cuidado, no vayan a acabar ellos ardiendo en vez de los capitalistas en la Barcelona de Colau. O sea que en vez de un tiro en el pie alguno se ha dado dos por el mismo precio y con un solo voto.

Colau es la izquierda de siempre, la peor, pero viene con el alerón del separatismo de serie. Lo estropearán todo (más) y, tras forrarse, acabarán dándose abrazos con Mas, con Junqueras y con cualquier cretino que abandere las mil y una plataformas independentistas de Cataluña en una típica jornada histórica después de una megasardana separata. Esa será la foto: la institucionalización del perroflautismo separatista. Y encima pondrán más multas.

Adiós a las hipotecas - Ánxel Vence

Adiós a las hipotecas - Ánxel Vence

Devoto como es de la hipoteca este país, no sorprenderá que los barceloneses hayan votado mayormente a Ada Colau, portavoz del movimiento hipotecario, para que gobierne los destinos de la ciudad condal. Y acaso en su día los de España, que todo podría ocurrir.
Más que el sol, las playas, el flamenco o los toros, lo que de verdad caracteriza a los españoles es su relación de amor y odio con la hipoteca. Allá por América, la primera preocupación de los jóvenes es hacerse con un garaje en el que montar empresas como Apple, Microsoft, Google o cualquier otra de las que van surgiendo casi cada día en los valles de California. Mucho más prácticos -y conservadores-, los rapaces de España cifran en la hipoteca necesaria para la adquisición de un piso sus proyectos de futuro. No hay más que ver el éxito obtenido por Colau y muchos otros herederos del movimiento del 15-M en estas últimas elecciones.
Parece lógico que esto ocurra en una España que ha santificado -incluso en la Constitución- el derecho a poseer un hogar. Los cuarteles suelen lucir aquí el lema "Todo por la Patria", pero el letrero que en realidad debiera campear a la puerta de entrada del país sería uno que rezase "Todo por el piso".
Por el piso se hace aquí casi cualquier cosa, mucho antes de que la inminente alcaldesa Colau triunfara con su programa a favor del perdón de las deudas hipotecarias. En tiempos de Franco, que sostuvo su régimen sobre los pilares del pisito y el cochecito, no era improbable que un joven contrajese matrimonio con una anciana a efectos de que él y su novia heredasen la casa de la otra parte contratante. A propósito de esto, Rafael Azcona escribió un guion que le sirvió al italiano Marco Ferreri para rodar su película "El pisito". El filme acumula ya en sus fotogramas más de medio siglo, pero la devoción por la propiedad y su hipoteca adjunta no han variado apenas en España.
Entonces, como ahora, los españoles siguen casándose por el banco, con la hipoteca a modo de sacramento. Donde la Iglesia utilizaba la fórmula: "Lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe", la moderna teología bancaria establece que el matrimonio bendecido por la hipoteca no lo disuelve ni el juzgado. Formalmente se atribuye a un cura, un juez o un concejal la función de desposar a los novios, si bien nadie ignora que el verdadero papel de oficiante de la boda le corresponde al interventor del banco que libera el crédito necesario para la compra del piso
Tal ocurrió, al menos, durante la década dorada del boom del ladrillo, cuando las cajas ofrecían hipotecas de todo a cien para hacerse con una casa en cómodos plazos de veinte, treinta o hasta cincuenta años. Lógicamente tentados por ese dinero fácil y sin exigencia de garantías, muchos ciudadanos aprovecharon los flecos del préstamo para comprar, a mayores, un coche de alta cilindrada o hacer viajes a destinos exóticos que jamás hubieran podido pagarse con su sueldo.

Infelizmente, la crisis dejó colgada del andamio a la banca de las cajas y también a sus deudores, víctimas de un desempleo que les impidió atender al pago de las cuotas. Ese fue el abono de las plataformas de afectados por la hipoteca que ahora van a situar a Ada Colau al frente de la alcaldía de Barcelona. Ya solo falta que la alcaldesa proceda al perdón de las deudas hipotecarias, si es que puede. Otra y más ardua cuestión son los pufos de la hipotecada España.