viernes, 31 de julio de 2015

Metamorfosis - Juan Josè Millás

Metamorfosis - Juan Josè Millás

Dice el FMI por la radio que los euros que llevo en el bolsillo son vulnerables. He salido a comprar el periódico, un poco de fruta, pan, leche y unas pastillas para la tensión, además del Orfidal, del que ahorro una pastilla diaria por si decido suicidarme. La cosa es que, cuando reúno la cantidad precisa, o bien no me apetece o bien han caducado las primeras pastillas. Dada la dificultad para conseguir las recetas, el acopio es lento, como ahorrar céntimo a céntimo para un televisor de plasma. Me pregunto si quienes se suicidan con ansiolíticos caducados se mueren con efectos retroactivos. La expresión “efectos retroactivos” viene de mis tiempos de oficinista. Se decía cuando, tras la negociación de un convenio colectivo, se aplicaba la subida desde una época anterior a la firma, lo que implicaba recibir de golpe una cantidad inesperada con la que tapabas agujeros. En fin.

El caso es que voy pagándolo todo moneda a moneda sin que nadie advierta que mi dinero, según el jodido FMI, no vale un duro, el pobre, expuesto como está, por su debilidad, a coger cualquier enfermedad oportunista. En los establecimientos donde pago con billetes, recibo la vuelta con aprensión, como si la calderilla pudiera producirme un eccema. De hecho, me ha empezado a picar la palma de la mano y la yema de los dedos índice y pulgar. De vuelta a casa, me pregunto si lo que el FMI dice del euro se refiere al euro de la clase media, o sirve también para el de las clases altas. Si le hicieran un chequeo, pongamos por caso, a los euros de Lagarde, ¿arrojaría unos resultados clínicos tan preocupantes? Tiene uno la impresión de que los euros de los ricos, cuando están al borde de la asfixia, se metamorfosean en dólares o en lingotes de oro.

miércoles, 29 de julio de 2015

Rodrigo y Mariano, natación sincronizada - David Torres

Rodrigo y Mariano, natación sincronizada - David Torres

Quienes pensaban que iba a hundirse como un chinarro después del batacazo electoral, se sorprendieron al descubrir que el presidente, contra todo pronóstico, flota. Mariano siempre ha puesto en aprietos las leyes de la física, la química, la psicología y la metereología. Parecía que no podría sostenerse solo sin que lo aguantara Angela Merkel desde abajo, igual que lo ha llevado a caballito durante toda la legislatura. Aun así, había varios escoltas en remojo por si le daba por sumergirse y buscar cenotes. No sería la primera vez que un mandamás gallego se pone a bucear en el Umia y emerge luego en Palomares, cuando no en la cubierta del yate de un narco con la espalda untada de crema.
Galicia es tierra mágica, propensa a las meigas, las apariciones y la Santa Compaña. Allí lo mismo te nace una poetisa excelsa que un caudillo genocida, un novelista genial que un lobisome. Es gente acostumbrada al más allá, a las visitas de los muertos a los vivos y viceversa. Muchos gallegos ven The Walking Dead y otras películas de zombis con la misma naturalidad que Los Serrano, Cuéntame o Arriba y abajo, de manera que nadie va a asustarse por tropezar con Mariano retozando en el Umia. Una vez vi un reportaje sobre un chaval -creo que era de un pueblo de Lugo-aficionado a disfrazarse de vampiro y a salir únicamente de noche. Cuando la cosa fue a más, se compró una capa, se limó los colmillos, se peinó estilo Drácula y todas las tardes iba a beber sangre al matadero municipal. Entre sus familiares, amigos y compañeros de colegio, abundaban los encogimientos de hombros, pero su rareza apenas provocaba más que alguna risita o algún murmullo de lástima. Le preguntaron a un encargado del cementerio si le molestaba que aquel chico alto y pálido, vestido de negro de la cabeza a los pies, se pasease entre las tumbas a medianoche. “Pobriño, ¿y por qué me iba a molestar?” replicó el hombre. “Yo soy enterrador, usted periodista, él vampiro. Cada uno es cada uno”.

Y cada dos una piragua. Porque más extraño aun que el presidente flote en un río gallego es que Rodrigo Rato haga equilibrismo naútico en aguas de Mallorca. En la foto que ha dado la vuelta a twitter, se lo ve levitando sobre el mar al estilo de Cristo en el lago Tiberíades. Sólo que Cristo, a pesar de su entrenamiento en teñir vinos, multiplicar peces y reanimar cadáveres, difícilmente hubiera resucitado con tan sólo medio currículum de Rato atado a un tobillo. Se hubiera hundido a plomo entre acciones de Bankia, cuentas falseadas, tarjetas black y demás acusaciones de fraude y alzamiento de bienes. Sin embargo, Rato se limita a patinar sobre las dificultades, como ha hecho siempre. Para colmo, llevaba de remate un bañador amarillo prácticamente translúcido que no sólo le dejaba la popa al descubierto sino que era un guiño al blanqueo de capitales. Cualquier dirigente popular sumergido en un fluido experimenta un empuje electoral hacia arriba directamente proporcional al peso de los sobres desalojados.

jueves, 23 de julio de 2015

Ventajas de la Ley Mordaza - David Torres

Ventajas de la Ley Mordaza - David Torres

Después del sado con pelotas de goma y el fist-fucking con porras de policía, tenía que llegar el bondage de la llamada Ley Mordaza, la escena culmen de ese atropello a la libertad de expresión con el que el PP lleva soñando desde que la gaviota era huevo (el huevo derecho del Caudillo, para ser exactos). Al fin Mariano ha encerrado a la libertad de expresión en una habitación para bailar con ella el último tango en Madrid sin mantequilla. Sin embargo, igual que a Marlon Brando al final le salía el tiro por la culata, la Ley Mordaza podría acabar siendo la mayor contribución del PP a la cultura en cuatro años, si exceptuamos la boda entre Ignacio Wert y su brazo derecho, Montserrat Gomendio, que los apartó a los dos del ministerio.

Las amenazas nunca arruinaron una voz auténtica, si acaso la hicieron entonar mejor y afinar el diccionario. Porque un escritor sabe que el poder, por benévolo que sea, siempre intentará acallarlo, domesticarlo, silenciarlo; por eso, cuanto más pronto se saque la careta, antes empezará la partida. Es mucho mejor la orden directa que la insinuación, el tijeretazo que la colleja. Desde su destierro en la Torre de Juan Abad, Quevedo escribió en su famosa Epístola al Conde Duque de Olivares: “No he de callar por más que con el dedo,/ ya tocando la boca, ya la frente,/ silencio avises o amenaces miedo”. Igual que esos canarios que rompen a cantar cuando el criador les pincha los ojos y los deja ciegos.

En el prólogo a su gran poemario Requiem, Ana Ajmátova cuenta cómo un día de 1935, en la cola de espera frente a la cárcel de Leningrado, se encontró a una mujer que, como tantas otras, llevaba horas soportando el frío para entregar un paquete a los prisioneros. El momento en que llegaban hasta la mesa de los carceleros era terrible: si el paquete no era aceptado, significaba que el destinatario del paquete ya había dejado de existir. La mujer la reconoció y le preguntó en un susurro: “¿Y usted puede escribir sobre esto?” “Sí, puedo” dijo Ajmátova. “Y entonces una sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su rostro”.

Milan Kundera escribió que la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. Es una guerra antigua, que empezó con dibujos en las paredes de las cuevas, siguió con manuscritos y papiros, y continúa ahora por internet en las ramificaciones e hidras de la sátira. Platón ya advirtió sobre los peligros de la poesía y siglos después Fulvia exhibió la cabeza cortada de Cicerón antes de atravesar con sus horquillas de oro aquella lengua sagrada. La mezquina venganza de la aristócrata romana no consiguió otra cosa más que la Historia la recordase como la zorra megalómana que fue. Hoy Fulvia no existe más que en unas líneas despectivas de Plutarco, en un epigrama de Octavio citado por Marcial y en unas cuantas invectivas de las Filípicas ciceronianas. Demasiado tal vez. Unos cuantos chistes, anónimos o no, son probablemente la única inmortalidad que va a conseguir Mariano.

domingo, 28 de junio de 2015

10 amantes ¿es mucho o poco? - Isabel Vicente

10 amantes ¿es mucho o poco? - Isabel Vicente

¿Quién no ha contado alguna vez el número de parejas sexuales que ha tenido a lo largo de su vida? Vale, vale; quienes siguen con la misma pareja desde los 16 años y no han sido infieles lo tienen fácil, pero a tenor de las cifras, son muchos los que cuentan con las dos manos y les faltan dedos.
Los estudios de psicólogos, institutos de sexología y marcas de preservativos consideran, en base a las encuestas, que la media de una mujer europea es de 10 parejas sexuales, aunque no sé si creérmelo porque elevan a 30 esta cifra en el caso de los hombres. Y es que al parecer, las mujeres tendemos a rebajar la realidad y los hombres a aumentarla porque, por mucho que evolucionemos y nos modernicemos, se sigue identificando la promiscuidad como golferío en el caso de la mujer y como hombría en el caso de los varones.
En cualquier caso, a las europeas nos ganan por goleada las asiáticas que, según un estudio de la Sociedad Europea de Ginecología, declaran una media de 14,3 parejas; seguidas por las latinoamericanas, con 12 relaciones; y por las norteamericanas, con 11 parejas de cama a lo largo de su vida, lo que no sé si significa que las europeas somos más contenidas o que tendemos a olvidarnos de algún que otro escarceo de infausto recuerdo.
Según los psicólogos, cuando las mujeres intentamos cuantificar todos nuestros affaires, tendemos a tomarlo con calma recordando nombres y situaciones, mientras que los hombres responden habitualmente a la pregunta de con cuántas mujeres se han acostado dando una cifra aproximada, y no se paran a evocar a aquella chica con la que se liaron un verano en la playa o aquella otra con la que mantuvieron un tórrido encuentro en el asiento trasero del coche e incluso, en muchos casos, no se acuerdan ni del nombre.

A las mujeres esto no nos pasa porque, por lo visto, por muy cutre que sea el encuentro sexual, tendemos como bobas a darle una pátina de romanticismo y, cuando recapitulamos, nos acordamos de Pepito o de Juanito con aquella luna o aquella canción. Eso sí, si nos avergüenza, podemos borrar totalmente de la memoria ese revolcón de diez minutos en el aseo de un bar con aquel impresentable al que ni habríamos mirado de no ser porque Pepito esa noche se lió con otra en nuestras narices. La cuestión es: ¿hay alguna cifra correcta? ¿Tener una única relación para toda la vida es una suerte o te van a tomar por pavisosa? ¿Hay que experimentar antes de hacerse monógamos? ¿Te van a mirar mal si te pasas de la media? Ni idea. Pero, por si las moscas, yo voy a hacer lo mismo que una de mis amigas que siempre responde lo mismo: "Menos que Madonna y más que Santa Teresa".

lunes, 22 de junio de 2015

Pecados de juventud - Isabel Vicente

Pecados de juventud - Isabel Vicente

Uno de mis amigos, de lo más serio, formal y moderado, confesaba el otro día algunas de las burradas que hizo de joven, como la noche en que cinco o seis se pusieron a cantar ante un cuartel de la guardia civil una canción sobre los altos vuelos de Carrero Blanco poco después del atentado. Si entonces alguien hubiera filmado la cancioncita, mi amigo hubiera podido tener problemas por apología del terrorismo o algo así pese a que ni por asomo ha simpatizado jamás con ETA.
Por edad, muchos de mi generación participamos en protestas en la transición y me recuerdo, casi una cría, con unos amigos algo mayores corriendo delante de los "grises", como se llamaba entonces a los antidisturbios. Luego, con veintipocos hice alguna que otra cosilla de la que no me siento orgullosa y ante la que doy gracias por haber disfrutado de mi juventud en una época en la que no había móviles con cámara de fotos y no existían las redes sociales. Como la mayoría de jóvenes, dirán. Claro. ¿Quién no ha cometido algún exceso a esa edad? ¿Quién no se ha llevado sin pagar una pulsera de El Corte Inglés o ha bailado borracho sobre una barra; o ha gritado contra el poder establecido con 18 años sin pararse a pensar si la protesta era legal o ilegal?
Viene este rollo a cuenta de los ataques que está sufriendo el nuevo gobierno de Manuela Carmena en Madrid y concretamente del caso de su portavoz, Rita Maestre, quien en 2011 participó junto a medio centenar de jóvenes, en su mayoría mujeres, en una protesta en la capilla del Campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid, a favor del laicismo y en contra de la Iglesia por la que está imputada por un delito contra los sentimientos religiosos.

Por lo visto, la cosa fue subida de tono, algunas de las protestonas mostraron los pechos y lanzaron consignas de lo más gráficas como "vamos a quemar la Conferencia Episcopal", "el Papa no nos deja comernos las almejas" ; o "contra el Vaticano poder clitoriano". Y ahora es cuando se ha montado el fregado. ¿Debe Rita dimitir o ser destituida por Manuela Carmena? Los contrarios a Podemos creen que sí por estar imputada, y los de Podemos creen que no porque no todas las imputaciones son iguales. Piden ahora la dimisión de la concejala los mismos que justificaban como pecados de juventud que alguno de los suyos apareciera en una vieja foto con el brazo en alto, y la justifican los que, a su vez, exigían la dimisión de los que salen en un vídeo de hace años jaleando a Franco. Ya está bien de hipocresías, más que nada porque a ver quién es el guapo que sale limpio de una exposición pública de todos sus actos de los 17 a los 30.

viernes, 19 de junio de 2015

Neocalorrismo entre rejas - David Torres

Neocalorrismo entre rejas - David Torres

En Uno de los nuestros, una de las grandes películas de Scorsese, los jefes mafiosos se pasaban el día entero en prisión preparando los espagueti de la cena con una atención al detalle que ríete tú de Masterchef. Uno removía durante horas la salsa de tomate, otro iba laminando el ajo con una cuchilla de afeitar, otro iba hirviendo el agua en la olla, y mientras tanto Paul Sorvino le explicaba a Ray Liotta que hacían falta tres clases de carne para amasar las albóndigas. De hecho, la primera vez que iba a la cárcel, antes de cumplir la mayoría de edad, a Ray Liotta los viejos mafiosos le aplaudían y le atizaban pescozones cariñosos, como si fuese a ingresar en la facultad de ciencias aplicadas. O en Tele5.
Entre rejas siempre ha habido clases, porque la justicia podrá ser ciega pero no gilipollas. A finales de los setenta floreció en España el cine calorro, en el que abundaban los elencos con delincuentes auténticos, rateros, ladronzuelos de coches y navajeros de tres al cuarto. En esa cinematografía límite nunca faltaba la escena carcelaria con su escupidera, su bigote lacio, su póster de gasolinera y su calzoncillo con zurraspa. Poco a poco, apenas el país fue despegándose la costra y la losa, empezaron a proliferar los delincuentes de gomina, pedigrí y cuenta corriente, gentuza que tenía el currículum guardado entre los antecedentes penales y, en medio de éstos, un doctorado honoris causa. El calzoncillo aliñado reapareció en un video justo encima del Director General de la Guardia Civil, sentado en un sofá de cuero junto a varias putas, con la nariz a punto de nieve y avisando al cámara que tuviera cuidado, que nunca se sabe dónde acabarán estrenando la película.
En los últimos tiempos el neocalorrismo se ha extendido por la geografía carcelaria hasta el punto de que ningún partido político puede tomarse en serio a no ser que tenga por lo menos dos docenas de imputados, cincuenta sospechosos y al menos un ex ministro alojado entre barrotes. Aunque siempre estuvo muy mal vista, la delincuencia ha acabado por ponerse de moda, lo mismo que el herpes genital o la barriga cervecera. Hoy en día no eres nadie si no conoces a alguien en el trullo y le mandas un mensaje por el móvil para fardar con los amigos.

Como es lógico, las prisiones deben adecuarse al nivel de vida y estar acondicionadas por si un día van a pasar las vacaciones allí gente de alcurnia: un banquero, una tonadillera, un torero, un tesorero o un presidente de la patronal. La Pantoja ha estado un tiempo en Alcalá de Guadaíra , poniendo en cintura a las funcionarias de prisiones hasta el día en que la soltaron y los fans la estaban esperando para sacarla a hombros. Se rumorea que hasta es posible que Ruiz Mateos vaya unos días a Soto del Real, huyendo del calor veraniego. Si el juicio contra Urdangarín sigue adelante, los arquitectos de prisiones van a tener que incluir pistas de balonmano sol y sombra.

martes, 16 de junio de 2015

El regalo de bodas - Juan José Millás

El regalo de bodas - Juan José Millás

Para Cristina de Borbón, la pérdida del ducado (o de un ducado, no sé) debe de ser dolorosa. Cada microcosmos es un mundo. A mí mismo me duelen cosas que nunca creeríais. Pero finalmente se trata de un asunto doméstico que en un país (o un reino) en el que hay tres millones de niños pobres debería tener menos relevancia. Comprendemos no obstante el ruido: para una institución que se manifiesta por sus gestos más que por sus palabras, es un modo de decir: "Mira cómo nos comportamos ante la corrupción". Pues bien, ya lo vemos, muchas gracias, pero despojar a doña Cristina del ducado (o de un ducado) es como si a mí me retiraran el título del bachillerato elemental frente a un pelotón de fusilamiento. Y eso que yo tuve que luchar por él, que entonces incluía un examen de reválida. Para poseer un ducado, en cambio, no tienes que hacer otra cosa que encontrarte en el sitio justo a la hora convenida. La duquesa de Alba, que en paz descanse, disponía de títulos a mansalva sin otro mérito que el de haber nacido. Nacer, en determinados ámbitos, constituye un demérito porque significa una boca más que alimentar. La tómbola de la vida, que decía Marisol.
El ducado de Palma del que disfrutaba (no nos imaginamos cómo) doña Cristina fue un regalo de bodas de su padre. Significa que a la gente común las bodas nos salen por un ojo de la cara, mientras que los reyes no tienen más que abrir el baúl de los títulos y desempolvar uno.
-Te regalo este diploma de duquesa.

¿Eso es regalo? Si me presento yo con un título nobiliario en la boda de una sobrina mía que acaba de casarse, me retira el saludo. Los ricos, como tienen de todo, se regalan y se desregalan cosas simbólicas. Es otro modo de decir que cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas. Lo raro no es eso, lo raro es que a nosotros nos parezca una noticia con la que abrir los periódicos y los telediarios. Se insiste tanto en ello que acaba uno pensando que, en vez de un título nobiliario, le han extirpado el hígado. Y no, el hígado lo tienen todos los miembros de la Casa Real en su sitio y convenientemente forrado. Ahora vendrá el capítulo de los derechos de sucesión.

martes, 9 de junio de 2015

El deporte de ser negro - David Torres

El deporte de ser negro - David Torres

A raíz de que se sentase uno en la Casa Blanca, la policía estadounidense ha detectado que en el país todavía quedan muchísimos negros andando sueltos por las calles. Últimamente se han dedicado a dispararles, golpearlos y acojonarlos con tanta insistencia que da por pensar si no le estarán dedicando cada faena al presidente. Si Obama hubiese sido chino o latino, lo más probable es que el porcentaje de heridos y muertos de esas etnias hubiese batido marcas. No vamos a pensar que el país que vendió una espantosa guerra civil como una cruzada por la abolición de la esclavitud sigue siendo racista hasta los topes. No, es mejor pensar que se trata de un exceso de celo policial, como si tuvieran a Cristina Cifuentes de Delegada del Gobierno en Dallas.
En efecto, cuando Roosevelt, después del ataque a Pearl Harbor, ordenó ingresar a los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos de concentración, lo hizo para protegerles de posibles linchamientos y para que no saliera una filial amarilla del Ku-Klux-Klan. Lo que pasa es que a los funcionarios encargados de su protección se les fue un poco la mano. Detrás de la mano, se les suele ir también la porra, la pistola, la constitución, los derechos civiles, en fin, todo el paquete. Por eso Estados Unidos, el paraíso de las libertades, sigue siendo un país donde ser negro sigue siendo un deporte de riesgo. No te digo nada si eres negro y pobre, entonces pasear por ciertas barriadas blancas es el equivalente a la escalada libre en Yosemite.
La desventaja de los negros respecto a los judíos se ve a simple vista. Cuando Fritz Lang, antes de salir por piernas hacia el exilio, se presentó ante Goebbels, no le cabía la camisa en el cuerpo. Se quedó helado cuando el ministro de Propaganda del Reich le dijo que iba a nombrarle Ario Honorario. Al protestar Lang, avisándole de que era judío, Goebbels replicó: “Yo soy el que decide quién es judío y quién no”. Eso es algo que difícilmente podría decidir con Jesse Owens, con Louis Armstrong o con Marthin Luther King. Por eso, en la amplia historia de Hollywood abundan los productores judíos, los directores católicos y las actrices rubias, pero durante décadas el actor negro más famoso fue un blanco con la cara tiznada y la actriz negra más célebre una esclava gorda que le apretaba el corsé a Vivien Leigh.

También nos habíamos preguntado por qué los negros corren tan bien y nadan tan mal, y este viernes la policía de McKinney, Dallas, nos hizo una demostración práctica. Al parecer había una fiesta de cumpleaños en una piscina y alguien se quejó porque de repente se encontró con demasiados negros que no habían sido invitados. Eric Casebolt, un cabo de la policía, sacó la pistola reglamentaria y los chavales negros salieron corriendo como velocistas natos: ni uno solo se tiró a la piscina. Jack Johnson, el primer campeón negro de los pesos pesados, a quien arrebataron vergonzosamente el título fuera del cuadrilátero por su costumbre de echarse novias blancas y conducir coches caros, resumió bastante bien la situación: “Soy negro, nunca dejasteis que olvidara que soy negro; de acuerdo, soy negro, nunca dejaré que lo olvidéis”.

jueves, 4 de junio de 2015

Felipe VI, rey de Francia - Javier Carballo

Felipe VI, rey de Francia - Javier Carballo

Francia ha recibido a los reyes de España y la visita ha tenido en Francia una notoriedad que en España se ha vuelto silencio y decadencia
Que yo no sé de lo que se trata. Si es frustración, ceguera, impotencia o imbecilidad. Que yo no sé qué pasa, si es el bosque que no vemos de cerca, detenidos ante el tronco de un árbol, o si es la estúpida arrogancia de quien se ha cansado ya de su propia historia, que es como estar saturado de sí mismo. Que yo no sé qué he sentido ayer, pero hablaba la alcaldesa de París, que es una hija de exiliados republicanos, de San Fernando, de Cádiz, y hablaba con un orgullo de España que sólo es posible escucharlo en un discurso en Francia porque aquí ni existe ese sentimiento, ni nadie reivindica ese orgullo de ser, de haber sido, de seguir siendo. Que yo no sé lo que está ocurriendo, pero aquí la noticia es la pitada monumental al Rey, al himno, a España, y hay que cruzar los Pirineos para que sean los franceses, tan suyos, los que se rindan en el homenaje a lo que fuimos, a lo que somos, a lo que podemos ser. España sólo es España cuando se ve desde fuera.  
“Usted es el rostro de esa España joven, reconciliada, que ha pasado la página de sus horas oscuras y que el pueblo de París acoge hoy con los brazos abiertos”, decía la alcaldesa de la capital francesa, Anne Hidalgo, emocionada antes los reyes de España. Y la cuestión es que nadie aquí es capaz ahora de recordar eso mismo, que el rey Felipe VI es la imagen de una España que se ha superado a sí misma, que se ha recompuesto después de una dictadura fascista que duró cuarenta años y que la monarquía que en otros tiempos, durante tantos siglos, supuso tantas cosas, es ahora el símbolo de una sociedad que supo dejar atrás su pasado más sangriento, y más reciente, para poder mirarse a los ojos sin echarse la mano a la cartuchera.
Nadie aquí es capaz de pronunciar ante los Reyes de España un discurso como el de la alcaldesa de París por el miedo a ser tachado como un trasnochado

Qué pena, Anne Hidalgo, alcaldesa de París, porque nadie en España habrá sentido tu emoción, la pasión que le ponías a tus palabras, el peso gordo de quien siente el coraje de alzar la bandera entre los escombros del pasado para seguir adelante, como en esa imagen alegórica de mujer de la república francesa. Hablabas de España y te sentiste en la obligación de matizarte, de contextualizarte, de situarnos a todos. “No sólo lo dice la alcaldesa, sino la republicana educada en el recuerdo de los republicanos; usted, rey Felipe, es, junto a la reina Letizia, el rostro de una España libre y unida, es la razón por la cual vuestra presencia significa tanto para París”. Qué pena, Ana de Cádiz, Anne de París, que nadie en España haya sabido adivinar en el eco de tu voz el lamento de tus abuelos, aquellos republicanos que se fueron humillados, con la única lección aprendida que dan las guerras entre hermanos de sangre. Aquello que dijo Azaña y que nadie aquí recuerda ya: “A otras generaciones, que se acuerden, si alguna vez les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia, con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y escuchen su lección: Paz, Piedad y Perdón”.



Vídeo: Viaje de Estado de los Reyes a Francia

Francia ha recibido a los reyes de España y la visita ha tenido una notoriedad que en España se ha vuelto silencio y decadencia. Los periódicos, todos, que para eso son un termómetro fiel de las miserias de la sociedad, no le han concedido a la visita de los Reyes a Francia, ni a los discursos, más trascendencia que a una visita de los monarcas a un parque público, en fin de semana, para inaugurar unos columpios. La noticia nunca ha tenido trascendencia, porque aquí las portadas sobre España son otras, y siempre hablan de diferencias, de enfrentamientos, de resquemor. Sólo Francia ha entendido que se trataba de otra cosa, que era otra dimensión. Por eso, los reyes de España han sido recibidos en Francia con el protocolo y la pompa que sólo se reserva a los momentos que merecen inscribirse en la historia. La polémica de aquí, la que nos consume el tiempo, pasado y presente, es otra; es la pitada monumental del Nou Camp para abochornar a los Reyes, para escupirle al himno, para avivar el odio, para cimentar con saliva las diferencias.
Francia ha recibido a los reyes de España y la visita ha tenido allí una notoriedad que en España se ha vuelto silencio y decadencia


Que yo no sé de lo que se trata. Si es frustración, ceguera, impotencia o imbecilidad. La cuestión es que en la emoción de española, y republicana, de la alcaldesa de París se ha visto reflejada como nunca la imposibilidad de España para comprenderse a sí misma, para conocerse, aceptarse y avanzar. La cosa es que nadie aquí es capaz de pronunciar ante los Reyes de España un discurso como el de la alcaldesa de la capital francesa, Ana de Cádiz, Anne de París, por el miedo cierto a ser tachado como un peligroso trasnochado. No existe aquí esa “republicana educada en el recuerdo de los republicanos” que habla del pasado sin rencor, con orgullo; que sea capaz de elogiar a España sin complejos; por lo que hemos conseguido, lo que hemos superado. Nadie es capaz de ver en el Rey no una persona, no un heredero, no una circunstancia o un momento, sino un símbolo de nosotros, de aquello que nos une. Mirar más allá, mirar más atrás. Que yo no sé qué he sentido ayer, pero ha tenido que irse Felipe VI a Francia para sentirse Rey de España sin que nadie le silbe. 

martes, 2 de junio de 2015

La feria y la bonita - Rocío González Martínez

La feria y la bonita -,Rccío González Martínez


A estas alturas yo solía estar organizando un viaje a Madrid, eran momentos de presentaciones de libros, de firmas en casetas bajo las inclemencias del tiempo (calor de asfixiarse o lluvias torrenciales) y si no, eran reuniones para nuevos proyectos. Era el momento de gozar de la capital desde las letras y yo disfrutaba como una niña pequeña en la mañana de Reyes.

Lo que yo pude aprender en esos viajes es impagable. Recuerdo conversaciones en las que me dejaban con la boca abierta, sin metáforas, con la literalidad del mentón caído, mientras escuchaba a la vieja guardia del periodismo español. Las comparaciones son odiosas, pero si ahora se venden menos diarios no sólo es por culpa de internet. Las anécdotas de entonces son algo impensable hoy en día

El año pasado, por estas fechas, comenté con una rotundidad incierta: “El año que viene estás firmando “Las Charlas de Nunca”, seguro”, pero no ha podido ser. A las casetas de Madrid les faltan muchos, pero para mí falta alguien, el mejor, el que estará allí arriba sin ningún tipo de prisa, paladeando humo y gin tonics (hasta el cielo tiene un barman rendido a sus pies, seguro), sonriendo de medio lado y con una algarabía femenina alrededor. Lo imagino pensando que eso de morirse no es tan malo si puedes librarte de la promoción del libro.

A mi jefe, Alvite, había un texto que le gustaba especialmente, sé que era su favorito y por eso lo traigo hoy aquí, porque al acordarme de él me ha venido a la memoria Teresa, la bonita.

LA BONITA

Se llamaba Teresa, como su abuela, pero le decían “La Bonita” porque desde que nació lo era, una niña casi perfecta, de ojos grandes y pelo negro que hasta en la pelusa de recién nacida se adivinaba la melena larga, ensortijada y azabache que le flanqueaba hoy la cara. Su madre le dijo siempre que hasta la paraban por la calle para decirle lo guapa que era su niña, y su padre, ay su padre, que tenía el silencio de los hombre de bien siempre tuvo una palabra y una caricia para su Teresa. De eso habían pasado años, ella tenía ahora esa edad indeterminada entre los diecimuchos y treinta y pocos que tienen las mujeres de su raza.

Seguía teniendo unos inmensos ojos que hacían casi inexistente la presencia de la pupila, algo más cansados de mirar y de ver, y siempre subrayados por el negro de su lápiz, compañero de siempre y único atisbo de maquillaje en su rostro. Por las mañanas, agua y jabón, la línea continua de su mirada y el día comenzaba.

“La Bonita” tenía el desparpajo propio de una mujer del sur y una cautivadora palabrería que no sólo conocía de sus mayores, sino que no dudaba en utilizarla. Era desconfiada e inocente a la vez. También era madre de tres niños. Y viuda. Se casó hace muchos años sin más papel que la prueba de un pañuelo ensangrentado y fue feliz hasta el final. Su marido, su gitano, nunca le puso la mano encima, en contra de lo que dicen por ahí, y sólo estuvo en un lugar equivocado a una mala hora y no se pudo hacer más.

Ella sola sacaba ahora a sus niños para adelante, no faltaban a la escuela y nunca hubo nadie que le pusiera la cara colorada porque sus niños fueran sucios, sin las tareas hechas o sin el material. La escasez y las lágrimas sus hijos no la verían, eso sería por encima de su cadáver, me contaba, pero tampoco le daba alas a las locuras que tienen otros chiquillos.

Ella vendía en el puesto de una prima, y algo se llevaba, y el resto era de “arreglitos” que hacía por ahí, no le pregunté y ella se sonrió, “no es de droga, te lo juro, que ví caer a muchos y supe de donde venía lo malo, por bien que se estuviera un tiempo, que no les faltaba de ná, el final era el que era y además -se encogió de hombros- ahora está la cosa mu vigilá”

Yo sabía que su palabra estaba escrita a fuego en un bloque de hielo, porque liarme sabía hacerlo, o lo intentaba, pero la verdad es que pasaba tabaco de contrabando, “destraperlo” y en los tiempo que corren hasta podía entender, justificar y aceptar algo tan inocente como dos cartones de tabaco a la semana.

Se bebió su café, en vaso, negro con mucha azúcar y se puso de pie, “paga tú y otro día te convío yo, voy a hacer unos mandaos y voy a tirar pa la casa, los niños habrán terminado ya los deberes”

La paré sujetándole levemente de la mano, “¿te hace falta algo Bonita?” Suspiró y me dijo, “son tantas cosas las que me hacen falta que si empiezo no termino, pero mientras no me falten dos manos para trabajar y un trabajito que hacer y mis niños tengan salú…gracias morena, yo se que puedo contar contigo y aunque no te lo creas, estos cafelitos me saben a gloria y me dan la vida, así me aireo, no es orgullo, sabes que si le hiciera falta a mis niños pediría hasta en la puerta de la Iglesia, aunque allí no va mucha gente ya…” Sonreía.

Y yo me quedé allí mirando como se iba y como los hombres se volvían a mirarla al verla pasar y ella, entre distraída y coqueta salía canturreando del bar ya lejos de donde estaban sus pies.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El espejo - Antonio Lucas

El espejo - Antonio Lucas

Cuando a un hombre se le rebelan los enanos más por miedo que por autoridad debe pedir los santos óleos porque las traiciones van a hocicarle definitivamente el hígado. El presidente en funciones de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, le ha brindado a Mariano Rajoy un desafío algo macarra y levemente sibilino. Le sugiere al presidente del Gobierno que deje de degradar la pintura negra del PP y que antes de decidir si será candidato a las generales se mire al espejo. El problema es que el de Rajoy es un «espejo atascado», por decirlo a la manera de otro difunto prematuro: José Luis Alvite.
Lo que no ha sabido decir Juan Vicente es que el espejo en el que debe mirarse su partido no es el que da la imagen de su jefe, sino el que ofrece la estampa traficada de un país donde crece el número de familias sin ingresos y donde el porcentaje de menores en situación de pobreza ha aumentado más de tres puntos en un año. Esto es esencialmente mérito suyo y bastaría para que se fuesen todos ustedes a la puta calle, por ejemplo. Para que no vuelvan a hablar del vigor de hacer una España próspera que ya asoma. (Mentira). Para no intentar engañarnos de nuevo con datos tan falsos que al final parecen el garabato de un delirio. En estas elecciones la ciudadanía ha reunido el orgullo necesario para que algo así aún nos importe. Por eso han perdido el 24-M.
La lealtad del espejo tiene mucho de traición, de guillotina puesta en pie, de epitafio vivo y caliente
Todo espejo es un lugar sin garantías. No encierra lo que uno es, sino lo que usted y yo vemos de nosotros mismos en un rato ciego. El espejo que ayer entronizaba al triunfador hoy acusa su cadáver. La lealtad del espejo tiene mucho de traición, de guillotina puesta en pie, de epitafio vivo y caliente. Así que el baranda de Castilla y León le ha enviado a su capitán una navaja barbera de ala dulce y homicida envuelta en un falso oratorio de Braveheart. En todo espejo está la forma de una asusencia, no lo olvides tú tampoco, Juan Vicente.
El PP está en ese proceso terminal en el que un partido convierte en cadáveres sus frecuentes problemas, contaminando el agua que bebe. El cansancio les está enrareciendo las conversaciones y llegará un momento en que los podencos se desangrarán por el mordisco de las liebres. A Rajoy le sucede como a esos hombres a los que el futuro no los contempla entre los suyos e inesperadamente llegan a lo más alto, que siempre quedan en gente de paso.
Desde que el PP se convirtió en el doble de Rajoy el PP se fue hundiendo. Ahora sus propios palmeros apelarán a la necesidad de la patria para sustituirle. Rajoy es un perdedor nato y no está preparado psicológicamente para volver a ganar. Aquellos que le cargaron de razón están ya dando los pasos oportunos para exponer otra nueva verdad por delante, que consiste en contar siempre la misma mentira. La suerte de Rajoy se ha medido por los impulsos autistas de una mayoría absoluta, pero su capacidad de gobernar nunca ha podido explicarse.

El bueno de Juan Vicente, que resulta ser un killer, quiere poner a prueba a Rajoy con el espejo delante sin pararse a pensar que la escena puede dar un resultado catastrófico: el de un hombre con el alma color amianto observando desconcertado su reflejo y advirtiendo al tío que tiene delante de que en España ya no se habla de crisis y que no se admiten preguntas.

martes, 26 de mayo de 2015

Colau: el perroflautismo separatista - Pablo Planas

Colau: el perroflautismo separatista - Pablo Planas

Es de esperar que la señora Colau cumpla todas y cada una de las promesas que le han llevado a convertirse, si no pactan todos contra ella, en alcaldesa de Barcelona. Sigue en pie por el momento el Círculo Ecuestre. Su demolición permitiría ganar un soberbio esquinazo y pedazo de chaflán en la calle Balmes. Eso o que se convierta en la nueva sede de los okupas de Can Vies, cuyo edificio actual está hecho una porquería. Como club canábico tampoco estaría mal, pero seguramente los colegas de la alcaldesa ya lo habrán previsto. Entre tanto, se aprecia tráfico rodado de vehículos de cuatro ruedas en la Diagonal. Se supone que por poco tiempo, ya que la idea es convertir la avenida en un "corredor verde y peatonal".
Todavía hay guiris por las calles, incluso de los que no molestan. No saben que ya no son bienvenidos, que hay instrucciones de cerrar el puerto a los cruceros de lujo y que tendrán que cambiar dólares y euros por la moneda indígena nada más pisar tierra, vengan en barco a vela o en avión a reacción. El plan es acabar con el turismo tradicional en seis meses para adoptar paulatinamente el modelo mochilero, cuyos practicantes acudirán en manadas y masas a la Barcelona prometida, capital de la antiglobalización, papeles para todos y algo de fumar, transporte y alojamiento gratis si llevas rastas y perro pulgoso.
En cuanto a los ejecutivos del congreso de los móviles, las tabletas y los archiperres digitales, que vayan preparando la mudanza y no piensen en Madrid, precisamente. Lo mismo para las grandes superficies comerciales, los hoteles, los bancos y las empresas contaminantes del medio ambiente y la moral revolucionaria.
En la cuestión del orden y la urbanidad también debiera haber grandes cambios y sorprendentes novedades. Para empezar, los guardias urbanos están acojonados por si les obligan a hacer las paces con los okupas y a patrullar a pelo, sin porra pero con gorra. Hay una sección entera, la antidisturbios en concreto, que Colau prometió disolver nada más sentara sus reales posaderas en el trono consistorial. Así que malas noticias, salvo que los agentes sean trasladados al cuerpo de jardineros, menos aventurado sin duda, a cultivar marihuana.
Se podrá pasear en pelotas por la calle, no ceder el paso a las ancianas, salvo a las yayas fumaporros, tocar la flauta a todas horas, impedir el descanso vecinal, orinar en las esquinas y, si se acuerda en asamblea de barrio, quemar las parroquias o el edificio de la Bolsa. Tampoco dista tanto de lo que ya pasa. Por lo demás, se había extendido la creencia de que votar a Colau era votar contra el proceso separatista. Craso error. En realidad, significaba votar en contra de que Mas siga solo o con Junqueras al frente de eso, el procés. Los fans de Colau coreaban "¡Si se puede!", así, en español y como en Madrid, y ella les correspondió con un discurso en catalán sobre el "derecho a decidir".
Aún hoy, oídas las primeras pamplinas de la señora Colau, que ya ha anunciado una reunión con la ANC, se insiste en la carga antiseparatista implícita en el voto al Podemos catalán bajo la teoría de que la alcaldesa no tendrá reparo alguno en pegar fuego a los bancos y regalar los pisos, tal como dice, pero, en cambio, pondrá fin a la tomadura de pelo de Mas, Junqueras y la carajera de la ANC. Pues va a ser que no y que no. Más de uno habrá que la votó por el gusto de contemplar el incendio de Roma mientras los banqueros desfilan hacia el cadalso. Se van a quedar con las ganas. Y si además esos votantes no son nacionalistas, con un palmo de narices y que sigan con cuidado, no vayan a acabar ellos ardiendo en vez de los capitalistas en la Barcelona de Colau. O sea que en vez de un tiro en el pie alguno se ha dado dos por el mismo precio y con un solo voto.

Colau es la izquierda de siempre, la peor, pero viene con el alerón del separatismo de serie. Lo estropearán todo (más) y, tras forrarse, acabarán dándose abrazos con Mas, con Junqueras y con cualquier cretino que abandere las mil y una plataformas independentistas de Cataluña en una típica jornada histórica después de una megasardana separata. Esa será la foto: la institucionalización del perroflautismo separatista. Y encima pondrán más multas.

Adiós a las hipotecas - Ánxel Vence

Adiós a las hipotecas - Ánxel Vence

Devoto como es de la hipoteca este país, no sorprenderá que los barceloneses hayan votado mayormente a Ada Colau, portavoz del movimiento hipotecario, para que gobierne los destinos de la ciudad condal. Y acaso en su día los de España, que todo podría ocurrir.
Más que el sol, las playas, el flamenco o los toros, lo que de verdad caracteriza a los españoles es su relación de amor y odio con la hipoteca. Allá por América, la primera preocupación de los jóvenes es hacerse con un garaje en el que montar empresas como Apple, Microsoft, Google o cualquier otra de las que van surgiendo casi cada día en los valles de California. Mucho más prácticos -y conservadores-, los rapaces de España cifran en la hipoteca necesaria para la adquisición de un piso sus proyectos de futuro. No hay más que ver el éxito obtenido por Colau y muchos otros herederos del movimiento del 15-M en estas últimas elecciones.
Parece lógico que esto ocurra en una España que ha santificado -incluso en la Constitución- el derecho a poseer un hogar. Los cuarteles suelen lucir aquí el lema "Todo por la Patria", pero el letrero que en realidad debiera campear a la puerta de entrada del país sería uno que rezase "Todo por el piso".
Por el piso se hace aquí casi cualquier cosa, mucho antes de que la inminente alcaldesa Colau triunfara con su programa a favor del perdón de las deudas hipotecarias. En tiempos de Franco, que sostuvo su régimen sobre los pilares del pisito y el cochecito, no era improbable que un joven contrajese matrimonio con una anciana a efectos de que él y su novia heredasen la casa de la otra parte contratante. A propósito de esto, Rafael Azcona escribió un guion que le sirvió al italiano Marco Ferreri para rodar su película "El pisito". El filme acumula ya en sus fotogramas más de medio siglo, pero la devoción por la propiedad y su hipoteca adjunta no han variado apenas en España.
Entonces, como ahora, los españoles siguen casándose por el banco, con la hipoteca a modo de sacramento. Donde la Iglesia utilizaba la fórmula: "Lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe", la moderna teología bancaria establece que el matrimonio bendecido por la hipoteca no lo disuelve ni el juzgado. Formalmente se atribuye a un cura, un juez o un concejal la función de desposar a los novios, si bien nadie ignora que el verdadero papel de oficiante de la boda le corresponde al interventor del banco que libera el crédito necesario para la compra del piso
Tal ocurrió, al menos, durante la década dorada del boom del ladrillo, cuando las cajas ofrecían hipotecas de todo a cien para hacerse con una casa en cómodos plazos de veinte, treinta o hasta cincuenta años. Lógicamente tentados por ese dinero fácil y sin exigencia de garantías, muchos ciudadanos aprovecharon los flecos del préstamo para comprar, a mayores, un coche de alta cilindrada o hacer viajes a destinos exóticos que jamás hubieran podido pagarse con su sueldo.

Infelizmente, la crisis dejó colgada del andamio a la banca de las cajas y también a sus deudores, víctimas de un desempleo que les impidió atender al pago de las cuotas. Ese fue el abono de las plataformas de afectados por la hipoteca que ahora van a situar a Ada Colau al frente de la alcaldía de Barcelona. Ya solo falta que la alcaldesa proceda al perdón de las deudas hipotecarias, si es que puede. Otra y más ardua cuestión son los pufos de la hipotecada España.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Revolución farlopa - Pedro Narváez

Revolución farlopa - Pedro Narváez

Hasta doce fuentes cita «The Wall Street Journal» para confirmar que Diosdado Cabello, la sombra de Maduro, es el jefe de un cartel del narcotráfico, la droga como estimulante de la revolución bolivariana o como veneno para los neocon que dejan rastro en los baños del Congreso de los Estados Unidos, qué más da, cocaína para el pueblo que anhela la Felicidad Suprema, la meta que perseguían los discursos que asesoraba el ahora tertuliano Monedero. Al ex número tres de Podemos le parecía Cabello mejor heredero de Chávez que Maduro, con tanto médium en forma de pajarito y tantas manitas con Obama por debajo de la mesa de Panamá. Ahora ya sabemos las líneas rojas o las rayas blancas que no había que traspasar para el régimen bolivariano. Cabello puso a Podemos y a Syrizia en el mapa mundial del chavismo, eran las mulas que traspasarían fronteras para llevar a Europa el remedio contra la desesperanza. Pero el héroe de los populistas españoles resulta ser un delincuente en polvo que engorda sus cuentas cortando farlopa. Es lo que tiene abrazar a caudillos en Venezuela, que te contagian la sarna que con gusto no pica. Sublime. Podemos ya no quiere ser Caracas, donde uno se muere de hambre o de un cruce de navajas, sino Helsinki, la ciudad de los suicidios de marca y la cocaína de despacho. Ya es tarde, sin embargo, para repudiar al padre, a la pus que supura un régimen en el que los criminales te piden tapar la nariz por la corrupción, que para abrirla y esnifarla ya está Cabello, el pelo en la sopa que ahora tiene que tragar Monedero.

jueves, 14 de mayo de 2015

El cigarrillo electrónico como herramienta de salud pública - Carmen Escrig Llavata

El cigarrillo electrónico como herramienta de salud pública - Carmen Escrig Llavata

El reciente manifiesto MOVE busca relanzar el papel del cigarrillo electrónico y su uso efectivo como una herramienta para dejar de fumar y reducir los daños que provoca el tabaquismo
Mucho se ha escrito estos últimos días en relación con el cigarrillo electrónico. No obstante, y por primera vez en nuestro país, el debate está empezando a tomar en consideración el creciente respaldo médico al cigarrillo electrónico, tanto a nivel internacional como en España.
De hecho, uno de sus aspectos más importantes y revolucionarios que hasta ahora había pasado de puntillas está siendo reconocido por cada vez más voces autorizadas: su potencial como herramienta de salud pública en la lucha contra el tabaco.  En esta línea se expresaba este mismo fin de semana, como recoge el Diario de Ibiza, la presidenta de la Sociedad Española de Neumología (SEPAR), quien reconoce que “los cigarrillos electrónicos pueden ayudar a abandonar el tabaco y pueden ser una medida eficaz para la deshabituación si el fabricante garantiza que en su producto no se emplean materiales dañinos que puedan ser inhalados”.

Carmen Escrig. (EC)
Y es que, como se está viendo en países como el Reino Unido o Estados Unidos, correctamente incentivado y regulado, el cigarrillo electrónico tiene el potencial de salvar miles de vidas al ofrecer a los fumadores que no pueden (o no quieren) dejarlo una alternativa menos nociva al tabaco.
Desde la Organización de Médicos en apoyo del Vapeo y los Cigarrillos electrónicos (MOVE), queremos dar a conocer, de manera ética y en base a la evidencia científica, la realidad sobre el cigarrillo electrónico como importante herramienta de salud pública dado su enorme potencial para salvar vidas. Cerca de 300 profesionales médicos, científicos y autoridades de salud pública internacional hemos apoyado el reciente manifiesto MOVE, y la lista de firmantes crece día a día, con una destacada mayoría de nacionalidad española.
Desde un punto de vista científico, se estima que el cigarrillo electrónico es entre un 95 a un 99 por ciento más seguro que el tabaco en términos de riesgo para la salud a largo plazo. No en vano, el principal elemento nocivo del tabaco, las más de 4.000 sustancias tóxicas presentes en el humo que se genera durante la combustión, es inexistente en estos dispositivos.
Sus ingredientes son sobradamente conocidos, y seguros. El líquido del cigarrillo electrónico contiene una solución compuesta de propilenglicol, glicerol y aromas alimentarios, todos ellos ampliamente utilizados en multitud de productos de consumo humano, incluyendo inhaladores de uso farmacéutico cuya seguridad lleva décadas demostrada. La nicotina se incluye en el grado demandado por el consumidor, siendo la capacidad de disminuir gradualmente la concentración de esta sustancia uno de los motivos del éxito del e-cigarrillo en la deshabituación del tabaquismo.
Se estima que el cigarrillo electrónico es entre un 95 a un 99 por ciento más seguro que el tabaco en términos de riesgo para la salud a largo plazo
Por otro lado, el vapor exhalado por los usuarios del e-cigarrillo nada tiene que ver con el humo del tabaco y, como demuestran múltiples estudios realizados, no resulta nocivo para los transeúntes. Las concentraciones de nicotina y otros compuestos en este vapor no alcanzan una dosis mínima efectiva para tener efectos farmacológicos en terceras personas según varios estudios, por lo que no se puede hablar de la figura del vapeador pasivo.
Además, en varios países el aumento en el uso de estos dispositivos ha ido acompañado de un descenso continuado en la prevalencia del hábito de fumar, y la población de no fumadores jóvenes se ha mantenido constante, como demuestra el caso del Reino Unido.
De hecho, tras más de 12 años de uso continuado por millones de consumidores en todo el mundo, no se ha registrado un solo caso correctamente documentado de patología provocada por su causa, más allá de una leve sequedad o irritación de garganta. El tabaco, en cambio, provoca 6 millones de muertos al año. En una temprana estimación, por cada millón de fumadores que se pasasen al cigarrillo electrónico se evitarían 6.000 muertes prematuras al año. En España existen ahora mismo 12 millones de fumadores, por lo que estaríamos hablando de salvar potencialmente 72.000 vidas al año en nuestro país a través del cigarrillo electrónico.
En una temprana estimación, por cada millón de fumadores que se pasasen al cigarrillo electrónico se evitarían 6.000 muertes prematuras al año
Con estas cifras, y respaldados por la evidencia científica, no es casualidad que el año pasado 54 médicos de todo el mundo escribieran a la directora general de la OMS, Margaret Chan, defendiendo el potencial del cigarrillo electrónico como herramienta de reducción de daños en la lucha contra el tabaco. O que 100 médicos franceses redactaran un manifiesto público en la misma línea y lo remitieran a su ministra de Sanidad. Bajo el mismo espíritu, MOVE es la manifestación global de una creciente corriente médica que ve en el cigarrillo electrónico parte de la solución a la pandemia del tabaquismo.
La lucha antitabáquica no puede girar exclusivamente en estrategias estáticas, sino que requiere integrar innovadoras herramientas y tecnologías que permitan a los fumadores alejarse del tabaco o reducir los daños asociados al mismo. El cigarrillo electrónico, correctamente regulado e incentivado, tiene efectivamente el potencial para alcanzar ambos fines y de convertirse en el cambio de paradigma que por fin haga caer la balanza del lado adecuado, tras décadas de lucha contra el tabaco.
Mientras haya vidas en juego, desde MOVE pondremos todo nuestro empeño en transmitir a la sociedad que tenemos ante nosotros una nueva herramienta de salud pública en la actual campaña mundial contra las enfermedades relacionadas con el tabaco.


* Carmen Escrig Llavata, coordinadora internacional de MOVE.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Corrupción hortera - Alfonso Ussía

Corrupción hortera - Alfonso Ussía

En su formidable retrato de las Filipinas del matrimonio Marcos «Filipinas es mi Jardín», Manu Leguineche pone en duda la posesión y exposición de mil pares de zapatos en los armarios de Ymelda Marcos. Manu calcula que los zapatos de Ymelda no llegaban a setecientos pares. Un alarde de austeridad oriental. Maria Antonia Munar volaba a Madrid para comprar bolsos y maletas de «Louis Vuitton». Podía adquirir los carísimos chismes en Palma, pero prefería la discreción que Madrid procura. La corrupción, esa culminación negativa del ser humano con poder, cuenta con dos clases de corruptos desde un punto analítico elemental. El corrupto «bien» y el corrupto hortera. El sinvergüenza que invierte el dinero ajeno aterrizado en su bolsillo en una obra de arte es un corrupto educado en la armonía y la estética. El granuja que reúne una flota de coches, un centenar de artilugios de «Vuitton» o un impresionante barco para aburrirse en el Mediterráneo o llenarlo de alegre puterío aprovechando el vuelo de la gaviota es un hortera. Se dice que el «Bigotes» tiene más de cincuenta gafas de sol, lo cual se me antoja sorprendente. Cuando se supieron los detalles de las comisiones y los cafelitos de Juan Guerra no se valoró la medida que se impuso en sus granujadas. Y sí, se compró un «Mercedes», justificando la adquisición con un argumento merecedor del perdón social. «También nozotro, loz zocializta tenemo deresho a conduci un “Mercede”, leshe».
Pocos más horteras que el hijo mayor de los Pujol. Su flota de coches es impresentable. No por constituir una flota en sí misma, sino por el mal gusto de sus vehículos. Esos «Ferrari», ese «Porsche» pintado de amarillo pollo con el capó recorrido por la Señera, y hasta el más humilde, el «Seiscientos», con modificaciones «Abarth» y un radiador frontal para incentivar la refrigeración que hubieran rechazado en el decenio de los sesenta todos los pijos con «seiscientos» preparados que quemaban goma en la Cuesta de las Perdices y llegaban al «Roma», «Balmoral» , «Mozo» o «El Corrillo» con las manos cansadas de tanto volante.
Ningún «Bentley», ningún «Morgan», ningún «Daimler», ningún «Seiscientos» en su esplendor modesto. Todo aparente, retocado y de mal gusto.
Sólo le falta al Lamborghini Miura
–seiscientos mil euros– el cartelito de «No corras, Papá» ubicado en las cercanías del volante.
Como en los barcos. Una señora de mucho y joven dinero compró un interminable barco. Para ir de proa a popa era recomendable un breve descanso a mitad de trayecto. En la cámara principal, como si de un atolón de coral se tratara, se exhibían centenares de peces multicolores de cristal de Murano. Ella, bastante gorda y protegida por una inmensa pamela, navegaba sentada en la popa, como el Pirata de la canción de Espronceda. Se trataba de fondear en la Costa de los Pinos. El capitán demandó su autorización. –¿Le parece bien aquí para arriar el ancla?–; – sí, capitán, me parece el lugar ideal. Pero antes de soltar el ancla, cerciórese de que no haya un buzo en el fondo–.
Una mujer pendiente de la humanidad submarina.
Pero con gracia. Su marido trincó, ella enviudó y que la registraran. No es el caso de Jordi Pujol Ferrusola con su colección de deportivos horteras. Es complicado escribirlo, pero un «Ferrari», aunque sea adquirido con dinero limpio, es hortera. La gente con gusto se compra un «Morgan», que sirve para lo mismo que el «Ferrari», es decir, para nada. Pero rebosa clase.

El chico mayor de los Pujol, del que se sospechan pingües corrupciones – que jamás serán juzgadas–, es un hortera de bolera de Las Vegas. Para ser corrupto hay que tener más gusto, más gracia y mejor educación. Éste compra un barco, llega a una cala y no ordena comprobar, antes de echar el ancla, si hay buzos en el fondo.

jueves, 7 de mayo de 2015

La tele impulsa la lectura - Ánxel Vence

La tele impulsa la lectura - Ánxel Vence

Debuta estos días como novelista Olvido Hormigos, inolvidable concejala que alcanzó fama con un video de producción propia en el que se aliviaba de ciertos escozores íntimos. Aquella pieza le sirvió de peana para llegar a las páginas centrales de Interviú, a los reality-shows de la tele y, finalmente, a su consagración como escritora. Al igual que los del Señor, los caminos de la literatura son inescrutables.
La novela tiene como protagonista a una mujer que envía un video erótico a su amante, de lo que se deduce un cierto carácter autobiográfico. Podría haberse titulado, no sin justicia, "El peso de la paja"; pero ese epígrafe ya se lo madrugó años atrás a Hormigos el escritor catalán Terenci Moix. La debutante en el Parnaso de las letras ha optado por darle el título de "El abrazo infiel", a todas luces menos rompedor.
Rótulos aparte, el libro está llamado a ser un best-seller, como todos los que salen de la factoría de la televisión. Así permite aventurarlo, al menos, el precedente de Belén Esteban, gloria de la telerrealidad y autora de un sesudo ensayo que bajo el título de "Ambiciones y reflexiones" la convirtió durante semanas en la escritora más vendida de España.
Es natural. En esa opera prima, Esteban negaba, por ejemplo, la fama de malos amantes que al parecer aqueja a los españoles. "Dicen que no saben hacer el amor a una mujer, pero no es verdad. ¡Por mis cojones que sí saben satisfacernos!". A esta reflexión unía otras de parecida enjundia, tal que la siguiente: "Yo soy muy del Rey, pero el Urdangarín para mí es un cabronazo". Y aún habrá quien se sorprenda de su éxito.
Ahora que el libro de papel sobrevive malamente a la revolución digital, hay que ensalzar la contribución de la tele a la lectura. Es un hecho fácilmente constatable que los libros de mayor venta suelen ser escritos -o dictados a un negro- por caras populares de la tele, que es el escaparate en el que mejor se exhibe cualquier género.
A la producción literaria de las ya mentadas Hormigos y Esteban se suman las decenas de títulos publicados bajo la firma de presentadores, chefs, tertulianos y otras gentes del gremio que saltan de la pantalla a las letras, generalmente con gran éxito de público. Ahí están para demostrarlo -entre otras muchas- las obras de María Teresa Campos, Mario Vaquerizo, Paz Padilla o Mercedes Milá, que tituló su libro con el desacomplejado título: "Lo que me sale del bolo".
Pudiera parecer que las relaciones entre la tele y el libro no son muy distintas de las que mantienen el perro y el gato, pero tampoco conviene fiar demasiado en las apariencias. La idea de que la pantalla boba disuade de la lectura ya la desmontó hace tiempo Groucho Marx en una de sus muy celebradas observaciones. "La televisión", decía el más listo de los Marx, incluyendo a Karl, "es un medio extraordinariamente educativo". Y lo explicaba así: "Cuando alguien la enciende en la sala de mi casa, yo me voy enseguida a la habitación de al lado y me pongo a leer un buen libro".
Pasados los años, la tele sigue fomentando ese saludable hábito de leer gracias a las contribuciones de Belén Esteban y otras personalidades ya citadas del medio.

Ahora se ha subido al carro de los autores novísimos Olvido Hormigos, con una novela que promete eclipsar a las "50 sombras de Grey" de ser cierto lo que anuncian las primeras reseñas. Pueden apostar a que no será la última.

jueves, 30 de abril de 2015

Hable de sexo con Munilla - David Torres

Hable de sexo con Munilla - David Torres

Muchos feligreses saben por experiencia que el confesionario funciona a menudo como consultorio sexual: “¿Practicas tocamientos? ¿Cuántas veces al día? ¿Solo, con amigos, en familia?” Estas y otras relevantes cuestiones no obedecen a la natural curiosidad del sacerdote, sino al estricto cumplimiento de su vocación, centrada obsesivamente en el sexto mandamiento. Una vez despachados los pecados habituales (“¿Has matado mucho esta semana? ¿No? ¿Has puteado a tus empleados? ¿Has pegado a tu mujer? ¿Has robado, has defraudado a Hacienda, tienes cuentas en Suiza?”), el confesor se lanza en plancha a la entrepierna, al aparato reproductor, que es lo que de verdad le interesa al Gran Jefe allá arriba. Un creador, sobre todo si es supremo, se interesa fundamentalmente por la procreación.
El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha publicado un manual sobre sexualidad católica (y no digo lo de manual con segundas intenciones) que va a entrar directamente a las listas de best-sellers, a hacer la competencia a eminencias del rango de Belén Esteban y Risto Mejide. El condón, la regla, el aborto, los abusos a menores: no hay charco donde el obispo no meta el pie, a menudo los dos y a veces hasta el alzacuellos. Por ejemplo, la naturaleza “cíclica” de la condición femenina, que afecta el humor, la sensibilidad y la susceptibilidad de las mujeres: “A algunas les da por la actividad o la limpieza”. Debería incluir una tabla de estadísticas respecto al desgaste de detergentes y mochos de fregona en conventos de monjas de clausura.
No podía faltar, por supuesto, la referencia a la homosexualidad, una “depravación grave” según las Sagradas Escrituras, otro manual de prácticas sexuales que lleva milenios en vigor y que entró en las listas de best-sellers mucho antes que el grimorio de Munilla e incluso que los de Risto Mejide. Munilla se apoya en la Biblia y en San Pablo para desacreditar a Kinsey, a Havelock Ellis y hasta al Papa Francisco, que hace poco se preguntaba quién era él para juzgar a un gay si busca a Dios y tiene buena voluntad. Pues haber sido obispo vasco, pibe, que no es lo mismo predicar desde Roma que desde Donosti.
Buena parte del volumen está dedicado a la masturbación, una práctica que el obispo considera “violencia contra el cuerpo”, “autoviolaciones”, tal como las denomina el clero polaco con exquisito neologismo. Los estudios clásicos sobre sexualidad humana consideran la masturbación exactamente lo contrario, un ejercicio de descubrimiento del propio cuerpo, una exploración del deseo, un saludable desahogo en el peor de los casos. Pero qué sabrán ellos. Pudiera parecer que el voto de castidad supondría un serio veto para el conocimiento a fondo de estas cuestiones, pero es justamente al revés, como lo demuestra aquella escena brutal de La última noche de Boris Grushenko, en la que Woody Allen y una aristócrata rusa ponían patas arriba un dormitorio. Cuando la aristócrata, felizmente despeinada, le decía cómo es que sabía tanto de sexo, Woody Allen respondía: “Será porque practico mucho cuando estoy solo”.

Una lástima que Munilla no dedique un capítulo del libro a lo último en masturbación post mortem: un reciente invento que consiste en rellenar un consolador transparente con las cenizas del ser amado para que siga cumpliendo sus obligaciones maritales desde el más allá, dando un nuevo significado a ese dicho cristiano de “polvo al polvo”. Probablemente lo incluya en posteriores ediciones de su manual, quizá al tiempo de que Nacho Vidal publique al fin ese estudio teológico sobre el poder de la oración y el alcance de la fe que tanto tiempo llevamos esperando.

jueves, 23 de abril de 2015

Chino y de Bilbao - David Torres

Chino y de Bilbao - David Torres

Hace algún tiempo, en un programa de televisión donde apareció en su papel de monje shaolín caminando sobre brasas ardientes, Juan Carlos Aguilar dijo: “Yo como budista pienso que las llamas son seres vivos. Me comunico con ellas, les pido permiso y les pido perdón. Y creo que ellas también me piden perdón, porque no creo que esté haciendo algo malo”. Su parlamento recuerda un poco la hermosa plegaria que pidió al fuego San Francisco de Asís antes de que el cirujano le clavara un tizón ardiente en el ojo: “Hermano fuego, Dios te hizo bello, poderoso y útil, te ruego que seas amable conmigo”. Por lo demás, no había muchas más similitudes entre el poverello y el falso chino de Bilbao excepto aquella curiosa afirmación de Dostoievski de que no hay nada más parecido a un asesino que un santo.
Años después, Juan Carlos Aguilar, en su gimnasio budista de Bilbao, pisoteó a dos mujeres una tras otra como si pisara brasas ardientes y, en efecto, tampoco pensó que estuviera haciendo algo malo. Por la serenidad con que medita durante el juicio -casi a punto de echarse una siesta-, la falta de arrepentimiento y de compasión que demuestra, es evidente que todavía lo sigue pensando. La ertzaintza lo sorprendió en medio de una orgía de sangre con una pobre mujer africana que moriría poco después a causa de la paliza recibida. Tenía escondidas en el gimnasio varias bolsas con montones de restos humanos. Los policías que lo detuvieron afirman que, en aquel momento, estaba medio ido y Aguilar achacó sus crímenes a un tumor cerebral que lo dejaba “en un estado de borrachera permanente”. Debe de ser un caso médico digno de estudio, uno de los pocos cuyos efectos secundarios incluyen la melopea, la irresponsabilidad, la violencia, el homicidio y el gusto por guardar trofeos de sus víctimas. El tumor va ya para dos años.
Si no fuese por el rastro de mujeres muertas que ha dejado a su paso, la historia de este impostor made in China daría mucha risa. Hasta que se le cayó la careta, su vida era una especie de campaña electoral continua entre las artes marciales y el budismo de importación. Se cambió el nombre de Juan por el de Huang y decía que era el primer occidental que había logrado el título de monje shaolín; que era maestro diplomado de taekwondo; que había sido tres veces campeón del mundo de kung fu y ocho campeón de España; que era un experto en técnicas de relajación y meditación oriental; que era Licenciado en Humanidades, Antropología y Derecho por la Universidad de Deusto. Lo entrevistaron en directo Pepe Navarro, Javier Sardá y Eduard Punset, una gradación de gurús de la comunicación que explica por sí sola la decadencia de la televisión en España (faltó que le entrevistaran Risto Mejide y Jorge Javier Vázquez). En vez de charlar de religión y de energías alternativas, a Punset tenía que haberle cortado un pan Bimbo a golpes de kárate.

Luego, tras los asesinatos, empezaron los desmentidos desde China y desde diversas federaciones españoles de artes marciales: ni era monje, ni era shaolín, ni campeón mundial, ni de España, ni de Bilbao. Ni kung ni fu ni fa. La mayoría de los turistas viaja a China y vuelve con unas fotos de la Gran Muralla, pero Juan Carlos regresó con la cabeza rapada, una túnica naranja, un máster en budismo y un doctorado en hostias aplicadas. Estas dos últimas disciplinas, la espiritualidad y la de zurrar la badana, no son tan contradictorias como pudiera parecer: como señaló Truman Capote, lo único en común que tenían todos los serial killers que él entrevistó en prisión era que todos creían en Dios y todos tenían tatuajes. Entre atentado y atentado, Bin Laden se pasaba el día orando a La Meca y a menudo la espiritualidad oriental gasta una mala leche de cojones. Por ejemplo, Bruce Lee cerraba los ojos, juntaba las manos y ya no se sabía si estaba rezando o calculando el monto de la patada y el buzón dónde le iba a mandar los dientes al colega. Ahora, en el banquillo, cuando Juan Carlos se pone a meditar ya no se parece a Gandhi, ni siquiera a Bruce Lee, sino a Carlos Jesús, aquel pobre zumbado que fundó una secta andaluza después de recibir la iluminación de un cable de alta tensión. La ex esposa del ex monje confesó que se separó de él porque era “demasiado espiritual”. O sea, que se pasó de espiritual, se pasó de monje, se pasó de kung fu, se pasó de brasas ardientes y se pasó de la raya. Juan Carlos se empeñó en ser chino y de Bilbao con mucho más ímpetu y dedicación que los comerciantes chinos que regentan un badulaque en Bilbao y ni siquiera usan txapela.