miércoles, 27 de mayo de 2015

El espejo - Antonio Lucas

El espejo - Antonio Lucas

Cuando a un hombre se le rebelan los enanos más por miedo que por autoridad debe pedir los santos óleos porque las traiciones van a hocicarle definitivamente el hígado. El presidente en funciones de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, le ha brindado a Mariano Rajoy un desafío algo macarra y levemente sibilino. Le sugiere al presidente del Gobierno que deje de degradar la pintura negra del PP y que antes de decidir si será candidato a las generales se mire al espejo. El problema es que el de Rajoy es un «espejo atascado», por decirlo a la manera de otro difunto prematuro: José Luis Alvite.
Lo que no ha sabido decir Juan Vicente es que el espejo en el que debe mirarse su partido no es el que da la imagen de su jefe, sino el que ofrece la estampa traficada de un país donde crece el número de familias sin ingresos y donde el porcentaje de menores en situación de pobreza ha aumentado más de tres puntos en un año. Esto es esencialmente mérito suyo y bastaría para que se fuesen todos ustedes a la puta calle, por ejemplo. Para que no vuelvan a hablar del vigor de hacer una España próspera que ya asoma. (Mentira). Para no intentar engañarnos de nuevo con datos tan falsos que al final parecen el garabato de un delirio. En estas elecciones la ciudadanía ha reunido el orgullo necesario para que algo así aún nos importe. Por eso han perdido el 24-M.
La lealtad del espejo tiene mucho de traición, de guillotina puesta en pie, de epitafio vivo y caliente
Todo espejo es un lugar sin garantías. No encierra lo que uno es, sino lo que usted y yo vemos de nosotros mismos en un rato ciego. El espejo que ayer entronizaba al triunfador hoy acusa su cadáver. La lealtad del espejo tiene mucho de traición, de guillotina puesta en pie, de epitafio vivo y caliente. Así que el baranda de Castilla y León le ha enviado a su capitán una navaja barbera de ala dulce y homicida envuelta en un falso oratorio de Braveheart. En todo espejo está la forma de una asusencia, no lo olvides tú tampoco, Juan Vicente.
El PP está en ese proceso terminal en el que un partido convierte en cadáveres sus frecuentes problemas, contaminando el agua que bebe. El cansancio les está enrareciendo las conversaciones y llegará un momento en que los podencos se desangrarán por el mordisco de las liebres. A Rajoy le sucede como a esos hombres a los que el futuro no los contempla entre los suyos e inesperadamente llegan a lo más alto, que siempre quedan en gente de paso.
Desde que el PP se convirtió en el doble de Rajoy el PP se fue hundiendo. Ahora sus propios palmeros apelarán a la necesidad de la patria para sustituirle. Rajoy es un perdedor nato y no está preparado psicológicamente para volver a ganar. Aquellos que le cargaron de razón están ya dando los pasos oportunos para exponer otra nueva verdad por delante, que consiste en contar siempre la misma mentira. La suerte de Rajoy se ha medido por los impulsos autistas de una mayoría absoluta, pero su capacidad de gobernar nunca ha podido explicarse.

El bueno de Juan Vicente, que resulta ser un killer, quiere poner a prueba a Rajoy con el espejo delante sin pararse a pensar que la escena puede dar un resultado catastrófico: el de un hombre con el alma color amianto observando desconcertado su reflejo y advirtiendo al tío que tiene delante de que en España ya no se habla de crisis y que no se admiten preguntas.

martes, 26 de mayo de 2015

Colau: el perroflautismo separatista - Pablo Planas

Colau: el perroflautismo separatista - Pablo Planas

Es de esperar que la señora Colau cumpla todas y cada una de las promesas que le han llevado a convertirse, si no pactan todos contra ella, en alcaldesa de Barcelona. Sigue en pie por el momento el Círculo Ecuestre. Su demolición permitiría ganar un soberbio esquinazo y pedazo de chaflán en la calle Balmes. Eso o que se convierta en la nueva sede de los okupas de Can Vies, cuyo edificio actual está hecho una porquería. Como club canábico tampoco estaría mal, pero seguramente los colegas de la alcaldesa ya lo habrán previsto. Entre tanto, se aprecia tráfico rodado de vehículos de cuatro ruedas en la Diagonal. Se supone que por poco tiempo, ya que la idea es convertir la avenida en un "corredor verde y peatonal".
Todavía hay guiris por las calles, incluso de los que no molestan. No saben que ya no son bienvenidos, que hay instrucciones de cerrar el puerto a los cruceros de lujo y que tendrán que cambiar dólares y euros por la moneda indígena nada más pisar tierra, vengan en barco a vela o en avión a reacción. El plan es acabar con el turismo tradicional en seis meses para adoptar paulatinamente el modelo mochilero, cuyos practicantes acudirán en manadas y masas a la Barcelona prometida, capital de la antiglobalización, papeles para todos y algo de fumar, transporte y alojamiento gratis si llevas rastas y perro pulgoso.
En cuanto a los ejecutivos del congreso de los móviles, las tabletas y los archiperres digitales, que vayan preparando la mudanza y no piensen en Madrid, precisamente. Lo mismo para las grandes superficies comerciales, los hoteles, los bancos y las empresas contaminantes del medio ambiente y la moral revolucionaria.
En la cuestión del orden y la urbanidad también debiera haber grandes cambios y sorprendentes novedades. Para empezar, los guardias urbanos están acojonados por si les obligan a hacer las paces con los okupas y a patrullar a pelo, sin porra pero con gorra. Hay una sección entera, la antidisturbios en concreto, que Colau prometió disolver nada más sentara sus reales posaderas en el trono consistorial. Así que malas noticias, salvo que los agentes sean trasladados al cuerpo de jardineros, menos aventurado sin duda, a cultivar marihuana.
Se podrá pasear en pelotas por la calle, no ceder el paso a las ancianas, salvo a las yayas fumaporros, tocar la flauta a todas horas, impedir el descanso vecinal, orinar en las esquinas y, si se acuerda en asamblea de barrio, quemar las parroquias o el edificio de la Bolsa. Tampoco dista tanto de lo que ya pasa. Por lo demás, se había extendido la creencia de que votar a Colau era votar contra el proceso separatista. Craso error. En realidad, significaba votar en contra de que Mas siga solo o con Junqueras al frente de eso, el procés. Los fans de Colau coreaban "¡Si se puede!", así, en español y como en Madrid, y ella les correspondió con un discurso en catalán sobre el "derecho a decidir".
Aún hoy, oídas las primeras pamplinas de la señora Colau, que ya ha anunciado una reunión con la ANC, se insiste en la carga antiseparatista implícita en el voto al Podemos catalán bajo la teoría de que la alcaldesa no tendrá reparo alguno en pegar fuego a los bancos y regalar los pisos, tal como dice, pero, en cambio, pondrá fin a la tomadura de pelo de Mas, Junqueras y la carajera de la ANC. Pues va a ser que no y que no. Más de uno habrá que la votó por el gusto de contemplar el incendio de Roma mientras los banqueros desfilan hacia el cadalso. Se van a quedar con las ganas. Y si además esos votantes no son nacionalistas, con un palmo de narices y que sigan con cuidado, no vayan a acabar ellos ardiendo en vez de los capitalistas en la Barcelona de Colau. O sea que en vez de un tiro en el pie alguno se ha dado dos por el mismo precio y con un solo voto.

Colau es la izquierda de siempre, la peor, pero viene con el alerón del separatismo de serie. Lo estropearán todo (más) y, tras forrarse, acabarán dándose abrazos con Mas, con Junqueras y con cualquier cretino que abandere las mil y una plataformas independentistas de Cataluña en una típica jornada histórica después de una megasardana separata. Esa será la foto: la institucionalización del perroflautismo separatista. Y encima pondrán más multas.

Adiós a las hipotecas - Ánxel Vence

Adiós a las hipotecas - Ánxel Vence

Devoto como es de la hipoteca este país, no sorprenderá que los barceloneses hayan votado mayormente a Ada Colau, portavoz del movimiento hipotecario, para que gobierne los destinos de la ciudad condal. Y acaso en su día los de España, que todo podría ocurrir.
Más que el sol, las playas, el flamenco o los toros, lo que de verdad caracteriza a los españoles es su relación de amor y odio con la hipoteca. Allá por América, la primera preocupación de los jóvenes es hacerse con un garaje en el que montar empresas como Apple, Microsoft, Google o cualquier otra de las que van surgiendo casi cada día en los valles de California. Mucho más prácticos -y conservadores-, los rapaces de España cifran en la hipoteca necesaria para la adquisición de un piso sus proyectos de futuro. No hay más que ver el éxito obtenido por Colau y muchos otros herederos del movimiento del 15-M en estas últimas elecciones.
Parece lógico que esto ocurra en una España que ha santificado -incluso en la Constitución- el derecho a poseer un hogar. Los cuarteles suelen lucir aquí el lema "Todo por la Patria", pero el letrero que en realidad debiera campear a la puerta de entrada del país sería uno que rezase "Todo por el piso".
Por el piso se hace aquí casi cualquier cosa, mucho antes de que la inminente alcaldesa Colau triunfara con su programa a favor del perdón de las deudas hipotecarias. En tiempos de Franco, que sostuvo su régimen sobre los pilares del pisito y el cochecito, no era improbable que un joven contrajese matrimonio con una anciana a efectos de que él y su novia heredasen la casa de la otra parte contratante. A propósito de esto, Rafael Azcona escribió un guion que le sirvió al italiano Marco Ferreri para rodar su película "El pisito". El filme acumula ya en sus fotogramas más de medio siglo, pero la devoción por la propiedad y su hipoteca adjunta no han variado apenas en España.
Entonces, como ahora, los españoles siguen casándose por el banco, con la hipoteca a modo de sacramento. Donde la Iglesia utilizaba la fórmula: "Lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe", la moderna teología bancaria establece que el matrimonio bendecido por la hipoteca no lo disuelve ni el juzgado. Formalmente se atribuye a un cura, un juez o un concejal la función de desposar a los novios, si bien nadie ignora que el verdadero papel de oficiante de la boda le corresponde al interventor del banco que libera el crédito necesario para la compra del piso
Tal ocurrió, al menos, durante la década dorada del boom del ladrillo, cuando las cajas ofrecían hipotecas de todo a cien para hacerse con una casa en cómodos plazos de veinte, treinta o hasta cincuenta años. Lógicamente tentados por ese dinero fácil y sin exigencia de garantías, muchos ciudadanos aprovecharon los flecos del préstamo para comprar, a mayores, un coche de alta cilindrada o hacer viajes a destinos exóticos que jamás hubieran podido pagarse con su sueldo.

Infelizmente, la crisis dejó colgada del andamio a la banca de las cajas y también a sus deudores, víctimas de un desempleo que les impidió atender al pago de las cuotas. Ese fue el abono de las plataformas de afectados por la hipoteca que ahora van a situar a Ada Colau al frente de la alcaldía de Barcelona. Ya solo falta que la alcaldesa proceda al perdón de las deudas hipotecarias, si es que puede. Otra y más ardua cuestión son los pufos de la hipotecada España.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Revolución farlopa - Pedro Narváez

Revolución farlopa - Pedro Narváez

Hasta doce fuentes cita «The Wall Street Journal» para confirmar que Diosdado Cabello, la sombra de Maduro, es el jefe de un cartel del narcotráfico, la droga como estimulante de la revolución bolivariana o como veneno para los neocon que dejan rastro en los baños del Congreso de los Estados Unidos, qué más da, cocaína para el pueblo que anhela la Felicidad Suprema, la meta que perseguían los discursos que asesoraba el ahora tertuliano Monedero. Al ex número tres de Podemos le parecía Cabello mejor heredero de Chávez que Maduro, con tanto médium en forma de pajarito y tantas manitas con Obama por debajo de la mesa de Panamá. Ahora ya sabemos las líneas rojas o las rayas blancas que no había que traspasar para el régimen bolivariano. Cabello puso a Podemos y a Syrizia en el mapa mundial del chavismo, eran las mulas que traspasarían fronteras para llevar a Europa el remedio contra la desesperanza. Pero el héroe de los populistas españoles resulta ser un delincuente en polvo que engorda sus cuentas cortando farlopa. Es lo que tiene abrazar a caudillos en Venezuela, que te contagian la sarna que con gusto no pica. Sublime. Podemos ya no quiere ser Caracas, donde uno se muere de hambre o de un cruce de navajas, sino Helsinki, la ciudad de los suicidios de marca y la cocaína de despacho. Ya es tarde, sin embargo, para repudiar al padre, a la pus que supura un régimen en el que los criminales te piden tapar la nariz por la corrupción, que para abrirla y esnifarla ya está Cabello, el pelo en la sopa que ahora tiene que tragar Monedero.

jueves, 14 de mayo de 2015

El cigarrillo electrónico como herramienta de salud pública - Carmen Escrig Llavata

El cigarrillo electrónico como herramienta de salud pública - Carmen Escrig Llavata

El reciente manifiesto MOVE busca relanzar el papel del cigarrillo electrónico y su uso efectivo como una herramienta para dejar de fumar y reducir los daños que provoca el tabaquismo
Mucho se ha escrito estos últimos días en relación con el cigarrillo electrónico. No obstante, y por primera vez en nuestro país, el debate está empezando a tomar en consideración el creciente respaldo médico al cigarrillo electrónico, tanto a nivel internacional como en España.
De hecho, uno de sus aspectos más importantes y revolucionarios que hasta ahora había pasado de puntillas está siendo reconocido por cada vez más voces autorizadas: su potencial como herramienta de salud pública en la lucha contra el tabaco.  En esta línea se expresaba este mismo fin de semana, como recoge el Diario de Ibiza, la presidenta de la Sociedad Española de Neumología (SEPAR), quien reconoce que “los cigarrillos electrónicos pueden ayudar a abandonar el tabaco y pueden ser una medida eficaz para la deshabituación si el fabricante garantiza que en su producto no se emplean materiales dañinos que puedan ser inhalados”.

Carmen Escrig. (EC)
Y es que, como se está viendo en países como el Reino Unido o Estados Unidos, correctamente incentivado y regulado, el cigarrillo electrónico tiene el potencial de salvar miles de vidas al ofrecer a los fumadores que no pueden (o no quieren) dejarlo una alternativa menos nociva al tabaco.
Desde la Organización de Médicos en apoyo del Vapeo y los Cigarrillos electrónicos (MOVE), queremos dar a conocer, de manera ética y en base a la evidencia científica, la realidad sobre el cigarrillo electrónico como importante herramienta de salud pública dado su enorme potencial para salvar vidas. Cerca de 300 profesionales médicos, científicos y autoridades de salud pública internacional hemos apoyado el reciente manifiesto MOVE, y la lista de firmantes crece día a día, con una destacada mayoría de nacionalidad española.
Desde un punto de vista científico, se estima que el cigarrillo electrónico es entre un 95 a un 99 por ciento más seguro que el tabaco en términos de riesgo para la salud a largo plazo. No en vano, el principal elemento nocivo del tabaco, las más de 4.000 sustancias tóxicas presentes en el humo que se genera durante la combustión, es inexistente en estos dispositivos.
Sus ingredientes son sobradamente conocidos, y seguros. El líquido del cigarrillo electrónico contiene una solución compuesta de propilenglicol, glicerol y aromas alimentarios, todos ellos ampliamente utilizados en multitud de productos de consumo humano, incluyendo inhaladores de uso farmacéutico cuya seguridad lleva décadas demostrada. La nicotina se incluye en el grado demandado por el consumidor, siendo la capacidad de disminuir gradualmente la concentración de esta sustancia uno de los motivos del éxito del e-cigarrillo en la deshabituación del tabaquismo.
Se estima que el cigarrillo electrónico es entre un 95 a un 99 por ciento más seguro que el tabaco en términos de riesgo para la salud a largo plazo
Por otro lado, el vapor exhalado por los usuarios del e-cigarrillo nada tiene que ver con el humo del tabaco y, como demuestran múltiples estudios realizados, no resulta nocivo para los transeúntes. Las concentraciones de nicotina y otros compuestos en este vapor no alcanzan una dosis mínima efectiva para tener efectos farmacológicos en terceras personas según varios estudios, por lo que no se puede hablar de la figura del vapeador pasivo.
Además, en varios países el aumento en el uso de estos dispositivos ha ido acompañado de un descenso continuado en la prevalencia del hábito de fumar, y la población de no fumadores jóvenes se ha mantenido constante, como demuestra el caso del Reino Unido.
De hecho, tras más de 12 años de uso continuado por millones de consumidores en todo el mundo, no se ha registrado un solo caso correctamente documentado de patología provocada por su causa, más allá de una leve sequedad o irritación de garganta. El tabaco, en cambio, provoca 6 millones de muertos al año. En una temprana estimación, por cada millón de fumadores que se pasasen al cigarrillo electrónico se evitarían 6.000 muertes prematuras al año. En España existen ahora mismo 12 millones de fumadores, por lo que estaríamos hablando de salvar potencialmente 72.000 vidas al año en nuestro país a través del cigarrillo electrónico.
En una temprana estimación, por cada millón de fumadores que se pasasen al cigarrillo electrónico se evitarían 6.000 muertes prematuras al año
Con estas cifras, y respaldados por la evidencia científica, no es casualidad que el año pasado 54 médicos de todo el mundo escribieran a la directora general de la OMS, Margaret Chan, defendiendo el potencial del cigarrillo electrónico como herramienta de reducción de daños en la lucha contra el tabaco. O que 100 médicos franceses redactaran un manifiesto público en la misma línea y lo remitieran a su ministra de Sanidad. Bajo el mismo espíritu, MOVE es la manifestación global de una creciente corriente médica que ve en el cigarrillo electrónico parte de la solución a la pandemia del tabaquismo.
La lucha antitabáquica no puede girar exclusivamente en estrategias estáticas, sino que requiere integrar innovadoras herramientas y tecnologías que permitan a los fumadores alejarse del tabaco o reducir los daños asociados al mismo. El cigarrillo electrónico, correctamente regulado e incentivado, tiene efectivamente el potencial para alcanzar ambos fines y de convertirse en el cambio de paradigma que por fin haga caer la balanza del lado adecuado, tras décadas de lucha contra el tabaco.
Mientras haya vidas en juego, desde MOVE pondremos todo nuestro empeño en transmitir a la sociedad que tenemos ante nosotros una nueva herramienta de salud pública en la actual campaña mundial contra las enfermedades relacionadas con el tabaco.


* Carmen Escrig Llavata, coordinadora internacional de MOVE.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Corrupción hortera - Alfonso Ussía

Corrupción hortera - Alfonso Ussía

En su formidable retrato de las Filipinas del matrimonio Marcos «Filipinas es mi Jardín», Manu Leguineche pone en duda la posesión y exposición de mil pares de zapatos en los armarios de Ymelda Marcos. Manu calcula que los zapatos de Ymelda no llegaban a setecientos pares. Un alarde de austeridad oriental. Maria Antonia Munar volaba a Madrid para comprar bolsos y maletas de «Louis Vuitton». Podía adquirir los carísimos chismes en Palma, pero prefería la discreción que Madrid procura. La corrupción, esa culminación negativa del ser humano con poder, cuenta con dos clases de corruptos desde un punto analítico elemental. El corrupto «bien» y el corrupto hortera. El sinvergüenza que invierte el dinero ajeno aterrizado en su bolsillo en una obra de arte es un corrupto educado en la armonía y la estética. El granuja que reúne una flota de coches, un centenar de artilugios de «Vuitton» o un impresionante barco para aburrirse en el Mediterráneo o llenarlo de alegre puterío aprovechando el vuelo de la gaviota es un hortera. Se dice que el «Bigotes» tiene más de cincuenta gafas de sol, lo cual se me antoja sorprendente. Cuando se supieron los detalles de las comisiones y los cafelitos de Juan Guerra no se valoró la medida que se impuso en sus granujadas. Y sí, se compró un «Mercedes», justificando la adquisición con un argumento merecedor del perdón social. «También nozotro, loz zocializta tenemo deresho a conduci un “Mercede”, leshe».
Pocos más horteras que el hijo mayor de los Pujol. Su flota de coches es impresentable. No por constituir una flota en sí misma, sino por el mal gusto de sus vehículos. Esos «Ferrari», ese «Porsche» pintado de amarillo pollo con el capó recorrido por la Señera, y hasta el más humilde, el «Seiscientos», con modificaciones «Abarth» y un radiador frontal para incentivar la refrigeración que hubieran rechazado en el decenio de los sesenta todos los pijos con «seiscientos» preparados que quemaban goma en la Cuesta de las Perdices y llegaban al «Roma», «Balmoral» , «Mozo» o «El Corrillo» con las manos cansadas de tanto volante.
Ningún «Bentley», ningún «Morgan», ningún «Daimler», ningún «Seiscientos» en su esplendor modesto. Todo aparente, retocado y de mal gusto.
Sólo le falta al Lamborghini Miura
–seiscientos mil euros– el cartelito de «No corras, Papá» ubicado en las cercanías del volante.
Como en los barcos. Una señora de mucho y joven dinero compró un interminable barco. Para ir de proa a popa era recomendable un breve descanso a mitad de trayecto. En la cámara principal, como si de un atolón de coral se tratara, se exhibían centenares de peces multicolores de cristal de Murano. Ella, bastante gorda y protegida por una inmensa pamela, navegaba sentada en la popa, como el Pirata de la canción de Espronceda. Se trataba de fondear en la Costa de los Pinos. El capitán demandó su autorización. –¿Le parece bien aquí para arriar el ancla?–; – sí, capitán, me parece el lugar ideal. Pero antes de soltar el ancla, cerciórese de que no haya un buzo en el fondo–.
Una mujer pendiente de la humanidad submarina.
Pero con gracia. Su marido trincó, ella enviudó y que la registraran. No es el caso de Jordi Pujol Ferrusola con su colección de deportivos horteras. Es complicado escribirlo, pero un «Ferrari», aunque sea adquirido con dinero limpio, es hortera. La gente con gusto se compra un «Morgan», que sirve para lo mismo que el «Ferrari», es decir, para nada. Pero rebosa clase.

El chico mayor de los Pujol, del que se sospechan pingües corrupciones – que jamás serán juzgadas–, es un hortera de bolera de Las Vegas. Para ser corrupto hay que tener más gusto, más gracia y mejor educación. Éste compra un barco, llega a una cala y no ordena comprobar, antes de echar el ancla, si hay buzos en el fondo.

jueves, 7 de mayo de 2015

La tele impulsa la lectura - Ánxel Vence

La tele impulsa la lectura - Ánxel Vence

Debuta estos días como novelista Olvido Hormigos, inolvidable concejala que alcanzó fama con un video de producción propia en el que se aliviaba de ciertos escozores íntimos. Aquella pieza le sirvió de peana para llegar a las páginas centrales de Interviú, a los reality-shows de la tele y, finalmente, a su consagración como escritora. Al igual que los del Señor, los caminos de la literatura son inescrutables.
La novela tiene como protagonista a una mujer que envía un video erótico a su amante, de lo que se deduce un cierto carácter autobiográfico. Podría haberse titulado, no sin justicia, "El peso de la paja"; pero ese epígrafe ya se lo madrugó años atrás a Hormigos el escritor catalán Terenci Moix. La debutante en el Parnaso de las letras ha optado por darle el título de "El abrazo infiel", a todas luces menos rompedor.
Rótulos aparte, el libro está llamado a ser un best-seller, como todos los que salen de la factoría de la televisión. Así permite aventurarlo, al menos, el precedente de Belén Esteban, gloria de la telerrealidad y autora de un sesudo ensayo que bajo el título de "Ambiciones y reflexiones" la convirtió durante semanas en la escritora más vendida de España.
Es natural. En esa opera prima, Esteban negaba, por ejemplo, la fama de malos amantes que al parecer aqueja a los españoles. "Dicen que no saben hacer el amor a una mujer, pero no es verdad. ¡Por mis cojones que sí saben satisfacernos!". A esta reflexión unía otras de parecida enjundia, tal que la siguiente: "Yo soy muy del Rey, pero el Urdangarín para mí es un cabronazo". Y aún habrá quien se sorprenda de su éxito.
Ahora que el libro de papel sobrevive malamente a la revolución digital, hay que ensalzar la contribución de la tele a la lectura. Es un hecho fácilmente constatable que los libros de mayor venta suelen ser escritos -o dictados a un negro- por caras populares de la tele, que es el escaparate en el que mejor se exhibe cualquier género.
A la producción literaria de las ya mentadas Hormigos y Esteban se suman las decenas de títulos publicados bajo la firma de presentadores, chefs, tertulianos y otras gentes del gremio que saltan de la pantalla a las letras, generalmente con gran éxito de público. Ahí están para demostrarlo -entre otras muchas- las obras de María Teresa Campos, Mario Vaquerizo, Paz Padilla o Mercedes Milá, que tituló su libro con el desacomplejado título: "Lo que me sale del bolo".
Pudiera parecer que las relaciones entre la tele y el libro no son muy distintas de las que mantienen el perro y el gato, pero tampoco conviene fiar demasiado en las apariencias. La idea de que la pantalla boba disuade de la lectura ya la desmontó hace tiempo Groucho Marx en una de sus muy celebradas observaciones. "La televisión", decía el más listo de los Marx, incluyendo a Karl, "es un medio extraordinariamente educativo". Y lo explicaba así: "Cuando alguien la enciende en la sala de mi casa, yo me voy enseguida a la habitación de al lado y me pongo a leer un buen libro".
Pasados los años, la tele sigue fomentando ese saludable hábito de leer gracias a las contribuciones de Belén Esteban y otras personalidades ya citadas del medio.

Ahora se ha subido al carro de los autores novísimos Olvido Hormigos, con una novela que promete eclipsar a las "50 sombras de Grey" de ser cierto lo que anuncian las primeras reseñas. Pueden apostar a que no será la última.

jueves, 30 de abril de 2015

Hable de sexo con Munilla - David Torres

Hable de sexo con Munilla - David Torres

Muchos feligreses saben por experiencia que el confesionario funciona a menudo como consultorio sexual: “¿Practicas tocamientos? ¿Cuántas veces al día? ¿Solo, con amigos, en familia?” Estas y otras relevantes cuestiones no obedecen a la natural curiosidad del sacerdote, sino al estricto cumplimiento de su vocación, centrada obsesivamente en el sexto mandamiento. Una vez despachados los pecados habituales (“¿Has matado mucho esta semana? ¿No? ¿Has puteado a tus empleados? ¿Has pegado a tu mujer? ¿Has robado, has defraudado a Hacienda, tienes cuentas en Suiza?”), el confesor se lanza en plancha a la entrepierna, al aparato reproductor, que es lo que de verdad le interesa al Gran Jefe allá arriba. Un creador, sobre todo si es supremo, se interesa fundamentalmente por la procreación.
El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha publicado un manual sobre sexualidad católica (y no digo lo de manual con segundas intenciones) que va a entrar directamente a las listas de best-sellers, a hacer la competencia a eminencias del rango de Belén Esteban y Risto Mejide. El condón, la regla, el aborto, los abusos a menores: no hay charco donde el obispo no meta el pie, a menudo los dos y a veces hasta el alzacuellos. Por ejemplo, la naturaleza “cíclica” de la condición femenina, que afecta el humor, la sensibilidad y la susceptibilidad de las mujeres: “A algunas les da por la actividad o la limpieza”. Debería incluir una tabla de estadísticas respecto al desgaste de detergentes y mochos de fregona en conventos de monjas de clausura.
No podía faltar, por supuesto, la referencia a la homosexualidad, una “depravación grave” según las Sagradas Escrituras, otro manual de prácticas sexuales que lleva milenios en vigor y que entró en las listas de best-sellers mucho antes que el grimorio de Munilla e incluso que los de Risto Mejide. Munilla se apoya en la Biblia y en San Pablo para desacreditar a Kinsey, a Havelock Ellis y hasta al Papa Francisco, que hace poco se preguntaba quién era él para juzgar a un gay si busca a Dios y tiene buena voluntad. Pues haber sido obispo vasco, pibe, que no es lo mismo predicar desde Roma que desde Donosti.
Buena parte del volumen está dedicado a la masturbación, una práctica que el obispo considera “violencia contra el cuerpo”, “autoviolaciones”, tal como las denomina el clero polaco con exquisito neologismo. Los estudios clásicos sobre sexualidad humana consideran la masturbación exactamente lo contrario, un ejercicio de descubrimiento del propio cuerpo, una exploración del deseo, un saludable desahogo en el peor de los casos. Pero qué sabrán ellos. Pudiera parecer que el voto de castidad supondría un serio veto para el conocimiento a fondo de estas cuestiones, pero es justamente al revés, como lo demuestra aquella escena brutal de La última noche de Boris Grushenko, en la que Woody Allen y una aristócrata rusa ponían patas arriba un dormitorio. Cuando la aristócrata, felizmente despeinada, le decía cómo es que sabía tanto de sexo, Woody Allen respondía: “Será porque practico mucho cuando estoy solo”.

Una lástima que Munilla no dedique un capítulo del libro a lo último en masturbación post mortem: un reciente invento que consiste en rellenar un consolador transparente con las cenizas del ser amado para que siga cumpliendo sus obligaciones maritales desde el más allá, dando un nuevo significado a ese dicho cristiano de “polvo al polvo”. Probablemente lo incluya en posteriores ediciones de su manual, quizá al tiempo de que Nacho Vidal publique al fin ese estudio teológico sobre el poder de la oración y el alcance de la fe que tanto tiempo llevamos esperando.

jueves, 23 de abril de 2015

Chino y de Bilbao - David Torres

Chino y de Bilbao - David Torres

Hace algún tiempo, en un programa de televisión donde apareció en su papel de monje shaolín caminando sobre brasas ardientes, Juan Carlos Aguilar dijo: “Yo como budista pienso que las llamas son seres vivos. Me comunico con ellas, les pido permiso y les pido perdón. Y creo que ellas también me piden perdón, porque no creo que esté haciendo algo malo”. Su parlamento recuerda un poco la hermosa plegaria que pidió al fuego San Francisco de Asís antes de que el cirujano le clavara un tizón ardiente en el ojo: “Hermano fuego, Dios te hizo bello, poderoso y útil, te ruego que seas amable conmigo”. Por lo demás, no había muchas más similitudes entre el poverello y el falso chino de Bilbao excepto aquella curiosa afirmación de Dostoievski de que no hay nada más parecido a un asesino que un santo.
Años después, Juan Carlos Aguilar, en su gimnasio budista de Bilbao, pisoteó a dos mujeres una tras otra como si pisara brasas ardientes y, en efecto, tampoco pensó que estuviera haciendo algo malo. Por la serenidad con que medita durante el juicio -casi a punto de echarse una siesta-, la falta de arrepentimiento y de compasión que demuestra, es evidente que todavía lo sigue pensando. La ertzaintza lo sorprendió en medio de una orgía de sangre con una pobre mujer africana que moriría poco después a causa de la paliza recibida. Tenía escondidas en el gimnasio varias bolsas con montones de restos humanos. Los policías que lo detuvieron afirman que, en aquel momento, estaba medio ido y Aguilar achacó sus crímenes a un tumor cerebral que lo dejaba “en un estado de borrachera permanente”. Debe de ser un caso médico digno de estudio, uno de los pocos cuyos efectos secundarios incluyen la melopea, la irresponsabilidad, la violencia, el homicidio y el gusto por guardar trofeos de sus víctimas. El tumor va ya para dos años.
Si no fuese por el rastro de mujeres muertas que ha dejado a su paso, la historia de este impostor made in China daría mucha risa. Hasta que se le cayó la careta, su vida era una especie de campaña electoral continua entre las artes marciales y el budismo de importación. Se cambió el nombre de Juan por el de Huang y decía que era el primer occidental que había logrado el título de monje shaolín; que era maestro diplomado de taekwondo; que había sido tres veces campeón del mundo de kung fu y ocho campeón de España; que era un experto en técnicas de relajación y meditación oriental; que era Licenciado en Humanidades, Antropología y Derecho por la Universidad de Deusto. Lo entrevistaron en directo Pepe Navarro, Javier Sardá y Eduard Punset, una gradación de gurús de la comunicación que explica por sí sola la decadencia de la televisión en España (faltó que le entrevistaran Risto Mejide y Jorge Javier Vázquez). En vez de charlar de religión y de energías alternativas, a Punset tenía que haberle cortado un pan Bimbo a golpes de kárate.

Luego, tras los asesinatos, empezaron los desmentidos desde China y desde diversas federaciones españoles de artes marciales: ni era monje, ni era shaolín, ni campeón mundial, ni de España, ni de Bilbao. Ni kung ni fu ni fa. La mayoría de los turistas viaja a China y vuelve con unas fotos de la Gran Muralla, pero Juan Carlos regresó con la cabeza rapada, una túnica naranja, un máster en budismo y un doctorado en hostias aplicadas. Estas dos últimas disciplinas, la espiritualidad y la de zurrar la badana, no son tan contradictorias como pudiera parecer: como señaló Truman Capote, lo único en común que tenían todos los serial killers que él entrevistó en prisión era que todos creían en Dios y todos tenían tatuajes. Entre atentado y atentado, Bin Laden se pasaba el día orando a La Meca y a menudo la espiritualidad oriental gasta una mala leche de cojones. Por ejemplo, Bruce Lee cerraba los ojos, juntaba las manos y ya no se sabía si estaba rezando o calculando el monto de la patada y el buzón dónde le iba a mandar los dientes al colega. Ahora, en el banquillo, cuando Juan Carlos se pone a meditar ya no se parece a Gandhi, ni siquiera a Bruce Lee, sino a Carlos Jesús, aquel pobre zumbado que fundó una secta andaluza después de recibir la iluminación de un cable de alta tensión. La ex esposa del ex monje confesó que se separó de él porque era “demasiado espiritual”. O sea, que se pasó de espiritual, se pasó de monje, se pasó de kung fu, se pasó de brasas ardientes y se pasó de la raya. Juan Carlos se empeñó en ser chino y de Bilbao con mucho más ímpetu y dedicación que los comerciantes chinos que regentan un badulaque en Bilbao y ni siquiera usan txapela.

lunes, 20 de abril de 2015

Cocineros sin fronteras - David Torres

Cocineros sin fronteras - David Torres

En París se ha montado una trifulca por una obra de teatro del argentino Rodrigo García en que un actor cuelga a un bogavante vivo de un cable, lo parte en dos, lo pasa a la plancha y se lo come ante la platea. El dramaturgo ha salido a defender esta tragedia gastronómica con el audaz argumento de que trata, precisamente, de mostrar la brutalidad de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. No se entiende muy bien por qué los ecologistas no van a protestar a una marisquería, ni menos aún porque el público no se va a ver la misma tragedia en otra marisquería. La obra suena como muy moderna y provocadora, pero lo sería mucho más si cada noche colgaran de un cable a un actor, lo partieran en dos y se lo comieran poco hecho para mostrar las relaciones laborales en el mundo capitalista.
Superada hace mucho la vergüenza de masacrar a un animal en público mediante las corridas de toros, en España ya hemos pasado a la siguiente fase: trocear vivo a un ser humano, masticarlo y escupirlo ante las cámaras. En lugar de un pobre langostino, eligieron a Alberto Sempere, un chaval de 18 años medio crudo al que se le ocurrió presentar una patata también medio cruda con láminas de pimiento y una gamba, casi un autorretrato en 3D. En qué momento. Pepe Rodríguez y Jordi Cruz, prestigiosos críticos de mejillones, se ofendieron muchísimo, casi como si no supieran que todo estaba precocinado, y por poco la emprenden a sartenazos con el pobre infeliz. Quien hasta se echó llorando en brazos de otro de los jurados.
Masterchef no es un programa de cocina: es un programa de humillación pública, una factoría de frustraciones, pornografía caníbal. La gente se sienta no tanto a aprender nuevos platos y trucos culinarios, sino a ver cómo este par de catedráticos del calabacín ponen cara de catedrático al meter la cuchara en una sopa para luego evaluarla en calabacines. La audiencia, por supuesto, subió cual espuma de Ferrán Adriá, porque a la audiencia, masoquista como ella sola, le encanta ver cómo los amos abusan de los débiles, los pisotean en público y los mandan a la mierda sin indemnización ni paro. Ni la sal, ni el azúcar, ni el vinagre de Módena: no hay aderezo más dulce que las lágrimas, aunque sean auténticas, eso es algo que aprendieron hace mucho los escritores de folletines y los fabricantes de estos realitys más falsos que un euro de madera. La música amenazadora, como de película de Hitchcock; las expresiones ceñudas de ambos cuecehabas; el montaje epilépitco; los planos cortados para mostrar las reacciones de los rivales, encantados de que hayan puesto a un compañero en la picota.

Ya sea en la cocina, en la playa de los semifamosos o en una leonera llena de osobucos de ambos sexos, los realitys son el teleatro del siglo XXI, festivales de la psicopatía, un guiñol repelente donde el público aplaude entusiasmado las más bajas emociones humanas: envidia, codicia, mentira, estupidez, egoísmo a todos los niveles. La televisión siempre ha sido un espejo pero nunca su reflejo fue más asqueroso. Si es verdad eso de que somos lo que comemos, como dijo Feuerbach, el próximo reality podría ser de excrementos y ni siquiera habría que cambiar de jurado.

miércoles, 15 de abril de 2015

Aguirre en campaña - David Torres

Aguirre en campaña - David Torres

Aguirre ha empezado la campaña electoral con tanto ímpetu que lo mismo se pasa la alcaldía de Madrid y empieza directamente la invasión de Rusia. Como sabe que el combate que se avecina será duro, ha preparado un himno bélico en el programa de María Teresa Campos y ha llamado a filas a la Legión Extranjera: negros, gitanos y veteranos de los Tercios de Gallardón y Ana Botella. En el amor y en la guerra todo vale, no nos extrañaría que dentro de poco reclutase incluso un batallón de agentes de movilidad.
Populismo es un término que, curiosamente, no aparece en el Diccionario de la Real Academia (donde en cambio sí podrán encontrar palabras tan hispánicas como “bótox”, “papichulo” o “amigovio”), pero el día en que lo incorporen no hará falta definición: bastará con una foto de Esperanza Aguirre. Lo más aproximado a “populismo” que recoge el DRAE es el clásico “demagogia”, que es en lo que ha venido a parar la democracia actual: “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”. El pasado miércoles la lideresa reunió a unos cuantos representantes de asociaciones de gitanos en la sede de Génova y le faltó un pelo para arrancarse a bailar una rumba, como hizo pocos días después en el programa de María Teresa Campos. Fue oír el estribillo, “no estamos locos, que sabemos lo que queremos”, y se puso a hacer palomitas con las manos, como poseída por el duende.
Ella sabe de sobra que su público no entiende ni de economía, ni de privatizaciones, ni de llegar a fin de mes. “No estamos locos, que sabemos lo que queremos”, en efecto, lo que ellos quieren es ver a su lideresa haciendo el chorra y a votar que son dos días. Aguirre tampoco está loca y sabe de sobra lo que quiere: el poder, a cualquier precio, aunque sea dando palmas o haciéndose una foto junto a una pobre mujer negra que vaya usted a saber en qué estaría pensando. Para los más desconfiados y reacios, Aguirre también ha preparado sesiones de psicoanálisis callejero en un sofá. La gente podrá hablar con su ídolo de tú a tú y plantearle cualquier cuestión sobre Madrid. De hecho, ya hay una cola enorme de conductores esperando a preguntarle si podrán aparcar el coche en el carril bus de la Gran Vía con la excusa de sacar dinero de un cajero y luego atropellar la moto del agente que vaya a multarles para ir luego a tomar chocolate con churros en su palacete.

Hay una página en internet paralizada desde hace cuatro años que se llama “Esperanza Aguirre haciendo cosas”. Aparecía la lideresa en diversos atuendos y postureos, como los Click de Famobyl: vestida de minero, brindando con Rodrigo Rato, tocando la batería y ojeando áticos en la Ciudad Prohibida de Pekín junto a Ignacio González. Su uniforme favorito, sin embargo, es el de chulapa, que ella reviste de abanico y azul peperoni, y que amenaza con usar también este próximo San Isidro. Carmona también tiene una página de “Carmona haciendo cosas” donde sale imitando a un frutero, subido a un autobús o echando carreras en silla de ruedas, pero con el vestido de chulapa todavía no se ha atrevido y, como saque un sofá en la Puerta del Sol, se lo lleva la grúa. En esto del populismo pinturero Aguirre le gana por la calle. Cualquier día de estos se come un kebab.

martes, 14 de abril de 2015

Tipos de interés negativos: una nueva burbuja - Juan Ramón Rallo

Tipos de interés negativos: una nueva burbuja - Juan Ramón Rallo

La deuda pública de varios países europeos, incluido España, cotiza o ha cotizado en los últimos meses a tipos de interés negativos. Suiza, de hecho, incluso ha llegado a emitir esta misma semana deuda a diez años a tasas negativas. En principio, se trata de un fenómeno completamente antiintuitivo: los prestamistas no están cobrando por prestar su capital a los Estados, sino que están pagándoles por el privilegio de prestarles. Se trata, claro está, de una situación absolutamente irregular que no presagia nada bueno.
¿A qué se debe el cambio ?
Lo primero que analizar es qué cambios se han producido en los mercados financieros desde 2012 para que los tipos de interés de la deuda española estuvieran entonces disparados y hoy, en cambio, se hayan desplomado. Visto desde fuera, pareciera que los inversores estuvieran locos y que el coste de nuestra deuda fuera esencialmente aleatorio. Pero la explicación es bastante más sencilla: hasta julio de 2012 España estaba abocada a la bancarrota porque nadie se fiaba de su solvencia; a partir de julio de 2012 Mario Draghi prometió hacer "todo lo necesario" para salvar a los países de la Eurozona y los mercados lo creyeron, así que los tipos de interés comenzaron a descender con agresividad.
Pero una cosa es descender y la otra entrar en tipos negativos.
¿Qué son los tipos de interés negativos?
Imagine que compra por 101 euros un bono que le promete 100 euros dentro de un año. En tal caso, usted cerrará una pérdida de casi el 1% anual. Eso es el tipo de interés negativo: el valor actual del bono supera su valor futuro. Usted ha de pagar hoy más de lo que recuperará mañana.
Evidentemente, se trata de una anomalía: lo habitual es que nadie quiera pagar más de 100 euros hoy para recibir 100 mañana. De hecho, lo habitual es querer pagar menos de 100 euros: por ejemplo, 95 hoy a cambio de recibir 100 mañana. Los cinco euros de diferencia son precisamente el interés con el que se nos compensa por inmovilizar nuestro ahorro durante un año (por tenernos que esperar a gastarlo en el futuro) y por incurrir en riesgos.
¿Cuál es la causa?
Las razones que explican los tipos de interés negativos no son únicas, pero todas ellas se complementan:
Abundancia de liquidez global. Tras ocho años de crisis económica, existe una abundante liquidez entre los inversores por dos razones esenciales. La primera es el proceso de desapalancamiento asociado a la crisis: los deudores van (a duras penas) amortizando sus deudas y, en consecuencia, los acreedores van cobrando y acumulando saldos de tesorería. La segunda son los Quantitative Easing de los bancos centrales: estos institutos de emisión imprimen nueva moneda para comprar las deudas todavía no vencidas en manos de los acreedores, inyectando un exceso artificial de liquidez dentro en el sistema económico.
Ausencia de buenas inversiones alternativas. Que exista una sobreabundancia de liquidez no basta para explicar por qué los tipos de interés son negativos. A la postre, si hubiese muchas personas que quisieran tomar prestada esa liquidez se ofrecerían rentabilidades elevadas para inducir a los ahorradores a que se la prestaran. Sin embargo, el capital líquido supera abundantemente las oportunidades en las que se desea invertirlo, de modo que los tipos de interés se hunden. Las razones de este desequilibrio son básicamente dos: la primera, que el proceso de reestructuración y saneamiento productivo de la crisis económica global está lejos de haber concluido, de modo que sin esos ajustes de precios y de factores no aparecen suficientes oportunidades atractivas de inversión; la segunda es que el proceso de desapalancamiento tampoco ha terminado, de forma que muchos agentes económicos (todavía muy endeudados) siguen siendo extremadamente cautos a la hora de incorporar nuevos riesgos a su patrimonio (disponen de un escaso margen para asumir pérdidas). Pocas oportunidades y alta aversión al riesgo.
Deuda pública como sustituto de la tesorería. Abundante liquidez e inexistencia de oportunidades donde aparcarla se traducen en unos muy cuantiosos saldos de tesorería ociosos. ¿Qué pueden hacer con ellos los ahorradores? La respuesta intuitiva es decir que pueden dejarlos en el banco o debajo del colchón. Pero no es tan sencillo como parece: si depositamos la liquidez en el banco, sólo estamos trasladando el problema a un nivel más elevado: ¿qué hará el banco con toda esa liquidez? De nuevo, el banco tiene dos opciones: o depositarla en el banco central o guardarla en sus cajas fuertes (debajo del colchón). Depositar la liquidez en el banco central es caro: el BCE cobra a los bancos un -0,2% por hacerlo. Guardar la liquidez en las cajas fuertes de un banco (o debajo de nuestro colchón) también es caro: hay gastos de mantenimiento y de aseguramiento que deben cubrirse y que, según algunos cálculos, podrían ser equivalentes al -2% anual. Por tanto, la deuda pública de países solventes como Alemania o Suiza puede ser una alternativa barata con la que minimizar el coste de conservación del exceso de liquidez, sobre todo si existe la más mínima desconfianza de que el euro vaya a sobrevivir a largo plazo (mejor ser acreedor del Gobierno alemán, o del suizo, que del Banco Central Europeo). Dicho de otro modo, prefiero pagar un -0,5% por la deuda suiza que pagar el -0,2% por la incierta deuda del BCE o el -2% por guardar el dinero debajo del colchón.
Especulación alcista. Una última razón que explica que los tipos de interés hayan entrado en terreno negativo es la especulación alcista sobre la deuda pública. Como hemos dicho antes, los tipos de interés negativos implican que estoy comprando por 101 euros un bono que pagará 100 euros en un año. Pero ¿qué sucede si espero que dentro de unos días algún inversor esté dispuesto a comprarme ese bono por 102 euros? Pues que obtendré plusvalías a corto plazo. La expectativa especulativa de que el precio de los bonos siga subiendo, aun cuando hayan entrado en terreno negativo, podría explicar parte de sus movimientos al alza. ¿Tiene sentido esperar que el precio de los bonos estatales vaya a seguir subiendo, cuando ya superan el monto que vamos a recibir a vencimiento? Sí, si se espera que los bancos centrales vayan a seguir añadiendo nuevas rondas de liquidez en el mercado o a incrementar los tipos de interés negativos que cobran a los bancos por permitirles depositar su dinero.
¿Cuáles son las consecuencias?
Una vez explicadas las causas de los tipos de interés negativos, queda por tratar de vislumbrar sus dos consecuencias principales:
Estímulo al endeudamiento estatal. Actualmente, a diversos Estados europeos se les está pagando para que se endeuden. Si con tipos de interés por encima del 7% anual nuestros Gobiernos no renunciaban a hiperendeudarse, con tipos negativos van a sentirse orgullosos de emitir deuda como locos. El problema es que, por muy negativos que sean actualmente esos tipos de interés, en el futuro seguiremos teniendo que amortizar esa pesadísima carga de deuda que hoy continúan cebando.
Estímulo a la excesiva asunción de riesgos entre los ahorradores. Si la deuda pública paga intereses negativos, el resto de ahorradores con saldos de tesorería estará crecientemente tentado a invertir en activos que considera poco seguros pero que al menos ofrecen algún retorno. Por ejemplo, esta misma semana el Fondo de Reserva de la Seguridad Social anunció que no invertiría en deuda pública española si ésta persistía en sus tipos de interés negativos. Entonces, ¿en qué invertiremos el ahorro de los pensionistas? ¿En deuda pública portuguesa? ¿En deuda pública griega? ¿En deuda pública nigeriana? ¿En deuda corporativa? ¿En acciones? Expulsados de la zona de confort, sólo nos queda ir asumiendo crecientemente riesgos antes de que las condiciones subyacentes que explican esos altos riesgos se hayan corregido (a saber, la incompleta reestructuración productiva y financiera de la economía).

En resumen, la intervención política en los mercados reales y financieros antes de que la crisis económica se haya solventado endógenamente está conduciendo a que Gobiernos y ahorradores privados asuman riesgos desproporcionados: los primeros, para mantener las burbujas estatales sobreendeudándose; los segundos, para conservar su patrimonio impidiendo que pinchen del todo las burbujas privadas. Frenado el reajuste productivo, ralentizado el proceso de desapalancamiento y regados los mercados con excedentaria liquidez artificial, llegamos a unos inquietantes y peligrosos tipos de interés negativos. Las burbujas no salen gratis.

Nos gustan las mujeres poco hechas - David Torres

Nos gustan las mujeres poco hechas - David Torres

En Instagram puedes colgar la foto de una niña vestida como una puta pero no la foto de una mujer tumbada con una pequeña mancha de sangre menstrual. El período sigue siendo un tabú tan antiguo como el mundo. Tanto que la artista paquistaní Rupi Kaur se encontró con que la célebre red social había censurado una serie de fotos que intentaban precisamente normalizar el hecho de la menstruación. Las redes sociales se rigen por un criterio moral tan estricto como el Concilio de Trento en los tiempos en que ordenó alfombrar de túnicas y velos las entrepiernas de El Juicio Final de Miguel Angel. Allí donde colgaba una polla o asomaba un cojón, Daniele da Volterra y Girolamo da Fano corrían pincel en mano para añadirles un calzoncillo al óleo.
El culo más famoso de Instagram es el de Jen Selter, una fanática del fitness que cincela sus carnes a golpe de ejercicios y luego las fotografía para compartir en la red la gloria de sus nalgas. Es un culo acrobático, exagerado, hipnótico, un culo con curvas de nivel, mapa topográfico y vida propia, tan hiperbólico que parece irreal. Por eso mismo puede exhibirse sin pudor ni censura, porque no hay peligro de que nadie lo tome por un culo auténtico. No es como el de Rupi Kaur, que es un culo bello y modesto, casi velazqueño en su perspectiva, pero del cual gotea puntualmente el licor rojo de la vida.
En otra cosa no, pero en esto de la ignorancia de los procesos fisiológicos, Instagram recuerda un poco a Hitchcock que, cuando estaba rodando una de sus primeras películas, se enfadó mucho porque una actriz, con la excusa de que tenía la regla, se negaba a meterse en una bañera. Hubo que explicarle al bueno de sir Alfred -que por entonces aún no era sir pero que ya tenía 26 añitos- lo que era la menstruación. La represión sexual, fruto a medias del ambiente victoriano y de su educación católica, hirvió a cámara lenta en el cerebro de aquel gordaco genial, que en las siguientes décadas se hinchó a filmar tobillos y canalillos, y a matar señoras rubias en la pantalla, hasta que al fin logró el culmen de la violación en el séptimo arte: el brutal asesinato del frutero en Frenesí, quien, al terminar, se zampa a bocados una manzana, como si fuese Adán.

Aunque en Facebook hay docenas de páginas dedicadas a peleas de perros con fotos de animales destrozados a dentelladas, y docenas de páginas repletas de imágenes eróticas de adolescentes menores de edad, pobre de ti como se te ocurra subir una honesta y cuarentona teta. A Facebook, como a Instagram, le molestan las mujeres hechas y derechas; ellos prefieren seguir creyendo en los culos ingrávidos y en los bebés que vienen de París. En El escándalo de Larry Flint hay una escena hilarante donde Larry Flint, el editor de Hustler, interpretado con fogoso brío por Woody Harrelson, le pide a una preciosa modelo desnuda que se abra de piernas y luego le ordena al fotógrafo que saque “un primer plano del conejo”. El fotógrafo se niega, escudándose en la ley que marca esa extraña y nebulosa frontera entre el erotismo y la pornografía. Flint le pregunta: “¿Eres un hombre religioso? ¿Crees que Dios hizo a la mujer?” El fotógrafo asiente. “¿Y cómo hizo Dios a esta mujer? ¿Con coño o sin coño? ¿Y quién diablos crees que eres para corregir la obra de Dios?” Lo mejor de todo es que Milos Forman tampoco se atrevió.

jueves, 26 de marzo de 2015

Pedro Reyes, el infinito estrecho - David Torres

Pedro Reyes, el infinito estrecho - David Torres

“El cielo es infinito, pero muy estrecho” decía una vez Pedro Reyes en un soliloquio delirante en el que contaba que, tras su propia defunción, se iba al cielo y se encontraba a Dios tejiendo un pullover y a un tío suyo que se había muerto de asco. La frase, como tantas de las suyas, era una genialidad, un descubrimiento, una iluminación, electricidad hecha risa, pura matemática del absurdo donde dos y dos sumaban lo que a él le diera la gana. Por ejemplo, una vaca. Con Pedro Reyes descubrimos que el surrealismo no era únicamente una cosa rara que se estudiaba en los libros y que daba trabajo a pintores, escritores y cineastas, sino una cierta forma de mirar el mundo que a la postre resultaba mucho más saludable, divertida y exacta que los tristes ojos de rumiante con que lo miramos todos los días. Oír una cualquiera de esas historias disparatadas que parecían ocurrírsele según abría la boca (y que en realidad estaban medidas al milímetro) era un paréntesis de felicidad, un orgasmo de inteligencia, sexo sin condón pero con los pantalones puestos.
Fue uno de los pocos cómicos capaces de enfrentarse cara a cara al público, a calva descubierta, a bigote limpio, sin un compañero, sin un acordeón, sin un traje de payaso, sin un repertorio de chistes. En El club de la comedia, la ácida película de Scorsese sobre el arte de hacer reír, Robert DeNiro tenía un largo monólogo inicial en el que tenía que luchar contra el público hostil y malhumorado de una sala de fiestas, y años después confesó que era la escena más dura que jamás había hecho. Un cómico en solitario es un kamikaze del espectáculo, un francotirador de carcajadas, un saxofonista sin saxo; no puede escudarse detrás de un instrumento, ni de un guión de comedia, ni de un muñeco de madera: él es a la vez marioneta y ventrilocuo, piano y pianista, escenógrafo y escenario. Por eso muchas veces parecía que se volviera loco, se desmadraba, se ponía unas chaquetas disléxicas, se mordía la lengua para amagar un puñetazo y empezaba a dar alaridos demenciales. La suya era una locura controlada, amable, inofensiva, aunque al terminar el número muchos entre el público saliéramos apretándonos el bajo vientre de la risa, dolorido como si nos acabaran de dar una paliza.
Tenía pinta de científico chalado, de poeta romántico, la calva desmelenada, el bigote filósofo, una gárgola de acento andaluz que practicaba un humor gótico, una poesía desaforada y violenta en la que se mezclaban el cine mudo, el teatro pánico, el circo, la greguería, el kung-fu de pasillo, la voltereta mental y el exorcismo. Todavía recuerdo la última vez que lo vi sobre un escenario, en una edición de La Risa del Bilbao, la tormenta de carcajadas con que arrasó la sala, y luego, al acabar, la tranquilidad con que salió a tomarse unas copas con nosotros, como si junto con el traje se hubiera despojado de la piel del loco que le había poseído durante casi hora y media.

Una vez se enamoró de una vaca en una conferencia esotérica por culpa de una mirada que le golpeó en plena nuca: “la energía ni se crea ni se destruye, pero siempre me da a mí”. Este número de zoofilia radical acababa con el enamorado intentando ligar a saltos con una mosca. Anoche se nos marchó a traición, con esa brusquedad suya que era también timidez, educación, ganas de no molestar, se fue del brazo de la nada, rumbo a un cielo infinito pero seguramente demasiado estrecho.

viernes, 20 de marzo de 2015

Je suis Jean Charlie de Borbón - David Torres

Je suis Jean Charlie de Borbón - David Torres

Nadie hace más por ampliar los límites de la libertad de expresión que un censor. El último, Bartomeu Marí, director del MACBA, ha prohibido la exposición de una escultura para no ofender al célebre monarca campechano, sin caer en la cuenta de que, al prohibirla, le ha proporcionado una difusión urbi et orbi. Hot Couture 4 Transport, un mamotreto horrendo cuya encarnación física habrían visto aproximadamente trescientas personas, ayer se convirtió en una Gioconda planetaria en versión viral. No se sabe si la cancelación y su repentina fama mundial le habrán hecho más daño al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, a la institución de la Corona, o al arte escultórico en general.
Ines Doujak ha conseguido lo que ya parecía casi imposible en la escena del arte contemporáneo: un gran escándalo. Se puede ofender a Alá, pero al rey Juan Carlos no, lo cual da una interesante perspectiva teológica sobre la monarquía española. Hace sólo unos días, la inefable Ana Botella consiguió una publicidad inesperada para Soziedad Alkoholika al vetar un concierto del grupo porque podía escandalizarse el personal. Lo hizo en aras de las buenas costumbres, no por el daño infligido a la música, lo cual hubiese sido una decisión igual de injusta aunque menos arbitraria. Más ofende a las musas Julio Iglesias y le dan medallas.
Marí tenía una excusa a mano bien sencilla, estética y nada política, para prohibir la visión pública de la obra de Doujak: que su estatua es más fea que pegar a un padre el Día del Padre. O sea, hoy. Sin embargo, esta polémica decisión anularía de inmediato buena parte de las galerías del MACBA, del MOMA, del Reina Sofía y cancelaría ARCO por los siglos de los siglos. No, a Doujak la censuran por ser en exceso explícita, por confesar directamente el motivo de su inspiración: un retrato, una alegoría que refleja las relaciones entre “La bestia y el soberano”. El conjunto escultórico representa una sodomización en trío perpetrada encima de unos cascos bélicos; la primera figura está a cuatro patas ramoneando unas acelgas, la segunda, arrodillada detrás de él y dándole bien por saco, lleva un casco quizá de minero; y la tercera, de pie, cerrando el círculo, consiste en una especie de perro lobo o de lobo perro, vete a saber.

Al primer golpe de vista (es difícil echarle dos), y sin haber leído el texto de la noticia, la figura receptiva y ramoneante me pareció vagamente inspirada no en el rey Juan Carlos, sino en Manuel Torreiglesias, el presentador de Saber vivir. Contemplada desde esta perspectiva, la escultura (o lo que sea) parece un anuncio del programa, una invitación a la vida sana: haz el amor, no la guerra. Y también: come mucha verdura y folla mucho, puedes hacer las dos cosas a la vez, e incluso practicar la zoofilia, si te apetece y, sobre todo, si le apetece al perro. No obstante, al teledirigir burdamente los ojos del espectador para que vean lo que ella quiere que vean, Doujak se ha cargado la ambigüedad, uno de los principios fundamentales en la recepción de cualquier obra de arte. Recuerdo que una vez, plantado delante de un monigote retorcido muy parecido a una boñiga al óleo, un joven se echó a reír a carcajadas y el pintor, allí presente, le reconvino porque no se había fijado en el título de la pintura: “Auschwitz”. El joven, secándose las lágrimas de la risa, respondió: “Perdona, hombre, pero la culpa es tuya. Haberlo pintado bien”.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El escritor y periodista José Luis Alvite era un pensador desde los márgenes - Israel Sanmartín

El escritor y periodista José Luis Alvite era un pensador desde los márgenes - Israel Sanmartín

Desde allí intentaba construir pensamiento en la distancia de lo oficial y de lo común. Pero esa distancia no era un lugar sino un espacio imaginartidad y de provincianismo.
Estamos a dos meses de la muerte de José Luis Alvite, un pensador desde los márgenes, donde el margen no es un espacio físico sino una distancia. Una distancia que se construye a partir de un estado filosófico cionaresco, ificado por so que construía Alvite en relación a esos dos elementos. Es la novela de Eduardo Blanco Amor, A Esmorga. Una obra importante dentro de lo que se ha cimentado como canon de la literatura gallega. La novela es la historia de tres personajes que podríamos considerar outsiders y sus aventuras y desventuras durante tres días (curiosamente triunfa ahora en el cine). El ambiente claustrofóbico y extremo de la novela tiene un fin “abierto” y apocalíptico o de Alvite lo podemos buscar en Ciorán, en ese reducto de pensamiento optimista dentro de los relatos más pesimistas que podemos elaborar. Todo en esa búsqueda de vientos para navegar en sentido contrario y en esa máxima cioranesca de que “la vida no tiene sentido por eso hay que vivirla”. Por supuesto, que toda la visión antropológica heideggeriana de “ser hacia la muerte” está en Alvite en un sentido existencial y no desde un punto de vista político, como han mostrado algunos filósofos del siglo XX. 
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Blanco Amor, Ciorán y Heidegger son lasrelato oficial de los acontecimientos reales. Su etapa en el periódico compostelano la continua en otro diario histórico gallego, La Voz de Galicia. Allí convivió en una redacción encabezada localmente primero por Álvarez Pousa y después por el excepcional  Xosé López Morgan. Alvite formaba parte de un grupo de periodistas con mucho talento y oficio (Ignacio Carballo, Lois Blanco, Manuel Beceiro, Luis Villamor, Concha Pino, Fernando Varela o Quique Alvarellos) entre los cuales estaba Nacho Mirás Fole (quien ahora triunfa con El peor momento de mi vida), a quién nombró su sucesor antes de fallecer. En esa casa escribió sobre personajes y lugares de la ciudad de Santiago, enseñándole a sus lectores cómo alejarse de la comodidad burguesa de una ciudad de provincias, de cómo pensar y comprender Compostela desde otra mirada y de cómo prevenirse contra la coerción estructural de todos aquellos que quieren ejercer de notables en un espacio tan “blancoamorista”. La entrevista y la columna fueron sus medios naturales. Por ellas desfilaban todo tipo de personajes que convertía en reflexiones y pensamientos sus diálogos. Más que entrevistas periodísticas eran diálogos filosóficos y existencialistas con sus entrevistados. Sus columnas eran puro pensamiento sartreano. Esta etapa en el diario coruñés se truncó en 1995 cuando el propio Alvite reconocía que una “mano negra” lo había llevado al ostracismo. Ante esas tinieblas, Alvite se dirige a presentar su dimisión al por entonces director del diario de La Voz de Galicia, José Luis Gómez, quien sería decisivo para su lanzamiento a nivel nacional. José Luis Gómez, que era además antiguo compañero de Alvite en El Correo Gallego y sobre todo amigo, se queda estupefacto ante la situación y le dice que espere.
De la mano de José Luis Gómez y con Emilio Rey de editor, unas semanas después empezó a publicar su artículo en la contraportada de Diario 16, que era un barco a la deriva que daba sus últimos coletazos bajo capital gallego, pero que sirvieron a Alvite para ser conocido más allá de Ponferrada. Del diario fundado por el histórico Juan Tomás de Salas desembarcó en aquel vibrante, heterodoxo, literario y transgresor La Razón de Luis María Ansón, donde se mantuvo hasta su muerte. Eso lo fue compaginando con colaboraciones exquisitas en Faro de Vigo y otros diarios del Grupo Prensa Ibérica editados en Galicia. Esto lo acompañó con la presencia en el programa radiofónico de Carlos Herrera en Onda Cero.
En ese momento su obra tomó otra dimensión, sobre todo en el “espacio de recepción”, puesto que el público se multiplicó y muchos lectores pudieron apreciar sus construcciones literarias. En ese momento, Alvite ya no es sólo el escritor. Su “espacio de enunciación” como autor también se ve influido por la recepción de sus lectores  y por la construcción autoral de sus nuevos críticos madrileños. Su obra continuó siendo muy reflexiva y con las características vinculadas a Blanco Amor, a Ciorán o a Heidegger, pero ahora necesitaba una coartada para amplificar sus relatos y dotarlos de una dimensión más universal. Esa fue una de las razones por las que creó el Savoy. Alvite encontró el callejón perfecto para escaparse de las intrigantes de “palleiro” y de los navajeros de corbata. Madrid le había dado el éxito. Un triunfo que lo vinculó al Savoy, a partir del cual se ha identificado un autor de la tiniebla nocturna y de un ambiente supuestamente newyorkino que no es más que Compostela. Y allí anidan unos personajes imaginarios que podrían ser identificables. Alvite, en realidad, sólo ampliaba la dimensión del relato. Esas columnas del Savoy las acompañaba con otras de reflexión mucho más brillantes y con algunas  más flojas vinculadas al mundo de la política.
En el universo de Alvite lo real y lo maravilloso forman parte de su construcción de la realidad
La política era un tema que no le quedaba bien a Alvite. Era un pensador de lo existencial, de la sensibilidad, de las relaciones personales, del sentido del mundo; pero no era un exégeta de la ideología. Era un tema demasiado mundano y que discurría por carreteras demasiado transitadas para Alvite.  La ruta, la salida, la carretera, era el sofá de Alvite, donde él se encontraba en casa. Desde allí, mostraba su desafecto a lo rutinario y a lo repetitivo. Buscaba aliviar su existencia en el viaje, el cual había empezado años atrás y del que no pudo volver. Cuando alguien inicia una fuga, aunque quiera no puede volver atrás. Sus salidas reales o imaginarias; solo o con compañía, son claves para entender su pensamiento. El viaje o la salida podían tener carácter real o maravilloso, aunque ambos se entrelazaban.
En el universo de Alvite lo real y lo maravilloso forman parte de su construcción de la realidad.  Una noche en la que no pasaba nada era deconstruída por Alvite como un momento maravilloso. Porque lo maravilloso lo utilizaba Alvite para evadirse de la realidad, que le molestaba y le incomodaba, y para completar su mundo, al que le sobraba lo real, la estandarización, la funcionarización y la burocratización de la vida. En esa dupla real/maravilloso, Alvite desordenaba el tiempo. Hacía planes para el pasado, soñaba el presente y hacía detritus con el futuro. Esos pasajes maravillosos vinculados a su escatología, a sus apareamientos o a sus referencias a los actos generadores con mujeres de diversa condición, estaban construidos desde la náusea sartreana, y estaban metodológicamente realizados desde el inconsciente narrativo lacaniano. Alvite escribía como un surrealista, dando rienda suelta a su inconsciente; dejando que se empoderara de sí mismo. En ese ejercicio, Alvite lograba su autoconciencia, se reconocía a sí mismo. El sol que brillaba en esos pasajes lo iluminaban y lograba la calma. Y encendían así su postura contracorriente, permitiéndole relacionarse con quien él quería sin la cara B del día siguiente. 
El Savoy no es un lugar imaginario sino un espacio fruto de la inventio y la negociación entre Alvite, sus lectores y sus críticos
Los pasajes reales/maravillosos y su pensamiento heideggariano, cioranesco y blancoamorista le llevan a construir un pensamiento propio teleológico, donde todo parece predispuesto hacia un fin. Un final que podría ser el de la propia vida, el de la noche, el del encuentro con un personaje o el de sus reflexiones. Esta actitud le llevaba a vivir siempre al margen pero sin confundir la realidad con el espacio físico. Sabiendo que hay esperanza pero que sólo se encuentra en un espacio imaginario en continua construcción y sin identidad. Su pensamiento transitaba de las palabras a las ideas y de las ideas a los imaginarios, pero nunca aterrizaba en espacios concretos, y si había alguno ese era la Compostela que había convertido en Savoy. El orden imaginario de Alvite se sostiene por sí mismo, determina su pensamiento y dota con variedad de significados a un mismo suceso. De tal forma, la realidad de Alvite es una consecuencia de su imaginario y no al revés.  En el pensamiento de Alvite se unen destino, autobiografía, relato y concepción autoral. Construye una noción del pensamiento a partir de los límites de la escritura, que es cinematográfica en el sentido de que siempre busca situarse, aunque sea de forma imaginaria.
La otra cuestión en José Luis Alvite es la metáfora, que significa literalmente “transferencia”. Alvite describía sus pensamientos en términos de semejanzas, aunque también utilizaba metonimias, tomando la parte por el todo; y sobre todo de ironías, mediante las que caracterizaba entidades negando en el nivel figurativo lo que se afirmaba en el literal. Estas herramientas literarias las ha estudiado Hayden White como tramas del discurso. La metáfora es representativa (resultado de lo real y lo imaginario), la metonimia responde a una matriz reduccionista y la ironía a un sentido negativo. Algunos han identificado la metáfora y el Savoy como principales descriptores del alvitismo. Pero el Savoy no es un lugar imaginario sino un espacio fruto de la inventio y la negociación entre Alvite, sus lectores y sus críticos. Y no tiene nada de relevante en su pensamiento. En cuento a la metáfora, no es un recurso literario estético, sino una herramienta profundamente teórica que le sirve para articular su pensamiento, que siguiendo los preceptos de White, lo catalogarían como un autor con un grado de implicación ideológica radical.
No lo han sabido apreciar en Galicia...
José Luis Alvite era un pensador desde los márgenes, y desde allí intentaba construir pensamiento en la distancia de lo oficial y de lo común. Pero esa distancia no era un lugar sino un espacio imaginario carente de identidad y de provincianismo. Y eso no lo han sabido apreciar en Galicia, puesto que como muchos otros ha tenido que marcharse para triunfar. En la distancia podía operar con la marginalidad, con las metáforas y con lo maravilloso y real a su antojo. Era su laboratorio y la fuente de su pensamiento. Dejamos un último episodio para las mujeres, que ocuparon parte importante en las reflexiones de Alvite. De sus enseñanzas se puede extraer la distancia de los sanedrines, de los notables de pueblo, del provincianismo. Y de convivir con el fracaso y con la lucidez de no tener nada, ni, por supuesto, futuro. 
Por tanto, pensador desde los márgenes que refleja la periferia con tres influencias fundamentales (Blanco Amor, Ciorán y Heidegger) y con dos elementos escriturales definidos: lo real y lo maravilloso y las metáforas. Todo eso conforma lo que hemos denominado pensamiento desde los márgenes, que es una distancia más que un espacio y que definen la escritura de Alvite durante años en sus diferentes formatos y siempre desde la prensa.
Para finalizar, Alvite, solía escribir que otros se dedicaban a escribir novelas y él a vivirla. También hablaba que había que aprender a madurar en diferido o a hacer planes para el pasado. Hoy sabemos que sus amigos le seguirán guardando su silla de montar para cuando decida volver. Seguramente estarán todos esperando atentos mientras se demacra en su cara el arrecife de la vejez. En ese momento sentirán en sus miradas cómo aplauden sus tripas. 

José Luis, como siempre, esta noche  llueve en Compostela y los farolillos de la Calderería se pierden en la niebla con el olor de las castañas. Estoy solo, como siempre; y en el “Monte de la mierda”, como acostumbro. Ahora sólo miro el miriñaque del ensanche en la varicela de la noche encendida. Y como escribiste tú una vez, tengo esa sensación de las calles mojadas y de la niebla que me hace soñar que no amanecerá nunca. En ese tiempo eterno, José Luis, maldita sea, te juro que jamás se me perderá nada al sur de la carrera del Conde…