jueves, 30 de abril de 2015

Hable de sexo con Munilla - David Torres

Hable de sexo con Munilla - David Torres

Muchos feligreses saben por experiencia que el confesionario funciona a menudo como consultorio sexual: “¿Practicas tocamientos? ¿Cuántas veces al día? ¿Solo, con amigos, en familia?” Estas y otras relevantes cuestiones no obedecen a la natural curiosidad del sacerdote, sino al estricto cumplimiento de su vocación, centrada obsesivamente en el sexto mandamiento. Una vez despachados los pecados habituales (“¿Has matado mucho esta semana? ¿No? ¿Has puteado a tus empleados? ¿Has pegado a tu mujer? ¿Has robado, has defraudado a Hacienda, tienes cuentas en Suiza?”), el confesor se lanza en plancha a la entrepierna, al aparato reproductor, que es lo que de verdad le interesa al Gran Jefe allá arriba. Un creador, sobre todo si es supremo, se interesa fundamentalmente por la procreación.
El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha publicado un manual sobre sexualidad católica (y no digo lo de manual con segundas intenciones) que va a entrar directamente a las listas de best-sellers, a hacer la competencia a eminencias del rango de Belén Esteban y Risto Mejide. El condón, la regla, el aborto, los abusos a menores: no hay charco donde el obispo no meta el pie, a menudo los dos y a veces hasta el alzacuellos. Por ejemplo, la naturaleza “cíclica” de la condición femenina, que afecta el humor, la sensibilidad y la susceptibilidad de las mujeres: “A algunas les da por la actividad o la limpieza”. Debería incluir una tabla de estadísticas respecto al desgaste de detergentes y mochos de fregona en conventos de monjas de clausura.
No podía faltar, por supuesto, la referencia a la homosexualidad, una “depravación grave” según las Sagradas Escrituras, otro manual de prácticas sexuales que lleva milenios en vigor y que entró en las listas de best-sellers mucho antes que el grimorio de Munilla e incluso que los de Risto Mejide. Munilla se apoya en la Biblia y en San Pablo para desacreditar a Kinsey, a Havelock Ellis y hasta al Papa Francisco, que hace poco se preguntaba quién era él para juzgar a un gay si busca a Dios y tiene buena voluntad. Pues haber sido obispo vasco, pibe, que no es lo mismo predicar desde Roma que desde Donosti.
Buena parte del volumen está dedicado a la masturbación, una práctica que el obispo considera “violencia contra el cuerpo”, “autoviolaciones”, tal como las denomina el clero polaco con exquisito neologismo. Los estudios clásicos sobre sexualidad humana consideran la masturbación exactamente lo contrario, un ejercicio de descubrimiento del propio cuerpo, una exploración del deseo, un saludable desahogo en el peor de los casos. Pero qué sabrán ellos. Pudiera parecer que el voto de castidad supondría un serio veto para el conocimiento a fondo de estas cuestiones, pero es justamente al revés, como lo demuestra aquella escena brutal de La última noche de Boris Grushenko, en la que Woody Allen y una aristócrata rusa ponían patas arriba un dormitorio. Cuando la aristócrata, felizmente despeinada, le decía cómo es que sabía tanto de sexo, Woody Allen respondía: “Será porque practico mucho cuando estoy solo”.

Una lástima que Munilla no dedique un capítulo del libro a lo último en masturbación post mortem: un reciente invento que consiste en rellenar un consolador transparente con las cenizas del ser amado para que siga cumpliendo sus obligaciones maritales desde el más allá, dando un nuevo significado a ese dicho cristiano de “polvo al polvo”. Probablemente lo incluya en posteriores ediciones de su manual, quizá al tiempo de que Nacho Vidal publique al fin ese estudio teológico sobre el poder de la oración y el alcance de la fe que tanto tiempo llevamos esperando.

jueves, 23 de abril de 2015

Chino y de Bilbao - David Torres

Chino y de Bilbao - David Torres

Hace algún tiempo, en un programa de televisión donde apareció en su papel de monje shaolín caminando sobre brasas ardientes, Juan Carlos Aguilar dijo: “Yo como budista pienso que las llamas son seres vivos. Me comunico con ellas, les pido permiso y les pido perdón. Y creo que ellas también me piden perdón, porque no creo que esté haciendo algo malo”. Su parlamento recuerda un poco la hermosa plegaria que pidió al fuego San Francisco de Asís antes de que el cirujano le clavara un tizón ardiente en el ojo: “Hermano fuego, Dios te hizo bello, poderoso y útil, te ruego que seas amable conmigo”. Por lo demás, no había muchas más similitudes entre el poverello y el falso chino de Bilbao excepto aquella curiosa afirmación de Dostoievski de que no hay nada más parecido a un asesino que un santo.
Años después, Juan Carlos Aguilar, en su gimnasio budista de Bilbao, pisoteó a dos mujeres una tras otra como si pisara brasas ardientes y, en efecto, tampoco pensó que estuviera haciendo algo malo. Por la serenidad con que medita durante el juicio -casi a punto de echarse una siesta-, la falta de arrepentimiento y de compasión que demuestra, es evidente que todavía lo sigue pensando. La ertzaintza lo sorprendió en medio de una orgía de sangre con una pobre mujer africana que moriría poco después a causa de la paliza recibida. Tenía escondidas en el gimnasio varias bolsas con montones de restos humanos. Los policías que lo detuvieron afirman que, en aquel momento, estaba medio ido y Aguilar achacó sus crímenes a un tumor cerebral que lo dejaba “en un estado de borrachera permanente”. Debe de ser un caso médico digno de estudio, uno de los pocos cuyos efectos secundarios incluyen la melopea, la irresponsabilidad, la violencia, el homicidio y el gusto por guardar trofeos de sus víctimas. El tumor va ya para dos años.
Si no fuese por el rastro de mujeres muertas que ha dejado a su paso, la historia de este impostor made in China daría mucha risa. Hasta que se le cayó la careta, su vida era una especie de campaña electoral continua entre las artes marciales y el budismo de importación. Se cambió el nombre de Juan por el de Huang y decía que era el primer occidental que había logrado el título de monje shaolín; que era maestro diplomado de taekwondo; que había sido tres veces campeón del mundo de kung fu y ocho campeón de España; que era un experto en técnicas de relajación y meditación oriental; que era Licenciado en Humanidades, Antropología y Derecho por la Universidad de Deusto. Lo entrevistaron en directo Pepe Navarro, Javier Sardá y Eduard Punset, una gradación de gurús de la comunicación que explica por sí sola la decadencia de la televisión en España (faltó que le entrevistaran Risto Mejide y Jorge Javier Vázquez). En vez de charlar de religión y de energías alternativas, a Punset tenía que haberle cortado un pan Bimbo a golpes de kárate.

Luego, tras los asesinatos, empezaron los desmentidos desde China y desde diversas federaciones españoles de artes marciales: ni era monje, ni era shaolín, ni campeón mundial, ni de España, ni de Bilbao. Ni kung ni fu ni fa. La mayoría de los turistas viaja a China y vuelve con unas fotos de la Gran Muralla, pero Juan Carlos regresó con la cabeza rapada, una túnica naranja, un máster en budismo y un doctorado en hostias aplicadas. Estas dos últimas disciplinas, la espiritualidad y la de zurrar la badana, no son tan contradictorias como pudiera parecer: como señaló Truman Capote, lo único en común que tenían todos los serial killers que él entrevistó en prisión era que todos creían en Dios y todos tenían tatuajes. Entre atentado y atentado, Bin Laden se pasaba el día orando a La Meca y a menudo la espiritualidad oriental gasta una mala leche de cojones. Por ejemplo, Bruce Lee cerraba los ojos, juntaba las manos y ya no se sabía si estaba rezando o calculando el monto de la patada y el buzón dónde le iba a mandar los dientes al colega. Ahora, en el banquillo, cuando Juan Carlos se pone a meditar ya no se parece a Gandhi, ni siquiera a Bruce Lee, sino a Carlos Jesús, aquel pobre zumbado que fundó una secta andaluza después de recibir la iluminación de un cable de alta tensión. La ex esposa del ex monje confesó que se separó de él porque era “demasiado espiritual”. O sea, que se pasó de espiritual, se pasó de monje, se pasó de kung fu, se pasó de brasas ardientes y se pasó de la raya. Juan Carlos se empeñó en ser chino y de Bilbao con mucho más ímpetu y dedicación que los comerciantes chinos que regentan un badulaque en Bilbao y ni siquiera usan txapela.

lunes, 20 de abril de 2015

Cocineros sin fronteras - David Torres

Cocineros sin fronteras - David Torres

En París se ha montado una trifulca por una obra de teatro del argentino Rodrigo García en que un actor cuelga a un bogavante vivo de un cable, lo parte en dos, lo pasa a la plancha y se lo come ante la platea. El dramaturgo ha salido a defender esta tragedia gastronómica con el audaz argumento de que trata, precisamente, de mostrar la brutalidad de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. No se entiende muy bien por qué los ecologistas no van a protestar a una marisquería, ni menos aún porque el público no se va a ver la misma tragedia en otra marisquería. La obra suena como muy moderna y provocadora, pero lo sería mucho más si cada noche colgaran de un cable a un actor, lo partieran en dos y se lo comieran poco hecho para mostrar las relaciones laborales en el mundo capitalista.
Superada hace mucho la vergüenza de masacrar a un animal en público mediante las corridas de toros, en España ya hemos pasado a la siguiente fase: trocear vivo a un ser humano, masticarlo y escupirlo ante las cámaras. En lugar de un pobre langostino, eligieron a Alberto Sempere, un chaval de 18 años medio crudo al que se le ocurrió presentar una patata también medio cruda con láminas de pimiento y una gamba, casi un autorretrato en 3D. En qué momento. Pepe Rodríguez y Jordi Cruz, prestigiosos críticos de mejillones, se ofendieron muchísimo, casi como si no supieran que todo estaba precocinado, y por poco la emprenden a sartenazos con el pobre infeliz. Quien hasta se echó llorando en brazos de otro de los jurados.
Masterchef no es un programa de cocina: es un programa de humillación pública, una factoría de frustraciones, pornografía caníbal. La gente se sienta no tanto a aprender nuevos platos y trucos culinarios, sino a ver cómo este par de catedráticos del calabacín ponen cara de catedrático al meter la cuchara en una sopa para luego evaluarla en calabacines. La audiencia, por supuesto, subió cual espuma de Ferrán Adriá, porque a la audiencia, masoquista como ella sola, le encanta ver cómo los amos abusan de los débiles, los pisotean en público y los mandan a la mierda sin indemnización ni paro. Ni la sal, ni el azúcar, ni el vinagre de Módena: no hay aderezo más dulce que las lágrimas, aunque sean auténticas, eso es algo que aprendieron hace mucho los escritores de folletines y los fabricantes de estos realitys más falsos que un euro de madera. La música amenazadora, como de película de Hitchcock; las expresiones ceñudas de ambos cuecehabas; el montaje epilépitco; los planos cortados para mostrar las reacciones de los rivales, encantados de que hayan puesto a un compañero en la picota.

Ya sea en la cocina, en la playa de los semifamosos o en una leonera llena de osobucos de ambos sexos, los realitys son el teleatro del siglo XXI, festivales de la psicopatía, un guiñol repelente donde el público aplaude entusiasmado las más bajas emociones humanas: envidia, codicia, mentira, estupidez, egoísmo a todos los niveles. La televisión siempre ha sido un espejo pero nunca su reflejo fue más asqueroso. Si es verdad eso de que somos lo que comemos, como dijo Feuerbach, el próximo reality podría ser de excrementos y ni siquiera habría que cambiar de jurado.

miércoles, 15 de abril de 2015

Aguirre en campaña - David Torres

Aguirre en campaña - David Torres

Aguirre ha empezado la campaña electoral con tanto ímpetu que lo mismo se pasa la alcaldía de Madrid y empieza directamente la invasión de Rusia. Como sabe que el combate que se avecina será duro, ha preparado un himno bélico en el programa de María Teresa Campos y ha llamado a filas a la Legión Extranjera: negros, gitanos y veteranos de los Tercios de Gallardón y Ana Botella. En el amor y en la guerra todo vale, no nos extrañaría que dentro de poco reclutase incluso un batallón de agentes de movilidad.
Populismo es un término que, curiosamente, no aparece en el Diccionario de la Real Academia (donde en cambio sí podrán encontrar palabras tan hispánicas como “bótox”, “papichulo” o “amigovio”), pero el día en que lo incorporen no hará falta definición: bastará con una foto de Esperanza Aguirre. Lo más aproximado a “populismo” que recoge el DRAE es el clásico “demagogia”, que es en lo que ha venido a parar la democracia actual: “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”. El pasado miércoles la lideresa reunió a unos cuantos representantes de asociaciones de gitanos en la sede de Génova y le faltó un pelo para arrancarse a bailar una rumba, como hizo pocos días después en el programa de María Teresa Campos. Fue oír el estribillo, “no estamos locos, que sabemos lo que queremos”, y se puso a hacer palomitas con las manos, como poseída por el duende.
Ella sabe de sobra que su público no entiende ni de economía, ni de privatizaciones, ni de llegar a fin de mes. “No estamos locos, que sabemos lo que queremos”, en efecto, lo que ellos quieren es ver a su lideresa haciendo el chorra y a votar que son dos días. Aguirre tampoco está loca y sabe de sobra lo que quiere: el poder, a cualquier precio, aunque sea dando palmas o haciéndose una foto junto a una pobre mujer negra que vaya usted a saber en qué estaría pensando. Para los más desconfiados y reacios, Aguirre también ha preparado sesiones de psicoanálisis callejero en un sofá. La gente podrá hablar con su ídolo de tú a tú y plantearle cualquier cuestión sobre Madrid. De hecho, ya hay una cola enorme de conductores esperando a preguntarle si podrán aparcar el coche en el carril bus de la Gran Vía con la excusa de sacar dinero de un cajero y luego atropellar la moto del agente que vaya a multarles para ir luego a tomar chocolate con churros en su palacete.

Hay una página en internet paralizada desde hace cuatro años que se llama “Esperanza Aguirre haciendo cosas”. Aparecía la lideresa en diversos atuendos y postureos, como los Click de Famobyl: vestida de minero, brindando con Rodrigo Rato, tocando la batería y ojeando áticos en la Ciudad Prohibida de Pekín junto a Ignacio González. Su uniforme favorito, sin embargo, es el de chulapa, que ella reviste de abanico y azul peperoni, y que amenaza con usar también este próximo San Isidro. Carmona también tiene una página de “Carmona haciendo cosas” donde sale imitando a un frutero, subido a un autobús o echando carreras en silla de ruedas, pero con el vestido de chulapa todavía no se ha atrevido y, como saque un sofá en la Puerta del Sol, se lo lleva la grúa. En esto del populismo pinturero Aguirre le gana por la calle. Cualquier día de estos se come un kebab.

martes, 14 de abril de 2015

Tipos de interés negativos: una nueva burbuja - Juan Ramón Rallo

Tipos de interés negativos: una nueva burbuja - Juan Ramón Rallo

La deuda pública de varios países europeos, incluido España, cotiza o ha cotizado en los últimos meses a tipos de interés negativos. Suiza, de hecho, incluso ha llegado a emitir esta misma semana deuda a diez años a tasas negativas. En principio, se trata de un fenómeno completamente antiintuitivo: los prestamistas no están cobrando por prestar su capital a los Estados, sino que están pagándoles por el privilegio de prestarles. Se trata, claro está, de una situación absolutamente irregular que no presagia nada bueno.
¿A qué se debe el cambio ?
Lo primero que analizar es qué cambios se han producido en los mercados financieros desde 2012 para que los tipos de interés de la deuda española estuvieran entonces disparados y hoy, en cambio, se hayan desplomado. Visto desde fuera, pareciera que los inversores estuvieran locos y que el coste de nuestra deuda fuera esencialmente aleatorio. Pero la explicación es bastante más sencilla: hasta julio de 2012 España estaba abocada a la bancarrota porque nadie se fiaba de su solvencia; a partir de julio de 2012 Mario Draghi prometió hacer "todo lo necesario" para salvar a los países de la Eurozona y los mercados lo creyeron, así que los tipos de interés comenzaron a descender con agresividad.
Pero una cosa es descender y la otra entrar en tipos negativos.
¿Qué son los tipos de interés negativos?
Imagine que compra por 101 euros un bono que le promete 100 euros dentro de un año. En tal caso, usted cerrará una pérdida de casi el 1% anual. Eso es el tipo de interés negativo: el valor actual del bono supera su valor futuro. Usted ha de pagar hoy más de lo que recuperará mañana.
Evidentemente, se trata de una anomalía: lo habitual es que nadie quiera pagar más de 100 euros hoy para recibir 100 mañana. De hecho, lo habitual es querer pagar menos de 100 euros: por ejemplo, 95 hoy a cambio de recibir 100 mañana. Los cinco euros de diferencia son precisamente el interés con el que se nos compensa por inmovilizar nuestro ahorro durante un año (por tenernos que esperar a gastarlo en el futuro) y por incurrir en riesgos.
¿Cuál es la causa?
Las razones que explican los tipos de interés negativos no son únicas, pero todas ellas se complementan:
• Abundancia de liquidez global. Tras ocho años de crisis económica, existe una abundante liquidez entre los inversores por dos razones esenciales. La primera es el proceso de desapalancamiento asociado a la crisis: los deudores van (a duras penas) amortizando sus deudas y, en consecuencia, los acreedores van cobrando y acumulando saldos de tesorería. La segunda son los Quantitative Easing de los bancos centrales: estos institutos de emisión imprimen nueva moneda para comprar las deudas todavía no vencidas en manos de los acreedores, inyectando un exceso artificial de liquidez dentro en el sistema económico.
• Ausencia de buenas inversiones alternativas. Que exista una sobreabundancia de liquidez no basta para explicar por qué los tipos de interés son negativos. A la postre, si hubiese muchas personas que quisieran tomar prestada esa liquidez se ofrecerían rentabilidades elevadas para inducir a los ahorradores a que se la prestaran. Sin embargo, el capital líquido supera abundantemente las oportunidades en las que se desea invertirlo, de modo que los tipos de interés se hunden. Las razones de este desequilibrio son básicamente dos: la primera, que el proceso de reestructuración y saneamiento productivo de la crisis económica global está lejos de haber concluido, de modo que sin esos ajustes de precios y de factores no aparecen suficientes oportunidades atractivas de inversión; la segunda es que el proceso de desapalancamiento tampoco ha terminado, de forma que muchos agentes económicos (todavía muy endeudados) siguen siendo extremadamente cautos a la hora de incorporar nuevos riesgos a su patrimonio (disponen de un escaso margen para asumir pérdidas). Pocas oportunidades y alta aversión al riesgo.
• Deuda pública como sustituto de la tesorería. Abundante liquidez e inexistencia de oportunidades donde aparcarla se traducen en unos muy cuantiosos saldos de tesorería ociosos. ¿Qué pueden hacer con ellos los ahorradores? La respuesta intuitiva es decir que pueden dejarlos en el banco o debajo del colchón. Pero no es tan sencillo como parece: si depositamos la liquidez en el banco, sólo estamos trasladando el problema a un nivel más elevado: ¿qué hará el banco con toda esa liquidez? De nuevo, el banco tiene dos opciones: o depositarla en el banco central o guardarla en sus cajas fuertes (debajo del colchón). Depositar la liquidez en el banco central es caro: el BCE cobra a los bancos un -0,2% por hacerlo. Guardar la liquidez en las cajas fuertes de un banco (o debajo de nuestro colchón) también es caro: hay gastos de mantenimiento y de aseguramiento que deben cubrirse y que, según algunos cálculos, podrían ser equivalentes al -2% anual. Por tanto, la deuda pública de países solventes como Alemania o Suiza puede ser una alternativa barata con la que minimizar el coste de conservación del exceso de liquidez, sobre todo si existe la más mínima desconfianza de que el euro vaya a sobrevivir a largo plazo (mejor ser acreedor del Gobierno alemán, o del suizo, que del Banco Central Europeo). Dicho de otro modo, prefiero pagar un -0,5% por la deuda suiza que pagar el -0,2% por la incierta deuda del BCE o el -2% por guardar el dinero debajo del colchón.
• Especulación alcista. Una última razón que explica que los tipos de interés hayan entrado en terreno negativo es la especulación alcista sobre la deuda pública. Como hemos dicho antes, los tipos de interés negativos implican que estoy comprando por 101 euros un bono que pagará 100 euros en un año. Pero ¿qué sucede si espero que dentro de unos días algún inversor esté dispuesto a comprarme ese bono por 102 euros? Pues que obtendré plusvalías a corto plazo. La expectativa especulativa de que el precio de los bonos siga subiendo, aun cuando hayan entrado en terreno negativo, podría explicar parte de sus movimientos al alza. ¿Tiene sentido esperar que el precio de los bonos estatales vaya a seguir subiendo, cuando ya superan el monto que vamos a recibir a vencimiento? Sí, si se espera que los bancos centrales vayan a seguir añadiendo nuevas rondas de liquidez en el mercado o a incrementar los tipos de interés negativos que cobran a los bancos por permitirles depositar su dinero.
¿Cuáles son las consecuencias?
Una vez explicadas las causas de los tipos de interés negativos, queda por tratar de vislumbrar sus dos consecuencias principales:
• Estímulo al endeudamiento estatal. Actualmente, a diversos Estados europeos se les está pagando para que se endeuden. Si con tipos de interés por encima del 7% anual nuestros Gobiernos no renunciaban a hiperendeudarse, con tipos negativos van a sentirse orgullosos de emitir deuda como locos. El problema es que, por muy negativos que sean actualmente esos tipos de interés, en el futuro seguiremos teniendo que amortizar esa pesadísima carga de deuda que hoy continúan cebando.
• Estímulo a la excesiva asunción de riesgos entre los ahorradores. Si la deuda pública paga intereses negativos, el resto de ahorradores con saldos de tesorería estará crecientemente tentado a invertir en activos que considera poco seguros pero que al menos ofrecen algún retorno. Por ejemplo, esta misma semana el Fondo de Reserva de la Seguridad Social anunció que no invertiría en deuda pública española si ésta persistía en sus tipos de interés negativos. Entonces, ¿en qué invertiremos el ahorro de los pensionistas? ¿En deuda pública portuguesa? ¿En deuda pública griega? ¿En deuda pública nigeriana? ¿En deuda corporativa? ¿En acciones? Expulsados de la zona de confort, sólo nos queda ir asumiendo crecientemente riesgos antes de que las condiciones subyacentes que explican esos altos riesgos se hayan corregido (a saber, la incompleta reestructuración productiva y financiera de la economía).

En resumen, la intervención política en los mercados reales y financieros antes de que la crisis económica se haya solventado endógenamente está conduciendo a que Gobiernos y ahorradores privados asuman riesgos desproporcionados: los primeros, para mantener las burbujas estatales sobreendeudándose; los segundos, para conservar su patrimonio impidiendo que pinchen del todo las burbujas privadas. Frenado el reajuste productivo, ralentizado el proceso de desapalancamiento y regados los mercados con excedentaria liquidez artificial, llegamos a unos inquietantes y peligrosos tipos de interés negativos. Las burbujas no salen gratis.

Nos gustan las mujeres poco hechas - David Torres

Nos gustan las mujeres poco hechas - David Torres

En Instagram puedes colgar la foto de una niña vestida como una puta pero no la foto de una mujer tumbada con una pequeña mancha de sangre menstrual. El período sigue siendo un tabú tan antiguo como el mundo. Tanto que la artista paquistaní Rupi Kaur se encontró con que la célebre red social había censurado una serie de fotos que intentaban precisamente normalizar el hecho de la menstruación. Las redes sociales se rigen por un criterio moral tan estricto como el Concilio de Trento en los tiempos en que ordenó alfombrar de túnicas y velos las entrepiernas de El Juicio Final de Miguel Angel. Allí donde colgaba una polla o asomaba un cojón, Daniele da Volterra y Girolamo da Fano corrían pincel en mano para añadirles un calzoncillo al óleo.
El culo más famoso de Instagram es el de Jen Selter, una fanática del fitness que cincela sus carnes a golpe de ejercicios y luego las fotografía para compartir en la red la gloria de sus nalgas. Es un culo acrobático, exagerado, hipnótico, un culo con curvas de nivel, mapa topográfico y vida propia, tan hiperbólico que parece irreal. Por eso mismo puede exhibirse sin pudor ni censura, porque no hay peligro de que nadie lo tome por un culo auténtico. No es como el de Rupi Kaur, que es un culo bello y modesto, casi velazqueño en su perspectiva, pero del cual gotea puntualmente el licor rojo de la vida.
En otra cosa no, pero en esto de la ignorancia de los procesos fisiológicos, Instagram recuerda un poco a Hitchcock que, cuando estaba rodando una de sus primeras películas, se enfadó mucho porque una actriz, con la excusa de que tenía la regla, se negaba a meterse en una bañera. Hubo que explicarle al bueno de sir Alfred -que por entonces aún no era sir pero que ya tenía 26 añitos- lo que era la menstruación. La represión sexual, fruto a medias del ambiente victoriano y de su educación católica, hirvió a cámara lenta en el cerebro de aquel gordaco genial, que en las siguientes décadas se hinchó a filmar tobillos y canalillos, y a matar señoras rubias en la pantalla, hasta que al fin logró el culmen de la violación en el séptimo arte: el brutal asesinato del frutero en Frenesí, quien, al terminar, se zampa a bocados una manzana, como si fuese Adán.

Aunque en Facebook hay docenas de páginas dedicadas a peleas de perros con fotos de animales destrozados a dentelladas, y docenas de páginas repletas de imágenes eróticas de adolescentes menores de edad, pobre de ti como se te ocurra subir una honesta y cuarentona teta. A Facebook, como a Instagram, le molestan las mujeres hechas y derechas; ellos prefieren seguir creyendo en los culos ingrávidos y en los bebés que vienen de París. En El escándalo de Larry Flint hay una escena hilarante donde Larry Flint, el editor de Hustler, interpretado con fogoso brío por Woody Harrelson, le pide a una preciosa modelo desnuda que se abra de piernas y luego le ordena al fotógrafo que saque “un primer plano del conejo”. El fotógrafo se niega, escudándose en la ley que marca esa extraña y nebulosa frontera entre el erotismo y la pornografía. Flint le pregunta: “¿Eres un hombre religioso? ¿Crees que Dios hizo a la mujer?” El fotógrafo asiente. “¿Y cómo hizo Dios a esta mujer? ¿Con coño o sin coño? ¿Y quién diablos crees que eres para corregir la obra de Dios?” Lo mejor de todo es que Milos Forman tampoco se atrevió.

jueves, 26 de marzo de 2015

Pedro Reyes, el infinito estrecho - David Torres

Pedro Reyes, el infinito estrecho - David Torres

“El cielo es infinito, pero muy estrecho” decía una vez Pedro Reyes en un soliloquio delirante en el que contaba que, tras su propia defunción, se iba al cielo y se encontraba a Dios tejiendo un pullover y a un tío suyo que se había muerto de asco. La frase, como tantas de las suyas, era una genialidad, un descubrimiento, una iluminación, electricidad hecha risa, pura matemática del absurdo donde dos y dos sumaban lo que a él le diera la gana. Por ejemplo, una vaca. Con Pedro Reyes descubrimos que el surrealismo no era únicamente una cosa rara que se estudiaba en los libros y que daba trabajo a pintores, escritores y cineastas, sino una cierta forma de mirar el mundo que a la postre resultaba mucho más saludable, divertida y exacta que los tristes ojos de rumiante con que lo miramos todos los días. Oír una cualquiera de esas historias disparatadas que parecían ocurrírsele según abría la boca (y que en realidad estaban medidas al milímetro) era un paréntesis de felicidad, un orgasmo de inteligencia, sexo sin condón pero con los pantalones puestos.
Fue uno de los pocos cómicos capaces de enfrentarse cara a cara al público, a calva descubierta, a bigote limpio, sin un compañero, sin un acordeón, sin un traje de payaso, sin un repertorio de chistes. En El club de la comedia, la ácida película de Scorsese sobre el arte de hacer reír, Robert DeNiro tenía un largo monólogo inicial en el que tenía que luchar contra el público hostil y malhumorado de una sala de fiestas, y años después confesó que era la escena más dura que jamás había hecho. Un cómico en solitario es un kamikaze del espectáculo, un francotirador de carcajadas, un saxofonista sin saxo; no puede escudarse detrás de un instrumento, ni de un guión de comedia, ni de un muñeco de madera: él es a la vez marioneta y ventrilocuo, piano y pianista, escenógrafo y escenario. Por eso muchas veces parecía que se volviera loco, se desmadraba, se ponía unas chaquetas disléxicas, se mordía la lengua para amagar un puñetazo y empezaba a dar alaridos demenciales. La suya era una locura controlada, amable, inofensiva, aunque al terminar el número muchos entre el público saliéramos apretándonos el bajo vientre de la risa, dolorido como si nos acabaran de dar una paliza.
Tenía pinta de científico chalado, de poeta romántico, la calva desmelenada, el bigote filósofo, una gárgola de acento andaluz que practicaba un humor gótico, una poesía desaforada y violenta en la que se mezclaban el cine mudo, el teatro pánico, el circo, la greguería, el kung-fu de pasillo, la voltereta mental y el exorcismo. Todavía recuerdo la última vez que lo vi sobre un escenario, en una edición de La Risa del Bilbao, la tormenta de carcajadas con que arrasó la sala, y luego, al acabar, la tranquilidad con que salió a tomarse unas copas con nosotros, como si junto con el traje se hubiera despojado de la piel del loco que le había poseído durante casi hora y media.

Una vez se enamoró de una vaca en una conferencia esotérica por culpa de una mirada que le golpeó en plena nuca: “la energía ni se crea ni se destruye, pero siempre me da a mí”. Este número de zoofilia radical acababa con el enamorado intentando ligar a saltos con una mosca. Anoche se nos marchó a traición, con esa brusquedad suya que era también timidez, educación, ganas de no molestar, se fue del brazo de la nada, rumbo a un cielo infinito pero seguramente demasiado estrecho.

viernes, 20 de marzo de 2015

Je suis Jean Charlie de Borbón - David Torres

Je suis Jean Charlie de Borbón - David Torres

Nadie hace más por ampliar los límites de la libertad de expresión que un censor. El último, Bartomeu Marí, director del MACBA, ha prohibido la exposición de una escultura para no ofender al célebre monarca campechano, sin caer en la cuenta de que, al prohibirla, le ha proporcionado una difusión urbi et orbi. Hot Couture 4 Transport, un mamotreto horrendo cuya encarnación física habrían visto aproximadamente trescientas personas, ayer se convirtió en una Gioconda planetaria en versión viral. No se sabe si la cancelación y su repentina fama mundial le habrán hecho más daño al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, a la institución de la Corona, o al arte escultórico en general.
Ines Doujak ha conseguido lo que ya parecía casi imposible en la escena del arte contemporáneo: un gran escándalo. Se puede ofender a Alá, pero al rey Juan Carlos no, lo cual da una interesante perspectiva teológica sobre la monarquía española. Hace sólo unos días, la inefable Ana Botella consiguió una publicidad inesperada para Soziedad Alkoholika al vetar un concierto del grupo porque podía escandalizarse el personal. Lo hizo en aras de las buenas costumbres, no por el daño infligido a la música, lo cual hubiese sido una decisión igual de injusta aunque menos arbitraria. Más ofende a las musas Julio Iglesias y le dan medallas.
Marí tenía una excusa a mano bien sencilla, estética y nada política, para prohibir la visión pública de la obra de Doujak: que su estatua es más fea que pegar a un padre el Día del Padre. O sea, hoy. Sin embargo, esta polémica decisión anularía de inmediato buena parte de las galerías del MACBA, del MOMA, del Reina Sofía y cancelaría ARCO por los siglos de los siglos. No, a Doujak la censuran por ser en exceso explícita, por confesar directamente el motivo de su inspiración: un retrato, una alegoría que refleja las relaciones entre “La bestia y el soberano”. El conjunto escultórico representa una sodomización en trío perpetrada encima de unos cascos bélicos; la primera figura está a cuatro patas ramoneando unas acelgas, la segunda, arrodillada detrás de él y dándole bien por saco, lleva un casco quizá de minero; y la tercera, de pie, cerrando el círculo, consiste en una especie de perro lobo o de lobo perro, vete a saber.

Al primer golpe de vista (es difícil echarle dos), y sin haber leído el texto de la noticia, la figura receptiva y ramoneante me pareció vagamente inspirada no en el rey Juan Carlos, sino en Manuel Torreiglesias, el presentador de Saber vivir. Contemplada desde esta perspectiva, la escultura (o lo que sea) parece un anuncio del programa, una invitación a la vida sana: haz el amor, no la guerra. Y también: come mucha verdura y folla mucho, puedes hacer las dos cosas a la vez, e incluso practicar la zoofilia, si te apetece y, sobre todo, si le apetece al perro. No obstante, al teledirigir burdamente los ojos del espectador para que vean lo que ella quiere que vean, Doujak se ha cargado la ambigüedad, uno de los principios fundamentales en la recepción de cualquier obra de arte. Recuerdo que una vez, plantado delante de un monigote retorcido muy parecido a una boñiga al óleo, un joven se echó a reír a carcajadas y el pintor, allí presente, le reconvino porque no se había fijado en el título de la pintura: “Auschwitz”. El joven, secándose las lágrimas de la risa, respondió: “Perdona, hombre, pero la culpa es tuya. Haberlo pintado bien”.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El escritor y periodista José Luis Alvite era un pensador desde los márgenes - Israel Sanmartín

El escritor y periodista José Luis Alvite era un pensador desde los márgenes - Israel Sanmartín

Desde allí intentaba construir pensamiento en la distancia de lo oficial y de lo común. Pero esa distancia no era un lugar sino un espacio imaginartidad y de provincianismo.
Estamos a dos meses de la muerte de José Luis Alvite, un pensador desde los márgenes, donde el margen no es un espacio físico sino una distancia. Una distancia que se construye a partir de un estado filosófico cionaresco, ificado por so que construía Alvite en relación a esos dos elementos. Es la novela de Eduardo Blanco Amor, A Esmorga. Una obra importante dentro de lo que se ha cimentado como canon de la literatura gallega. La novela es la historia de tres personajes que podríamos considerar outsiders y sus aventuras y desventuras durante tres días (curiosamente triunfa ahora en el cine). El ambiente claustrofóbico y extremo de la novela tiene un fin “abierto” y apocalíptico o de Alvite lo podemos buscar en Ciorán, en ese reducto de pensamiento optimista dentro de los relatos más pesimistas que podemos elaborar. Todo en esa búsqueda de vientos para navegar en sentido contrario y en esa máxima cioranesca de que “la vida no tiene sentido por eso hay que vivirla”. Por supuesto, que toda la visión antropológica heideggeriana de “ser hacia la muerte” está en Alvite en un sentido existencial y no desde un punto de vista político, como han mostrado algunos filósofos del siglo XX. 
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Blanco Amor, Ciorán y Heidegger son lasrelato oficial de los acontecimientos reales. Su etapa en el periódico compostelano la continua en otro diario histórico gallego, La Voz de Galicia. Allí convivió en una redacción encabezada localmente primero por Álvarez Pousa y después por el excepcional  Xosé López Morgan. Alvite formaba parte de un grupo de periodistas con mucho talento y oficio (Ignacio Carballo, Lois Blanco, Manuel Beceiro, Luis Villamor, Concha Pino, Fernando Varela o Quique Alvarellos) entre los cuales estaba Nacho Mirás Fole (quien ahora triunfa con El peor momento de mi vida), a quién nombró su sucesor antes de fallecer. En esa casa escribió sobre personajes y lugares de la ciudad de Santiago, enseñándole a sus lectores cómo alejarse de la comodidad burguesa de una ciudad de provincias, de cómo pensar y comprender Compostela desde otra mirada y de cómo prevenirse contra la coerción estructural de todos aquellos que quieren ejercer de notables en un espacio tan “blancoamorista”. La entrevista y la columna fueron sus medios naturales. Por ellas desfilaban todo tipo de personajes que convertía en reflexiones y pensamientos sus diálogos. Más que entrevistas periodísticas eran diálogos filosóficos y existencialistas con sus entrevistados. Sus columnas eran puro pensamiento sartreano. Esta etapa en el diario coruñés se truncó en 1995 cuando el propio Alvite reconocía que una “mano negra” lo había llevado al ostracismo. Ante esas tinieblas, Alvite se dirige a presentar su dimisión al por entonces director del diario de La Voz de Galicia, José Luis Gómez, quien sería decisivo para su lanzamiento a nivel nacional. José Luis Gómez, que era además antiguo compañero de Alvite en El Correo Gallego y sobre todo amigo, se queda estupefacto ante la situación y le dice que espere.
De la mano de José Luis Gómez y con Emilio Rey de editor, unas semanas después empezó a publicar su artículo en la contraportada de Diario 16, que era un barco a la deriva que daba sus últimos coletazos bajo capital gallego, pero que sirvieron a Alvite para ser conocido más allá de Ponferrada. Del diario fundado por el histórico Juan Tomás de Salas desembarcó en aquel vibrante, heterodoxo, literario y transgresor La Razón de Luis María Ansón, donde se mantuvo hasta su muerte. Eso lo fue compaginando con colaboraciones exquisitas en Faro de Vigo y otros diarios del Grupo Prensa Ibérica editados en Galicia. Esto lo acompañó con la presencia en el programa radiofónico de Carlos Herrera en Onda Cero.
En ese momento su obra tomó otra dimensión, sobre todo en el “espacio de recepción”, puesto que el público se multiplicó y muchos lectores pudieron apreciar sus construcciones literarias. En ese momento, Alvite ya no es sólo el escritor. Su “espacio de enunciación” como autor también se ve influido por la recepción de sus lectores  y por la construcción autoral de sus nuevos críticos madrileños. Su obra continuó siendo muy reflexiva y con las características vinculadas a Blanco Amor, a Ciorán o a Heidegger, pero ahora necesitaba una coartada para amplificar sus relatos y dotarlos de una dimensión más universal. Esa fue una de las razones por las que creó el Savoy. Alvite encontró el callejón perfecto para escaparse de las intrigantes de “palleiro” y de los navajeros de corbata. Madrid le había dado el éxito. Un triunfo que lo vinculó al Savoy, a partir del cual se ha identificado un autor de la tiniebla nocturna y de un ambiente supuestamente newyorkino que no es más que Compostela. Y allí anidan unos personajes imaginarios que podrían ser identificables. Alvite, en realidad, sólo ampliaba la dimensión del relato. Esas columnas del Savoy las acompañaba con otras de reflexión mucho más brillantes y con algunas  más flojas vinculadas al mundo de la política.
En el universo de Alvite lo real y lo maravilloso forman parte de su construcción de la realidad
La política era un tema que no le quedaba bien a Alvite. Era un pensador de lo existencial, de la sensibilidad, de las relaciones personales, del sentido del mundo; pero no era un exégeta de la ideología. Era un tema demasiado mundano y que discurría por carreteras demasiado transitadas para Alvite.  La ruta, la salida, la carretera, era el sofá de Alvite, donde él se encontraba en casa. Desde allí, mostraba su desafecto a lo rutinario y a lo repetitivo. Buscaba aliviar su existencia en el viaje, el cual había empezado años atrás y del que no pudo volver. Cuando alguien inicia una fuga, aunque quiera no puede volver atrás. Sus salidas reales o imaginarias; solo o con compañía, son claves para entender su pensamiento. El viaje o la salida podían tener carácter real o maravilloso, aunque ambos se entrelazaban.
En el universo de Alvite lo real y lo maravilloso forman parte de su construcción de la realidad.  Una noche en la que no pasaba nada era deconstruída por Alvite como un momento maravilloso. Porque lo maravilloso lo utilizaba Alvite para evadirse de la realidad, que le molestaba y le incomodaba, y para completar su mundo, al que le sobraba lo real, la estandarización, la funcionarización y la burocratización de la vida. En esa dupla real/maravilloso, Alvite desordenaba el tiempo. Hacía planes para el pasado, soñaba el presente y hacía detritus con el futuro. Esos pasajes maravillosos vinculados a su escatología, a sus apareamientos o a sus referencias a los actos generadores con mujeres de diversa condición, estaban construidos desde la náusea sartreana, y estaban metodológicamente realizados desde el inconsciente narrativo lacaniano. Alvite escribía como un surrealista, dando rienda suelta a su inconsciente; dejando que se empoderara de sí mismo. En ese ejercicio, Alvite lograba su autoconciencia, se reconocía a sí mismo. El sol que brillaba en esos pasajes lo iluminaban y lograba la calma. Y encendían así su postura contracorriente, permitiéndole relacionarse con quien él quería sin la cara B del día siguiente. 
El Savoy no es un lugar imaginario sino un espacio fruto de la inventio y la negociación entre Alvite, sus lectores y sus críticos
Los pasajes reales/maravillosos y su pensamiento heideggariano, cioranesco y blancoamorista le llevan a construir un pensamiento propio teleológico, donde todo parece predispuesto hacia un fin. Un final que podría ser el de la propia vida, el de la noche, el del encuentro con un personaje o el de sus reflexiones. Esta actitud le llevaba a vivir siempre al margen pero sin confundir la realidad con el espacio físico. Sabiendo que hay esperanza pero que sólo se encuentra en un espacio imaginario en continua construcción y sin identidad. Su pensamiento transitaba de las palabras a las ideas y de las ideas a los imaginarios, pero nunca aterrizaba en espacios concretos, y si había alguno ese era la Compostela que había convertido en Savoy. El orden imaginario de Alvite se sostiene por sí mismo, determina su pensamiento y dota con variedad de significados a un mismo suceso. De tal forma, la realidad de Alvite es una consecuencia de su imaginario y no al revés.  En el pensamiento de Alvite se unen destino, autobiografía, relato y concepción autoral. Construye una noción del pensamiento a partir de los límites de la escritura, que es cinematográfica en el sentido de que siempre busca situarse, aunque sea de forma imaginaria.
La otra cuestión en José Luis Alvite es la metáfora, que significa literalmente “transferencia”. Alvite describía sus pensamientos en términos de semejanzas, aunque también utilizaba metonimias, tomando la parte por el todo; y sobre todo de ironías, mediante las que caracterizaba entidades negando en el nivel figurativo lo que se afirmaba en el literal. Estas herramientas literarias las ha estudiado Hayden White como tramas del discurso. La metáfora es representativa (resultado de lo real y lo imaginario), la metonimia responde a una matriz reduccionista y la ironía a un sentido negativo. Algunos han identificado la metáfora y el Savoy como principales descriptores del alvitismo. Pero el Savoy no es un lugar imaginario sino un espacio fruto de la inventio y la negociación entre Alvite, sus lectores y sus críticos. Y no tiene nada de relevante en su pensamiento. En cuento a la metáfora, no es un recurso literario estético, sino una herramienta profundamente teórica que le sirve para articular su pensamiento, que siguiendo los preceptos de White, lo catalogarían como un autor con un grado de implicación ideológica radical.
No lo han sabido apreciar en Galicia...
José Luis Alvite era un pensador desde los márgenes, y desde allí intentaba construir pensamiento en la distancia de lo oficial y de lo común. Pero esa distancia no era un lugar sino un espacio imaginario carente de identidad y de provincianismo. Y eso no lo han sabido apreciar en Galicia, puesto que como muchos otros ha tenido que marcharse para triunfar. En la distancia podía operar con la marginalidad, con las metáforas y con lo maravilloso y real a su antojo. Era su laboratorio y la fuente de su pensamiento. Dejamos un último episodio para las mujeres, que ocuparon parte importante en las reflexiones de Alvite. De sus enseñanzas se puede extraer la distancia de los sanedrines, de los notables de pueblo, del provincianismo. Y de convivir con el fracaso y con la lucidez de no tener nada, ni, por supuesto, futuro. 
Por tanto, pensador desde los márgenes que refleja la periferia con tres influencias fundamentales (Blanco Amor, Ciorán y Heidegger) y con dos elementos escriturales definidos: lo real y lo maravilloso y las metáforas. Todo eso conforma lo que hemos denominado pensamiento desde los márgenes, que es una distancia más que un espacio y que definen la escritura de Alvite durante años en sus diferentes formatos y siempre desde la prensa.
Para finalizar, Alvite, solía escribir que otros se dedicaban a escribir novelas y él a vivirla. También hablaba que había que aprender a madurar en diferido o a hacer planes para el pasado. Hoy sabemos que sus amigos le seguirán guardando su silla de montar para cuando decida volver. Seguramente estarán todos esperando atentos mientras se demacra en su cara el arrecife de la vejez. En ese momento sentirán en sus miradas cómo aplauden sus tripas. 

José Luis, como siempre, esta noche  llueve en Compostela y los farolillos de la Calderería se pierden en la niebla con el olor de las castañas. Estoy solo, como siempre; y en el “Monte de la mierda”, como acostumbro. Ahora sólo miro el miriñaque del ensanche en la varicela de la noche encendida. Y como escribiste tú una vez, tengo esa sensación de las calles mojadas y de la niebla que me hace soñar que no amanecerá nunca. En ese tiempo eterno, José Luis, maldita sea, te juro que jamás se me perderá nada al sur de la carrera del Conde…

"Sírvanos Ud. mismo” - Antonio Burgos

"Sírvanos Ud. mismo” - Antonio Burgos

Con el autoservicio suplimos a los empleados despedidos en las gasolineras
Como todavía me huelen las manos a gasoil, porque anoche le llené el deposito a mi Ford de pedales, no puedo estar más de acuerdo con una octavilla digital que he recibido, con la foto de un señor echando él mismo gasolina a su coche en una llamada "estación de servicio". ¿Servicio de qué? No nos sirven nada: nos tenemos que servir nosotros. Y de esto va la octavilla. Dice: "¿Por qué trabajar gratis en las gasolineras echando tú mismo el combustible? ¿Tienes el carnet de manipulador de productos inflamables? ¿Y si mientras te sirves ocurre un accidente? ¿Y si te derramas combustible sobre la ropa o el calzado, quién te lo paga? Despidieron a los empleados y ahora su trabajo se lo haces tú gratis y con riesgo. Mientras pueda repostaré en gasolineras con empleados en los surtidores. Cuantos más seamos, antes ayudaremos a crear puestos de trabajo. Pásalo."
Claro que lo paso. ¡Choque usted esos cinco! Esto es lo que nos ha traído aquello hace lustros tan deslumbrante del "Autoservicio". Así se llamaron los primeros supermercados que llevaron a la ruina a tantas pequeñas tiendas de comestibles de los bravíos, al Ultramarinos de Manolo, servicial al máximo, que hasta te fiaba si andabas chungo de billetes. Aquellos primeros y triunfales "autoservicioS" abiertos en pleno franquismo por la muy autárquica Comisaría de Abastecimientos y Transportes han terminado convirtiéndonos a todos en empleados de negocios ajenos que encima pagamos por serlo. El cliente ya no sólo paga, sino que, sirviéndose él mismo, le amortiza puestos de trabajo al dueño. Todos contribuimos doblemente al esplendor y gloria de su cuenta de resultados: apoquinando y haciendo el trabajo del empleado que se ahorran.
Las gasolineras han convertido a los automovilistas en sus empleados. ¿Pero dónde me dejan las grandes superficies? Encontrar un empleado en ellas para preguntar dónde están las conservas es más difícil que lograr que Susana no te interrumpa en los debates. Tú mismo te las tienes que aviar para saber dónde está cada paquete de aquellas lentejas que Manolo el del Ultramarinos te despachaba con tanto estilito y agrado, incluso con cominito de propina. Tú mismo debes empujar el carrito, tras haberlo obtenido depositando en su ranura la fianza de un euro, porque no se fían de ti y se creen que te lo vas a llevar a tu casa, qué tíos.... Tú mismo debes luego en la línea de cajas sacar del carro articulo por articulo y ponérselos a la niña de los códigos de barra para pagarlos. Y antes, claro, tú mismo te has tenido que pesar la fruta, saber que los plátanos son la tecla 59. Incluso han inventado las cajas automáticas de pago, en las que ya hasta han eliminado a la señorita que te cobra y eres tú mismo el que te tienes que pelear con el puñetero código de barras de la caja grande de jabón de la lavadora, con lo que pesa la dichosa caja grande de jabón de la lavadora...

¿Las gasolineras sólo, las grandes superficies sólo? ¿Y en las hamburgueserías de comida rápida, dónde me las dejan, que has de hacer de camarero de ti mismo y, una vez acabada la cena, retirar la bandeja y botar la basurita al zafacón, que dicen en Puerto Rico? ¿Y en esa cadena de cafés americanos, donde has de guardar cola para hacer de camarero de ti mismo? ¿Y en Ikea, donde no sólo te tienes tú solito que montar la mesa o la silla en tu casa, sino que bajar antes su pesadísimo paquete desde aquella estantería, altísima, y subirlo al carro, y arrastrarlo, y pasarlo por caja? ¡Hasta en los puestos de chuches nos tenemos que despachar nosotros mismos las gominolas! ¿No va a haber cinco millones de perados, con la de puestos de trabajo que hemos destruido dándonos nosotros mismos "un esmerado servicio"? Al paso que vamos, del "sírvase usted mismo" al "sírvanos usted mismo a nosotros y así nos ahorramos el sueldo de un empleado", llegará el día en que le tengamos que ordeñar la vaca al señor Pascual para poder comprarle un cartón de leche...                             

lunes, 16 de marzo de 2015

Ranking golfo de la corrupción andaluza - Javier Carballo

Ranking golfo de la corrupción andaluza - Javier Carballo

Diez episodios de corrupción delirante, desvergonzada, cínica y siempre, en todo momento, desesperante, indignante. Los diez ejemplos más golfos de los grandes casos de corrupción

La corrupción, como la energía, se transforma constantemente y en ese proceso de expansión continua adquiere una normalidad y un desparpajo que la eleva a situaciones difícilmente imaginables. Además, este es un asunto de fácil demostración porque siempre lleva aparejada la misma reacción. Se cuenta el hecho y aparece la misma pregunta, la misma expresión, la misma perplejidad: ¿un congreso de UGT que regalan bolas chinas para sindicalistas? ¿Pero cómo se van a formar los parados en el zoo? ¿Un mirador de ballenas sin ballenas? ¿Pero cómo es posible…? Así, uno a uno hasta llegar a elaborar el ranking más golfo de la corrupción en Andalucía.
Diez episodios de corrupción delirante, desvergonzada, cínica y siempre, en todo momento, desesperante, indignante. Los diez ejemplos más golfos de los grandes casos de corrupción de Andalucía (los ERE, Invercaria, los cursos de formación, las facturas falsas de UGT…) que aún se investigan en los tribunales de Justicia y que suponen, en su conjunto, varias décadas de descontrol absoluto del dinero público.

1. Una cabalgata de Reyes Magos, modelo de Desarrollo Sostenible
Si algún día llegó un documento justificativo de la inversión a la Comisión Europea, el epígrafe podría hasta llenar de orgullo a los responsables europeos de los fondos de inversión. En Doñana, la mayor reserva natural de Europa, se estaba colaborando de forma efectiva en algo esencial para preservar la actividad económica en la zona, tan limitada por las restricciones medioambientes. ¿Cómo no ayudar con proyectos económicos sostenibles a los habitantes del entorno del parque? Y eso es lo que rezaba el epígrafe: Fondos para la formación en el Consorcio de Formación Medioambiental para el Desarrollo Sostenible (Formades). Pero no era esa, exactamente, la realidad. Cuando se empezó a investigar el verdadero uso de los cursos de Formación en toda Andalucía, apareció una partida de 6.555 euros para la Cabalgata de Reyes Magos de Almonte y El Rocío, que es una pedanía de Almonte, en 2009. Repitamos el año: 2009, es decir dos años después de iniciada la crisis. La gerente de la entidad que repartía los fondos, la socialista Ana María Orihuela, se vistió de rey Melchor y cargó todos los gastos al Consorcio. Caramelos, regalos, desayunos… Cuando la Junta de Andalucía se puso a repasar todas las cuentas, encontró hasta 40.078 euros destinados a impartir cursos de formación que se habían gastado en “atenciones protocolarias” similares a la cabalgata de Reyes Magos.
2. La coca legendaria de la fiesta de los ERE
Ninguna de las series sobre corrupción política que tan de moda se pusieron hace unos años, ni las españolas ni las estadounidenses, llegaron a imaginar en el guion una escena como las que se desarrollaban Sevilla, en el entorno del entonces director general de Trabajo, Francisco Javier Guerrero. Se lo contó a los agentes de la Guardia Civil un tipo llamado Gregorio Martínez, que había recibido subvenciones públicas del llamado ‘fondo de reptiles’ para una empresa vinícola. La sorpresa fue que Gregorio confesó que había hecho de camello en varias ocasiones para las fiestas habituales que se montaba el director general. La primera vez fue  para adquirir diez gramos de cocaína. Gregorio se montó en el coche oficial del director general de Trabajo y su chófer lo llevó hasta las 3.000 Viviendas, el suburbio más famoso de Sevilla. Compró los diez gramos y le pagaron un billete de quinientos. Así, hasta cuatro veces, llevaba la droga a distintos sitios, un restaurante, un hotel de lujo, una sala de fiestas, y siempre le pagaban con billetes de 500 euros.


El exdirector general de Trabajo, Francisco Javier Guerrero (d) y su abogado. (Efe)
3. Unas bolas chinas para sindicalistas
Fue en el Congreso, celebrado en Jerez de la Frontera, en el que la Federación Andaluza de Servicios Públicos iba a elegir a su nueva directiva. A la llegada al hotel en el que estaba convocada la cita, los delegados, en torno a cien personas, recibieron un regalo sorpresa. Junto al maletín habitual de los congresos, con cuadernos, bolígrafos y lápices, un pequeño obsequio, una bolas chinas. “Es por un tema, fundamentalmente, de género. En UGT también nos preocupamos por nuestras afiliadas”, explicaron entonces. Y se extendieron sobre los beneficios terapéuticos de las bolas chinas, recomendadas por ginecólogos para evitar pérdidas de orina, y del reparo de muchas mujeres a la hora de comprarlas. La cuestión es que aquella noticia de las bolas chinas, que sólo trascendió por lo llamativo del obsequio solidario, no hacía presagiar todavía el escándalo que iba a estallar en UGT cuando se descubrió la existencia de una ‘bolsa’ o ‘bote’ oculto en la contabilidad que se nutría de los fondos públicos provenientes de facturas falsas y que se empleaban en toda clase de actividades organizadas por el sindicato, desde una comida en la Feria de Sevilla o maletines de piel (falsificados en Asia, por cierto) para los congresos. El informe final que ha entregado la Guardia Civil estima que el sindicato llegó a embolsarse 1.986.277 euros con facturas falsas que “habrían permitido a UGT-A utilizar fondos procedentes de subvenciones públicas para formación profesional para el empleo a destinos distintos a los que debían haberse aplicado”.
4. Trajes de flamenca, empresa de capital riesgo
¿Qué es el capital riesgo? Si existe un concepto en economía íntimamente ligado a la creatividad empresarial, a la exploración de nuevos mercados o a la innovación tecnológica, ese es el capital riesgo. ¿Trajes de flamenca en Andalucía, capital riesgo? Pues sí. A la diseñadora flamenca Juana Martín le concedieron 850.000 euros para confeccionar trajes de flamenca aunque, según confesó ante la juez Mercedes Alaya, ni siquiera sabía que existía la empresa de capital riesgo de la Junta de Andalucía, Invercaria, la que se lo concedía. De hecho, los primeros 120.000 euros se los concedieron antes incluso de que se constituyese la empresa de prêt-à-porter. Con el dinero, montó un taller en Marruecos (sí, en Marruecos, con el paro que hay en Andalucía) y en cinco años tuvo que cerrar el negocio por las pérdidas generadas. En su declaración, la diseñadora sí reconoció que regaló trajes de flamenca a “diversas personalidades políticas”, se supone que con cargo a las generosas subvenciones que recibía. Pero no son los únicos trajes de flamenca que aparecen vinculados a casos de corrupción. En el Ayuntamiento de Los Palacios, la portavoz socialista también acabó admitiendo que había cargado a la Tesorería municipal tres trajes de flamenca. Cuando la oposición denunció el caso, ella dijo que se trataba de “una persecución política”.
5. La dichosa ética de los funcionarios
Por los cálculos que realizó el Partido Popular en su día la sociedad de capital riesgo de Invercaria manejó unos 65 millones de euros, de los que, “en torno a 50 millones, quedaron fuera de cualquier norma que calculase el procedimiento sobre cómo invertir el dinero público”, según el coordinador del Área Económica del PP andaluz, Rafael Carmona. Decía la página web de la Junta andaluza que la misión de Invercaria era “contribuir al fortalecimiento del tejido empresarial y al cambio de modelo productivo de nuestra región”, pero con el ejemplo anterior de los trajes de flamenca queda todo dicho. De todas formas, lo mejor del caso Invercaria es la conversación que un funcionario, que se negaba a falsificar informes, le graba a la directora de Invercaria. ¿Puede haber mayor descaro y desparpajo? Pasen y vean. Este es un pequeño resumen:
-Funcionario: Yo te tengo que ser honrado. Yo te hago un informe y te digo: ‘Con fecha tal, elaboro un informe y hago un Plan de Negocios de esta empresa y con estos datos’. Y te lo paso así. Ahora, si tú me dices: ‘No, hazlo con fecha 2007’. ¡Laura!, ¿cómo voy a hacer eso?
-Directora: Bueno, vale, Cristóbal. Entonces, ¿qué me estas diciendo? ¿Que no vas a hacer los... los...?
-Funcionario: Escúchame: yo no puedo hacer un informe que no es cierto. Yo te hago y te pongo la verdad. Y tú decides si merece la pena o no.
-Directora: Bueno, Cristóbal, entonces no me vales como trabajador de Invercaria. Si me comprometiera con la ética, no estaría trabajando en esta organización.

6. Trama de facturas falsas para pagar el burdel
Las tramas de facturas falsas son consustanciales a muchos de los casos de corrupción conocidos, pero lo que resulta absolutamente novedoso es que en una institución se organice una trama de facturas falsas para poder financiar las fiestas en un burdel. Y todo porque, como confesaba uno de los integrantes de la trama en una de las grabaciones policiales, “a mí es que me da apuro gastar mi dinero en estas cosas”. Y como le daba apuro, lo cogían de las arcas públicas. Según la investigación policial, durante la alcaldía del socialista Luis Moreno Castro, que también fue senador, se creó la trama en la que participaban su secretario personal, Rafael Santano, y otro trabajador de confianza, Juan Díaz Pérez, además de un empresario a través del que se camuflaban los pagos. El burdel al que se habían aficionado era un club de Marbella, el Milady Palace. En las grabaciones de la Policía, se oye cómo llamaban al burdel poco antes de viajar: "¿Cómo está por ahí el ambiente? ¿Hay buenas tías? ¿Pero está ahí una brasileña, una alta que estaba, que está muuu buena". 

Las tramas de facturas falsas son consustanciales a muchos de los casos de corrupción, pero resulta novedoso que se organice  para  financiar las fiestas en un burdel
7. Nuevo concepto contable: dos más dos son mil
La contabilidad no se reduce siempre a un cálculo matemático de sumas, restas y multiplicaciones. En ocasiones, nos encontramos con que la contabilidad se expande, cobra vida, y desmiente sin pudor alguno aquellos conceptos que teníamos más arraigados. ¿Cuánto son dos más dos? Cualquiera diría que son cuatro, así, rotundamente, pero los casos de corrupción de Andalucía han incorporado un abanico de respuestas. Diez más diez no tienen por qué ser veinte, pueden ser mil. Eso es lo que ocurrió con una de las facturas falsas de UGT. Compraron algún material para el IX Congreso de este sindicato en Andalucía, celebrado en 2009, y le pasaron la factura a la Junta de Andalucía, dentro de los programas de colaboración entre ambos. En la factura original decía que habían comprado 10 pendrives, 10 cuelgabolsos, 10 estuches marcapáginas, 10 mochilas plegables y 10 cuadernos, acaso para los cargos de la mesa del Congreso, pero en la factura que llegó a la Junta aparecían 7.000 unidades de cada cosa. En total, una factura de 421 euros pasó a 91.000. No es único caso: la propia Intervención General del Estado detectó en uno de sus informes, cuando analizó el fraude de los ERE, que en una de las facturas se había añadido un par de ceros, acaso por error, pero el caso es que nadie se dio cuenta. Y allí donde tenían que haber pagado 130.000 euros, se pagaron 13.000.000 euros.
8. Un mirador de ballenas donde no pasan ballenas
¿Qué hace un ayuntamiento subvencionando un mirador de ballenas en alta mar si resulta que no es competencia del ayuntamiento; que ese ayuntamiento es de interior, no de costa; y que por si fuera poco el mar del que se habla está en otro país, en otro continente? Pero, además, ¿qué hace un ayuntamiento financiando un mirador de ballenas por donde no pasan las ballenas? Por increíble que parezca, todo esto se dio cita en uno de los escándalos más surrealistas que se han denunciado en Andalucía en los últimos años. En este caso, por fortuna, cuando se realizó el anuncio y se fueron atando cabos, algunos de los cuales llevaban hasta los intereses turísticos de Gustavo Cisneros, amigo de Felipe González, la polémica acabó frustrando la inversión. Pero este caso, que se iba a realizar con fondos de cooperación, sirvió como aperitivo de los escándalos que se conocerían después vinculados a la cooperación internacional. Con lo escasos que suelen ser esos fondos, con la demanda inmensa de miserias que hay que atender, en las cuentas andaluzas aparecían de pronto, por ejemplo, cuatro millones de euros para “elaboración de diagnósticos generales de diferentes países”. Hubo años en los que UGT y CCOO recibían más dinero con cargo a esos fondos que países como Ecuador, Malí o Mauritania. Y los sindicatos andaluces gastaban el dinero en jornadas como esta, que costó más de 600.000 euros: ‘Jornadas sobre Cooperación Sindical al Desarrollo: Andalucía-América Latina; Sindicato, Globalización y Trabajo Decente’.


La jueza, Mercedes Alaya. (Efe)
9. Objeto de una sociedad, “la felicidad humana”
Del escándalo de Ias fundaciones de la Junta de Andalucía lo mejor, con mucha diferencia sobre el resto, lo más original de todo, es el desahogo con el que un día se redactaron los estatutos de una fundación y alguien preguntó: ¿Objeto social? Y dijeron: “La felicidad humana”, ahí, con un par de narices. Pues esa fundación, que se presentó en Andalucía con todos los perejiles internacionales imaginables (Kofi Annan, Bob Geldolf, Rigoberta Menchú…) existió en Andalucía y se llamaba Fundación para la Innovación para el Bienestar Ciudadano (FIBIC). La pompa de su puesta de largo fue proporcional al fiasco del proyecto que se presentó en 2007 –principios de la crisis, que en la España de Zapatero se negaba) y acabó disolviéndose en 2011. Por el camino, pusieron en marcha, en Málaga, un Centro para la Innovación del Bienestar Ciudadano. Como el principio, el final también tenía que ser apoteósico. En agosto de 2012 le concedieron a ese centro una subvención de más de quince millones de euros, pero se pasaron por alto el ‘detalle’ de que ni la Fundación ni el Centro existían ya porque el propio Gobierno andaluz las había disuelto con los recortes de la crisis.
10. Delphi y no va más

La pregunta que nadie acierta a responder es cuánto dinero ha gastado la Junta de Andalucía tras el cierre, en 2007, de la factoría que la multinacional Delphi tenía en Puerto Real (Cádiz). Es incalculable, decenas y decenas de millones de euros. Mucho más fácil es responder a la pregunta que viene después: ¿Y para qué ha servido el dinero? Para nada, absolutamente para nada. Y no es un juicio de valor, es la propia realidad, constatable, y el testimonio expresado por quienes han hecho un seguimiento del plan de recolocación que puso en marcha la Junta de Andalucía para atender a los 1.500 trabajadores de Delphi y que, en algunos casos, todavía sigue pagándose. “Nadie podrá encontrar a un solo extrabajador de Delphi que haya encontrado un puesto de trabajo gracias a la formación que recibió tras el cierre. Los cursos de formación eran una estafa”, han acabado admitiendo alguno de los propios firmantes de aquel plan. Tanta estafa que están siendo investigados por la Justicia y han colocado en el disparadero a un exconsejero andaluz, Ángel Ojeda. Por lo que se ha conocido, Delphi es el no va más del ranking golfo. Cursos de formación a trabajadores que consistían en visitas a bodegas del marco de Jerez, pasar una mañana en el zoológico, escribir en un folio con tinta de limón y agua y ver el resultado al acercar la hoja a una fuente de calor, comprobar cómo se hincha un globo colocado en el cuello de una botella de refresco al agitarse el envase, y mejorar el idioma inglés con la visión de películas como El increíble Hulk.

La intimidad, para el que la compra - Ánxel Vence

La intimidad, para el que la compra - Ánxel Vence

Los frailes sueltos de entrepierna solían advertir a sus fieles que hicieran lo que ellos decían, pero en modo alguno imitasen lo que en realidad hacían. Algo muy parecido sucede ahora con los empresarios y altos gerifaltes de las redes sociales que han abolido la intimidad de los demás, aunque ellos protejan la suya con gran celo.
Cuenta en efecto el New York Times que un creciente número de ejecutivos de Facebook, Google y Twitter -por poner tres ejemplos notorios- exigen ya la firma de acuerdos de confidencialidad a cualquier trabajador contratado para hacer chapuzas en sus domicilios. Muchos de ellos son gente desconocida para el gran público, pero aun así quieren garantizarse el derecho a la intimidad que, paradójicamente, les niegan a los clientes de sus empresas.
Las firmas antes mentadas, y muchas otras del ramo, basan precisamente su negocio en recabar datos personales de los usuarios que, seducidos por la gratuidad del servicio, no ponen apenas reparos en proporcionárselos. Se conoce que algunos o bastantes de los adictos al Facebook desconocen la recomendación de Michail Bletsas, el responsable de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Advierte Bletsas que "cuando a usted le ofrecen algo gratis, debe saber que usted será el producto". El pago se hace con los detalles de nuestro "perfil", tan útil para que los vendedores nos coloquen su género.
Lejos de atender este sabio aviso a navegantes, muchos internautas se lo cuentan todo al Big Brother de la Red. Dónde viven, cuál es su fecha y lugar de nacimiento, qué hacen en cada momento del día, los sitios a los que van con su novia o novio, sus preferencias personales y hasta las marcas que les gustan. Al principio, los más sociables publicaban incluso su número de teléfono, si bien la experiencia -a menudo incómoda- ha acabado por disuadirlos de caer en esos excesos de sociabilidad.
Toda esta exposición de intimidades al público es, sin duda, el sueño de cualquier comerciante deseoso de fichar a los posibles compradores de su mercancía. El "Hermano Mayor", que vigilaba cada uno de los actos de sus súbditos en el mundo de pesadilla imaginado por George Orwell en "1984", está en vías de hacerse realidad. Y, lo que es más notable, con la graciosa colaboración de quienes se someten voluntariamente al saqueo de su vida privada.
Tanto éxito de audiencia han tenido las redes virtuales que sus promotores ya se animan a justificar la necesidad de que la gente pierda el pudor y se desnude de prendas ante el público, como si Internet fuese un gigantesco reality show de la tele. Por ejemplo, Mark Zuckerberg, el inventor de Facebook, no dudó en sentenciar que "la intimidad ya no existe" cuando años atrás animaba a los usuarios de su red a modificar los perfiles para compartir aún más datos personales.
Ahora se ha sabido que ni el fraile Zuckerberg ni sus colegas del convento tecnológico aplican a su propia vida lo que predican para la de los demás. No solo ocultan celosamente los detalles de su intimidad -empezando por la más elemental del domicilio-, sino que imponen al fontanero y al electricista una cláusula de secreto para evitar que luego cuenten en Facebook cómo es y donde está la mansión del magnate.

No queda sino volver a Orwell. El mismo que en "Rebelión en la granja" estableció aquello de que "todos somos iguales, pero unos más iguales que otros".