sábado, 6 de diciembre de 2014

Papeles de Salamanca y traiciones del PP - Guillermo Dupuy

Papeles de Salamanca y traiciones del PP - Guillermo Dupuy

Parece ser que el último y casi nocturno traslado de documentos del Archivo de Salamanca con destino a Cataluña no cumple ni siquiera los requisitos de la infausta Ley 21/2005 aprobada en tiempos de Zapatero. Así, al menos, lo considera el investigador Policarpo Sánchez, quien ha denunciado numerosos incumplimientos de dicha ley, tanto en la selección de documentos como en las condiciones de traslado que obligaban a dejar copia de todos y cada uno de los papeles.
Sin embargo, la auténtica traición del Gobierno de Rajoy a su electorado en este asunto no radica tanto en que lleve a cabo el traslado "con falta de transparencia, a escondidas, todo igual que el PSOE", tal y como se queja Policarpo Sánchez. La más grave felonía radica en no haber derogado, nada más llegar al poder con mayoría absoluta, la Ley 21/2005, que obligaba a entregar a la Generalidad de Cataluña los documentos incautados con motivo de la Guerra Civil custodiados en el Archivo General salmantino. Que el Gobierno del PP haya consumado la dispersión documental de un archivo histórico, y que lo haya hecho, además, en beneficio de una Administración regional inmersa en un ilegal proceso secesionista es lo que nos muestra la auténtica catadura del desastre que nos gobierna.
No faltarán quienes excusen al Ejecutivo de Rajoy alegando que, después de que el Tribunal Constitucional avalara en enero de 2013 la Ley 21/2005, poca cosa se podía hacer. Lo cierto, sin embargo, es que nada en esa sentencia –emitida más de un año después de llegar al PP al Gobierno– fuerza el traslado de documentos a la Generalidad. Lo que dice esa sentencia es que el traslado de documentos no vulnera la Constitución, como tampoco la vulneraría mantenerlos reunidos en Salamanca. Como dice textualmente la propia sentencia, "entrar en un enjuiciamiento de cuál sería la medida justa supone discutir una opción tomada por el legislador que, aun cuando pueda ser discutible, no es inconstitucional".
Es innegable, por tanto, que el Gobierno de Rajoy, al no derogar y mantener la Ley 21/2005, contra la que votó el PP cuando estaba en la oposición, no responde a ningún imperativo constitucional, sino, más bien, a los mismos requerimientos nacionalistas que llevaron a Zapatero a promulgarla. De hecho, consumar la entrega de los papeles de Salamanca a la Generalidad era una de las 23 exigencias –concretamente la nº 20– que Artur Mas se permitía plantear en julio a Rajoy, ni siquiera como contrapartida, sino completamente al margen de su determinación de celebrar la consulta secesionista del 9-N.

Comprendo la indignación que sienten los votantes del PP, especialmente los de Castilla y León, y la de los expertos que sienten vergüenza al ver "cómo los que nos sacaron a la calle son los mismos que perpetran el último expolio". Dicen que Roma no pagaba traidores. El traidor de Rajoy apalea a los leales.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Los bebés de la crisis - Ánxel Vence

Los bebés de la crisis - Ánxel Vence

Crece en España e incluso en la moribunda Galicia el número de nacimientos por primera vez en muchos años, según las cuentas que acaba de echar el Instituto Nacional de Estadística sobre el semestre inaugural de 2014. La mejora en la facturación de críos supone apenas un 0,5 por ciento, pero aun así el dato resulta feliz e inquietante a la vez.
No puede sino sorprender, desde luego, el hecho de que la gente se anime a procrear ahora que las dificultades de la crisis invitan más bien a no hacerlo. Vista desde el lado bueno, la tendencia podría sugerir que estamos saliendo por fin de la recesión y, lo que es mejor, la gente se lo ha creído. Si, en cambio, vemos la botella medio vacía, bien podría ocurrir que el pueblo haya caído en la lujuria bajo el lema "Fornicad, fornicad, que el mundo se acaba", tan típico del final de los tiempos. Y de ahí ese sorprendente, si bien minúsculo, aumento en el número de partos registrados en España.
Algo así sugieren las conclusiones de la Cumbre del Clima que estos días se celebra en Perú. Constata, en efecto, la Organización Meteorológica Mundial, que el año 2014 lleva camino de convertirse en el más caluroso de los que se tiene noticia desde que se le empezó a tomar oficialmente la temperatura al planeta, allá por el año 1880. Y no solo eso. De continuar al alza los termómetros, la Península sufrirá noches de hasta cuarenta grados en el año 2050, con las excepciones -por otra parte, lógicas- de A Coruña y Pontevedra, provincias donde las temperaturas nocturnas no pasarán de los 30 grados.
Cae de cajón que con semejante calor no va a haber quién duerma: y a ese bochorno de orden climático conviene agregar aún los agobios de la crisis, la falta de empleo que sofoca a los jóvenes y la posibilidad -cada día más evidente- de que los próximos jubilados no tengan de dónde cobrar pensión.
Sumados todos estos ahogos meteorológicos y financieros, más de uno y de dos deducirán que tal vez estemos en vísperas del fin del mundo. Es en circunstancias apocalípticas como estas cuando la gente opta por apresurarse a disfrutar de los placeres que aún puedan quedarle: y quién sabe si eso explicará -o no- el inesperado aumento en la producción de bebés.
La ciencia no deja de avalar esta hipótesis. Los estudiosos del comportamiento humano sugieren, en efecto, que las parejas tienden a encamarse con mayor frecuencia en situaciones de peligro extremo, según documentan las experiencias de la población sometida a bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Cuantas más bombas caían, mayor era el número de coitos, si hemos de creer a los investigadores que se ocupan de contabilizar -quién sabe cómo- esos encuentros íntimos bajo el cañoneo.
Si tal ocurría con las modestas incursiones aéreas de entonces, nada cuesta suponer que el actual bombardeo de penurias y espantosos augurios climáticos a los que está sometida la población invite a los ciudadanos a buscar refugio en las diversiones de toda la vida. Agobiada por las angustias de un futuro cada vez más sombrío y más próximo, se diría que la gente ha encontrado en la fornicación -un entretenimiento barato y saludable- el recurso idóneo para aliviar sus penas.

Falta por saber si es ese el origen del inesperado repunte en la natalidad de España, pero tampoco están para eso los contables del Instituto de Estadística.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hombres, pavos y viceversa - Carmen Rigalt

Hombres, pavos y viceversa - Carmen Rigalt

HUBO un tiempo en que de cada tres artículos que escribía, por lo menos uno iba sobre tíos. O sea, sobre hombres en general, pues no hay nada más universal que un hombre en particular. Uno recién salido de la ducha y secándose los huevos con el secador de pelo de su chica.
Hablo de antes. Ahora ni se me ocurre escribir sobre hombres. No es que hayan dejado de gustarme, no es eso. Pero también me gustan las lagartijas y los níscalos y sin embargo no les dedico artículos. Los tiempos han cambiado. Perdón: la que ha cambiado soy yo, que acumulo lustros sobre la chepa. La pereza domina ahora esa higiénica excitación que antes me movía a escribir. Los hombres como objeto de observación siguen interesándome, aunque las conclusiones ya las conozco de antemano. Los comportamientos típicamente masculinos han perdido visibilidad, de lo cual me alegro mucho. En cambio, la vanidad permanece inalterable. El machito que entraba en un bar haciendo ruiditos con las llaves del coche que lanzaba luego sobre la barra, es un elemento residual. Una reliquia del pasado. Donde antes había chulos ahora solo quedan vanidosos. La vanidad no es patrimonio de ninguna generación. También alcanza a los jóvenes. Lo curioso es que la vanidad no está dirigida a impresionar a ninguna mujer. Ellos se juntan entre sí para ahuecar las alas y darse pisto. Mis amigas saben que, cuando estoy con un grupo de hombres que dan en pavonearse porque se consideran finos escritores o grandes músicos, yo suelo entonar por lo bajo voces de gallinácea (cuoc, cuoc, cuoc) mientras me sacudo las plumas. Ellos no se dan cuenta de la vergüenza que producen. Ni siquiera son ejercicios de competitividad sino exhibición pura y dura.
El caso de las mujeres es bien diferente. No me atrevo a decir mucho de las mujeres porque desde dentro se pierde la perspectiva, pero juraría que somos más pudorosas y resistentes al empaque. Una mujer puede pecar de exceso de coquetería y acabar pareciendo tonta, pero la vanidad profunda es cosa de hombres. A ellos se les va la fuerza por la boca. Les da resultado mientras no coincidan con otros hombres que dicen saber tanto. En ese caso ambos se apoderan del discurso (chiste va, cita cultural viene) y ya no hay quien meta baza.

Nosotras somos más desconfiadas con las mujeres que no conocemos y apenas nos prestamos a esos juegos. Preferimos mantener el perfil bajo con temas de tanteo para dejarles a ellos el concierto del pavo.

Adiós al bolígrafo - Ánxel Vence

Adiós al bolígrafo - Ánxel Vence

Allá por Finlandia, avanzadilla mundial de la educación, el Gobierno ha decidido tirar cuadernos y bolígrafos por la ventana en el convencimiento de que la escritura a mano es un anacronismo. Dentro de un par de años, los chavales dejarán de aprender la rancia caligrafía para ser instruidos a cambio en el manejo de las teclas del ordenador, las de las pizarrillas electrónicas y -sobre todo- las del teléfono móvil.
Parece una medida revolucionaria, pero en realidad los finlandeses no hacen otra cosa que adaptarse a lo que está sucediendo en la práctica. Ya nadie -o casi nadie- escribe a pulso y pluma. Ni siquiera lo hacen los médicos, tiempo atrás famosos por su indescifrable caligrafía, que ahora ha convertido en innecesaria la moderna receta electrónica.
La decisión tomada con carácter pionero por las autoridades de Finlandia planteará, si acaso, algún problema con los maestros y profesores en general. No todos ellos han de ser expertos -ni aun principiantes- en el oficio de la mecanografía y menos aún en el manejo de los ordenadores. Quizá los finlandeses, que encabezan todas las clasificaciones educativas de PISA, sean una excepción al respecto; pero igual no ocurre lo mismo en otros países más rezagados en esa materia, tales que, un suponer, España. Nada de particular si se tiene en cuenta que todos los avances llegan aquí con años y hasta décadas de retraso.
Cuestiones de intendencia al margen, la desaparición de la escritura manual que acaban de establecer por decreto en Finlandia va a tener consecuencias para algunas profesiones. La extinción de los textos manuscritos hará que pierda su significado, por ejemplo, el trabajo de los peritos en grafología, a los que ni siquiera queda el recurso a autentificar las firmas, sustituidas por la huella digital. De los calígrafos que habían convertido en arte su labor ya ni hablamos, claro está.
El de la escritura a bolígrafo o lápiz no es, en todo caso, el único hábito que va a quedar sepultado por la irrupción de las nuevas tecnologías. La revolución en marcha es de tal calibre que ni siquiera el dinero al que Quevedo dedicó una sentida oda va a mantener por mucho tiempo su usual presentación en forma de billetes y monedas.
Más pronto que tarde, las aplicaciones de los telefonillos móviles permitirán el abono de cualquier compra sin más que darle a la tecla. El precio será exacto y no habrá vueltas para el comprador, lo que acaso se lleve también por delante las propinas: otra institución llamada a perecer junto al viejo sistema analógico al que estábamos acostumbrados.
Quedará a lo sumo el sexo practicado a mano como último bastión de resistencia frente a la invasión de los nuevos modos digitales; pero ni siquiera esto es seguro. De hecho, ya hay apps dedicadas a contar las calorías que se gastan durante el ejercicio físico: bien sea a la carrera, mediante el coito o por el último y más barato recurso a la masturbación. Una máquina productora de orgasmos como la que ideó Wilhelm Reich y llevó a la pantalla Woody Allen en "El dormilón" es solo cuestión de tiempo.
A mano, lo que se dice a mano, ya van quedando muy pocas cosas que hacer. Las fábricas de bolígrafos van camino de la quiebra tras la decisión adoptada por las autoridades de Finlandia: y pronto ocurrirá lo mismo con el pago de mercancías en efectivo. Solo es de esperar que las máquinas no acaben pensando por nosotros.



lunes, 1 de diciembre de 2014

Tocar de oídas - Juan Tallón

Tocar de oídas - Juan Tallón

Nunca le hago ascos a una historia de curas. La incredulidad que te produce te dejan al final de la boca el regusto amargo y sucio de la verdad. Incluso cuando no son ciertas, resultan verídicas. Bien lo decía John Ford al señalar que en sus películas «todo es ficción, pero todo es verdad». Mis relatos preferidos sobre el sacerdocio remiten al sexo, habitualmente. Tal vez porque estudié en un colegio de frailes. Nunca me metieron mano -salvo dos o tres hostias que me dio el director, merecidísimas-, pero mantengo congelado el recuerdo de las primeras pajas en forma de los días azules de la infancia de Machado. Cuando el padre Camilo apagaba las luces del dormitorio, y cerraba la puerta, los internos aclarábamos las voces, por así decir, y en silencio y lentamente arrancaba la sinfonía. Se tocaba de oídas, aunque sonaba a Berlioz. Era como una misa de gestos, molestada apenas por el silbido de los muelles y las manos tejiendo igual que violines.

Fuera de esta anécdota de corazones solitarios, me persigue desde hace años un sobrecogedor relato oral de Celso Sanmartín. Yo uso «sobrecogedor» para todo, en especial si no es sobrecogedor. Me gusta exagerar. En según qué casos, es el único modo de aproximarse a la verdad con algo de rigor. En todo caso, la historia de Sanmartín es sobrecogedora. Arranca en una aldea de Lugo. Su sacerdote pasaba de los 50 años. Pongamos que además era un hombre simpático, bien gordo, de ojos grandes, levemente calvo. Esto no recuerdo habérselo oído a Sanmartín; quizá no quiso entrar en detalles para no aburrir. Un mañana empezó a encontrarse mal. Al principio lo atribuyó a una indigestión. En Galicia, sobre la salud rige el derecho a la presunción de inocencia, de manera que cualquier malestar tiene su origen, de entrada, en una comida opípara.

El sacerdote buscó la salvación definitiva en el bicarbonato de frutas, que de tantos desastres lo había salvado in extremis. Inexplicablemente, esta vez no hubo milagro. A la desesperada, trató todavía de rezar. Pero eso tampoco surtió efecto. Ya lo había advertido Francis Galton, antropólogo, geógrafo, explorador, inventor, primo segundo de Charles Darwin y devoto de las estadísticas. Lo cuantificaba todo. Incluso llegó a trabajar en un índice del aburrimiento aplicado a los actos públicos y basado en los movimientos de impaciencia. Pero su estudio más célebre fue una investigación estadística sobre la eficacia de la oración. Para ello calculó la esperanza de vida de las personas distribuidas entre profesiones y así medir la eficacia de las plegarias. Mientras los médicos vivían un promedio de edad de 67,04 años, los abogados lo tenían de 66,1, y los clérigos de 66,42. Conclusión: sus plegarias era inútiles.

Si al menos, en lugar de indigestión, hubiese sido una vulgar resaca, habría habido esperanza. Existen fórmulas infalibles para sortearla. Esto no lo desgranó Celso Sanmartín, que después de todo hay unas pocas cosas que ignora. Pero lo detalla Kingsley Amis, quien en virtud de sus conocimientos prácticos sobre el alcohol y las borracheras, atesoraba también secretos valiosísimos sobre la resaca. En ‘Sobrebeber’ explica que «hay dos soluciones que no fallan: media hora a bordo de una avioneta abierta y bajar a la mina de carbón con el primer turno». Si no puedes permitirte ni un lujo ni el otro, te recomienda que «si tu esposa o compañera ocasional está a tu lado cuando te despiertas, y se muestra complaciente, ejecuta el acto sexual con todo el vigor del que seas capaz. El ejercicio te sentará bien».

A la tarde, el dolor del sacerdote lo acorraló en la cama, donde insistió en rezar, obcecadamente. Cuando el sufrimiento se volvió inhumano, al fin consintió que lo condujeran a Lugo, donde ingresó casi inconsciente en el hospital. Le salvaron la vida en el último segundo, poco menos. La mañana, sin embargo, iba a deparar una gélida sorpresa, además del hecho imprevisto de continuar con vida. Cuando recuperó el sentido y abrió los ojos, vio a un recién nacido a su lado. La madre había fallecido en el parto, y las monjas lo dejaron junto al sacerdote. Tal vez a causa de la medicación, este creyó que durante su inconsciencia había dado a luz, y aceptó criar al niño, que en el futuro disfrutó de buena salud y nunca tuvo que escuchar palabrotas en la casa. Y un día, llegó la hora de revelarle la verdad. Al calor de la chimenea de la rectoral, el cura le dijo que deseaba explicarle algo sobre su origen. El chaval, que no era tonto, exhibió esa sapiencia infinita que atesoras cuando eres un pequeño adolescente, y replicó: «Boh, ya sé que no eres mi padre». El cura asintió en silencio. «Es cierto -añadió-. En realidad yo soy tu madre. Tu padre es el obispo de Mondoñedo».

El sacerdote buscó la salvación definitiva en el bicarbonato de frutas.

Ubi patria? - Fernando Sánchez Dragó

Ubi patria? - Fernando Sánchez Dragó

VIAJO MUCHO. Me avergüenza hacerlo con pasaporte español. ¿Por qué me lo imponen? ¿Por qué el despotismo de los políticos me impide renunciar a la nacionalidad del país en el que vine al mundo? ¿Por qué mi madre, que era hija de un francés, no me inscribió en el consulado de sus mayores por vía paterna? Era factible. ¿Cabe la posibilidad de que yo, setenta y ocho años después, lo intente ahora? Tengo una hija medio francesa, otra medio italiana, un hijo cuya madre -española de origen- se convirtió en sueca, otro hijo medio japonés y japonesa es mi esposa. ¿Podría esgrimir esos antecedentes para darme de baja en el Registro Civil de Caconia? ¿Por qué es prácticamente imposible acceder a la condición de apátrida? En 1982 envié un telegrama al Ministerio de Justicia reclamando ese status. Me dieron la callada por respuesta. Sirva esta columna para solicitarlo otra vez. «Nuestra ciudadanía no está condicionada por el lugar donde hemos nacido o en el que vivimos», maullaban los cuatro gatos que la víspera del 9-N refunfuñaron en Madrid y en el resto de Expaña contra la secesión de Cataluña. Estoy de acuerdo con ese eslogan, aunque yo diría identidad en vez de ciudadanía. No es agradable atravesar fronteras o inscribirse en la recepción de hoteles extranjeros tan a menudo como yo lo hago y tener la impresión -acaso paranoica y alentada por un sentimiento de culpa absurdo, pues yo no decidí nacer donde lo hice- de que se dan con el codo y esbozan una sonrisilla de conmiseración. Si no me siento español, ¿a santo de qué me constriñen a serlo? ¿No es eso un atropello? Ubi bene, ibi patria, decían en Roma. Yo soy mi patria. Los míos y lo mío son mi patria. Mi patria está en mis zapatos, está en los libros que he escrito y he leído, está en mis ojos, en mis oídos, en los países que he visitado, en las mujeres que amo, está -como creían los egipcios- en mis testículos... Sí. Mi patria son mis cojones, con perdón (o sin él), y pido a las autoridades del ramo -Justicia, Interior, qué sé yo- que no me los toquen más, que me reconozcan el derecho a ser quien soy y no quienes ellos dicen, que me devuelvan la plena posesión de mi identidad sin etiqueta alguna, que me permitan abjurar para siempre de este intratable pueblo de cabreros (Gil de Biedma), de esta España de charanga y pandereta (Machado), de esta pobre, sucia, triste, desdichada patria (Espriu), que desde hace mucho ya no siento como mía.

martes, 25 de noviembre de 2014

Curas pederastas: mejor en la cárcel que en el templo - Antonio Casado

 Curas pederastas: mejor en la cárcel que en el templo - Antonio Casado

Digamos que este joven profesor de la Universidad de Navarra se llama “Daniel”. La memoria herida de sus tiempos de monaguillo en una parroquia de Granada comprueba la capacidad depuradora de la Iglesia frente a uno de los crímenes más abominables: la pederastia en su propio seno. Gracias al coraje de este miembro del Opus Dei, y a la prometida firmeza del Papa Francisco, hemos conocido un nuevo episodio, fruto de una comunicación directa entre la oveja y el pastor de pastores. Los intermediarios de la burocracia eclesial nunca supieron o nunca quisieron saber que unos cuantos sacerdotes habían hecho de los abusos sexuales a niños y niñas la más sórdida de sus tareas.
Aunque disponían de hasta 19 casas en propiedad donde abusaban de menores captados para el reino de los cielos, en nombre del amor sin barreras, en la Archidiócesis de Granada nadie quiso enterarse. Ni el obispo, Francisco Martínez, que acaba de pedir el perdón del Viernes Santo después de haber dado una respuesta “decepcionante” al antiguo monaguillo cuando este, que ya tiene 24 años, le puso al corriente de las andanzas del padre Román y sus depravados seguidores.
No hay cárcel suficiente para quienes abusaban sexualmente de niños y niñas en nombre de Dios. En todo caso es la cárcel y no el templo el lugar indicado para retirar de la circulación a estos seres repugnantes
El verano pasado a Daniel se le ocurrió escribir al Papa, que le respondió telefónicamente para pedirle perdón “en nombre de la Iglesia de Cristo”. No había denunciado ante los tribunales a “los nueve curas que me destrozaron la vida” por preservar la imagen de la Iglesia. Solo le quedaba el Papa de Roma: “Querido Santo Padre, le ruego que no permanezca impasible”.
Y Francisco cumplió. Ahora tres sacerdotes y un seglar están en dependencias policiales (lástima de no verlos con las esposas puestas), a la espera de pasar a disposición judicial. Y a la espera de nuevas detenciones entre miembros del grupo (mentalidad conservadora y alto poder adquisitivo, según parece), que funcionaba como una secta con bienes heredados de la piadosa farmacéutica de Órgiva. Pero no hay cárcel suficiente para quienes abusaban sexualmente de niños y niñas en nombre de Dios. En todo caso es la cárcel y no el templo el lugar indicado para retirar de la circulación a estos seres repugnantes.
Algo importante nos compensa del escándalo de los Romanones: un Papa que da la cara y se muestra dispuesto a terminar con los vergonzosos silencios de la Iglesia Católica ante escándalos similares dentro y fuera de España. Un buen motivo para que hoy, de visita oficial en Estrasburgo, el Parlamento Europeo le agradezca que se ponga al lado de las víctimas. Y no de los abusadores, aunque sean sacerdotes.
Algo importante nos compensa del escándalo de los Romanones: un Papa que da la cara y se muestra dispuesto a terminar con los vergonzosos silencios de la Iglesia Católica ante escándalos similares dentro y fuera de España
Recuerdo un caso clamoroso de encubrimiento desvelado por The New York Times que implicaba directamente al Vaticano. Según dicho periódico, el entonces cardenal Ratzinger fue cumplidamente informado por varios obispos sobre el escándalo de un sacerdote norteamericano que abusó sexualmente de unos doscientos niños sordos. Pero el que luego se convertiría en el Papa Benedicto XVI, y otras autoridades vaticanas, como Tarsicio Bertone, que luego sería el secretario de Estado, no hicieron nada. La excusa fue el precario estado de salud del pederasta y su petición expresa de que le dejaran terminar sus días “en la dignidad del sacerdocio”.

Que no nos falle la memoria respecto al problema de la pederastia en el clero. Recordemos también la carta pastoral de Benedicto XVI dirigida a principios de 2010 al clero de Irlanda, en la que aseguraba sentir “vergüenza y remordimiento” por la conducta de algunos curas irlandeses. Cinco minutos después se descolgaba con un desconcertante “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, pronunciado durante la oración del Angelus, asomado a la plaza de San Pedro.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cerezos sin flor - Fernando Sánchez Dragó

Cerezos sin flor - Fernando Sánchez Dragó


MADRID, sábado, manifestación contra el aborto... En el mundo pagano los muertos tenían que atravesar el Leteo para alcanzar las riberas del Más Allá. En el budismo japonés existe una creencia análoga. Cambia sólo el topónimo del río, que pasa a llamarse Sanzu. Para vadear sus aguas hay que llegar allí avalado por el salvoconducto de las buenas acciones cometidas a lo largo de la existencia. Es el peaje del karma, idéntico al que miden las pesas de la balanza de Osiris en la mitología egipcia o el Juicio Final en la tradición cristiana. Los ritos de paso escatológicos son parecidos en todas partes. Los japoneses añaden uno concerniente a los niños mizuko, así llamados por extensión del nombre que designa el misericordioso ritual exigido por la divina Jizo para rescatar a las criaturas que murieron antes de nacer y que, debido a esa muerte prematura, no dispusieron del tiempo necesario para llevar a cabo las buenas acciones requeridas. Sus cuerpos deambulan por las orillas del Sanzu, condenados a amontonar con sus débiles manos pesadas piedras que les sirvan para tender un puente hacia la vida sutil. Esa leyenda se originó durante las terribles hambrunas que devastaron Japón en el período de Edo. Las campesinas, incapaces de mantener a sus hijos, se veían obligadas a abortar y a abandonar los fetos a la intemperie. El dolor las consumía. De entonces viene la construcción de templos en cuyo recinto miles de estatuillas infantiles, coronadas por un gorrito de lana, evocan a los niños de tal modo asesinados. Infinidad de mujeres visitan los santuarios -hay uno en Tokio y otro en Kioto- «con el deseo de librarse por medio de la plegaria del trauma psíquico provocado en ellas por la decisión de abortar». Así lo cuenta el pediatra Shoji Tateishi en su libro Los cerezos en flor. Extraigo la cita de una entrega dedicada a «Los niños de las aguas» en el blog Ojodegatoenlaniebla. El doctor explica que un cartel, a la entrada de los templos, recuerda a las mujeres que abortaron el deber de pedir perdón y de orar por los niños a los que impidieron vivir. Esas madres que no lo fueron, devoradas por el remordimiento -«la herida interior de un aborto nunca cicatriza», escribe el doctor-, visten a veces las estatuillas con ropas de bebé y dejan ante ellas juguetes y dulces. Yo añadiría a la ofrenda un cuenco de pétalos de la flor del cerezo para rendir justicia póstuma a los niños que no llegaron a florecer.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Cita del periodista Piñeiro a Alvite

Cita del periodista Piñeiro a Alvite

Piñeiro (Allariz-Ourense, 1957), licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, ha recordado las palabras que un día le dedicó el periodista José Luis Alvite: "Piñeiro, el éxito es que te quiera una gente y que te odie otra, porque si no es así estás perdido. Ojalá sigamos siendo muchos los cabrones que hablamos de ti, porque eso significará que estás vivo y que sigues estando ahí arriba. El día que no hablemos, empieza a preocuparte".

El corazón - Juan José Millás

El corazón - Juan José Millás

Vi en el metro a una mujer que había reconstruido sus gafas, rotas por el puente, con un pedazo de cinta adhesiva. Luego, en la cafetería, vi otras gafas, en esta ocasión sobre el rostro de un joven, cuya patilla derecha permanecía unida a la estructura gracias a un trozo de esparadrapo. El caso es que empecé a fijarme en las gafas de la gente y descubrí que un alto número de ellas padecían de averías importantes que los usuarios habían arreglado con remedios caseros. La crisis, me dije, la crisis ha llegado a los ojos. Según mis cálculos, había comenzado en los pies, en los zapatos si ustedes quieren. El transporte público es un lugar único para observar, sin resultar impertinente, la calidad del calzado. El año pasado, en pleno invierno, vi personas en zapatillas ligerísimas, en chanclas, en botas militares astrosas de la Segunda Guerra Mundial o así. Descubrí asimismo zapatos, que habiendo sido muy buenos en su día, presentaban grietas de una profundidad descorazonadora. Si ahora mismo, me dije, apareciera un periodista de The New York Times, no tendría que acudir, como antaño, a los contenedores de basura; bastaría con que recorriera cuatro o cinco líneas de autobús y otras tantas de metro, obteniendo fotografía de los pies de la gente, para conocer nuestra verdadera situación.

Tras manifestarse en los pies, y antes de aparecer en la gafas, la crisis se reveló en la dentadura de los contribuyentes. Algunas personas hablaban como si padecieran de una parálisis labial. ¿A qué viene esta plaga?, me pregunté. Venía a ocultar el hueco dejado por un incisivo, un canino, un premolar? Se ocultaban las caries como se oculta una vergüenza, pero cuando el interlocutor bajaba la guardia (al esbozar una sonrisa, por ejemplo), ponía al descubierto su desastre bucal. Y bien, la crisis, como señalábamos al principio, se ha instalado en las gafas sin abandonar los territorios conquistados anteriormente. Significa que caminamos mal, masticamos mal y vemos mal. El significado, como siempre, ha aparecido en la periferia, en este caso en la periferia del cuerpo individual, pero la veremos pronto en la del cuerpo social. ¿Qué digo pronto? Ya está ahí, aquí, ya está en la clase media, que es como decir que ha tocado el corazón.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La confesión y otros menesteres - Leopoldo Abadía

La confesión y otros menesteres - Leopoldo Abadía

Tengo un amigo, periodista, muy buena persona, profesional de muy alto nivel, con el que, de vez en cuando, hablo de lo divino y de lo humano, o sea, arreglamos el mundo y, casi siempre, no solo el mundo, sino el cosmos y lo de más allá. No recuerdo de qué hablábamos, pero sí que el periodista me dijo: “La confesión ha hecho mucho daño a la sociedad, porque, por ejemplo, los calvinistas, que no se confiesan, se exigen a sí mismos una reparación, un desagravio que hace que el recomenzar sea mucho más duro. Vosotros, los católicos, os confesáis y a vivir”.
Estábamos con dos gin-tonics (no eran los primeros) y no consideré oportuno contestar, quizá porque los vapores del alcohol hacían que no tuviera la mente suficientemente clara como para meterme en discusiones teológicas.
Pero, una vez que tuve la cabeza en su sitio, o sea, al día siguiente, pensé que el que se confiesa tiene que proponerse seriamente, honradamente, o sea, de verdad, arreglar aquel desarreglo, aunque le cueste mucho. Es decir, que si le ha insultado gravemente a alguien, se tiene que proponer no volver a mentarle a su madre. Si ha robado, a devolver lo robado, (no solo a “cumplir su deuda con la sociedad” después de haber estado site años en la cárcel, saliendo a dormir a casa todos los días y haciendo fiesta los sábados y domingos) y se proponga muy en serio no volver a robar, aunque le cueste esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas. Si se ha acostado con el marido/la mujer de su mejor amiga/o, porque para eso están los/las amigos/as, que esté dispuesto/a a pegarse una ducha fría, helada, cuando note que el cuerpo se le desmanda. Y si no es bastante, otra ducha.
O sea, que la confesión (con minúscula) es buena si es Confesión (con mayúscula). Si no, es un cuento. Y los cuentos hacen daño, a no ser que sean cuentos para niños.
Estoy en Madrid, presentando mi nuevo libro. Ya se sabe: de la radio a la tele, de la tele a otra tele, de la prensa a otra prensa. Divertidísimo. Un poco cansado, sí. Pero fenomenal. Además, como el libro se titula Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón, no puedo permitirme el lujo de poner mala cara, ni aunque la entrevista sea por teléfono y no se me vea.
En una tertulia en televisión, hablamos de la corrupción. Me acuerdo de lo de “yo he venido a presentar mi libro”, pero como la presentadora y los tertulianos son majísimos, entro en el juego.
Hablamos de muchas cosas: las tarjetas opacas, los viajes de los diputados y senadores a cargo del Congreso y del Senado, respectivamente, y aún nos queda tiempo para comparar la situación española, en este terreno, con la de otros países, e incluso, para que yo me entere de que hay un crío en Podemos que debe ser un crack por la cantidad de cosas que ha hecho en su vida. Parece que tiene que hacer un proyecto para una universidad y que no le llega el tiempo. Y quieren que devuelva el dinero de la beca o que no lo cobre. A mí me parece que eso no es corrupción. Es que este chaval ha calculado mal y la vida no le da para tantas cosas.
Estando así, ya se me ha olvidado la presentación de mi libro y estoy pasándomelo muy bien.
Y de repente, me sorprendo porque uno de los tertulianos, periodista, tan buena persona y tan buen profesional como mi amigo, repite palabra por palabra el argumento de que la confesión tiene una gran parte de culpa en lo de la corrupción. Repite lo del calvinismo, lo que me desconcierta, no porque dude de cuál debe ser mi respuesta, sino porque me extraña que dos personas, que quizá ni se conocen, repitan textualmente el mismo argumento. Pienso que, o se le ocurrió al primero que me lo dijo, lo hizo correr por ahí y el otro lo copió, o es algo que alguien ha dicho y les ha convencido a los dos.
Como esta segunda vez no tengo más que un vaso de agua delante, porque en las teles no ponen gin-tonics, no vaya a ser que los tertulianos, animados por el alcohol, se enzarcen a bofetadas o, llorosos, se abracen y acaben cantando el “Asturias, patria querida”, le contesto lo que he puesto en un párrafo anterior. Que si la confesión es Confesión, es muy buena. Y si no, es una soberana pérdida de tiempo, que nunca he entendido, porque si quiero seguir haciendo fechorías porque hay que ver lo que me gustan, ¿para qué hago el paripé?
Se acaba el tiempo de la tertulia en la tele, que me ha resultado muy corta y agradabilísima, porque poder discutir con personas que piensan distinto y que una me escucha y yo le escucho, es una gozada.
Para colmo, la presentadora, con muy buen hacer y mucho cariño, ha hablado de mi libro. ¿Qué más puedo pedir?
Al día siguiente, chat. Preguntas a las que tengo que contestar de modo “conciso y sencillo”, según las instrucciones que me da mi hijo Gonzalo, que me conoce a fondo. Me defiendo bastante bien. Hablo despacio, procurando no liarme con explicaciones enrevesadas, porque la periodista que escribe lo que yo digo se puede perder con mis elucubraciones.
Una de las preguntas es: “¿Usted cree, en contra de la opinión mayoritaria, que hay vida después de la muerte?”
Contesto dos cosas:
1 Que estoy convencido de que no es la opinión mayoritaria.
2 Que, por supuesto, creo que hay vida después de la muerte.
No añado, para no complicar la respuesta, que, en este caso, la opinión no sirve para nada, sea mayoritaria o sea minoritaria. Que si hay, hay. Y que si no hay, no hay. Y que, como yo creo que hay, procuro vivir como si hubiera.

No vaya a ser que haya y la fastidiemos.

La Pantoja, a la trena - Raúl del Pozo

La Pantoja, a la trena - Raúl del Pozo

Se dice en una novela francesa que la protagonista no creía en Dios: para ella ya era mucho ser supersticiosa. No sé si Isabel Pantoja creerá que la gafó de por vida Lola Flores cuando le lanzó una abominación. Fue versión más leve de la maldición gitana que suele ser atroz: «mal rayo te parta», «colgao te veas», «que te gastes el parné en botica»,«ojaló se te ciegue el ojo del culo»... Parece que Lola, sólo cuarterona, se limitó a jurar cuando la gitana sevillana le quitó Paquirri a Lolita: «Que ningún gachó te camele nunca jamás».
Hay quien cree que obró la maldición de la Faraona trastocó la biografía de la cantaora a la que los gitanos del Corral le miraban la boina que le llegaba de las ingles a más arriba del ombligo. La tonadillera, la balada humana, ha ganado después mucha gloria y mucho parné, y al final le van a dejar tiesa los cucarachas. Lo peor de todo es que la van a encerrar y tiene problemas de claustrofobia.
Han condenado a dos años y medio de cárcel a una mujer de tronío, una mujer de romance; con su voz de luto, con duende en las calles de la sangre, cantará ahora en presidio como sus antepasados. La encierran por lavarle la morterá a un payo llamado Julián Muñoz. La van a guardar en la cárcel de Alcalá de Guadaira, a 15 kilómetros de Sevilla, y ni ha pedido el indulto ni ha soltado todo el dinero que le pedían por la libertad. Me dice mi amiga del alma que entra en la cárcel por cabezonería y orgullo. «Es una mujer vampiro que ha desplumado a hombres y a mujeres. En los últimos días ha intentado dar sablazos. No la idealices. Es falsa y ladrona». A mí me parece muy duro el castigo.
Tendrá que devolver la medalla de Andalucía y la han echado hasta del Museo de Cera, después de pasearla por los platós y los juzgados. ¿No le van a descontar de la pena las maldiciones de la jauría, sus antiguos devotos que ahora la insultan en los paseíllos?
Fray ejemplo es el mejor predicador, un juez no es un fraile, y a los jueces les da ahora por hacer escarmiento, menos con los banqueros que saquearon las cajas o con los padres de la patria andorrana, y más con los famosos. A la tonadillera ya le han jodido la vida y el oficio. Dice Floriano que los partidos o se ponen a la cabeza de la manifestación contra el soborno y el fraude o la corrupción acaba con los partidos. Está bien, pero yo veo pocos políticos en la sombra.

Los jueces olvidan que la ejemplaridad de los gitanos está muy usada. Lleva siglos siendo carne de presidio y como escribió Camilo José Cela, si descubren a una gitana llevándose algo le llaman mechera y si es una señora la sorprendida le llaman cleptómana. Cerca de mi casa están los tribunales de Justicia y veo cada día a decenas de gitanos dando ejemplo. Van en pandilla a los juzgados, como suelen ir a los hospitales. La gente quiere carne de presidio, de renombre, bien macerada, pero la Justicia no debería usar el renombre para hacer pedagogía, sino justicia para todos igual.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Ser pobre no es lo peor - Salvador Sostres

Ser pobre no es lo peor - Salvador Sostres

HAY UNA cosa peor que ser pobre y es estar equivocado. Todos somos pobres en cierto modo y siempre hay algo a lo que no llegamos. Lo inaceptable no es no poder ir al Ritz sino inventar absurdas teorías para ridiculizar el lujo y a los que pueden gozarlo.
El lujo es extraordinario. Es una categoría espiritual. Ensancha el alma, convoca a la esperanza. El resentimiento social es de perdedores. La rabia del que no llega es una derrota mucho más humillante que no llegar. Dadme trufa blanca, dadme champán. Dadme palacios, dadme castillos, dadme grandes espacios vacíos.
Dadme familias de derechas en el brunch del Ritz en los fríos y soleados domingos de Madrid. Dadme camareros y una idea del servicio que explique la Civilización y la sostenga. El lujo es la más sensacional expresión de la Humanidad.
No siempre está a nuestro alcance y es una lástima. Pero no pierdas el tiempo, ni la dignidad, odiándolo y haciendo estúpidos discursos sobre el valor de la austeridad. La impotencia no hay nunca que mostrarla, y menos de un modo que diga tan poco de ti. Más bien procura estar en condiciones algún día de sentir y entender lo que el lujo es y significa.
No se ha escrito ningún poema de amor mejor que el tacto del pie desnudo en la moqueta, ni se ha conocido ballet que haya conseguido movimientos más precisos que Pierre Le Moullac cuando era mâitre de L'Ambroisie y se desplazaba por su sala como si ni pisara el suelo. El hombre sin lujo es como el hombre sin Dios. Sin trascendencia somos bestias.
La vulgaridad que nos envuelve es atroz. Son una cosa y lo mismo el desprecio del lujo y los matrimonios por amor. Te empiezas casando por amor y acabas creyendo que el divorcio es una conquista social. Familias destruidas por la inconsistencia más frívola. «Quiero tiempo para mí», «quiero encontrarme a mí misma». Oiga, señora, ¡por el amor de Dios! Hemos perdido la tensión. Hemos olvidado que todos venimos al mundo con una misión.

Ser pobre no es lo peor. Hay tragedias más graves, como estar por dentro tan podrido de odio y de equivocación que ya no puedas ni soñar en un mundo mejor. De ellos sólo podemos esperar la destrucción de todo lo bello, y la hiel. Miré y vi a un caballo pálido, su jinete tenía por nombre la muerte, y el Infierno cabalgaba tras él.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El tonto federal - Antonio Burgos

El tonto federal - Antonio Burgos

Pnsb scrbr st rtcl sn vcls, en plan "Pdro Snchz" en Internet, pero ustedes iban a fatigarse más de la cuenta leyéndolo y no sé si ese señor merece que malgastemos con él bienes tan escasos en nuestros días como el ingenio y las ganas de cachondeo. Sobre todo, estas últimas. Viendo los quevedescos muros de la Patria mía se le quitan a uno hasta las ganas de cachondeo. Como eso de que el Estado de Derecho ni está ni se le espera en Cataluña, ya que los fiscales del pesebre soberanista que han cambiado la toga por la barretina dicen que no le puede meter mano al felón sedicioso porque el Constitucional no le advirtió antes que si sacaba los microondas de cartón a la calle cometía delito. O sea, que según este criterio, puede usted salir a la calle y cargarse al primer tío que vea y que le caiga gordo, porque, total, como el Constitucional no le ha advertido previamente que eso de dar matarile a la gente es delito...
Pensaba hacer enterito sin vocales ese artículo, pero pueden imaginarlo. Ahí queda esbozado. Háganse cuenta de que lo han comprado en Ikea y tienen que armarlo ustedes mismos. O que llamar al Grupo Logístico Pantoja para que se lo monten, previo pago de su importe y transporte. Sí, Pantoja. Los compradores torpes de Ikea somos todos pantojistas, partidarios de Pantoja. El de los transportes, no de la otra, la otra que a nada tiene derecho y cuyo que si que sí, que no, que no, de su encarcelamiento le ha venido de cine a Chaves y a Griñán para tapar sus vergüenzas.

Pensaba escribir ese artículo, y como ya lo han montado ustedes mismos sin concurso alguno de Pantoja, digamos que nos encontramos en el punto muerto actual con respecto a la resaca del 9-N por culpa de un tonto con toga. Modalidad que añadir a nuestro Elenco de Tontos del Reino. Ahora mismo el problema en catalana materia que no se sabe si hay más tontos con toga que tontos federales o viceversa. Aunque los que más abundan son los tontos soberanistas, también llamados tontos estelados. Nombrados así porque están de este lado y del otro del Ebro; por eso se llaman estelados, no estrellados. Los tontos estrellados en este asunto son otros, y si quiere me pongo a dar nombres de señores del Gobierno.

El tonto, como sostengo, no se crea ni se destruye, sino que, como ven, se transforma. Como el tonto del derecho a decidir. A decidir si es tonto o algo más que tonto, y más peligroso todavía que tonto. Son algunas de las nuevas modalidades que he encontrado desde la última actualización del Elenco de Tontos del Reino. Que son muchas y les detallo a vuelapluma:

El tonto del megáfono, que no puede faltar en ninguna manifestación que se precie, compañero de viaje del tonto de la bandera republicana, primo del tonto de la bandera palestina y sobrino del tonto de la bandera del Frente Polisario.

El tonto chupacámaras, que aunque suene al chupacabras de Puerto Rico, es el seguidor de Mocito Feliz y del Pequeño Nicolàs. También llamado tonto del selfie.

El tonto con carné de primera de tonto y el tonto con carné de primera especial de tonto, que es ya la leche.

El tonto con vistas al mar.

El tonto en primera línea de playa.

El tonto de tarifa plana.

El tonto con cierre centralizado en las cuatro puertas y elevalunas eléctrico.

El tonto totalitario que reparte carnés de demócrata, especie muy abundante en toda la izquierda.

Y el tonto que escribe artículos sobre los tontos, servidor de ustedes, que aprendió en el Carnaval de Cádiz que para poder reírse de los demás hay que empezar por saber cachondearse de uno mismo.

martes, 18 de noviembre de 2014

Podemos, el voto útil - Javier Carballo

Podemos, el voto útil - Javier Carballo

El mensaje más letal de Podemos, su arma electoral más arrolladora, es un viejo conocido de la política, la aspiración primera de todo partido, de todo candidato. Convertirse en voto útil, en el medio preferente de los votantes para lograr sus objetivos. Y esa fuerza arrolladora que se percibe en Podemos desde el origen tiene que ver con esa asociación, acaso inconsciente, subliminal, que se establece entre una fuerza política y los deseos de cambio de una sociedad. Quien quiere quitar al Partido Popular del Gobierno, quien quiere apearlo del poder, ya no mira al Partido Socialista, como en todos años atrás, sino que mira Podemos.
Por eso, en las encuestas de intención de voto, al contrario de lo que ha ocurrido en otros momentos de esta democracia, la caída del Partido Popular por el desgaste del Gobierno no presupone un ascenso, igual y paralelo, del principal partido de la oposición, el PSOE. Es la fuerza arrolladora del voto útil el principal valor que le ha arrebatado Podemos al Partido Socialista, y en el tsunami ha sucumbido antes Izquierda Unida y se han petrificado otros, como UPyD.
Esa, de todas formas, es la fotografía electoral del momento, lo que se respira en la calle, pero si la política tiene algo demostrado es que no es una ciencia exacta. Y Podemos es una precisa y concienzuda operación de diseño político a la que, como bien indica su líder Pablo Iglesias, le queda aún lo más difícil del camino por recorrer.
Lo mejor que ha hecho Podemos hasta el momento ha sido algo tan básico como sintonizar en el momento preciso con un estado de ánimo colectivo. Exactamente igual que pudo ocurrir en los 80, cuando el PSOE de Felipe González, como una fuerza arrolladora, enterró el centrismo de Suárez en medio del deterioro y la descomposición interna de UCD.
Quien quiere quitar al Partido Popular del Gobierno, quien quiere apearlo del poder, ya no mira al Partido Socialista, como en todos años atrás, sino que mira Podemos
Quince años más tarde, la campana le sonó al propio PSOE, horadado por la corrupción del felipismo. Aznar supuso entonces el cambio y la ‘lluvia fina’ de su política tozuda, convencida, constante, lo aupó hasta la primera mayoría absoluta de la derecha, en el año 2000. ¿Cuándo cambiaron los aires? Justo cuando el estado de cabreo latente por la guerra de Irak lo inundó todo con uno de los episodios más tristes, más oscuros, más dramáticos de nuestra historia reciente, los atentados del 11 de marzo. Otra vez ansias de cambio.
Por eso llega Zapatero y se hunde en el preciso momento en el que la sociedad española, otra vez, parece que se conjura con una ambición colectiva de cambio. El desastre de la crisis económica deja desnudo a Zapatero, y ante la tiesura y el riesgo de quiebra del país entero, sus sonrisas de ayer se vuelven gestos insultantes para el electorado. 
En cada uno de esos momentos de cambio ha ocurrido, con las diferencias notables que se quieran apreciar, el mismo fenómeno social y político. Y en cada uno de ellos, era un partido político o un líder quien simbolizaba el voto útil para echar al Gobierno que había fracasado. ¿No ha oído nunca en su entorno, o usted mismo, eso de votar con la ‘nariz tapada’ a este partido o aquel otro? No existe mejor expresión del voto útil.
En el caso de la izquierda española, el fenómeno era más amplio aún; sin necesidad de taparse la nariz, el PSOE se ofrecía a todos los votantes de izquierda como voto útil por ser un partido con posibilidades reales de gobierno, al contrario de otras opciones minoritarias.
Lo que está ocurriendo en este momento, y que diferencia este periodo de los anteriores, es que el deterioro no le afecta sólo al partido en el Gobierno, sino al sistema político en su conjunto. Los casos de corrupción y los recortes de la crisis han igualado a las fuerzas políticas tradicionales ante el electorado. Ahí es donde surge Podemos, desde fuera de ese sistema político desgastado, viciado, como fuerza política nueva y ‘voto útil’ para quien quiera romper con lo que se detesta. Hace falta un mensaje para conectar con el electorado: hay que acabar con la casta política.
Vídeo: Pablo Iglesias sobre Lenin y la izquierda
Esto lo ha entendido Pablo Iglesias desde el principio. En 2012, en una intervención reveladora en La Tuerka, el laboratorio del que surgió esta formación, decía Pablo Iglesias, todavía un desconocido: “En 1917, Lenin no dijo ‘comunismo’; dijo ‘pan y paz’. Y eso le sirvió para agregar una cosa enorme en un contexto muy preciso: no es un problema de qué color sean las banderas, no es un problema de diagnóstico, es un problema de agregar fuerzas. De qué discurso eres capaz de construir. En un momento te dices: ‘Yo tengo la fuerza de las mayorías sociales’. Por decirlo con una metáfora, la izquierda debe aprender a vestir el traje de la victoria. Es verdad que para follar hay que desnudarse, pero para ligar hay que vestirse. Y para vestirse hay que construir discursos y aparatos discursivos”.
Podemos se resiste a ir más allá de la síntesis con la que ha conectado con el electorado; si un solo mensaje le ha dado la fuerza social, para qué desgastarlo con propuestas concretas
Ese pragmatismo de ‘pan y paz’ es la teoría política que lleva al mensaje de la ‘casta’ en el que, como ya hemos observado, tampoco existen banderas de izquierda o de derecha. Podemos se resiste a ir más allá de la síntesis con la que ha conectado con el electorado; si un solo mensaje le ha dado la fuerza social, para qué desgastarlo con propuestas concretas. Y se ha vestido con el traje seductor de la demagogia del momento.
Para no tener que desnudarse ha renunciado incluso a las elecciones municipales y autonómicas, como pedían algunos dentro de la nueva fuerza política. Pero las elecciones generales están aún muy lejanas y hasta noviembre de 2015 queda un mundo inescrutable en política. Pablo Iglesias, como ya se está viendo, se resiste a concretar sus propuestas (a veces hasta el ridículo: el otro día le preguntaron si pensaba plantear un referéndum sobre “monarquía o república” y contestó repetidamente que el referéndum sería sobre “la mayoría de edad de la sociedad española”), pero no es probable que esa inopia idílica la pueda mantener un año entero, con todos sus días.

La casta, la casta, la casta, sí, pero qué más. En Cyrano de Bergerac el pobre Gastón se desvivía ante su amada invocándole el amor, una y otra vez, “amor, mi amor, te quiero, amor, mi amor...” Y la doncella, harta de la misma repetición, le contestaba: “Amor es el tema, desarrolladlo”. Pues lo mismo. La casta es el tema. Falta ahora todo lo demás, el desarrollo que no acabe con esa fuerza de ahora que se llama voto útil. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Nacho Mirás: “Nadie me ha reprochado que utilice humor negro para hablar de mi cáncer”

Nacho Mirás: “Nadie me ha reprochado que utilice humor negro para hablar de mi cáncer”

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A Nacho Mirás no se le puede llamar enfermo. Al menos, no el prototipo de enfermo que tenemos en mente. Desde hace un año, este periodista de raza se enfrenta a la peor noticia, no de su carrera, sino de su vida. Sus días tristes empezaron con un colapso que, en principio se debía al estrés, y degeneró en un cáncer que ha impedido que siga acudiendo a las aulas de la Universidade de Santiago de Compostela, donde imparte clases como profesor asociado, y a la redacción de La Voz de Galicia . Desde que se lo diganosticaron, Nacho se ha puesto rabudo con la enfermedad y la ha enfrentado escribiendo. Y no de cualquier manera, sino que se ha armado con retranca, franqueza y prosa impecable. Toda munición en la lucha es bien recibida. Y lo cierto es que tal como escribe, habla: no le tiembla la voz al pronunciar la palabra “cáncer”.  La recopilación de los posts que escribía en su blog para desahogarse no tendrá que encuadernarla su padre, una editorial se le ha adelantado. “El mejor peor momento de mi vida” es el enunciado que da título al libro, semejante carga semántica pone los pelos de punta. Blog y libro se han ganado muchos seguidores, algunos, pacientes oncológicos, que encuentran balsámicas las palabras de Mirás. Hoy Nacho participa en una jornada sobre el cáncer organizada por la Sociedad Española de Oncología Médica en Madrid.  Después de la sesión charlamos un rato. Impone sentarse a hablar con el periodista que lleva años firmando una de las series de entrevistas más largas y conocidas de Galicia, pero la ocasión lo merece.
¿Cómo llevas lo de pasar a ser el entrevistado después de tanta Cara B?
Pues lo llevo bien. Toda la vida he escuchando a la gente. Sé cómo no amargarle la vida a un compañero. No es que vaya hablando en titulares, pero sí que trato de ponérme en la piel del otro. Lo cierto es que no me agobia para nada. Podría ser que me costara pasar de un lado al otro pero todo lo contrario, agradezco que se difunda lo que tengo que contar, si no tendría que comérmelo yo solo.
¿Te ha reprochado alguien, incluso algún lector, que utilices humor negro para hablar del cáncer?
Para nada. Sí lo hubieran hecho si contara la enfermedad de otra persona, incluso con su autorización. Me caerían hostias por todas partes. Me dirían: “usted es un irresponsable, usted frivoliza”. Pero es mi cáncer, el que me va a matar o no a mí, el que me afecta a mí y a mi familia. Entonces, sin perderle el respeto, porque está ahí con el dedo señalándome, hago con él lo que me da la gana. Y a mí me hace bien.
Como tú dices: “Desde la autoridad que me confiere tener un tumor en la cabeza…”
Claro, desde la autoridad que me confiere tener un tumor cerebral propio, hago con él lo que me da la gana. Del resto del tratamiento se encargan la quimioterapia y la radioterapia.
Todo lo que habéis hablado en esta jornada de la SEOM tiene que ver con cómo se comunica el cáncer. También cuentas en tu libro que todavía es una enfermedad un poco tabú, ¿es la forma en la que escribes una manera de reivindicar que se hable claro?
Efectivamente, porque no se habla claro. Yo he hecho mil notas de muertos que tenían que salir en el periódico poniendo: “Fulanito ha muerto tras una larga enfermedad”. Esa larga enfermedad siempre era el cáncer. A veces no se pone porque la propia familia del fallecido no sabía que tenía cáncer. La comunicación no está bien y los eufemismos siguen vigentes. Es un término que todavía tiene una carga letal importantísima. La gente relaciona la palabra “cáncer” con “muerte” y no es así. Te mueres o no, o te mueres de risa o te mueres de asco. Yo reivindico que se llame a las cosas por su nombre y ojalá pueda contribuir un poco con lo que estoy haciendo. A mucha gente le viene bien que lo cuente y ver que somos muchos. Esto nos va a pasar a todos, o a nosotros o a alguien cercano, la estadística no falla. Hablar claro es  la forma de asumir lo que uno tiene y decidir cómo enfrentarse a eso.
Nacho Mirás: “El término cáncer todavía tiene una carga letal importantísima”
Parece que en este tema importan mucho las palabras.
Importan muchísimo. Desde las que te dice el médico a cómo nos comunicamos con nuestros familiares. En fin, el vocabulario hay que usarlo con propiedad.

Nacho Mirás con Javier Granda, periodista especializado en salud, en la jornada de la SEOM |ⒸMarta R Suárez
En tu libro eres muy crítico con la administración, con la  ”burrocracia”, como tú la llamas, ¿cómo llevas esa particular cruzada?
Lo llevo mal, porque parece que la gente que legisla es inmune. Legislan para los que van a enfermar, porque debe ser que ellos, los que hacen las leyes, nunca podrían tener cáncer. Eso no es así. Nos puede pasar a todos.
Los trámites no acaban: tienes que ir a buscar la baja muchas veces. Está todo fatal hecho, las bajas deberían adaptarse al tiempo de los tratamientos directamente y no es así. Te complican la vida cincuenta inspectores y compartir información entre autonomías parece imposible. Ya el propio proceso médico es muy engorroso: están los especialistas, las pruebas con sus tiempos de espera, los tratamientos, la medicación… Hay que hacer mil cosas y encima vienen estos tíos a complicarte la vida y, si no lo haces tú, lo tiene que hacer tu familia. Yo estoy más o menos bien y voy yo al papeleo, pero si no, tendría que ir mi familia que además carga conmigo y me cuida. Hoy todo se puede hacer a distancia, ¡que estamos poniendo tipos en marte, coño!
A pesar de esa parte negativa que tiene la administración, siempre has alabado la labor del personal sanitario, ¿crees que todavía es necesario reivindicar su papel?
Completamente. El otro día me preguntaron por el caso de Teresa Romero, la contagiada de ébola. Yo veo en Teresa el reflejo de la gente de la sanidad pública. Primero te curan a ti y luego miran por ellos. ¿Qué hizo Teresa Romero? Cuidar a alguien que lo necesitaba asumiendo los riesgos de contagiarse de una enfermedad como el ébola. El noventa y mucho por ciento de la gente de la sanidad pública es así y, desde que juego en la “División oncológica”, lo he comprobado por mis propios medios. No se puede permitir que se les recorte nada, que no se les quiten días libres porque los necesitan todos. Se merecen lo mejor porque tenemos la mejor sanidad del mundo, estoy convencido. Cuidado con tocarla porque nos va la vida en ello.
Nacho Mirás: “Cuidado con tocar la sanidad pública, porque nos va la vida en ello”
Desde que luchas contra el cáncer parece que has empezado a revisar tu vida con otros ojos: has vuelto la ciudad donde estudiaste, Barcelona, y has publicado de nuevo reportajes antiguos, ¿te lleva el cáncer a pensar más en el pasado o en el futuro?
El futuro ahora es un poco cortoplacista. No es que me hayan puesto fecha de caducidad, pero, como a los yogures modernos, me han puesto fecha de consumo preferente. Entonces reflexiono, veo donde estoy por todo lo que he sido, lo que he escrito, lo que he vivido… Ahora mismo el futuro para mí son mis hijos, que puedan crecer viendo a su padre. Y también mi mujer. El pasado es lo que me ha llevado hasta aquí, a ser como soy y a tomarme la enfermedad como me la tomo. En la parte periodística, siempre he reivindicado que por qué las televisiones vuelven a emitir sus reportajes y los periódicos no vuelven a publicarlos. Los reportajes de prensa escrita son flor de un día y yo creo que son útiles en otras ocasiones. Ya que los periódicos no lo hacen lo hago yo. Los que pongo en el blog siempre tienen un enganche con algún momento del presente.
Nacho Mirás: “El futuro son mis hijos”
El cáncer te ha hecho renunciar a muchas cosas como la moto, que siempre lo comentas, pero también te ha permitido pasar más tiempo con tu familia, ¿volverá a ser igual la vida después del cáncer?
Nunca. El cáncer no es después, es durante. Yo ahora mismo soy un enfermo crónico. Estoy operado, “craneotomizado”, me han quitado un tumor, me han radiado y me han “quimicado” para que no vuelva a salir un tumor que se va a empeñar en volver a salir. No se sabe cuándo, pero la normalidad se hacer relativa. Yo convivo con eso y estoy luchando para que no aparezca de nuevo, pero en cualquier revisión puede salir otro poquito. Lo importante es cogerlo a tiempo.
A lo largo del libro hablas de otra gente con cáncer, de Tito Vilanova, de Henning Mankell, de Ana Kiro (a la que le hiciste una entrevista), pero el caso que más te ha tocado ha sido el de José Luis Alvite. ¿Antes eras consciente de hasta qué punto te rodeaba el cáncer?
Pues la verdad es que no, yo creo que nadie lo es. Tendemos a pensar que las bombas caen pero que siempre le dan a otros. Pero a veces te da a ti. No se trata de vivir amargados, pero siendo consciente que son cuatro días de verdad, la perspectiva cambia. Yo vivo una vida mucho más rica e intensa que hace un año. José Luis Alvite era mi maestro, era el periodista al que yo me quería parecer por como dominaba el lenguaje… pues resulta que también nos une la enfermedad. Nos vemos en la puerta de la consulta once. Eso te hace reflexionar.


Nacho Mirás con Javier Granda, periodista de salud,  y Martín Lázaro, oncólogo |ⒸMarta R Suárez
Tu libro sale de tu blog y es un hijo no deseado por la causa por la que lo has escrito…
Yo quería escribir una novela erótica, no me veía yo escribiendo esto.
¿Cómo te sentiste cuando te propusieron convertir el blog en libro?
Lo propuse yo. Yo quería que, ya que lo hacía, hacerlo a lo grande. Empecé a través de amigos que tenía en Barcelona que me preguntaron si quería hablar con la editorial Planeta, que es la dueña de Paidós. Y me pareció bien. Lo llevé allí y pasó el filtro del comité editorial, que no es menor, ¡imagina la cantidad de originales que le llevan a Planeta! Conmigo el sí fue al momento. Me dijeron que tenían muchos testimonios de famosos, de anónimos, de “oh, vive la vida”, de “oh, la vida es una mierda”… pero este rollo tragicómico que tengo yo no lo habían visto nunca. Mal no les ha ido porque la primera edición está agotada. Tienen ya la segunda trabajadita.
Nacho Mirás: “Dar clase es algo que haría gratis, pero que no se enteren en el rectorado, que me toman la palabra”
¿Tienes ganas ya de volver a la redacción y a las aulas?
Tengo ganas, por este orden, de volver a las aulas y, después, de volver a escribir. Volver a escribir las historias de otros. Sobre todo de viajar. Yo me hice periodista para ir a los sitios a donde nadie va y contárselo a la gente. Quiero contar las historias allá donde estén y moverme por Galicia. Y volver a las aulas, poder aportar algo a la gente joven es algo que haría gratis, pero que no se enteren en el rectorado, que me toman la palabra.
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