lunes, 1 de febrero de 2021

Paseos de Cangas - Antonio Solage Lemos

 Paseos de Cangas - Antonio Solage Lemos


Que Cangas es un bonito pueblo no pueden 

negarlo ni sus detractores y no me refiero solo al centro: la Alameda Vella con su palco, el puerto y la orillamar, la iglesia, la plaza de abastos y la Alameda Nova con su capilla, pues por encima de todo Cangas posee dos joyas de las que sentirse orgullosos, sus magníficos paseos marítimos a ambos lados del pueblo.

El de Salgueirón, que partiendo de Piedra Alta se dirige a la fábrica de Massó y pasando por la antigua Ballenera llega hasta Areamilla (pasando el túnel podemos prolongarlo por el precioso entorno que nos llevará hasta Limens, Nerga, Barra y Cabo Home).

El otro, el paseo marítimo de Rodeira es urbano, más modesto, bastante más corto y menos espectacular, pero es el motivo de esta carta. Podemos empezarlo en el dique de Abrigo, seguir en Orillamar y Ojea y lo largo de la playa de Rodeira llegar hasta la playa de los Alemanes.

En el dique de Abrigo se construyeron, en contra de la opinión de muchos, unas casetas de marineros metálicas, demasiado altas y bastante feas que, además de privarnos de la vista de la ría, en los días de temporal del suroeste sus rejillas empiezan a silbar de manera ofensiva y van incrementando su desagradable sonido a medida que el viento aumenta en intensidad. Como este problema tiene difícil solución vamos a dejarlo como algo sin remedio.

Pero a donde quiero llegar es a la parte del paseo de la playa que va desde el aparcamiento de Casa de la Cultura hasta el inicio de la pasarela de madera, en la escuela de windsurf, detrás del cuartel de la guardia civil.

Este tramo de unos 150 metros tiene una línea de árboles que, además de su belleza, ofrecen su sombra a los paseantes y bañistas que se sientan en sus bancos para disfrutar de la vista e intentar protegerse de la canícula en verano.

Todos hemos sido testigos de cómo poco a poco los árboles centrales han ido desapareciendo, justo en el tramo de 60 o 70 metros que está enfrente de los tres magníficos chalets paralelos a la playa. Qué casualidad.

En una ocasión fui testigo de cómo, con nocturnidad y alevosía, una viejecita vaciaba una olla de agua hirviendo en la base de uno de los árboles jóvenes. Al intentar llamar su atención salió corriendo.

Me quedó claro que la causa de que estos árboles fueran desapareciendo justo en este mencionado tramo era que estorbaban, pues impedían la vista privilegiada de la ría a los egoístas propietarios y usuarios de los chalés.

Comenté el hecho con diferentes autoridades, desde el Seprona de la Guardia Civil hasta las municipales y la respuesta fue que, o no podían hacer nada sin pruebas como una grabación de vídeo del delito o, directamente, pasaron del tema.

Y así nos quedamos compuestos y sin árboles ni sombra en verano, porque unos desalmados sin escrúpulos no quieren perder sus privilegios. No les van a tapar la magnífica vista unos simples árboles y menos cuando pueden liquidarlos tan fácil e impunemente pues, al parecer, a nadie le importa.

En fin, lo que esta carta pretende es protestar contra este desatino y pedir al Concello que le ponga fin. Que vuelva a plantar los árboles y demuestre que es un gobierno progresista que no admite cacicadas dignas de tiempos pretéritos y advertir seriamente a los causantes del arboricidio para que permitan sin trucos el desarrollo de los nuevos.

Así lograremos que esta parte del paseo vuelva a lucir en toda su hermosura (y si la línea de árboles se extendiera desde el río de As Pontes hasta el otro río al final de la playa aún mejor).

viernes, 22 de enero de 2021

El ganchillo y el punto - Juan José Millás

 El ganchillo y el punto - Juan José Millás


Cuando veo el telediario, me viene a la memoria la Torre de Babel. No importa lo bien ordenadas que estén las noticias ni el esfuerzo del equipo de redacción por lanzar un hilo conductor que vaya desde la primera hasta la última. Tampoco la excelente presencia de sus presentadores (o presentadoras: déficits del genérico). Los políticos que van y vienen de un lado a otro de la pantalla hablan todos el mismo idioma, pero no se entienden. Ni se entienden ni los entendemos. He aquí una curiosa versión del relato bíblico.

Todo el mundo está de acuerdo en el significado de las palabras que salen de sus bocas. Pero cuando llegan a los oídos del otro se han convertido misteriosamente en sánscrito. Utilizamos el mismo alfabeto, el mismo diccionario y la misma gramática, pero algo ocurre en el breve recorrido que va del emisor al receptor para que nuestro desconcierto sea idéntico al de los constructores de la famosa torre con la que Dios temió que los habitantes de aquel lugar llegaran al mismísimo cielo.

No nos entendemos.

Y eso que nosotros no pretendemos alcanzar el cielo. Aspiramos solo a reducir las muertes provocadas por la pandemia y a aminorar los problemas creados por las desigualdades brutales que hemos creado concienzudamente a lo largo de los últimos años. Hemos puesto en la construcción de la desigualdad el mismo empeño obsesivo con el que alguien lleva a cabo una labor de ganchillo. El ganchillo, al contrario que el punto, es una forma de caligrafía que exige una atención desmesurada. Si la manufactura de estos dos tejidos pudiera compararse con las drogas, diríamos que el ganchillo es al punto lo que la heroína al hachís.

Hemos construido un orden económico que se nos cae ahora encima con la furia de unas lluvias torrenciales combinadas con vientos huracanados. Todo ello a base de hablar el mismo idioma que nos separa y sin necesidad de dios alguno que confundiera nuestras lenguas. Permanezco atónito frente a un telediario español en el que las noticias parecen emitirse en chino y en el que sus protagonistas políticos resultan perfectos marcianos para la mayoría de los contribuyentes que los hemos votado de buena fe.

miércoles, 20 de enero de 2021

Enfrentarse al sanchismo - Alberto Estella

 Enfrentarse al sanchismo - Alberto Estella


Hay presidente y se apellida Mañueco. Semeja al pequeño David frente al corpulento Goliat. ¿Pero dónde va ese insensato castellano y leonés -se preguntaron muchos-, desafiando al poderoso Gobierno social-comunista? ¡Atreverse a adelantar dos horas el toque de queda!, salirse del rebaño autonómico, afrontando las futuras represalias del sanchismo; gobernar siendo del Partido Popular de modo impopular, pensando en preservar las vidas de su Comunidad; confiar en la Justicia acatando de antemano el fallo sobre el recurso gubernativo; desoír al adversario Tudanca de que regrese a “la cordura” (su necia cordura); ignorar al delegado del Gobierno para que vuelva “a la casilla de salida”, o sea, al redil de las ovejas. Insólito. Valiente. ¿Habrá vuelto de la tumba el comunero charro Maldonado, jugándose la cabeza en campos de Villalar? Hay presidente, pero ¡ay, presidente!, jugarte el prometedor futuro con ese órdago de “nosotros a las 20 horas”, y los demás como bueyes, a las 22, porque entre la salud y el dinero -¿verdad, Alfonso? -, lo primero es lo primero.

Nadie en estos terribles momentos quiere ver las UCIS congestionadas. Menos oficiar funerales, ni preguntar por quién doblan las campanas. Ni coger la trompeta para estremecer con un toque de silencio sepulcral por el amigo muerto (como Montgomery Clift en una inolvidable escena en “De aquí a la eternidad”). Hay ochenta mil razones que ya están en la eternidad -¡queremos vivir, coño!-, por no haber tomado todas las medidas que la ciencia y el sentido común pedían, por antipáticas, impopulares -pero eficaces-, que resultaran. Una de ellas, esos ciento veinte minutos de adelanto. Madrugar dos horas a los sumisos, obedientes, caguetas, es lo que diferencia a un político de un cobarde o un secuaz.

Otros muchos presidentes, incluso del PSOE, ya le han imitado y quieren cambios en la normativa gubernamental de alarma, especialmente la competencia para acordar la hora del toque de queda. Tenemos presidente. Mañueco ya ha ganado, suceda lo que suceda hoy en esa comisión de diecisiete comunidades huérfanas, o con el recurso ante el Supremo. Iván Redondo y Tezanos deben aconsejar al arrogante Sánchez que se rinda. Hay que evitar otro confinamiento.

jueves, 14 de enero de 2021

Yo soy Bárcenas y mi mujer también - David Torres

 Yo soy Bárcenas y mi mujer también - David Torres

Bárcenas lleva amenazando con tirar de la manta aproximadamente desde el día en que lo enchironaron y a estas alturas ya nadie le hace mucho caso: ni Esperanza Aguirre, ni Mariano Rajoy, ni el PP en bloque, ni la manta, ni, desde luego, los jueces, que emplean con él una paciencia infinita y agropecuaria, como si en su vida hubiera entregado un sobre. Empieza a hartar incluso a la prensa, que oye la enésima advertencia de tirón de manta y prepara el enésimo titular que va a quedarse en agua de borrajas. Recuerda el cuento aquel de que viene el lobo pero sin venir y sin lobo, todo cuento, una canción que suena ya rancia y repetitiva, los 40 principales de Bárcenas. Dan ganas de ponerse chulo, como Mr. Blonde en Reservoir Dogs, y preguntarle a Bárcenas: "¿Vas a ladrar todo el día, perrito, o vas a morder?"

Para tomarse en serio una amenaza hay que plantar la pasta encima de la mesa, igual que en el póker Texas Hold’em sin límite o que aquel día que enviaron a un cura con una pistola a la casa de Bárcenas, un cura falso con una pistola que no pegaba ni un tiro, pero que llevaba encima una amenaza de verdad: ponte a cantar y verás lo que le ocurre a tu familia. Tonterías las justas con esta gente, que después te encuentran suicidado con una escopeta de caza, muerta de un infarto de miocardio o caído en un barranco con una moto, así hasta completar la quiniela de catorce cadáveres de la trama Gürtel. Mucho antes del coronavirus, la podredumbre del PP empezó a hacer estragos entre los afectados y para esta plaga todavía no se conoce cura ni vacuna ni mascarilla ni protección, excepto cerrar muy fuerte la boca.

Con la trama Gürtel bien podía rodarse un spin-off de aquel curioso programa, Mil maneras de morir, en que la gente iba palmando de formas absurdas, rocambolescas e inverosímiles: un joven que se ponía a dar saltos en la cama y se precipitaba desde el piso noventa de un rascacielos o una mujer que se atragantaba con el tanga comestible de su novia. Mi favorita, no obstante, sigue siendo la del tipo que quería vengarse de su ex, acudía de invitado a su boda, intentaba que el camarero pusiera un laxante para vacas en la copa de ella, el camarero se lo echaba en su propia copa mientras él estaba distraído, le entraban unos retortijones terribles en medio del discurso, iba corriendo al servicio, lo encontraba cerrado, salía a la calle desesperado, no veía más que un bidón en mitad del campo, se subía al bidón a modo de orinal gigante, descargaba entre retortijones espantosos, se escurría dentro del bidón, el bidón empezaba a rodar cuesta abajo y él acababa aplastado bajo las ruedas de un camión y lleno de mierda y sangre hasta las cejas. Casi parecía un avance de la trama Gürtel.

Bárcenas está intentando jugar de farol al estilo de la URSS contra EE UU durante las cuatro décadas de la Guerra Fría, amagando con desatar un infierno nuclear a la primera de cambio cuando en realidad los rusos apenas llevaban una pareja de cuatros. En ajedrez hay un principio que asegura que la amenaza es peor que la ejecución de la amenaza, pero después de siete gatillazos ni la manta ya da más de sí, ni el ultimátum puede tomarse en serio. Ladra, chucho, que no te escucho. A Bárcenas sólo le queda aguantar a la sombra mientras espera un indulto caído del cielo, en cuanto sus colegas recuperen el poder, y entonces repetir aquella frase de La vida de Brian, cuando los romanos empiezan a preguntar entre los crucificados: "Yo soy Bárcenas y mi mujer también".

miércoles, 6 de enero de 2021

Carné de “Podemas” o sanchista - M. Vicente

 Carné de “Podemas” o sanchista - M. Vicente


Hay que ser de izquierdas para que la sociedad en general te perdone la vida.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, del que no se puede decir que tenga un brillante expediente en la gestión de la pandemia, se va en medio del caos más absoluto por la tercera ola y por la desastrosa organización de la campaña de vacunación que el Ministerio debería de haber coordinado, tal y como “vendió” Pedro Sánchez en una de sus últimas apariciones dominicales. Sin embargo, el presidente ha preferido echar mano del tirón mediático que tiene el filósofo gracias a la pandemia y convertirlo en candidato del PSOE en las elecciones catalanas. Una vez más ha querido anteponer los intereses del partido social-sanchista a los de los españoles, pero no pasa nada porque es de izquierdas. Ni una sola crítica al vergonzoso aprovechamiento mediático de una desgracia y de una pésima gestión. Hemos tenido 17 gestiones distintas, 17 Navidades diferentes y nos encaminamos a contar con 17 organizaciones vacunales. El ministro, cuya única misión es coordinar a las comunidades autónomas, ni está en esto ni se le espera. Ahora sabemos, después de 10 meses de penurias, que su objetivo ha sido hacerse un nombre como candidato, aunque él y el embustero de Sánchez lo negaran.

Otro que ha conseguido inmunidad es el director general de Participación del Gobierno de La Rioja, Mario Herrera, miembro del partido del vicepresidente Pablo Iglesias. El pasado 1 de enero sufrió un accidente, casualmente la madrugada de Nochevieja con el toque de queda ya en vigor. Vamos, que el pobre empotró su coche de alta gama contra un árbol mal plantado y salió corriendo. Por supuesto ni avisó al 112 ni a la Guardia Civil y huyó dejando su flamante BMW abandonado en medio de la calzada.

El desgraciado alegó, después de estar varias horas mudo y desaparecido, que tuvo una emergencia sanitaria con un amigo al que le mordió un perro. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que ni él ni el acompañante hayan visitado un centro sanitario. Con total desfachatez ha dicho que fue cuestión de mala suerte. Cinco días después sigue “tan afectado” que no ha sido capaz de aportar ninguna prueba que justifique su poca ejemplaridad como alto cargo público.

Les resumo: el individuo como es podemita y sabía que no le iba a pasar nada, se saltó el estado de alarma y empotró su potente y carísimo coche en un árbol porque presuntamente estaba borracho como una cuba, tanto que salió corriendo antes de que explotara el alcoholímetro y no le importó dejar el vehículo en mitad de una vía pública. ¿Y qué han dicho “Unidas Podemas” o Pablo Iglesias? Pues nada, la organización morada ha trasladado al indecente asesor su alivio al saber que ha salido ileso de ese desgraciado accidente que no ha tenido consecuencias ni para su salud ni para la de su acompañante.

A día de hoy, ni el partido morado ni el asesor han dado explicaciones. Hay que ser de izquierdas para que puedas saltarte las normas a la torera y que no te pase absolutamente nada.

Ni siquiera ha tenido prácticamente consecuencias en la sociedad. Si hubiera sido de centro-derecha, casi, casi se habría tenido que exiliar para poder vivir y por supuesto, los responsables políticos de su partido habrían tenido que pedir perdón varias veces.

Ya ni hablo del hecho de que el irresponsable asesor morado tenga un coche de alta gama o de que su líder espiritual viva en un pedazo de chalé a los pies de la sierra de Madrid custodiado por la Guardia Civil y que haya colocado a su mujer como ministra sin oficio ni beneficio. Cuestiones terrenales que la izquierda trata de criminalizar cuando las posee alguien de derechas, pero que en sus manos parecen simples derechos.

Este dossier que jalona a los miembros del Podemos o del PSOE-sanchista les permite mantenerse en el Gobierno sin erosión alguna, porque ser de izquierdas les da inmunidad para la desfachatez o para la mentira.

El Gobierno de coalición de la Rioja sigue gozando a día de hoy de buena salud e imagino que imponiendo sanciones a quien se salte las normas siempre y cuando no sea de “Unidas Podamos” o social-sanchistas.

martes, 5 de enero de 2021

El Tribunal Supremo de Facebook - Gerardo Pérez Sánchez

 El Tribunal Supremo de Facebook - Gerardo Pérez Sánchez


El Consejo Asesor de Contenidos de Facebook, cuyo nombre oficial es “Oversight Board”, se puso en marcha a mediados de octubre. Popularmente denominado “Tribunal Supremo de Facebook”, su misión consiste en revisar y establecer los criterios objetivos por los que el gigante tecnológico decide eliminar contenidos publicados en sus redes sociales. Está compuesto por cuarenta miembros de todo el mundo, procedentes de diversos sectores y a cargo de variados perfiles, que podrán seleccionar los casos sometidos posteriormente a revisión y ratificar o revertir las decisiones que se adopten.

El citado Consejo ofrece a los usuarios una vía de recurso o impugnación contra las decisiones de Facebook o Instagram sobre el borrado de las publicaciones. Inicialmente, los afectados pueden solicitar que la propia red social revise sus decisiones y, si no se sienten conformes con la respuesta final, iniciar un proceso de apelación ante dicho Consejo. El criterio de admisión de esas apelaciones es discrecional, por no decir arbitrario, dado que el número de solicitudes desborda con notoria claridad el volumen de asuntos capaces de ser tramitados por el órgano de referencia.

Por indicar cifras concretas, tras abrirse este servicio hace apenas dos meses, el “tribunal” en cuestión ya ha recibido más de 20.000 casos, resultando más que evidente la imposibilidad de atender todas esas reclamaciones, por lo que se pretende dar prioridad a los casos que afecten a numerosos usuarios a nivel mundial, que se alcen fundamentales para el discurso público o que planteen interrogantes importantes sobre las políticas de Facebook.

Una vez admitidos a trámite, el “Oversight Board” les asignará un panel de miembros que llevarán a cabo la revisión detallada en función de la información recibida, tanto de la persona que ha presentado la apelación como de la propia empresa. Posteriormente, adoptarán una decisión vinculante (lo que significa que Facebook deberá implementarla) y el Consejo redactará una explicación acerca de su decisión que estará disponible públicamente en su sitio web.

De las más de veinte mil reclamaciones, este Consejo eligió estos seis primeros casos:

1.- Facebook eliminó una publicación en Brasil en la que se veían ocho imágenes que describen los síntomas del cáncer de mama en las que se apreciaban pezones femeninos cubiertos y descubiertos. La red social las borró al considerar que infringían su política sobre desnudos y actividad sexual de adultos.

2.- Facebook eliminó una publicación de un usuario con una captura de pantalla de dos tuits de Mahathir bin Mohamad, primer ministro de Malasia desde mayo de 2018 hasta febrero de 2020, en los que aseguraba que “los musulmanes tienen derecho a estar enfadados y matar a millones de franceses por las masacres del pasado”. La plataforma alegó que tal publicación infringe su política sobre discurso del odio o incitación al odio.

3.- Facebook eliminó la publicación de dos fotos del niño Aylan Kurdi, el menor fallecido que yacía en la orilla de una playa turca tras el fallido intento de su familia de llegar a Grecia. Junto a estas dos fotografías, el post preguntaba en idioma birmano por qué no existen represalias contra el trato que da China a los musulmanes de la etnia uirgur. La red social explicó que esta supresión se debía a que el contenido infringía su política sobre discurso del odio o incitación al odio.

4.- Facebook eliminó un post sobre una cita atribuida supuestamente a Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich en la Alemania nazi, sobre la irrelevancia de la verdad y la necesidad de apelar a las emociones y a los instintos en lugar de al intelecto. La empresa alegó que infringía su política sobre personas y organizaciones peligrosas y no permitía la presencia en Facebook de ninguna organización o persona que cometiera actos violentos o cuyos objetivos lo fueran.

5.- Facebook también eliminó fotos en las que se veían iglesias de Bakú, capital de Azerbaiyán, con un texto en el que se aseguraba que esta ciudad fue fundada por el pueblo armenio, y se preguntaba por el destino de estos templos. El usuario afirmaba que en Armenia (de mayoría cristiana) se están restaurando mezquitas, mientras que en Azerbaiyán (de mayoría musulmana) se están destruyendo iglesias, y que él se posiciona en contra del “ataque azerbaiyano” y el “vandalismo”. La red social suprimió esta publicación alegando que infringía su política sobre el discurso del odio o incitación al odio.

6.- El último caso fue remitido al Consejo por el propio Facebook. Un usuario publicó un vídeo sobre un presunto escándalo de la agencia francesa responsable de la regulación de los productos sanitarios, en el que se aseguraba la denegación de la autorización del uso de la hidroxicloroquina y la azitromicina contra el COVID-19, pero se permitía el envío de correos electrónicos promocionales sobre el Remdesivir. Logró cerca de 50.000 reproducciones y fue compartido alrededor mil veces. Facebook decidió eliminar el contenido porque infringe su política de publicaciones alegando que “si bien entendemos que las personas suelen expresar desprecio o desacuerdo mediante amenazas o apelaciones a la violencia sin intenciones serias, eliminamos el lenguaje que incita a cometer actos graves de violencia o los hace posibles”.

A mi juicio, sería deseable que cada uno de nosotros reflexionara sobre cuál sería nuestra decisión si formásemos parte de ese “Tribunal Supremo de Facebook” para, de ese modo, tener conciencia de qué modelo de sociedad queremos, qué tipo de redes sociales deseamos y qué espacio pretendemos dejar a la libertad de expresión en una sociedad democrática.

*Doctor en Derecho. Profesor de Derecho Constitucional de la ULL

sábado, 2 de enero de 2021

Caja Duero e Isidro Fainé - Juan Carlos García Regalado

 Caja Duero e Isidro Fainé - Juan Carlos García Regalado


Se preguntarán muchos de ustedes qué tienen que ver la extinta Caja Duero con Isidro Fainé, o lo que es lo mismo, con CaixaBank: nada y todo. Por desgracia, nada, porque nuestra desvalijada Caja de Ahorros escenifica la España mediocre, cacique; aquella España de asambleas y consejos de administración de locos y corruptos en los que igual se sentaba un concejal parásito del PP, un típico jeta sociata, un paleto periodista, un sindicalista millonario a su propio servicio, un empresario sin empresa, y hasta un catedrático sin alma ni vergüenza. Si Unamuno levantara la cabeza... Y por desgracia todo porque Caja Duero llegó a ser una pequeña “Caixa” en su rincón castellano y con un Fainé de apellido cosmopolita y burgués en la figura de Sebastián Battaner, cuya obra fue arruinada por un ejército de sinvergüenzas iletrados de Salamanca y Valladolid (y León, si incluimos a aquella compañera de viaje llamada “Caja España”).

Hoy ya nadie se acuerda de Caja Duero, ni de “La Caja”, ni de su Obra Social, así de tontos amnésicos somos los salmantinos, orgullosos como nadie de perder y languidecer. Y tenemos que dar gracias que los restos del naufragio y la juerga los rescatara Unicaja...

Veo a Isidro Fainé, el hombre que, desde un humilde origen campesino, llevó a la Caja de Ahorros de Barcelona al gran banco que es CaixaBank, y ahora, a sus casi 80 años, a convertirlo en el primer banco de España tras diseñar y ejecutar su fusión con Bankia. Y suma y sigue, pues Fainé no se retira... con casi el doble de edad que muchos prejubilados españoles. Y ello, por suerte para CaixaBank, pero también -y sobre todo- para España, pues nuestro país necesita gente activa como Fainé, como el cardiólogo Valentín Fuster, o como Amancio Ortega, personas que en lugar de ruina, y Caja Duero fue arruinada miserablemente por depredadores de pueblo, crean con su esfuerzo, con su capacidad de servicio y dedicación no sólo riqueza, sino progreso, consenso, bienestar, y equilibro social.

España necesita de Fainés, de la experiencia de los Fainés del 42, como Isidro, y de los nuevos Fainés del 92; personas no sólo formadas, sino educadas y construidas en la mesura y en el interés global por encima del personal o de empresa. Como destaca el propio Fainé, la enseñanza más importante que le transmitió su padre fue que la vida es servicio, la visión que no tuvo la última Caja Duero, que entendió la entidad como servicio... propio en guayabera, acabando en unos pocos años con todo aquello que beneficiaba a la comunidad, con la propia entidad, y sin que nadie diera con sus huesos en la cárcel.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Agotamiento pandémico - Juan José Millás

Agotamiento pandémico - Juan José Millás


La añoranza de los viajes interrumpidos por el coronavirus

Se me está olvidando viajar. Recuerdo cuando cogía el tren o el avión para dar una conferencia o presentar un libro aquí o allá. Desde hace tiempo solo voy de un sitio a otro de mi barrio, de un sitio a otro de mi casa. Si la maleta tuviera alma, se sentiría vacía porque está realmente vacía. Hueca. Uno de los lugares que más visito de mi barrio es la farmacia. Lo hago con cualquier excusa: para comprar pañuelos de papel o pastillas para la garganta. Cosas inocentes, como ven. Tengo cierta amistad con una de las farmacéuticas, muy joven y muy bien informada.

–¿Qué quieres hoy?, me dice.

–Cualquier comprimido que me puedas dar sin receta, le digo.

Cada vez son menos las cosas que se pueden adquirir sin prescripción médica en estos establecimientos. Si no hay mucho público, la boticaria y yo hablamos un rato de la vida mientras me envuelve unos caramelos de eucalipto. Tiene un novio al que le amputaron hace un par de meses la pierna izquierda. Me lo contó con toda naturalidad tras recomendarme un suplemento alimenticio para los picores de los tobillos. Pienso yo que perder una pierna no es poca cosa, pero, dado que ella no le dio importancia, tampoco yo quise hacer un drama de ello. Me quedé con ganas de preguntarle qué habían hecho con la extremidad desechada, pero no me pareció correcto. Creo que las incineran, no sé si con su calcetín y su zapato.

La imagen de esa pierna suelta, que imagino bastante peluda, me asalta con frecuencia.

–¿Qué piensas?, dice mujer.

–Nada, digo yo.

–Nada, no. En algo pensarás.

–Al novio de Pilar, esa farmacéutica amiga mía, le han amputado una pierna, la izquierda. Pienso mucho en ella.

Mi mujer suspira y vuelve a subir el volumen de la tele. Comprendo que le carguen mis obsesiones.

–Necesitas volver a viajar, dice, moverte.

Por la noche voy a ver la maleta, que hasta hace unos meses era una compañera inseparable y estoy a punto de abrirla para comprobar que sigue vacía. Pero no lo hago por miedo a hallar en su interior la dichosa pierna. Me estoy volviendo loco.

domingo, 27 de diciembre de 2020

No pueden con este Rey - Julián Ballestero

 No pueden con este Rey - Julián Ballestero


Ladran, luego cabalgamos, ha debido pensar el Rey. La prueba inapelable de lo muy acertado del mensaje de Navidad de Felipe VI ha sido el ataque en tromba de todos los voceros del radicalismo parlamentario, desde los comunistas de Podemos a los golpistas de ERC, pasando por los filoetarras de Bildu y los nacionalistas hipócritas del PNV. Toda la caterva política del peor populismo coincide en censurar su discurso, mientras todo el constitucionalismo le aplaude, con la ominosa excepción del PSOE (si es que se puede encuadrar en el bando constitucional a lo que queda de ese partido) que le ha propinado una de cal y otra de arena.

Imaginemos por un momento que esta caterva de populistas antidemócratas, de bolivarianos y aprovechateguis, hubiera alabado el discurso del Rey. Usted y yo estaríamos ahora mismo temblando. Hubiera sido como para salir corriendo del país.

Por suerte para nosotros, Felipe VI ha vuelto a ganarse el sueldo. Ha demostrado el mismo valor y la misma determinación que exhibió el 3 de octubre de 2018, tras el levantamiento en Cataluña y cuando gobernaba (es un decir) Mariano Rajoy. Ante la desidia del gallego y su equipo de burócratas, el monarca dijo ese lo que la gran mayoría de los españoles pensábamos del golpe de Estado en Cataluña, de Puigdemont, de Junqueras y de sus conmilitones: “Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado” y “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estado de Autonomía”. Dos frases necesarias y contundentes para poner a los delincuentes en su sitio.

En esta ocasión no se trataba de salvar a España de la peor amenaza en 36 años, sino de resistir el acoso de los rebeldes liderados por el Marqués de Galapagar, esa banda de socios presupuestarios de Pedro Sánchez, todos ellos empeñados en romper nuestro país. Los mismos que en octubre 2018 estaban en la oposición y ahora se han infiltrado, como las voraces termitas en la madera, en el Gobierno de la nación.

Felipe VI solventó con una larga cambiada el espinoso asunto de la reconvención de su padre. Socialistas y podemitas exigían una condena firme. Los comunistas bolivarianos querían sangre, olían sangre y veían una ocasión pintiparada para avanzar en sus planes de sustituir la monarquía por una república bananera para colocar a los marqueses de Iglesias-Montero en la Zarzuela porque el chalé de Villatinaja se les ha quedado pequeño, con tanto niño...

Y Sánchez, por su parte, no pretende destruir ni construir, le da igual con tal de mantenerse sobre los mullidos colchones monclovitas. El Doctor se conformaba con demostrar que aquí manda él, que para eso es presidente del Gobierno y lo será, si un meteorito gigantesco no lo impide, durante otros tres años.

Por eso su mamporrera Carmen Calvo presionó a la Casa Real para forzar al Rey a decir lo que no quería decir, a atacar a su padre y a defender la necesidad de regular la monarquía con una Ley de la Corona diseñada por el Gobierno.

Pero este Rey es mucho rey y no se ha dejado manejar. Trabajador, honrado, preparado, inteligente, afable, buena gente, buen diplomático y muy firme en sus convicciones democráticas (denle la vuelta a todos estos adjetivos y tendrán una perfecta descripción de Pedro Sánchez), Felipe VI sabe que, ante la innegable crisis de la monarquía, ha de ganarse el puesto demostrando que es útil a los españoles y que todos podemos confiar en él cuando vienen mal dadas. Si para ello hay que resistir en solitario, contra viento y marea, los embates del sanchismo, el comunismo y toda la mala hiel del radicalismo parlamentario, está dispuesto a aguantar.

Lo hizo el jueves en la alocución navideña. Se negó a ‘matar’ al padre al estilo freudiano y se refirió a Don Juan Carlos de manera sucinta, elegante y a la vez suficiente: “Los principios éticos nos obligan a todos sin excepción, por encima incluso de lazos personales o familiares”. No hacía falta más. El Rey se ha desmarcado del emérito enviándolo al exilio y apartándolo de los protocolos relevantes de la Casa Real. Pero sin duda la mejor y más eficaz forma de marcar las diferencias con el reinado brillante en lo público y tan inmoral en lo privado de su padre es mantener un comportamiento intachable y desarrollar una labor útil para los españoles, como está haciendo Felipe VI.

Al sanchismo el discurso le supo poco y enseguida salieron sus portavoces a pedir más, a exigir más pasos hacia la renovación de la Casa Real.

Y es cierto que, a la vista del impresentable comportamiento moral y fiscal del Rey emérito, resulta obvio que la monarquía española necesita renovación. El problema es quién promueve esa renovación y en qué sentido. Si la corte sanchista donde anidan los antimonárquicos comandados por el Coletas es la encargada de promover esos cambios, lo más probable es que no se encaminen a mejorar sino a destruir la Corona. No pueden afinar el funcionamiento de la monarquía quienes conspiran día tras día para destruirla.

Así que habrá que acometer cualquier cambio legal con calma y mesura. Desde luego, mientras Felipe VI siga en Zarzuela, no hay prisa.

“Sois la hostia, la hostia” - Arturo Pérez Reverte

“Sois la hostia, la hostia” - Arturo Pérez Reverte


Llama a la puerta un mensajero, deja su paquete y se marcha. Y mientras cierra la puerta, Conchi, la señora que trabaja en casa desde hace veintisiete años, me comenta: «Hay que ver qué educados son estos muchachos americanos, ¿verdad? Y lo bien que hablan». Luego vuelve a sus asuntos y yo me quedo pensando que sí, en efecto. Que en su mayor parte son muy corteses y hablan un español excelente, mejor que el de los nacidos a este lado del Atlántico. Aunque luego, al vivir aquí, ya en contacto con la zafia idiosincrasia nacional, se les vaya pasando.

Alguna vez comenté mi admiración por las palabras que un campesino peruano o ecuatoriano dijo en la tele tras un terremoto: «Pues verá, señor, hubo un temblor de tierra espantoso, el techo oscilaba, y agarré a mi familia para ponerlos a salvo y salvar nuestras vidas». Una situación que, no me cabe duda –y a ustedes tampoco–, un español medio habría resuelto seguramente con: «Joder, se lió parda, hubo un terremoto del copón y salimos cagando leches». Y no digan que exagero. Hace unos días, una española responsable de no sé qué departamento de sanidad expresaba así su admiración por el trabajo de sus colegas durante la pandemia: «Sois la hostia, la hostia. Flipo, flipo, flipo».

Lo comento con mi amiga y editora Pilar Reyes, nacida en Colombia, y dice algo que me deja pensativo: «Hay una parte de tradición, de la antigua cortesía y habla de las clases dominantes españolas, que ha sido referencia social durante siglos. Pero es que, además, en España se es posmoderno, pero en América se es todavía moderno. La cortesía, el buen hablar, son herramientas prácticas. Allí, donde hay lugares de una pobreza extrema, aún se cree en ellas para la vida diaria, para mejorar el futuro. Van en un mismo paquete llamado educación».

Ésa es la palabra que me queda bailando en la cabeza: educación. Y poco tiene que ver con la posición social. La educación y sus consecuencias visibles, como la cortesía o el buen hablar, se manifiestan de muchas maneras en Hispanoamérica. Incluso entre gente humilde, incluso en la violencia. Y doy fe de ello: en Colombia me quisieron robar hablándome todo el rato de usted; en El Salvador me encañonaron diciéndome hijoputa con extraordinaria cortesía, y en Nicaragua un militar formuló la más extraordinaria amenaza de muerte que me han hecho jamás: «Amigo, no perdamos la dulzura del carácter».

En mi opinión, ese respeto por el lenguaje, y en especial su culto entre las clases humildes de allí, tiene mucho que ver con la esperanza de un futuro mejor. En lugares donde la pobreza es tan intensa que la movilidad social resulta difícil o casi imposible, la educación en su sentido amplio ha sido, durante siglos, la única posibilidad. Ahora el narcotráfico ofrece una siniestra vía alternativa, pero subsiste el reflejo de la antigua honrada esperanza: soy pobre y estoy condenado a una vida mísera, pero si mi hijo aprende, habla bien, tal vez su vida sea mejor que la mía. Así se explica que familias de una indigencia extrema se sacrifiquen para que uno de ellos estudie, salga adelante y ayude a toda la familia a mejorar. Por eso gente atrozmente pobre se las arregla para que al menos un hijo o una hija vayan al colegio, donde heroicos maestros hacen lo que pueden. Para que un día los chicos tengan un trabajo digno, o viajen a Estados Unidos, o a España, y vivan mejor de cómo vivieron sus padres y sus abuelos.

Deberíamos recordar eso cada vez que un mensajero con cara de maya o azteca llama a la puerta para dejar un paquete. Cuando oímos su «buenos días, señor» al entrar en un taxi, un bar o un restaurante. Cuando una chica con pelo negro y rostro de Malinche dice «¿me regala su pin?» al acercarle la tarjeta de crédito. No es servilismo ni humildad, sino una visión del mundo más sufrida y noble que la nuestra: la huella del esfuerzo y sacrificio de quienes los educaron para que su futuro fuese diferente. Ojalá conservaran esa nobleza de maneras en vez de perderla al vivir aquí. Son muchas las lecciones de dignidad y coraje que pueden darnos esos tipos bajitos de hablar suave, que cuando los ofendes, orgullosos como indios y españoles que son, te miran con ojos oscuros y peligrosos; o esas mujeres de voz dulce y cabello negro, que tanto saben de sufrimiento y de vida. Aprendieron de la vieja España, cuya sangre llevan y cuya lengua hablan, cuando todavía éramos alguien de quien se podía aprender; y ahora están aquí porque tienen derecho a estar. Son tan nuestros como nosotros suyos. No los hagamos avergonzarse de lo que somos. No les defraudemos la memoria.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Junto a la tristeza duerme el sueño del amor - Olga Seco Seco

Junto a la tristeza duerme el sueño del amor - Olga Seco Seco


Tengo la impresión de estar muriendo y resucitando al mismo tiempo. Más allá de la cronología está el acto instantáneo del recuerdo, el mismo que sin consideración, proyecta la imagen continúa de los afectos y los convierte en conciencia personal.

Al tratar de entender determinadas cosas, muchas veces, los pensamientos se funden con las contradicciones y nos conducen a la pereza más absoluta. Creo que hoy por la noche todos vamos a estar a disposición de la tristeza. Aunque, pensándolo bien, junto a ella, la mayoría de las veces duerme el sueño del amor. Resulta difícil, por no decir imposible, ordenar con coherencia tantas cosas... La única compañía duradera es la de uno mismo; a su lado no se experimenta la sensación de abandono y entre sus formas nace la fortaleza.

Trato de destruir (con furia) todos los recuerdos que me sitúan en otros escenarios y no puedo. No, no puedo fraccionar el amor, y darle un rasgo de recuerdo. Jamás pensé ( se me saltan las lágrimas) que iba a vivir la ausencia de mis hijos. Y ya ven: hoy, precisamente hoy, será la primera vez. Toda una vida juntos, para darme cuenta, que el rasgo más esencial del ser humano es que cada uno vivimos nuestra vida.

No debemos poner jamás nuestros fines personales por delante; creo que el amor más puro se encadena al universo y no es de dominio de nadie.

Queridos lectores: sean valientes y no conviertan la noche de hoy en la noche de los epitafios. Sí, hay muchas sillas vacías, muchas ausencias, mucha luz que nos falta. Pero junto a tantas cosas dignas de figurar en el museo de las penas, siempre hay “alguien” que de forma espontánea nos brinda su cariño. Solo me queda darles las gracias por su fidelidad y de forma natural ofrecerle un abrazo. La vida está hecha para vivir... ¡Salud!

Ni el bicho puede con la Navidad - Ánxel Vence

Ni el bicho puede con la Navidad - Ánxel Vence


Mucha gente dice detestar la Navidad, pero lo cierto es que hasta los ateos más recalcitrantes ceden en sus principios al llegar estas fechas de algodón y almíbar. Esta primera –y es de esperar que última– Nochebuena de la pandemia no se diferenciará gran cosa, al parecer, de las anteriores. Salvo en algún que otro reino autónomo quisquilloso, las familias separadas por la distancia se moverán con libertad para que no falten los brindis, los inevitables chistes de cuñados y la felicidad un tanto impostada y decididamente comercial propia del acontecimiento.

El SARS-CoV-2 ofrecía este año un excelente motivo para dejar a un lado las riñas que propician las reuniones de parientes. Meter en un comedor de pocos metros a un grupo de personas que no se ven durante el resto del año es un grave riesgo –y no solo de contagio–; pero las autoridades no han podido o querido aprovechar la ocasión de limitar los daños.

Mucho es de temer por tanto que, al calor del alcohol, que en Nochebuena goza de bula, vuelvan a dispararse las discusiones sobre política y fútbol con los infaustos resultados habituales. Entre todas las del año, la llamada noche de paz es, paradójicamente, la que más trabajo da a los cuerpos de policía atareados en tan amorosa fecha por las pendencias de familia.

Tal vez conscientes de esos peligros navideños, los gobiernos del resto de Europa han decidido dejar correr la Pascua hasta el año 2021, aprovechando el pretexto –por otra parte, cierto– del coronavirus. No ocurre lo mismo en España, donde nunca perdemos la oportunidad de dejar pasar una oportunidad.

Es así como, aun a riesgo de que el coronavirus se dé un festín e impulse la tercera ola de la epidemia, las diversas autoridades al mando han decidido que la celebración de las navidades bien vale un contagio. Igual que París bien valía una misa para Napoleón.

Para un agnóstico como Dios manda, la Navidad debiera ser en principio una fecha igual que otra cualquiera; pero eso es tanto como desconocer el peso de la tradición judeocristiana en Europa y, señaladamente, en España.

De poco valdrá recordar que las tradiciones suelen ser mucho más recientes de lo que se piensa; o que a menudo tengan un origen puramente mercantil. El pretexto para aumentar las ventas puede ser un atasco de tráfico en Estados Unidos, como el que da su nombre al Black Friday; o el remoto suceso natalicio del que nació el actual calendario gregoriano (antes juliano).

El motivo de la tradición es lo de menos. Importa más la necesidad de generar deseos de compra con la esperanza, casi siempre cumplida, de que la clientela aligere los stocks de los vendedores.

Con epidemia o sin ella, la Pascua navideña no deja de ser una variante cristianizada de las fiestas que en la antigua Roma solían organizarse a la mayor gloria del dios Saturno. Seguramente no será casualidad que los romanos celebrasen sus saturnales entre el 17 y el 24 de diciembre con grandes banquetes, mucho lucerío y derroche de regalos.

Se comprende, pues, el ansia de las autoridades por preservar tan antigua tradición incluso en tiempos de pandemia. No hay bicho que pueda con la Navidad.


miércoles, 23 de diciembre de 2020

Somos un misterio - Juan José Millás

Somos un misterio - Juan José Millás


Con frecuencia, mis sesiones de psicoanálisis comienzan mal y terminan bien, como algunas novelas. Comienzan mal porque llego a la consulta estresado, sin ánimos. Hoy he visto, por ejemplo, en la calle, antes de entrar, una pelea a puñetazos entre dos hombres mayores por una cuestión de aparcamiento. Los dos creían tener derecho al único hueco que había en toda la manzana. Uno de ellos se ha bajado del coche y le ha mentado la madre al otro. El otro ha salido hecho un basilisco y se ha lanzado contra el agresor verbal con una furia infinita. Al poco, los dos habían perdido las mascarillas, sangraban por la nariz y tenían desgarradas las camisas. Hemos logrado separarlos entre cuatro o cinco viandantes, para que no se mataran, pero han continuado diciéndose cosas horribles mientras cada uno se metía en su automóvil y escapaban a toda velocidad, como si huyeran de sí mismos. El hueco ha quedado vacío.

La escena me ha dejado mal cuerpo. ¿A qué llamo mal cuerpo? Pues no sé, a una situación de extrañeza respecto de mis brazos y de mi tronco, y de mi estómago. Como si me pertenecieran y no me pertenecieran a la vez. Como si me asombrara de mí mismo y de la humanidad a la que pertenezco. Como si yo no formara parte de esa humanidad en la que sin embargo he de desenvolverme. La violencia física me altera de un modo desproporcionado.

Total, que me he tumbado en el diván y he estado en silencio unos minutos, intentando recomponerme. Desde que trabajamos con mascarillas, me cuesta más hablar. Psicoanalizarse de ese modo resulta endiabladamente raro. Luego he relatado la experiencia que acababa de vivir y la terapeuta ha dicho que lo sentía mucho. No esperaba eso. Por lo general, trata de indagar en las causas íntimas productoras del daño. Esta vez, sin embargo, se ha solidarizado conmigo, como si comprendiera en toda su profundidad mis sentimientos. Esa actitud, inexplicablemente (o no) me ha recompuesto. He vuelto a sentir como mío mi estómago y como mías mis piernas y mis brazos, incluso me he sentido parte de la humanidad, pese a todos sus defectos. He salido de la sesión, en fin, mejor de lo que entré, perdonándome por haber asistido a una escena tan desagradable. ¿Somos o no somos un misterio.

martes, 8 de diciembre de 2020

¿Quién eres? - Juan José Millás

 ¿Quién eres? - Juan José Millás

Sara tiene veintitrés años y acaba de ser condenada por un jurado popular a dieciséis de cárcel. ¿Qué hizo Sara? Sara tenía una hija de diecisiete meses con la que vivía en un apartamento de Málaga. A la joven Sara le pesaba mucho la niña, así que Sara cogió un día a la pequeña, la metió en la cama grande, de matrimonio, del dormitorio principal, le puso al lado un biberón y unas galletas, bajó la persiana para dejarlo todo, incluida su conciencia, a oscuras, abandonó la casa, que cerró con llave al salir, y se marchó para no volver.

Ignoramos qué hizo con la llave.

La cría se quedó sola en aquella burbuja espacio-temporal del dormitorio pánico. Suponemos que lloraría, suponemos que dejaría de hacerlo por agotamiento, suponemos que dormiría a ratos, suponemos que tuvo hambre y que mordisqueó quizá alguna de las galletas perdidas entre las sábanas. Suponemos que no llegó a utilizar el biberón por falta de destreza. Los expertos creen que no vivió más allá de cinco días desde que fuera abandonada, aunque el cadáver tardó en descubrirse un mes. Un mes muerta sobre una cama de matrimonio en una habitación con las persianas echadas.

Durante ese mes, Sara llevó una vida normal, celebrando incluso su vigésimo cumpleaños en noviembre de 2018. Le decía a la gente que la niña muerta permanecía en realidad al cuidado de otra persona, no sabemos de quién. Durante el juicio, Sara admitió su culpabilidad y dijo que se arrepentía mucho de su acción. A nosotros nos gustaría conocer, querida Sara, la calidad de ese arrepentimiento. Nos preguntamos si durante tus salidas nocturnas contabas las horas y los días que tu hija llevaba sola. Si te la imaginabas exhausta por su llanto improductivo, si la visualizabas buscando una raya de luz entre las lamas de plástico de la persiana. Sara, Sara, dinos también si podías dormir cuando cerrabas los ojos por la noche, si contabas las galletas que le habías dejado a tu bebé, si pensabas que la leche del biberón se podía descomponer antes de que la usara.

¿Quién eres tú, Sara? ¿Cuánto tiempo calculaste que sobreviviría tu hija? ¿Cuánto crees que podrás sobrevivirla tú?

domingo, 29 de noviembre de 2020

Eloy Sampedro

 Una juez de Salamanca valida que un jubilado cobre el plus de maternidad


C.A.S.

Hace un año el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, a raíz de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, declaró que el complemento de maternidad de las pensiones en España (que incrementa entre un 5% y un 15% la prestación de aquellas mujeres que hubiesen tenido al menos dos hijos) era discriminatorio con los hombres que también tuvieron descendencia y que éstos debían ser recompensados en la misma medida que sus parejas por su contribución demográfica al sistema.

Cuando Julián Ingelmo, un jubilado salmantino de 67 años, casado y padre de familia numerosa, escuchó aquella noticia por casualidad en la radio, decidió consultar a su abogado si podía exigir a la Seguridad Social ese complemento de maternidad para elevar su pensión de poco más de mil euros. El letrado, tras estudiar la jurisprudencia europea y el precedente en Canarias, decidió animarle a reclamar ese plus, que en su caso supondría el incremento máximo del 15% por haber criado a cuatro hijos. Cabe recordar que el complemento es del 5% de la pensión por dos hijos, del 10% por tres hijos y del 15% por cuatro o más hijos.

En un primer momento Julián Ingelmo envió una solicitud al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), que rápidamente fue denegada por el organismo estatal. El Real Decreto Legislativo General de la Seguridad Social reconoce el complemento de pensión sólo a las mujeres trabajadoras “por su aportación demográfica a la Seguridad Social”. Tienen derecho a este complemento aquellas pensiones de jubilación, viudedad o incapacidad permanente a partir del 1 de enero de 2016.

El pensionista salmantino no desistió y formuló una reclamación previa contra esa denegación que también fue rechazada. Algo desanimado, fue su abogado Eloy Sampedro el que le empujó a pelear por este plus, que discrimina a los hombres, en los juzgados. El pasado mes de marzo, en pleno inicio de la pandemia el letrado presentó la demanda contra el INSS y Tesorería de la Seguridad Social.

La Justicia reconoce también la “aportación demográfica” de los hombres a la Seguridad Social

Tras meses de espera, la insistencia ha surtido efecto. La magistrada del Juzgado de los Social número 2 de Salamanca falló esta semana a favor del jubilado salmantino. Es la primera sentencia de este tipo en Castilla y León.

La juez reconoce el derecho de Julián Ingelmo “a percibir el complemento de maternidad de su pensión de jubilación en un porcentaje del 15% de la base reguladora”. De esta forma, este salmantino pasará a cobrar en torno a 150 euros más al mes en su pensión de por vida y además, con efectos retroactivos al 6 de diciembre de 2019. Aunque el INSS aún puede recurrir la sentencia, la magistrada señala que deberá iniciar igualmente el abono de la prestación.

Julián Ingelmo expresaba su satisfacción a este periódico por la sentencia a su favor. “La constancia ha merecido la pena”, admitía, mientras confiaba en que una vez pase la pandemia pueda celebrar como se merece el aumento de pensión con su mujer y sus cuatro hijos.

Las sentencias en Canarias y después también en Galicia y Murcia a favor de padres pensionistas han provocado un aluvión de demandas similares de jubilados por toda España aprovechando la interpretación del tribunal europeo que considera discriminatoria la normativa española. Habrá que ver si ante este resquicio legal de la llamada “aportación demográfica”, el Instituto de la Seguridad Social decide modificar y matizar el Real Decreto. Mientras tanto, cada vez son más los pensionistas jubilados que se plantean reclamar en los juzgados este plus para elevar su pensión.

sábado, 28 de noviembre de 2020

El estrés en Bachillerato - Andrea Iglesias Mato

 El estrés en Bachillerato - Andrea Iglesias Mato

Soy una chica de dieciséis años y estoy cursando primero de bachillerato en Santiago. En menos de una semana me enfrento a la semana de exámenes globales de la primera evaluación. Es una etapa totalmente nueva y diferente, añadiendo a mayores la atípica situación de pandemia que estamos viviendo. Probablemente durante la siguiente semana me pasaré los días estudiando y sometida a un estrés fuera de lo común. Y es que no solo es por estos exámenes, es por todo. Nada más entrar en esta etapa te dicen que todas tus notas cuentan, que tienes que conseguir una buena media si quieres estudiar una buena carrera. Por no hablar de la palabra más nombrada, la temida ABAU. Una serie de exámenes de diferentes materias que realizarás nada más terminar bachillerato y que cuenta un cuarenta por ciento de tu nota.

Lo que quiero decir con todo esto es que sí, ya sé que me juego la media en cada examen, no hace falta que me lo repitan. Además, hay que destacar que el nivel de ansiedad es altísimo, todos conocemos a alguien que haya sufrido este trastorno o alguno similar durante esa época. También tiene importancia la fuerte presión a la que estamos sometidos, no necesariamente del ámbito familiar, sino que también puede ser autoimpuesta. A mayores, se añade también la incógnita de qué carrera estudiar, una de las mayores decisiones de tu vida, que la mayoría de alumnos que cursan bachillerato no tienen clara.

Todos estos factores generan cierto nivel de estrés en algunos más que en otros, que puede derivar en dolencias o enfermedades a medio y largo plazo. Algunos de estos trastornos pueden ser diabetes, obesidad o depresión.

Después nos preguntan qué por qué no obtenemos buenas notas si hemos estado estudiando mucho. La respuesta es simple, vivimos tan presionados que no rendimos al cien por cien. Lo único que pido es visibilización a un problema que cada vez está más normalizado.

jueves, 26 de noviembre de 2020

No es lo mismo echar un polvo que echar cinco - Olga Seco

 No es lo mismo echar un polvo que echar cinco - Olga Seco

Qué aspecto más reconocible y conmovedor tienen los calendarios. Aunque, pensándolo bien, todos son la interferencia que esporádicamente se entrecuza a diario. La mayoría de las fechas son la orden que esclaviza a la mente y la pone a disposición de la disciplina de los recuerdos. Dicho de otra manera, en determinados círculos cerrados, la razón se desentiende.

Todos somos el inmenso repertorio que satisface a los números. De cada combinación (sonrío) nace una emoción; ellos (los números) representan nuestra vida. Ya lo creo, ya, no es lo mismo decir “he echado un polvo”, que decir “he echado cinco polvos”. Junto a los números (muchas veces) tropieza la autoestima que nos aleja de lo “normal” y nos conduce a la neurosis. Los números dominan nuestra vida: nos asombran, nos conmueven, nos disgustan, nos turban, nos seducen; y así, un largo etcétera. En todos siempre aparece el motivo que simplifica el plano y le da forma de espacio. Todo es herencia de Pitágoras...

Los números también tienen un lenguaje imaginario. Los que están diciendo que 2021 será distinto, por lo visto, no han entendido la síntesis de una pandemia. Evidentemente, cada persona, hace uso de su razón y la integra en el lugar que considera oportuno. Aunque, pensándolo bien, lo hermético es el espacio cerrado que conserva lo destinado a descomponerse. Muchos días veo el aspecto más convincente del ser humano... Otros veo el tumulto que se aleja de todo compromiso social y entra en trance al ver las piruetas que pueden dar las fechas.

Con tanta necesidad de información una tiene que buscar bien los títulos de las columnas. Considerando que el conocimiento, a día de hoy, es la soledad insaciable del curioso, no puedo apasionarme y titular la columna de hoy: “La herencia de Pitágoras”. Comprenderán que para muchos sería un elemento constitutivo de aburrimiento. Se me antoja inventar un horno y poner a cocer un título caliente, sí, un título que en apariencia apasione a todos los lectores y vengan animados a leerme. El morbo (ya saben) es la vocación de las personas que no piensan. Dicho lo dicho, si han llegado hasta aquí leyéndome, entenderán el título tan “grosero” ( sonrío) de mi columna de hoy. El oficio de escribir es hermoso, con los años, una aprende a transgredir todas las técnicas y comprende que lo único importante es crear. Y creer... Claro, en uno mismo.

martes, 24 de noviembre de 2020

España made in Berlanga - David Torres

 España made in Berlanga - David Torres

Berlanga es uno de los pocos cineastas que se han ganado el derecho a un adjetivo propio, un término que se refiere a algo chusco y excesivo, delirante y ridículo, a medias entre el surrealismo y el costumbrismo, una estética que conecta con el Buscón y el Lazarillo, con algunos grabados de Goya, con el esperpento de Valle-Inclán, con ciertas páginas de Cela y ciertos lienzos del Bosco. Luis José, el incalificable heredero de los Leguineche, intentando patentar una bandeja para el Mundial de Fútbol con una ración de paella, un vaso de gazpacho y una naranja. El cadáver de la madre arrojado al mar, para que no estropee la boda del hijo, que termina arponeado por un submarinista. La subasta de pobres en Nochebuena para decorar la cena de las familias pudientes. El Marqués de Leguineche, que colecciona pelos de coño y que alquila el palacio a los turistas para pagar sus deudas con Hacienda.

Hace sólo unos días se cumplían diez años de la muerte de Luis García Berlanga, en junio del año próximo se celebra el primer centenario de su nacimiento, y Alianza Editorial ha reeditado una versión ampliada del libro El último austrohúngaro, una extraordinaria serie de conversaciones mano a mano entre el genial cineasta, Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les, donde se destripan filias y fobias, tropiezos con la censura, proyectos fallidos y anécdotas impagables de sus rodajes. Este año el homenaje empieza muy bien, con todo el mundo con la cara tapada con mascarillas, la peña montando fiestas clandestinas en casa y un rey emérito huido del país por líos con la justicia, imitando a los Leguineche subiendo a un tren de peregrinos a Lourdes con la fortuna escondida en una escayola.

A veces el cine de Berlanga parece rodado en futuro perfecto, con esos planos-secuencia abigarrados, multitudinarios, enloquecidos, llenos de calles en ebullición, ventanas abriéndose y cerrándose, habitaciones en hilera, diálogos entrecruzados, gente y más gente entre la que, en cualquier momento, allá al fondo, va a aparecer tu cara. Tenía fama de vago y de descuidado, quizá por eso pudo rodar algunos de los planos-secuencia más largos, complejos y elaborados del séptimo arte como si los estuviera improvisando en el momento, acompañado por un elenco y un equipo técnico en estado de gracia. También por eso le pasaban cosas que parecían salidas de uno de sus guiones, cosas inverosímiles como que el estreno de ¡Bienvenido, Mr. Marshall! coincidiera con la llegada del nuevo embajador estadounidense a Madrid. Al pasar por la Gran Vía, el hombre vio un cartel enorme con el nombre de la película y se creyó que era una burla y hubo que retirar el cartel antes de provocar un incidente diplomático.

Sí, con sus películas da la impresión de que podría haberse rodado otra película aun más disparatada tan sólo utilizando los chascarrillos del rodaje. En Los jueves, milagro, tuvo que pelear con un sacerdote, el padre Garau, al que colocaron de asesor religioso y que le replicaba con frases que parecían escritas por Azcona: "Usted creerá que soy un hombre anticuado, ¿verdad? Aquí donde me ve, señor Berlanga, ¡yo he sido el primer cura español que se puso un reloj de pulsera!" O durante la filmación de Tamaño natural, película en la que la muñeca fue violada delante y detrás de las cámaras y en la que aparece Michel Piccoli con lencería femenina, escondiéndose el sexo entre las piernas, en una escena que prefigura el estriptís salvaje de Ted Levine en El silencio de los corderos.

Supersticioso hasta la médula, tenía que incluir en cada película la palabra "austrohúngaro" a modo de fetiche, jamás se ponía un sombrero negro y las pocas veces que viajaba en avión lo hacía con un trozo de madera en la mano. Era también un hipocondríaco de tomo y lomo que no quería morirse ni aceptaba la idea de la muerte, quizá por eso, para conjurarla, siempre metía una toma de un funeral, un entierro o un coche fúnebre, "el motivo más cinematográfico que existe" confiesa Berlanga, "junto con el primer plano del rostro de una mujer, sus piernas y sus senos". Pensaba que, con un poco de suerte, la muerte iba a pasar de largo, como la comitiva de los americanos en ¡Bienvenido, Mr. Marshall! y al final se encontró con el garrote y el verdugo. Al menos, cuando era joven pudo salvarle la vida a su padre, a quien iban a fusilar por republicano: lo intentó apuntándose a la División Azul, pero no sirvió de nada, y al final hubo que vender una fábrica y una finca de la familia para pagar el rescate. Después de los peligros y las penurias en Rusia, Berlanga se comió de postre otra mili en Cartagena. ¿A que parece otra película suya?

lunes, 23 de noviembre de 2020

Alimentos congelados - Carmen Pérez Novo

 Alimentos congelados - Carmen Pérez Novo

Algunas personas creen que los productos alimenticios de primera calidad son los que se adquieren frescos. Y nada más lejos de la realidad. En los últimos años, la industria alimentaria ha desarrollado tecnologías gracias a las cuales tenemos a nuestro alcance la posibilidad de consumir alimentos congelados tan nutritivos como los frescos. Los alimentos congelados son una solución siempre a mano ante un imprevisto. Los que se suelen encontrar en los comercios son verduras, pescado, marisco, carne y precocinados.

Entre sus ventajas conviene saber que la congelación retiene las propiedades nutritivas del alimento. Es un sistema práctico y limpio. Permite organizar las comidas con mucha antelación y su precio es muy razonable. Además, podemos consumir algunos alimentos, sobre todo verduras y hortalizas, que no se pueden encontrar frescas, y, según en qué épocas del año. Lo único a tener en cuenta es que, al comprarlos, hay que seguir las normas básicas que dicta el sentido común. La más importante es rechazar los envases que no estén en perfectas condiciones, o que tengan escarcha o hielo adheridos a la caja, lo que indica que se ha roto la cadena del frío, es decir, que la temperatura bajo cero no se ha mantenido. También tenemos que tener en cuenta que, a la hora de descongelarlo, para que el producto mantenga su olor, sabor y aspecto debe hacerse lentamente. Lo mejor es retirarlo del congelador la noche antes y dejar que se descongele en el frigorífico, pero también puede realizarse a temperatura ambiente, tapado con un plato, o en microondas.

Por otra parte, si lo que se prefiere es comprar alimentos frescos y congelarlos, es importante que tengamos en cuenta la necesidad de comprobar la frescura del producto. Las verduras no tienen que tener marcas, ni hojas lacias y el pescado debe tener la carne dura y los ojos brillantes. Con la carne hay menos problemas. Las hortalizas se tienen que escaldar unos minutos. Se limpian y sumergen en agua hirviendo. Cuando el agua recupere el hervor, se cuecen durante unos minutos. A continuación, se enfrían rápidamente para parar la cocción. Acto seguido, congelar el producto fresco cuanto antes y utilizar bolsas de congelación o recipientes adecuados, porque, en caso contrario, su calidad se resentirá. Tiene que estar bien envuelto, procurando que no quede aire en su interior y, por supuesto, anotar debidamente en el paquete la fecha del envasado.


  

viernes, 20 de noviembre de 2020

Rectificar es de sabios - Fernando Población

 Rectificar es de sabios - Fernando Población


No voy a negar, sería absurdo hacerlo, el cariño y admiración que tengo por Julio López Revuelta, y sigo pensando que cuando ostentaba el cargo de concejal de Turismo, era uno de los activos más importante que tenía Salamanca, al tiempo que gran mérito de la buena marcha de esa actividad en nuestra ciudad era suyo, aunque él siempre dirá que es una labor de equipo.

Tampoco voy a negar que cuando, tras los resultados de las últimas elecciones, el PP tuvo que pactar con Ciudadanos para mantener la alcaldía y Julio dejó Turismo para pasar a manos de Fernando Castaño me pareció una pésima idea y una mala noticia.

Castaño es un tipo peculiar, hay que reconocer que no deja indiferente a nadie, con sus declaraciones, con sus fábulas, con su modo de hacer política. La concejalía de Turismo que, sin duda, era un caramelito dentro del Ayuntamiento de Salamanca, se ha convertido en una manzana envenenada por culpa del bicho malo que nos ha atropellado a todos. Es difícil (o imposible) generar turismo cuando tenemos confinamiento perimetral y la hostelería funcionando a base de mandar comida a nuestras casas (y no es lo mismo).

La duda de si Castaño hubiera igualado la gestión de Julio (mejorarla es muy complicado) quedará ahí, puesto que las circunstancias de uno y otro son radicalmente diferentes.

Ahora sí, me he llevado una muy grata sorpresa al comprobar la defensa de Fernando Castaño del sector de la hostelería, de los suyos. Él mismo comentó que si era el concejal de Turismo, también era el de los hosteleros y ha dado un paso adelante. No es nada habitual que en una manifestación convocada para protestar por el cierre del sector, se puedan ver pancartas agradeciendo a Fernando Castaño su labor. No olvidemos que su “jefe” Igea es uno de los culpables de las medidas tan restrictivas que sufrimos en Salamanca (y en Castilla y León, claro) y no creo que en su partido se sientan muy cómodos con las declaraciones de Castaño. Pero las sigue haciendo.

Por eso no tengo ningún problema en disculparme con mi tocayo por la poca fe que le tenía, y manifestarle mi respeto y apoyo en un momento tan complicado como el que estamos viviendo. Fernando, te ha tocado bailar con la más fea.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Salvemos al soldado bar - David Torres

 Salvemos al soldado bar - David Torres


Es un hec sabido que en el tiempo de los romanos una ardilla podría cruzar la Península Ibérica saltando de árbol a árbol, pero hoy en día tendría que hacerlo yendo de bar en bar. Con tantos bares y tantos restaurantes, el problema no iba a ser llegar hasta los Pirineos: el problema iba a ser salir de Cádiz, de Madrid y de Bilbao. La hostelería es la marca diferencial del país desde mucho antes de que Fraga promocionara el chiringuito de playa como la respuesta española a los búnkers y casamatas del Muro de Atlántico. Si en el desembarco de Normandía los aliados se hubiesen encontrado con unos cuantos chambaos bien pertrechados de cerveza, manzanilla, jerez, migas, gambas y espetones de sardinas, la Segunda Guerra Mundial habría sido otra historia. "Que inventen ellos" decía Unamuno, y nos lo imaginamos diciéndolo apalancado en una barra, mientras se toma un chato de vino y unas anchoas.

En un pasaje célebre del Quijote, tantas veces citado fuera de contexto, don Quijote y Sancho se topan con la iglesia del pueblo y acaban discutiendo, como casi siempre, ya que ellos eran más de tropezar con fondas y posadas, alancear cueros de vino y dirigir ínsulas baratarias. De cualquier modo, la iglesia y la hostelería forman dos de los pilares básicos de la economía hispánica, sin olvidar el negocio de la construcción, que es la tercera pata del banco desde Atapuerca y desde antes de que los bancos fuesen bancos. De ahí las ayudas institucionales a los patriarcas del ladrillo y de ahí el régimen fiscal de manga ancha del que disfrutan las posesiones eclesiásticas en suelo patrio. Lo difícil era que don Quijote y Sancho tropezaran con otra cosa, por ejemplo, con una universidad o una biblioteca.

De inmediato el gobierno ha decidido movilizarse para sostener el sector hostelero, fuertemente golpeado por la crisis del coronavirus y por las restricciones provocadas por las condiciones sanitarias. La hostelería reclama 8.500 millones de euros para garantizar su supervivencia, una cifra que contrasta con los 4 millones destinados a paliar la angustiosa situación del sector del libro. Mientras en otros países las administraciones se desviven para salvar la cultura, aquí la diferencia es de 8.496 millones a favor de la barra libre, el botellón y los calamares. A menos que uno no sea español de pura cepa, no se entiende muy bien que el grueso del rescate se dedique a apuntalar bares, tabernas, tascas, cantinas, discotecas y demás templos del alcohol, mientras se abandonan a su suerte no sólo librerías, cines y teatros, sino también ferreterías, droguerías, talleres, peluquerías, panaderías, estancos, carnicerías y demás negocios abstemios. Parafraseando al clásico, podemos decir que en España vivir no es necesario: beber sí.

Eso de tener los bares cerrados durante el toque de queda es un verdadero problema, porque a veces me da por levantarme muy temprano y tengo que cruzar tres o cuatro calles para llegar hasta mi despacho, donde tengo el ordenador, la biblioteca, el tabaco y otros utensilios de mi oficio. A veces temo que la policía me pare, me pregunte a dónde voy a esas horas y no me libre de la multa, porque resulta inverosímil que alguien se gane la vida con la escritura, no digamos a las cinco de la mañana. Me acuerdo entonces de aquel reality de la aduana de Canadá, donde la policía no investiga tanto si el viajero incauto lleva encima drogas, armas o licor de contrabando, sino que están especializados en detectar si tiene permiso de trabajo. "Usted viene aquí a trabajar, no lo niegue" dice el aduanero, implacable, mandándolo de vuelta a casa como si el pobre hombre aspirase a un puesto en la directiva de Vox. Si los bares estuvieran abiertos, al menos siempre me quedaría el recurso de echar un trago.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Carne de ternura fresca - Tino Pertierra

 Carne de ternura fresca - Tino Pertierra


Marisol: “Siento ternura por cosas insólitas. Como esto no lo va a leer nadie (en cuanto lo escriba daré a la tecla de eliminar) puedo contarlo sin pudor. Por ejemplo, me enternecen las personas que cuando te están mintiendo se ponen coloradas y desvían la vista. Y no se dan cuenta de que llevan un semáforo en rojo en la cara. No deja de ser una forma de sinceridad. Involuntaria, pero sinceridad al fin y al cabo, y puedes tomar precauciones a tiempo.

También me enternecen esos coches a los que el dueño les arregla una parte de la chapa magullada pero no tiene presupuesto (o ganas) para pintarla y el vehículo (gris, por ejemplo) pasa a ser un simulacro de arlequín con un pedazo de color rojo. O verde. Una vez vi un escarabajo amarillo con una aleta azul. Era muy bonito. Debería extenderse la costumbre, o la moda, de pintar los coches a cuadros, o con lunares. Me enternecen las personas que entran en las redes sociales y opinan de todo pensando que le interesa / importa a alguien. Esa ingenuidad (siempre que lo expongan sin exhibir radicalismos pueriles) tiene un encanto que pocos saben verle. Me enternece ver a alguien que intenta llamar la atención de un camarero durante media hora y, lejos de enfadarse, insiste con cierta resignación humillada.

¿Cómo no enternecerse ante los buenos peatones que esperan a que el semáforo se ponga en verde para ellos aunque no vengan coches mientras el resto de viandantes se lo salta sin contemplaciones? Me enternece la gente que mastica muy despacio las palomitas en el cine para intentar que suenen lo menos posible, cuando a su alrededor muchos engullen con la boca abierta. Ternura por los buenos ciudadanos que recogen los excrementos de sus perros y por las personas que no tienen miedo a leer un libro en el bus cuando el resto del pasaje tiene la vista hundida en la pantalla del móvil. Me parece tierno que dos ancianos caminen cogidos de la mano aunque ya no tengan nada que decirse, quizá porque se leen el pensamiento. Aunque mi ternura favorita llega cuando veo a alguien sin paraguas que sonríe bajo la lluvia”.