miércoles, 26 de septiembre de 2018

“Una adopción fallida es lo más parecido a que se te muera un hijo” - Manuel Jabois

“Una adopción fallida es lo más parecido a que se te muera un hijo” - Manuel Jabois

Un 2% de los 70.560 procesos realizados en España desde 1996 ha terminado mal
Sucedió en España. Después de un largo proceso, una pareja cumplió su sueño de tener una hija. La adoptaron en Ucrania cuando ella tenía dos años. Desde el principio su madre vio que la niña no se conseguía adaptar ni a un nuevo país ni a una nueva familia. Sentía cada día el sufrimiento de la niña, que creció rebelándose contra todo y contra ella misma. Su madre decía de ella que era como una mariposa encerrada en su crisálida, que solo se podía ver e intuir porque permanecía aún encerrada sin poder volar. Durante años, la mujer trató de que su hija la quisiese y de que viese que aquella casa era un hogar y aquella familia la suya. Fue en vano; a los 16 años la chica se suicidó. Lo hizo “harta de no encontrarse”, según le contó su madre a la escritora Yolanda Guerrero. La mujer nunca dice que su hija murió: su hija “se fue”, y lo hizo para dejar de ser crisálida y convertirse por fin en una mariposa libre. La que lleva su madre desde entonces tatuada en el tobillo.

La niña contaba 12 años cuando se le diagnosticó trastorno del apego, habitual entre niños abandonados. Tenía dificultades graves para dar y recibir afecto, a causa de experiencias emocionales traumáticas durante el primer año y medio de vida. Fue tarde para ella y para sus padres. Guerrero publicó el año pasado El huracán y la mariposa (Catedral). La autora, periodista de EL PAÍS durante más de 20 años, ficcionó una adopción fallida, algo que ella vivió personalmente. Prefiere no hablar de su caso (“hubo dos personas en esa historia, dos ya adultas, yo soy solo una de ellas”), pero sí refiere a este periódico varias adopciones con las que trazó su historia tras documentarse. En su novela, por ejemplo, cuenta la historia de una madre que adopta a una niña de siete años que desenvuelve, con el tiempo, un odio enfermizo hacia ella, a la que empieza a atacar y golpear cuando crece. Está basada en una historia real, la de la desesperación de una mujer que, rendida, prefiere que algún día su hija la mate antes de abandonarla de nuevo. Hasta que su psicólogo le hace ver que el crimen también arruinaría para siempre la vida de su hija. Entonces se dirige a la Administración y pide que se hagan cargo de ella.
Con esta historia Guerrero rompió un silencio y un estigma: el de las adopciones que salen mal, un porcentaje ínfimo en el total de los procesos que se llevan a cabo en España. Según el Observatorio de la Infancia, 70.560 menores fueron adoptados en España (54.000 en el extranjero) entre 1996 y 2016; de esas adopciones, explica Jesús Palacios, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla, alrededor de 1.440 fueron fallidas. Un porcentaje de un 2% en España, cuando en Europa asciende al 4% y en Estados Unidos llega a ser del 10%. Los menores regresan entonces a los centros a la espera de una nueva adopción, cada vez más complicada.
Llamada por el título, El huracán y la mariposa, la madre con una mariposa tatuada en su tobillo contactó con Guerrero. No fue la única. El año pasado, en la librería Teseo de Fuengirola, un hombre de unos 60 años cogió el micrófono en la presentación del libro y contó su experiencia: su mujer y él adoptaron a dos hermanos que también padecían, sin saberlo sus padres adoptivos, el trastorno del apego. La familia vivía en un pequeño pueblo. De puertas afuera, era la familia ideal; de puertas adentro, un infierno que finalmente desbordó la puerta de casa. Los episodios violentos de los ya adolescentes hicieron que el pueblo, y su propia familia, diesen la espalda a los padres “por no saber educarlos”. El hombre terminó su intervención llorando: “Los culpables sois vosotros, nos repetían”. Su mujer cayó en el alcoholismo y él en la depresión. Se acabaron marchando del pueblo.
El trastorno del apego es habitual entre niños abandonados
“La adopción”, advierte Jesús Palacios, “es uno de los mejores y más potentes recursos de protección infantil. Lo bien que ha cambiado la vida para los padres y para los niños es indescriptible”. A raíz de la fallida adopción de la niña india, entregada a la Administración por sus padres tras comprobar que tenía 13 años y no siete como les habían dicho, los medios han puesto el foco (también este) en las adopciones que no funcionan. Pero estos casos, repite Palacios, representan el 2% del total. Eso no quiere decir que los procesos de adopción sean historias siempre “maravillosas”: son “historias de educación, de crecimiento”.
Una idea ingenua
Ana Fernández Manchón, psicóloga clínica que lleva más de 20 años atendiendo a familias que han adoptado hijos, dice que cuando un proceso de adopción se interrumpe, con lo que más se ha encontrado “ha sido con familias poco preparadas y poco sostenidas”. “Familias que no conocían realmente lo que era una adopción, que tenían una idea ingenua y ligera del proceso. Se encontraban con una realidad que no podían asumir. Y tampoco encontraron a tiempo apoyos de profesionales o de la propia red familiar”.
Yolanda Guerrero señala algo en lo que mucha gente cae: ni adoptar es un acto de caridad, ni los niños tienen que estar agradecidos. “A veces te encuentras con noticias referidas a hijos adoptados y escuchas, muy habitualmente, comentarios del estilo 'fíjate, con lo que hicieron sus padres sacándole de este y otro sitio. Eso no es así”. La psicóloga clínica Montse Lapastora, una profesional con años de experiencia en adopciones a sus espaldas, advierte de las expectativas, que suelen ser desmesuradas. “Y las expectativas de las familias no se suelen cumplir, porque no todo es feliz. Muchos padres piensan que con cariño se arregla. El cariño no basta. Es imprescindible, pero no basta. Se requieren más cosas”. Lapastora coincide en esto con Guerrero, que suele decir que “con amor no se consigue todo”. “Es una frase bonita pero no es verdad. Conozco experiencias suficientes como para saberlo: no todo se soluciona con amor”. Montse Lapastora ha tratado familias con hijos adoptados a los pocos meses que nunca han consentido que sus padres les den un beso porque, simplemente, no soportan que nadie les toque. “Y los padres siguen luchando día a día, les llevan a terapia y hacen lo que sea”, refiere. Porque se habla, matiza, de padres que no pueden más y ceden la tutela, pero hay otro tipo de fracasos, encubiertos: “Como no pueden hacerse con ellos, los mandan a estudiar fuera”.
Una psicóloga ha escuchado más de una vez: "¿Me pasará lo que a Asunta?"
No hay adopción sin adversidad, explica Palacios desde Sevilla. “No hay adopción sin experiencias complejas para el niño. Niños que han sufrido maltrato, abandono, negligencia, experiencias institucionales prolongadas no siempre en buenas condiciones. Vienen con heridas emocionales. Y con un enorme potencial para crecer y adaptarse, y para salir adelante: son niños increíblemente fuertes. Tienen una enorme fragilidad por sus experiencias acumuladas, pero también una enorme capacidad de adaptación y para salir adelante. Para intentar hacer feliz a alguien, para desear que alguien les haga felices. Son niños fantásticos, en general”. Ocurre que estos niños han aprendido a desconfiar. “Ya no ven al adulto como fuente de protección sino como un peligro, porque los adultos para ellos han sido peligrosos antes”, dice Palacios. “Les han hecho daño, les han abandonado, les dijeron cuánto los querían y les daban palizas, les dijeron cuánto los querían a condición de que no dijesen a nadie lo que estaba ocurriendo entre ellos”.
“Yo lloraba y no sabía por qué”, empezó a hablar un chico en unas jornadas sobre adopción y apego organizadas por Afamundi en Santander en octubre el pasado año. “Lloraba y creía que no se acabaría nunca. No sabía de dónde venía ese llanto, pero aprendí a vivir con él”. Hasta que tuvo la ayuda profesional de su psicólogo, Alberto Rodríguez, presente en esas jornadas. Él le enseñó, dijo, que sí se podía acabar alguna vez con aquello.
El promedio de las adopciones que terminan mal es de cinco o seis años de convivencia. “Las familias no tiran la toalla a la primera dificultad, no es una decisión caprichosa”, dice Palacios. Si la adopción es problemática, la mayor parte de las familias luchan durante años para sacarla adelante. Si no, llega el luto. Lo cuenta Ana Fernández Manchón: “Una adopción fallida es lo más parecido a que se te muera un hijo. El duelo que tienen que hacer los padres por un hijo adoptivo que no pueden criar es un desgarro. A veces se piensa que es una frivolidad, y que los padres devuelven algo que no les gusta. No, no es un objeto, es un hijo. La fractura y el dolor que se produce en los adultos que adoptan y tienen que renunciar, después de tantos años de ilusión y espera, es tremendo. Y en cuanto al menor, la herida es casi irreparable. Un menor viene de un abandono, ya se cuestiona a sí mismo ('no debo de ser bueno, no debo de tener condiciones, porque me han abandonado'); imagina que ese niño llega a una familia en la que espera tener los padres que le faltaron y se encuentra con un nuevo rechazo”.

Porque un hijo adoptivo “es un hijo a todos los efectos”, sentencia Montse Lapastora. Y no hay más abandonos de padres adoptivos que de padres biológicos. Ocurre que en padres adoptivos es más llamativo. “El caso Asunta, por ejemplo. Unos padres mataron a su hija, punto. A su hija. Era su hija, sin apellido. No su 'hija adoptiva'. Y cuando se insiste en que la hija es adoptiva puede ocurrir lo que me pasó a mí en el centro, donde hubo niños que me preguntaron antes de ser adoptados: '¿A mí me va a pasar lo mismo que a Asunta?'”.

Barrio Sésamo, 123 - Eduardo Jordá

Barrio Sésamo, 123 - Eduardo Jordá

La relación entre Epi y Blas
A mi hijo no le gustaban demasiado los episodios de Epi y Blas. Prefería a la rana Gustavo, a Bluky, al monstruo de las galletas, a Paco Pico, al conde Draco o a la cerdita Peggy (uno de sus capítulos favoritos era el de la boda en una iglesia entre la rana Gustavo y la cerdita Peggy). Como mi hijo nació cuando ya no se emitían los programas de "Barrio Sésamo", los teníamos que ver en recopilaciones de vídeo. Yo tampoco los había visto en su día (a mí me pillaron demasiado mayor), así que pude descubrir un mundo que me fascinaba y me sigue fascinando. Y mis personajes preferidos, claro, eran Epi y Blas, aquella pareja de amigos que vivían en el sótano del número 123 de Barrio Sésamo. A mi hijo, en cambio, le parecían aburridos. "Son tontos", me dijo un día. Y otro día hizo un comentario más misterioso aún: "Parecen personas mayores".
Supongo que se refería a que Epi y Blas llevaban una vida muy casera. Tenían una salita de estar con dos sillones y un florero, tenían una cocina, tenían un baño con una bañera y tenían un dormitorio con dos camas (y con su foto colgada en la pared). A Blas le gustaba leer libros y leer el periódico cómodamente sentado en su sillón (y podemos imaginar que con las pantuflas bien puestas), hasta que llegaba Epi y le interrumpía con su patito de goma o con sus preguntas absurdas o sus caprichos inexplicables. Epi era simpático, tontorrón, miedica, curioso. Blas, en cambio, era circunspecto, serio, responsable, gruñón (y muy paciente). Epi se pasaba la vida haciendo preguntas. Y Blas se pasaba la vida contestándoselas. Un día, si no recuerdo mal, Epi tuvo la feliz idea de guardar los cubitos de la nevera bajo una manta eléctrica. Cuando fue a buscarlos, se encontró con que donde había cubitos ya solo había un charco de agua. Y como es natural, el pobre Blas tuvo que explicarle por qué había ocurrido aquel desastre.
Estaba claro que Epi y Blas representaban dos visiones antagónicas de la personalidad humana, igual que don Quijote y Sancho o Mr. Pickwick y Sam Weller o el Gordo y el Flaco. Epi era ingenuo, impetuoso, alocado, y si pudiera votar, seguramente votaría a la izquierda. Blas, en cambio, era un personaje serio, paciente y gruñón que seguramente tendría ideas conservadoras. Pero los dos personajes opuestos -el optimista y el gruñón, el alocado y el circunspecto- vivían juntos en una misma casa, compartiendo incluso el dormitorio, porque los creadores de Barrio Sésamo querían hacer ver a los niños que dos personas muy distintas podían convivir juntas y aprender la una de la otra y descubrir que la vida era mucho más interesante cuando uno podía compartirla con alguien más. Por eso, supongo, mi hijo veía a Epi y Blas como dos personajes aburridos, y peor aún, como dos personajes mayores. Pero es que estaban concebidos para ser eso: una pareja que convivía y chocaba y se impacientaba y tenía que aprender a tolerar la forma de ser del otro, con sus caprichos y manías, con sus interrupciones y sus incomodidades.
A mi hijo nunca se le pasó por la cabeza que hubiera la menor conexión sexual entre Epi y Blas, por la sencilla razón de que mi hijo veía sus programas con cuatro o cinco años. A esa edad, sus nociones sobre la sexualidad serían más bien nebulosas, aunque el perturbado doctor Freud lo habría incluido ya en la etapa anal-sádica o de latencia genital o en cualquiera de esos campos de concentración psíquicos en que el buen doctor se empeñaba en encerrar la mente de los niños. Pero al mismo tiempo estaba claro que mi hijo veía a Epi y Blas como dos personajes "mayores" que no tenían nada que ver con Peggy ni con la rana Gustavo ni con el conde Draco. Sus vidas parecían distintas a las vidas de los demás muñecos. Ellos tenían neveras, lamparitas, sillones, periódicos. Incluso tenían una foto de ellos dos, abrazados, presidiendo su dormitorio.

Y como es natural, un día empezó a rumorearse que Epi y Blas eran gais. Bastó que el sexo dejase de ser un tema del que no se hablaba jamás con los niños (algo que ocurrió a finales del siglo XX) y de repente las conductas sexuales lo llenaron todo. Un muñeco dejaba de golpe de ser un muñeco y se convertía en otra cosa, de hecho, en cualquier cosa. Y es normal que fuera así, porque lo que antes era un tabú, ahora ya no lo era. El creador de Epi y Blas -Frank Oz- desmintió que los muñecos fueran gais, porque lo único que había querido era crear una pareja antitética que se llevara bien. Pero el creador no es el dueño de sus personajes, ya que el lector o el espectador pueden hacer lo que quieran con ellos. Y en un mundo donde la homosexualidad es normal, lo más normal es que haya niños y adultos que vean a Epi y Blas como una feliz -y gruñona- pareja homosexual, aunque eso fuera lo último que tenía en la cabeza su creador, allá por 1969, cuando empezó a imaginar un muñeco naranja con la cabeza redonda y otro muñeco amarillo con la cara alargada como un pepino.

domingo, 23 de septiembre de 2018

El regreso de D'Artagnan - Fernando Sánchez Dragó

El regreso de D'Artagnan -  Fernando Sánchez Dragó

Rara vez sigo los debates parlamentarios. Me aburren. Tampoco leo lo que la prensa dice de ellos y apago la radio en cuanto salen a relucir. Veo el hemiciclo de las Cortes como una pecera habitada por pececillos de colores apagados que abren y cierran sus bocas sin proferir sonidos o como un tanatorio en el que los difuntos bostezan, miran sus móviles y aplauden cuando el regidor de su partido, como si estuviesen en un concurso de la tele, les dice que lo hagan. Lo siento, Señorías, pero son ustedes un coñazo. Sus intervenciones en el Congreso parecen ensaladas de quinoa. No les vendría mal sazonarlas con una pizca de uasabi. Tómese lo que acabo de escribir no como una falta de respeto, sino como el risueño desahogo de un octogenario que ya no tiene razón alguna para morderse la lengua. El pasado martes, sin embargo, cambié de opinión, aunque sospecho que no será por mucho tiempo y que enseguida volverá lo que Leopardi llamaba la quiete dopo la tempesta. Asistí, atónito, a una metamorfosis digna de Ovidio (no de Kafka ni del doctor Moreau ni de Mary Shelley). La pecera y el tanatorio se transformaron de repente en ring del Campo del Gas, en albero de Las Ventas y en tiroteo del O.K Corral. Fue D'Artagnan, digo, Aznar, el hacedor de ese milagro. El cuarto mosquetero de Dumas tardó veinte años en volver a desenvainar su estoque. Aznar, digo, el Jedi, lo ha hecho en algo menos de tres lustros. No importa. El símil se mantiene. En la derecha española, más o menos escorada al centro en dos de sus formaciones, hay ahora tres mosqueteros: Casado, Rivera y Abascal. La gravísima situación de deterioro, por no decir necrosis, que padece el país, exige que los tres líderes citados allanen sus diferencias y aúnen sus impulsos para oponerse con perspectivas de éxito a quienes en la trinchera contraria ya lo han hecho. Tiempo habrá, cuando la tempesta amaine y regrese la quiete, para que cada uno recupere su programa. Tal es la lección que se desprende de la trilogía de Dumas. Athos, Portos y Aramis, electrizados por la reaparición de su antiguo jefe, lo hicieron: todos para uno y uno para todos. Aznar, con su demoledora catilinaria, puso el otro día banderillas de fuego en el coso de la política y trazó la pauta que debería inspirar la estrategia de quienes de verdad aspiren a desalojar del poder a los responsables de la necrosis, digo, deterioro, a la que más arriba hice referencia. O eso, o el diluvio.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Natalia Ferraccioli - Raúl del Pozo

Natalia Ferraccioli - Raúl del Pozo

Algunos lectores se han interesado por el motivo de mi ausencia en esta página. Con profunda melancolía les informo, ayudándome con el título de Faulkner: he estado al pie de la cama donde agonizaba Natalia, con la que llevaba 48 años casado. Murió a las seis de la mañana del 11 de septiembre en la habitación 309 de la clínica de San Camilo. A ella le debo gran parte de lo que soy y lo poco que tengo. Durante cuatro años Natalia ha sido sometida a esa tortura medieval que es la diálisis donde magníficos médicos la mantuvieron con vida y en los últimos días lucharon en la UCI . Dice el poeta que como un naufragio hacia dentro nos morimos, pero ella se fue con la elegancia con la que se comportó durante toda su vida. Sus últimas palabras fueron para preguntarme si había dado de comer a nuestra perrita Dana; luego, sonriendo y mirando mi ropa, como una dama romana a un celtíbero dijo: "Vas muy bien conjuntado". Por último habló en italiano.
En los últimos siete años ha sido atacada por la cruel venganza del tiempo: cáncer de estómago, de mama y fallo renal. Hemos veraneado juntos a la sombra de nuestro granado y hemos visto cómo la enfermedad aniquilaba su belleza y deformaba su esqueleto. Su destrucción me recuerda a la de Isabel de Portugal, pintada por Tiziano que tanto asombró al duque de Gandía que, al verla muerta y desfigurada, con sus bellas formas borradas, ingresó en la Compañía de Jesús. La emperatriz se extinguió, no su bravura. Ordenó apagar los candelabros para que no vieran su cara deformada y cuando le recomendaron que gritara, contestó: "Me moriré, pero no gritaré".

Alguien dijo que la ciencia no alarga la vida, sino la vejez y que prolongar la agonía es multiplicar la muerte, pero Natalia ha soportado con dulzura los últimos instantes y ha muerto una sola vez como los valientes. Estuve viendo cómo iba perdiendo la respiración y la conciencia y cómo se extinguía su bella luz. Los médicos que la han atendido -Ramón Delgado, Antonio Gómez Moreno y otros-, la han calificado de "enferma diez". Se negó a salir de la sesión de diálisis en silla de ruedas, a que bajáramos la cama de su habitación a la planta baja cuando apenas podía andar. Disimulaba su dolor para no hacernos sufrir. Era un gran dama. Que nadie diga que los italianos fueron corriendo hasta Guadalajara. No he visto un ser tan valiente como Natalia Ferraccioli. Permaneció serena aunque oía, como Adrie, la mujer de Mientras agonizo, clavar y aserrar su caja.

sábado, 15 de septiembre de 2018

El eterno retorno - Juan José Millás

El eterno retorno - Juan José Millás

Coincidí en el ascensor con los vecinos del ático, un matrimonio de gordos. En los primeros años sólo era gordo él, pero ella fue poco a poco persiguiéndolo hasta darle alcance. Dos meses después lo había adelantado. Él engordó entonces un poco más. Parecían dos corredores en el esprint final, ya a punto de alcanzar la meta de la gordura absoluta. Esto fue hace años, cuando me trasladé a ese edificio de apartamentos. Como teníamos horarios distintos, nos veíamos poco, pero creo que nos caíamos bien. Estoy seguro de que más de una vez estuvieron a punto de invitarme a su ático, desde el que se disfrutaba de unas vistas espectaculares, para cenar o tomar algo. Ignoro a qué se dedicaban, pero tomaban siempre juntos el ascensor, cuya capacidad máxima era de cinco personas. Cuando iban ellos, sólo cabía una más si era delgada, como yo.
Aquel día, en el ascensor, subiendo, parecían radiantes, como si vinieran de una fiesta y aún les duraran los efectos del alcohol. Me dijeron que iban a adelgazar. Quizá, pues, venían del endocrino. Sonreí amablemente y les deseé suerte. Empezó a perder peso él, pero ella espabiló enseguida y le sacó cuatro o cinco quilos. Cuatro o cinco quilos de menos. Emprendieron de nuevo una carrera loca, como cuando engordaban, ahora hacia la meta contraria. Cuando ellos iban en el ascensor, cabíamos seis. Ella se arregló los trajes, o se compró unos nuevos, no tengo ni idea, pero él seguía con las camisas y las chaquetas de siempre, en cuyo interior, más que moverse, su esqueleto bailaba. Llegados a este punto, se divorciaron y abandonaron el ático, primero ella y a las pocas semanas él.

Ayer los encontré en un restaurante, compartiendo una costilla de ternera de Ávila que se salía de la fuente. Habían engordado otra vez, él más que ella. Me acerqué a saludarlos y se mostraron muy efusivos. Me dijeron que habían estado en el endocrino y que iban a adelgazar. Después de aquella cena, claro. Les deseé suerte, pero llevaban escrito en la cara que la pérdida de peso los conduciría de nuevo a la separación y que, desde la separación, se lanzarían una vez más a la obesidad, donde sin duda volverían a encontrarse. Curiosa versión del eterno retorno.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Cagada - Juan José Millás

Cagada - Juan José Millás

Exhumación Franco: Cagada
García Márquez, fascinado como vivía por los dictadores, habría escrito una novela corta genial sobre la exhumación de los restos de Franco. El Gobierno de Sánchez, según se nos dijo en julio, aspiraba a componer un relato breve, pero le está saliendo Guerra y paz. Los últimos cálculos de la vicepresidenta apuntan al mes de diciembre como la fecha más probable para levantar la losa de 1.500 kilos y proceder al desenterramiento. Un regalo de Nochebuena, en fin. Quizá los puestos de belenes de la plaza Mayor vendan este año calaveras de plástico del Caudillo para que los nostálgicos las cuelguen de sus árboles de Navidad.
Todo esto era para decir que no se ha podido hacer peor. Inexplicablemente, se le ha dado al enemigo medio año para lloriquear. El mismísimo nieto del dictador, un botarate al que arrebataron el apellido de su padre para que no se perdiera la memoria del abuelo, ha salido en las teles en plan hombre de Estado quejándose del revanchismo de la izquierda. Esa familia de mediocres, que vive impunemente de lo que nos robó el viejo, ha aparecido como víctima de una macabra acción de los enemigos de España. No es todo: un numeroso grupo de militares, o de exmilitares, ahora no caigo, se han permitido el lujo de firmar a cara descubierta un manifiesto a favor de la dictadura. Por si fuera poco, esa cagada de granito conocida como Valle de los Caídos se ha convertido en un insólito lugar de peregrinación.


No negamos la buena voluntad de nuestros dirigentes, pero alguien debería advertirles de que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Para compensar el regalo de Nochebuena, sería fantástico que los Reyes Magos nos trajeran la renta básica universal. Pero ni siquiera está anunciada.

miércoles, 25 de julio de 2018

Planchabragas - Eduardo Jordá

Planchabragas - Eduardo Jordá

Hace poco, una chica contaba en Twitter que su hermano de 17 años volvía de madrugada a su casa, y al cruzarse con un grupo de chicas que salían de una fiesta, pensó que podía intimidarlas o asustarlas y se cruzó al otro lado de la calle. La chica elogiaba la conducta de su hermano y concluía con un fervoroso "Hay esperanza". Como es natural, el tuit desencadenó una cadena de reacciones, a favor y en contra, con los habituales insultos y salidas de tono y gritos histéricos. Pero el debate de fondo, a pesar de todo, fue interesante.
Algunos comentaristas opuestos al tuit razonaron que cruzarse de acera supone menospreciar a las chicas y considerarlas seres inferiores incapaces de defenderse, lo que en el fondo equivalía a resucitar las actitudes más reaccionarias del pasado con respecto a las mujeres (las de los curas y monjas de la posguerra, por ejemplo, o las de los antiguos manuales de urbanidad que las consideraban unas "doncellas indefensas siempre en peligro"). "¿Es que tu hermano es un orco que mide tres metros?", preguntaba con sorna uno de estos críticos. Otros comentarios aducían que el número de violaciones que se producen en España es de los más bajos de Europa, y que cierto feminismo radical está fomentando el histerismo -usando tuits como éste- para culpabilizar a todos los hombres de ser unos violadores potenciales. Y otros comentarios razonaban que bastaba cambiar al hermano de 17 años por un marroquí o un gitano para que ese tuit bienintencionado se convirtiera de inmediato en un apestoso tuit racista.
En la polémica, como era inevitable, también asomaron el hocico los habituales energúmenos que acusaron al hermano que se había cambiado de acera de ser un idiota y un calzonazos. Y enseguida salió a relucir el improperio "planchabragas", que es el insulto preferido de esos homínidos cuando pretenden burlarse de los hombres que tratan de adoptar una conducta cuidadosa hacia las mujeres. "Qué gran muchacho es tu hermano. Está bien entrenado para doblar las bragas después de planchar", decía uno de estos neandertales. Para esta clase de sujetos, planchar ya es en sí mismo una actividad propia de seres inferiores. Y no digamos ya cuando uno plancha las bragas de su pareja o de su hija o de su madre. Eso es el colmo de la degradación y de la ignominia al que puede llegar un varón en esta vida. Ellos, por supuesto, no planchan nunca. Cuando quieren arreglarse un poco, meten la ropa debajo del colchón, se tumban a ver un partido de fútbol mientras se beben su copita de Soberano -cosecha vintage- y todo arreglado.
A pesar de estas barbaridades, el debate resultó interesante, pero no por estos insultos de gañán de zarzuela, claro está, sino porque las dos partes que debatían con seriedad demostraron tener cada una su parte de razón. Ante todo, lo que contaba la chica sobre la experiencia vivida por su hermano (fuese o no un "invent" de los que tanto abundan) era una experiencia que cualquier varón tiene que conocer a la fuerza. Yo mismo he sentido el miedo de una mujer con la que he coincidido, de noche, en una calle solitaria. Recuerdo tan bien la escena que oigo aún el taconeo apresurado de la mujer y soy capaz de situarla en un tramo concreto de calle, con la luz exacta de la farola y el coche negro aparcado. Pero lo que recuerdo sobre todo es la sensación física de miedo que de pronto empezó a irradiar aquella mujer que intentaba caminar lo más deprisa posible, pero sin aparentar que estaba nerviosa ni mucho menos que tenía miedo (por un momento llegué a creer que caminaba sin moverse del sitio). Cada día olvido -olvidamos todos- millones de cosas, pero esa escena, y otras muy parecidas, siguen en mi memoria. ¿Y qué hice aquella noche? Pues lo mismo que hizo el hermano de 17 años del tuit: reduje el paso, me cambié de acera y dejé que la chica desapareciera calle abajo. Fui un idiota y un calzonazos, sin duda. Y un ridículo planchabragas, claro está, que aquella noche recibió el entrenamiento adecuado para doblar las bragas de su pareja después de plancharlas.

Se mire como se mire, el miedo existe y muchas mujeres lo pasan muy mal cuando tienen que volver de noche a sus casas y se ven obligadas a pasar por una calle solitaria. Que una mujer tenga miedo no es un "invent" ni una fabricación histérica de ciertas feministas que quieren manipular los hechos. Eso es indiscutible. Pero al mismo tiempo, conviene reconocer que hay una campaña por parte de cierto feminismo muy radicalizado por fomentar la idea de que las mujeres viven bajo una amenaza constante en una sociedad patriarcal hecha a la medida de unos homínidos con un pañuelo de cuatro puntos anudado a la cabeza. Cualquiera que tenga dos dedos de frente debería ver que las cosas no son así. No vivimos en un mundo de violadores, no. Y tampoco vivimos en un mundo en el que una mujer pueda volver de noche tranquila a casa. Y eso es algo que sólo pueden arreglar los planchabragas.

viernes, 20 de julio de 2018

Franco goes to Hollywood - David Torres

Franco goes to Hollywood - David Torres

Ayer, víspera del 18 de julio, la noticia que incendiaba las redes sociales era que un policía de paisano le había metido una hostia a un periodista al grito de “¡Viva Franco!” Parecía una noticia de 1943, de 1956 o de 1974, sólo que en esos años una cosa así, por lo habitual, nunca hubiera sido noticia y menos aún en El Alcázar. Unos decían que el periodista, Jordi Borrás (conocido por sus simpatías hacia el movimiento independentista) se había inventado él mismo la exclusiva, emulando a Hermann Tertsch aquella noche de gloria en que perdió a los puntos su combate contra un taburete. Les resultaba inverosímil que un policía, en el barrio gótico de Barcelona, la emprendiera a golpes con un viadante mientras daba vivas a Franco y a España, y que luego, para evitar la intervención de los espontáneos, sacara la placa que lo identificaba como policía nacional antes de escabullirse otra vez hacia la posguerra.
Con todo, lo verdaderamente sorprendente llegó poco después, cuando en mitad de esa disputa epistemológica entre tirios y troyanos, un portavoz de la Policía Nacional confirmó que, en efecto, el agresor pertenecía al cuerpo y que su placa era auténtica. Ni siquiera habría sido más alucinante descubrir que se trataba de José Luis Torrente, el brazo tonto de la ley, franquista declarado y forofo número uno del Atlético de Madrid, porque en la España actual Torrente difícilmente habría sido expulsado de la policía. Casi con toda seguridad le habrían dado una medalla, o mejor dos, por si perdía la primera. Ahí está tan tranquilo Billy el Niño, asesino y torturador condecorado, para probarlo. Bastante suerte tuvo Jordi Borrás con que no lo detuvieran a él por golpear el puño de un policía con la nariz y mancharle la camisa de sangre.
El grito de “¡Viva Franco!”, a diferencia del “Heil Hitler” no es meramente simbólico. Porque Franco, a diferencia de Hitler, sigue vivo, como lo demuestran los miles de fascistas que el domingo fueron a merendar al Valle de los Caídos con el brazo en alto, una estampa escalofriante que parecía extraída de 1940, 1955 o 1967, pero que sólo ocurrió hace tres días. Con lo cual quedá probado que la famosa Transición fue una borrachera que vino a durar entre los suspiros fúnebres de Arias Navarro y la matanza de los abogados de Atocha. Parafraseando a Philip K. Dick, el franquismo nunca dejó de existir, porque, a diferencia del nazismo, no sólo ganó la guerra sino también la paz y la posguerra.

Basta contemplar la nutrida piara que se congregó el domingo en el Valle de los Caídos haciendo el saludo nazi para comprender que no ganaremos nada abriendo la tumba del Caudillo y arrojando los restos al vertedero donde merecen estar, salvo para quitarnos un peso de debajo. El franquismo es un estado mental, no unas miasmas en franco estado de putrefacción que sus adoradores podrían albergar de casa en casa como la imagen de una virgen parroquial. Los restos de Franco no descansan bajo una losa sino que están a a la vista del mundo entero, podridos, en pie y con el brazo en alto.

domingo, 8 de julio de 2018

Casado debe 'matar' si no quiere 'morir' - Federico Quevedo

Casado debe 'matar' si no quiere 'morir' - Federico Quevedo

Si tiene que ir a matar, y no le quedará más remedio que hacerlo, no puede ofrecer ningún flanco débil, y tener en su lista lo contrario de lo que predica sería un mal principio
"Soraya ha ganado una batalla, pero no ha ganado la guerra". Con esa palabras me resumía el viernes por la mañana un destacado dirigente del PP el resultado de las primarias celebradas el pasado jueves, cuyo resultado ustedes ya conocen: ella y Pablo Casado van a competir por el liderazgo del partido en el Congreso Extraordinario que se celebrara en dos semanas. La victoria de Sáenz de Santamaría ha sido una sorpresa, como lo hubiera sido la de cualquiera de los tres candidatos con posibilidades.
Quiero decir que realmente nadie sabía lo que iba a pasar, aunque es verdad que en las últimas horas antes de la votación parecía que el vicesecretario de comunicación del PP iba cogiendo mucha fuerza, tanta que incluso si la campaña hubiera durado unos días más a lo mejor hasta se habría situado en primer lugar. Pero eso es algo que se dice siempre. Lo cierto es que la verdadera noticia de la noche del jueves fue esa: que Pablo Casado aspira con muchas posibilidades a ser el próximo líder del PP. Y las tiene. Primero porque de todos ellos es quien mejor representa la necesaria renovación y, segundo, porque concita en torno a sí todo el antisorayismo.

Casado arrasa en su feudo de adopción, pero Santamaría complica el futuro de Garrido
DAVID FERNÁNDEZ
Pablo Casado ha obtenido en Madrid el 54,% de los apoyos, casi triplicando a Sáenz de Santamaría. El presidente madrileño avaló a Cospedal, la gran perdedora en las primarias

Eso lo sabe Sáenz de Santamaría, de ahí que lo primero que haya hecho ha sido ofrecer a su contrincante la mano tendida para hacer una lista única, que es lo que ahora reclaman todos los partidarios de la exvicepresidenta, conscientes de que haber ganado las primarias por una diferencia tan corta no solo no asegura la victoria final, sino que incluso puede vaticinar una sonora derrota. Los militantes han votado a Soraya porque confluían en ella el hecho de ser mujer y de garantizar una cierta seguridad, pero una cosa son los militantes y otra bien distinta el aparato del partido.
Y ahí, Soraya sabe que tiene un escollo difícil de salvar, lo cual justifica su intento de pacto con Casado. Pero es una oferta traicionera, y así lo debe ver el joven Pablo Casado. Ir en una lista conjunta con Soraya implicaría, de entrada, aceptar que ella es la ganadora del proceso —lo cual es cierto, sin duda—, por lo tanto a ella le tocaría encabezar la candidatura única. Es decir, que Casado tendría que ir de número dos, con muy pocas opciones, por no decir ninguna, a liderar el partido. Pero no es solo eso. Es que además, desde el minuto uno Soraya y su gente pondrían todos los recursos a su alcance para minar y desgastar a su rival.
Ir en una lista conjunta con Soraya implicaría, de entrada, aceptar que ella es la ganadora del proceso
Es lo que han venido haciendo durante todo este tiempo en el Gobierno, y tiene una experiencia acumulada de años en el ejercicio del enterramiento político de adversarios de todo tipo y condición.. Así que si Pablo Casado quiere liderar el PP, y quiere hacerlo además de manera que nadie pueda poner en cuestión ese liderazgo, debe luchar hasta el final por una victoria en el Congreso que le permita, además, hacer una limpia en el PP que no deje, como se dice vulgarmente, títere con cabeza.

Cierto que para conseguir eso, Casado deberá pactar ahora con Cospedal, pero la exministra de Defensa y exsecretaria general del PP debe ser consciente de que para darle la victoria a la joven promesa del PP, que será líder saltándose toda una generación que se quedará en el limbo —la que está entre él y Rajoy—, este necesita ofrecer a los compromisarios una lista renovada. Es decir, que ella no puede ir en esa lista. Su gente sí, pero Cospedal tiene que entender el mensaje del jueves: debe apartarse, al menos por ahora, para dejar que Casado invierta todo el potencial de su candidatura sin aristas que le desgasten. Si tiene que ir a matar, y no le quedará más remedio que hacerlo, no puede ofrecer ningún flanco débil, y tener en su lista lo contrario de lo que predica sería un mal principio.

sábado, 7 de julio de 2018

500 frases chulas

500 frases chulas

https://www.taringa.net/posts/humor/8698213/500-frases-graciosas.html

Se confirman las sospechas: cada vez tenemos menos coeficiente intelectual

Se confirman las sospechas: cada vez tenemos menos coeficiente intelectual

Las puntuaciones en los test han ido cayendo constantemente durante las últimas décadas por culpa de los factores ambientales
David Ruiz Marull14/06/2018 13:36 | Actualizado a 14/06/2018 17:38
Adiós al Efecto Flynn
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Desde la Segunda Guerra Mundial las puntuaciones de coeficiente intelectual (CI) de los jóvenes no habían parado de crecer. Pero ha llegado un momento en que no solo se han estancado, sino que están bajando a gran velocidad. El declive, de al menos 7 puntos por generación, comenzó con los nacidos en 1976, que alcanzaron su edad adulta a mediados de la década de los noventa.
Los investigadores del Ragnar Frisch Center for Economic Reserach apuntan, en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que el deterioro podría deberse a cambios en la forma en que se enseñan las matemáticas y los idiomas o al hecho de abandonar progresivamente la lectura de libros para pasar el tiempo ante la televisión y los ordenadores.
El declive, de al menos 7 puntos por generación, comenzó con los nacidos en 1976
No olvidan, sin embargo, que la naturaleza de la “inteligencia” esté cambiando en la era digital y no se pueda capturar las inteligencias múltiples (teoría desarrollada por el psicólogo estadounidense Howard Gardner en 1983) con las pruebas tradicionales sobre el coeficiente de inteligencia. Es decir, que no es una cuestión genética.
El análisis realizado por Bernt Bratsberg y Ole Rogeberg se ha centrado en los resultados de los tests de CI hechos por personas de noruega nacidas entre 1962 y 1991 y han encontrado que las puntuaciones aumentaron en casi 3 puntos porcentuales durante cada década para los nacidos entre 1962 y 1975, pero luego experimentaron una disminución constante para los nacidos después de 1975.
La deblacle en la puntuación de CI se debe a factores ambientales, no genéticos, apuntan los investigadores (iStockphoto)
Estudios similares en Dinamarca, Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, Finlandia y Estonia han demostrado una tendencia similar a la baja en los resultados del coeficiente de inteligencia. ”Las causas de estos cambios hay que buscarlas en los factores ambientales”, apunta Rogeberg en un comunicado.
Entre estos factores determinantes se incluyen los cambios en el sistema educativo, en la nutrición, la importancia de la lectura, la importancia de internet... El aumento de hace 60 años se debió al “efecto Flynn”, una subida continua, año por año, de las puntuaciones de cociente intelectual y que se vio en la mayor parte del mundo.
Entre los factores determinantes se incluyen los cambios en el sistema educativo, en la nutrición o la lectura
El investigador neozelandés James R. Flynn estableció también que no aumentaba toda la inteligencia de igual forma. Entre las explicaciones a este fenómeno se encontraban el hecho de tener una mejor nutrición, una tendencia hacia familias más pequeñas, una mejor educación, una mayor complejidad en el ambiente y la heterosis (mejoramiento selectivo).
La teoría de Flynn daba una importancia a los genes en el crecimiento de la inteligencia que esta nueva investigación pone en duda. La inteligencia es hereditaria y, durante mucho tiempo, se creyó que las personas con CI más altos tendrían hijos que también obtendrían puntuaciones por encima del promedio.
La teoría de Flynn daba una importancia a los genes en la inteligencia que esta nueva investigación pone en duda
De igual forma se pensó que las personas con menor coeficiente intelectual tendrían hijos con resultados menores en los test, lo que contribuiría a una disminución en los resultados con el tiempo y un “embotamiento” de la población general. Es lo que se conoce como la teoría de la fertilidad disgénica (la perpetuación en la población de rasgos defectuosos o desfavorables).
Para poner en tela de juicio esta extendida creencia, Bratsberg y Rogeberg compararon los cocientes de hermanos nacidos en años diferentes. Los investigadores encontraron que, en lugar de ser similares (como sugiere la explicación genética), las puntuaciones de CI a menudo diferían significativamente.
Los expertos destacan que el acceso a la educación es actualmente el factor más concluyente que explica las disparidades en inteligencia. Incluso hay estudios que afirman que permanecer en la escuela durante más tiempo equivale directamente a resultados de CI más altos. La cuestión es encontrar nuevas pruebas que sustituyan a las tradicionales y se adapten al cambiante mundo actual.

El acceso a la educación es actualmente el factor más concluyente que explica las disparidades en inteligencia

martes, 26 de junio de 2018

Contraseña - Juan José Millás

Contraseña - Juan José Millás

Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico
Salí de casa a media tarde para diluir mis preocupaciones en un gin-tonic clandestino. Ya en la cafetería, quise ir al baño, pero estaba cerrado. El camarero me informó de que al lado de la puerta había un teclado numérico en el que debía marcar el 3101 para que se abriera. Me hizo gracia porque yo nací un 31 de enero. Bueno, más que hacerme gracia, me inquietó un poco. No me gustó, en fin, la asociación, pero tampoco quise darle demasiada importancia. Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico. Regresé al aseo y en efecto, descubrí el teclado, que se parecía al de una caja fuerte. La caja fuerte de la mierda, pensé. La puerta, de metal, reforzaba esa idea de dispositivo de seguridad inverso, pues no era para evitar que se robaran los excrementos, sino para impedir que se depositaran. Imaginé que en ese instante se acababa el mundo y que dentro de 1.000 años unos espeleólogos forzaban la puerta y en vez de descubrir el cuerpo momificado de un faraón, se encontraban con un retrete sucio del siglo XXI. ¿Por qué esas medidas de seguridad?, se preguntarían.

El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos. La idea de quedarme encerrado me horroriza, así que no entré, pero le proporcioné la clave a un indigente que había en la calle. La 3101, le dije mientras me dirigía al bar de al lado sin haberme tomado el gin-tonic, pues entre unas cosas y otras el hielo se había derretido y sabía mal. Los aseos del nuevo establecimiento no tenían contraseña secreta y estaban más o menos limpios, de modo que accedí a ellos sin problema, hice un pis preventivo (en realidad no tenía ganas, pero nunca se sabe) y pedí otro gin-tonic que me supo a gloria.

viernes, 22 de junio de 2018

En primera persona - Antonio Burgos

En primera persona - Antonio Burgos

Sánchez rompió a hablar como Belén Esteban, repitiendo lo de «en primera persona», que es el nuevo pronombre
No le pusieron la alfombra roja de los Oscar o los Goya... o del Circo Mundial, que también hay que decirlo. La que tendían a toda prisa dos empleados circenses vestidos como el que enseña el pizarrón de los kilos de los toros en la plaza de Las Ventas, y que volvían a retirar a tal velocidad que quedó como comparación popular:
-No me invites a otra copa más, que yo me lío antes que la alfombra de un circo.
No, no le tendieron la alfombra roja de las grandes bienvenidas cinematográficas. Pusieron a sus pies otra alfombra, cual una servil y aduladora Televisión Española en hora de máxima audiencia, entrevistado no precisamente por dos perros de presa, sino por agradadores del medio público, no por gente peligrosa de los privados. Y en cuanto a alfombra, alfombra, lo que se dice alfombra, ¿cuál mejor que una maravillosa de nudo español de la Real Fábrica de Tapices? Todo en un ambiente como de anticipado mensaje de Navidad. Faltaba un árbol con bombillitas al fondo, porque prontito va a poner un Nacimiento quien tomó posesión de su cargo de presidente del Gobierno con un taurino «dejadme solo» ante la Constitución, sin Crucifijo ni Biblia.
Hablo, como habrán adivinado, de la primera ascensión de Sánchez a los cielos de TVE ante los ciudadanos (y ciudadanas, por supuesto) que no habían tenido ocasión de escucharle el «esta boca es mía» desde que le mandó el camión de mudanzas a Rajoy a esa misma Moncloa en la que aparecía campechanamente sentado en el Salón de Columnas, en un sillón como de sala de espera de médico privado caro, caro, caro.
Me tragué enterita la entrevista con Sánchez, y saqué una conclusión: la inutilidad de la mayoría absoluta que le dieron los españoles a Rajoy, la más desaprovechada de la historia de la democracia. Sin mayoría de ninguna clase, con una ochentena de diputados, a golpe de decreto-ley, Sánchez ha llegado y pum, pum, pum, como si tuviera mayoría absoluta. Ha hecho antes de sus 100 primeros días todo lo que Rajoy no se atrevió en dos mandatos: decir «aquí estoy» yo. Tras dar 9 millones de euros a los sindicatos para callarles la boca y que no haya más manifestaciones de jubilados, ha ido al grano de la barra libre de la sanidad universal, a la subida de las pensiones, a acoger demagógicamente al Aquarius cuando a las costas de Andalucía llegan a miles los inmigrantes en patera sin que se monte el numerito de bienvenida que se organizó en Valencia... Con una birria de minoría parlamentaria, Sánchez ha borrado del mapa a Ciudadanos; de modo que cuando sale Inés Arrimadas por televisión, en vez de decir «a esta es a la que voy a votar», se pregunta uno: «¿Pero Ciudadanos existe todavía?». Ah, y anunció Sánchez en el besahuevos de TVE algo que nos quita el sueño a los españoles, eso sí que es un problemazo de verdad: que Franco está todavía enterrado en el Valle de los Caídos. Sus muertos, lo que le gusta a esta gente un cadáver para arriba y para abajo, de rojos o de nacionales, con tal de que nos olvidemos de lo fundamental, que es que Europa cada vez nos echa menos cuenta y que se está empezando a derrochar el dinero público que veremos a ver la deuda que dejó Rajoy dónde va a llegar.

Pero sobre todo lo que más me sorprendió de Sánchez es que rompió a hablar como Belén Esteban, repitiendo una y otra vez lo de «en primera persona», que es el nuevo pronombre que sustituye al «yo» en tertulianés vulgar. Perdí la cuenta de la de veces que dijo que iba a hacer algo o que sabía algo «en primera persona». Él. Y de convocar elecciones, ni mijita. Este agota el mandato y va por la mayoría absoluta. Actúa como si ya la tuviera. ¡Igualito que el timorato Rajoy que nos ha llevado a esto!

sábado, 16 de junio de 2018

Camino de Santa Pola - Fernando Ónega

Camino de Santa Pola - Fernando Ónega

No es todavía la retirada definitiva. Sigue siendo presidente del PP hasta el 21 de julio, cuando otra persona -permítanme decir que Alberto Núñez Feijoo- asuma la sucesión. Pero ya no veremos más a Mariano Rajoy Brey en su escaño del Congreso de los Diputados. Ayer renunció a su acta. No es una renuncia cualquiera. Es el cierre de una de las más largas páginas personales de la política española. El próximo 20 de octubre se cumplirán 37 años de su elección como diputado en el Parlamento de Galicia.
Desde entonces hasta hoy se ha dedicado a la función pública en su integridad. Lo ha sido todo: diputado, concejal, presidente de Diputación, varias veces ministro y presidente. Es una vocación política firme, hasta el punto de pedir la excedencia como registrador de la propiedad, profesión a la que ahora retorna. La historia le juzgará, como a todos los presidentes. Y le anotará defectos y virtudes.
Pero, diga lo que diga la historia, Mariano Rajoy Brey es un personaje fundamental en los 40 años de democracia española. Conservador convencido, supo marcar la frontera entre la derecha europeísta y la extrema derecha, que existe en su partido. Mantuvo una fuerza política unida, lo cual es meritorio en un conservadurismo que siempre se distinguió por su capacidad de intriga y disgregación.
En su currículo figurarán muchos valores, siempre situados entre la realidad demostrable y la leyenda mágica. Creo que pertenece a la leyenda su proverbial intuición para medir los tiempos. Y creo que se ajusta a la realidad su calma para adoptar decisiones: la más notable, haber aguantado impasible para evitar que España fuese intervenida. Y ganó.

Su último gran mérito ha sido la recuperación económica. Sus últimos grandes deméritos, no haber podido combatir la desigualdad social, no haber percibido a tiempo la gravedad del problema de Cataluña y no haber sabido borrar la imagen de corrupción dentro de su partido. Y creo que su gran fallo, haberse rodeado de un grupo de políticos duros, que hicieron del PP un partido antipático para el resto de los partidos. La moción de censura que le derribó es consecuencia de esa antipatía. Se votó contra el PP, no a favor del PSOE. En la hora de la penúltima despedida, este cronista le dice adiós con alguna emoción. Hubo mucho Rajoy en nuestra vida. Y hubo mucha España en la vida de Rajoy. Perdemos un valor político, al margen de ideologías. Me costó trabajo verlo salir de La Moncloa. Hoy me cuesta imaginarlo en una oficina de registrador. Ahora bien: del escaño no lo echa nadie; se marcha por propia voluntad. Y confieso que no sé poner un adjetivo. Dudo entre aburrido, decepcionado, desengañado y voy a decirlo: quizá un poco asqueado.

Cuando solo caben gestos - Carlos Herrera

Cuando solo caben gestos - Carlos Herrera

¿Sabe el Gobierno de Sánchez hacia dónde va, más allá del buenísmo gestual?
Vale, ha dimitido Huerta (o ha sido invitado a dimitir). Ha sido nombrado Guirao, que es exactamente el polo opuesto, el yan del yin o el yin del yan. Se ha producido una crisis espectacular en la selección española de fútbol a cuenta del fichaje de Lopetegui por Florentino. Y Urdangarin va a entrar en la cárcel para alivio de la Institución Monárquica. En principio todo está bajo control. El ministro inadecuado ha dejado el cargo y el nombramiento del nuevo da a entender que la primera idea era incorrecta. El cuñado del Rey va a pasar a la sombra unos cuantos meses ( no es Pedro Pacheco, con lo cual en poco tiempo tendrá a su alcance beneficios penitenciarios merced a la buena conducta que sin duda exhibirá), y lo del fútbol ya veremos en lo que acaba: igual les da a los muchachos de la selección por jugar de filigrana y nos callan la boca a todos los que creemos que la inestabilidad despista mucho a los futbolistas. Vale, digo. Pero, ¿qué futuro aguarda a un Gobierno que, sustentado en 84 diputados, pretende ser la reinvención de Adán? La ministra de la cosa energética decía ufana y suficiente en Bruselas ante un estupefacto Arias Cañete: «España ha vuelto». No sabíamos que España se hubiera ido a ninguna parte, ni que una individua de relevancia media pudiera significar la vuelta de España a parte alguna, pero la propia y desahogada alocución muestra la falta de complejos de un gobierno que cree que tiene más sustento del que en realidad señala el reparto de escaños. Una vez acabado el efecto pirotécnico del nombramiento de ministros por goteo, toca meter gol, ponerse a gobernar más allá de los gestos de bondad inevitable e infinita que puedan mostrar los mediáticos ministros. El barco Aquarius como ejemplo. El Gobierno de España, a falta de envergadura legislativa, va a necesitar no pocos casos como el de la tragedia de los inmigrantes subsaharianos para mantenerse en la apariencia de operatividad. El barco de la ONG francesa ha sido una oportunidad perfecta para mostrar, además de humanidad, iniciativa política europea y cierto exhibicionismo bondadoso no exento de artera intención. Todo lo que puede esperarse de este Gobierno cabe dentro de gestos como el relativo a la acogida de estas seiscientas personas amontonadas en un par de barcos. No esperen desarrollos legislativos porque no hay base suficiente para iniciativa alguna: 84 da para lo que da, y todos los demás no están por favorecerle empresa alguna (este puede ser el Gobierno al que también se le caiga algún ministro por menudencias varias). Pero a lo que iba: en los próximos días viviremos informativamente involucrados en la suerte de seiscientos y pico refugiados que van a llegar a puerto español: hombres y mujeres a los que habrá que atender, alimentar, acondicionar y acoger familiarmente, a los que habrá que ofrecerles la oportunidad de defenderse en nuestro medio, convertirse en seres libres y poseedores de plenos derechos. Nada que objetar. Pero este Gobierno de mercadotecnia gestual, ¿tiene previsto qué pasará con el próximo barco que llegue a nuestros puertos? ¿Sabe lo que va a argumentar cuando le afeen el mantenimiento de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla? ¿cómo diferenciará el derecho a ser refugiados de unos y la expulsión de otros?.

Hasta la presente, y solo llevamos una semana, un niño nacido hace quince días habría conocido a dos presidentes de gobierno, dos seleccionadores nacionales, dos entrenadores del Real Madrid y tres ministros de cultura; y al paso que vamos no es descartable que caiga alguno más. Son tiempos convulsos e inestables, de una insoportable levedad. La pregunta, evidentemente, es: ¿sabe el Gobierno de Sánchez hacia dónde va, más allá del buenísmo gestual?

martes, 12 de junio de 2018

Es horrible ser inválido, pero hay que luchar”

“Es horrible ser inválido, pero hay que luchar”

Javier era conductor de autocar cuando empezó a fallar la vista, las piernas... Por primera vez oyó la palabra esclerosis
DICE que es un privile­giado. Su vista se esfu­ ma, se desplaza en silla
de ruedas y tiene reconocida una minusvalía del 96%. Pero insiste en que se siente privilegiado. “Tengo amigos, que es importan­ te, una familia que es lo mejor que existe y creo que la asisten­ cia médica que recibimos es muy buena. No todos los enfermos de esclerosis pueden decir lo mis­ mo”, afirma Ángel Javier.
Su relación con una enferme­ dad de la que nunca había oído hablar arranca hace 14 años. Era conductor de autocares y le apa­ sionaba su trabajo, pero empezó a percatarse de que su vista se borraba. “A la esclerosis la lla­ man la enfermedad de las mil ca­ ras porque a cada persona le afecta de una manera diferente”. Tras un “tortuoso” proceso de diagnóstico —aseguran que este paso ha cambiado mucho, para mejor—le hablaron de esclerosis múltiple. “No sabía nada. Buscas en internet y es un fallo porque vez cosas que son ciertas y otras muchas que son mentira”.
Los especialistas le dijeron que terminaría perdiendo la vis­ ta, así que se afilió a la ONCE. Fi­nalmente no se ha quedado ciego, pero hace ocho años aparecieron
Ángel Javier todavía puede caminar “No me fallan las fuerzas, lo que me falla es el equi­librio”, aclara—, pero el cansan­cio es enorme y para desplazarse depende de la silla de ruedas. El suyo es un caso de vitalismo. Ge­rardo Alonso, presidente de AS­DEM, asegura que “muchos enfermos de esclerosis caen en de­ presión y evitan venir a la aso­ ciación para no ver a otros enfermos que están peor, porque es como un reflejo dejó que te es­ pera”. Ángel sabe que lo que le espera también será peor, porque su esclerosis es progresiva, y con brotes, pero aún así opta por son­ reír: “Yo creo que a mí esta enfer­medad me ha hecho más lucha­dor. Antes no lo era tanto. Tene­mos una dificultad enorme, pero no es imposible. Me esfuerzo y trato de caminar, aunque las piernas no quieran. Tenemos tra­tamientos para controlar los bro­tes. Cada caso es diferente, pero hay que pelear”.
Ahora valora mucho más ca­ da minuto con su familia, cada charla con amigos o sus ratos de lectura. La esclerosis le robó la sensibilidad de las manos y no pu­do aprender braille, pero siempre encuentra una voz humana o del ordenador para leerlo cada mañana.
Mañana, jornada de cuestación en 9 puntos de la ciudad
La Asociación Salmantina de Esclerosis Múltiple organiza mañana una jornada de cuesta­ción para recaudar fondos que destinarán a sus programas de ayuda. Se habilitarán desde las 10:00 mesas informativas y huchas en Plaza Mayor, plaza del Liceo, avenida Portugal, Gran Vía, paseo de Canalejas, puerta Zamora, María Auxiliadora y ave­ nida Villamayor. “El propósito es visibilizar la enfermedad y recau­dar fondos que son necesarios”, explica Leticia Pedráz.

Un manifiesto con un decálogo de reivindicaciones Gerardo Alonso, presidente de ASDEM, leerá a las 20:00 de mañana un manifiesto pidiendo más apoyo gubernamental para la investigación y visualización de la enfermedad. Reconocimiento del 33% de discapacidad desde el diagnóstico, compromiso empresarial para la contrata­ción, menos recortes en subven­ciones, o acceso a tratamientos los brazos, las manos... Es un problema pero hay que luchar”.

domingo, 10 de junio de 2018

Ángel Javier Martín, enfermo de esclerosis múltiple: “La dificultad es enorme pero no imposible. Tenemos que luchar” - Salamanca24hora

Ángel Javier Martín, enfermo de esclerosis múltiple: “La dificultad es enorme pero no imposible. Tenemos que luchar” - Salamanca24hora

Ángel Javier Martín Vicente era conductor de autobuses, un trabajo que le apasionaba. Un día comenzó a notar problemas de visión que, con el paso de las semanas, se fueron acrecentando. Apenas podía ver, por lo que la búsqueda del diagnóstico fue tortuosa tanto para él como para su familia, y se alargó bastante tiempo. El nombre fue claro y rotundo: esclerosis múltiple. Una enfermedad que le cambió la vida.
Casi quince años después, Ángel Javier sigue batallando. No se rinde, pese a que los síntomas pasaron de los ojos a la movilidad. Postrado en una silla de ruedas, este jueves participará activamente en la cuestación que la Asociación Salmantina de Esclerósis Múltiple realizará en la ciudad para visibilizar la enfermedad y mostrarle a los salmantinos los problemas diarios que sufren tanto quienes la padecen como los que la viven muy de cerca en sus familiares o amigos. 
"Se la conoce de forma común como la enfermedad de la 1.000 caras, porque a cada persona le afecta en los primeros compases de una manera distinta", explica Ángel Javier. "En mi caso fue la vista, pero lo más habitual y lo que suele provocar que los enfermos acudamos al médico por primera vez son las dificultades en las piernas, manos y brazos. En mi caso, el primer diagnóstico señaló que iba a perder la vista. Quince años después puedo ver, pero tengo un 96% de minusvalía que me impide realizar tareas comunes. La dificultad es enorme, pero no imposible. Los enfermos de esclerosis tenemos que luchar porque no nos queda otra. Aún así, yo me considero afortunado", afirma con optimismo.
Y lo dice porque, como señalan desde la asociación, la mayoría de las personas que acuden a su sede en busca de ayuda residen en la ciudad; pero hay muchos enfermos que habitan en zonas rurales y no pueden recibir la asistencia necesaria. Ángel afirma que la asociación es una de las mejores cosas que le han pasado desde que comenzó su íntima relación con la esclerosis múltiple. "Llevo en la asociación seis años y estoy muy contento, porque aquí he podido conocer a otras personas afectadas por la esclerosis múltiple que comprenden todo por lo que estoy pasando, que te ofrecen un apoyo entusiasta y que te escuchan", dice.

Por ellos, por personas tan valientes como Ángel, los voluntarios de ASDEM saldrán este jueves, 7 de junio, con sus huchas a las calles de Salamanca. Para que, en el futuro, la sociedad pueda saber más de una enfermedad tan caprichosa como la esclerosis múltiple, que afecta a las personas cuando acaban de empezar sus proyectos vitales.