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"El amor eterno es aquel cuyo fracaso se recuerda siempre" José Luis Alvite
sábado, 7 de julio de 2018
Se confirman las sospechas: cada vez tenemos menos coeficiente intelectual
Se confirman las sospechas: cada vez tenemos menos coeficiente intelectual
Las puntuaciones en los test han ido cayendo constantemente durante las últimas décadas por culpa de los factores ambientales
David Ruiz Marull14/06/2018 13:36 | Actualizado a 14/06/2018 17:38
Adiós al Efecto Flynn
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Desde la Segunda Guerra Mundial las puntuaciones de coeficiente intelectual (CI) de los jóvenes no habían parado de crecer. Pero ha llegado un momento en que no solo se han estancado, sino que están bajando a gran velocidad. El declive, de al menos 7 puntos por generación, comenzó con los nacidos en 1976, que alcanzaron su edad adulta a mediados de la década de los noventa.
Los investigadores del Ragnar Frisch Center for Economic Reserach apuntan, en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que el deterioro podría deberse a cambios en la forma en que se enseñan las matemáticas y los idiomas o al hecho de abandonar progresivamente la lectura de libros para pasar el tiempo ante la televisión y los ordenadores.
El declive, de al menos 7 puntos por generación, comenzó con los nacidos en 1976
No olvidan, sin embargo, que la naturaleza de la “inteligencia” esté cambiando en la era digital y no se pueda capturar las inteligencias múltiples (teoría desarrollada por el psicólogo estadounidense Howard Gardner en 1983) con las pruebas tradicionales sobre el coeficiente de inteligencia. Es decir, que no es una cuestión genética.
El análisis realizado por Bernt Bratsberg y Ole Rogeberg se ha centrado en los resultados de los tests de CI hechos por personas de noruega nacidas entre 1962 y 1991 y han encontrado que las puntuaciones aumentaron en casi 3 puntos porcentuales durante cada década para los nacidos entre 1962 y 1975, pero luego experimentaron una disminución constante para los nacidos después de 1975.
La deblacle en la puntuación de CI se debe a factores ambientales, no genéticos, apuntan los investigadores (iStockphoto)
Estudios similares en Dinamarca, Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, Finlandia y Estonia han demostrado una tendencia similar a la baja en los resultados del coeficiente de inteligencia. ”Las causas de estos cambios hay que buscarlas en los factores ambientales”, apunta Rogeberg en un comunicado.
Entre estos factores determinantes se incluyen los cambios en el sistema educativo, en la nutrición, la importancia de la lectura, la importancia de internet... El aumento de hace 60 años se debió al “efecto Flynn”, una subida continua, año por año, de las puntuaciones de cociente intelectual y que se vio en la mayor parte del mundo.
Entre los factores determinantes se incluyen los cambios en el sistema educativo, en la nutrición o la lectura
El investigador neozelandés James R. Flynn estableció también que no aumentaba toda la inteligencia de igual forma. Entre las explicaciones a este fenómeno se encontraban el hecho de tener una mejor nutrición, una tendencia hacia familias más pequeñas, una mejor educación, una mayor complejidad en el ambiente y la heterosis (mejoramiento selectivo).
La teoría de Flynn daba una importancia a los genes en el crecimiento de la inteligencia que esta nueva investigación pone en duda. La inteligencia es hereditaria y, durante mucho tiempo, se creyó que las personas con CI más altos tendrían hijos que también obtendrían puntuaciones por encima del promedio.
La teoría de Flynn daba una importancia a los genes en la inteligencia que esta nueva investigación pone en duda
De igual forma se pensó que las personas con menor coeficiente intelectual tendrían hijos con resultados menores en los test, lo que contribuiría a una disminución en los resultados con el tiempo y un “embotamiento” de la población general. Es lo que se conoce como la teoría de la fertilidad disgénica (la perpetuación en la población de rasgos defectuosos o desfavorables).
Para poner en tela de juicio esta extendida creencia, Bratsberg y Rogeberg compararon los cocientes de hermanos nacidos en años diferentes. Los investigadores encontraron que, en lugar de ser similares (como sugiere la explicación genética), las puntuaciones de CI a menudo diferían significativamente.
Los expertos destacan que el acceso a la educación es actualmente el factor más concluyente que explica las disparidades en inteligencia. Incluso hay estudios que afirman que permanecer en la escuela durante más tiempo equivale directamente a resultados de CI más altos. La cuestión es encontrar nuevas pruebas que sustituyan a las tradicionales y se adapten al cambiante mundo actual.
El acceso a la educación es actualmente el factor más concluyente que explica las disparidades en inteligencia
martes, 26 de junio de 2018
Contraseña - Juan José Millás
Contraseña - Juan José Millás
Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico
Salí de casa a media tarde para diluir mis preocupaciones en un gin-tonic clandestino. Ya en la cafetería, quise ir al baño, pero estaba cerrado. El camarero me informó de que al lado de la puerta había un teclado numérico en el que debía marcar el 3101 para que se abriera. Me hizo gracia porque yo nací un 31 de enero. Bueno, más que hacerme gracia, me inquietó un poco. No me gustó, en fin, la asociación, pero tampoco quise darle demasiada importancia. Si te empeñas en encontrar significados en todo lo que ocurre, acabas paranoico. Regresé al aseo y en efecto, descubrí el teclado, que se parecía al de una caja fuerte. La caja fuerte de la mierda, pensé. La puerta, de metal, reforzaba esa idea de dispositivo de seguridad inverso, pues no era para evitar que se robaran los excrementos, sino para impedir que se depositaran. Imaginé que en ese instante se acababa el mundo y que dentro de 1.000 años unos espeleólogos forzaban la puerta y en vez de descubrir el cuerpo momificado de un faraón, se encontraban con un retrete sucio del siglo XXI. ¿Por qué esas medidas de seguridad?, se preguntarían.
El caso es que me dan miedo las puertas que se abren y cierran con mecanismos electrónicos. La idea de quedarme encerrado me horroriza, así que no entré, pero le proporcioné la clave a un indigente que había en la calle. La 3101, le dije mientras me dirigía al bar de al lado sin haberme tomado el gin-tonic, pues entre unas cosas y otras el hielo se había derretido y sabía mal. Los aseos del nuevo establecimiento no tenían contraseña secreta y estaban más o menos limpios, de modo que accedí a ellos sin problema, hice un pis preventivo (en realidad no tenía ganas, pero nunca se sabe) y pedí otro gin-tonic que me supo a gloria.
viernes, 22 de junio de 2018
En primera persona - Antonio Burgos
En primera persona - Antonio Burgos
Sánchez rompió a hablar como Belén Esteban, repitiendo lo de «en primera persona», que es el nuevo pronombre
No le pusieron la alfombra roja de los Oscar o los Goya... o del Circo Mundial, que también hay que decirlo. La que tendían a toda prisa dos empleados circenses vestidos como el que enseña el pizarrón de los kilos de los toros en la plaza de Las Ventas, y que volvían a retirar a tal velocidad que quedó como comparación popular:
-No me invites a otra copa más, que yo me lío antes que la alfombra de un circo.
No, no le tendieron la alfombra roja de las grandes bienvenidas cinematográficas. Pusieron a sus pies otra alfombra, cual una servil y aduladora Televisión Española en hora de máxima audiencia, entrevistado no precisamente por dos perros de presa, sino por agradadores del medio público, no por gente peligrosa de los privados. Y en cuanto a alfombra, alfombra, lo que se dice alfombra, ¿cuál mejor que una maravillosa de nudo español de la Real Fábrica de Tapices? Todo en un ambiente como de anticipado mensaje de Navidad. Faltaba un árbol con bombillitas al fondo, porque prontito va a poner un Nacimiento quien tomó posesión de su cargo de presidente del Gobierno con un taurino «dejadme solo» ante la Constitución, sin Crucifijo ni Biblia.
Hablo, como habrán adivinado, de la primera ascensión de Sánchez a los cielos de TVE ante los ciudadanos (y ciudadanas, por supuesto) que no habían tenido ocasión de escucharle el «esta boca es mía» desde que le mandó el camión de mudanzas a Rajoy a esa misma Moncloa en la que aparecía campechanamente sentado en el Salón de Columnas, en un sillón como de sala de espera de médico privado caro, caro, caro.
Me tragué enterita la entrevista con Sánchez, y saqué una conclusión: la inutilidad de la mayoría absoluta que le dieron los españoles a Rajoy, la más desaprovechada de la historia de la democracia. Sin mayoría de ninguna clase, con una ochentena de diputados, a golpe de decreto-ley, Sánchez ha llegado y pum, pum, pum, como si tuviera mayoría absoluta. Ha hecho antes de sus 100 primeros días todo lo que Rajoy no se atrevió en dos mandatos: decir «aquí estoy» yo. Tras dar 9 millones de euros a los sindicatos para callarles la boca y que no haya más manifestaciones de jubilados, ha ido al grano de la barra libre de la sanidad universal, a la subida de las pensiones, a acoger demagógicamente al Aquarius cuando a las costas de Andalucía llegan a miles los inmigrantes en patera sin que se monte el numerito de bienvenida que se organizó en Valencia... Con una birria de minoría parlamentaria, Sánchez ha borrado del mapa a Ciudadanos; de modo que cuando sale Inés Arrimadas por televisión, en vez de decir «a esta es a la que voy a votar», se pregunta uno: «¿Pero Ciudadanos existe todavía?». Ah, y anunció Sánchez en el besahuevos de TVE algo que nos quita el sueño a los españoles, eso sí que es un problemazo de verdad: que Franco está todavía enterrado en el Valle de los Caídos. Sus muertos, lo que le gusta a esta gente un cadáver para arriba y para abajo, de rojos o de nacionales, con tal de que nos olvidemos de lo fundamental, que es que Europa cada vez nos echa menos cuenta y que se está empezando a derrochar el dinero público que veremos a ver la deuda que dejó Rajoy dónde va a llegar.
Pero sobre todo lo que más me sorprendió de Sánchez es que rompió a hablar como Belén Esteban, repitiendo una y otra vez lo de «en primera persona», que es el nuevo pronombre que sustituye al «yo» en tertulianés vulgar. Perdí la cuenta de la de veces que dijo que iba a hacer algo o que sabía algo «en primera persona». Él. Y de convocar elecciones, ni mijita. Este agota el mandato y va por la mayoría absoluta. Actúa como si ya la tuviera. ¡Igualito que el timorato Rajoy que nos ha llevado a esto!
sábado, 16 de junio de 2018
Camino de Santa Pola - Fernando Ónega
Camino de Santa Pola - Fernando Ónega
No es todavía la retirada definitiva. Sigue siendo presidente del PP hasta el 21 de julio, cuando otra persona -permítanme decir que Alberto Núñez Feijoo- asuma la sucesión. Pero ya no veremos más a Mariano Rajoy Brey en su escaño del Congreso de los Diputados. Ayer renunció a su acta. No es una renuncia cualquiera. Es el cierre de una de las más largas páginas personales de la política española. El próximo 20 de octubre se cumplirán 37 años de su elección como diputado en el Parlamento de Galicia.
Desde entonces hasta hoy se ha dedicado a la función pública en su integridad. Lo ha sido todo: diputado, concejal, presidente de Diputación, varias veces ministro y presidente. Es una vocación política firme, hasta el punto de pedir la excedencia como registrador de la propiedad, profesión a la que ahora retorna. La historia le juzgará, como a todos los presidentes. Y le anotará defectos y virtudes.
Pero, diga lo que diga la historia, Mariano Rajoy Brey es un personaje fundamental en los 40 años de democracia española. Conservador convencido, supo marcar la frontera entre la derecha europeísta y la extrema derecha, que existe en su partido. Mantuvo una fuerza política unida, lo cual es meritorio en un conservadurismo que siempre se distinguió por su capacidad de intriga y disgregación.
En su currículo figurarán muchos valores, siempre situados entre la realidad demostrable y la leyenda mágica. Creo que pertenece a la leyenda su proverbial intuición para medir los tiempos. Y creo que se ajusta a la realidad su calma para adoptar decisiones: la más notable, haber aguantado impasible para evitar que España fuese intervenida. Y ganó.
Su último gran mérito ha sido la recuperación económica. Sus últimos grandes deméritos, no haber podido combatir la desigualdad social, no haber percibido a tiempo la gravedad del problema de Cataluña y no haber sabido borrar la imagen de corrupción dentro de su partido. Y creo que su gran fallo, haberse rodeado de un grupo de políticos duros, que hicieron del PP un partido antipático para el resto de los partidos. La moción de censura que le derribó es consecuencia de esa antipatía. Se votó contra el PP, no a favor del PSOE. En la hora de la penúltima despedida, este cronista le dice adiós con alguna emoción. Hubo mucho Rajoy en nuestra vida. Y hubo mucha España en la vida de Rajoy. Perdemos un valor político, al margen de ideologías. Me costó trabajo verlo salir de La Moncloa. Hoy me cuesta imaginarlo en una oficina de registrador. Ahora bien: del escaño no lo echa nadie; se marcha por propia voluntad. Y confieso que no sé poner un adjetivo. Dudo entre aburrido, decepcionado, desengañado y voy a decirlo: quizá un poco asqueado.
Cuando solo caben gestos - Carlos Herrera
Cuando solo caben gestos - Carlos Herrera
¿Sabe el Gobierno de Sánchez hacia dónde va, más allá del buenísmo gestual?
Vale, ha dimitido Huerta (o ha sido invitado a dimitir). Ha sido nombrado Guirao, que es exactamente el polo opuesto, el yan del yin o el yin del yan. Se ha producido una crisis espectacular en la selección española de fútbol a cuenta del fichaje de Lopetegui por Florentino. Y Urdangarin va a entrar en la cárcel para alivio de la Institución Monárquica. En principio todo está bajo control. El ministro inadecuado ha dejado el cargo y el nombramiento del nuevo da a entender que la primera idea era incorrecta. El cuñado del Rey va a pasar a la sombra unos cuantos meses ( no es Pedro Pacheco, con lo cual en poco tiempo tendrá a su alcance beneficios penitenciarios merced a la buena conducta que sin duda exhibirá), y lo del fútbol ya veremos en lo que acaba: igual les da a los muchachos de la selección por jugar de filigrana y nos callan la boca a todos los que creemos que la inestabilidad despista mucho a los futbolistas. Vale, digo. Pero, ¿qué futuro aguarda a un Gobierno que, sustentado en 84 diputados, pretende ser la reinvención de Adán? La ministra de la cosa energética decía ufana y suficiente en Bruselas ante un estupefacto Arias Cañete: «España ha vuelto». No sabíamos que España se hubiera ido a ninguna parte, ni que una individua de relevancia media pudiera significar la vuelta de España a parte alguna, pero la propia y desahogada alocución muestra la falta de complejos de un gobierno que cree que tiene más sustento del que en realidad señala el reparto de escaños. Una vez acabado el efecto pirotécnico del nombramiento de ministros por goteo, toca meter gol, ponerse a gobernar más allá de los gestos de bondad inevitable e infinita que puedan mostrar los mediáticos ministros. El barco Aquarius como ejemplo. El Gobierno de España, a falta de envergadura legislativa, va a necesitar no pocos casos como el de la tragedia de los inmigrantes subsaharianos para mantenerse en la apariencia de operatividad. El barco de la ONG francesa ha sido una oportunidad perfecta para mostrar, además de humanidad, iniciativa política europea y cierto exhibicionismo bondadoso no exento de artera intención. Todo lo que puede esperarse de este Gobierno cabe dentro de gestos como el relativo a la acogida de estas seiscientas personas amontonadas en un par de barcos. No esperen desarrollos legislativos porque no hay base suficiente para iniciativa alguna: 84 da para lo que da, y todos los demás no están por favorecerle empresa alguna (este puede ser el Gobierno al que también se le caiga algún ministro por menudencias varias). Pero a lo que iba: en los próximos días viviremos informativamente involucrados en la suerte de seiscientos y pico refugiados que van a llegar a puerto español: hombres y mujeres a los que habrá que atender, alimentar, acondicionar y acoger familiarmente, a los que habrá que ofrecerles la oportunidad de defenderse en nuestro medio, convertirse en seres libres y poseedores de plenos derechos. Nada que objetar. Pero este Gobierno de mercadotecnia gestual, ¿tiene previsto qué pasará con el próximo barco que llegue a nuestros puertos? ¿Sabe lo que va a argumentar cuando le afeen el mantenimiento de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla? ¿cómo diferenciará el derecho a ser refugiados de unos y la expulsión de otros?.
Hasta la presente, y solo llevamos una semana, un niño nacido hace quince días habría conocido a dos presidentes de gobierno, dos seleccionadores nacionales, dos entrenadores del Real Madrid y tres ministros de cultura; y al paso que vamos no es descartable que caiga alguno más. Son tiempos convulsos e inestables, de una insoportable levedad. La pregunta, evidentemente, es: ¿sabe el Gobierno de Sánchez hacia dónde va, más allá del buenísmo gestual?
martes, 12 de junio de 2018
Es horrible ser inválido, pero hay que luchar”
“Es horrible ser inválido, pero hay que luchar”
Javier era conductor de autocar cuando empezó a fallar la vista, las piernas... Por primera vez oyó la palabra esclerosis
DICE que es un privilegiado. Su vista se esfu ma, se desplaza en silla
de ruedas y tiene reconocida una minusvalía del 96%. Pero insiste en que se siente privilegiado. “Tengo amigos, que es importan te, una familia que es lo mejor que existe y creo que la asisten cia médica que recibimos es muy buena. No todos los enfermos de esclerosis pueden decir lo mis mo”, afirma Ángel Javier.
Su relación con una enferme dad de la que nunca había oído hablar arranca hace 14 años. Era conductor de autocares y le apa sionaba su trabajo, pero empezó a percatarse de que su vista se borraba. “A la esclerosis la lla man la enfermedad de las mil ca ras porque a cada persona le afecta de una manera diferente”. Tras un “tortuoso” proceso de diagnóstico —aseguran que este paso ha cambiado mucho, para mejor—le hablaron de esclerosis múltiple. “No sabía nada. Buscas en internet y es un fallo porque vez cosas que son ciertas y otras muchas que son mentira”.
Los especialistas le dijeron que terminaría perdiendo la vis ta, así que se afilió a la ONCE. Finalmente no se ha quedado ciego, pero hace ocho años aparecieron
Ángel Javier todavía puede caminar “No me fallan las fuerzas, lo que me falla es el equilibrio”, aclara—, pero el cansancio es enorme y para desplazarse depende de la silla de ruedas. El suyo es un caso de vitalismo. Gerardo Alonso, presidente de ASDEM, asegura que “muchos enfermos de esclerosis caen en de presión y evitan venir a la aso ciación para no ver a otros enfermos que están peor, porque es como un reflejo dejó que te es pera”. Ángel sabe que lo que le espera también será peor, porque su esclerosis es progresiva, y con brotes, pero aún así opta por son reír: “Yo creo que a mí esta enfermedad me ha hecho más luchador. Antes no lo era tanto. Tenemos una dificultad enorme, pero no es imposible. Me esfuerzo y trato de caminar, aunque las piernas no quieran. Tenemos tratamientos para controlar los brotes. Cada caso es diferente, pero hay que pelear”.
Ahora valora mucho más ca da minuto con su familia, cada charla con amigos o sus ratos de lectura. La esclerosis le robó la sensibilidad de las manos y no pudo aprender braille, pero siempre encuentra una voz humana o del ordenador para leerlo cada mañana.
Mañana, jornada de cuestación en 9 puntos de la ciudad
La Asociación Salmantina de Esclerosis Múltiple organiza mañana una jornada de cuestación para recaudar fondos que destinarán a sus programas de ayuda. Se habilitarán desde las 10:00 mesas informativas y huchas en Plaza Mayor, plaza del Liceo, avenida Portugal, Gran Vía, paseo de Canalejas, puerta Zamora, María Auxiliadora y ave nida Villamayor. “El propósito es visibilizar la enfermedad y recaudar fondos que son necesarios”, explica Leticia Pedráz.
Un manifiesto con un decálogo de reivindicaciones Gerardo Alonso, presidente de ASDEM, leerá a las 20:00 de mañana un manifiesto pidiendo más apoyo gubernamental para la investigación y visualización de la enfermedad. Reconocimiento del 33% de discapacidad desde el diagnóstico, compromiso empresarial para la contratación, menos recortes en subvenciones, o acceso a tratamientos los brazos, las manos... Es un problema pero hay que luchar”.
domingo, 10 de junio de 2018
Ángel Javier Martín, enfermo de esclerosis múltiple: “La dificultad es enorme pero no imposible. Tenemos que luchar” - Salamanca24hora
Ángel Javier Martín, enfermo de esclerosis múltiple: “La dificultad es enorme pero no imposible. Tenemos que luchar” - Salamanca24hora
Ángel Javier Martín Vicente era conductor de autobuses, un trabajo que le apasionaba. Un día comenzó a notar problemas de visión que, con el paso de las semanas, se fueron acrecentando. Apenas podía ver, por lo que la búsqueda del diagnóstico fue tortuosa tanto para él como para su familia, y se alargó bastante tiempo. El nombre fue claro y rotundo: esclerosis múltiple. Una enfermedad que le cambió la vida.
Casi quince años después, Ángel Javier sigue batallando. No se rinde, pese a que los síntomas pasaron de los ojos a la movilidad. Postrado en una silla de ruedas, este jueves participará activamente en la cuestación que la Asociación Salmantina de Esclerósis Múltiple realizará en la ciudad para visibilizar la enfermedad y mostrarle a los salmantinos los problemas diarios que sufren tanto quienes la padecen como los que la viven muy de cerca en sus familiares o amigos.
"Se la conoce de forma común como la enfermedad de la 1.000 caras, porque a cada persona le afecta en los primeros compases de una manera distinta", explica Ángel Javier. "En mi caso fue la vista, pero lo más habitual y lo que suele provocar que los enfermos acudamos al médico por primera vez son las dificultades en las piernas, manos y brazos. En mi caso, el primer diagnóstico señaló que iba a perder la vista. Quince años después puedo ver, pero tengo un 96% de minusvalía que me impide realizar tareas comunes. La dificultad es enorme, pero no imposible. Los enfermos de esclerosis tenemos que luchar porque no nos queda otra. Aún así, yo me considero afortunado", afirma con optimismo.
Y lo dice porque, como señalan desde la asociación, la mayoría de las personas que acuden a su sede en busca de ayuda residen en la ciudad; pero hay muchos enfermos que habitan en zonas rurales y no pueden recibir la asistencia necesaria. Ángel afirma que la asociación es una de las mejores cosas que le han pasado desde que comenzó su íntima relación con la esclerosis múltiple. "Llevo en la asociación seis años y estoy muy contento, porque aquí he podido conocer a otras personas afectadas por la esclerosis múltiple que comprenden todo por lo que estoy pasando, que te ofrecen un apoyo entusiasta y que te escuchan", dice.
Por ellos, por personas tan valientes como Ángel, los voluntarios de ASDEM saldrán este jueves, 7 de junio, con sus huchas a las calles de Salamanca. Para que, en el futuro, la sociedad pueda saber más de una enfermedad tan caprichosa como la esclerosis múltiple, que afecta a las personas cuando acaban de empezar sus proyectos vitales.
domingo, 27 de mayo de 2018
Feijóo suma fuerzas entre los barones del PP para plantar cara a Rajoy - Federico Quevedo
Feijóo suma fuerzas entre los barones del PP para plantar cara a Rajoy - Federico Quevedo
El presidente de la Xunta es el único dirigente del PP con el suficiente respaldo político y moral para tomar decisiones en un momento tan complicado para los populares
Más allá, mucho más allá, de la marejada externa que afecta al Partido Popular una vez que tras la sentencia de la trama Gürtel el PSOE haya presentado una moción de censura liderada por Pedro Sánchez, con opciones reales —que no definitivas— de salir adelante, lo verdaderamente inquietante es la tormenta que afecta al partido internamente.
Hasta ahora, aunque hace tiempo que en el PP se sucedían las críticas 'off the record' a la gestión de Mariano Rajoy, el partido actuaba como un bloque monolítico. Pero, desde el pasado jueves y, sobre todo, desde el viernes en el que se presenta la moción de censura, se han empezado a producir auténticos corrimientos de tierra en una dirección: la de forzar un Congreso Extraordinario que acabe de una vez con la etapa política de Mariano Rajoy y de paso a un proceso casi de refundación del partido, como única opción real de frenar el tremendo deterioro político que puede acabar con el PP reducido a menos escaños de los que hoy tiene el PSOE
El PSOE ha registrado este viernes una moción de censura contra Mariano Rajoy, con lo que de momento ya no cabe la disolución inmediata de las Cámaras
Y ese movimiento lo lidera el único dirigente del PP que, hoy por hoy, todavía puede ofrecer cierta solidez por sus resultados electorales y al que, además, nadie podría poner la etiqueta de marianismo: Alberto Núñez Feijóo. El presidente gallego ya ha empezado a sumar apoyos entre los barones del partido, cuenta con el favor de Juan Vicente Herrera y de su sucesor, Alfonso Mañueco. Tiene también la aprobación del líder del PP vasco, Alfonso Alonso, y de Juan Manuel Moreno, presidente del PP-A. En las últimas horas ha hablado con otros líderes regionales y provinciales del PP con el fin de lograr el suficiente respaldo para presentar ante el Comité Ejecutivo Nacional una propuesta de convocatoria de ese congreso. Dirigentes nacionales como la vicesecretaria de Estudios y Programas, Andrea Levy, que el viernes se mostraba dispuesta a pedir perdón a los ciudadanos por los casos de corrupción que afectan a su partido y reconocer la realidad de los hechos, también podrían apoyar esa propuesta.
¿Qué está pasando? Pues es evidente que en estos momentos en el PP conviven dos almas: la heredera de una época que está siendo juzgada en los tribunales por gravísimos delitos de corrupción que, lejos de ser casos aislados, se coinvirtieron en una forma de operar habitual en el PP y que se niega a admitir la responsabilidad política de haber consentido esos comportamientos; y el alma de los más jóvenes o los que nunca han tenido nada que ver con ese tiempo y que se muestran dispuestos a llevar a cabo un proceso de renovación y regeneración en el PP. Es la diferencia entre la carta de Andrea Levy en la que admite que se han cometido errores, que fallaron los controles y que toca asumir la responsabilidad por ello, y la comparecencia de un Mariano Rajoy el viernes al medio día, a la defensiva, sin admitir ninguna equivocación y con tono prepotente y pretencioso.
La imagen de un Gobierno estable que lograba salvar la legislatura por el acuerdo con el PNV para aprobar los PGE siempre ha sido una imagen falsa
Ese es, básicamente, el problema. El PP tiene que reconocer que es culpable de corrupción. No porque lo hayan dicho los tribunales, que también, sino porque a estas alturas y después de todo lo que hemos venido conociendo en los últimos años, negarlo es un ejercicio de cinismo e hipocresía política que no puede ser aceptable para los ciudadanos. Pero el caso es que lo niega. Y precisamente porque lo niega es por lo que tiene todo el sentido del mundo que se le quiera enviar a la oposición.
Existe una responsabilidad política que debe asumirse, no solo por los hechos en sí, sino por la negación de los mismos, lo que supone en definitiva un engaño a los ciudadanos. Mariano Rajoy formaba parte de aquella época, le guste o no. Era vicesecretario con Aznar cuando Zaplana se apoyó en un tránsfuga para alcanzar la Alcaldía de Benidorm y él, como responsable territorial del partido, lo autorizó. Ha estado en todas las tomas de decisiones tanto del partido como del Gobierno desde 2003 hasta 2008, que es el periodo que abarca la condena de la Audiencia Nacional. Luego, no puede decir que nada de esto le es ajeno. No puede decirlo porque no es verdad, y él lo sabe.
Pase lo que pase en las próximas semanas, esta Legislatura ya está totalmente muerta. Ya lo estaba hace tiempo, pero ahora es más que evidente
Al PP le va a tocar, en fechas más o menos próximas, pasar a la oposición, y lo va a hacer en medio de una crisis sin precedentes en el centro-derecha. Puede minorar el efecto de esa crisis si adopta soluciones antes, obligando a Mariano Rajoy a dar un paso a un lado y favoreciendo un proceso de regeneración previo a las elecciones generales, lo cual le permitiría salvar algunos muebles. O, por el contrario, puede enrocarse en el marianismo y condenarse a unos resultados electorales que podrían, incluso, llevar a la desaparición del PP absorbido por Ciudadanos. Lo cierto es que la imagen de un Gobierno estable que lograba salvar la legislatura gracias al acuerdo con el PNV para aprobar los Presupuestos siempre ha sido una imagen falsa, ficticia... Pero mucho más desde que el pasado lunes fuera detenido el exministro Eduardo Zaplana, dando comienzo a una semana de infarto para los populares.)
Aun así, el miércoles el Gobierno lograba un éxito efímero y lo que parecía un triunfo de Rajoy en tan solo 24 horas se convirtió en el mayor de los fracasos. Pase lo que pase en las próximas semanas, esta Legislatura ya está totalmente muerta. Ya lo estaba hace tiempo, pero ahora es más que evidente. Rajoy puede intentar alargar la agonía, pero será eso, una agonía que cuanto más dure, hará más atroz el final para su propio partido. Tiene la opción de dimitir —porque ya no tiene la de convocar elecciones—, pero dudo que lo haga, así que serán otros los que tendrán que obligarle a tomar alguna decisión. Y Feijóo es, ahora mismo, el único dirigente del PP con el suficiente respaldo político y moral para hacerlo.
viernes, 27 de abril de 2018
Las otras sentencias de la sala 102 - Manuel Jabois
Las otras sentencias de la sala 102 - Manuel Jabois
“Abuso sexual”. Cuando pronunció estas dos palabras, las más famosas de su carrera judicial, el magistrado José Francisco Cobo escuchó cómo se las rebatían. Debió de sentirse un árbitro. A los treinta segundos de haber dictado sentencia, Cobo pudo escuchar, por primera vez en su vida, la reprobación del público. “Fuera, fuera”, le empezó a gritar una multitud desde el exterior. “Fuera, fuera”. Los pitidos se colaron en la sala 102 del Palacio de Justicia de Navarra, llena a rebosar. No había sido un juicio cualquiera, ni aquel era un fallo cualquiera. Se había decidido que una chica rodeada de cinco jóvenes mucho más fuertes que ella (“impresionada y sin capacidad de reacción”, con “angustia” al ver el miembro de un acusado acercándose a su mandíbula y a otro por detrás “bajándole el tanga”, mientras sentía agobio, desasosiego y estupor, manteniendo una actitud “de sometimiento y pasividad”, "acorralada y gritando" después) no había sufrido violencia ni intimidación; los mismos jueces que firmaron esos hechos probados habían firmado la sentencia.
Hasta ese momento José Francisco Cobo, presidente del tribunal que ha juzgado a La Manada, había permanecido seis minutos y treinta segundos en silencio, arrugando la boca. Subió el labio inferior al superior, cubriéndolo, y las comisuras se quedaron a la altura de la barbilla. Tenía las gafas en la mano y dirigía la mirada de la puerta al público. Cuando se sentaron los últimos estudiantes en la sala, Cobo aún dejó un minuto más de silencio. A su derecha, en la bancada lateral de la acusación, la fiscal Elena Sarasate ("¿alguien cree que en ese momento si ella dice 'no quiero hacer eso' o 'no me apetece', la dejan marchar sin más?") tenía la expresión tranquila y una mano sobre la otra encima de la mesa; hubo un momento en que miró hacia abajo y luego levantó la mirada y la clavó en Cobo, como invitándole a empezar. La acusación del Ayuntamiento de Pamplona, Víctor Sarasa (“la víctima no podía entender lo que sucedía y entró en pánico”) se frotaba la barbilla. Mientras, enfrente, el abogado defensor de cuatro de los cinco acusados (acogió a uno más tras la catastrófica intervención de otro letrado en el juicio), Agustín Martínez, cogía aire tras llegar a la sede judicial con la toga puesta y arrastrando un trolley. Martínez (“mis defendidos pueden ser unos cerdos, unos imbéciles y unos lerdos, pero no son unos violadores”) suspiró durante el silencio interminable de Cobo; en cuanto escuchó la primera sentencia, contra el Prenda, se puso unas gafas, garabateó algo en un papel y luego cogió su iPhone para consultarlo frenéticamente.
A las 13.15, José Francisco Cobo supuso a todo el mundo acomodado y dijo: “Buenos días”. Tres minutos después, ya escuchaba un “fuera, fuera” procedente de la plaza Juez Elío, bautizada así fechas después del juicio a La Manada en homenaje a un juez republicano represaliado en la Guerra Civil, que salvó su vida gracias al comisario de Pamplona y se escondió tres años en el cuartucho de un lavadero infame antes de poder emigrar a México. Esa plaza fue ocupada por voces femeninas, voces en estado de excepción desde que se conoció la denuncia por violación múltiple de una chica de 18 años por parte de cinco jóvenes que presumían de conquistas, sexo en grupo y bromeaban con violaciones y métodos para ejecutarlas; voces que han acompañado dos años a la víctima bajo un lema, Hermana, yo sí te creo, y un movimiento que ha implosionado en España sin vuelta atrás y entregó las calles, el pasado 8 de marzo, a millones de mujeres en lucha: #metoo, yo también.
“¡No es no, no es no!”, se escuchaba en la sala nada más empezar a leerse la sentencia; nada más saberse fuera, gracias a la retransmisión en directo a todo el país de la lectura del fallo, que la justicia había dictaminado que no hubo violencia ni intimidación en el abuso sexual de seis hombres a una mujer cuyo consentimiento se obtuvo “prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima”.
José Francisco Cobo no se inmutó. Solo cambió el gesto de su rostro un poco después, cuando el grito de la calle le interpeló directamente: “No es abuso, es violación”. Cobo estaba leyendo lo contrario: hubo abuso, pero no violación. Los gritos ahora eran muchos más y resultaba imposible no escucharlos; se adueñaron de la sala. Cobo dejó de leer dos segundos, tomando aire para el siguiente folio, y en ese momento en la sala 102 sólo se escuchó la sentencia de la calle. Luego prosiguió con la suya, pero ya con una banda sonora por debajo que le contradecía.
La defensa de La Manada pedía la absolución y las acusaciones reclamaban más de veinte años de cárcel por violación. Hasta su compañero de tribunal, el magistrado Ricardo González, emitió un voto discrepante porque pidió la absolución de los acusados. En esencia, era él y Raquel Fernandina, su compañera de tribunal, contra el mundo.
En los instantes previos a la lectura de la sentencia, el exterior del Palacio de Justicia parecía los aledaños de un hipódromo. Todo el mundo parecía tener la información definitiva sobre cuál sería la sentencia. El tráfico de rumores incluía desde ‘agresión sexual 3-0’ hasta ‘absolución 0-3’ con un enorme margen de resultados; las voces más autorizadas se inclinaban por condena por agresión sexual con dos votos favorables y uno discrepante. Otras dejaban caer el abuso sexual por unanimidad para evitar que, de tres jueces, dos hubiesen visto una agresión -o abuso- sexual de cinco hombres a una mujer y otro una orgía. No ocurrió: uno vio relaciones sexuales consentidas y dos vieron abusos. ¿Puede haber en tres magistrados semejante diferencia de criterio? Puede. Los tres vieron el delito en imágenes y los tres no se pusieron de acuerdo en si lo era o no. Sí coincidieron en algo: no vieron violación.
Fue el acto final de un delito al que siguió un juicio desagradable en el contexto de unas fiestas, las de San Fermín, marcadas desde el asesinato de Nagore Laffage en 2008 por resistirse a las pretensiones sexuales de José Diego Yllanes. Un juicio en el que se quiso incluir informes de espionaje a la víctima para demostrar que, al llevar una vida normal y ver determinados programas de televisión, no podía haber sido violada. Un juicio que dedicó seis horas de sesión en una sala con las ventanas empapeladas para pasar una y otra vez un vídeo de 96 segundos en el que los acusados, que grabaron el acto, mantenían relaciones sexuales de todo tipo con una chica que no sabía sus nombres, no sabía cuántos eran y los vio marcharse uno a uno dejándola desnuda mientras se llevaban su teléfono móvil. Hubo que escrutar esa grabación para tratar de discernir si los actos sexuales, las respiraciones, los gemidos y los gestos de unos y otra eran parte de una orgía concertada o una violación en masa a una chica que, paralizada según dijo, no expresó su rechazo (“si te rodean cinco hombres en un callejón sin salida y te piden el móvil y la cartera, y se los das sin decir nada, ¿puedes denunciar por robo?”, dijo en el juicio la fiscal, Elena Sarasate).
La sentencia a La Manada ha cerrado un juicio y abierto otro, de diferentes proporciones, acerca del consentimiento o deseo de la víctima, cómo calcularlo o distinguirlo, y hasta qué punto hay que expresar rechazo ante un abuso para que este pueda ser considerado agresión. Y, sobre todo, quién y cómo calcula el riesgo asumido por la víctima al resistirse.
La tensión explotó cuando acabó la lectura de la sentencia entre las 200 personas que se concentraban fuera, y que siguieron el fallo con radios y móviles pegados a la oreja. Entonces se formó tal algarada que la gente empezó a pisar involuntariamente a un viejo perro labrador que echó la boca a diestro y siniestro tratando de defenderse. La policía foral reaccionó yendo hacia él para tratar de calmarlo; ese movimiento rompió el cordón y la gente aprovechó para tirar las vallas, lo que provocó varios enfrentamientos entre mujeres y policías; a algunas de ellas se les pidió la identificación.
Jueces en manada - David Torres
Jueces en manada - David Torres
Derecho es la carrera más torcida que existe. También la más retorcida. Después de leer con suma atención, varias veces, la sentencia íntegra contra la Manada, he sacado dos conclusiones impepinables. La primera, que no tengo la menor idea de Derecho Penal español; la segunda, que el Derecho Penal español no tiene nada que ver con el sentido común. La descripción de los hechos, según la sentencia, acredita sin ningún género de dudas que “la denunciante” fue obligada entrar en un portal por cinco maromos, donde “se sintió impresionada y sin capacidad de reacción” (como crítico literario en mis ratos libres debo señalar que me impresiona mucho el verbo elegido aquí: “impresionar” da la impresión de que la chica los estuviera admirando). A continuación, la desnudaron a tirones, la manosearon y la penetraron por diversos orificios, sin preservativo, mientras ella mantenía los ojos cerrados “en actitud de sometimiento y pasividad” y uno de los chavalotes grababa el asunto para la posteridad. Después se marcharon uno a uno, no sin antes robarle el móvil.
Lo que sigue, en numerosos folios de prosa intrincada y gongorina, resulta tan incomprensible como la valoración final de que, con semejante descripción, los jueces no apreciaran ni violencia ni intimidación. Es otro de los misterios gozosos del Código Penal español, el hecho de que exista violencia en vestir una camiseta amarilla o tuitear una gilipollez pero no en arrinconar entre cinco verracos a una muchacha y penetrarla a coro. Lo de que tampoco advirtieran señal alguna de intimidación ya escapa por completo a mi capacidad de raciocinio. Leyendo la sentencia, suerte ha tenido la muchacha de que no la condenen por violación a ella. Y más suerte todavía de que no le hayan aplicado la ley antiterrorista, teniendo en cuenta que entre los acusados hay un guardia civil y un militar.
En términos estrictamente literarios, la sentencia podría definirse con las mismas palabras con las que Oscar Wilde respondió al juez que lo había condenado y qué le preguntó qué le parecía la suya: “Que está mal escrita”. La redacción es un fracaso estético y epistemológico de la primera línea a la última, un escrito torpe, deslavazado, incongruente y pedorro que, a fuerza de intentar desmenuzar los hechos a cámara lenta, lo único que consigue es difuminar el horror de los actos, su bestialidad, su carnalidad, sus consecuencias. Recuerda aquellas novelas ilegibles del Nouveau roman donde, para contar cómo un personaje entraba por una puerta, el narrador necesitaba trece páginas. Alain Robbe-Grillet, el buque insignia del movimiento, sobrevivió una vez a un aterrizaje forzoso y, cuando le entrevistaron, describió la angustia y las emociones del accidente como lo hubiera hecho cualquier escritor clásico. Un periodista le preguntó entonces por qué no había empleado la técnica dilatoria y aséptica del Nouveau roman, demorándose en los detalles de la tapicería y los arañazos de las ventanillas. La respuesta era fácil: porque le iba la vida en ello.
En términos estrictamente éticos, la sentencia ha resultado ejemplar: ejemplar para los violadores, que no tienen más que seguir el ejemplo. Más le vale a la próxima mujer que se atreva a salir sola por ahí llevar un buen revólver. Quienes dicen que no existe tal cosa como la cultura patriarcal, ahí la tienen sentada, con toga y todo, pidiendo la absolución para los acusados. ¿Para qué está una mujer en el mundo sino para que los hombres disfruten?
Ninguno de los tres jueces fue capaz de ver una violación, ni de creer a una mujer cuando hay sexo por en medio. Era una golfa, una guarra, ella se lo había buscado. Y si le hubieran quitado el bolso en lugar de la ropa y la dignidad, probablemente habrían argumentado que era una chica muy generosa. Además la muchacha, rodeada por una horda de machos en celo, no se defendió, no gritó, no se atrevió a abrir la boca más que para acoger el miembro que le presentaban al tiempo que por detrás le presentaban otro. “Lo que me sugieren sus gestos, expresiones y sonidos que emite es excitación sexual” dijo el juez Ricardo González en referencia a la denunciante después de ver el video de la Manada en acción. Lo que me sugieren a mí estas palabras sobre el deterioro del sistema judicial en España me lo voy a callar. Por el asco y el miedo.
martes, 24 de abril de 2018
El amor en un Simca 1.000 - Ánxel Vence
El amor en un Simca 1.000 - Ánxel Vence
Firmemente decidido a promover la virtud, el gobierno municipal que preside una socialista en Lugo va a endiñarle multas de hasta 3.000 euros a las parejas -o tríos- que desfoguen su lujuria en el interior de un coche. No queda claro si la ordenanza al efecto permitirá las conductas obscenas al aire libre y sin vehículo de por medio; pero ya se le ocurrirá algo a los ediles para que nadie escape a su estricto control.
Los amantes podrán entregarse a cualquier acto lascivo, eso sí, en el garaje de su casa; lo que quizá suponga una discriminación entre ricos y pobres poco coherente con un gobierno de izquierdas. No todo el mundo puede permitirse un garaje privado.
Quienes recurren al coche para explayarse no disponen, probablemente, de otro lugar más confortable y discreto. Esto ya lo hacían notar Los Inhumanos (que es nombre de grupo musical, no de grupo municipal) en su celebrado tema: "¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1.000!".
La canción, tan antigua como ese modelo de coche y casi tanto como la ordenanza lucense contra el vicio, daba clara cuenta de las razones de tipo económico que forzaban -y quizá aún fuercen- a tantas parejas a convertir el automóvil en improvisado lecho. "Soy pobre", decía la letra de aquel viejo éxito discográfico, "y solo pude comprar un Simca 1.000 bastante vulgar .Y cuando alguna me quiero cepillar, en mi coche me tengo que apañar".
Estos ripios un tanto groseros no pasarán a la historia de la moderna juglaría, desde luego; pero dan una idea bastante aproximada de los obstáculos que han de afrontar los económicamente desfavorecidos, incluso a la hora de la coyunda.
Erre que erre, el Concello lucense dice que no habrá marcha atrás en esta medida, aunque lo cierto es que viajamos resueltamente hacia los tiempos del franquismo y no solo en materia de libertad de expresión, ya bastante dañada por la Ley de Seguridad Ciudadana. También llamada "ley mordaza", vaya usted a saber por qué.
De seguir avanzando en esta vía, no tardará en ser restaurada la figura del acomodador de cine que se ocupaba de importunar con su linterna a las parejas que buscaban en la oscuridad de la sala un lugar idóneo para sus expansiones amorosas. La "fila de los mancos", le llamaban a aquello por razones que el lector fácilmente comprenderá.
¿Qué hace el Estado en mi cama?, se preguntaba retóricamente el sociólogo Josep Vicente Marqués en el título de un libro que al parecer denunciaba la intromisión de la autoridad gubernativa en los hábitos más íntimos del individuo. Los lucenses podrán preguntarse ahora por qué el ayuntamiento insiste, a su más módica escala, en escrutar lo que hacen dentro de sus coches. Menudo papelón para los guardias.
Sorprende que este afán por meter mano a la intimidad de la gente la haya asumido también la izquierda, aunque alguna explicación podría haber. Suele decirse que la gente de derechas es conservadora de cintura para arriba, en tanto que sus adversarios progresistas lo son de cintura para abajo.
Quizá así se explique que las más duras campañas contra el tabaco, el vino y otros vicios las encabezase el Gobierno del ya olvidado José Luis (R.) Zapatero, en raro contraste con el lujurioso Donald Trump. Solo es de esperar que en Lugo no organicen una Policía para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio como la que actúa con tanto éxito en Arabia Saudí. Progresamos velozmente hacia la retaguardia.
jueves, 19 de abril de 2018
Cuernos civilizados - Ánxel Vence
Cuernos civilizados - Ánxel Vence
Un marroquí padre de nueve hijos acaba de pedir el divorcio después de que su médico le informase de que es estéril de toda la vida a causa de un quiste en los testículos. A pesar de la fama de misóginos que padecen los musulmanes, el hombre se ha comportado de forma tan civilizada que casi parece europeo.
Quizá tenga algo que ver con ese razonable comportamiento la influencia que ejerció -y todavía ejerce- Francia sobre Marruecos, aunque es solo una hipótesis. Los franceses son gente de probada galantería y, por lo tanto, de gran tolerancia en los lances propios del amor.
Además de inventar la deliciosa palabra "cocu" -o "cornudo", en su arisca traducción al castellano-, nuestros vecinos del norte tienden a pasar galantemente por alto los pequeños escarceos amorosos en que pudiera incurrir un cónyuge. En vez de montar un escándalo, como es habitual en España y otros países árabes, lo que hacen es montarse un ménage à trois, fórmula amatoria que satisface los intereses de todas las partes implicadas.
Así parece haberlo entendido el magrebí cuyo nombre omite pudorosamente la agencia que da la noticia, aunque en su caso se ignora si el ménage fue a tres, a cuatro o a nueve bandas. En lugar de montarle un número coránico a su señora, que tanta producción ajena de retoños le ha endosado, el buen ciudadano se limitó a interponer una demanda de divorcio. No quiere pagar los gastos de los niños, que ascenderían a un pico considerable si su ex le reclamase las nueve pensiones de manutención.
Aquí en la Península correrían a caño libre los chistes y memes sobre este cornudo innúmero, conocida como es la tendencia de los españoles al choteo en estas delicadas cuestiones.
Bien al contrario, el marroquí aparentemente corneado por su esposa con la fuerza de un miura acaba de dar todo un ejemplo de elegancia en el manejo de una situación embarazosa desde cualquier punto de vista.
Se conoce que ha entendido, como sugería Alejandro Dumas, que el matrimonio es una carga tan pesada que a menudo exige la ayuda de una tercera persona para poder sobrellevarla. Tal vez la esposa pillada en falta por el médico de su marido recurriese a más personas que una para compartir el peso de la sagrada institución; pero esa es, a fin de cuentas, una cuestión meramente aritmética.
Profundamente europeo pese a su accidental condición de marroquí, el protagonista -sin duda involuntario- de esta historia no ha hecho sino consolarse con la idea de que los cuernos están por todas partes y no hay que darles mayor importancia.
Baste saber que la empresa de citas para casados y casadas Ashley Madison, que es el Wikileaks de los adúlteros, llegó a atraer a cuarenta millones de infieles (o deseosos de serlo) en todo el mundo. Y de ellos, un millón en España, según los datos facilitados por la propia compañía que, por cierto, utilizaba al rey emérito Juan Carlos y al príncipe Carlos de Inglaterra como reclamo publicitario para sus clientes.
Consciente de que en todo el mundo se cuecen adulterios y estas cosas hay que tomárselas con deportividad, el magrebí que podría haber acudido a la dura ley islámica, se ha contentado con una aséptica demanda de divorcio. Sea o no por influencia francesa, está claro que el mundo se va civilizando poco a poco.
viernes, 13 de abril de 2018
El sexo y el (mal) carácter - Ánxel Vence
El sexo y el (mal) carácter - Ánxel Vence
Se lamentaba George Brassens, cantautor francés y levemente ácrata, de padecer mala fama entre el vecindario. "Todo el mundo habla mal de mí, salvo los mudos", decía Brassens para advertir que a las buenas gentes de su pueblo no les gustaban un pelo aquellos que deciden ir por su cuenta. Los que no se levantan a toque de corneta en días de fiesta nacional, por ejemplo.
Malo es que a uno le atribuyan reputación dudosa por no hacer lo mismo que los demás; pero aún es peor que le cuelguen el sambenito de mal fornicador.
Lo advirtió en su día el también cantante Javier Krahe, en una popular letrilla a propósito de una dama que hacía correr el rumor de la pequeña envergadura de cierta parte de su anatomía. "No sé tus escalas y por lo tanto eres muy dueña de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña", replicaba el afectado en su honor genital.
Mal asunto ese. A la gente de carácter difícil -como esa en la que el amable lector está pensando- se la suele tildar de malfollada (o malfollado), que es palabra grosera y a la vez injuriosa. Aunque lo cierto es que la ciencia establece desde tiempos antiguos la relación entre las carencias amatorias y el malhumor, que a menudo deriva en malas maneras.
Los romanos, que algo sabían de esto, resumían en el célebre latinajo "Semen retentum, venenum est", el origen del cabreo que a menudo aflige a las gentes de escasa actividad erótica. La experiencia enseña que, en efecto, la retención de ciertos líquidos vitales produce arrebatos, furores y descomposiciones de ánimo entre quienes la padecen. De ahí ha de provenir, sin duda, la expresión "mala leche" con la que la lengua española alude a la gente que siempre parece estar en conflicto con el mundo.
Confirman más modernamente estas sospechas los equipos de investigadores de las universidades de Montreal, en Canadá; y de Michigan, en Estados Unidos. Los canadienses llegaron a la conclusión de que acostarse con más de veinte mujeres reduce notablemente el riesgo de padecer tumores de próstata; aunque no aclaran si, para obtener tan feliz resultado, es necesario practicar con las veinte al mismo tiempo o basta con ir probando de una en una. Detalles accesorios, a fin de cuentas.
A su vez, los doctores de Michigan observaron el comportamiento de las moscas del vinagre para constatar que las sexualmente más activas gozan de mejor estado físico y menor grado de envejecimiento que las moscas entregadas a la castidad. Estas últimas serían víctimas de un perjudicial "estrés biológico" -lo que aquí llamamos mala leche- que las lleva a vivir bastante menos tiempo que sus lujuriosas colegas.
De todos estos saberes antiguos y modernos parece deducirse que la fornicación contribuye al bienestar general del organismo, a la vez que mejora tanto el carácter como el cutis de aquellos -y aquellas- que la ejercen con frecuencia.
Por el contrario, la mala y/o escasa práctica del sexo explicaría, un suponer, el famoso cabreo de los españoles a quienes durante gran parte de su historia se racionó hasta el extremo ese gratuito placer. De ahí habría nacido la cólera del español sentado a la que aludía hace ya siglos Lope de Vega, que tan a menudo derivó -la cólera, no Lope- en sangrientas guerras civiles.
Ahora ya no hay guerras, por fortuna; pero sigue abundando el español (o española) irascible que monta un número por cualquier tontería. Ya están tardando los expertos de Montreal y Michigan en darnos un
sábado, 24 de marzo de 2018
Los inmigrantes no pagarán las pensiones - José García Domínguez
Los inmigrantes no pagarán las pensiones - José García Domínguez
¡No es la demografía! ¡Es la productividad, estúpidos!
No es verdad que nuestro sistema público de pensiones encierre en su seno una estafa piramidal. Ese aserto tan lapidario y tantas veces repetido, simplemente, no es cierto. A fin de cuentas, también Alemania y Francia, países que comparten con España idéntico sistema estatal de reparto, sufren ambos un acelerado proceso de decadencia demográfica, con caídas de la natalidad parejas a las que desde hace ya décadas se vienen observando en España. Y, sin embargo, no se le oye a nadie decir que las pensiones futuras de los trabajadores alemanes y franceses corran serio peligro por dicha razón. Y si nadie lo dice es porque ese eventual riesgo de impago no se da ni en Francia ni en Alemania. Tal amenaza solo se constata en España (amén de en Portugal y en Grecia). Circunstancia que por sí misma desmiente el lugar común aquí tan extendido entre la opinión pública y la publicada. Tampoco es verdad que, tal como ahora predican PSOE y Podemos, el creciente desequilibrio entre ingresos y gastos que sufre la caja de la Seguridad Social pueda corregirse apelando a los impuestos. Esa quimera tributaria también es simplemente falsa.
Repárese si no en las siguientes cifras. Para el año 2030, instante en el que todas las proyecciones actuariales sitúan al sistema español de pensiones en una situación de quiebra técnica, faltará un 25% del dinero necesario para pagar a los pensionistas. En valores absolutos, unos 30.000 millones de euros anuales. Una cantidad que equivale a la mitad de cuanto recauda Hacienda durante un año en concepto de IRPF. La mitad. ¿En qué cabeza cabe que nada menos que el 50% de la recaudación del IRPF pudiera ser desviada en su integridad únicamente a pagar pensiones? Quizá en la de Pedro Sánchez y en la de Iglesias Turrión, pero sospecho que en ninguna otra. Por lo demás, fantasear con cambiar el sistema de reparto por el de capitalización también sería eso mismo: una fantasía. Aquí y ahora, es imposible cambiar de sistema. Completamente imposible. Repárese en otro dato: Chile, el ejemplo al que siempre apelan los partidarios de la capitalización, necesitó destinar el 8% del PIB para financiar la transición entre los dos modelos (si todos los trabajadores activos dejan de golpe de cotizar al sistema de reparto, sus aportaciones las tiene que realizar el Estado). Un 8% del PIB español serían unos 80.000 millones de euros. ¿De dónde iba a sacar hoy el Estado 80.000 millones de euros para hacer eso? Pues de ningún lado porque no los podría conseguir. Ni en broma los podría conseguir.
Mas volvamos a la cuestión inicial. ¿Por qué no quiebra el sistema de reparto en Francia o en Alemania pero sí amenaza con hacerlo el español? Pues por una razón simple, a saber: en España, a diferencia de lo que sucede en Francia y Alemania, hay demasiados mileuristas en relación a la población total. Un mileurista es un trabajador que, en el caso improbable de que consiga trabajar sin interrupción durante la totalidad de su vida adulta, esto es entre los 18 y los 67 años, aporta al sistema en concepto de cotizaciones unos 136.000 euros. Después, una vez jubilado y antes de morir, obtendrá de él en concepto de pensión aproximadamente unos 220.000 euros. ¿Es sostenible un sistema así? Bueno, sí, es sostenible, pero siempre y cuando los mileuristas no constituyan la mayoría de los trabajadores acogidos a él. He ahí la almendra del problema. En Francia y el Alemania los mileuristas son uno de cada seis cotizantes. En España, en cambio, ya suponen uno de cada tres. Y su porcentaje no para de subir. Sueldos bajos es sinónimo de cotizaciones bajas. Y cotizaciones bajas combinadas con incrementos constantes de la esperanza de vida es sinónimo de miserabilización progresiva de la Seguridad Social. Y esos cráneos privilegiados del FMI nos vienen a decir que el asunto se resuelve importando a otros ocho o nueve millones de inmigrantes extranjeros poco cualificados para que trabajen en empleos de ínfima retribución salarial. Claro, y así aplazar el problema otros 20 años, hasta que les tocase jubilarse a esos otros ocho millones de cotizantes paupérrimos. Y vuelta a empezar. ¡No es la demografía! ¡Es la productividad, estúpidos!
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