domingo, 15 de febrero de 2015

A ver si nos entendemos - Juan José Millás

A ver si nos entendemos - Juan José Millás

Esto es increíble: a medida que avanza la recuperación económica aumenta el riesgo de la exclusión social, que es la peor forma de las pobrezas. Como si hubiera una relación directa entre una cosa y otra. Cuanto más ricos, más pobres. Algo no encaja, dirán ustedes. En efecto, no encaja. Crece el empleo, la afiliación a la Seguridad Social, sube el turismo, aumentan las exportaciones? Hablamos de datos del Gobierno, que no miente porque no nos cabe en la cabeza que los gobiernos mientan. Pues bien, junto a estos datos tan espectaculares aparece otro, verdadero también, según el cual el 27% de la población las pasa canutas. Tenemos a casi trece millones de personas al borde del desamparo (un millón trecientas mil más que en 2009), entre las que se encuentran multitud de niños que, con suerte, hacen una comida al día. Todo esto, insistimos, en un panorama de recuperación del que los ministros se hacen lenguas.
Y luego está el asunto de la desigualdad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Quizá entonces la recuperación solo sea estadística. Es decir, que globalmente hablando se consumen más pollos, pero solo lo consumen unos pocos. No es, pues, que nos recuperemos, sino que se recuperan. Se recuperan, por cierto, los que jamás se habían depauperado. Este análisis rápido, de andar por casa, no tiene otro objeto que el de evitar caer en una situación esquizofrénica que no conduciría a nada bueno. Y es que si uno se pone a escuchar ingenuamente el telediario, que abre con la noticia de la espectacular recuperación económica (somos el país que más crece de Europa), y cierra con unas cifras alarmantes sobre el aumento de la pobreza, puede uno sufrir una crisis maniaco-depresiva de difícil arreglo.

Y que caiga uno, vale. Uno no va a ninguna parte, pero imaginen que caemos todos, que el país, en su mayoría, se vuelve loco y sale a comprar automóviles con un dinero que no tiene o a comerse unas angulas con unos recursos de los que carece. Eso sí que sería vivir por encima de nuestras posibilidades. De modo que cuando las autoridades aseguran que nos "estamos" recuperando, no se refieren a usted ni a mí. Se refieren a ellos, a los suyos, a ver si vamos entendiéndonos.

La recuperación moral - Salvador Sostres

La recuperación moral - Salvador Sostres

El primer ministro británico, David Cameron, propone retirar las ayudas sociales a obesos, alcohólicos y drogadictos que se nieguen a recibir tratamiento para curarse. Es una magnífica idea, no tanto por el ahorro que pueda suponer como por lo que tiene de pedagógica, de moral,  y por ese apelar directo a la responsabilidad de cada cual. 

Resulta imprescindible que todos tomemos las riendas de nuestra vida, y que entendamos que el dinero de los demás es finito, y que tenemos que estar a la altura de las ayudas que recibamos y no darlas por descontadas e insistir en nuestra dejadez y mezquindad.

El primer ministro Cameron tiene toda la razón y los que sufren estas enfermedades tendrían que estar agradecidos por la oportunidad de curarse que se les brinda con el dinero que con mucho esfuerzo han ganado sus conciudadanos; en lugar de quejarse porque no les patrocinamos su progresiva autodestrucción.

Hay que levantarse y luchar cada uno contra su debilidad. El dinero de los demás hay que tratarlo con un respeto exquisito, hasta llegar a no necesitarlo. 

Hay enfermedades irreversibles y que no dependen de nadie. Son mala suerte, jugarretas del destino. Hay circunstancias vitales contra las que es inútil cualquier voluntad. El síndrome de down, los accidentes que tienen como consecuencia lesiones cerebrales, los cánceres, las severas malformaciones, etcétera. Lo sabemos, lo comprendemos, sabemos dónde estáis y os vamos a ayudar.

Por lo demás, no podemos continuar pagando a holgazanes y desagradecidos, aunque sólo sea porque nos tiene que quedar dinero para ayudar a los que verdaderamente lo necesitan. Si la recuperación económica no viene acompañada de una recuperación moral, tanto sufrimiento no habrá servido de nada.

El primer ministro Cameron está actuando con responsabilidad y exigiendo responsabilidad individual a sus ciudadanos. Así se vertebran las sociedades, así sobreviven los pueblos que quieren ser libres. En el fondo, la gran culpable de esta crisis ha sido la masa pueril, maleducada y quejica a la que todo hemos consentido en lugar de pegarle un par de bofetadas, mandarle callar, y ponerla a trabajar sin excusa ni sindicato.


Bien. Un tiempo nuevo ha empezado. La hora del recreo ha terminado.

sábado, 14 de febrero de 2015

Historia de un joven excepcional - Amando de Miguel

Historia de un joven excepcional - Amando de Miguel

La crisis económica no es tan profunda como decimos porque quizá haya muchos jóvenes españoles como Tomás, a quien acabo de conocer. Me he sentido prendado de su discurso autobiográfico. Lo relataré en primera persona, como él me lo dijo con toda sencillez:
Mire, don Amando, yo no cuento con estudios, pero tengo muy claro lo que hay que hacer en este mundo. A los 16 años le dije a mi padre que no me interesaba seguir estudiando como mis amigos, todos en el instituto y después en la universidad. Me costó una bronca con el viejo. Lo mío era ponerme a trabajar, salir de casa lo antes posible y hacer mi vida. Lo que hice fue prepararme para obtener todos los carnés de conducir. Llevar un vehículo es lo que más me gusta, aunque sea 14 horas al volante. Luego hago gimnasio para mover las piernas y los músculos, pues si no me atrofio.
Dicho y hecho. Saqué sucesivamente el carné de moto, coche, autobús, camión, tráiler, máquinas de obras públicas. Fue fácil encontrar trabajo como conductor de cualquier tipo de vehículo. Pasé unos años muy duros descargando camiones de reparto y derribando edificios viejos con un toro. Eran los tiempos de la alegría en la construcción. Hasta que llegó la crisis y no tuve más remedio que ir al paro. Cobraba mil eurillos mensuales, que no estaba mal, porque había cotizado mucho. Pero a mí eso no me iba. Mis amigos me decían: "No seas gilipollas, el paro es lo mejor que hay". No señor, lo más grande es cotizar.
Yo es que soy muy cabezota. Solo aguanté tres meses en el paro. Me recorría todos los días los polígonos (industriales), puerta por puerta, para ver de encontrar algún curro. No me importaba que el sueldo fuera corto o que el contrato fuera temporal. Lo fundamental era cotizar. Pasé por muchos trabajos, todos por poco tiempo y con sueldos que no pasaban de los 500 mensuales. Nada más empezar un trabajo, en los ratos libres me dedicaba a buscar otro mejor. Ahora tengo este empleo muy cómodo y seguro, que me da cerca de 2.000 mensuales limpios. Es una empresa de alquiler de coches con chófer para todo tipo de organizaciones. Mi chica trabaja en una buena tienda de ropa y gana más que yo. Pero no nos vamos a quedar aquí. Ella dice que está muy bien como está, pero yo lo tengo muy claro. Estoy haciendo los trámites para montarme como autónomo. Mi idea de momento es seguir trabajando para la misma empresa, pero con mi coche propio. No me importa hacer más horas, con tal de que me rindan. Nunca me importó que la jornada fuera larga. Las horas extra siempre se pagan más. En unos pocos años montaré mi propia empresa de alquiler de coches. Es un negocio que va a más; incluso con la crisis se ha ampliado, pues muchas compañías y organismos prescinden de los coches propios.

Mi chica me ha convencido por fin de que nos compremos una vivienda. Ahora precisamente es el momento de hacerlo, pues los pisos están baratísimos y los intereses de las hipotecas son bajos. Tenemos ahorrados unos miles de pavos. El banco te da lo que le pidas cuando ve que en la cuenta hay saldo. Hace ocho o diez años, cuando todos mis amigos se compraban pisos, yo dije que había que vivir de alquiler, y acerté. Ahora algunos amigos se encuentran con que el piso que compraron está todavía sin terminar de pagar la hipoteca, y si lo quieren vender vale la mitad. Ellos han terminado sus carreras a trancas y barrancas, pero no encuentran empleo y no saben hacer nada práctico. Me pierdo con lo que dicen los economistas, pero me da que las decisiones en esta vida hay que tomarlas según la ocasión. Mi padre me repite ahora: "Tomasete, qué razón tenías".

viernes, 13 de febrero de 2015

20 euros - Juan José Millás

20 euros - Juan José Millás

Se puede vivir en Copenhague o Estocolmo y hacer pis en Madrid? Usted y yo no, pero hay ricos capaces de comer en un país, hacer la digestión en otro, y evacuar en España. Es lo que hacían todos estos defraudadores con el dinero en Suiza. Este país huele tan mal por eso, porque solo lo utilizan para ir al servicio y a veces ni tiran de la cadena. El dinero, en la economía financiera, carece de significado cierto (ignoramos cuál es el respaldo de un billete de 500 euros), pero su valor simbólico no deja de crecer. Cuanto menor es su apoyo real, mayor es su capacidad alegórica. Un millón de euros equivale a un riñón, un riñón que, al contrario del auténtico, puedes guardar fuera de tu cuerpo, incluso fuera de tu patria. De ahí que los Pujol, por poner un ejemplo, pudieran mear en Barcelona el agua de Vichy que se tomaban en Suiza. He ahí un patriotismo de urinario. El dinero guarda mucha relación con el cuerpo. Tener el riñón bien forrado o cubierto significa poseer muchas riquezas. A Bárcenas se le ve tranquilo porque sus vísceras están a salvo. Mientras defeca entre nosotros, su dinero (del que están hechas sus entrañas) sigue creciendo en paraísos fiscales situados a miles de quilómetros. Soñábamos con ser la California de Europa y hemos devenido en sus servicios públicos. Cuando un cliente del HSBC en Ginebra pregunta por los baños, lo dirigen hacia nuestro país, que, según coloques el mapa, debe de caer al fondo a la derecha. Para usted y para mí, un billete de 20 euros es un billete de 20 euros, algo con lo que puedes comprar en los chinos equis quilos de fruta o tantas pizzas congeladas. Pero es que usted y yo vivimos en la economía real, en la que el dinero, en vez de ser un riñón, es una mierda.

El sexo es de derechas - Pedro Narváez

El sexo es de derechas - Pedro Narváez

El fenómeno de «Cincuenta sombras de Grey» pasa la página del sexo contemporáneo en la época del onanismo en internet, una tontuna dos siglos después de los escritos bárbaros del marqués del Sade. El libro y ahora la película tienen al público femenino adelantando la primavera a febrero cuando aún hay promesas de flores y muchos capullos sueltos por ahí. Ahora se retuerce el debate sobre la dominación con ridículas citas pseudointelectuales como sacadas de un monólogo de Loles León. Y es que según algunos entendidos en las cosas del querer, la izquierda habla mucho de sexo y pone al día las teorías psicoanalíticas con el mismo resultado bochornoso que provocan los vídeos de Monedero en los que ve tras «El rey león» una metáfora de la guerra del Golfo. Pero la derecha lo practica con más asiduidad, sin tanta verborrea estéril. También en esto la derecha es práctica. Algunos datos verifican la teoría. Una encuesta en Estados Unidos contemplaba que el 53% de los republicanos conseguía un orgasmo en sus relaciones frente al 40% de los demócratas, aunque si las andanzas confesadas de Bill Clinton puntuaran doble, la cifra se dispararía varios puntos. No digamos si en Francia se hiciera lo propio con el socialista Strauss Kahn. Hace ya algunos años «Interviú» publicó un sondeo según el cual el 20% de las mujeres españolas de derechas decían mantener más de siete relaciones a la semana mientras las de izquierdas no llegaban al 11%. Eso sí, las Femen enseñan las tetas hasta en el Vaticano y las señoritas burguesas conservan el buen gusto de llevar sujetador. Contaba Carmen Rigalt que a Monedero le gustan las playas nudistas. Aunque no haga «streep tease» ante Hacienda, digo yo. Un clásico del PP llevaría un traje de baño de Ralph Lauren en color pastel. Lo importante es dónde se coloca la guinda.

miércoles, 11 de febrero de 2015

No quiero esa salsa - Juan José Millás

No quiero esa salsa - Juan José Millás

En un reciente festival de gastronomía (Madrid Fusión), un chef anestesió a la vista del público a una dorada, le extrajo sangre con una jeringuilla y la devolvió, suponemos, a la pecera. Lo importante era que la sangre, destinada a ser la base de una salsa, hubiera salido de un organismo vivo. La noticia venía, lógicamente, en las páginas de Cocina del periódico, pero yo la leí con la aprensión con la que miro las de Salud. Mi pituitaria comenzó a oler a enfermería. Me vino a la memoria la historia de una familia que, en los tiempos del hambre, poseía un cerdo al que iba mutilando poco a poco para comérselo. Primero una pata de delante, después una de detrás, luego una oreja, y así de forma sucesiva. El cerdo estaba lleno de vendajes, de costurones, de suturas. En la película "En busca del fuego" hay una secuencia tremenda, en la que se ve a unos caníbales devorando las extremidades de una mujer, cuyos restos, todavía vivos, cuelgan de un palo en el segundo plano de la imagen.
La extracción de sangre de un cuerpo vivo para hacer una salsa tiene algo de canibalismo, aunque la víctima sea un pez y el gastrónomo un hombre. Al día siguiente de leer la noticia tuve que ir a hacerme unos análisis de sangre. La enfermera me metió la aguja con el cuidado de un cocinero mientras yo observaba un conjunto de tubitos llenos del plasma de los pacientes que me habían precedido. Imaginaba que en lugar de enviarlos al laboratorio, la enfermera se los llevaba a casa para preparar la base de un sofrito.
-¿Te estás mareando? -preguntó la enfermera.
-Un poco -dije yo.
-Piensa en cosas agradables.
Pero yo solo era capaz de pensar en una salsa oscura, rica en glóbulos rojos y plaquetas.

Uno de los misterios más interesantes del mercado es su capacidad para convertir los cadáveres de los animales destinados al consumo en meros objetos. Un pollo no es un muerto, es un producto, lo mismo que un cordero abierto en canal o un besugo eviscerado. Anestesiar a una dorada para extraerle la sangre está feo. Huele a quirófano. Yo no quiero esa salsa.

Los calcetines de ayer - Juan Tallón

Los calcetines de ayer - Juan Tallón

A VECES me pregunto qué es un día normal, y si lo que le proporciona normalidad es el desayuno, el paraguas roto con el que sales a la lluvia, o tal vez que hoy te pongas los mismos calcetines de ayer, vagamente sucios. Me inclino a pensar que no existen los días normales. Es posible que tampoco exista la normalidad y esta represente solo una estrategia de las cosas especiales y raras para pasar inadvertidas, como si no les agradase que se hable de ellas. No hace mucho, con el propósito de cometer un disparate, y hacer algo rarísimo, me puse a planchar calcetines. Inexplicablemente, esta tonta maniobra, casi audaz, me pareció de una normalidad escalofriante, equivalente a cenar un huevo frito.
En mi triste vida ya había planchado sábanas, calzoncillos, corbatas, cuellos de camisa, cigarros, incluso dinero, y los calcetines no me aportaron nada extraordinario, sino una normalidad tirando a fría. Planchar siempre es planchar. Aunque las cosas cambian de un día para otro. Recuerdo cuando era habitual, entre parientes, prestarse el pañuelo, sonarse los mocos y devolvérselo a su dueño. No te quedaba la impresión de haber incurrido en una cochinada. Ser familia era eso. No sé si desde entonces también la familia ha cambiado, pero si mi tío, o mi prima, hoy me ofrecen su pañuelo porque acabo de estornudar, los mando a la mierda, con el debido respeto. Ahora que lo pienso, si estás en condiciones de mandar a la mierda a un pariente, tal vez sea que la familia no ha cambiado gran cosa, por suerte.
Pero si quitas la familia, todo lo demás evoluciona, no necesariamente en un sentido bueno. En una ocasión le oí contar a Martí Gómez, y por la radio, que la camaradería existente entre periodistas y futbolistas era una de las cosas que más habían cambiado. Cosas que antes resultaban normales, como hacer entrevistas en el vestuario, después de los partidos, ahora no se toleran. Para ilustrar la evolución, se refirió a una experiencia personal. Un domingo, después de un partido de fútbol memorable, Martí accedió al vestuario del equipo ganador para entrevistar a la estrella del encuentro. Por cortesía, el reportero quiso felicitarlo antes de lanzar las primeras preguntas, y le estrechó la mano tan pronto el delantero salió de la ducha, todavía un poco enjabonado. Cuando se dio cuenta, tal vez por efecto del vaho, Martí le estaba agarrando el pene y chocándole las cinco.
Existió un tiempo en el que me parecía que la normalidad se alcanzaba cuando te comprabas un coche. No me pregunten, simplemente me lo parecía. Después de una vida de privaciones, en las que no te privabas de nada, en especial con el dinero paterno, la normalidad se acomodaba en el minuto que sacabas el carné y, después de años conduciendo el coche de papi, tenías el tuyo propio. Curiosamente, pasado el tiempo, te gusta pensar que la normalidad solo regresará a tu vida cuando consigas deshacerte del vehículo. Por desgracia, es más difícil que comprarse uno. Estamos acorralados por esta clase de paradojas, como cuando el actor que interpreta al juez en ‘Murder’, de Hitchcock, sostiene que «la verdad resulta a veces más inverosímil que la ficción».
La idea de normalidad con la que nos organizamos, y en función de ella decimos, por ejemplo, que el viernes no fue un día del otro mundo, o que el miércoles te ocurrió algo extraordinario, rarísimo, tiene que ver con una mezcla de cosas buenas y cosas malas. A todos nos pasan continuamente cosas desagradables y placenteras, en una mezcla informe, sin una pauta. Un día normal es cuando no sabes si ha sido bueno o malo exactamente, y que a la vuelta de una semana apenas podrás recordar.

Si tuviese que citar un episodio de una normalidad tan exhaustiva que casi podrías cortarte con ella, en la que el horror y la belleza se confunden, hablaría de un noche de diciembre en la vida de Chet Baker. El artista contaba que cierto año, después del día de Navidad, se había emborrachado sin quererlo demasiado. Bebió sin atisbo de nostalgia en los gestos, que adoptaron ese modo de comportarse rutinario que parece que solo posean las señales horarias en la radio. Después de todo, tenía costumbre desde pequeñito. Tal vez por esa fe en los gestos comunes, acabó llevándose a una chica a casa. Fue el día más feliz y más triste de su vida, alegaba. Porque acabar con aquella mujer se pareció a la constatación de un milagro. Pero la noche tuvo su continuidad en la amargura. A oscuras en el dormitorio, Chet se deslizó apenas un minuto al cuarto de baño, y cuando regresó, su chica jadeaba y exclamaba «Oh, Chet, sí, sí», mientras el compañero de piso le hacía el amor, aprovechando que ella creía que era Baker.

El rey se hace un lifting - David Torres

El rey se hace un lifting - David Torres

El rey se ha hecho un lifting y se ha quedado igual. Es decir, que, a pesar de que se ha bajado un veinte por ciento del sueldo, la dotación para la Casa Real en los Presupuestos Generales del Estado para el 2015 sigue siendo de 7,7 millones de euros, la misma cantidad que el año pasado y la primera vez en cuatro años que no se reduce desde el comienzo de la crisis. Si a esto le sumamos, (perdón, quiero decir le restamos) el importe de las infantas (que teóricamente ya no pertenecen a la Familia Real), y los gastos en personal y bienes en servicios (que también han bajado lo suyo), pues no acabo de enterarme de cómo 7’7 millones menos 58.000 euros menos un montón de euros menos otro montón de euros, sigue dando 7’7 millones. Yo es que soy muy de letras puras. Que venga Montoro y me lo explique.
No, mejor que no me lo explique, porque ver a Montoro dando explicaciones sobre economía es como ver a Kiko Rivera hablando de astrofísica: los dos se piensan que los agujeros negros llevan bragas. Según la teoría de Montoro, en el big bang inicial, cuando el universo se puso en marcha, ya iba presupuestada la carretada de dinero negro de Bárcenas, los dos mil millones de euros de Botín y el despiporre en ceros a la derecha de los demás sospechosos habituales de la lista Falciani. Y además en España la riqueza ni se crea ni se destruye, pero siempre va a parar a Suiza, excepto a los Pujol, a quien les creció un universo paralelo en unos calcetienes que tenían en Andorra. Esto conviene no removerlo mucho porque la economía, como la astrofísica, es una ciencia harto especulativa, hasta el punto de que lo último es que, según una ecuación cuántica, el big bang pudo no tener lugar y el universo existiría desde siempre. Como España, que no sólo es una unidad de destino en lo universal, sino que además es una singularidad cósmica: abres una cuenta en Santander y te aparece en un banco de Ginebra.
Al parecer, el misterio matemático de las cuentas monárquicas se explica fácilmente porque hay un par de partidas que han aumentado muchísimo. Una, la de inversiones, que hará frente a la modernización tecnológica de la institución (cuesta mucho subir las fotos a la página web y, además, los borbones deben de ser los únicos a quienes les cobran por mantener cuentas abiertas en facebook y twitter). Dos, el fondo de contigencia, previsto para “necesidades inapelables de carácter no discrecional”, que es un sintagma que vete a saber lo que quiere decir, pero que era la excusa perfecta de mi tía Angustias cuando recalaba en la cartera de mi tío Humberto.
-¿Y para qué es ese dinero, Angustias?
-Necesidades inapelables de carácter no discrecional.
-Mira, si no me lo quieres decir, no me lo digas.
-No quieras saberlo, Humberto.

Ha sido una suerte que, después del lifting, el rey Felipe VI se haya quedado idéntico, porque se le podía haber quedado la cara de Uma Thurman después de pasar por el quirófano, que entró decidida a adoptar a un niño chino, se le fue la mano y se ha adoptado a sí misma. Menos mal, no habría manera de distinguirlo de Letizia.

martes, 10 de febrero de 2015

Era verdad: el dinero español vivía en Suiza - Fernando Ónega

Era verdad: el dinero español vivía en Suiza - Fernando Ónega

De vértigo. Mejor dicho: de escándalo. Así se puede calificar todo lo que está saliendo a la luz sobre la evasión fiscal en el extranjero y que deja pequeñísimo a Bárcenas, a las tarjetas negras de Caja Madrid y, si me apuran, al mismísimo clan Pujol y sus oscuras andanzas. Cuando se contabiliza el dinero evadido solo por los nombres que aparecen en la lista del HSBC revelados por Falciani, estamos hablando de 1.800 millones de euros. Pero el HSBC es solo una entidad bancaria. Faltan todas las demás entidades suizas. Faltan todos los paraísos fiscales que en el mundo existen. Y sabe Dios qué más falta.
Dice el ministro Cristóbal Montoro que las fortunas de esa lista ya se «sustanciaron» con Zapatero y que la única novedad está en la publicación de los nombres, ciertamente sugestivos: aquí saquearon España gentes de todo tipo y condición, de abogado para arriba. Y no es menos impresionante conocer del mismo Montoro la cantidad de evasores que han tenido que regularizarse por la nueva legislación sobre bienes y derechos en el extranjero: 88.000. Lo han leído bien: 88.000, que hay que sumar a la lista de Falciani. Ese es el número de españoles (quizá con más capital que Monedero) que optaron por confesarse ante Hacienda. ¿Son todos? Sospecho que no. Es de temer que solo se hayan regularizado los que se asustaron o no estaban muy seguros de su impunidad.
Tras conocer esos datos, es una gran verdad que el dinero español optó por vivir en paraísos fiscales. Abandonó el país en desbandada, sin que hubiera razones políticas de pánico para ello, como las puede haber ahora en Grecia. Salió simplemente para esconderse, crecer y sabe Dios desde qué orígenes, cuál era su procedencia y por qué no estaba controlado por Hacienda. El rumor popular y periodístico se ha quedado corto ante tamaña dimensión. Es muy probable que ahí haya desembocado dinero de la droga, de las mafias, de las comisiones, de la «honorable» delincuencia de cuello blanco.

Y ahora viene la explotación política. Alguien deberá explicar por qué se pide la comparecencia de Hervé Falciani en el Congreso y no se hizo cuando facilitó su lista a las autoridades. Más bien se le despreció, como si su información no estuviese contrastada o fuese fruto de su imaginación. Al mismo tiempo, anoten ustedes cómo Podemos da otra muestra de agilidad y se apresura a pedir la colaboración de ese hombre, porque le viene como anillo al dedo para seguir presentándose como el azote de la corrupción o con la esperanza de que así se olviden los manejos de Juan Carlos Monedero. Se abre la carrera para demostrar quién es más perseguidor de defraudadores. Espero que ese sea el detalle menor y no oculte la escandalosa realidad.

Hacer un griego - Ignacio Camacho

Hacer un griego - Ignacio Camacho

HASTA ahora se conocía por «hacer un griego» a cierta modalidad del catálogo prostibulario pero en el habla fresca y espasmódica de los jóvenes este sintagma palabra griega por cierto equivaldrá pronto a una variante de lo que vienen llamando un «simpa». Éste consistía en largarse de un bar o comercio sin abonar la factura, mientras la nueva usanza helénica consiste en rizar el rizo de no pagar y quedarse pidiendo más consumiciones por la cara. Al menos eso es lo que pretenden los syrizos en su chulería bizarra de salvapatrias con dinero ajeno: mantenerse en el club del euro sin intenciones de hacer frente a su deuda y con la mano tendida para recibir nuevos créditos. En el mercado convencional a cualquiera que intente algo así le ejecutan de inmediato un desahucio de manual pero la política tiene vericuetos complejos en los que las reglas se aplican de un modo elástico. Por ahora estamos en la fase de postureo, tensión aparente y danzas rituales de machos alfa; cuando empiece de verdad la negociación raro será que el tira y afloja termine con un embargo.
Tsipras y Varufakis no tienen un euro pero tienen un mapa. Su Gobierno juega con esas dos bazas: que su deuda es realmente impagable y que su país ocupa una delicada posición geoestratégica, incrustada entre los Balcanes y Turquía, demasiado cerca del tablero ucranio, demasiado sensible para abandonarla sin costes. La insolvencia les podría conducir a buscar socios poco recomendables y presionan con ese coqueteo. Syriza es un conglomerado de partidos de ultraizquierda que tienden a simpatizar con todo lo que huela a exsoviético. Su pulso no es contra los mercados financieros, que ya se fueron huyendo de sus bonos-chicharro, sino contra la UE de los Estados. Más que los memorandos de propuestas imposibles que han desplegado en las cancillerías, su mejor documento de convicción es un simple atlas de primer grado.
Pero si Europa cede hay un peligro cierto de implosión interna. La Unión ha perdido la cohesión política y sólo le queda la monetario-financiera. No puede abrir la mano en Grecia sin que los eurófobos de Le Pen extiendan la suya de inmediato. Y los demás miembros exigirían tarde o temprano la misma benevolencia; desde los socialcristianos de Italia a los conservadores de Portugalo de España, que se han comido tres años de ajustes muy ingratos. Merkel lo sabe. Lo que está en juego no es la austeridad ni el déficit sino el proyecto mismo de Europa. Su liderazgo.

La dialéctica va a ser larga. Habrá mucha cháchara mientras los ingenieros del monetarismo buscan fórmulas retóricas y mercantiles para mantener el statu quo sin una merma de prestigio que siente precedentes. Habrá «patada a seguir», como en el rugby, pero la intuición indica que vamos a palmar lo prestado y algo más. Y que ni aun así la Grecia del populismo descorbatado logrará evitar el descalabro. .

Educar - Ángela Vallvey

Educar - Ángela Vallvey

Datos inquietantes indican que aumenta el maltrato de hijos a padres. Afortunadamente, existe una gran conciencia social respecto a la violencia de género. La sociedad española ha hecho un esfuerzo de consenso y repudio hacia los casos de agresiones a mujeres, muchos de los cuales acaban tristemente en asesinato. Ahora, aunque por desgracia continúan produciéndose ataques brutales a mujeres, hemos conseguido que nadie tolere públicamente ni la más mínima insinuación o justificación del crimen feminicida. Se terminaron los chistes sobre «mi marido me pega lo normal»; nadie comenta ufano en el bar que mantiene «a raya a la parienta» y toda persona bien nacida desprecia al maltratador. Pero no existe el mismo acuerdo de repulsa respecto a la violencia que perpetran los hijos hacia sus progenitores (o sus abuelos): no hay un pacto social que desapruebe la brutalidad del joven sobre sus mayores. No existe un teléfono al que llamar para confesar con vergüenza que nuestro hijo nos pega, que golpea a sus padres (sobre todo a la madre). Porque estamos fallando en eso, en educar. Los padres tienen una responsabilidad ineludible con sus hijos: su deber es educarlos. No educar a un hijo es una manera de abandonarlo. Quizás hemos desertado de la obligación de aplicar el principio de autoridad con los niños, lo que no significa tiranizarlos, sino enseñarles la diferencia entre lo bueno y lo malo. Decirle a nuestro hijo qué está bien y qué está mal es algo sencillo y de necesario cumplimiento para los padres. Deberíamos recuperar el orgullo que tenían nuestros propios padres por la nobleza y la dignidad: por el respeto a los mayores. En la cultura china, ése es un principio sagrado. En la nuestra, se ha olvidado por completo. Quizás porque la educación es lo primero que se pierde cuando no se tiene.

domingo, 8 de febrero de 2015

Pensar con las nalgas - Isabel Vicente

Pensar con las nalgas - Isabel Vicente

Mira qué bien. Las mujeres que tienen el culo grande son más listas, mejores en el sexo, más longevas, y sus partos son más fáciles. Esto ya lo debían saber los hombres prehistóricos cuando plasmaban sus venus regordetas como símbolo de fertilidad, pero lo han venido a confirmar científicos de la Universidad de Pittsburg que llevan años estudiando estas cosas y que han comprobado, aseguran, los beneficios de acumular grasa en los glúteos. Y no lo dicen solo las mentes pensantes de Pittsburg. También en Oxford, Harvard y California se han realizado estudios similares que concluyen que, a más grasa en las nalgas, menos propensión a la diabetes y menos colesterol. Tanto tiempo haciendo régimen para esto... Y no es solo que las mujeres con caderas anchas sean más inteligentes, sino que sus hijos también lo son porque el desarrollo del cerebro del bebé dependería en parte de las grasas acumuladas en los glúteos y en los muslos de la madre que son ricas en ácido docosahexaenoico, un componente, al parecer, muy importante para el cerebro humano.

Ver esto e irme al espejo ha sido todo uno. Y no. Tan contenta que andaba yo por gastar una 40 de pantalón y resulta que he condenado a mis hijos a tener un mediocre coeficiente intelectual. Y encima, la grasa que sí nos sobra a algunas, que es la que se acumula en la cintura, no vale para nada, ni te hace más inteligente ni más sexy ni te ayuda a prevenir la diabetes. Lo que no acabo de entender es por qué si las piernas y los glúteos gordezuelos son tan importantes para el desarrollo cerebral del bebé, se puso mi ginecólogo como una fiera cuando engordé 14 kilos en mi último embarazo. Para una vez que mi trasero se parecía al de Jennifer López... Y no es porque mi ginecólogo anduviera por el pleistoceno cuando yo di a luz, porque a una compañera que acaba de tener una niña la matrona también la ha mantenido a raya con lo de los kilos y con nueve meses tenía las mismas piernas de palillo que antes de quedarse embarazada. En cualquier caso, por fin las mujeres mortales podemos sentir pena por las modelos que, dada su constitución, deben ser todas bobas y un desastre en la cama además de tener hijos tontitos y el colesterol por la nubes, si es que vamos a hacer caso a los científicos de Pittsburgh. Solo tengo una duda: si realmente hubiera una relación entre el tamaño del culo y el desarrollo cerebral, los hijos de Kim Kardashian debería ser, como poco, genios como Stephen Hawking, por no hablar de la progenie de mi vecina Luisa que no encuentra pantalones de su talla y cuyos hijos -que me perdone si lee esto- se parecen peligrosamente a Homer Simpson.

«Running» - Alfonso Ussía

«Running» - Alfonso Ussía

El «running» es peligroso. Antes que todo, es una tontería. La naturaleza ha dotado al hombre con la capacidad de correr, siempre que la carrera tenga un sentido. Correr para adelgazar es propio de seres descontrolados. Un hombre que para mantenerse en forma necesita de los desplazamientos alocados, acertaría plenamente si cuidara más sus dietas alimenticias. Por otra parte, nadie ha podido demostrar que mantenerse en forma sea saludable. La forma viaja con la edad. Según Mauritius Parva-Langdom, a los ochenta años la buena forma consiste en no dar la lata a los demás. Esas gentes que se cuidan hasta extremos obsesivos y superan el siglo de vida dejan un mal recuerdo familiar. La vida nos ofrece muchas opciones de deterioro que cumplen rigurosamente con su objetivo. No fumar, no beber, no leer, no abusar de las fogaradas primaverales, no trasnochar y todas esas recomendaciones absurdas, pueden ayudar, en efecto, a la prolongación de la existencia. Pero esa prolongación vital está sometida a la paciencia y la resignación de quienes rodean al prolongado, de tal modo, que a su muerte, en lugar de tristeza procuran alivio y hasta jolgorio. Mantenerse en forma es una manera de llevar el egoísmo hasta extremos groseros. – ¿Cómo está usted?-; - como mi edad-. He aquí la respuesta de un hombre bien educado.

Un estudio, recientemente publicado, advierte que más de tres horas a la semana de «running» pueden precipitar el tránsito a la otra vida de sus practicantes. Antaño, a eso que ahora se le dice «running» se le llamaba correr. El mero hecho de correr sin huir de nada ni de nadie, pasó a denominarse «footing». Del «footing» pasó al «jogging», y el «jogging» derivó en «running».

Se trata de lo mismo. Como si hacer el amor pasara de moda, pero no el «polving», el «forniking» y definitivamente el «chinguing». Con los setenta cumplidos, un «running» seguido de un «chinguing» y coronado por un «drinkisotoning» supone un reto a la naturaleza de tal envergadura, que la naturaleza no acostumbra a permitirlo. Y más, si el corredor se ha sometido a un trasplante capilar y la corredora ha destrozado su estética con un generoso abultamiento en los labios.

Sufrir para aparentar menos años de los que se han cumplido no tiene otro objetivo que el de la mentira. –Es impresionante, ahí donde lo ves, fíjate bien, tiene ochenta y tres años y a las siete de la mañana ya se ha corrido dos veces el perímetro del Retiro. Es un «runner» admirable-;-pues que bien, muy interesante-.

Deploro el espectáculo de los corredores. Esos ojos perdidos, esos chándales carmesíes, esa mirada de ansiedad vacía, ese cambio brusco de la línea que procura el atropello por parte del practicante de «bicycling», nada tienen que ver con el desarrollo de la inteligencia y la evolución de la especie. El esplendor de la juventud abre el camino, cuando la juventud queda atrás, a la delicia de lo que siempre sienta mal. Los médicos son partidarios de prohibir lo que sienta mal, que es lo bueno, y recomendar lo que sienta bien, que es un tostón. A cuantos más convenzan y atemoricen, más durarán sus pacientes clientelas. No piensan en el ánimo, que no dominan. –Usted tiene que dejar de fumar, dejar de beber, no comer sal y hacer dos horas diarias de ejercicio-; -gracias, doctor, es un usted un médico buenísimo, pero no me sirve. Usted quiere sanar mi cuerpo a costa de mi ánimo. Y no-.

El hombre bien educado y mejor leído se entrega sin reservas a la naturaleza. Un mundo exclusivamente habitado por gentes que se mantienen en forma, sería lo más parecido al infierno. Correr, hacer «jogging», «footing» o «running» por el mero hecho de tener tabletas va contra la grandiosa condición del ser humano. Ese que nace, piensa, ríe, se deteriora y muere siguiendo las educadas pautas que establece la pasajera vida de este mundo.

sábado, 7 de febrero de 2015

Una hija y su padre - Salvador Sostres

Una hija y su padre - Salvador Sostres

Un lamentable estudio de la Universidad de Boston defiende que el uso frecuente de tablets y smartphones por parte de menores de entre uno y tres años puede afectar a su cerebro y sus capacidades de desarrollo "social y emocional". 

Es falso.

Es falso. Es rotundamente falso. Es una mentira intolerable y un cliché más de la corrección política, que es el peor cáncer contra cualquier indicio de inteligencia y de cordura.

El desarrollo de las capacidades de un niño no depende de las horas que juegue con su tableta. Depende de sus propias condiciones y de cómo sean y se relacione sus padres. Genética y grupo, como diría Arcadi.

Las aptitudes sociales de mi hija, y su asombrosa madurez emotiva, han sido perfectamente compatibles con ver todas las veces que ha querido sus vídeos preferidos en "su" -se apoderó de él sin que supiéramos discutírselo- iPad; y es así porque ella tiene esta disposición natural y porque sus padres hemos estado con ella todo el tiempo que hemos podido. Jugando con ella, revolcándonos con ella, yendo al parque con ella, acudiendo a los restaurantes con ella y enseñándole desde pequeña el gusto por este mundo fascinante; y también porque sus abuelos, mis padres y mis suegros, han jugado con ella de un modo amoroso e inteligente, mostrándoles lo que saben, llevándola al teatro, contándole cuentos, enseñándole el nombre de los árboles y de las flores y de las frutas y verduras del huerto.

En lugar de estar redactando estúpidos informes victimistas, en lugar de hacernos los pobrecitos frente a las maquinitas, en lugar de acabar llamando "inteligente" a un teléfono, hemos estado con ella, hemos movido nuestro centro de gravedad hasta el suyo, y aunque a veces hay que reñirla, y a veces tiene que llorar para aprender los límites y no siempre entiende a la primera el porqué de lo que no le permitimos, ahí está valiente ante la vida, y ahí estamos con ella, y ella con su iPad y con sus muñecos, sus canciones inventadas, your poems and my poems, our old private joke.

No se trata, no, del tiempo que tu hija pasa concentrada en su o tu tableta. Se trata del tiempo que pasa contigo, se trata de tu imaginación y de su mundo, de su fantasía y tu templanza para administrarla. Se trata, como siempre se ha tratado, de un padre y de una hija, y nada es más importante, y nadie más tiene la culpa, y así ha sido y así será siempre pese a los montones de estudios que quieran desmentirlo.

Todo está en nosotros, en nuestro amor y en nuestra audacia, en lo que somos capaces de transmitir, y en lo que antes de nacer le transmitimos con nuestra genética. No nos podemos esconder como cobardes detrás de una tableta, ni exigir un horario infantil en la televisión, como si fuera Paolo Vasile quien tuviera que educar a tus hijos. ¿Qué es esta rendición? ¿Dónde está tu compromiso? ¿Desde esta debilidad piensas educar a tu hijo?

Hay que estar. Estar del derecho y del revés, haciendo el payaso y reprimiendo, ayudándola en su esfuerzo por ser buena y libre, y llorando del terror de poder perderla cuando no te ve. Hay que estar como primera y última línea de defensa, a la entrada y a la salida del colegio, en los grandísimos momentos de descubrimiento, en las lentas rutinas de cada día que dan sentido a nuestras vidas.

Y luego, si está una o dos horas con su iPad, si ve quinientas veces un mismo vídeo de tres minutos o si algunas tardes de sábado o de domingo se sienta con nosotros a mirar películas que no entiende, eso nunca será un problema salvo para quienes vivan de escribir sandeces sobre la paternidad responsable, muy probablemente sin tener hijos.

Hace un par de semanas, viendo una del Oeste, me preguntó:

-¿Quienes son los malos, papi?
-Los indios -le respondí.
-¿Por qué?
-Porque no creen en Dios.

Y el domingo viendo en las noticias la kermés de Podemos en Sol, por el aspecto y los gritos de la turba, los asoció a los indios y me dijo:

-Estos son los malos, papi.
-¿Por qué, hija?
-Porque no creen en Dios.


No tengáis miedo. The grace of God is might. Somos los buenos. Vamos a ganar.

viernes, 6 de febrero de 2015

Hambre - Manuel Jabois

Hambre - Manuel Jabois

Acostumbro a comer dos días a la semana cerca del trabajo, seleccionando con cuidado el restaurante por el tamaño de la mesa y la disposición de la clientela, así como su estatus social o lo que quedó de él. No me gusta chirriar en ningún sitio, así que procuro mimetizarme en el ambiente, y como quiera que yo me siento a la una y cuarto, frecuento bares palilleros de pocas charlas, porque el pueblo humilde come en silencio y sabe, como yo sé, que todo está dicho desde los griegos. El silencio permite oír de lejos las voces del Telexornal, el ruido de la cuchara al caer sobre el plato cuando se acaba la sopa, que se interpreta en la barra como la campana de salida de la merluza, y los pasos rápidos de camareros de otro tiempo yendo y viniendo; esos camareros viejos que siempre me recuerdan a aquellos versos de Sabina sobre uno al que preguntaron si había estado enamorado y contestó: “Yo no, señor; yo siempre fui camarero”. En esos lugares no se come bien, o no todo lo bien que se puede comer por el mundo adelante, pero sí se come mucho y a uno no le interrumpen para preguntar si está todo al gusto, que a veces dan ganas de contestar: “Y a usted qué le importa”. Son sitios en los que cuando uno acaba de comer medio kilo de churrasco sale de repente de la cocina una anciana en mandil y zuecos para preguntar: “Filliño, ¿queres máis?”, y sin esperar respuesta trae un plato aún mayor porque no hay pecado más mortal para una abuela gallega que no dejar a un joven al borde de la embolia. Y yo no es que coma en grandes excesos, pero necesito tiempo para acabar de leer los periódicos. Estas cosas ya digo que las agradezco porque la hora de la comida es la hora más feliz de mi vida. La preparo con el orden militar con el que preparaba Camilo José Cela las siestas. Quiero decir que apago el móvil, dispongo el agua y el pan en posición de ataque, desabrocho el pantalón bajo la camisa y despliego los periódicos del día con la misma energía que Napoleón, trazando con una línea invisible las batallas diarias, apuntando en rojo las lecturas provechosas y descartando aquellas que anticipan mala digestión, y acabo sonriéndome como un bárbaro, casi pintándome la cara con salsa, mientras hago crujir con los dientes el currusco como si estuviese triturando ya los huesos del enemigo.

El amor que vendrá - Salvador Sostres

El amor que vendrá - Salvador Sostres

Baeta se va con Pedrojota igual que Gistau se fue al ABC y Jabois a El País. Zozobra en nuestra redacción, porque los periodistas no tienen mentalidad de empresarios. Es un magnífico elogio que todos vengan a fichar a EL MUNDO. Será que algo hacemos bien. Y muy bien. Y mejor que los demás. Cuando Gistau se fue nos inventamos a Jabois, y cuando Jabois se ha marchado nos hemos inventado a Bustos. EL MUNDO es al periodismo lo que La Masia del Barça es al fútbol. Siempre más jóvenes, nunca redundantes. El día que Bustos empezó a escribir con nosotros le llamé: "Ya estás más cerca de que te fiche ABC".

EL MUNDO es el único periódico creativo, el único que arriesga, y tal como El País fichó en su día al anterior director de elmundo.es, Gumersindo Lafuente, ahora Pedrojota se lleva al extraordinario periodista que es Fernando Baeta, querido amigo mío y a quien tanto debo. Sólo puedo desearle suerte, y estoy convencido de que EL MUNDO sabrá forjar a un nuevo director de la web al que dentro de pocos años todos los demás periódicos querrán fichar.

Somos el único proyecto genuinamente periodístico del panorama mediático español entre tanto sectarismo ideológico. Puede que EL MUNDO no te guste, e incluso que digas que no nos leas nunca, pero gracias a nuestro periódico eres un ciudadano menos indefenso y más libre. Por eso todos vienen a pescar a la avenida de San Luis y nosotros nunca nos cansamos de inventar: porque nuestra característica es apostar por el talento, y darlo a conocer, y mejorar no sólo nuestra oferta sino la calidad del periodismo en general.

Las actuales estrellas mediáticas de los principales periódicos nacionales son todas hallazgos de EL MUNDO: desde Pedrojota hasta Baeta, desde Gistau hasta Jabois. Cuando durante el día de hoy Casimiro nombre al nuevo director de elmundo.es, El País y ABC sabrán a quién tendrán que fichar si quieren que parezca al fin creíble su apuesta digital.

Siempre es triste cuando alguien se va y yo llevaré para siempre a Pedrojota y a Baeta en el corazón: por profunda admiración y también por cómo me defendieron cuando muchos de mis cariñosos compañeros firmaban cartas para que me echaran del periódico porque, igual que hoy, no comprendían que lo que nos hace invencibles es el talento, la libertad y el valor. Y el amor, y el amor.


El próximo genio al que vamos a lanzar se llama Ignacio Peyró

miércoles, 4 de febrero de 2015

Innovación, un órdago al cáncer - Luis Cortina

Innovación, un órdago al cáncer - Luis Cortina

EL CÁNCER es una enfermedad que se asocia al siglo XX y XXI, pero existe desde hace miles de años. En 1998, el estudio de un fósil de dinosaurio reveló que estos animales ya padecían tumores malignos. Bien es cierto que hoy su incidencia es infinitamente mayor, tanto, que se ha convertido en una de las epidemias de nuestros días. Según la Organización Mundial de la Salud, el cáncer es la principal causa de muerte a escala mundial y la segunda en España. Es más, se estima que durante este año se diagnosticarán 220.000 nuevos casos sólo en nuestro país. Hemos avanzado mucho, pero aún queda demasiado camino por recorrer. En 20 años, el cáncer será una enfermedad crónica. El objetivo es que sea curable.
El avance de la ciencia ha permitido esclarecer las causas de esta enfermedad, que engloba más de 200 patologías. Desde el envejecimiento de la población, pasando por un estilo de vida cada vez más sedentario, hasta el consumo de tabaco y alcohol o una dieta inadecuada, alta en azúcares y grasas saturadas, y escasa en vegetales. Son muchos los estudios que señalan que un cambio en esas costumbres ayudaría a prevenir muchos de los tumores.
Pero si ha habido un aspecto que ha demostrado ser decisivo, es el diagnóstico precoz. Detectar un cáncer a tiempo, marca una enorme diferencia en el pronóstico de la enfermedad, aumentando notablemente las posibilidades de superarla. La tecnología ha jugado un papel determinante en este sentido y ha revolucionado no sólo la forma de prever las enfermedades, sino también su seguimiento. A día de hoy, por ejemplo, los equipos de imagen o de laboratorio permiten, además de identificar la lesión, monitorizar de manera muy estrecha su evolución. Tanto es así que los especialistas pueden adaptar o cambiar la terapia sobre la marcha, sin necesidad de esperar un tiempo muy valioso en estos casos. Es, por tanto, uno de los máximos exponentes de la medicina personalizada.
Afortunadamente, el desarrollo tecnológico ha caminado en paralelo en hardware y software. Las herramientas de post procesado de imágenes dotan a los equipos de una inteligencia muy superior a la que podíamos imaginar no hace demasiado tiempo. Gracias a estos desarrollos, es posible monitorizar y hacer previsiones de la evolución de las lesiones como nunca hasta ahora. Son, qué duda cabe, herramientas de enorme valor que ayudan a los especialistas a tomar las mejores decisiones terapéuticas y que impactan, de forma decisiva, en la calidad de vida de los pacientes.
DE ESTA manera, parece claro que buscar una solución temprana es imprescindible. Pero este no es el único reto al que nos enfrentamos. La tecnología del diagnóstico por la imagen ha convivido durante muchos años con la problemática de la emisión de radiación. Los esfuerzos del sector por abordarlo han sido tales que, a día de hoy, las dosis se han reducido enormemente. La transcendencia de los avances va mucho más allá del incremento notable de la seguridad de los pacientes y los profesionales. El hecho de que Estados Unidos haya aprobado la puesta en marcha de un programa nacional de cribado de cáncer de pulmón con TAC responde básicamente a que hoy es posible hacer una prueba con este equipo con la misma dosis de radiación que emite un estudio de placa simple de tórax (0,06 milisievert) o dicho de otra manera, dos radiografías. Hasta hace muy poco, tan sólo podíamos hablar de screening en cáncer de mama. El éxito de éste es tan rotundo -las probabilidades de curación de los que se detectan en su estadio más precoz son prácticamente del 100%- que la esperanza de conseguir algo parecido en otros tipos de tumores es inevitable.
Por todo esto, es esencial frenar la obsolescencia tecnológica que están padeciendo nuestros hospitales. El 28% de los dispositivos tiene más de 10 años, y esto es algo que, lamentablemente, podría pasar factura a la calidad de nuestro sistema sanitario y, por supuesto, a su sostenibilidad. En España, el cáncer supone unos 8.000 millones de euros al año.
HOY DISPONEMOS de los ingredientes necesarios: especialistas de un altísimo nivel y la tecnología que les permite detectar nuevos casos de forma temprana y monitorizarlos para asegurarles el mejor tratamiento. La suma de ambos aumentará, sin duda, la calidad de nuestra Sanidad. La inversión en I+D es esencial, como también lo es la apuesta por la Innovación. Porque esa I, por pequeña que parezca, ayudará a reducir la tasa de mortalidad y a aumentar la de curación del cáncer.

Luis Cortina es consejero delegadode Siemens Healthcare España.

martes, 3 de febrero de 2015

Mi hijo me pega - Marta Robles

Mi hijo me pega - Marta Robles

Nada más duro que reconocer que un hijo, el ser al que más amamos, nos respeta tan poco y nos odia tanto como para llegar a ponernos la mano encima. Pero más duro aún es denunciar sus conductas, reconocer públicamente su error y pensar que los estamos desprotegiendo. Pero ¿no será que, si no lo hacemos, los protegemos, equivocadamente, demasiado?Algunos psicólogos defienden que la sobreprotección de los padres, cuando es exagerada, puede llegar a convertirse en una forma de maltrato que les incapacite para decidir? Y yo añado que, además, que puede acabar convirtiéndoles en unos maltratadores y en unos tiranos.

En 2013, la Fiscalía General del Estado abrió 4.569 expedientes por violencia ejercida por menores hacia sus propios padres. Y casi con total seguridad, existen muchos más casos que jamás se llegarán a conocer. Los padres a veces pensamos que, por amor, debemos soportar cualquier comportamiento indigno y hasta malvado de nuestros hijos y olvidamos que, en la educación que les demos, irán sus valores y la capacidad de gestionar su futuro. Los jóvenes dictadores suelen emerger de un entorno donde no hay límites definidos, ni reglas adecuadas para enfrentarse al día a día. Son muchos los progenitores que prefieren sobreproteger a sus hijos hasta el extremo de ocultar sus errores o incluso hacer como si no los vieran. Y, al final, lo que consiguen con esa actitud, es que sus hijos tengan resistencia cero a la frustración.

El último abrazo - Tino Pertierra

El último abrazo - Tino Pertierra

Martín: "Sé que hay muchas familias en las que el contacto físico es habitual. Incluso, a veces, excesivo para mi gusto un tanto pudoroso. Padres e hijos que se abrazan y se besan varias veces al día, cada vez que se ven, sin más motivo que sentirse cerca y mostrar su cariño de forma natural y espontánea en muchos casos. O rutinariamente en otros, que de todo hay en la viña hipócrita del señor.
En mi familia ocurría todo lo contrario. Mis padres habían tenido una infancia en la que las muestras de afecto eran escasas, por no decir inexistentes, y esa ausencia de lenguaje epidérmico les hizo ser, a su vez, muy poco dados a la proximidad física conmigo y con mis hermanas. No es que no nos quisieran, claro está, simplemente no les salía demostrarlo físicamente.
Sin embargo, eso mismo, que se puede considerar una carencia importante, una especie de traba emocional, se convirtió al final en el caso de mi padre en la razón de que viviéramos juntos uno de los momentos más extraordinarios de nuestras vidas. Y cuando digo extraordinarios no hablo de felicidad. El más emotivo, eso sin duda. Cuando los médicos nos comunicaron ya sin titubeos que el desenlace fatal era inminente y que sus 'nosecuántos' paquetes diarios de cigarrillos le pasarían la última factura en cuestión de horas, fui a despedirle a su habitación. Estaba tranquilo, como siempre, y como siempre me recibió con esa media sonrisa que era mezcla de ironía, cariño y mala uva defensiva. Más irónica si cabe en esos momentos últimos, y también más cariñosa, sin tanto poso de irritación como a veces le supuraba la memoria de un hombre al que amputaron su infancia en una aldea maldita.

Estábamos solos y ninguno de los dos sabía qué decir. Ni qué hacer. Entonces extendió la mano derecha, y cuando se la estreché tiró de mí y me abrazó con sus últimas fuerzas. Con su último aliento, nunca peor dicho. En ese abrazo de varios minutos, llorando sin lágrimas, nos dijimos sin palabras todo lo que siempre habíamos callado, todo lo que sentíamos, todo lo que necesitábamos saber".

lunes, 2 de febrero de 2015

Crédito para «el pringao» - Ángela Vallvey

Crédito para «el pringao» - Ángela Vallvey

El dinero está barato. El BCE da más manguerazos que en el jardín de la Teletienda. Quizás el probo funcionario obtenga préstamos bancarios para pagar el pisito de su hija, joven trescientoseurista empeñada en casarse. Pero al autónomo –«pringao» por excelencia, carne de cañón tributaria españolita–, no le dan crédito ni en los ultramarinos de su tía Luisa.

El autónomo se dirige al banco/caja a pedir cien mil euros para pagar su local, una hipoteca sobre una vivienda o el boquete que le ha dejado Hacienda después de una escalofriante inspección, y lo reciben en la entidad bancaria con una chirigota. Lo saludan con un corte de mangas en la puerta. De hecho, el corte de mangas debería instituirse como saludo oficial para los autónomos de España.

Le solicitan «toda» su documentación personal, lo que incluye cédula de bautismo de la bisabuela, talla de sujetador de su examante, certificado de penales del hijo pequeño (que hizo la comunión el pasado abril), y una encuesta entre sus vecinos del barrio evaluando del 1 al 10 sus cualidades bailando zumba. El autónomo-pringao, que no se gana mal la vida a pesar de la mala vida de hoy, cumple con los requisitos solicitados. Cuando logra todos los documentos exigidos, al año de haber solicitado el crédito, le responden que, al ser autónomo, «tiene mucho riesgo», que ponga de avalista a su madre, jubilada con una pensión no contributiva de 250 euros. Y se lo dicen los mismos que, hace 7 años, le rogaban arrodillados que se endeudara. Los mismos a los que los españoles les hemos regalado, dolorosamente, 108.000 millones de euros para «sanear el sistema»...

Señor Draghi: más le valdría «comprar la deuda» de los contribuyentes uno por uno en vez de seguir cebando a unas insaciables entidades bancarias que piden pero nunca prestan.

¿Terminar de estudiar y trabajar? - Marta Robles

¿Terminar de estudiar y trabajar? - Marta Robles

Dicen las estadísticas que ahora los jóvenes abandonan menos los estudios superiores. No revisaré porcentajes ni convertiré en cifras los rostros adolescentes y granulados de tantos chicos que antes, por circunstancias diversas, se alejaban de ese camino del conocimiento, sin saber que cercenaban en buena medida sus posibilidades de futuro. Es tan difícil ser juicioso cuando la vida te ofrece un abanico de ilusiones para elegir. Y es en la juventud, en ese tiempo sin arrugas ni cicatrices, cuando cada día parece una cola de pavo desplegada en la que, pluma a pluma, se escribe un sueño por cumplir. No es raro que más de uno se quede pegado al espejismo y descuide la dura tarea diaria. De entre ellos, alguno, cómo no, le pegó un revés a las expectativas y encontró igual destino o incluso mejor que otros que estudiaron y se esforzaron para conseguirlo...; pero muchos, pasado el tiempo de colores, se dieron cuenta de que su mundo quedaba reducido a la resignación. Al parecer, ahora son menos quienes se encuentran en ese callejón del arrepentimiento en el que tan mal se vive... Sólo que, por desgracia, algunos no entran en él, no porque la voluntad empuje sus aptitudes, sino porque la vida no les deja espacio ni para desmandarse. Antes, el que abandonaba sus estudios, se ponía a trabajar. Y cierto, igual no era el mejor trabajo..., pero trabajaba. Ahora eso es pura utopía. ¿Trabajar si no se estudia? ¿Terminar de estudiar y trabajar? Casi parece Ciencia Ficción.

Ojalá estos años difíciles se vayan escurriendo pronto y lleguen otros en los que una noticia como esta implique sólo responsabilidad y no, pese a los optimistas mensajes políticos, algo de desesperanza...

Piropos e insultos - Alfonso Ussía

Piropos e insultos - Alfonso Ussía

El feminismo, en su versión de enfermedad incurable, rechaza el piropo y abomina del piropo. De esas menudencias se ocupa. No salgo de mi asombro. La nada simpática Brigitte Bardot resumió recientemente lo que tantos españoles no hemos sabido ni columbrar. El deterioro de España. «Ha cambiado mucho España. Hace cuarenta años, sus hombres eran encantadores y regalaban a las mujeres “pigopos” muy divertidos e ingeniosos. Pero han desaparecido esos hombres y ya no dicen “pigopos” a las mujeres. España ha cambiado». ¿No se ha parado a pensar la rubia Brigitte Bardot que la que ha cambiado en cuarenta años, probablemente, ha sido ella?

El piropo, dicho sea de paso, es una tontería. Pero no un agravio. Puede ser desagradable si se ciñe a la grosería, el tópico y el lugar común. Pero también hay piropos oportunos y estallados de ingenio. Y no siempre son las mujeres las receptoras de un piropo emitido con perversa intención. Los hay que se resumen en el más burdo y arañado insulto. Fue Rafael Neville, hijo de Edgar, uno de los primeros españoles que se atrevió a salir del armario con todas las consecuencias. Le aplicaron en más de una ocasión la ley de Vagos y Maleantes, que no tuvo su origen en el franquismo, sino en la Segunda República. Rafaelito Neville, como era familiar y amistosamente llamado, paseaba con un movimiento cular desmesurado cuando pasó bajo un andamio en el que trabajaban dos albañiles dados al desahogo grosero. Y se oyó la voz de uno de ellos: –¡Adiós, maricón!–. La respuesta del insultado no se hizo esperar: –¡Adiós, Arquitecto!–.

El piropo procaz, el piropo espontáneo, el piropo excesivamente elaborado, el piropo de amor declarado o el piropo insultante. Piropo, al fin y al cabo, es todo aquello que se dedica a quien no se espera una frase pronunciada en público a favor o en contra de su persona. Se recuerda el grito piropero de una marquesa republicana al piropeado Manuel Azaña: –¡Presidente, guapo!–. Nadie se lo había dicho en sesenta años. Gloria Fuertes recordaba, siempre entre risas, el piropo que más le había emocionado oír. Se dirigió a un taxista en Sevilla para preguntarle por el camino a seguir para llegar a la calle San Fernando. El taxista se lo indicó: –Por ahí, todo recto, colibrí–. Eso es un piropo, no el insulto ni la benedicencia elaborada. Mi nariz no es precisamente una chincheta. Se dibuja perfectamente y con excesivo protagonismo. En un bar de Bilbao, el camarero esperaba mi decisión copera. Dudaba entre una cerveza y un jerez. Algo cansado de esperar, me preguntó: «¿Ya te has decidido, chato?». Se lo agradecí con hondura y sinceridad.

A una mujer poderosa de pecho no se le pueden mentar sus domingas, porque el piropo pasa a ser una vulgaridad descriptiva. Es obligado alabar sus tobillos. «Benditos esos tobillos, tan finos y lo que sostienen». Mujeres –con preferencia y mucha distancia de ventaja–, y hombres han disfrutado o padecido del ingenio o la vulgaridad callejera. Me lo decía Manolo, mítico portero del Hotel Velázquez de los años setenta.

–Lo mejor que me ha pasado. Un extranjero se ha subido a un taxi. He ido a cerrarle la puerta y con gran emoción se ha dirigido a mí: «Muchas gracias, Almirante»–.

Se ha perdido la costumbre del piropo, y lo poco que queda no merece la pena. De improviso, explosiona el talento popular, como lo hace el azahar en los naranjos de Sevilla, que no anuncian. Pero de una forma o de otra, perder el tiempo con feminismos enfermizos no lleva a puerto alguno. Si el piropo es oportuno, gracias. Si no es oportuno y se convierte en insulto, sus muertos. Y nada más.

domingo, 1 de febrero de 2015

Preguntas para enamorarse - Isabel Vicente

Preguntas para enamorarse - Isabel  Vicente

¿Saben que los hombres que se hacen muchos selfies son propensos a ser psicópatas? ¿Y que los amantes del reggaeton son un 20% menos inteligentes que la media? Pues eso afirman desde la Universidad de Ohio en el caso de lo de las fotitos con el móvil y desde la Universidad Bamako (Malí) en lo de la música machacona.
Reconozco que me apasionan los delirantes estudios que alguien se molesta en hacer por las universidades e institutos del mundo. ¿Cómo ser indiferente a ese informe de una científica alemana que ha llegado a la conclusión de que los hombres que miren un par de tetas al día durante 10 minutos pueden llegar a vivir hasta cinco años más? O ese otro de una universidad de Canadá que ha comprobado que es imposible que exista amistad entre hombres y mujeres debido a que a los varones se les hace complicado no sentir atracción por las féminas. O uno de la Universidad de Florida en Gainesville que ha descubierto cómo las aves perdieron el pene... Son geniales. Esta semana leía otro fantástico: la confirmación de que si una pareja se intercambia las 36 preguntas de un cuestionario y luego se mira a los ojos durante cuatro minutos, tiene muchas posibilidades de enamorarse. Es un estudio de hace más de una década del psicólogo Arthur Aron, que se ha puesto de actualidad porque dicen que funciona por el vínculo emocional que surge cuando dos personas mantienen una charla íntima. Hasta ahí, parece lógico. Lo que no acabo de entender es por qué 36 preguntas y no 29 ó 45, ni el contenido de algunas de las cuestiones. Así, por ejemplo, hay que preguntarle al otro si se le ha pasado por la cabeza cómo va a morir, o cuándo fue la última vez que cantó para sí mismo. Otras son peliagudas, como cuál es la relación con su madre o cuál es su peor recuerdo, aunque en su mayoría van encaminadas a soltarse y no es raro imaginar que después de contarle a un desconocido lo que piensas del amor y de la amistad, tu relación con la familia, tus aspiraciones, tus gustos y tus temores delante de una taza de café con leche, acabes estableciendo un vínculo emocional o saliendo disparatado para no verte más.

Yo, por si las moscas, voy a imprimirme el listado de las preguntitas y a ver qué pasa, aunque tengo que ver cómo me hago una chuleta porque, aun entendiendo el objetivo de la prueba, lo de sentarte delante de alguien para enamorarte e ir tachando preguntas como si estuvieras haciendo la compra en el súper, me parece el anticlímax, pero ¿quién sabe? Habrá que dar un voto de confianza a los científicos que dedican años a estas cosas aunque nos parezca ridículo tener que mirarse a los ojos durante cuatro minutos porque lo diga un estudio.