miércoles, 27 de agosto de 2014

Grasa en la cintura - José Luis Alvite

Grasa en la cintura - José Luis Alvite
Con motivo de la espectacular aglomeración humana de los «indignados», estos días se escucha hablar mucho sobre que en realidad esas concentraciones pudieran tratarse de un movimiento callejero sin calado intelectual, una reacción casi adolescente, todo insensatez, furia y gimnasia, condenado de antemano al fracaso una vez que sobre la pulsión asamblearia pase en tropel el tiempo y el peso de la cruda realidad devuelva a su sitio tanto entusiasmo, como si lo que ocurre no fuese otra cosa que una pasajera explosión hormonal. ¿Habría sido mejor que todos esos jóvenes consumiesen el tiempo y la esperanza en los botellódromos que, a saber con qué intenciones anestésicas, les ofrece el Poder? Es verdad que en la vida de un hombre la juventud es un periodo corto de tiempo que tarde o temprano desemboca en la horrible desgracia de la cruda sensatez y que muchas de las ilusiones de esos años dorados se malogran precisamente por culpa de que con el paso de los años los seres humanos deploramos los valores del impulso, nos volvemos cartesianos y caemos en la cuenta de que de todas las ideas que se nos suben a la cabeza, sólo tienen verdadero valor aquellas que estuvieron antes en el estómago. Si se hiciese un estudio al respecto, se vería que respecto del tipo lírico, revolucionario y soñador, el hombre burgués pesa una media de diez kilos más y sueña vivir con la holgura que se necesita para que pueda permitirse el lujo de pasar hambre por prescripción facultativa. Uno le echa un vistazo a los portavoces asamblearios de Puerta del Sol, observa su delgadez casi ojival, los compara con sus padres y se pregunta a sí mismo cuál es la razón por la que con el paso del tiempo la conciencia degenera en intereses y por un extraño metabolismo el pundonor se amontona como grasa en la cintura. ¿Cuál es el proceso bioquímico que determina la evolución del pensamiento político y de la ética humana? Yo no lo sé, como es obvio, pero sospecho que el único error verdaderamente grave e irreversible de la juventud es la vejez. Puede ser que con el paso de los años muchos de esos rousonianos muchachos de la Puerta de Sol deriven en altos ejecutivos como los que ellos ahora repudian. Y a mi eso me entristece mucho porque cuando a los sesenta años de edad uno se puede permitir comprarle un anillo a su tercera esposa, se da cuenta de que era más feliz cuando su ilusión revolucionaria no era convertirse en cliente preferente, sino apedrear a la luz del día el escaparate de la joyería.

Democracia real - Jose Luis Alvite

Democracia real - Jose Luis Alvite
Nada más producirse las manifestaciones promovidas a golpe de llamamiento improvisado por la organización "democracia real ya.es", destripadores mediáticos al servicio de los partidos mayoritarios se apresuraron a descalificar la iniciativa alegando unos que se trata de una burda promoción camuflada de la extrema izquierda, y otros, advirtiendo de que lo que salió a la calle no es otra cosa que un brote nostálgico y efímero de la Falange. En alguna tertulia radiofónica a los entregados participantes les faltó tiempo para dejar caer de manera sibilina la idea de que pudiera tratarse de un derroche poco preocupante del entusiasmo callejero de una juventud ociosa que en realidad desistirá de su objetivo desestabilizador tan pronto se nuble el cielo, refresque el tiempo y los disperse la lluvia. Yo por iniciativa propia me solidarizo con esos muchachos que arremeten contra el sistema, censuran la inutilidad manifiesta de la clase política y no ocultan su repugnancia por el imperio del dinero obre cualquier otro valor humanístico. Puede que se trate solo de unos pocos miles de ilusos soñadores con tiempo libre y sin empleo, pero conviene no perder de vista que es en la relativa edad de la inocencia, cada vez más tardía, cuando un hombre hace aquellas cosas tan hermosas que de otro modo le impedirían hacer la codicia, la conveniencia o la razón. Ni sé quienes son los promotores de esa lucha, ni me importa. No los descalificaré por su origen, sino por sus hechos. En una ocasión me fui a la costa de viaje, salí a mirar el paisaje, bajé el seguro de las puertas del coche y lo cerré con las llaves dentro. Intenté bajar la ventanilla para recuperar las llaves y no pude. Pensé en la posibilidad de romperla e iba a darle con una piedra justo en el momento en el que me saludó un delincuente al que conocía por mi condición de reportero de sucesos. Entonces le pedí de favor que abriese la puerta de mi coche, como si fuese a robarlo. Lo hizo en un santiamén y yo le quedé muy agradecido. Aceptó mi propina y se sintió pudoroso, legal y regenerado, tanto que yo creo que le pesó no tener a mano papel y lápiz para extenderme una factura con el IVA. Comprendí entonces que, según en qué circunstancias, un ladrón de coches puede convertirse en un respetable cerrajero. Cuento esto a propósito de la duda suscitada acerca de quienes puedan estar detrás de ese movimiento que proclama la necesidad incuestionable de regenerar la democracia española, a todas luces infectada de demagogia, nepotismo e indecencia, sin duda escasa de mecanismos para sanearse a si misma sin que alguien desde la calle, desde el dichoso pueblo, le meta mano. Puede que lo que promueven esos miles de muchachos sea solo uno más entre tantos y tan decepcionantes movimientos asamblearios surgidos en España y ahora reeditados con una mezcla de senderismo, idealismo y nostalgia. Me da lo mismo. Cualquier noticia de que algo se mueve en la sociedad española es bienvenida en un momento en el que la situación es tan dramática como la de la muchacha que ha caído al agua y para no morir ahogada acepta que la salve el tipo que está segura que a continuación se propasará con ella. Hemos llegado en la vida pública española a una situación tan lamentable, que el miedo a equivocarnos por luchar alguna vez por la regeneración de la democracia no nos libraría jamás del remordimiento por no haberlo intentado nunca. A mi el estallido de ese movimiento no me sorprende en absoluto. Es posible que alguien convierta la iniciativa en correa de transmisión de fuerzas ocultas tan reprobables como las que esos muchachos pretenden debilitar. Tampoco eso me importa demasiado ahora. Con un 20 por ciento de parados, la gente encarcelada por la pobreza en la calle y el desempleo juvenil más elevado de Europa, no estamos en condiciones de esperar a que nos saque del agua la Providencia. Incluso los creyentes saben que cuando se padece una enfermedad muy grave, Dios es más eficaz si en el tratamiento le echan una mano el oncólogo y esa chica tan masculina que despacha subempleada en la farmacia de guardia.

El sueño y el hambre - José Luis Alvite

El sueño y el hambre - José Luis Alvite
Vivo lejos de la madrileña Puerta de Sol y reconozco que la pereza de desplazarme me puede con seguridad más que la tentación de hacerlo, pero también yo estoy indignado, como toda esa gente que proclama la repugnancia que les produce la vida política española. Hay dudas de que se trate de una manifestación espontánea de la ciudadanía harta y asqueada, lo que para algunos ortodoxos de la irrespirable vida pública supondría un lastre ético y motivo sobrado para la descalificación automática de una reacción ciudadana que probablemente rechazan por temor a las consecuencias morales de comprenderla. Yo desconozco si hay una mano que mueva a toda esa gente con oscuras y aviesas intenciones y la verdad es que no me importa mucho ignorarlo. Si de lo que se trata es de limpiar de mugre la vida pública de mi país, me trae sin cuidado de quien sea la mano que mueve la escoba. Puede que en esa riada humana que proclama la necesidad de sanear la política española se haya colado con intereses inconfesables cierta basura ideológica, pero tampoco eso me preocupa demasiado porque desde la noche de los tiempos es sabido que cuando descarga la tormenta y la lluvia altera su cauce, incluso en los ríos más limpios la corriente arrastra sin remedio cierta cantidad de mierda. Yo me pregunto a quién puede molestar que toda esa gente proclame su asco y pida un cambio drástico en la higiene de la vida pública española. También me gustaría saber si la juventud de una parte de esos manifestantes es motivo suficiente para descalificar sus aspiraciones, como si no fuese cierto que la Historia está sobrada de formidables destellos de euforia casi juvenil en los que el instinto pudo por fin más que la razón, probablemente porque es en los momentos de indignación incontenible cuando el pueblo llano se siente capaz de convertir en imaginación la furia, y la resignación, en talento. La verdad es que este levantamiento civil no me sorprende por lo repentino que surge, sino por lo tardío que aparece. Por mi parte, bienvenido sea. Los políticos de este país tendrán que darse cuenta de que a veces el pueblo llano se cansa cuando lleva demasiado tiempo sentado. Puede que en esta ocasión cierto caos terapéutico sea la solución que nos libere de la modorra causada por el odioso e interesado orden de los oligarcas. Nadie detendrá jamás a quien en realidad no lucha sólo movido por un sueño, sino desvelado por el hambre.

Las patatas - Jose Luis Alvite

Las patatas - Jose Luis Alvite
Son muchos los indicadores económicos que ponen de manifiesto el empobrecimiento general de los españoles. Lo peor en esta ocasión no es que se vendan menos pisos, que haya decrecido la compra de coches o que sea más fácil encontrar mesa para cenar en el restaurante. Mucho más grave que todo eso es que según los sondeos del mercado se haya disparado el consumo de patatas, un producto cuya demanda suele decrecer de manera sensible en momentos de prosperidad. Hay muchas maneras de averiguar la marcha real del país, pero el dato de las patatas parece incontestable, más aun que el del precio del pollo, que era hasta ahora la referencia más socorrida para conocer con cierto rigor estadístico la salud de las cuentas familiares. Pero hay otras señales alarmantes, entre ellas la sobrecogedora evidencia de que en los comedores benéficos se sientan a la mesa personas cuya presencia allí era impensable hace solo unos meses. Y si uno se fija bien hasta descubrirá la sombra obvia del empobrecimiento en el número de personas que se deshacen de su perro porque necesitan para que coman los suyos el dinero que les costaba a diario la dieta del animal. Si preguntásemos a los empleados del servicio de limpieza tal vez detectaríamos otra inequívoca señal del creciente empobrecimiento en la calidad de las basuras domésticas. De las calles han ido desapareciendo los perros que husmeaban en los desperdicios, y si prestásemos atención, nos daríamos cuenta de que por falta de contenido orgánico en las basuras, tenemos ya vagando sin aliento por nuestras ciudades a muchos de los gatos más delgados de Europa. Según los expertos tendremos crisis para cuatro o cinco años, lo que significa que incluso cabe la posibilidad de que las patatas se conviertan en artículo de lujo y los españoles más necesitados se vean obligados a improvisar una dieta de emergencia, con severas restricciones acordes con cualquier hecatombe ecológica o propias de inquietantes tiempos de postguerra. Yo miro alrededor y me preocupa que cada día eche el cierre algún negocio, que las basuras ya no tengan huesos ni espinas y que los perros miren con recelo a sus amos, quien sabe si temerosos de dejar de ser un fiel amigo de antes para convertirse en una receta de cocina que sus invitados degusten en una cena a media luz, condimentado el pobre can si fuese conejo a la cazadora. ¿Saldremos de esta? Desde luego que si, claro que saldremos. Los ciclos de la economía suelen hacer mejor las cosas que los políticos que interfieren en ellos. Superaremos el mal momento, bajará otra vez el consumo de patatas y nuestros gatos ganarán peso. Y llegado ese momento habremos aprendido que el empobrecimiento de estos años nos sirvió al menos para darnos cuenta de que el ser humano da lo mejor de si mismo cuando tiene los sueños de sus dioses sin perder de vista la dieta de su perro.

Malas noticias - José Luis Alvite

Malas noticias - José Luis Alvite
Puede ser moralmente discutible que un periódico se cebe en el dolor ajeno para aumentar sus ventas y afianzarse con tal motivo en el mercado. También es discutible la moralidad de quienes ayudan a ese objetivo comprando el diario en el quiosco. Muy a menudo las personas que censuran la actitud del periódico son las mismas que lo compran, como ocurre con esos programas de televisión que si son tan criticados será porque es mucha la gente que los ve. Lo queramos o no, las normas del mercado están con frecuencia por encima de las normas de conducta y suele ocurrir que la oferta es poco ética o explícitamente inmoral porque hay una demanda que también lo es. Cada exceso cometido por los medios de comunicación casaría en todo caso con la correspondiente voracidad de quienes compran el producto, igual que si prosperan los restaurantes de comida rápida se debe a que es muy numerosa la clientela ávida de consumir la clase de menú que decían detestar. En el caso de la prensa escrita, la literatura periodística suele considerarse menos ofensiva que las imágenes de televisión y aun así se polemiza sobre la crudeza de sus textos o sobre la rapacería de sus fotos. Es como si alguien pretendiese cargar sobre la prensa la responsabilidad de los estragos causados por los terremotos o por las guerras y se diese por sentado que la conciencia del periódico coincide en todo caso con su cuenta de resultados. Es cierto que la descripción de la muerte aumenta la difusión de los periódicos y que ésta se contrae con la buena noticia de que no ocurre nada grave, pero eso es así porque, lo queramos o no, el periodismo sigue siendo sin remedio una variante relativamente intelectual de la vieja peluquería de señoras, rancia y sólida institución mediática en la que, como es bien sabido, muchas mujeres se sentaban a que les hiciesen la permanente en frío sólo para que les diese tiempo de enterarse al dedillo de asuntos de los que es obvio que jamás se enterarían en la iglesia. Fui redactor de sucesos durante más de veinte años y podría jurar que cada vez que el periódico informaba de que alguien había resultado herido grave en una reyerta, lo que el público bienpensante esperaba era que la siguiente fuese sin remedio la noticia de su muerte. No quiero ser malpensado pero estoy seguro de que la mayoría de las personas que acuden al quiosco se decepcionarían si el diario no incluyese en sus páginas ese día las malas noticias que uno tantas veces se juró a si mismo que sólo desearía leerlas en el caso de que fuese ciego.

lunes, 25 de agosto de 2014

Palabras de Nacho Rey-Alvite a su tío

Palabras de Nacho Rey-Alvite a su tío

Vaya..., escribirte para enviarte mis mejores deseos debería ser tan sencillo como un domingo a media tarde; pero comenzar y seguir se complica. Realmente no se qué demonios decir. Soy de esos tipos que prefieren el silencio. Me sentiría culpable de enviarte ánimos, así que te envío un simple abrazo, un fuerte abrazo y la sensación de que a media tarde del domingo, el olor a colada de las chicas de tu Savoy lo cachearán inhóspitas, amargas y nostálgicas, aquellas necrológicas y editoriales hormigas que algún día enraizarán el celuloide de mi velada mirada gris. No hay final sin brisa y siento la escabechada calma sonámbula de aquel último ducados en el chajuán ingrávido de todo un verano de lucha y moscas. La tarde del domingo haré sobremesa en el prurito de la luz azul, rutinaria y serosa del acomodador de tu mirada. Espérame, me debes una copa, con hielo. Sé que estarás en forma entonces, porque no soportarías una sobremesa en las crustáceas ruinas de un suspiro. Estarás mañana en mi café, y aunque distantes, sonreiremos juntos al azar. Espero que estés bien. Un abrazo tío

Porno en Valladolid - David Torres

Porno en Valladolid - David Torres
Una vez le preguntaron a Ron Jeremy cuál era el sitio más raro dónde había echado un polvo y dijo: “En Valladolid”. Y explicó que no fue exactamente un polvo, sino una violación en masa: “Las mujeres me acosaban por la calle, algunas hasta se sacaban las bragas por la cabeza y me las arrojaban a la cara. Tuve que salir corriendo mientras cientos de mujeres frenéticas me perseguían gritando guarradas y obscenidades increíbles. Una de ellas me lanzó un sujetador como si fuese un tirachinas y por poco me salta un ojo. Pensé que no iba a salir vivo de allí”.
Jeremy, la mayor estrella del porno mundial, es un hombre gordo, feo y bajito al que jamás le ha fallado su herramienta de trabajo. Nunca jamás hasta aquel día fatídico en Valladolid: “No sabía que mi trabajo fuese tan conocido en Castilla-León. Al final, una docena de mujeres posesas me arrinconaron contra un ascensor, abrieron las puertas, se metieron dentro y dieron al botón de parada. Yo empecé a rezar porque, aunque estoy acostumbrado a toda clase de depravaciones, orgías y espectáculos cerdetes, nunca había visto esa cantidad de mujeres en tal grado de excitación. En el porno hay mucho de teatro, ¿sabe usted? Se bromea, se acaricia, se toquetea, incluso se habla un poco para romper el hielo, pero éstas no. Éstas estaban enloquecidas, parecían ménades a punto de devorar a Orfeo”.
Desde entonces Ron Jeremy ha cogido pánico a los ascensores y no ha vuelto a rodar jamás una escena pornográfica que tenga lugar en una de esas terribles jaulas metálicas. Ni siquiera se atreve a entrar solo en un ascensor: “Una vez en Los Angeles monté en uno en un rascacielos, me vi solo frente al espejo y no sé qué me pasó por la cabeza pero pensé que iba a violarme yo mismo. Creí que había vuelto a Valladolid. Qué miedo pasé”. La ascensorofobia de Jeremy es bien conocida por los psicólogos vallisoletanos, que están hartos de tratar pacientes con el mismo síndrome. “En Valladolid es moneda corriente, ya se sabe: un hombre solo e indefenso entra en un ascensor cuando en el último momento se cuela una mujer, da al botón de parada, empieza a desgarrarse la ropa, a chillar y a exigir que le haga un hijo entre el tercer piso y el ático. Parece una broma, sí, pero es una verdadera tragedia. No se imagina la cantidad de machos vallisoletanos que han cambiado el gimnasio por subir y bajar escaleras a pata. Entre nosotros, los profesionales, ya tenemos una estadística hecha. La llamamos la lista de Schindler”.
Al final fue un golpe de suerte lo que salvó a Jeremy. Cuando ya estaba tirado en el suelo del ascensor y mientras las mujeres le arrancaban la ropa a bocados, de repente sintió un tirón en el pelo que le hizo aullar de dolor. “Pensaban que iba disfrazado y que llevaba una peluca. Resulta que me habían confundido con el alcalde de Valladolid. Me libré por los pelos, bien lo puede decir”.

sábado, 23 de agosto de 2014

El insulto, como una de las Bellas Artes - Fray Josepho

El insulto, como una de las Bellas Artes - Fray Josepho
El verano parece haber ablandado a nuestros poetas rivales. El calor, la holganza y el morapio fresquito han caído sobre sus ceñudas cabezas como bálsamo pacificador: lejos de las habituales disputas, se dan la mano con sendos sonetos verdaderamente fraternales.

CÓMO INSULTAR A MONSIEUR DE SANS-FOY
Por Fray Josepho

Insultar a Sanfuá con un soneto
será agradable, artístico y barato.
Para empezar, digámosle pazguato,
cerrando suavecito este cuarteto.

Sigamos con simplón analfabeto.
Después, sumemos lerdo gurripato.
En el séptimo verso, mentecato.
Y todo con muchísimo respeto.

Entrando en los tercetos, sin despiste,
llamémosle tolondro pichatriste.
Y luego, emperador de los estultos.

El verso doce llega. Ya se acaba.
Metamos en el trece tonto el haba.
Y adiós a mi soneto con insultos.

(De bonus para adultos,
a guisa de remate y estrambote,
pongamos otro más: caracipote).

TE QUEREMOS ASÍ
por Monsieur de Sans-Foy

¿Qué diré de este fray sin asomo de mancha?
No osaré mencionar, mi querido colega,
la barriga abacial que te circunnavega:
colosal Taj Mahal, por su parte más ancha.

¿Qué diré yo de ti, por tomar la revancha?
¿Que la piel, con la edad, se te pliega y repliega?
Fue del mismo percal la vestal De la Vega...
(Vaya pancha que está, tras pasar por la plancha).

Para qué criticar tus pequeños defectos...
Las palabras soeces, los sonetos abyectos,
la afición a clavarme por detrás el puñal...


Te queremos así, los que somos de casa.
Se te empieza a apreciar, cuando al fin se traspasa
la muralla letal de tu olor corporal.

jueves, 21 de agosto de 2014

Matamoscas y panceta - Javier Cid

Matamoscas y panceta - Javier Cid


VENGO advirtiendo, yo que soy muy de advertir cosas inútiles, que el verano es una ciénaga donde fermentan, como bacilos, los peores atributos del ser humano. Ya lo cantaba mi tía Blasa, que era fea como las avutardas pero muy viva: «Fuente de pastores, en invierno tiene agua y en verano, cagajones». Andaba siempre con esta trova entre los dientes cada vez que veía a un veraneante paseársele delante de casa con el bronceado chocarrero, la andorga al aire y el hatillo colmado de pareos, balones de Nivea y bocatas de tortilla. Blasa, que de puro contrahecha tuvo que desplegar otros encantos más etéreos, tal que la ironía, diagnosticó así el horterismo de esta santa nación cada vez que el estío nos explota en la cara.
Ha de ser la canícula que nos abotarga, o la arena de Roquetas de Mar, que nos escuece desde el tuétano al mondongo. O la siesta, sabe Dios, que no entiende de ricos o pobres y de 4 a 8 barre las 17 Españas como un Hiroshima apocalíptico. Franqueado julio y avanzado agosto, muy mal fario y peor sombra tendrá aquel hereje que no cumpla los preceptos del buen español: chancletas de plástico, panceta con pimientos, pieles a la brasa y recocidas, King África, la Ibiza psicotrópica, un pis en alta mar, la abuela a trallazos con el matamoscas, filetes empanados y partidas de brisca. Salmonelosis, la isla de Perejil, sangría a 20 euros, un libro facilón que nadie acaba nunca pues el sol y la sal le arrancarán las letras, la nevera portátil, las suecas prodigiosas y ese selfie en Marbella junto a un yate imposible. Un cuñado, un mosquito, un Frigo Pie, aquel primer beso que resultó un desastre, la orquesta Expresiones, un «bébete el zumo, que se le van las vitaminas», la Nacional III, Verano Azul y su bucle satánico, ensaladilla rusa. Y cerveza caliente, que ha de ser cancerígena y, puestos a elucubrar, debe de engordar el doble la muy hijaputa.
Así está la corrala en veranillo, señoras y señores; todos a una bajo el palio de los agostos, como pastores sin zambomba, dándole lustre al made in Spain. Y debiéramos andarnos con más tiento, pues es tan corto el amor y tan largo el olvido -Neruda- que se empieza con un chupito nomás, así como para rebajar los calores, y se acaba pasando revista a todos los ejércitos como la chicuela aquella del mamading en Magaluf. Lo escribió Lorca (bajo el oro solar del mediodía morderemos la manzana), y lo auguró también la tía Blasa, a la que nunca le gustaron las islas y jamás se fió del trajín de Mallorca.

sábado, 16 de agosto de 2014

Laura - Salvador Sostres

Laura - Salvador Sostres
NO SÉ si mi mujer o yo cometimos el error de olvidar un tubo casi lleno de Lacasitos en la habitación de Maria, y la niña procedió a la devota consumición de todas las chocolatinas que contenía. Mi mujer se escandalizó de su voracidad y trató de explicarle las virtudes de la moderación. Yo simplemente la cogí en brazos, la abracé y le pregunté si le habían gustado. Me contestó con una de esas sonrisas que hacen sentir a un padre un santo con la tarea terminada.
¿Contra qué exceso podría educarte yo, Maria? Naturalmente tiene razón tu madre. ¿Pero qué otra cosa se puede hacer con un tubo de Lacasitos que alguien ha dejado a tu alcance? Amamos la vida y tenemos hambre.
El lunes era el mejor día porque Laura preparaba una extraordinaria carne estofada con patatas. Cuando terminaba de cocinarla la dejaba reposar en la olla de cerámica sobre los fogones apagados y aprovechaba para bañar a mi hermana. Yo debía de tener 11 años, mi hermana siete y mis padres todavía no se habían separado. Penúltimas estampas del paraíso extraviado.
Entonces yo hacía mis incursiones a la cocina, picando un trozo de carne y luego uno de patata, y chupándome los dedos mientras huía para que Laura no pudiera detectarme. Tierna la carne, densa la salsa. Luego, en la mesa, Laura repartiría el botín a partes iguales porque a mi hermana también le encantaba y la puñetera ha tenido siempre un muy buen saque para lo que le ha interesado. De modo que yo sabía perfectamente que mi única ventaja sería la que obtuviera en el saqueo previo. Un día le salió tan bueno e hice tantas incursiones que no dejé ni la salsa.
Fui consciente de lo que hacía, y de que me caería el cielo encima. Pero ahí estaba aquella deliciosa obscenidad sin vigilancia. Si hubiera habido dos ollas, las dos habría vaciado. A partir de aquel día Laura se especializó en esconder por la casa todo lo que cocinaba, hasta que llegaba la hora de cenar. Aunque me llamaba al orden, se sentía muy halagada de que buscara como un lobo su tesoro, que nunca supe encontrar. Un sobrino suyo me lo contó en su funeral.

Hija mía, Maria de mi vida, tu madre tiene razón con lo de la moderación y hazle caso. Pero yo, ¿qué quieres que te diga? Venimos de una olla fundamental y de un amor sagrado. Ahí estaba tu tubo de Lacasitos como ahí estaba mi estofado. Qué lástima que no pudieras conocer a Laura, te habría encantado.

Dios está en La Nube - Pedro G. Cuartango

Dios está en La Nube - Pedro G. Cuartango
INCONSISTENTE, vaporosa e intangible, La Nube se ha ido apoderando de nuestras vidas. Ya no somos nada sin ella. Nuestra biografía está inscrita en este ser misterioso que extiende sus tentáculos por todo el planeta.
Heráclito decía que no es posible bañarse dos veces en el mismo río, lo cual no es cierto porque La Nube está ahí como algo eterno e inmutable en la que se contienen todos los signos del mundo, a semejanza de la biblioteca universal de Borges. Stephen Hawking escribió que el tiempo es teóricamente reversible. Ello se cumple en La Nube donde el pasado queda abolido y resulta siempre recuperable en la infinita memoria que lo guarda todo.
Apple, Microsoft, Amazon y Google son marcas e incluso formas de vivir. Pero todas ellas se nutren de La Nube, seno materno que las cobija y alimenta, origen primigenio de todas las cosas. La Nube es como el ser que impregna la esencia de todos los entes: nada puede existir sin su presencia.
Nuestros deseos, nuestra esencia, nuestra identidad se hallan en ese nuevo éter que se ha convertido en la metáfora de la existencia del hombre moderno, condenado a flotar en el mundo de lo virtual en el que la simulación es la ley suprema.
La sociedad del espectáculo se ha transmutado en una aldea global en la que ya no hay tiempo para vivir porque la ilusión de la comunicación es más fuerte que la propia experiencia de lo real. La Nube es la encarnación del sueño de Hegel de lo absoluto porque en su interior se suprimen todas las contradicciones y la realidad alcanza su máximo grado de racionalidad hasta el que punto de que no existe ni se concibe nada fuera ella.
Dios Padre aparece retratado en las bóvedas y en los tímpanos de las iglesias flotando entre las nubes, símbolo del poder celestial. Siempre han representado en la imaginación humana lo que está más allá y se acerca a lo divino.
La tecnología ha materializado esa vieja identificación y ha conseguido hacer de La Nube la verdadera deidad de nuestro tiempo hasta el punto de suscitarnos la duda de si también Dios estará dentro de ese ente que lo penetra todo.
Queda sin responder la pregunta de qué es La Nube. No es hardware, ni software, ni la combinación de ambos elementos. Es un salto cualitativo en la evolución de la técnica que toma conciencia de sí misma, al igual que hay un momento en el que el ordenador Hal se rebela contra su muerte en la película de Kubrick.

Hemos creado La Nube y ya estamos felizmente en ella. Lo que no sabemos es qué piensa hacer La Nube con nosotros. Probablemente será clemente porque nos necesita para reafirmarse en su existencia o mejor en su conciencia. Los hombres, sus humildes servidores, estamos aquí para loar su gloria.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Dime qué te debo - Pedro Simón

Dime qué te debo - Pedro Simón
CON vosotros vuelvo a comprobar que de niño se hacen cosas más descabelladamente sensatas: construir lo destruido en cinco minutos, inventarse un buen final echándole mucho cuento, madrugar como si nos fueran a quitar la mañana, mancharnos la camiseta de lamparones para sentirnos al fin limpios, hacernos los muertos hasta resucitarnos de risa. Con vosotros vuelvo a comprender que liarse a hacer todo propende a nada y viceversa, que se puede desescombrar el odio con un tatatachán, que querer que siempre ganen los vaqueros es hacer el indio, que con los periódicos no se hacen banderas sino banderines.
Para los que no sabemos casi nada, para los que no iremos muy lejos este verano, para los que jamás querríamos estar de vuelta, un intensivo de agosto con críos es el mejor de los cruceros de secano. O sea, tu gran lección pequeña. Los deberes que nos ponemos. La goma de borrar chichones. El repaso que me dais. Y también (ya vais creciendo): el miedo que le tengo a otro septiembre.
(...)
Conozco a un tipo que tiene dos caniches a los que sienta a la mesa pero que no puede ver a los niños; a otro que sólo viaja a hoteles donde no admitan menores aunque sí dejen pasar a hijos de puta; y a un tercero, soltero, que diserta sobre la mala educación de todos (chicos, padres, hamsters), eso sí, hablando muy alto y con la boca llena.
Todo lo que desaprendo durante el año lo vuelvo a recordar cada verano, todos los jarrones que rompo en el crudo invierno los ando pegando hoy. Sentado en el suelo. Con dos monos en la chepa.
No sé dónde leí que el problema crucial es que los críos dejan un día la infancia, pero los padres nunca dejamos la paternidad. Y en vacaciones menos. Así me va, que me pongo a jugar yo solo con las construcciones y mi mujer me mira diciendo no es eso, no es eso.
(...)
Ojalá no olvide lo que os estoy viendo hacer de forma ostensible, como para que yo me entere de una vez: por ejemplo, que a veces hay que ponerse de puntillas para llegar y no pasa nada, que de noche hace falta muchísimo valor para reconocer que estás acojonado, que la vida no merece la pena si no pasas por encima de ella como un defensa central entrando al remate, yendo con todo, que las cosas de plastilina resisten porque no hacen alarde de dureza.

Me estáis enseñando como nunca este verano. Me estáis invitando a todo. Bebo de tu barra libre, hijo. Deja, guarda eso. Dime qué te debo.

Héroes anónimos en el nombre de Dios - Federico Quevedo

Héroes anónimos en el nombre de Dios - Federico Quevedo
Ayer murió el padre Miguel Pajares. Hacía menos de una semana que fue repatriado a España infectado por el virus del ébola. Lo primero que ocurrió fue un debate absurdo sobre quién o quiénes debían sufragar esa repatriación, debate que zanjó el presidente del Gobierno dejando claro que ese gasto dependía del Estado y que ese debate era estúpido. Lo segundo que supimos fue que a Miguel Pajares le iban a tratar con un nuevo medicamento que ayer mismo la ONU autorizó como experimentación en enfermos de ébola en la zona afectada. Lo último que hemos sabido ha sido que Miguel Pajares fallecía afectado por el virus letal.
¿Quién era Miguel Pajares? Yo no lo sé, y supongo que la mayoría de ustedes, tampoco. Pero de lo que estoy seguro es de que Dios existe y de que desde ayer a las 09:28 de la mañana Miguel Pajares está con Él en el Cielo. No puede ser de otra manera. Miguel Pajares ha puesto nombre a miles de voluntarios y cooperantes que desde hace tiempo se dejan la vida ayudando a los demás, y que ponen en práctica la principal enseñanza del Evangelio: ayudar al prójimo. Y hacerlo hasta el límite de entregar la propia vida por los demás.
Ellos ponen rostro a otros muchos héroes anónimos que en el nombre del Padre están dispuestos a dar su vida por salvar las de los más débiles y marginados, y lo hacen por la única razón del amor que les lleva a una entrega que para la mayoría de nosotros sería imposible
Es verdad que en estos países trabajan otras muchas organizaciones humanitarias, que lo hacen allí al igual que lo hacen en los campos de refugiados de Jordania donde se apelmazan cientos de miles de sirios desplazados de una guerra cruel. Pero hay pocos ejemplos como el del padre Miguel Pajares y sus otros dos compañeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios fallecidos a causa del virus del ébola. Ellos ponen rostro a otros muchos héroes anónimos que en el nombre del Padre están dispuestos a dar su vida por salvar las de los más débiles y marginados de la sociedad, y lo hacen por la única razón del amor que les lleva a una entrega que para la mayoría de nosotros sería imposible.
Son héroes pero, sobre todo, son santos que explican el porqué de la existencia de la Iglesia y de su labor en la tierra. Su ejemplo es una lectura viva del Evangelio, son la prueba evidente de que Dios existe y de que dio su vida por nosotros en una Cruz. Solo así se puede explicar que haya hombres dispuestos a dar su vida por los demás y que tras su muerte haya otros que quieran recoger ese testigo y estén dispuestos a viajar a la zona crítica sabiendo que se exponen también a morir infectados por el virus.

La muerte del padre Miguel Pajares debería hacer reflexionar a muchos cristianos que solo entendemos la religión una vez cada siete días, pero también a todos esos que hacen del ataque constante a la Iglesia y al Cristianismo su leit motiv, y que ofrecen una visión falsa y tergiversada de lo que de verdad representa la religión para los hombres. La enseñanza del padre Miguel Pajares vale más que todas las asignaturas de Educación para la Ciudadanía juntas, vale más que miles de horas de ética, pero explica el porqué de la necesidad de llenar los corazones de los niños de un espíritu igual al que ha movido al padre Miguel Pajares a entregarse a los demás hasta el límite de perder su propia vida, y eso solo lo enseña la asignatura de la Fe.

Delirium tremens’ - Javier Cid

'Delirium tremens’ - Javier Cid
ESCRIBO estas líneas al traspié, entre lingotazos de curry y absenta que me abrasan todos los pliegues del intestino, desde un abrevadero clandestino en el país de las sonrisas. Que no es España, vive Dios, donde hace mucho que perdimos las cosquillas y no tenemos el organillo para verbenas. Me he dejado caer por Tailandia para descansar de ustedes y de vosotros, pues una vez leí en un foro de internautas ayurvédicos que la mezcla de especias asiáticas y alcoholes prohibidos depura el maldito cuerpo y el bendito espíritu. El espíritu, cierto es, lo tengo leve y lívido, y a veces, cuando el mar de Andaman no sacude la costa con sus olas tizónicas, hasta me escucho el karma de los latidos. Pero el puñetero cuerpo se ha vencido, al fin, a una gastritis como un fuego fatuo que me tiene night and day (léase, todo el santo día), en posición de flor de loto sobre el retrete. En estos menesteres me hallo cuando recibo una llamada desde Madrid y se me apremia a escribir esta columna. Solícito, acepto el encargo. Que servidor tendrá el tracto escocido y la glotis como una campana catedralicia; pero siempre escuché en las tertulias de eruditos con mucha labia y mayor cirrosis que los escribientes sacan su mejor pluma en las peores adversidades. A Hemingway le tocó la guerra, a Virginia Woolf un trastorno bipolar y a mí una diarrea. Y las rotativas no esperan ni a los muertos, ni a los locos, ni a los caprichos de mi liturgia digestiva.

Como llevo dos semanas guarecido de los ruidos del mundo, busco un rincón cualquiera en el que sople una brizna de Wi-Fi, que es como la gasolina que nos mantiene vivos. Me cuelo por entre los escombros de la dictadura militar, donde los soldados son auténticos mickjaggers que se fotografían como estrellas del rock con turistas lozanas, como ternascos, y pringadas de afeites por aquello de los rayos UVA. Finalmente, el vaivén de Bangkok me conduce hasta el viejo ordenador de un viejo café de un viejo barrio junto al viejo río. Y allí me sumergo de lleno en las noticias, no fueran a estar las musas que alumbran mi escritura entre los millones de Pujol, entre la cocaína del Elcano o en las pateras que estos días desangran el Estrecho. Tenemos nueva Reina en las regatas, ha muerto Robin Williams, Belén Esteban ya está en Benidorm. Con tanta buena nueva me empieza a rondar un delirium tremens allá en el bajo vientre. Y las musas se me han ido. Así que si nada más se les ofrece, queridos lectores, mi gastritis y yo volvemos al retrete del que nunca debiéramos haber salido.

martes, 12 de agosto de 2014

Éxito arrollador de Arturo Mas - Luis María Ansón

Éxito arrollador de Arturo Mas - Luis María Ansón
TRAS una costosa y larga campaña para que los catalanes residentes en el extranjero ejerzan su derecho a votar en el referéndum del 9 de noviembre, hay que reconocer que Oriol Junqueras y su narigante escudero Mas han cosechado un éxito clamoroso: casi el 1% de los 211.000 catalanes que viven fuera de España ha solicitado votar.
Ante semejante éxito, ante el clamor imparable de los catalanes residentes en el extranjero, la reacción internacional, silenciada por la Prensa canalla de Madrid, ha sido fulminante y espectacular. La Reina Isabel II de Inglaterra ha dirigido a Arturo Mas un telegrama de aliento y simpatía. Angela Merkel le ha comunicado que Alemania entera está rendida ante la sabiduría del líder de la Generalidad. El presidente de Francia, François Hollande, ha telefoneado al señor Mas para expresarle su enhorabuena. Por su parte, el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, ha mantenido con el presidente de la Generalidad una larga conversación de 45 minutos durante la cual, aparte de felicitarle por el éxito obtenido, le ha ofrecido toda clase de ayudas y ha puesto a su disposición la V Flota, liderada por el buque insignia catalán, generoso regalo de Alfonso Ussía. El presidente de China, Xi Jinping, ha dirigido al honorable señor Mas un e-mail extraordinariamente expresivo y le ha invitado a que visite, en compañía de Jordi Pujol, la Ciudad Prohibida. El Emperador del Japón, Akihito, le ha comunicado el fervor del pueblo nipón. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, se ha emocionado al conversar, según ha dicho, con «el libertador de un pueblo noble y una nación histórica».
Incluso el Papa Francisco ha comunicado a Arturo Mas que se dispone a calzarse las sandalias del pescador y trasladarse a Barcelona, con la esperanza de que el líder catalán le conceda una audiencia para poder expresarle personalmente su apoyo y felicitación. En el palacio de San Jaime el regocijo se ha hecho inextinguible. El presidente ha decidido condecorar con la Gran Cruz al Mérito Catalán, con distintivo estelado, a los 599 residentes en el extranjero que han decidido votar. Los 210.401 que se negaron no cuentan, son despreciables. El éxito de la campaña para atraerse el voto de los catalanes que residen fuera de España demuestra hasta qué punto es certero el camino que desembocará el 9 de noviembre con la apoteosis personal de Arturo Mas, el salvador de la patria catalana, el Caudillo de Cataluña por la gracia de Dios, el futuro Generalísimo de sus Ejércitos de Tierra, Mar y Aire.

domingo, 10 de agosto de 2014

El ébola infecta Twitter - Jorge Alcalde

El ébola infecta Twitter - Jorge Alcalde
Queridos nairalanders, y todos aquellos que hayan leído mis mensajes. Mi nombre es Adesewa y quiero pediros perdón: fui yo quien inició el falso bulo de que el ébola se cura con agua salada.
Este mensaje apareció ayer en la red social Nairaland, una comunidad online para nigerianos que cuenta con 1.300.000 usuarios. Es la declaración pública de una joven estudiante responsable de una ola de desinformación que durante unas horas recorrió el país africano, donde el ébola empieza a expandirse sin control. Adesewa reconoce que todo empezó como una broma entre amigos. Envió un mensaje a la red social con el siguiente texto:
El Ministerio de Salud de Nigeria ha comunicado a toda la población la necesidad de bañarse con agua caliente y sal antes de esta noche como medida efectiva de protección contra el virus del Ébola, que se expande por el aire.
El mensaje fue colgado a las 7:08 de la mañana. A mediodía había miles de peticiones de información y de personas que lo habían reenviado a sus contactos. Por la noche, cientos de nigerianos aseguraban que beber agua salada cura el ébola.
Dice Adesewa:
No pude parar la reacción en cadena. Incluso gente a la que le he dicho que he sido yo quien mandó el primer mensaje no me cree. Sólo mis amigos que estaban advertidos de mi broma son conscientes de que todo es una estupidez.
Desde otro ordenador de Nigeria, alguien utilizó Google para buscar las palabras Ebola, cure. Y entre los resultados descubrió un artículo de la BBC sobre las investigaciones del doctor Maurice Iwu, según las cuales la nuez de kola (Cola acumminata) se había demostrado eficaz para contener el virus. Como no podía ser menos, lo mandó a todos sus contactos sin reparar en que el artículo era de 1999 y que la investigación ha sido desacreditada.
El propio Ministerio de Salud de Nigeria tuvo que salir al quite... eso sí, con un tuit.
El ébola no tiene cura, no hay tratamiento específico ni vacuna conocida.
El problema es que la cuenta de Twitter del ministerio nigeriano solo tiene 1.200 seguidores, diez veces menos que la red social donde se expandió el primer bulo.
El Daily Mail aseguraba el jueves que los equipos médicos británicos que trabajan en Sierra Leona para combatir la epidemia estaban encontrando serios obstáculos a su trabajo por parte de ciudadanos que no creen que el ébola sea real; piensan que no es más que una conspiración del Gobierno.
A través de redes sociales y rumorología varia, los habitantes del país africano habían recibido cientos de mensajes con esa absurda información: "En Sierra Leona no hay virus, el Gobierno está inventando los casos para aumentar las peticiones de ayuda internacional". En un pavoroso artículo en Newsweek, Chac McCordic, jefe de un grupo de apoyo médico voluntario, dice:
Sentí que el ébola estaba fuera de control en Sierra Leona cuando vi a un grupo de jóvenes riéndose del paso de una ambulancia con un infectado a bordo.
Las risas ocurrieron en los alrededores de una cabina de teléfonos de Kenema, hace unas semanas. Días después, cuando los primeros afectados llenaban el hospital de esa ciudad, una multitud asaltó las instalaciones e incluso depositaron cadáveres infectados en medio de la calle.
Sí, las redes sociales también han sido infectadas. Ahí están los exabruptos en Twitter de Donald Trump contra la repatriación de los americanos contagiados. "Los compatriotas que trabajan en Liberia deben asumir las consecuencias de sus actos". "Detengamos la repatriación. Estados Unidos ya tiene suficientes problemas".

Por cierto, que el millonario conservador estadounidense parece tener similar sensibilidad a la de asociaciones de médicos progresitas en España que han sugerido que el padre Miguel Pajares fuera atendido lejos de nuestras fronteras. Y se han despachado desde cuentas de Twitter con iconos alusivos al movimiento de las batas blancas. Curiosos compañeros de cama está propiciando el miedo al contagio.

La moda del minishort - Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy

La moda del minishort - Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy
Nuestros poetas no se recluyen en torres de marfil ni escriben sus delicados versos alejándose del mundanal ruido. Los nuestros son poetas del pueblo y de la calle... dispuestos siempre a arrimar la nariz allí donde está la noticia. Tan cerca como les sea posible.
Juzguen ustedes.

NO SALGAS, FRAILE
por Monsieur de Sans-Foy

Lo llaman minishort, las muy cochinas,

y es algo que estremece, este verano,
pues van con ambos glúteos tan a mano
que a alguno se le saltan las retinas.

Provocan taquicardias repentinas,

lo mismo en el chaval que en el anciano,
detrás de ese pandero tan lozano
que cubren diminutas pegatinas.

Cautivo en tu minúsculo aposento

cercado por los muros del convento,
no sabes ni de qué te estoy hablando.

Mejor... porque, a pesar de la sotana

católica, apostólica y romana...
los ojos se te posan en lo blando.

ENXIEMPLO DEL 'MINISHORT'
por Fray Josepho

La moda en las mancebas es llevar minishort,

e pónenselo todas, quando visten de sport.
De Murçia a Finisterre, de Cádiz a Somport,
ca dizen que ponello provoca grand confort.

Non puedo describillo, ca vivo en mi cenobio

(lo cual, seyendo fraire, es natural et ovio),
et nunqua estoy expuesto a semexante oprobio.
Mas solo de pensallo… me muero del agobio.

Me dizen los que saben (e yo les presto escucha)

que con el minishort la tentaçión es mucha.
Ca nótanse las mollas e márcase la hucha
(e yo de la vergoña me pongo la capucha).

Non me contedes nada d’aquesta nueva prenda,

que mi menguada pesquis quiçab non lo comprenda.
Concluyo, por indiçios, que es cosa muy tremenda,
que exhibe ante los homes la zona más pudenda.

¿Por qué tales usanzas excluyen al varón?

¿Por qué lo llevan fembras pero los machos non?
¿Non éramos eguales, en la Constituçión?
¡Quisieran muchos homes ponerse tal calçón!

En este sieglo agora, ya egual es lo que valga,

villana cual villano, fidalgo cual fidalga.
E ansí, Mesié Sanfuá, cuando a la calle salga,
ponerse ha minishort pora luçir la nalga.


¡Mesié, fazetme caso, seredes el primero

que muestre a los viandantes porçiones de trasero!
¡Seredes precursor! ¡Seredes el pionero!
¡Recognoscer os han en todo el mundo entero!

viernes, 8 de agosto de 2014

Rabudo.com en Cáceres

Rabudo.com en Cáceres
Nacho Mirás, Ainhoa Apestegui y sus dos hijos partieron hace una semana de Santiago de Compostela, donde ambos trabajan, camino de Pamplona, ciudad natal de Ainhoa, para pasar allí los Sanfermines. Salieron con su Citroen C4, su caravana y la intención de darse una vuelta primero por el sur de Francia. Pero echaron un vistazo al mapa del tiempo, distinguieron gruesos nubarrones negros por la mitad norte de España y decidieron venirse a Cáceres en busca del sol.
Nacho y Ainhoa son periodistas. Él, además de sus crónicas y reportajes, escribía un blog personal, rabudo.com, en wordpress, que leían sus amigos, su familia y algún despistado. Durante el pasado otoño, Nacho tuvo que seguir de cerca el caso de Asumpta, la niña asesinada en Compostela. Fue un trabajo intenso que, además de la labor diaria de búsqueda y redacción, lo llevó a los platós de la tele hasta que, un buen día, una cadena le ofreció 800 euros por entrar en directo en una tertulia y se negó a comerciar con la muerte de una niña.
Pero el estrés seguía ahí y una mala mañana estalló: Nacho se derrumbó y, tras pasar por quirófanos y consultas, le diagnosticaron un cáncer en la cabeza. Ha pasado por las correspondientes sesiones de radio y quimio y hoy, el tumor está eliminado, pero puede renacer en cualquier momento.
Nacho Mirás, además de periodista en activo, es profesor asociado en las facultades de Periodismo y Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. A raíz de su enfermedad, ha dejado de escribir en La Voz de Galicia y de dar clase. A cambio, centró sus inquietudes literarias en rabudo.com, su blog.
Con un humor socarrón y divertido, una gozosa retranca gallega y una capacidad envidiable para reírse de su sombra, Nacho Mirás cuenta en el blog su día a día con y contra el cáncer. En un par de meses, ha pasado de unos centenares de visitas a tener 470.000. '20 Minutos' le ha otorgado el premio al mejor blog personal en español y se ha convertido en lo que él mismo califica como una «celebrity» oncológica.
Los médicos lo invitan a congresos de oncólogos para que explique su lucha. Ha aparecido en los programas nacionales de radio de más audiencia. Le han dedicado columnas en El Mundo, ABC y los principales diarios regionales y hasta lo invitan a ser jurado con Roberto Verino y otros famosos en la Fiesta del Cocido de Lalín.
La editorial Paidós, del Grupo Planeta, ha descubierto el tirón de su blog y de su caso y lo ha fichado por todo lo alto. En septiembre, publicará un libro titulado 'El peor mejor momento de mi vida', que presentará por toda España. Se da la circunstancia, además, de que el columnista al que más admira y aprecia, José Luis Alvite, también gallego, lucha igualmente contra otro cáncer. Y el corolario: diversos médicos y psicólogos le están pidiendo permiso para «recetar» su blog a quienes padecen un cáncer como psicoterapia de choque. Y funciona.
Pero más allá de libros, blogs, premios y recetarios, la vida sigue y Nacho la disfruta con Ainhoa y sus dos hijos. Vinieron a Cáceres la pasada semana buscando sol y se encontraron con un cámping que los sorprendió, una ciudad que los emocionó y una gastronomía que los cautivó. Hicieron una escapada a Trujillo para seguir alucinando ante una Extremadura que Nacho recuerda de una gira que hizo siendo un gaiteiro adolescente. En su caravana, el periodista ha escrito sobre su viaje extremeño y el sábado, tras comprar cuatro pares de zapatillas blancas en la calle San Pedro para correr los sanfermines pamplonicas con calzado cacereño, partió con su familia hacia la lluvia y la fiesta.

En Galicia, un niño rabudo es un niño díscolo y áspero. Así es Nacho Mirás, un mozo grande y díscolo que ha decidido enfrentarse a su peor enemigo. La pasada semana, cogió fuerzas en Extremadura para seguir peleando, contarlo con gracia y ayudar a otros muchos en su lucha.

Y un reloj de cuco - Manuel Jabois

Y un reloj de cuco - Manuel Jabois
HACE una semana vi un coche que tenía: a) matrícula de Ibiza, b) flores estampadas en la chapa y c) un sombrerito de paja en la bandeja. Yo conducía detrás pensando que no le faltaba de nada cuando reparé en lo fundamental: el coche no se movía, iba encima de una grúa. Me pareció tal cúmulo de tipismos que saqué el móvil del bolsillo y con una mano al volante y otra en la cámara me puse a disparar hasta que invadí el carril contrario. Se produjo una explosión de cláxones en mitad de la recta de Samieira y reconduje el coche a mi carril, hiperventilando, mientras pensaba admirado en el magnetismo de Ibiza, en lo poco de Ibiza que hace falta para estar fuera de control en cualquier parte. Desconozco si dentro de aquel coche tan de película mala, saturado de guiños para el público menos espabilado, se estaba organizando una orgía, como ocurrió el martes en la isla. Entonces iban seis suizos en la furgoneta y los multaron en plena faena por no llevar cinturón de seguridad. Hacer una orgía en un vehículo en marcha tiene que ser difícil, pero hacerla además sin cinturón me parece ya impracticable: de hecho nunca vi una. El cinturón garantiza orden, impide que en las curvas cambie uno bruscamente de sexualidad y además, si se practica bien, ni siquiera tiene que haber contacto. Esos suizos ahí atrás tenían que parecer cadáveres dando tumbos, pendientes de las frenadas, y la policía debió multarlos por todo, en primer lugar por suizos. La noticia me recordó un titular histórico de Diario de Pontevedra: Detenido por esnifar cocaína con un billete falso de 50 euros. Lo milagroso del periodismo gallego es que un titular puede dar tanta información que necesitas releerlo todo el día sin que sepas al final dónde está la bolita (sucedió con Fallece por segundo día consecutivo una mujer de 103 años, que provocó mucha risa hasta que alguien comprobó que era exacto: solo había que leer bien). La multa ibicenca se ha despachado haciendo hincapié en la orgía cuando la noticia es que una furgoneta llena de suizos desnudos no estuviese de gira por las administraciones públicas como los Rolling Stones. Yo siempre pienso: «¿Cómo habría titulado Pedro Rivas?». Esta leyenda de los directores de periódico se encontró un día en el Diario la noticia de una pareja sorprendida cuando fornicaba en un altar. Rivas, católico, hundió la barbilla en el pecho mientras levantaba los brazos: «¡Lo tengo, tengo el titular!». La redacción acudió a él como al balcón de San Pedro y Rivas anunció, imperturbable: «Merecían unas hostias».

martes, 5 de agosto de 2014

Matar demonios a tornillazos - Nacho Mirás Fole

Matar demonios a tornillazos - Nacho Mirás Fole
No habían pasado ni dos días de la operación en la que me rebanaron la ostra que llevo en la sesera en busca de una perla -que apareció, y de qué manera-, cuando se me dio por ponerme a arreglar el lavavajillas de casa. Con la cabeza cerrada con quince grapas, orden de reposo y sin saber todavía que el cáncer me iba a llamar al orden, subí del trastero la caja de herramientas, cerré el agua, corté la luz y dediqué algo más de una hora a destripar la máquina de lavar los platos que fabricaron los mismos fulanos que construyeron el acelerador lineal de partículas con el que me radiaron treinta veces. Durante el tiempo que duró el arreglo de la máquina no pensé ni un segundo en el quirófano, ni en el serrucho, ni en la memoria… y mucho menos en lo que habría de venir. Me operaron el 12 de diciembre y no fui declarado oficialmente como paciente oncológico hasta el día de fin de año. Así que, solucionada la avería del lavavajillas, emplee muchas más horas a las ñapas que tan bien neutralizan los malos pensamientos. El miedo se acojona ante el tirafondos y el tornillo de rosca chapa, es un hecho.
Cuando tienes cáncer, por mucho que emerja de tus catacumbas un súper fulano que no sabías siquiera que vivía allí, hay días en los que te vienes abajo. Pero, sobre todo, hay noches. La de anoche fue una de esas veladas en las que hubiera agradecido que llamaran a mi puerta catorce vecinos con la lavadora escarallada. O una señora en bata pidiendo socorro. Así, al menos, ocupado con la tornillería y las maniobras, no me habrían asaltado los monstruos como lo hicieron; no me habría angustiado buscando respuestas que nadie te sabe dar; no me habría ahogado hasta el punto de tener que ir a dormir al sofá en calzoncillos con la ventana y la boca abiertas; un espectáculo. De Galicia para el mundo.
No me ocurre muy a menudo, pero cuando me visitan los demonios lo hacen en manada, todos juntos, y con la intención de descubrir y quedarse a fundar, como aquel cuñado de Gila que vino a tomar café y se instaló. Yo no se lo consiento, he ido depurando la técnica a lo largo de estos meses.
Después de una noche mala, lo que hago a la mañana siguiente es sacar a pasear mis restos mortales y columpiarme en mis ojeras, pero cerrando el capítulo. Hoy habría tenido un día de mierda -anímicamente hablando- de no haber sido por mi amigo Fernando Varela, con el que he compartido una jornada de bricolaje en tierras de Silleda que ni Kristian Pielhoff hubiera soñado: limpiar una piscina; apretar una fuga; arrancar una segadora de gasolina -y usarla-; devolverle la vista a dos puntos de luz ciegos; echar a andar otro lavavajillas -el mío no ha vuelto a fallar desde que lo arregló Frankenstein-; o empuñar sin piedad esa espada láser del mundo  rural que es la hidrolimpiadora Karcher. La Karcher es un arma cargada de futuro, la Tizona del obrero.
Es ponerme a las herramientas y huyen a la carrera todos los fantasmas acojonadores, quizás sea por el pánico a la limpiadora a presión. ¡Hoy iba tan lanzado en Silleda que acabé reforzando la estructura de una campana extractora en una cocina que ni era mía! “Tenme la cabeciña ocupada” ¿Recuerdas Isabel? La cabeciña y las manos.

Mucho más elevado de espíritu a estas horas que cuando me levanté por la mañana en el sofá, cual Maja de Goya en gayumbos, decido completar la maniobra de distracción al enemigo con unos minutos de blogoterapia. No le he gastado un duro a la Seguridad Social para venirme arriba desde un bajón de siete sótanos y un entresuelo. Los bajones del cáncer son abisales. Y para evitar que el abismo te atrape, no queda otra que nadar hacia la superficie aunque sea aleteando con las orejas. Yo, con el espíritu de un obrero ilustrado, lo hago amarrado a una caja de destronilladores y a un MacBook con el que lo mismo escribo que toco la versión electrónica de la Alborada de Veiga. Vale que seguramente es porque llevo una semana sin ver a los niños y tengo que buscar otros entretenimientos. El asunto es, y acabo, que cada paciente tiene que buscar el salvavidas que mejor se le ajuste a la cintura. Sea cual sea el sistema, si te agarras, subes. Pero lo mejor de todo es cuando te echan una mano. Gracias por tantas manos.

lunes, 4 de agosto de 2014

Alvite: «Aprendí literatura en los epitafios»

Alvite: «Aprendí literatura en los epitafios»
02 de agosto de 2014. 22:09h Por Javier ORS. 
Más que sustantivos, emplea remordimientos. José Luis Alvite no escribe con palabras, sino con fragmentos de la conciencia. Sus adjetivos poseen la insólita cualidad de quedar prendidos de la mirada más que del intelecto. Poseen la bella fotogenia de un combate de Cassius Clay y tienen el efecto adverso de golpear en la mandíbula con la misma fuerza que la pala hidraúlica de un buldócer. El periodismo de entonces le permitió sacar punta a su talento y él quebró la rutina del articulismo con una columna insólita que convirtió en noticia a unos personajes de ficción. Una tribu inexistente de púgiles, reporteros, «barmen», gánsteres y marilyns que poseían más telegenia que los presentadores de un telediario. Al lado de estos tipos, la realidad parecía el capítulo bien intencionado de una novela de Julio Verne.
En este mundo, tan obsesionado por la profilaxis, él redescubrió los gérmenes que aguardan en el espejo del cuarto de baño. Y, a través de sus historias, comprendimos aspectos incómodos de nuestra inmediata cotidianeidad que habíamos olvidado, como el efecto devastador del tiempo en el rostro o que las manos de un político pueden estar más sucias que el inodoro de una gasolinera. En un tiempo de ocio, decidió entrevistar a aquellas almas que le había arrebatado el tiempo de una manera injusta y se lanzó a unas largas conversaciones con Winston Churchill, Sinatra, Valle-Inclán, Lucky Luciano, Clark Gable, Billie Holliday, Cole Porter, Hitler o Audrey Hepburn, esa mujer cuya «piel era ropa». Las publicó en el desaparecido «Diario 16», cuando el periodismo aún se escribía de madrugada y los artículos se imprimían con la ceniza de los cigarrillos. «Los comencé porque estaba aburrido, ocioso», comenta.
Su voz cansada arrastra una melodía de John Coltrane. «La verdad, prosigue, es que era un momento de entusiasmo. No seguí ninguna técnica, tenía bastante tiempo libre para rellenarlo y hablar con ellos sin ninguna clase de reserva». Y lo hizo.
–¿Con qué personaje de todos le gustó reencontrarse?
-Generalmente me gusta más la gente que proviene del cine, como Humphrey Bogart o Rita Hayworth. También me agradó conversar con Jesucristo. Con los políticos, no. Siempre hacen la misma película y ya no merece la pena pasar por taquilla para pagar.
–Tengo la impresión de que al hablar con Alfred Hitchcock, Greta Garbo o JFK también se interpelaba a usted.
–Efectivamente, hay personajes con los que me siento bastante identificado. Representaron mucho en la vida de todos nosotros. JFK para mí es entrañable. Yo veo un Kennedy vacacional, con un jersey de pico, jugando al tenis; el Kennedy faldero, mujeriego, en aquella época no se hablaba de él. Eso se comentó mucho después, pero tampoco le afeo esa conducta... La mayoría de estos personajes ya habían muerto, menos Billy Wilder. Pero no se crea, los personajes vivos también me interesan. Siempre he admirado a los Papas, que conservan en vida el prestigio de los cadáveres, de los hombres muertos.
–¿La vida es tan híspida como relata?
–La vida no es nunca fácil. A mí me detectaron un cáncer de colón y de pulmón por un dolor de brazo. Nada es lo que parece. Lo que te encuentran dentro no tiene nada que ver con lo que ven por fuera.
–¿Dónde aprendió más literatura, en la biblioteca o en el cine?
–Yo aprendí literatura en los epitafios, en las puertas de los retretes del bar. Leí poco, aunque más de lo normal, pero no tanto como debería. Pero he vivido, que es una manera diferente de leer. Es probable que ahora el cáncer me haya cambiado la manera de mirar todo lo que me rodea y, por tanto, también de escribir.
–¿Piensa que el periodismo está muriendo?
–Creo que sí, que está escribiendo su propia necrológica. No se puede culpar sólo a la crisis económica del final de la Prensa. La propia prensa es la que está terminando con los periódicos al dejar de cumplir con su principal cometido. Ahora sólo es un espectáculo. ¿Si desapareció el circo, por qué no van a desaparecer los diarios? Eso sucede por no valorar a los periodistas, por considerarlos como la forma de un engranaje. No se le da valor profesional, humano ni económico. Existe gente con vocación, que escribe muy bien, pero hay muy poca valoración por su trabajo, muy poco respeto por él.
–¿Nuestra conciencia del Primer Mundo necesita un Papa pobre como Francisco?
–Con urgencia. Ha venido como llovido del cielo. Creo que Francisco es un Papa excepcional, y que va a dejar una huella imborrable. Le va a dar a la Iglesia el lugar de humildad que ha perdido con esa curia tan manida que siempre es Toma. Tengo gran esperanza en este Papa. Y no soy creyente, pero sí puedo tener fe en Francisco.
–Sólo hay dos razas: los ricos y los pobres. Se lo confesó Louis Amstrong en una de estas entrevistas.
–Y es la verdad. Resultó una frase premonitoria. El gran Sachtmo también le dijo: «Si eres sincero, con tu trabajo no sales de la cloaca». Hoy a lo único lo que puede aspirar un trabajador en nuestro país es a cambiar de cloaca. Es lamentable. Hoy habría mucha gente que entendería los orígenes de Louis Amstrong. España se ha convertido en una terrible cloaca.
–Jesucristo le confesó que existe un cansancio emocional en el hombre contemporáneo que le empuja hacia el confort.
–Ahora, nos molesta incluso el cansancio del deporte. Somos espectadores del sudor. No soportamos la contrariedad, el esfuerzo. Sólo nos gusta la vida cómoda. Pero de esta manera el hombre pierde el desafío de prosperar y se convierte en un hombre rutinario, casi ofimático.
–Hoy para ser diputado tienes que ser tertuliano en la televisión.
–Es cierto y es lamentable. Con eso se ha desa-creditado la política y la televisión.
–¿Dentro de poco, los científicos tendrán que probar las vacunas en «prime time»?
–(Risas) Sí, no lo descarto. Desde luego ocurrirá. Llegará ese día, gente que hará lo que sea para ocupar ese «prime time».
–¿En la política, las ideas se han sustituido por sonrisas...?
–Ahora todo es publicidad, también los discursos. El mensaje que contienen es tan poco profundo... En la actualidad todo es cosmético, luminoso, pero debajo del polvo no hay nada... más que polvo.
–¿Por eso el programa electoral de los partidos políticos nos suena como si los redactara un tahúr?
–Efectivamente, los programas electorales no son más que un farol.
–En España hay más chiringuitos en los corredores de la política que saxofonistas en Chicago.
–Por descontado. Hay un exceso de chiringuitos, que antes eran una institución playera y ahora son una institución pública que permanece abierta todo el año. Es increíble que existan las puertas giratorias, la facilidad con la que el dinero sale del país. Había gente en la que tenías fe, como Jordi Pujol, y resulta que escondía varios millones en Andorra. Con Pujol y compañía se cae el pasado, se desmorona la España de la Transición. Pienso en la gente que había peleado contra el régimen, y ahora ves que estas personas no eran tan pulcras ni tan honradas. Casi prefiero que no se continúe indagando, porque no va a quedar pulcra ni la limpieza.
–Comenta que un inglés es un tipo que no mastica la comida, la pronuncia. ¿Y un español?
–Es un tipo reflexivo, interesante, pero con poca memoria. Y muy paciente. Lo de Pujol lo ha encajado en el telediario como una noticia del montón, quizá porque la porquería se ha convertido en parte de la actualidad.
–España, ¿un país de corruptos?

–Es muy corrupta y muy dejada. Corrupción la hubo siempre. Pero como ahora nunca. Fíjese, creo que ni en el franquismo hubo este nepotismo, esta corrupción, y esto que digo es lamentable. Pero lo que ocurre aquí es que es muy lamentable.

viernes, 1 de agosto de 2014

El guapo, el feo y el arquitecto - David Torres

El guapo, el feo y el arquitecto - David Torres
Yo creía que los Hermanos Calatrava eran una pareja hasta que vi el Palacio de Congresos de Oviedo. En mi niñez, los Hermanos Calatrava eran dos, el Guapo y el Feo, aunque con el tiempo la distancia estética entre ambos fue haciéndose más y más difusa hasta quedar apenas en una raya. La del pelo. Después, a medida que se iban aproximando, hubo quien los llamó el Feo y el Ex Guapo, o también, el Feo y el Menos Feo. En realidad, ni siquiera se apellidaban Calatrava sino García Lozano (Manolo y Paco, respectivamente) y hubo un tiempo en que no paraban de salir por la tele, junto con una guitarra, e incluso protagonizaron unas cuantas películas, una de las cuales lleva el prodigioso título de El E.T.E y el Oto.
En realidad a quien se parecía Paco era a Mick Jagger –como una gota de Anís del Mono a otra– y en sus actuaciones en vivo nunca faltaba una imitación del famoso saltimbanqui, aunque la verdad es que Paco cantaba mucho mejor que Jagger a poco que se esforzara. El tiempo, que como siempre ha ido haciendo su silenciosa labor de zapa, limando a los dos hermanos hasta convertirlos en mellizos, al final ha terminado por atarlos a la tercera pata del banco, el arquitecto Santiago Calatrava, que no es que se parezca a Mick Jagger ni poco ni mucho, pero que levanta puentes con forma de arpa idénticos unos a otros, como los últimos discos de los Stones, y cuyas construcciones deberían llevar fecha de caducidad, como la nariz de Keith Richards.
Calatrava practica un nuevo tipo de arquitectura, lo que podría llamarse el “suspense arquitectónico”, es decir, que, aparte de la fealdad intrínseca del mamotreto, lo emocionante no es tanto contemplarlo sino saber que a lo mejor se cae a cachos encima de uno en el momento en que lo está contemplando. Hay edificios hechos para durar siglos, unos pocos han resistido incluso terremotos, pero Calatrava prefiere la arquitectura efímera, la que se resquebraja a los dos días de haber cobrado la factura. Y son facturas bien gordas, bien repletas de ceros a la derecha. En una web que creó Esquerra Unida (subtitulada “proyectos ruinosos y facturas sin IVA”) y que le ha costado una indemnización de treinta mil euros, se ve una foto del hacedor saludando a dos de sus principales mecenas, Francisco Camps y Carlos Fabra, mientras más abajo se detallan algunos de los principales logros  del arquitecto valenciano. Tan sólo la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia (en una de cuyas cubiertas ayer mismo se hizo público que han aparecido nuevas grietas y desperfectos) tuvo un sobrecoste de 625 millones sobre una inversión total de 1.100 millones de euros. Calatrava es que lo calcula todo, hasta el precio.
La fama de este artífice ha traspasado fronteras y ha llegado hasta Suecia, donde diseñó un rascacielos a rosca que no se decide entre el tornillo y el buñuelo y que acabó con los contratistas en la cárcel. Incluso le encargaron el primer puente que se ha alzado en Venecia en mucho tiempo, no se sabe bien si porque los venecianos están hartos del sambenito de vivir en la ciudad más bella del mundo y pretenden ahuyentar el turismo, o bien porque quieren acelerar unos cuantos siglos su definitivo hundimiento. Por la cantidad de costaladas que lleva contabilizadas el puente (otra marca de la casa del  genio valenciano) la primera opción parece la más probable. El ayuntamiento de Venecia ya lo ha demandado por pasarse un poquito del presupuesto, aunque los que deberían pedir una indemnización son los Hermanos Calatrava, por daños y perjuicios a su nombre artístico.
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